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Noticias Iglesia Internacional: 24 de febrero al 3 de marzo

[Coordina: Cecilia Tovar | Instituto Bartolomé de las Casas]

El papa recibió este domingo en el hospital Gemelli, donde se encuentra ingresado desde hace 17 días por una neumonía bilateral, al secretario de Estado vaticano, el cardenal italiano Pietro Parolin, y el sustituto de la Secretaría de Estado, el venezolano Edgar Peña Parra, informó la Santa Sede. El portavoz vaticano, Matteo Bruni, confirmó la visita, sin más detalles, que se produce después de que el último parte médico de este sábado indicase que, tras la crisis respiratoria sufrida el viernes, Francisco que se encontraba “estable” y mostraba “una buena respuesta” al tratamiento con ventilación mecánica no invasiva y oxigenoterapia…

 

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Noticias Iglesia Internacional: 24 de febrero al 3 de marzo (Suplemento)

[Coordina: Cecilia Tovar | Instituto Bartolomé de las Casas]

El cardenal Robert McElroy, quien se prepara para asumir como arzobispo de Washington DC en marzo, pidió compasión y dignidad para los migrantes el jueves. En una conferencia de prensa en la Diócesis de San Diego, donde ha servido como obispo por más de una década, McElroy reconoció que dirigirá la Iglesia Católica en la capital de la nación mientras el país lidia con lo que significa ser una sociedad compasiva…

 

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El debate de la Sociobiología de Wilson (1975): 50 años después

[Por: Leandro Sequeiros]

La sociobiología o biología social es un enfoque de estudio de las sociedades humanas a partir de las bases biológicas de las conductas sociales de los seres vivos (incluyendo a los humanos) como la cooperación. En 1971, el biólogo Edward Osborn Wilson publicó The Insect Societies, en donde formulaba sus hipótesis sobre el conocimiento existente sobre el comportamiento de las hormigas, abejas sociales, avispas sociales y termitas, sobre la base de la biología de poblaciones, la agresión, la territorialidad, los sistemas sociales y la elección de pareja.

 

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Imagen: https://medioambiente.nexos.com.mx/me-llamo-ed-recordando-a-edward-o-wilson/

Subsidio: La esperanza no defrauda

[Por: REPAM]

La REPAM pone a disposición un subsidio de oración bajo el título “La esperanza no defrauda”…

 

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El lenguaje apocalíptico

[Por: Rosa Ramos]

“Serán vecinos el lobo y el cordero,

y el leopardo se echará con el cabrito,

el novillo y el cachorro pacerán juntos,

y un niño pequeño los conducirá…”

(Isaías 11, 6)

 

Una imagen tan extraña e irreal, como bella. El pequeño príncipe de Saint de Exupéry navega sentado plácidamente sobre un cetáceo gigante, en un océano en el que “vuelan” multitud de mariposas sin que sus alas se dañen. Ese océano en movimiento también es firmamento con estrellas: identificadas aguas y vía láctea primordiales, que generan diversas formas de vida en perfecta armonía. El niño venido de un pequeño planeta a buscar amigos, no suelta su rosa ni esta se deshoja en el agua en movimiento. Cuánto para ver, para contemplar en una imagen “infantil”.

 

Una imagen que es poesía, sin duda, y que evoca las visiones apocalípticas del profeta Isaías.

 

Pero, ¿es posible escribir un artículo de espiritualidad a partir de esta imagen y de la visión del profeta en este tiempo álgido de la humanidad? ¿No es temerario o simplemente absurdo? Lo intentaré.

 

Corren tiempos difíciles, las noticias escalofriantes de múltiples guerras -algunas más publicitadas que otras-, de pueblos desplazados por causa de esas guerras, del cambio climático o de las hambrunas ya endémicas y nulas posibilidades de desarrollo local en dichos sitios expoliados. Tiempos de voces altisonantes de poderosos despóticos que tildan de criminales a los migrantes y están dispuestos a eliminarlos, deportarlos, o enviarlos a famosas cárceles inhumanas.

 

Frente a tanto saqueo de los recursos naturales, al atentado sistemático de la biodiversidad con proyectos faraónicos que sólo buscan lucro a costa de la destrucción de la casa común; frente a tanta inhumanidad para con pueblos enteros y empobrecidos; frente a la ambición que esquiva las leyes, esta imagen idílica o apocalíptica, me conmovió. Me movió entrañas y sueños.

 

Este año se cumplen ya diez de la valiente y documentada denuncia del Papa Francisco en Laudato si. Cada año se suceden encuentros, foros, asambleas, reclamos… pero nada parece detener la fiebre de ambición que destruye sin piedad. Existen sí, movimientos desde espacios eclesiales fundamentalmente, que siguen difundiendo el documento y concientizando acerca del cuidado y defensa de la casa común y la vida en su diversidad. Hay voces que claman en el desierto, pero ni esas voces ni los movimientos parecen tener efectos a nivel macro, donde las grandes decisiones son movidas por la ambición ciega. Hace décadas que Hans Jonas declaraba que el tiempo de la ceguera se había terminado, pero…. dicha ceguera es voluntaria y no claudica.

 

No obstante, tan voluntaria como la ceguera de algunos, es la perseverancia de otros en soñar. Quizá por ser seguidores de un soñador que salió de Nazaret sin más créditos que ser hijo de un carpintero, que hablaba con extraña autoridad y pretendía cambiar, subvertir, pesadas y absurdas cargas impuestas a los pequeños, en nombre de un emperador o de una religión. Que se reunía, comía, tocaba y se dejaba tocar por gente estigmatizada, que proclamaba que el sábado era para el hombre y no al revés y así liberaba para amar.

 

Diríamos hoy, siguiendo a aquel nazareno que toda vida vale, que todos merecen tierra, techo, trabajo y pan (como dice Francisco); que los bienes son para la vida buena de todos y no para la satisfacción egoísta de algunos señores de vida y muerte, de muerte más que de vida, sin duda.

 

Benditos sean los soñadores de ayer, de hoy y de siempre, que nos enseñan a construir relaciones verdaderamente humanas y un mundo mejor. La historia y la literatura nos los recuerdan, podemos seguir bebiendo de esas fuentes.

 

Seguramente todos hemos leído de niños y releído de grandes al Pequeño príncipe de Saint de Exupéry, sus lecciones siguen vivas para todos, no sólo para cristianos. Un extraño niño que veía lo invisible en una simple caja, que se asombraba incrédulo al encontrar a un señor cuyo placer era pasarse la vida contando dinero… Un niño que llegado de un minúsculo planeta al nuestro, en su búsqueda infructuosa, acaba haciéndose amigo de un zorro, con el que puede compartir sus gozos y sus inquietudes como los maravillosos atardeceres que veía tan solo moviendo la silla, o el cuidado paciente de su rosa orgullosa… Un amigo del que también puede aprender verdades tan simples como inolvidables acerca de domesticar, del cuidado, o de lo esencial.

 

El lenguaje profético -en palabras o en imágenes- es audaz, desafiante, convocante. Que este “principito” ahora pintado con trazos de su autor y otros nuevos que me recordaron la profecía de Isaías, nos anime a no dejar de soñar y de bregar por la vida, por todas las vidas y por la de este planeta azul.

La Tierra es de todos. Tierra y Humanidad son una sola cosa

[Por: Leonardo Boff]

En los últimos tiempos estamos presenciando horrorizados conflictos y guerras en varias partes del planeta, luchando por partes de sus territorios, especialmente en la Franja de Gaza, en Sudán y en Ucrania. Desde una visión ecológica, todo eso nos parece un tanto ridículo.

 

Ya en 1795 en su famosos texto La Paz Perpetua el filósofo Immanuel Kant (1724-1804) escribía que la Tierra pertenece a la humanidad y es un bien común de todos. Nadie es dueño de la Tierra o recibió del Creador una escritura de propiedad de ella. Por esta razón no hay porqué luchar entre nosotros, si todo es nuestro. Hoy enriqueceríamos esta lectura de Kant diciendo que la Tierra pertenece a la comunidad de vida, a la naturaleza, a la flora y a la fauna y a los trillones de trillones de microorganismos escondidos en el subsuelo, bacterias, hongos y virus. La Tierra es de todos ellos, pues han sido generados por ella y la necesitan para vivir.

 

Si hubiese un mínimo de sensatez en la cabeza de los humanos, esto sería una evidencia y todos viviríamos en la misma Tierra como en Nuestra Casa Común en una paz perpetua. Pero como somos al mismo tiempo sapientes y dementes, portadores de razonabilidad y de demencia, hay épocas en las que la insensatez predomina y en otras, la sensatez. Hoy parece predominar la demencia generalizada. De ahí la disputa por tierras debido a las cuales se entablan guerras letales. Pero veamos algunos datos.

 

El universo existe desde hace 13.700 millones de años. El sol hace 5.000 millones de años. La Tierra hace 4.450 millones de años. El ser humano primitivo hace 7-8 millones de años. El homo sapiens sapiens, de quien descendemos, hace 100 mil años. Si reducimos los 13.700 millones de años a un año cósmico, como hizo el cosmólogo Carl Sagan, nosotros nacimos el día 31 de diciembre, a las 23 horas 59 minutos y 59 segundos. Somos por tanto un momento casi imperceptible del curso cósmico, un minúsculo grano de arena en el conjunto de los seres. Pero nuestra grandeza reside en tener conciencia de que somos eso y de que sabemos nuestro lugar y nuestra responsabilidad frente al conjunto de los seres.

 

Desde allí arriba, desde la Luna, confirman los astronautas, la Tierra emerge como un planeta esplendoroso, azul y blanco, que cabe en la palma de la mano, un cuerpo pequeñísimo en la inmensidad oscura del universo.

 

Es el tercer planeta del Sol, un sol de suburbio, estrella media de quinta grandeza, uno entre otros doscientos mil millones de soles de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Esta galaxia es una entre cien mil millones de otras galaxias y conglomerados incontables de galaxias. El sistema solar dista 28 mil años luz del centro de la Vía Láctea, en la cara interna del brazo espiral de Orión.

 

El testimonio del astronauta Russel Scheweickhart que pudo ver la Tierra desde fuera de la Tierra, resume los relatos de sus compañeros: «Vista desde fuera, percibes que todo lo que nos es significativo, toda la historia, el arte, el nacimiento, la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo eso está en aquel pequeño punto azul y blanco que puedes tapar con el dedo pulgar. Desde esa perspectiva se entiende que en nosotros cambió todo, que empieza a existir algo nuevo, que la relación ya no es la misma que era antes» (The Overview Effect, Boston 1987, p.200).

 

Como declaró Isaac Asimov, gran difusor ruso de datos cosmológicos, el día 9 de octubre de 1982 a solicitud de la revista New York Times, celebrando los 25 años del lanzamiento del Sputnik que inauguró la era espacial: «el legado de este cuarto de siglo espacial es la percepción de que, en la perspectiva de las naves espaciales, la Tierra y la humanidad forman una única entidad». Nótese que no dice que forman una unidad, resultante de un conjunto de partes. Afirma mucho más, que formamos una única entidad, es decir, un único ser, complejo, diverso, contradictorio y dotado de gran dinamismo.

 

Tal afirmación presupone que el ser humano no está solo sobre la Tierra. No es un peregrino errante, un pasajero venido de otras partes y perteneciente a otros mundos. No. Él, como homo (hombre) viene de húmus (tierra fértil). Él es Adam (que en hebreo significa el hijo de la Tierra fértil) que nació de Adamah (Tierra fecunda: Gen 2,7). Es hijo e hija de la Tierra. Más aún, es la propia Tierra en su expresión de conciencia, de libertad y de amor. A través de él ella contempla el universo.

 

Como lo afirma la encíclica de ecología integral del Papa Francisco Laudato Sì: como cuidar de la Casa Común (2015): «La interdependencia de todas las criaturas es querida por Dios. El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión, las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma; que no existen sino en interdependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente» (n.86).

 

El universo caminó 13.700 millones de años para producir esta admirable obra que nosotros, los seres humanos, recibimos como herencia para cuidar como jardineros y preservar como guardianes fieles. Tierra-humanidad tenemos el mismo destino, pues nos pertenecemos mutuamente. Lamentablemente no hemos cumplido nuestra misión y no sabemos lo que nos espera de aquí en adelante. Ojalá algo bienaventurado: la Tierra para todos.

 

*Leonardo Boff ha escrito La Tierra en la palma de nuestra mano, Vozes 2016.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Cinco años del Martirio de Berta Cáceres

[Por: Varios]

Berta Cáceres, lideresa de la comunidad indígena Lenca, coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), defensora de derechos humanos y activista ambiental, fue asesinada por hombres que irrumpieron en su casa en La Esperanza, Honduras, el 3 de marzo de 2016…

 

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Quaresma e Campanha da Fraternidade

[Por: Marcelo Barros]

Se somos discípulos e discípulas de Jesus é para segui-lo nesse caminho de amor, até onde o amor pode ir. Para isso, cada ano, as comunidades de Igrejas mais tradicionais celebram anualmente a festa da Páscoa e a preparam com o retiro comunitário que chamamos de Quaresma…

 

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Imagem: https://diariotocantinense.com.br/dt-pelo-brasil/2025/03/06/campanha-fraternidade-2025-ecologia-integral/

Manifiesto de Iglesia por el Trabajo Decente con motivo del 8 de marzo

[Por: Iglesia por el Trabajo Decente]

Desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente denunciamos la desigualdad, explotación y precariedad que afectan especialmente a las mujeres en el ámbito laboral. La economía sumergida perpetúa la vulnerabilidad de millones de trabajadoras, negándoles derechos fundamentales y condiciones dignas de vida…

 

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José Ignacio González Faus, el teólogo del pueblo, siempre brillante, humano y valiente

[Por:  José Manuel Vidal | Religión Digital]

Sus amigos le llamábamos Chalo. Por amistad y porque su nombre era muy largo. Y a él le gustaba el calor de la amistad. Le conocí de cerca, le traté, bebí de su teología, me eduqué con ella en los años del postconcilio, cuando sentaba cátedra teológica y, durante la época de la involución, cuando estaba mal visto citarlo. Porque siempre fue el maestro de muchas generaciones de clérigos y de laicos. Maestro en la vida y en la hora de la muerte. ¡Y lúcido hasta el último momento!

 

Una muerte que sentía acercarse. Por eso, hace unos días, concretamente el pasado 27 de febrero, me escribía un correo electrónico, para enviarme un artículo sobre el Papa Francisco, del que entresaco algunas frases:

 

“Ya conoceréis el dicho de que cuando amenaza lluvia y has de salir a la calle, lo mejor para que no llueva es coger un paraguas. Digamos pues que este adjunto es un intento de evitar la muerte de Francisco…Haced lo que queráis y perdonad el rollo”.

 

Se nos fue nuestro Chalo, el jesuita irreverente, el maestro de teólogos, el hombre que nunca se casó con nadie porque su único compromiso era la verdad, esa verdad incómoda que remueve conciencias y sacude estructuras. De ahí sus críticas siempre punzantes, pero siempre repletas de amor, a las estructuras de la Iglesia, a la que tanto quería y, por eso mismo, por la que tanto sufría.

 

Nos dejó en silencio, como quien termina una de esas charlas largas y profundas que tanto le gustaban o una de sus clases en las que embelesaba a sus alumnos. Porque Chalo era, ante todo, humano, cercano, hablador. Un amigo. Un guía. Un profeta de nuestro tiempo. De los de verdad. De los que van quedando menos.

 

No era de los que se encerraban en torres de marfil ni hacía teología de gabinete, de esas que se escriben con pluma fina, repiten lo ya sabido, no interesan a nadie y, por eso, se olvidan en los anaqueles. No. Chalo bajaba al barro, al latir de la vida, al grito de los pobres, al susurro de los que buscan sentido en un mundo roto o a las reformas de la Iglesia, por las que tanto luchó toda su vida.

 

Su teología no era un ejercicio intelectual estéril; era un acto de amor, un diálogo vivo con el Dios que se encarna y con los hombres que tropiezan. Y, sin embargo, nos deja una obra teológica consolidada, robusta, que seguirá siendo faro para generaciones, porque sus palabras no caducan: tienen la fuerza de lo eterno y la ternura de lo cotidiano.

 

Valiente, siempre valiente. No se doblegó ante los poderosos ni se dejó seducir por los aplausos fáciles de los jerarcas de la Iglesia. Y, desde su sabiduría gritaba en el título de uno de sus libros: ‘Ningún obispo impuesto’. Decía lo que había que decir, cuando tocaba y como tocaba, con esa mezcla de rigor y calidez que solo los grandes maestros saben conjugar.

 

No buscó medallas ni reconocimientos; su recompensa estaba en las caras de quienes le escuchábamos, en las dudas que sembraba en sus alumnos, en las certezas que desmontaba.

 

Chalo fue siempre un jesuitón enamorado de la Compañía y, por lo tanto, del discernimiento, de la causa de los últimos, y de esa Iglesia viva que él soñaba y por la que luchó hasta el final.

 

Por eso, le hervía la sangre, sobre todo en los papados de Wojtyla y Ratzinger. Y, como no se cortaba un pelo, escribía cosas como éstas:

“Durante los trece primeros siglos, los papas se llamaron sólo vicarios de Pedro. Fue en el siglo XIII, cuando Inocencio III (en una época en que los papas eran monarcas terrenos y competían en poder con otros monarcas), se reservó el título de Vicario de Cristo. Al hacer eso, rompió con una tradición antiquísima, en la que la expresión ‘vicario de Cristo’ se aplicaba a personas y situaciones que encarnan la interpelación de eso que hoy llamamos la alteridad. Podía llamarse así a curas y obispos, pero también a los extranjeros, a los huéspedes y, sobre todo, a los pobres, según la expresión de Pierre de Blois (“pauper Christi vicarius est”). Un Papa que devolviera este título a los pobres, desprendiéndose de él, sería un Papa profético.

 

Un Papa que prescindiese oficialmente del título tan manido y obsequioso de “Santo Padre”. En recuerdo de Aquel que dijo:  “A nadie en la tierra llaméis padre, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo” (Mateo 23, 9 ). Y añadió: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno” (Marcos 10, 18).

 

Un Papa que devolviera a las iglesias locales algo que les perteneció durante todo el primer milenio: el nombramiento (o al menos la participación en el nombramiento) de sus pastores. Los teólogos coinciden en señalar que ésa fue la tradición de la iglesia primitiva y que, según san Cipriano, esa tradición “viene de los Apóstoles y es voluntad de Dios”. Sólo razones de excepción hicieron cesar este derecho de las iglesias. En concreto, por la necesidad de evitar que el nombramiento de los obispos fuera acaparado por los monarcas y señores feudales. Los papas se reservaron los nombramientos sólo como un “estado de excepción”, ante las protestas que venían de las iglesias locales por los abusos de los señores, y para defender la libertad de la Iglesia. ¿Tiene sentido un estado de excepción que dura siete siglos?

 

Un Papa que renunciase al cargo de “Jefe de Estado”. Aunque el estado Vaticano sea uno de los más pequeños del mundo. Y aunque no tenga divisiones, al menos al modo como las entendía Stalin, pero sigue siendo un Estado y, por consiguiente, su Jefe, el Papa, debe ser tratado como tal y comportarse como tal y viajar como tal, aunque no quiera. Aunque se disfracen sus viajes de “pastorales”, no dejan de ser los viajes de un Jefe de Estado. ¿Fórmulas para renunciar a Jefe de Estado? Muchas. Unos proponen donar el Vaticano a la ONU y que el Papa se fuese a vivir a un lugar más discreto. Los más conciliadores opinan que el Papa podría dejar la jefatura del Estado Vaticano en manos de un laico católico y él quedarse a vivir allí como un ciudadano más que, además, es obispo de Roma”.

 

¿Quizás Francisco se acerque, aunque no totalmente, al Papa de los sueños de Faus?

 

Lo recuerdo charlando sin prisas, con esa chispa en los ojos, esa voz melodiosa con acento entre valenciano y catalán, esa risa franca que te envolvía y te hacía sentir en casa. Hablador, sí, pero no de palabras vacías: cada frase suya era un dardo, una caricia, una invitación a pensar más hondo, a vivir más pleno. Era de esos que te miraban a los ojos y te desnudaban el alma, pero sin juzgarte, solo para ayudarte a ser mejor. Así era nuestro Chalo, el amigo que todos queríamos tener cerca.

 

José Ignacio González Faus, nuestro Chalo, no ha muerto del todo. Su voz seguirá resonando en sus libros (decenas de libros que no pasan de moda), en sus discípulos, en esa legión de teólogos y creyentes que él formó con su ejemplo y su palabra. Nos deja huérfanos, pero no desamparados, porque su legado es una antorcha que no se apaga.

 

Desde el cielo, seguro que sigue discutiendo con Dios, con esa pasión que le caracterizaba, pidiéndole cuentas por este mundo desigual y recordándole que aún hay mucho por hacer, para conseguir un mundo mejor y esa Iglesia sinodal con la que soñaba, siguiendo la estela del Papa Francisco, su hermano en la fe.

 

Descansa en paz, Chalo. Maestro. Hermano. Gracias por haber sido tan humano, tan cercano, tan nuestro.

 

Publicado: https://www.religiondigital.org/opinion/Jose-Ignacio-Gonzalez-Faus-brillante-teologo-jesuita-libros_0_2758524156.html