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Mons. Romero: Favorecer equitativamente a todos los salvadoreños

[Por: Luis Van de Velde]

“Queridos hermanos, quiero hacer un llamamiento a todos los sectores del país para que evitemos tener que llegar a una guerra civil y de todos modos logremos en nuestro país una auténtica justicia.   Para ello es indispensable que todos estemos dispuestos a compartir con los demás lo que somos y lo que tenemos, y participar, en la medida de nuestras posibilidades, a crear esta estructura económica – política que, de acuerdo con el plan de Dios, favorezca equitativamente a todos los salvadoreños.” (20 de enero de 1980).

 

Dos meses después de su asesinato, Monseñor Romero amplía la llamada a compartir. Ya no se dirige solo a la oligarquía y las burguesías de aquella época (industrial, financiera y agrícola), sino «a todos los sectores del país». La primera llamada profética de Monseñor es la siguiente: «Evitemos la guerra civil, que no haya guerra, porque va a significar aún más sangre derramada». «Que evitemos tener que llegar a una guerra civil». Monseñor esperaba poder motivar a todos los sectores para que buscaran soluciones que no implicaran la guerra. En menos de un año, estalló la guerra que duró doce años y en la que hubo miles y miles de desaparecidos, asesinados y caídos en combate…

 

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Rescatar el respeto irrestricto al ser humano y a todo ser

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Ya hemos constatado en este espacio la erosión de la ética que alcanza todos los ámbitos de la vida. Lo mismo puede decirse de la falta de respeto entre las personas, las sociedades y las naciones. Hechos clamorosos son la falta absoluta de respeto de las fuerzas de Israel al cometer genocidio contra cientos de niños inocentes de la Franja de Gaza. Lo mismo ocurre en Sudán y en otros lugares en guerra. Tales tragedias forman parte de la actual crisis civilizatoria.

Tenemos que rescatar el respeto ilimitado como valor fundamental. No solamente entre los seres humanos. Con la nueva conciencia ecológica y las nuevas ciencias vinculadas a la vida, a la naturaleza, al cerebro y a la nueva cosmología, entendida como cosmogénesis —es decir, el universo todavía en expansión y complejización—, el respeto a la Tierra, a la naturaleza y a todo ser se vuelve un imperativo, pues todos están dentro de la dinámica del proceso evolutivo y poseen historia, cierta subjetividad y derechos que deben ser respetados.

Para esta tarea me sirvo de alguien que, además de médico, dedicó toda su vida a pensar el respeto. Me refiero a Albert Schweitzer (1875-1965), oriundo de Alsacia.

Desde muy temprano mostró rasgos de genialidad. Se convirtió en un famoso exégeta bíblico, con una vasta obra, especialmente sobre cuestiones relacionadas con la posibilidad o no de elaborar una biografía científica de Jesús. Fue también un eximio organista e intérprete de las obras de Bach, ofreciendo conciertos por toda Europa.

Como consecuencia de sus estudios sobre el mensaje de Jesús, especialmente del Sermón de la Montaña, con su centralidad en el pobre, el hambriento y el sediento, resolvió abandonarlo todo y estudiar medicina.

Una vez graduado, en 1913 se trasladó a África como médico, a Lambaréné, en Gabón, precisamente a aquellas regiones que habían sido dominadas y explotadas por los colonizadores europeos. Lo expresa explícitamente en una carta:

«Lo que necesitamos no es enviar allí misioneros que quieran convertir a los africanos, sino personas que estén dispuestas a hacer por los pobres lo que debe hacerse, si el Sermón de la Montaña y las palabras de Jesús tienen algún valor. Si el cristianismo no realiza esto, ha perdido su sentido. Después de haber reflexionado mucho, esto quedó claro para mí: mi vida no es ni la ciencia ni el arte, sino convertirme en un simple ser humano que, en el espíritu de Jesús, hace alguna cosa, por pequeña que sea» (Schweitzer, 1994, pp. 25-26).

En su hospital, especialmente dedicado a personas con lepra, en el interior de la selva tropical, entre una atención y otra a los enfermos, encontraba tiempo para reflexionar sobre los destinos de la cultura y de la humanidad.

Consideraba que la falta de una ética humanitaria constituía la mayor crisis de la cultura moderna. Dedicó años al estudio de las cuestiones éticas, que tomaron cuerpo en varios libros, siendo el principal de ellos El respeto ante la vida (Ehrfurcht vor dem Leben), que cito al final de este artículo.

Toda su ética gira en torno al respeto, la veneración, la compasión, la responsabilidad y el cuidado hacia todos los seres, especialmente hacia aquellos que más sufren.

El punto de partida de Schweitzer es el dato primario de nuestra existencia: la voluntad de vivir, que se expresa así:

«Yo soy vida que quiere vivir en medio de vidas que también quieren vivir» (Wie wir überleben können, p. 73).

A la voluntad de poder (Wille zur Macht) de Nietzsche, Schweitzer contrapone la voluntad de vivir (Wille zum Leben). Y continúa:

«La idea clave del bien consiste en conservar la vida, desarrollarla y elevarla a su máximo valor; el mal consiste en destruir la vida, perjudicarla e impedir que se desarrolle. Este es el principio necesario, universal y absoluto de la ética» (op. cit., pp. 52 y 73).

Para Schweitzer, las éticas vigentes son incompletas porque se ocupan solamente de los comportamientos de los seres humanos frente a otros seres humanos y olvidan incluir a la naturaleza y a todas las formas de vida que se nos presentan. El respeto que debemos a la vida «engloba todo lo que significa amor, entrega, compasión, solidaridad y compartir» (op. cit., p. 53).

En una palabra:

«La ética es la responsabilidad ilimitada por todo lo que existe y vive» (Wie wir überleben können, p. 52; Was sollen wir tun?, p. 29).

Como nuestra vida es vida con otras vidas, la ética del respeto a la vida deberá ser siempre un con-vivir y un con-sufrir (miterleben und miterleiden) con los otros. En una formulación sucinta afirma:

«Debes vivir conviviendo y conservando la vida; este es el mayor de los mandamientos en su forma más elemental» (Was sollen wir tun?, op. cit., p. 26).

De allí se derivan comportamientos de gran compasión y cuidado. Interpelando a sus oyentes en una homilía, exhorta:

«Mantén tus ojos abiertos para no perder la ocasión de ser un salvador. No pases de largo, inconsciente, ante el pequeño insecto que se debate en el agua y corre el riesgo de ahogarse. Toma un palito y retíralo del agua, sécale las alas y experimenta la maravilla de haber salvado una vida y la felicidad de haber actuado por encargo y en nombre del Todopoderoso. Al gusano que se perdió en el camino duro y seco y que no puede hacer su agujero, retíralo y colócalo en medio de la hierba. “Lo que hicieron a uno de estos más pequeños, a mí me lo hicieron”. Esta palabra de Jesús no vale solamente para nosotros, los seres humanos, sino también para las más pequeñas de las criaturas» (Was sollen wir tun?, op. cit., p. 55).

La ética del respeto de Albert Schweitzer une inteligencia emocional y cordial en un esfuerzo por hacer de la ética un camino de salvaguarda de todas las cosas y de rescate del valor que poseen en sí mismas.

El mayor enemigo de esta ética es el embotamiento de la sensibilidad, la inconsciencia y la ignorancia, que hacen perder de vista el don de la existencia y la excelencia de la vida en todas sus formas. El ser humano está llamado a ser guardián de cada ser vivo. Al realizar esta misión alcanza el grado más elevado de su humanidad.

Las Escrituras son claras: el ser humano ha sido hecho cuidador y guardián del jardín del Edén, de la Tierra-Madre.

Concluimos con la siguiente observación: o vivimos el respeto incondicional hacia todo ser, especialmente hacia todo ser vivo y, en particular, hacia el ser humano, o perdemos la base que sostiene el compromiso con la dignidad y los derechos humanos.

Otro habría sido el camino de la modernidad si este ideal hubiera sido asumido como central y no la voluntad de poder.

Si no respetamos a todo ser, terminaremos por no respetar al ser humano, hombre y mujer, el ser más complejo y misterioso de la creación. Pero también el más vulnerable cuando es pobre, está enfermo o es discriminado.

Sin el respeto y la veneración perdemos también la memoria de lo Sagrado y de lo Divino que atraviesan el universo y que emergen en la conciencia humana.

Bibliografía citada

SCHWEITZER, A., Ehrfurcht vor dem Leben. Grundtexte aus fünf Jahrhunderten, C. H. Beck Verlag, Múnich, 1966.

— Kultur und Ethik, C. H. Beck Verlag, Múnich, 1960.

— Wie wir überleben können. Eine Ethik für die Zukunft, Herder, Friburgo, 1994.

— Was sollen wir tun?, Verlag Lambert Schneider, Heidelberg, 1986.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL. (https://www.revistaliberta.com.br) Escribió también Transparencia en las personas y en las instituciones, Vozes, 2025. (https://www.leonardoboff.org)

Resgatar o respeito irrestrito ao ser humano e a todo ser

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Já temos constatado neste espaço, a erosáo da ética que atinge todos os âmbitos da vida. O mesmo se pode dizer da falta de respeitro entre as pessoas, as sociedades e as nações. Fatos gritantes são o desrespeito completo das forças de Israel cometendo genocídio a centenas de crianças inocentes da Faixa de Gaza. O mesmo ocorre no Sudão e em outros lugares de guerra. Tais tragédias pertencem à crise civilizatória atual.

Temos que resgatar o respeito ilimitado como valor fundamental. Não apenas entre os humanos. Com a nova consciência ecológica e as new sciences ligadas á vida, à natureza, ao cérebro e à nova cosmologia,entendida como cosmogênese, vale dizer, o universo ainda em expansão e complexificarão: o respeito à Terra, à natureza e a todo ser é imperativo, pois todos estão dentro da dinâmica do processo evolutivo e possuem história,certa subjetividade e direitos que devem ser respeitados.

Para esta tarefa, sirvo-me de alguém que, além de médico, dedicou toda a sua vida a pensar o respeito. Refiro-me a Albert Schweitzer (1875-1965), oriundo da Alsácia.

Desde cedo apresentou traços de genialidade. Tornou-se famoso exegeta bíblico com vasta obra especialmente sobre questões ligadas à possibilidade ou não de se fazer uma biografia científica de Jesus. Era também um exímio organista e concertista das obras de Bach, por toda a Europa.

Em consequência de seus estudos sobre a mensagem de Jesus, especialmente do Sermão da Montanha, com sua centralidade no pobre, no faminto e sedento, resolveu abandonar tudo e estudar medicina.

Formado, em 1913 foi para a África como médico em Lambarene, no Gabão belga, exatamente para aquelas regiões que foram dominadas e exploradas pelos colonizadores europeus. Diz explicitamente numa carta:

Em seu hospital, especialmente para hansenianos(leprosos) no interior da floresta tropical, entre um atendimento e outro de doentes, tinha tempo para refletir sobre os destinos da cultura e da humanidade. Considerava a falta de uma ética humanitária como a crise maior da cultura moderna. Dedicou anos no estudo das questões éticas que ganharam corpo em vários livros, sendo o principal deles O respeito diante da vida (Ehrfurcht vor dem Leben) que cito no final do artigo.

Tudo em sua ética gira ao redor do respeito, da veneração, da compaixão, da responsabilidade e do cuidado para com todos os seres, especialmente, para com aqueles que mais sofrem.

Ponto de partida para Schweitzer é o dado primário de nossa existência, a vontade de viver que se expressa:”Eu sou vida que quer viver no meio de vidas que também querem viver”(Wie wir überleben können, 73). À vontade de poder (Wille zur Macht) de Nietszche, Schweitzer contrapõe a vontade de viver (Wille zum Leben). E continua:

“A idéia-chave do bem consiste em conservar a vida, desenvolvê-la e elevá-la ao seu máximo valor; o mal consiste em destruir a vida, prejudicá-la e impedi-la de se desenvolver. Este é o princípio necessário, universal e absoluto da ética”(op. cit. p. 52 e 73).

Para Schweitzer, as éticas vigentes são incompletas porque tratam apenas dos comportamentos dos seres humanos face a outros seres humanos e esquecem de incluir a natureza e todas as formas de vida que se nos apresentam. O respeito que devemos à vida “engloba tudo o que significa amor, doação, compaixão, solidariedade e partilha” (op. cit. 53).

Numa palavra: “a ética é a responsabilidade ilimitada por tudo que existe e vive” (Wie wir überleben, p. 52 e Was sollen wir tun p. 29).

Como a nossa vida é vida com outras vidas, a ética do respeito à vida deverá ser sempre um con-viver e um con-sofrer (miterleben und miterleiden) com os outros. Numa formulação suscinta afirma: “Tu deves viver convivendo e conservando a vida, este é o maior dos mandamentos na sua forma mais elementar”(Was sollen wir tun? op. cit. p. 26).

Dai derivam-se comportamentos de grande compaixão e cuidado. Interpelando seus ouvintes numa homilia conclama:

“Mantenha teus olhos abertos para não perder a ocasião de ser um salvador. Não passe ao largo, inconsciente, do pequeno inseto que se debate na água e corre risco de se afogar. Tome um pauzinho e retire-o da água, enxugue-lhe as asinhas e experimente a maravilha de ter salvo uma vida e a felicidade de ter agido a cargo e em nome do Todo-poderoso. O verme que se perdeu na estrada dura e seca e que não pode fazer o seu buraco, retire-o e coloque-o no meio da grama. ‘O que fizerdes a um desses mais pequenos foi a mim que o fizestes’.

Esta palavra de Jesus não vale apenas para nós humanos mas também para as mais pequenas das criaturas”(Was sollen wir tun, op.cit. p. 55).

A ética do respeito de Albert Schweitzer une inteligência emocional e cordial num esforço de tornar a ética um caminho de salvaguarda de todas as coisas e de resgate do valor que elas possuem em si mesmas.

O maior inimigo desta ética é o embotamento da sensibilidade, a inconsciência e a ignorância que fazem perder de vista o dom da existência e a excelência da vida em todas as suas formas. O ser humano é chamado a ser o guardião de cada ser vivo. Ao realizar esta missão, ele alcança o grau maior de sua humanidade.As Escrituras são claras: ele é feito cuidador e guardador do jardim do Éden, da Terra-Mãe.

Concluimos com a seguinte observação: ou vivemos o respeito incondicional a todo o ser, especialmente ao ser vivo e em particular ao ser humano, ou então perdemos a base que sustenta o empenho pela dignidade e pelos direitos humanos.

Outro seria o caminho da modernidade se este ideal fosse assumido como central e não a vontade de potência.

Se não respeitarmos todo ser, acabaremos não respeitando o ser humano, homem e mulher, o ser mais complexo e misterioso da criação. Mas também o mais vulnerável, quando pobre, doente e discriminado.

Sem o respeito e a veneração perdemos também a memória do Sagrado e do Divino que perpassam o universo e que emergem na consciência humana.

Literatura referida

– Schweitzer, A., Ehrfurcht vor dem Leben. Grundtexte aus fünf Jahrhunderten, C. H. Beck Verlag, Munique 1966.
– Kultur und Ethik, C. H. Beck Verlag, Munique 1960.
– Wie wir überleben können. Eine Ethik für die Zukunft, Herder, Freiburg 1994.
– Was sollen wir tun? Verlag Lambert Schneider, Heidelberg 1986

Leonardo Boff escreve para a revista LIBERTA do ICL (https://www.revistaliberta.com.br; escreveu também Transparência nas pessoas e nas instituições, Vozes 2025(https://www.leonardoboff.org).

Emilce Cuda: una teóloga entre dos papas

Una de las personas más activas a nivel eclesial estos dos años ha sido, sin duda alguna, Emilce Cuda. En ello, seguro que ha influido su amplio y profundo conocimiento de los dos últimos papas: Francisco y León XIV.

Francisco, conocedor de su teología, en 2022 la nombró secretaria de la Comisión Pontificia para América Latina, comisión presidida entre 2023 y 2025 por el entonces cardenal Robert Prevost. Cuda se convirtió, así, en una de las primeras mujeres en ocupar un puesto de responsabilidad en la Curia vaticana. En enero de 2026 fue nombrada, además, consultora para el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso. Actualmente también forma parte del equipo profesional consultor del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) para el área de política y trabajo

San Romero de América, ¿doctor de la Iglesia?

Los obispos de El Salvador, de visita ad limina en Roma, podrían formular la propuesta a León XIV esta misma semana. En octubre se cumplen ocho años de la canonización del arzobispo mártir…

Voces de Emús: El grito de los excluidos 2026

El anhelo de paz debe traducirse en un compromiso diario de vivir en fraternidad y luchar por los derechos que hacen posible una vida digna para todas las personas. Nuestro clamor por la paz en  Brasil  y en el mundo es, por lo tanto, un clamor por los derechos.

El artículo es de Francisco de Aquino Júnior , sacerdote de la diócesis de Limoeiro do Norte/CE y profesor de teología en la Facultad Católica de Fortaleza (FCF) y en la Universidad Católica de Pernambuco (UNICAP).

“Nos vemos en Uruguay”

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Cuadernillo de preparación catequético-formativa a la visita del Papa León XIV

El itinerario recorre ocho semanas. Cada semana está construida como una sola lectura orante que avanza en cinco momentos, de modo que la Palabra, la voz de los Padres, la reflexión teológica de nuestro continente y la poesía no son bloques separados, sino que alimentan un mismo camino de oración que desemboca en una decisión concreta

La energía curativa de los gatos domésticos

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Tenemos en casa un gato maravilloso llamado Queiros. De vez en cuando desaparecía y reaparecía 3 o 4 días después. Por esta razón, le pusimos el nombre de Queiros, en referencia a aquella figura política que desaparecía y luego reaparecía. Servía a los intereses de una conocida familia de políticos, todos hombres, que construyeron sus fortunas de forma oscura. Nuestro Queiros es cariñoso y posee una especial energía curativa.

Si entramos en Google o en otras plataformas de información, encontraremos en todas ellas referencias a la energía terapéutica de los gatos. Cumplen una misión que va más allá de ser animales de compañía. Son portadores de energías sutiles que se conectan con las energías humanas. Su ronroneo, en distintas frecuencias, es una de las formas mediante las cuales se acercan al ser humano, especialmente cuando está enfermo.

Jean-Yves Leloup, un psicoanalista de las profundidades, de origen francés, estudió especialmente la terapia con animales, particularmente con gatos, en la historia del antiguo Egipto. Llegó a crear un movimiento conocido con el nombre de «Los terapeutas del desierto» (Vozes, 1997). El terapeuta no necesita necesariamente una formación académica en psicología o psiquiatría. Puede provenir de otros saberes, pero se propone entrar en contacto íntimo con la naturaleza y sus elementos, de modo de vivir una verdadera comunión con ellos. Es este proceso de comunión el que libera la irradiación de las energías de los elementos y hace que se vuelva curativa. Esto no invalida las terapias clásicas de las diversas escuelas de psicología y psiquiatría. C. G. Jung fue uno de los pocos que valoró esta energía natural, pues, según la fórmula de Einstein, materia y energía son equivalentes. Werner Heisenberg, desde la mecánica cuántica, insistía siempre en que la materia no existe: todo es energía en distintos grados de densidad. Y la energía, formando campos, se difunde siempre en todas las direcciones.

Tuve la oportunidad de visitar algunas veces a una mística, poeta y escritora, Adriana Zarri (1919-2010), cerca de Strambino, en el norte de Italia. Hacía una dura crítica al conservadurismo del papa Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Vivía con su gatita Arcibalda, a quien dedicó su último artículo.

Ella, como pude comprobar personalmente, mantenía con la gata una relación afectuosa, como la de dos amigas íntimas. Aquello que nuestra gran psicoanalista junguiana Nise da Silveira describió en su libro Gatos, a emoção de lidar (1998) fue confirmado por la escritora Zarri, quien escribió: «el gato tiene la capacidad de captar nuestro estado de ánimo; si me ve llorando, enseguida viene a lamer mis lágrimas».

Cuentan que la gata permaneció junto a ella mientras expiraba. Al ver llegar a los amigos para el velorio, se enroscaba en la cortina de la sala para recibirlos. Como si supiera que había llegado el momento, discretamente, poco antes de que cerraran el féretro, entró en la capilla que había en la casona donde Zarri estaba siendo velada.

Alguien, sabiendo del amor de la gatita por la mística, la tomó en brazos y la acercó a su rostro. Lo contempló largamente y parecía que lloraba. Después se colocó debajo del féretro y allí permaneció en absoluta quietud.

Volvamos a nuestro gatito Queiros. Por razones que no corresponde mencionar aquí, estuve durante cierto tiempo en cama. Queiros permanecía a mi lado y, a veces, durante largo rato sobre mi pecho. Dormía junto a mí, pegado a mi cuerpo, para poder sentir el calor.

Por la mañana venía presuroso y me saludaba con su patita, colocándola sobre la manta. Permanecía durante largo tiempo sobre la parte herida de mi cuerpo, como si quisiera transmitirme su energía curativa. Y efectivamente la transmitía, pues escuchaba su ronroneo, la forma mediante la cual los gatos y las gatas se comunican.

Se estima que existen en el mundo entre 600 millones y 1.000 millones de gatos, pertenecientes a unas 250 razas diferentes. Generalmente viven entre 15 y 20 años.

Se presume que el gato ancestral (Felis Catus) se remonta a unos 15 millones de años. Sin embargo, su domesticación habría comenzado en Babilonia alrededor del año 7500 a. C. Es un animal cosmopolita, pues existe en todo el mundo. Fue importante durante el Neolítico, cuando surgió la agricultura. Los alimentos y las frutas eran atacados por ratas y otros roedores. Fue entonces cuando la función de los gatos, considerados siempre buenos cazadores, se volvió decisiva, también en las casas donde había esos roedores.

Los gatos, debido a su ADN, poseen un cerebro bastante evolucionado, lo que los hace capaces de sentir emociones y, según consideramos, de poseer una irradiación curativa. Son extremadamente higiénicos y dedican mucho tiempo al cuidado de su pelaje, utilizando la parte áspera de la lengua para eliminar la suciedad y el polvo.

Aunque durante prácticamente toda su historia fueron animales de compañía, a comienzos de la Edad Media se difundió, sin embargo, la creencia de que estaban asociados con las brujas y con el demonio. Curiosamente, llegaron a ser excomulgados, juzgados en plazas públicas y quemados, como se hacía con las brujas.

Gracias a Dios, superado aquel período oscuro, incluso durante la Edad Media de las universidades y de los estudios, fueron reintroducidos como animales de compañía.

Hoy existen gatos de todas las razas en muchas familias. Algunos reciben incluso cuidados estéticos especiales y son llevados por las señoras a encuentros sociales, quizá recibiendo más cariño que el dedicado a sus propios hijos.

Finalmente, cuidemos de estos seres domésticos, cariñosos como Queiros, respetando su libertad intrínseca y proporcionándoles una alimentación adecuada, sin aditivos químicos que les resulten perjudiciales. Son compañeros en nuestras sociedades y forman parte de la naturaleza, portadora de derechos. Por eso, los gatos aparecen como conciudadanos, también sujetos de derechos que deben ser respetados.

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA https://www.revistaliberta.com.br    Es también autor de O pescador ambicioso e o peixe encantado: a busca da justa medida (Vozes, 2022). https://www.leonardoboff.org

San Agustín: el hombre, el teólogo, el santo (I)

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Entre los pensadores en la historia del mundo no podemos descartar a San Agustín. No sólo por su ingenio maravilloso, sino por la variedad de temas que trata en su colosal obra, así como por la influencia que ésta ha ejercido durante casi dieciséis siglos en el mundo de la religión, la teología, la cultura, la filosofía, la academia, la política y la sociedad en general.

Los escritos de San Agustín comprenden 114 obras, 270 Cartas, 296 sermones y la Ciudad de Dios que se extiende a lo largo de 22 libros. Esta obra la compuso del año 413 al 426.

Y los temas que trata son tan variados como Réplicas, comentarios, cartas a personas ilustres, Tratados, Cuestiones, Exposiciones, sermones, Las confesiones y su obra monumental La Ciudad de Dios, que es una interpretación de la historia del mundo, a partir de las Sagradas Escrituras y desde su fe y amor a Dios.

Han pasado dieciséis siglos de su muerte y San Agustín se sigue estudiando en la Universidades y en las Facultades de filosofía y teología.

En el momento actual tenemos un Papa agustino, León XIV; entonces parece oportuno que echemos una mirada a este Padre de la Iglesia, San Agustín, Obispo de Hipona.

Me propongo escribir una tríada sobre San Agustín. Son apenas unas pinceladas acerca de su persona y de su obra, no es nada sistemático.

  1. San Agustín, el hombre
  2. San Agustín, el teólogo

III.          San Agustín, el santo

  1. San Agustín, el hombre

Algo que caracteriza la vida y la obra de San Agustín es que el obispo de Hipona es un buscador, alguien que se pone constantemente preguntas, alguien que busca explicaciones de todo: lo divino y lo humano, el cuerpo y el espíritu, el tiempo y la eternidad, los ángeles y los demonios, Dios y la creatura, la materia y el espíritu, la vida y la muerte, el pecado y la Gracia, el principio y el fin de todo, el cambio y lo permanente, el libre albedrío y el destino.

Ya con esto podemos acercarnos al espíritu que habitaba a San Agustín y a los derroteros que tomó a través de su vida: maniqueo, neoplatónico, académico, convertido, cristiano, obispo, santo.

San Agustín no es una persona a quien le es dada la realidad, sino un hombre que cuestiona todo, vive las corrientes filosóficas de su tiempo: Maniqueísmo, Neo-platonismo, donatistas, cínicos, cristianos, paganismo, y ya dentro, las cuestiona para abandonarlas como hizo con el maniqueísmo o con el neoplatonismo en Cartago.

Seducido por la vida de las representaciones teatrales y los juegos en Cartago, fue seducido también por los placeres carnales, la música, los banquetes, las tertulias y las discusiones filosóficas con los amigos. Ese fue el ambiente de juventud de Agustín y del que no quería salir. Tiene una expresión irónica que refleja muy bien su lucha entre la razón y el placer carnal. En una oración dice: “Hazme casto, Señor, pero no ahora”.

No contento con los estudiantes en Cartago donde fundó una academia, se trasladó a Roma para ver si allá los estudiantes eran más serios y disciplinados. Allá también enseñó en la Academia, pero tampoco quedó satisfecho por el poco interés de sus alumnos.

Se fue a Milán para escuchar a San Ambrosio, obispo de aquella ciudad. Él dice, “iba a los sermones del obispo Ambrosio, no por oír el Evangelio, sino por disfrutar y aprender de su oratoria, de su elocuencia”. De hecho, dice que la primera vez que leyó la Biblia le pareció simple, con mucha imaginación, como algo no digno de tomarse en serio.

Agustín oye insistentemente que Roma cayó por culpa de los cristianos. Al grado que –y esto lo escribe en La Ciudad de Dios- todos los males que acosan a Roma, decían, vienen por culpa de los cristianos. Había un proverbio vulgar: “si no llovía, era por culpa de los cristianos[1]”.  Ya convertido a la fe cristiana en la que, como sabemos, mucho influyó su madre Santa Mónica, y a ruegos oportunos e inoportunos de su amigo, Marcelino, tribuno militar y cuestor en Cartago, convertido al Cristianismo, quien le pide que sea él, Agustín y no otro, quien escriba una defensa del Cristianismo, decide escribir esta gran obra que le llevará doce años de su vida, quizá la más fructífera como intelectual.

Agustín busca la verdad, quiere estar convencido de lo que vive, de lo que cree, y por eso ahonda en la más diversas cuestiones.

Para eso echa mano de todos los escritos de historiadores y filósofos antiguos, desde Platón, Homero, Porfirio, Marco Varrón, hasta Cicerón, Virgilio, Horacio y, por supuesto, la Sagrada Escritura. Conoce a todos los dioses tanto griegos como romanos y el culto que les es dado y cómo han influido en guerras, cultos, placeres y en la misma República Romana y sus leyes.

Otro rasgo de San Agustín es que en cada cuestión, por ejemplo: la creación, el pecado, la culpa, la libertad, la Resurrección, por sólo citar algunas, él dialoga y discute con todos los que se oponen a lo revelado por Dios en las Sagradas Escrituras y que enseña la Iglesia; discute con todos los que niegan lo que la fe cristiana afirma. San Agustín sabe de dialéctica y la aplica en cada argumento que da a favor de la fe cristiana.

De esta manera esgrime argumentos tomados de los mismos autores paganos, de filósofos que afirman lo que él afirma, de la experiencia de la vida humana, de la ciencia en sus diversas vertientes y termina refutando los errores con abundantes citas bíblicas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Es asombroso ver cómo San Agustín saca de los salmos muchas afirmaciones que apoyan las verdades sobre las que él está discutiendo. Y después de largas reflexiones y argumentaciones pregunta a sus interlocutores si con eso basta o debe añadir alguna otra cosa. Digamos que San Agustín tiende a ser prolijo.

Pongo un ejemplo: la fe en la Resurrección. San Agustín confronta a los no creyentes con los hechos y pregunta: ¿Cómo es posible que si toda la Cristiandad -y muchos autores aún paganos- han aceptado la fe en la Resurrección, haya todavía un puñado de gentes o pueblos que no la aceptan? Si la Resurrección fue atestiguada con grandes milagros en la naciente Iglesia ¿Cómo hay alguien que no la acepta? ¿Cómo es posible que de un puñado de apóstoles, en su mayoría personas simples, sin instrucción alguna, pescadores, haya nacido y se haya propagado por todo el mundo la fe en Cristo muerto y Resucitado? ¿Cómo explicar esto si no se acepta la Resurrección de Cristo?

Con argumentos semejantes a éste y otros en clave filosófica, San Agustín va llevando su raciocinio para probar la verdad del tema que está tratando.

Un tercer rasgo de San Agustín es que conoce la historia y la cultura de su época como pocos. Esto le da la libertad de hablar de los dioses y sus atributos, de los generales y emperadores, de las intrigas palaciegas del Imperio Romano, de las guerras y sus miles de muertos, de las venganzas despiadadas y divisiones en todos los gobiernos, de los filósofos e historiadores y la información que aportan sobre el argumento que está tratando, de las costumbres de los diversos pueblos, de las fábulas y leyendas que fue encontrando en los más diversos ámbitos: la religión, la cultura, la filosofía, la literatura, la ética, la moral.

En cuanto a la Biblia, así dice San Agustín, se apoya en la traducción “del presbítero Jerónimo”. Es interesante rememorar aquí la traducción de la Biblia llamada Septuaginta, la traducción de la Biblia del hebreo al griego para los creyentes judíos que vivían fuera de Palestina y ya no entendían el hebreo.

Sobre esto hay una leyenda. Que bajo el reinado del rey Ptolomeo II Filadelfo (285-246) en Alejandría de Egipto se tradujo la Biblia del hebreo al griego. Y este hecho se debió a que un tal Demetrio de Falerón, filósofo y político ateniense, refugiado en Alejandría y a quien se debe la fundación de su famosa biblioteca, pidió al rey Ptolomeo que se incluyeran en ella los libros sagrados de los hebreos. Para esto, Ptolomeo escribió al Sumo sacerdote de Jerusalén, Eleazar, que le enviara personas instruidas en ambos idiomas. El pontífice le envió a 72 ancianos eruditos, 6 por cada una de las 12 tribus (inexistentes ya en ese tiempo), para que hicieran la traducción. El rey envió a los 72 ancianos desde Egipto a Jerusalén e hicieron la traducción en 72 días. Después el número se redondeó a 70 y por eso se llama “La Septuaginta”[2].

Esto es más bien una alegoría de un hecho real: la traducción de la Biblia del hebreo al griego. Se inició el año 250 a.C. y se terminó el 105 después de Cristo[3].

Esto no quiere decir que San Agustín es un historiador en el sentido estricto de la palabra. De hecho los autores especialistas en San Agustín reconocen errores en su obra, pero no es ésta la intención de San Agustín, sino más bien, su intención es teológica, como veremos en el siguiente apartado.

Basten por ahora estos tres rasgos de la personalidad de Agustín para ubicar al ser humano que dio origen a Las Confesiones y a la Ciudad de Dios. Ya en los otros dos apartados de esta tríade irán apareciendo algunos pequeños rasgos humanos del Obispo de Hipona.

[1] San Agustín, La Ciudad de Dios =Editorial clie= Barcelona, 2017, Pág. 17

[2] San Agustín, o.c. Págs. 1005-1006.

[3] San Agustín, o.c. Pág. 106

Carta de presentación del 45 Congreso de Teología: Crear comunidad-construir ciudadanía

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11 al 13 de septiembre de 2026 – On line (Zoom)

Querid@s amig@s

Os invitamos a participar en el 45 Congreso de Teología con un tema que consideramos de especial importancia, quizá el más importante en el actual panorama mundial caracterizado por la fragmentación social y la crisis de la ciudadanía y de la comunidad: Crear Comunidad. Construir Ciudadanía. Es nuestro intento de responder modestamente a la pérdida de los valores comunitarios dentro del cristianismo institucional y al avance del individualismo que quiebra el tejido social y constituye un grave deterioro de la democracia y de los valores originarios del cristianismo.

Haremos una rigurosa reflexión interdisciplinar con el apoyo de grandes especialistas en teología, biblia, ciencias políticas y jurídicas, antropología y sociología, que nos ofrecerán claves de análisis crítico de la situación, de interpretación de los fenómenos analizados y alternativas de comunidades hospitalarias y de ciudadanía global inclusiva.

Abrirá el Congreso la jurista Eugenia Relaño, profesora de la Universidad Complutense, con la presentación de las grandes líneas por donde discurrirá nuestro encuentro en torno a “Comunidad plural, sociedad igualitaria”. Seguirá Yayo Herrero, antropóloga y profesora de la universidad de Cantabria, con una conferencia sobre “El capitalismo en guerra contra los vínculos y las relaciones”, que reflexionará sobre la mentalidad individualista y la ruptura de los lazos sociales y ecológicos en una sociedad marcada por la polarización y la confrontación “nosotros” y ellos”.

En su conferencia sobre “Crisis del cristianismo institucional: clericalismo, patriarcado y pérdida de espiritualidad” el teólogo José Antonio Vázquez analizará algunas de las más importantes manifestaciones del cristianismo institucional: clericalismo, autoritarismo, patriarcado, autoritarismo, falta de democracia, pérdida de la espiritualidad, exclusión de las personas y los colectivos LGTBIQ+, etc. Estas y otras manifestaciones alejan al cristianismo de su proyecto originario, caracterizado por la comunidad de iguales respetuosa de las diferencias.

Tras los análisis críticos pasaremos a la propuesta de alternativas de comunidad y ciudadanía tanto en el ámbito cristiano como en el sociopolítico, ambos inseparables. La teóloga y biblista mexicana Elsa Tamez reflexionará sobre “Tejer comunidad en tiempos de fragmentación. Perspectiva bíblica”. Pondrá en diálogo experiencias comunitarias actuales con una comunidad cristiana primitiva vulnerable que, en medio de la incertidumbre y la presión del Imperio romano, aprende a construir una ciudadanía fundada en el cuidado mutuo, la solidaridad y la esperanza compartida.

Imanol Zubero, profesor de la Universidad del País, clausurará el Congreso con la conferencia “Hacia una comunidad cosmopolita”, que cuestionará la rígida vinculación entre nación y ciudadanía y la teoría xenófoba y racista de la “prioridad nacional” y defenderá una ciudadanía igualitaria y no discriminatoria por razones de etnia, cultura, clase, género e identidad sexual, donde quepamos todos los seres humanos.

 

Ya podéis inscribiros en www.congresodeteologia.info