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Día Internacional de la Solidaridad

[Por: Leandro Sequeiros]

El día 31 de agosto se celebra el Día Internacional de la Solidaridad. Una fecha realmente importante para todos con la que, más que nunca, debes tomar conciencia de ese valor que hay que “ejercitar” y que debe inculcarse desde temprana edad a los más pequeños. Sigue leyendo y podrás conocer todos los datos más relevantes de esta conmemoración…

 

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Universidades católicas: ¿sinodales o colonizadas?

Las universidades católicas enfrentan un desafío nuevo: han de pensarse y estructurarse sinodalmente. Probablemente desde Gaudium et spes no se les hacía un requerimiento de tanta importancia. Ex corde Ecclesiae sigue siendo el documento fundamental sobre su identidad, pero el Documento Final del último Sínodo de los Obispos pone una nueva vara al modo de ser Iglesia y, con ello, a sus universidades.

La sinodalidad no es un procedimiento de gobierno. Es la forma que tiene la Iglesia de ser lo que es: un pueblo que camina junto y que, en virtud del bautismo, ha de escuchar, discernir y decidir.

¿Cómo atañe a las universidades? El fin sigue siendo la búsqueda de la verdad. La sinodalidad no reemplaza ese fin: indica un modo de alcanzarlo y exige a las universidades progresar en algo que les pertenece por naturaleza. Lo que no puede ser en la Iglesia es que alguien se exima de articular su fe y su razón. Por eso la ciencia y la técnica son fundamentales. El reto hoy es que las universidades revisen su epistemología, su modo de organizarse y los resultados sociales de su trabajo.

En América Latina han predominado dos modos de ser universidad: el «guevarista» y el neoliberal. Ambos conducen al fracaso en sus extremos. La universidad guevarista está al servicio de una causa revolucionaria; la segunda aspira a una autonomía completa respecto de toda causa exógena. Las universidades católicas latinoamericanas tienen de lo uno y de lo otro, y muchas han sido cautivadas por el neoliberalismo. No existen las «torres de marfil». Hoy las exigencias neoliberales de la gran empresa son enormes. En las universidades manda el mercado. Los números indican lo que vale y, subterráneamente, las cifras monetarias. La relación entre ellas es una carrera brutal por ganarles a las demás.

El mundo universitario católico sufre además la intervención externa de autoridades eclesiásticas por cuestiones teológicas o disputas de poder, menoscabando la libertad que necesitan para ser universidades y ser cristianas.

En este contexto, la sinodalidad constituye un correctivo fundamental: demanda oír todas las voces, con honesta intención de generar justicia y fraternidad. Ayuda, además, a hacer los ajustes que contribuyen a la misión de la Iglesia, discerniendo los signos de los tiempos. Esta tarea requiere trabajo universitario. La Iglesia se ha empeñado en exhortar a una conversión ecológica integral y a una búsqueda de la verdad en tiempos de manipulación.

El máximo desafío para las universidades católicas será reconocer valor epistémico al sentir y pensar de los pobres, y crear los mecanismos para escucharlos y aprender de sus modos de luchar para encarar grandes peligros y salir adelante.

César Kuzma: “Mientras haya excluidos, habrá Teología de la Liberación”

La expansión de la inteligencia artificial no solo está transformando la manera de trabajar, comunicarse y tomar decisiones. También plantea interrogantes sobre la desigualdad, la concentración del poder y el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más marcada por la tecnología. Desde la Teología de la Liberación, el desafío pasa por mirar estas transformaciones desde la realidad de quienes pueden quedar al margen.

Así lo plantea César Kuzma, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Paraná (PUCPR), Brasil, y coordinador ejecutivo del Foro Mundial de Teología y Liberación, quien participará este viernes 28 de agosto en el primer conversatorio del ciclo promovido por Amerindia, bajo el título “El poder tecnológico, la IA y la Teología de la Liberación”.

La dignidad humana como punto de partida

Para Kuzma, la Teología de la Liberación mantiene una estrecha relación con el magisterio social de la Iglesia al colocar la opción por los pobres como fundamento de su reflexión. En este horizonte sitúa también las preocupaciones expresadas por el papa León XIV en Magnifica Humanitas y anteriormente en Dilexi Te, particularmente frente a la pobreza, la desigualdad y las estructuras que oprimen y explotan.

“No nos oponemos a la tecnología ni a estos avances, pero debemos garantizar siempre lo humano”, explica el teólogo. El criterio, añade, debe ser que el progreso alcance a todos y que nadie quede excluido de sus beneficios.

Esta mirada adquiere especial relevancia ante una inteligencia artificial cuyo desarrollo y control pueden concentrarse en pocas manos. Por este motivo, Kuzma considera que la Iglesia está llamada a formular preguntas relacionadas con “el derecho, la dignidad, la justicia y la libertad”, entendidas de manera integrada.

El académico retoma, además, la crítica al paradigma tecnocrático presente tanto en Laudato Si’, del papa Francisco, como en Magnifica Humanitas. A su juicio, este paradigma puede desplazar a la persona del centro y convertirla en rehén de sistemas tecnológicos que tampoco pueden considerarse neutrales, pues están gestionados por personas, instituciones y estructuras de poder.

“Mientras haya excluidos, habrá teología de la liberación”

Frente a estos desafíos, Kuzma sostiene que la Teología de la Liberación debe mantenerse abierta a los nuevos escenarios y a los cambios que atraviesa la sociedad. “Debe estar en constante actualización, de forma dialogante y abierta a las nuevas realidades”, sostiene.

Esto implica establecer un diálogo con la ciencia y la tecnología, reconocer a nuevos actores sociales y buscar nuevas herramientas para interpretar una realidad que cambia rápidamente. La inteligencia artificial también se convierte en un nuevo campo para la reflexión teológica.

“Mientras haya excluidos, habrá teología de la liberación”, expresa Kuzma. Por ello, cuando los avances tecnológicos no son inclusivos, corresponde desarrollar una mirada crítica y un “profetismo utópico”, inspirado, señala, en la herencia teológica de Ignacio Ellacuría.

La pregunta, entonces, no es únicamente qué puede hacer la tecnología, sino a quién beneficia, quién queda fuera y qué estructuras de poder se reproducen a través de ella. La mirada de esta teología, indica Kuzma, debe dirigirse “siempre hacia quienes se ven vulnerables y en situación de precariedad por el sistema”.

Teología “en salida y sinodal”

El teólogo manifiesta que las nuevas tecnologías están acompañadas por nuevas estructuras de poder y por formas de exclusión que no siempre son visibles. Ante este escenario, considera que la labor teológica requiere valentía para abordar los desafíos que surgen del cruce entre las dinámicas globales y las realidades locales. “En esta búsqueda de la justicia y la verdad, lo global y lo local se entrecruzan y nos interpelan a realizar nuevos aportes teológicos”, señala.

Su propuesta apunta a una reflexión “abierta y receptiva, crítica y constructiva, en salida y sinodal”, capaz de dialogar con las transformaciones del presente sin perder de vista la dignidad humana y la opción por quienes viven en condiciones de vulnerabilidad.

El primer conversatorio del ciclo se realizará este viernes 28 de agosto y dará inicio a una programación que continuará el 25 de septiembre, 30 de octubre y 27 de noviembre, para abordar distintos desafíos del presente y del futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra.

Las cuatro jornadas serán transmitidas a través del canal de Facebook de Amerindia en la Red, a las 17:00 de México y Centroamérica; 18:00 de Colombia y Perú; 19:00 de Chile; y 20:00 de Argentina, Brasil y Uruguay.

La invitación de Kuzma recoge, en definitiva, el sentido de este espacio de diálogo: pensar colectivamente los cambios que atraviesan la humanidad y buscar respuestas desde una teología capaz de escuchar los nuevos clamores. “Que aquello que soñamos y esperamos sea soñado y esperado colectivamente”, propone.

Fernando Ordóñez: “El poder tecnológico ya no se pone enfrente: se mete adentro”

¿Qué ocurre cuando el poder deja de estar frente a nosotros y comienza a instalarse dentro de nuestras decisiones cotidianas? Esta es una de las preguntas que Fernando Ordóñez, profesor de Filosofía y doctor en Letras de la Universidad de la República (Udelar), llevará al primer conversatorio del ciclo “Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra”, organizado por Amerindia.

El encuentro, previsto para el 28 de agosto, abordará el tema “El poder tecnológico, la inteligencia artificial y la Teología de la Liberación”, en diálogo con los desafíos planteados por la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV.

Para Ordóñez, el debate más allá de preguntarse qué pueden hacer las personas con la inteligencia artificial, debe interrogar también qué está haciendo la tecnología con las propias personas.

Poder que ya no necesita imponerse

Desde su perspectiva filosófica, Ordóñez considera que la irrupción de la inteligencia artificial está modificando la manera tradicional de comprender el poder. Si antes era posible identificarlo en figuras o instituciones concretas: “el patrón, el Estado, el que daba las órdenes”, ahora su funcionamiento puede ser mucho más silencioso.

“Lo nuevo, y lo inquietante, es que el poder tecnológico ya no se pone enfrente: se mete adentro”, sostiene. A su juicio, la tecnología no necesita necesariamente ordenar o convencer, porque puede intervenir previamente en el campo de posibilidades desde el cual las personas toman sus decisiones.

La selección de noticias, las palabras que aparecen como sugerencias, las personas con las que se establece contacto e incluso determinados recuerdos pueden estar mediados por sistemas tecnológicos. Todo ello, sostiene, ocurre con tal sutileza que puede generar la sensación de que las decisiones continúan siendo completamente autónomas. “El poder tecnológico es el primer poder de la historia que no necesita convencerte ni obligarte, porque trabaja un piso más abajo, ahí donde se forman las ganas y las ideas”.

Por eso, propone cambiar la pregunta habitual sobre la tecnología. No basta con preguntarse qué hacer con una herramienta determinada. También es necesario interrogarse por sus efectos sobre quienes la utilizan: “¿Qué me está haciendo esta herramienta a mí mientras la uso?”.

Para Ordóñez, esta pregunta suele quedar relegada precisamente porque la tecnología ofrece comodidad. “La máquina es cómoda, y la comodidad es el mejor anestésico que se inventó jamás”, plantea.

Cuestionar lo que se presenta como inevitable

Frente a la expansión de la inteligencia artificial, el filósofo propone comenzar por poner en duda una palabra que suele aparecer asociada a los cambios tecnológicos: “inevitable”.

Aseveraciones como “esto ya es así”, “no se puede parar” o “es el futuro”, explica, pueden funcionar como argumentos para desactivar la capacidad crítica. “Nada de lo que hace la tecnología es inevitable; todo es una decisión que tomó alguien, en algún lado, por algún interés”, señala.

De ahí surge una primera pregunta: ¿quién decidió esto y a quién beneficia? Para Ordóñez, recuperar al sujeto detrás de los procesos tecnológicos permite volver visibles las relaciones de poder que pueden quedar ocultas detrás de expresiones aparentemente neutrales, como cuando se dice simplemente que “se recopilan datos”.

Una segunda pregunta tiene que ver con la libertad: ¿la tecnología hace a las personas más libres o solamente más cómodas? El profesor considera que ambas cosas no son equivalentes y que uno de los riesgos consiste precisamente en acostumbrarse a confundirlas. Pero existe una tercera pregunta que considera todavía más decisiva: ¿quién queda afuera?

La inteligencia artificial también tiene una geografía

La reflexión de Ordóñez incorpora una dimensión social y ambiental. El desarrollo de la inteligencia artificial, recuerda, requiere recursos materiales, energía, infraestructura y trabajo humano que muchas veces permanecen fuera del relato de innovación tecnológica.

“Toda esta maravilla se sostiene sobre minas, sobre ríos evaporados, sobre gente del Sur que etiqueta datos por centavos para entrenar a la máquina que después la va a volver prescindible”, explica. Por eso, propone mirar a quienes no aparecen en la imagen del progreso tecnológico y cuestionar quiénes asumen sus costos. “Una tecnología no se juzga por lo que les da a los que ya tienen; se juzga por lo que les hace a los que no tienen nada”, sostiene.

Esta perspectiva permite vincular el debate sobre inteligencia artificial con una de las intuiciones centrales de la Teología de la Liberación: mirar la realidad desde quienes sufren sus consecuencias. Para Ordóñez, la pregunta por la tecnología también debe incluir a los trabajadores precarizados, las comunidades afectadas por el extractivismo y los territorios que soportan los costos ambientales de los sistemas digitales.

Dignidad humana frente a la lógica de los datos

En este punto, filosofía, inteligencia artificial y Teología de la Liberación encuentran un terreno común. Ordóñez cuestiona una concepción de lo humano que reduce a las personas a datos y mide su valor en función de su productividad o de aquello que puede ser anticipado sobre ellas. Frente a esta lógica, reivindica una afirmación de la fe cristiana y de la Teología de la Liberación: “La dignidad no se gana ni se mide: se tiene por existir, y punto”.

“El más pobre, el más improductivo, el que la máquina descartaría por ‘poco rentable’, tiene la misma dignidad infinita que cualquiera”, asegura Ordóñez. En el contexto actual, añade, defender esa dignidad puede convertirse incluso en “un acto de rebeldía”.

También la libertad requiere ser replanteada. Si una máquina puede anticipar determinados comportamientos y, además, influir para que ocurran, la libertad deja de ser algo que pueda darse simplemente por supuesto. “La libertad deja de ser un dato de la naturaleza y pasa a ser algo que hay que defender, que cuidar, que reconquistar”, explica.

Pobres y Tierra: un mismo grito

La justicia, en su análisis, introduce otra dimensión: la geografía del poder tecnológico. “Quién pone los servidores y quién pone los muertos, quién diseña y quién carga” son preguntas que, a su juicio, permiten identificar quiénes se benefician y quiénes soportan los costos. En esta perspectiva, la opción por los pobres y el cuidado de la Tierra no aparecen como asuntos separados. Ordóñez sostiene que el extractivismo que afecta a las comunidades también tiene consecuencias sobre los ecosistemas.

“La Teología de la Liberación siempre pensó desde el reverso de la historia, desde el que sufre”, recuerda. Y añade: “Dios se asoma primero en el clamor del que sobra. Hoy ese clamor es el del pobre y el de la Tierra, que son —yo estoy convencido— un solo grito”.

Para el filósofo, existe una continuidad entre las formas de explotación social y el deterioro ambiental: “El mismo extractivismo que despoja al campesino seca el río y calienta el aire”.

La filosofía como herramienta para desmontar los relatos del poder

Ordóñez no concibe el aporte de la filosofía como una búsqueda de respuestas definitivas frente a la tecnología. Su función, explica, consiste más bien en ayudar a formular mejor las preguntas y a cuestionar aquellos discursos que presentan determinadas opciones tecnológicas como si fueran inevitables o neutrales.

“Las tecnologías, antes que máquinas, son relatos: nos cuentan quiénes somos y quién sobra”, señala. Y precisamente porque son relatos, pueden ser discutidos, cuestionados y transformados.

Esta mirada será parte del diálogo que Amerindia propone en el marco del ciclo de conversatorios, concebido como un espacio para analizar los desafíos sociales, culturales, políticos y tecnológicos del presente desde la perspectiva de la teología latinoamericana de la liberación y a la luz de Magnifica Humanitas.

No demonizar la tecnología, sino preguntarse para qué se utiliza

Ordóñez aclara que su crítica no pretende demonizar la tecnología ni promover una actitud de rechazo frente a la inteligencia artificial. Reconoce sus posibilidades para curar, conectar, enseñar y contribuir al cuidado de la casa común.

“El problema nunca es la herramienta, es el dueño de la herramienta y para qué la usa”, sostiene. Por ello, “no se trata de apagar nada ni de tenerle miedo al futuro. Se trata de no entregar, por comodidad o por fascinación, lo único que no deberíamos entregar nunca: la capacidad de preguntarnos si esto que estamos construyendo nos hace más humanos o menos”.

Y esa pregunta, subraya, no puede delegarse en una máquina: “La tenemos que hacer entre todos”. Para Ordóñez, esta tarea colectiva guarda además una relación con la manera de hacer teología: “Pensando la fe juntos, cada uno poniendo su tramo, como en aquella muralla que se reconstruye sin que nadie tenga el plano completo”.

Invitación a pensar juntos

Ordóñez invita a participar en el conversatorio del 28 de agosto como un espacio abierto de reflexión: “A venir a pensar juntos, sin miedo y sin recetas”.

“No vamos a salir con el problema resuelto —desconfíen del que promete eso—, pero sí, ojalá, con mejores preguntas y con la sensación de que no estamos solos frente a esto”, señala.

“Va a ser una conversación de las que valen la pena: de esas en las que uno llega con una idea y se va con tres dudas nuevas, que es la mejor señal de que se pensó de verdad”, invita.

El encuentro forma parte del ciclo “Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra”, que Amerindia desarrollará entre agosto y noviembre de 2026 para poner en diálogo la encíclica del Papa León XIV con algunos de los principales desafíos del mundo contemporáneo.

Inscríbase a los conversatorios: https://forms.gle/TzzzaqbrBfPjxTFj8 

¿Cuál es el peor momento del ateo?

«El peor momento del ateo es aquel en el que siente la necesidad de agradecer y no sabe a quién». Esta frase no es mía, sino de G. K. Chesterton (1874-1936), gran escritor inglés, considerado el «príncipe de la paradoja», admirado por Alceu Amoroso Lima, Gilberto Freyre y, principalmente, por Gustavo Corção.

Como todo ser humano, el ateo debe ser respetado en su opción. Pero en la vida se presentan situaciones, independientemente de las opciones de cada uno, en las que el sentimiento de gratitud se vuelve imperioso. No porque lo queramos o no, sino por una fuerza intrínseca al propio hecho. Para esos casos hay varias respuestas. Insuficiente resulta el azar, que para Einstein expresaba solamente nuestra ignorancia.

Otros lo atribuyen a la suerte. Pero esta resulta igualmente poco esclarecedora, pues sería como decir: «Por suerte, mi equipo favorito no descendió». Pero hay momentos más dramáticos en los que se impone una respuesta espontánea: el agradecimiento imperioso a Alguien mayor.

Doy un ejemplo de carácter personal. Voy conduciendo tranquilamente por la Avenida Paulo de Frontin, en Río de Janeiro, debajo del viaducto del mismo nombre. Alguien detrás de mí toca repetidamente la bocina, intentando adelantarme. Le cedo el paso. Algunos metros más adelante, cae una gran parte del viaducto, hecha de pesado cemento y hierro, y mata a decenas de personas. Sobre quien me había adelantado cayó un enorme pedazo del viaducto, que aplastó el automóvil y al conductor. Bajé del coche y comprobé que ya estaba muerto. Quedé destrozado.

¿Por qué no yo? Si no le hubiera cedido el paso, habría sido yo quien recibiera mortalmente el impacto. ¿Por qué fui preservado? Surge un sentimiento de inmensa pena por el fallecido y, al mismo tiempo, un profundo sentimiento de gratitud. Hay hechos cargados de tal densidad —como la vida o la muerte— que no se dejan interpretar como mero azar o pura suerte. Nuestro sentimiento se dirige hacia un Ser Mayor, hacia Aquel que conoce nuestro destino y que deberá tener algún designio para que mi vida haya sido preservada. ¿Quién puede saberlo? Es una pregunta existencial para la que no hay respuesta.

Ese sentimiento de gratitud es irresistible y llega incluso a dejarnos perplejos. Surge espontáneamente. Agradecer es mucho más que decir simplemente «muchas gracias».

Había un famoso profeta que recorría las calles de Río con su túnica blanca y un estandarte con numerosos adornos religiosos, algunos de ellos críticos con el capitalismo, conocido como el «Profeta Gentileza». Nunca aceptaba que se dijera «muchas gracias», pues sostenía que no estamos necesariamente «obligados» a nada. Deberíamos decir, en cambio, «muy agradecido», porque «agradecido» viene de «gracia».

Reconocer que la vida y los gestos de gentileza de unos hacia otros —su lema era «gentileza genera gentileza»— son obras de la gracia, de aquello que no tiene precio porque es gratuito. Merece ser reconocido con gratitud. Pelé tenía razón cuando decía: «Déjenme jugar al fútbol ese don que  Dios me dio gratuitamente». Cruyff, estrella del fútbol holandés, también dijo: «Recibí gratuitamente los dones para ser un buen jugador». Este reconocimiento genera humildad y sencillez. El éxito no ensoberbece a los grandes jugadores ni los distancia de los demás.

Pasemos ahora a aquella realidad que merece nuestro agradecimiento cotidiano: nuestra propia existencia. Nadie pidió existir. Alguien nos puso en este mundo. Existir y continuar viviendo es una gracia. Pero hay otro que está tan presente que lo olvidamos: el Sol. Necesitamos el Sol para poder ver. De lo contrario, todo permanecería oscuro. El 99 % de toda la vida en la Tierra depende del Sol. Mantiene el agua en estado líquido y permite así la vida y la fotosíntesis de las plantas. Y nos proporciona el oxígeno sin el cual no podríamos respirar. El propio petróleo, fundamental para nuestro tipo de civilización que todo lo contamina, fue producido por la luz solar mediante la fotosíntesis, en un pasado remoto de millones de años. Necesitamos la luz solar para producir todas las vitaminas, especialmente la vitamina D, de la que dependemos.

El Sol existe desde hace 4.570 millones de años, a partir de una nube de gas y polvo que colapsó y se condensó formando esta estrella que es el Sol. Se alimenta de hidrógeno (74 %) y helio (24 %). Es 332.900 veces mayor que la Tierra. Y apenas se encuentra en la mitad de su vida. Cuando termine de consumir el hidrógeno comenzará a quemar helio, cuyo calor será tan intenso que incinerará la Tierra. ¡Calma! Para eso todavía faltan millones y millones de años.

Qué hermoso es contemplar por la mañana la niebla baja sobre el suelo, que poco a poco se disipa con el calor del sol y se convierte en rocío, dejando todo el césped mojado. Si la temperatura llega a cero o cerca de cero, como ocurre donde vivo, todo se transforma en el blanco de la escarcha. Con el Sol naciente, poco a poco desaparece. Y el Sol baña todo con su luz benéfica, alimentando los árboles, despertando a los animales y haciendo crecer todo tipo de vegetación y alimentos. Agradezcamos especialmente a las abejas, que garantizan la polinización. Cuando bebamos agua, agradezcamos a la fuente o manantial; cuando bebamos vino, agradezcamos a la cepa de la vid.

Cuando estamos a la mesa disfrutando de las bondades de la naturaleza, sostenida por el Sol, no dejemos de agradecer a esa luminosa estrella que todo nos da. Agradezcamos los frijoles y el arroz, la carne y las verduras que componen nuestro plato. Agradezcamos al agricultor que cultivó todo eso y lo llevó al mercado, y a quienes en la cocina lo transforman en alimentos saludables.

Estamos continuamente bajo la acción de las energías del universo, de las estrellas, del Sol, de la Tierra, de las raíces de los árboles, que producen las hojas para la fotosíntesis y las flores para nuestro deleite. Agradezcamos a las nubes que nos traen la lluvia y a la Luna que nos lleva a cantar: «No hay luz de luna como esta del sertão…». Agradezcamos también a ese inmenso pueblo de microorganismos escondidos bajo el suelo y que garantizan la fertilidad de la tierra.

Todo es tan obvio y cotidiano que nos olvidamos de agradecer. Este sentimiento debería ser el primero del día y de la noche. Y sabemos a Quién agradecer: al Creador de todas las cosas. Sin Él no existiríamos.

Fue Él quien nos sacó de la nada o del All Nourishing Abyss («el Abismo que todo lo alimenta»), en el lenguaje secular de los cosmólogos. Nosotros decimos simplemente: el Dios de mil nombres y de ninguno.

La teología enseña que, si Él no dijera a cada instante «hágase» —repito: a cada instante—, volveríamos a la nada. La creación no es algo del pasado. Es el momento permanente en el que el Creador pronuncia la palabra generadora: «hágase». Y todo comienza a existir y a subsistir. Si comprendiéramos este milagro permanente, sabríamos a Quién agradecer, cantar alabanzas y maravillarnos.

Debemos respetar a cada uno de los ateos, pues cada cual tiene derecho a definir, a su manera, su lectura del mundo y de su futuro. Pero vemos la buena razón de Chesterton al referirse al sentimiento que puede apoderarse del ateo que, milagrosamente, ha escapado ileso de un accidente aéreo mortal.

Como ser humano, algo mayor e interior le hace sentir que debe agradecer. ¿A quién? ¿A la suerte? Es demasiado poco. Debe ser algo más profundo, por ejemplo, ¿a la Vida? Pero esta es siempre mortal. Esta vida remite a aquella Vida que creó la vida mortal. Fue esa Vida misteriosa la que lo salvó para que pudiera continuar viviendo. A Ella corresponde el agradecimiento desde el fondo del corazón, con emoción y con lágrimas.

Ateo o religioso, el agradecimiento es un sentimiento radicalmente humano.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br) y escribió también  Gracia y liberación humana, Vozes 1999/2005 (https://www.leonardoboff.org).

¿Quién recuerda a los muertos? ¿Quién los llora? ¿Quién les devuelve la dignidad ahogada en el mar?

“Tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”

Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia.

Según el Colectivo Caminando Fronteras, dirigido por Helena Molano Garzón, fueron ciento cuarenta y cinco las personas que murieron a ambos lados de la frontera occidental euroafricana por la entrada masiva de marroquíes y de otros países a Ceuta por mar. Sobre ellos se ha tendido un tupido y ominoso velo de silencio. La mayoría eran menores de edad con una vida llena de sueños “despiertos” truncados. No se habla de ellos, no se les recuerda, no se les llora. No se siente dolor por su pérdida. No se les ha devuelto su dignidad. Sus vidas no importan, carecen de valor. Sus nombres son silenciados. Han muerto en el más absoluto anonimato. Ninguna lápida que haga memoria de su paso por este mundo. Ningún acto de reparación. Ningún consuelo a las familias. ¡Qué falta de humanidad! ¡Qué vacías de sentido han quedado las palabras fraternidad y sororidad! ¡Qué falsas las declaraciones de defensa de los derechos de los niños y las niñas, de los y las adolescentes, de las y de los jóvenes, de los y las menores de edad, ¡Cuánto cinismo en las declaraciones solemnes de pena! Ni una vez se ha pronunciado la palabra “compasión”.

Sin compasión ni humanidad

No faltan quienes hacen responsables a las personas fallecidas de su propia muerte alegando que es el precio pagado por la invasión de nuestro territorio. “Invasión”: así llaman falsa e injustamente a la entrada masiva de miles de personas inmigrantes a Ceuta, cuando muchos perdieron la vida en el intento, el resto llegó exhausto y todos, decenas de miles -familias enteras, hombres y mujeres, niñas y niños, adolescentes y jóvenes-, obligados a emigrar por el hambre, el desempleo, la pobreza, la búsqueda de una vida digna, de una vivienda, de un trabajo humano que les permitiera vivir, en definitiva, de un futuro mejor, al que todos los seres humanos tenemos derecho, y muy especialmente las personas empobrecidas, cuya vida se ve amenazada a diario.

Nadie ha asumido su responsabilidad por las personas fallecidas. El Gobierno español se escudó en la falta de información y en que sucedió por sorpresa para eludir la responsabilidad de los ciento cuarenta y cinco náufragos. A su vez, eximió cínicamente de toda responsabilidad a Marruecos, quien, a su vez, se presentó enseguida como un “socio fiel y responsable” de España. Una fidelidad que desmienten sus frecuentes llamadas a la ciudadanía marroquí a saltar la frontera por tierra y mar como arma política contra el Gobierno español cuando no le gustan sus alianzas con otros países.

Marruecos apuntó como causante de la masiva entrada a Ceuta a la sentencia del Tribunal Supremo que establece la prohibición de devolver de forma sumaria –“devolución en caliente”- a las personas migrantes interceptadas en el mar en su intento de llegar a nado a Ceuta y Melilla. ¡Falso! La mayoría de los migrantes desconocía la existencia de dicha sentencia. La entrada masiva no pudo hacerse sin la colaboración necesaria de Marruecos.

En su primera comparecencia pública, el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, cargó toda la responsabilidad de la entrada de miles de inmigrantes en Ceuta sobre las mafias que comercian con vidas humanas y que, lógicamente, no pueden dolerse del trágico final que ellas mismas fomentan. No puede negarse el importante papel de las mafias en tan masiva entrada y su desprecio por la vida humana, pero tampoco el apoyo de Marruecos, que nuestro Gobierno sigue negando por razones políticas difícilmente justificables.

Numerosos países de la Unión Europea han hecho fuertes reproches y críticas contundentes a España por la falta de control y de protección de la frontera norteafricana de acceso a Europa. La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, fue más allá y llegó a calificar de “inaceptables” las imágenes de la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta. Algunos países atribuyeron dicha llegada masiva a la reciente regularización española de inmigrantes, calificada de “efecto-llamada”.

Tal acusación es compartida por los partidos de la derecha y la extrema derecha españolas, que han calificado la entrada de los inmigrantes de invasión del territorio español. De ellos no se puede esperar ni la memoria de los muertos, ni la compasión, ni el dolor por las pérdidas de vidas humanas, ya que para ellos lo que rige es la “prioridad nacional”, que conlleva la negación de todos los derechos humanos a las personas migrantes, ¿también del derecho del derecho a la vida? A los hechos me remito.

Sobre las personas muertas todo es silencio e insensibilidad en derredor. No se han asumido responsabilidades en dichas muertes. No se ha recordado a los muertos, no se les ha llorado. No se conocen sus nombres, su origen familiar, sus edades. Todos son anónimos. Su vida no vale nada, su muerte es irrelevante. Es la mejor prueba de la discriminación no solo durante la vida, sino en la muerte. Antes la Iglesia católica oficiaba entierros de primera, de segunda y de tercera según el nivel económico de los difuntos. Hoy hay también muertes de tres categorías.

Trump y Netanyahu, cómplices y actores de muerte

Hay otros dos actores que vienen demostrando complicidad con Marruecos: Estados Unidos e Israel, Trump y Netanyahu que, lejos de compadecerse de los muertos, han echado más leña al fuego. Trump ha recurrido a la “invasión” de Ceuta para alertar de que algo parecido pasaría si ganara las elecciones el Partido Demócrata en Estados Unidos. Él mismo en su país está practicando la caza de inmigrantes, su expulsión y el envío a sus países de origen o a otros países, esposados, como si fueran delincuentes, para ser encarcelados en prisiones terroríficas, por ejemplo, en El Salvador, con la complicidad de su presidente, Nayyib Bukele. Mientras acusa a los migrantes de invasores, Trump invade territorios, secuestra a presidentes de otros países o los asesina. ¿Se puede ser más cruel?

El propio Trump da órdenes al ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) de detener a los inmigrantes de manera salvaje y a quienes los defienden hasta matarlos. Qué compasión con los muertos de Ceuta va a tener un gobernante xenófobo y racista como Trump que ordena la “caza” de los migrantes de su país, incluidos niñas y niños, allí donde se encuentren: casas, hospitales, centros de salud, templos, calles, aeropuertos, centros comerciales. ¿See puede tener actitudes más crueles?

Otro de los cómplices de la política autócrata del rey de Marruecos, Mohamed VI, insensible a las muertes de sus propios conciudadanos y de otros países, es el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. Ningún dolor puede sentir Netanyahu, genocida que ha asesinado a más de 72.000 gazatíes y, tras el alto el fuego, ha seguido matando impunemente de manera indiscriminada a la población de la Franja, especialmente a mujeres, niños y niñas. Está asesinando a miles libaneses, incluso después de la firma del acuerdo de paz, y apoya la violencia de los colonos judíos contra los palestinos de Cisjordania, de cuyos territorios se apropian.

La economía de la exclusión mata

En su exhortación Apostólica La alegría del Evangelio el papa Francisco pronuncia un “no a una economía de la exclusión y la inequidad que mata” (n. 53). Es la economía vigente en Marruecos, donde el rey detenta una gran fortuna que le convierte en uno de los monarcas más ricos del mundo y la quinta persona más rica del continente africano, mientras el pueblo vive en la miseria, en la indigencia, en condiciones infrahumanas y se ve obligado a emigrar poniendo en peligro su vida hasta perderla.

Dicha economía mata, es cierto, pero no metafóricamente, sino de manera real y de múltiples formas segando vidas humanas, como comprobamos el 30 y 31 de julio. Y esas muertes han sucedido sin viso alguno de compasión por parte del Gobierno de Marruecos, de la Unión Europea, que endurece cada vez sus políticas contra la inmigración, de las redes sociales, convertidas en discursos de odio, y de los partidos y organizaciones de la extrema derecha que llaman a la “caza del inmigrante”.

Esta economía, sigue diciendo Francisco, impone la “cultura del descarte”, que va más allá del fenómeno de la explotación y la opresión y no se limita a dejar en la periferia a la gente, sino que la deja fuera, porque “son desechos, ‘sobrantes’”. Por eso su vida resulta prescindible. Es el caso de las vidas de los migrantes que buscaban llegar a Ceuta huyendo del hambre y de la pobreza y murieron en el intento sin conseguir su sueño. Pero no solo ellos, sino “grandes masas de la población”, que “se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida” y avocadas a la muerte. Es la crónica de una muerte anunciada, que seguirá escribiéndose mientras domine en el mundo el necro-capitalismo y el tecno-feudalismo.

En La alegría del Evangelio Francisco se refiere también a la “globalización de la indiferencia”, que nos vuelve incapaces de compadecernos ante los clamores de las personas sufrientes y de llorar ante el drama de quienes el sistema neoliberal conduce derechamente a un final fatal. Critica la “cultura del bienestar” que nos anestesia y convierte las vidas truncadas por falta de posibilidades no en motivo de denuncia y de protesta, sino en un espectáculo que ni nos incomoda, ni llama a las puertas de nuestras conciencias.

Memoria subversiva de las víctimas, frente a necrocapitalismo y necropolítica

¿Y qué pasa con las personas muertas a ambos lados de la frontera occidental euroafricana? Ya lo advirtió el filósofo Walter Benjamin en su tesis 6 Sobre el concepto de historia: “Tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”. Los enemigos son hoy el necrocapitalismo, que sigue venciendo y extendiendo la muerte por doquier, sobre todo en el Sur global, y la necropolítica, que consiste en la coalición y la complicidad de todos los poderes para decidir quién puede vivir y quién tiene que morir.

Si la historia la escriben los vencedores, y llevan siglos escribiéndola, los sufrimientos de las víctimas serán olvidados y a la violencia de sus muertes se sumará la violencia del olvido. Frente a ella no cabe otra respuesta que la memoria subversiva de las víctimas y el reconocimiento de la razón de los vencidos, la rehabilitación de su dignidad negada y el compromiso de no repetición, el juicio de la historia contra los victimarios, tanto personales como colectivos y su condena.

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación. Sus últimos libros son Cristianismo radical (Trotta, 2026) y Política y religión (Tirant, 2026).

Recuperar el nombre propio

“Tu nombre me sabe a hierba, de la que nace en el valle, a golpe de sol y de agua…”

Joan Manuel Serrat

El Padre General de los Carmelitas, P. Miguel Márquez, cada semana graba un mensaje, suele contar algo de lo vivido en esos días, de las comunidades que visita por todo el mundo, resaltando lo positivo, la fe, la Gracia circulando generosamente por todas partes. Sus mensajes son siempre de esperanza, a partir de lo cotidiano, de lo pequeño, invisible a los ojos para la mayoría, visibles al corazón, a la contemplación.

Hace unos días lo escuché contar historias mínimas de las vacaciones con su familia, ya que estaba compartiendo unos días de descanso con hermanos, hermanas, cuñados, sobrinos. Precisamente me llamó la atención el relato de una sobrina pequeña, de un año y medio, que está aprendiendo a hablar. Contó admirado que la niña se acerca a cada uno, lo mira e intenta pronunciar el nombre, ensayando con su media lengua. Lo contaba con inmensa ternura, que transmitía.

La pequeña comenzaba a conocer a cada miembro de la familia, también a aquellos que veía cada tanto tiempo, y disfrutaba nombrarlos. No lo dijo, pero yo imagino que los adultos se “derretían” al oír su nombre y la miraban o abrazaban agradecidos, lo cual estimulaba a la niñita a repetirlo.

Hace muchos años, una teóloga brasileña contaba otra experiencia hermosa, vivía en un barrio pobre, en una comunidad inserta, y oía con dolor a los niños “moradores da rúa”, gritarse por apodos. No se llamaban por el nombre, sino que todos eran llamados por apelativos que subrayaban una condición discriminativa: “Preto”, “Gordo”, “Gordoña”, “Magro”, “Feio”, “Mequetrefe”…

Una noche organizó una juntada de niños en un terreno baldío, algunos se acercaban con reticencia, pero ella empezó a cantar, después a proponer juegos. Se juntaron un montón, jugaban, se reían, cuando vio que ya había un buen clima sacó golosinas y bebidas, los hizo sentar en rueda para comer. Puso una consigna, primero todos debían decir su nombre propio, y los otros lo repetían, se reían inquietos, se burlaban un poco. Ella iba mirando a los ojos a cada niño y a los otros haciendo comentarios: “qué lindo nombre María”, “Pedro, así se llamaba mi papá”, “yo quiero mucho a un amigo que se llama “José”, “Heloísa, suena muy bonito”… Un ejercicio de memoria y de respeto. La segunda consigna fue que un niño le alcanzara a otro el vaso y los dulces, llamándolo por su nombre.

Una dinámica sencilla y audaz, reunirlos, conquistar su confianza, y darles la buena noticia (evangelizar de verdad): todos tenían un nombre y ese nombre era importante, especial, ¡qué lindo era que todos lo conocieran y se llamaran por su nombre!

Nombrar es una facultad humana-divina. Uno de los dos relatos de la creación dice que Dios crea y nombra lo que crea, en el otro relato, pone todo lo creado ante la criatura humana para le ponga nombre a cada una. Las tradiciones bíblicas recogen de ese modo en los relatos simbólicos el valor de nombrar, la bondad y belleza de las palabras. El ser y el nombre van juntos.

En la tradición semítica los nombres no eran al acaso, decían quién era la persona y cuál era su misión. Por eso también son frecuentes los cambios de nombre al ser adultos y asumir un papel importante a favor de su pueblo o comunidad.

La Biblia subraya el valor de cada persona, porque Dios la conoce y tiene los nombres de sus hijos tatuados en su palma. Esa confianza en el reconocimiento de Dios se confirma en el Nuevo Testamento cuando Jesús se llama a sí mismo buen pastor que conoce y llama por su nombre a cada uno. Y adquiere rostros e historias cuando reconoce y llama a Zaqueo por su hombre. En el relato lucano del rico y el pobre, éste tiene nombre: Lázaro. Y María será consolada en el sepulcro, recobrará fe y fuerzas al sentir -o recordar- la voz de su Rabí pronunciando su nombre.

Hasta no hace muchos años, era comunes en las sociedades cristianas los nombres de personajes bíblicos y de santos. Aún hoy en la Iglesia, al ser nombrado el obispo de Roma como primer acto debe elegir su nombre y este indica la orientación que quiere para su pontificado.

Sin duda poner el nombre a un hijo es un momento muy importante, un acto de amor y el reconocimiento de una persona singular. A la inversa, privar del nombre a una persona y adjudicarle un número es un acto de violencia tremendo, tatuar un número en la piel, o colocarlo en la ropa de presidiario, llamar a una persona por ese número y no por su nombre propio, es una forma sistemática de denigración, un intento de despersonalización.

Me admiraba cómo una amiga aprendía y recordaba el nombre de todos alumnos y compañeros, aún hoy siempre que relata algo lo hace con los nombres de todas las personas. No tengo dudas de que se debe a que estuvo presa en la dictadura y por tres años la llamaron por un número. Otro amigo, con cincuenta años en el exterior me dijo: “quiero volver a Uruguay para oír mi nombre”.

Si los padres eligen el nombre más bello y entrañable -por alguna razón- para sus hijos, corresponde después a cada uno reconocerse en ese nombre y darle un sentido propio. Las experiencias tempranas son importantes en ese sentido, luego es performativo es oírlo en la voz de los amigos y de las parejas. El nombre propio pronunciado con amor cobra sentido y valor nuevo.

“Tu nombre me sabe a hierba, de la que nace en el valle, a golpe de sol y de agua”, canta Serrat. Así expresa el amor por quien una mañana cerró su puerta y se echó a andar, por amor dejó los montes y se fue al mar, dice la canción. Imaginemos lo que provoca en ella cuando la nombra…

Cada uno de nosotros ha oído su nombre pronunciado de muchos modos y tonos, tal vez también con ecos de idiomas diferentes. Nos hace bien, de tanto en tanto, recordar, hacer resonar en lo más hondo esas voces queridas que nos han llamado por nuestro nombre a lo largo de nuestra vida. Recordar esas voces amorosas puede recrearnos, devolvernos la gracia del amor primero y del sacramento del bautismo, que nos animará a reconocer a otros y nombrarlos amándolos.

En el relato del carmelita de la sobrinita estrenando su lenguaje, nombrando a cada uno de la familia, en el de la teóloga con los niños de la calle, ayudándolos a recuperar su nombre original, podemos entrever o “entreoír” la voz de Dios recordándonos que nos conoce de modo singular y amoroso. Para Dios no somos esas cifras anónimas de las estadísticas sobre pobreza, migración, muertos en catástrofes o en guerras.

Iglesia latinoamericana despide a Ernestina López Bac, la “Abuela Tina”, pilar de la Teología India y la Pastoral Indígena

Tras una vida entera dedicada al servicio eclesial, la defensa de los derechos colectivos de las comunidades originarias y el impulso a la Teología India en el continente, falleció la hermana Ernestina López Bac, conocida entrañablemente como la “Abuela Tina”.

Este 22 de agosto se celebraron sus exequias en la parroquia de San Martín Jilotepeque de Chimaltenango en Guatemala. Una partida que el Equipo asesor para la teología india y la Pastoral de Pueblos Originarios del Celam, lamentan profundamente a la vez que ofrendan a Dios como uno de sus mejores frutos en el día en que la madre tierra fue sembrada con su cuerpo.

Ernestina López Bac nació el 7 de noviembre de 1947, en el seno del pueblo kaqchikel, su trayectoria marcó un hito en la articulación del diálogo entre la fe cristiana y las espiritualidades ancestrales de América Latina.

El pueblo kaqchikel es una comunidad históricamente afectada por el despojo colonial y la exclusión económica, la Abuela Tina fue entregada desde niña para su formación escolar al Instituto de Señoritas del Perpetuo Socorro de las Hermanas Betlemitas.

En esta institución cultivó su inclinación por la música y la enseñanza, colaborando con Fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio, el mártir guatemalteco, en la formación de agrupaciones de música sacra, antes de ingresar formalmente a la vida consagrada.

Dones compartidos

Como religiosa betlemita, recorrió diversos países del continente y asumió responsabilidades pastorales en el departamento de El Quiché junto a monseñor Julio Cabrera Ovalle.

Durante los años en que se recrudeció la represión militar en Guatemala, su vida estuvo profundamente atravesada por las tragedias del conflicto armado. “Al papá de Ernestina lo asesinaron vilmente y ella no pudo hacerse presente para su entierro. Esa fue una de las mayores penas que cargó toda su vida”, comenta uno de sus amigos.

Posteriormente, debido al prolongado cuidado de su madre enferma, debió tramitar la exoneración de sus votos y la posterior salida de la congregación, otra de las tristezas que la acompañó.

A pesar de las adversidades institucionales y personales, la Abuela Tina reorientó su compromiso consagrado a la causa de los derechos humanos y la articulación con la teología india. Desde Guatemala, la Conferencia del Episcopado confió en su liderazgo para coordinar la Pastoral Indígena, colaborando estrechamente con figuras eclesiales de gran recordación como monseñor Juan Gerardi, asesinado en abril de 1998.

Superar fronteras

Después de presentar el informe de la Iglesia sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en el marco del conflicto armado entre 1960 y 1996, servicio que pasado el tiempo la acercó al cardenal Álvaro Ramazzini.

La labor de la abuela Tina superó las fronteras de Guatemala para aportar e incidir como mujer y académica en el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) y la Articulación Ecuménica Latinoamericana de Pastoral Indígena.

Un camino que la llevó a establecer sólidas alianzas de trabajo ecuménico e interreligioso junto a referentes de la Teología India y la Pastoral Indígena continental. Entre ellos podemos recordar a Samuel Ruiz García (“Tatic Samuel”), Clodomiro Siller y Eleazar López en México; Leónidas Proaño en Ecuador; además de destacados teólogos y líderes sociales de Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Paraguay, Argentina y Chile.

Organizaciones entre las que aparecen los hermanos Lencas de El Salvador, las religiosas Lauritas en Colombia, el Centro Indigenista Misionero de Brasil, la Coordinadora Nacional de Pastoral Indígena en Paraguay, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen de Argentina y el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas de México, entre otras.

Los frutos

Su legado será recordado por las comunidades y organizaciones eclesiales, como esa mujer que logró articular “la lucha por los derechos de las mujeres indígenas dentro de la Iglesia y la sociedad con la defensa de los derechos de los pueblos originarios”; siempre pensando en recuperar los territorios ancestrales, enriquecer las asambleas comunitarias, abogar por la elección de autoridades propias y mantener la espiritualidad milenaria de la que no podemos separarnos.

Con su partida, referentes pastorales de la región destacaron su contribución porque su vida demostró que es posible construir juntos; es decir, entre indígenas y no indígenas, ese pueblo de Dios integrado por obispos, pastores y laicos católicos y protestantes, un mundo nuevo y más acorde con los anhelos de nuestros ancestros y ajustado al anuncio de la Buena noticia del Evangelio.

Una vez escuché a la hermana Tina decir que lo importante era dar la vida gota a gota todos los días, sin importar las circunstancias. Esa es la enseñanza que no podemos apartar del corazón.

Publicado en: https://www.religiondigital.org/matices-_el_blog_de_paola_calderon/iglesia-latinoamericana-despide-ernestina-lopez_132_1464359.html

Desrespeito á dignidade da mulher!

[Por: Júlio Lázaro Torma]

Tenho, acompanhado à política pelotense desde o ano de 1989. Atuação da câmara de vereadores pelotense desde 1995. Mas, nunca havia se visto o baixo nível em que ela chegou e o ápice. Nesta última semana com integrantes sendo investigados pela operação expurgo.

 

Queremos como sociedade, uma resposta rápida e  imediata do Ministério Público.Para completar o espetáculo do teatro da casa dos horrores,foi atitude dos 16 vereadores homens contra três vereadoras…

 

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El petróleo amenaza con rozar los 140 dólares tras duplicar su déficit por el colapso en Ormuz

[Por: papernest.es]

La crisis logística en el estrecho de Ormuz ha acelerado la sangría de las existencias globales de crudo y amenaza con arrastrar la cotización del barril hasta los 140 dólares en otoño. Según las advertencias formuladas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el déficit del mercado mundial se ha duplicado hasta alcanzar entre 1,6 y 2 millones de barriles diarios, pese al estancamiento de la demanda agregada. La rápida caída de los inventarios estratégicos coloca a la economía internacional ante un escenario de volatilidad severa, impactando directamente en los costes operativos de las industrias y en la economía doméstica, lo que lleva a los usuarios a consultar cuál es la compañía más barata de luz y gas para afrontar el encarecimiento energético…

 

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