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¿Tendrá fin la violencia?

Uno de los problemas más debatidos hoy es el de la violencia. Especialmente la más perversa de todas, llevada adelante por el ejército del Estado terrorista de Israel bajo Benjamín Netanyahu. Actualmente, los soldados se divierten cortando piernas y brazos de niños inocentes, en un genocidio a cielo abierto, vergüenza para toda la humanidad que presencia todo sin hacer nada. Temen la venganza del verdadero Satanás de la Tierra, que es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pues está enloquecido y es insensible al dolor del mundo, además de ser un criminal pedófilo.

A lo largo de la historia surgieron muchos intentos de comprender este trágico fenómeno. Ninguno de ellos le dio una respuesta convincente: ni Tomás de Aquino, ni S. Freud, ni R. Girard, ni el cristianismo con su doctrina del pecado original. Nadie. Y la violencia está presente en todo.

Acompáñenme en esta reflexión. Nacimos en el interior de una explosión inimaginablemente violenta, el Big Bang, que supuestamente ocurrió hace 13.700 millones de años. Inmediatamente después tuvo lugar algo absolutamente misterioso: el tremendo choque entre la materia y la antimateria. Casi se aniquilaron mutuamente. Quedó apenas una parte de materia por cada mil millones. De ese mínimo de lo mínimo surgió el inmenso universo sobre nuestras cabezas, con miles de millones de galaxias, billones de estrellas y otros innumerables cuerpos celestes.

Los cosmólogos y astrofísicos nos afirman que la evolución existe en función de poner orden en ese caos violento primordial, haciendo surgir órdenes cada vez más complejos y, entre ellos, el nuestro, el más elevado, como seres humanos inteligentes, hombres y mujeres. Imaginen una galaxia con sus miles de millones de estrellas devorando otra galaxia: ¿cómo sería su estruendo?

Lo trágico de todo esto es que la violencia continúa en el universo, dentro de cada estrella o planeta y dentro de cada uno de nosotros. Por eso somos llamados dementes (demens) y, simultáneamente, sabios (sapiens).

A veces predomina la dimensión demente. Creo que estamos inmersos en ella, representada por la plataforma de inteligencia artificial Palantir, que asume abiertamente una concepción negativa del ser humano como esencialmente violento y que debe ser controlado y limitado en su libertad. Otras veces predomina la dimensión sapiente, que permite tiempos de paz y prosperidad, el desarrollo de los diversos saberes, de lo económico y lo social compartidos y de todo tipo de artes. Obsérvese que, aun así, el lado demens está allí, aunque bajo el control del sapiens, pues ambos conviven siempre.

En Brasil, la violencia de las distintas facciones desafía al Estado de derecho y a las leyes, dominando con brutalidad y muerte regiones enteras de ciudades como Río de Janeiro. Todos los candidatos proclaman que van a exterminarla, pero no dicen por qué medios. Y el Estado y los organismos de seguridad siempre llegan tarde.

Seguramente la violencia en Brasil tiene muchas causas, ya analizadas minuciosamente por numerosos autores. En rigor, ni siquiera deberíamos decir que aquí ocurre violencia. La violencia es estructural en la formación de nuestra sociedad. Fuimos construidos sobre un fundamento de violencia, que fue el proceso de exterminio de muchos pueblos originarios. Violenta fue la colonización. Impusieron a Brasil el modo de vida de los europeos, nos obligaron a hablar su lengua, a imitar sus instituciones, a asumir la misma religión cristiana y a someternos a los capitanes donatarios.

Extremadamente violenta fue la esclavitud en Brasil, que trajo cerca de 4,9 millones de personas africanas, aquí convertidas violentamente en esclavas. Cuando desembarcaban en Bahía recibían las primeras tres «P»: pan, para que no murieran de hambre; palo, una violenta paliza para que aprendieran rápidamente a someterse; y, por último, paño, para cubrir sus vergüenzas, pues normalmente viajaban desnudos en los barcos negreros. L. Gomes lo mostró en sus tres volúmenes de Esclavitud (2019 y siguientes). En una palabra, las vidas de los esclavizados fueron transformadas en carbón para el proceso productivo, como solía decir el indignado y recordado Darcy Ribeiro.

Violenta es la forma en que el pueblo ha sido tratado habitualmente, especialmente por la élite del atraso, que siempre lo ha considerado un jeca-tatu, un don nadie, un pobre diablo, cuya primera forma de relacionarse con él es el grito o el garrote. Bien lo constató A. Chomsky: «Rara vez he visto un país donde la élite tenga tanto desprecio por los pobres como Brasil».

Pero hay una violencia que, en realidad, es antiviolencia, nacida de un sentimiento: la rebelión frente a la contradicción existente entre las grandes mayorías que viven en una miseria desoladora y las minorías que disfrutan de una opulencia indecente. Quien recorre las inmensas periferias de nuestras ciudades y después llega al centro o a los llamados barrios nobles constata este desgarramiento, anterior a cualquier juicio ético o político.

La primera reacción es: ¿cómo pueden estas poblaciones vivir durante toda una vida en condiciones tan infrahumanas? ¿Se lo merecen? ¿Cómo pueden andar por ahí niños semidesnudos, con vientres hinchados, jóvenes de 15 a 17 años remontando cometas hacia el cielo, los que ni estudian ni trabajan, hombres de mediana edad sentados en las placitas sin hacer absolutamente nada porque llevan mucho tiempo desempleados? Lo que más duele es ver a niñas de 12 y 13 años abordando a los transeúntes: «Tío, tío, ¿vamos a hacer el amor? Son solo 5 reales… Yo sé hacer todo lo que le gusta a un hombre». A veces es el único dinero que sostiene a la familia.

Y, por otro lado, ¿cómo pueden vivir quienes disfrutan de una buena vida, bien alimentados, bien vestidos, bien instruidos y con abundantes cuentas bancarias? ¿Cómo pueden vivir humana y éticamente en medio de tanta contradicción?

En ese momento intuimos, entre la indignación y el desaliento, que la desigualdad es peor que la pobreza. Es simplemente inaceptable, por ser demasiado irracional. La razón es esta: si estas clases privilegiadas y el Estado detrás del cual se esconden, en lugar de gastar millones cada año en seguridad policial, muros, circuitos cerrados de televisión, guardias privados, automóviles blindados y viajes al exterior, gastaran parte de esos recursos en proyectos de educación, salud, formación profesional, creación de centros comunitarios, cooperativas de construcción de viviendas y espacios de recreación y arte, habríamos encaminado en gran medida la solución del problema social. Y todos disfrutaríamos de paz, podríamos caminar de noche por ahí sin miedo a ser asaltados e incluso asesinados.

Pensemos en términos globales. Si las potencias militaristas, encabezadas por Estados Unidos, dejaran de gastar anualmente billones de dólares en armas de muerte para las guerras que apoyan en Israel, Ucrania e Irán, y resolvieran tener un mínimo de sensibilidad y ser un poco más racionales, invirtiendo en los seres humanos, entonces podrían garantizar alimentación, salud, vivienda y trabajo a cada habitante de este planeta. Habríamos creado las precondiciones para una paz duradera entre todos los pueblos, el sueño de Kant.

Ocurre que cada vez más personas de las comunidades periféricas empobrecidas despiertan y ya no aceptan esta contradicción. Pasan a la violencia, que es antiviolencia, como forma de venganza y de solución individual al problema social. Mientras se mantenga el tipo de economía dominante, incluso bajo la administración del presidente Lula, con su preocupación por los desposeídos, la violencia continuará porque su causa no ha sido destruida.  Existe el riesgo de la rebelión de las masas de la que hablaba Ortega y Gasset ya en los años cuarenta. Esta nos conduciría a la barbarie, que no perdonará a nuestros hijos y nietos, y no a otro tipo de sociedad menos violenta por ser más igualitaria.

Pero llegará el tiempo en que prevalecerá la justicia, porque lo que debe ser tiene fuerza y la causa es invencible.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br). Escribió también Brasil: ¿Concluir la refundación o prolongar la dependencia?, Vozes, 2018 (www.leonardoboff.org).

 

“¡Alzad la mirada!”

Este fue el gran mensaje del papa León 14 en su viaje a España: “¡Alzad la mirada!”…  es decir: ‘No se limiten a soportar las dificultades individuales y los problemas locales… La vida no se limita al horizonte de todos los días’… “¡Alzad la vista!” dijo el papa a los españoles, a toda Europa y a nosotros también.

En Ecuador estamos agobiados por una dictadura que no para de creer y que nos obliga a enfrentar en situaciones terribles: la violencia fomentada desde arriba que sigue campante, la falta programada de empleo que nos asedia, la perversidad de un gobierno que hace de la persecución su línea acción, olvidando la salud, la educación, las carreteras, la pobreza que se torna miseria.

“¡Alzad la mirada!” nos dice el papa, porque si hay tanta persecución es porque hay muchas resistencias individuales y colectivas en muchas partes contra un sistema de gobierno que está al acecho, mientras se prolonga desmesuradamente. Agachemos apenas la cabeza para seguir caminando contra los vientos contrarios… y juntémonos, porque así somos más fuertes para cambiar la dirección de los vientos.

‘Alcemos la mirada’ para no desanimarnos. En todas partes se está gestando un futuro mejor. Es la ley de la vida, parecida a un gran parto: ¡Hasta los muertos son fuentes de vida! ¡Pueden matar a las personas, pero no los sueños ni las utopías! Las personas, los pueblos, la naturaleza y el cosmos están preñados de un futuro mejor que hay que construir sin desmayar. Ya hace 2000 años san Pablo lo decía a los romanos: “Algo entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e hijas de Dios se muestren como son… Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo… En todo eso saldremos triunfadores” (8,19-23). Somos los hijos de la esperanza del universo y de Dios.

Comencemos mirando a nuestro alrededor y digámonos que el bien es y será más fuerte que la maldad. Valoremos los pequeños gestos de la vecina que no se cansa de cuidar de sus hijos, y los del vecino que limpia la calle y siembra plantas y flores, y a aquellos que nos saludan y nos sonríen. Miremos a las y los niños que juegan gritando de alegría. Miremos a los que se unen, se reúnen y se organizan para compartir, crear conciencia crítica, proponiendo alternativas… Claro, ¡son unas pocas gotas de agua en un océano agitado y turbulento! Pero, el mar está hecho de millones de gotas de agua y “¡una sola gota ya cambia su nivel!”

Alcemos la vista y miremos más allá de nuestras fronteras nacional y continental. Los estadistas calculan más de 50 conflictos armados en nuestro planeta… y el genocidio de Palestina que no termina. Al mismo tiempo, preguntémonos cuándo no ha habido guerras en nuestro mundo. No se respetan los derechos humanos, de los pueblos, de la naturaleza… Pero, “antes”, ¡ni se hablaba de derechos humanos!

Estamos en un mundo que quiere ser y vivir mejor a pesar de todos los pesares, porque esto es nuestro destino, inscrito en nuestro ADN. Una sola vela hace retroceder mucha oscuridad. Decía Jesús de Nazaret: “¡Ustedes son la luz, la sal y el fermento del mundo!” Nunca ha habido tantas Organizaciones Internacionales y Mundiales. Es cierto que muchas funcionan mal o no funcionan. Pero su existir nos dice que es posible hacer cosas nuevas, construir fraternidad, sembrar justicia, aplacar algo de la maldad… Nos dice que eso es nuestra tarea y nuestra responsabilidad, nuestra vocación y nuestra misión. A cada uno nos toca dejar el mundo un poco mejor.

Hace 25 años, un 11 de septiembre, la desgracia del derrumbe de las Torres Gemelas en Estados Unidos marcó el comienzo concreto de que la hegemonía norteamericana no es intocable. Actualmente Irán demuestra que el poderío militar de Estados Unidos no es invencible. Trump es un error garrafal de la historia norteamericana. La muerte de Allende en Chile proclama que el socialismo es posible y mejor que el capitalismo. El problema no es la perversidad de unos pocos, sino la indiferencia y pasividad de millones, entre los cuales nos incluimos nosotros en algún momento.

El neoliberalismo nos ha ganado la batalla de la organización, de la fraternidad y de la justicia, pero no ha terminado con las luchas por la vida que siglos tras siglos triunfan de la muerte, del odio y de la explotación en algún lugar del planeta. La bondad de algunos nos salva de la perversión de tantos malvados. Por eso el culto a los héroes y mártires de los pueblos… bien diferente del culto de los libros de historia que nos cuenta la historia parcializada de los vencedores.

Alcemos la mirada y aprendemos a mirar desde el revés de la historia, desde abajo, desde los pobres, las mujeres, los pueblos indígenas, los movimientos sociales, la Iglesia de los pobres, la música de los rebeldes. Otra historia se está escribiendo, proclamando, cantando: es la sabia de una vida nueva, de una convivencia mejor, de una armonía con la naturaleza, de una comunión con el cosmos y su Energía vital que nada ni nadie puede detener. Ubiquémonos en este buen lado de la historia, para aportar nuestro granito de arena, sentir la esperanza que todo lo anima y celebrar, en chiquito y por pedazos, “la fiesta que vendrá”, la fiesta que viene.

 

La Parábola de los dinerales

Hay una afirmación del Galileo en el evangelio de Marcos que, por una mala traducción, resulta intragable y ha generado rechazo en no pocas personas. Está recogida en Mc 4,25 y, con pequeñas variantes, en Mateo y Lucas (Mt 13, 12; Lc 8,18). Aparece repetida también como conclusión en una parábola de fuente común a Mateo y Lucas (Mt 25, 14,30; Lc 19,11-27).

Las traducciones más clásicas y extendidas (cito algunas: Antigua versión de Cipriano Valera cotejada con otras traducciones y revisada con arreglo a los originales hebreo y griego. Edición de 1930. Nácar-Colunga. Edición de 1966. Biblia de Jerusalén. Edición de 1966) traducen esta afirmación de Jesús del siguiente modo:

“Porque al que tenga se le dará, y al que no tenga, aun lo que tiene se le quitará”.

Lea el artículo completo aquí:

Dom Helder realiza uma Festa Junina no Pátio do Palácio Episcopal: aproximação entre Povo e Bispo

Nos primeiros meses de seu pastoreio em Olinda e Recife, Dom Helder Camara quis realizar uma festa junina que deveria acontecer no Pátio do Palácio Episcopal. Almejava ver as crianças pobres e ricas brincando juntas como irmãs.

Com sua veia poética, Dom Helder destacou que as criaturas da terra e do céu estavam aguardando o esperado dia da irmandade:

“No jardim de nossa Casa, preparação intensiva para a abertura do Parque Infantil na véspera de São Pedro: ● o velho Tamarineiro, majestoso e belo, remoçou de tão feliz; a jaqueira deu até para tagarela; todas as árvores (sapotizeiros, oitizeiros, pés de romãs e pitangas…) andam radiantes… Só andam meio temerosas as plantas suspensas por fios em vasos de barro… Mas as flores (o jasmineiro da frente da Casa e a trepadeira dos lados) – talvez seja impressão – nunca foram tão belas e perfumadas… ● já chegou a lenha para a fogueira; ● a lua anda desolada por não poder esperar até 28… ● os pássaros não cabem em si de contentes (embora eu mesmo me aflija um tanto vendo certos ninhos que são uma tentação para a garotada); ● os Anjos foram convocados e São Miguel combinou que fiquem sob a liderança fraterna de José”.

Muitas pessoas participaram da festa no pátio do palácio. Na Circular 41, Dom Helder escreveu sobre as longas filas, a recepção, os alimentos, as danças, os sorteios… “Devo ter confiança e a simplicidade de reconhecer que o interesse mesmo – o empurra-empurra, o carinho, o calor, o delírio – era entrar ‘na casa de D. Helder’”. E acrescentou: “Mistura absoluta: netos de usineiros e garotos de beira-rio e alagadiço. […] Recife esqueceu a Revolução. Superou rancores. Rifou o medo. E entrou, confiante, na casa do pai. Deus seja louvado!”.

Dom Helder registrou um “flagrante” acontecido na festa: ‘“O Sr. precisa ser Papa, para fazer uma festa assim no Vaticano’. (Vou soprar a ideia ao Santo Padre)”.

Para Dom Helder uma “tarde destas valeu mais como promoção de Igreja, como aproximação entre povo e Bispo do que muita iniciativa do estilo antigo… Magnificat! O Senhor fez em mim maravilhas: Santo é o seu nome”.

Pe. Ivanir Antonio Rampon

Teólogo

Algumas fontes

Camara, Dom Helder. Circulares Interconciliares. Tomo I. Recife: CEPE, (organizador: Zildo Rocha), 2009.

Rampon, Ivanir Antonio. O caminho espiritual de Dom Helder Camara. São Paulo: Paulinas, p. 155-156, 2013.

 

https://domheldercamara.org.br/2026/07/02/causos-do-dom-97/

 

Boletín: De la exclusión al reconocimiento

Esta edición del Boletín N°195 del Instituto Bartolomé de Las Casas pone la mirada sobre algunos de los principales desafíos que atraviesan la salud y los territorios de América Latina.

Desde la crisis estructural del sistema sanitario peruano y las desigualdades en el acceso a la atención, hasta el impacto de la contaminación por mercurio en comunidades indígenas de la Amazonía de Perú, Bolivia y Brasil, los contenidos reunidos muestran situaciones que afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables.

El boletín también presenta datos sobre inversión pública, salud mental, anemia y gasto de bolsillo, aportando elementos para comprender una realidad que exige atención, responsabilidad y respuestas concretas.

“Mi reino no es de este mundo”

Uno de los textos bíblicos utilizados con más frecuencia para decir que Jesús “no se mete en política”, que está dedicado “a las cosas de Dios”, que no se debe mezclar “la fe y las cosas mundanas” se encuentra en el Evangelio de Juan en el diálogo de Jesús con Poncio Pilato. Curiosamente, muchos de los que dicen semejantes cosas, luego “se meten en política” al grito de “¡viva Cristo Rey!”. Pero, ¡veamos!

Para empezar, como se ha dicho frecuentemente, y es evidente y razonable, no se debe citar un dicho aislado y descontextualizado, por lo que es bueno mirarlo en su integridad.

El relato, un tanto extenso, muestra a Pilato “saliendo”, donde están los judíos y “entrando” donde está Jesús para su interrogatorio. Los judíos no quieren entrar al Pretorio para no contaminarse entrando en territorio pagano ya que esa noche esperan celebrar la Pascua (18,28). La acusación contra Jesús es que se trata de un “malhechor”, alguien que obra el mal (18,30). Ante esa acusación no se comprende la pregunta de Pilato a Jesús al “entrar”: “¿eres el rey de los judíos?” (19,33). Él, que enfrenta la situación con notable dignidad, le pregunta si eso lo afirma él o si lo dicen otros (19,34). “¿Qué has hecho?”, repregunta Pilato indicando que fue entregado por las autoridades judías. Es en este contexto que Jesús pronuncia el conocido dicho:

Respondió Jesús: – Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí (18,36).

Pero el diálogo continúa todavía y Pilato vuelve a preguntarle si es rey. A esto, Jesús responde enigmáticamente:

Respondió Jesús: – Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz (18,37).

Y. antes de salir nuevamente donde los judíos, Pilato pregunta “¿Qué es la verdad?”, y se va sin esperar respuesta.

Con esto tenemos ya algunos elementos para mirar atentamente el texto.

La acusación de malhechor ligada a la pregunta si Jesús es rey parece ubicar el juicio en un contexto de conflicto. Los malhechores, o los “salteadores”, como Barrabás (18,40) eran – en tiempos del Evangelio de Juan – grupos de sicarios violentos claramente anti
romanos. La pregunta sobre si es rey implica si Jesús pretende tomar el poder. Por eso, a la reiteración de la misma, Jesús le dice “tú dices que soy rey”, es decir, “eso no es algo que yo diga”, “eres tú quien lo dice”. Y al señalar el reino “de este mundo” destaca que, de serlo, sus sirvientes combatirían. Obviamente Pilato no puede comprenderlo. Porque “se mueve con otras categorías”. Por eso, cuando Jesús afirma que su misión es ser testigo de la verdad, que los de “la verdad” escuchan su voz, Pilato no entiende. No es de la verdad y por eso pregunta de qué se trata (y, precisamente por no serlo, no espera
respuesta, no la comprendería).

La “verdad”, en el Evangelio de Juan también es una terminología muy densa. La verdad se vive, se obra (3,21), Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (14,6), Dios debe ser adorado en “espíritu y en verdad” (4,23.24) porque el diablo es “padre de la mentira”
(8,44). Jesús es la luz verdadera (1,9), el pan verdadero (6,32), la vid verdadera (15,1) … es el verdadero profeta (6,14) y es verdaderamente el Salvador del mundo (4,42). La verdad, entonces, es la fidelidad, la lealtad a las cosas de Dios (algo que, por cierto,
Pilato no es). Por eso la verdad-fidelidad nos hace libres, es decir, ¡hijos!

El “mundo”, entonces, en Juan tiene cierta ambigüedad: Dios lo ama y le entrega a su hijo (3,16) que quita “el pecado del mundo” (1,29), es enviado al mundo (10,36) para que el mundo se salve (3,17; 12,47). El mundo espera a Jesús como profeta (6,14) y como “el Cristo, el Hijo de Dios” (11,27) que ha de venir al mundo, es la luz del mundo (8,12;9,5; 12,46). Pero “el mundo” es también el ambiente adverso a Jesús, que no lo ha recibido (1,10), con obras adversas a Dios que Jesús pone de manifiesto (7,7). No puede recibir al espíritu de la verdad (14,7) y no puede ver a Jesús, cosa que sí hacen sus amigos (14,19). La paz del mundo, la Pax Romana, es la de la opresión y la injusticia
(14,27), gobernado por el “príncipe de este mundo” (14,30). Por eso odia a Jesús y a los suyos (15,18) “que estaban en el mundo” (13,1). Están en el mundo, pero no pertenecen a “este” mundo (17,13-18) aunque – como Jesús – son enviados a él (17,18). En su Pascua, Jesús “ha vencido al mundo” (16,33).

En este contexto, el diálogo de Jesús con Pilato resulta clarificador. “Este mundo” es el de Pilato, el de la violencia imperial (que está en el trasfondo de toda la escena de la Pasión; “vuelve la espada a la vaina”, 18,10), el de quienes no pueden entender el mensaje de Jesús, su testimonio de la verdad. Pero hay otros, en este mundo, los amigos de Jesús, los que escuchan su voz, los que pretenden una paz “desarmada y desarmante”: Pero este mundo, que es Pilato (“no tenemos más rey que el César”, 19,15), tiene un príncipe, el padre de la mentira, el asesino desde el principio (8,44). Jesús es rey de otro mundo, un mundo de paz, de verdad, de vida, un mundo que sus amigos y amigas debemos edificar, construir para todas y todos. No se trata de que Jesús es rey “en el cielo”, sino que “ha bajado del cielo” para “dar vida al mundo” (6,33). Jesús mismo se nos da como
alimento, pan vivo bajado del cielo, que debemos recibir creyendo, pan para la vida del mundo (6,51). Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1) y a eso nos invita “como yo los he amado” (13,34). Sus discípulos, naciendo “de lo alto” entran en el Reino de Dios (3,3-5) y se dejan conducir por el espíritu (3,8) que es “de la verdad” (14,17; 15,26; 16,13), que bajó del cielo y permanece en Jesús (1,32.33) y se dona a sus amigos en su Pascua (7,39; 19,30; 20,22) para continuar su reino en este mundo.

El amor llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio (1 Juan 4,17).