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Juan José Tamayo: “Espero que el nombre elegido por el Papa se traduzca en la defensa de los derechos de la clase trabajadora”

[Por: Javier Andrade | Nortes]

No hay duda de cuál es mi primera pregunta querido Juanjo, ¿cómo valoras a elección del nuevo Papa León XIV?

 

Durante los últimos 25 años he visitado con frecuencia Perú y he podido conocer de cerca las opiniones de colegas teólogas, teólogos, comunidades de base y profesores de Universidades sobre el misionero agustino estadounidense-peruano Robert Prevost, que el 8 de mayo fue elegido papa por 133 cardenales de 71 países en la cuarta votación. Todos coinciden en hacer un una valoración positiva sobre él. Mis sensaciones son también positivas. El primer dato a destacar es su migración inversa: del Norte global al Sur Global, de Estados Unidos a Perú. Fue allí donde conoció la teología de la liberación que nació precisamente en Perú a finales de la década del sesenta del siglo pasado. Su creador fue el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, que en 1971 publicó su libro más emblemático Teología de la liberación. Perspectivas, con 22 ediciones en castellano y numerosas traducciones.

 

Otro dato a destacar de su persona es el nombre elegido como papa: León XIV, que recuerda a León XIII, autor de la primera encíclica social, Rerum novarum, publicada en 1891. Era la primera defensa papal moderada de la clase trabajadora en plena revolución industrial, 43 años después del Manifiesto comunista. Espero que el nombre elegido se traduzca en la defensa de los derechos de la clase trabajadora, cada vez más mermados por el neoliberalismo, que el obispo y profeta Pedro Casaldáliga calificó de “la gran blasfemia del siglo XXI”. Esto me lleva a confiar en que su pontificado se caracterice por continuar el legado social de Francisco, que le nombró primero obispo de la diócesis peruana de Chiclayo, después presidente del Dicasterio de los Obispos, una de las instituciones más importantes de la Curia romana que se encarga de nombrar a los obispos de todas las diócesis del mundo, y posteriormente cardenal.

 

Yo soy conocedor de tus postulados teológicos y me gustaría que nos dieses, tu opinión sobre la situación de distintos temas dentro del pensamiento actual de la Jerarquía Católica. Para empezar: el papel de la mujer en la Iglesia.

 

Yo defino a la Iglesia católica como una patriarquía, en la que el poder está en manos de un sector muy reducido de personas: el papa, los obispos y los sacerdotes. Es, por tanto, una institución jerárquica. piramidal, patriarcal y clerical, en la que mujeres no son reconocidas como sujetos morales y eclesiales, son excluidas de los ámbitos donde se toman las más importantes decisiones sobre el presente y el futuro de la Iglesia, de la representación de Dios y de Jesús de Nazaret, del acceso a los ministerios ordenados y del liderazgo eclesial. 

 

Y todo teniendo como base la imagen masculina de Dios y de Jesús de Nazaret. La contradicción radica en que las mujeres, que son mayoría en la Iglesia católica, son cristianas de segunda o tercera categoría, a las que se recurre para ejercer funciones auxiliares. Viven en una situación de marginación y discriminación con expresa negación de la igualdad de género y de la paridad en los órganos de representación.  Es sin duda una de las situaciones más escandalosas y antievangélicas, que está provocando dos reacciones: el abandono de la institución eclesiástica, que no del cristianismo, y la rebelión de las mujeres en defensa de la igualdad de derechos en todos los ámbitos de la comunidad cristiana. 

 

Los derechos de las personas LGTBQA en la Iglesia Católica

 

Es sin duda otra de las asignaturas pendientes en la Iglesia católica, que contrasta con el reconocimiento de la comunidad LGTBIQ+ y de sus derechos en la legislación de muchos países y por parte de la sociedad. La actitud de la jerarquía es de rechazo a cualquier tipo de relación afectivo sexual y de identidad de género que no se atenga a la heteronormatividad y a la binariedad sexual. Incluso el Papa Francisco que afirmaba que la homosexualidad no era delito y por tanto no era punible jurídicamente, sin embargo, seguía defendiendo que era pecado. La jerarquía sigue enrocada en su concepción del matrimonio como unión indisoluble de un hombre y de una mujer. Conforme a esa concepción condena enérgicamente el matrimonio homosexual, lo que significa poner límites al amor, que es el precepto fundamental de Jesús de Nazaret. Matrimonio homosexual, reconocido en numerosos países.  

    

La Sinodalidad o dicho en lenguaje político, la democracia participativa

 

La Iglesia católica vive instalada en una permanente contradicción. Defiende la democracia, los derechos humanos y la igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad y en el terreno político, mientras no las reconoce en su seno. Si en el plano político la fórmula para elegir a los representantes es “una persona, un voto”, en la iglesia católica los únicos que votan son los obispos para elegir a sus representantes en las Conferencias Episcopales y los cardenales para elegir al papa. Si en alguno de los órganos pastorales, votan los seglares, las decisiones que se toman son solo consultivas.

 

Es verdad que en los últimos Sínodos de obispos han votados los seglares, entre ellos las mujeres, pero solo representaban el 25% de los votantes, el resto eran obispos. A parte de estos casos, excepcionales y por primera vez en la Iglesia católica, no existen órganos de participación del pueblo de Dios, lo que demuestra que no es un pueblo soberano, sino sometido a los dictámenes de la jerarquía, que es quien gobierna la Iglesia de manera autoritaria.

 

Ni siquiera hay democracia representativa, menos aún participativa. El papa es elegido por los cardenales que él mismo o sus predecesores han nombrado. Los obispos son nombrados por el papa sin la intervención de los cristianos de las diócesis a las que son destinados. Los sacerdotes son destinados por el obispo a las parroquias sin consulta previa a los parroquianos. El símbolo más potente de la prohibición de los cristianos y cristianas de participar en la toma de decisiones y en la elección de los cargos directivos en la Iglesia católica fue la orden de un obispo funcionario vaticano al comienzo del cónclave: Extra omnes (¡Fuera todo el mundo!).   

 

¿Y la ¿Sinodalidad?

 

Tras los dos sínodos sobre la Sinodalidad no se ha producido ningún cambio en la democratización de la Iglesia. Esta sigue siendo una autocracia.      

 

Otro tema: la revisión de los Acuerdos Iglesia Católica y Estado

 

Los Acuerdos de la Santa Sede y el Gobierno, de 1979, que son en realidad una revisión del Concordato de 1953, no su supresión, mantienen casi intactos los privilegios concedidos a la Iglesia católica durante el franquismo: educativos, económicos, fiscales, culturales, culturales, militares jurídicos, etc. Son, por ello, preconstitucionales e incluso anticonstitucional, ya que no respetan el principio de laicidad y de igualdad de todas las religiones ante la ley. Sin embargo, ni la jerarquía católica ni los diferentes gobiernos de la democracia durante los cuarenta y seis años de vigencia han mostrado interés alguno por revisar los Acuerdos, y menos aún eliminarlos. Tal situación ha llevado a que todos los gobiernos de la democracia española desde 1977, de derechas, de izquierdas y de centro, han sido rehenes de la Iglesia católica.  

 

Publicado en: https://www.nortes.me/2025/05/09/espero-que-el-nombre-elegido-por-el-papa-se-traduzca-en-la-defensa-de-los-derechos-de-la-clase-trabajadora/#google_vignette

Desde Panamá: llamamiento al mundo

[Por: Alianza Pueblo Unido por la Vida]

En Panamá el régimen de Mulino pisotea la Constitución y las leyes, viola los derechos humanos y las garantías fundamentales de los panameños…

 

Descargue el comunicado.

El Papa Prevost, el elegido de Francisco para continuar el proceso

[Por: Luis Miguel Modino | Religión Digital]

La Iglesia católica tiene nuevo Papa. Después de cuatro votaciones se ha conocido al sucesor de Pedro, pero podríamos decir que, en este caso, se ha conocido al sucesor de Francisco. El primer Papa latinoamericano tiene continuidad en alguien que fue creciendo en su vocación y en su vivencia eclesial en América Latina, concretamente en Perú.

 

Misionero y obispo en Perú

 

Nacido en Chicago (Estados Unidos), siendo un joven agustino eligió Perú para ser misionero en unas tierras donde llegó a ser obispo de la diócesis de Chiclayo. Antes, durante 12 años, había sido Superior General de la Orden de San Agustín, tiempo en el que vivió justo al lado de la Plaza de San Pedro, de la que una calle separa la sede de la Casa General de los Agustinos.

 

Al nuevo Papa se le puede considerar un constructor de puentes entre el Norte y el Sur, dado su lugar de nacimiento y de misión. Pero también alguien que ha realizado esa tarea a nivel mundial, dado que los Agustinos llevan a cabo su misión en todo el mundo. Esa es la función del obispo de Roma, ser pontífice, constructor de puentes.

 

A construir puentes entre el Norte y el Sur se ha dedicado desde que llegó al Vaticano la secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, la teóloga argentina Emilce Cuda, alguien que ha trabajado con el cardenal Prevost desde que este fue nombrado prefecto del Dicasterio de los Obispos, uno de los de mayor peso en la Curia vaticana.

 

El elegido de Francisco

 

Cuda no duda en afirmar que el nuevo Papa “fue el elegido de Francisco”, con quien se reunía todos los sábados en Santa Marta. La teóloga subraya que “Francisco dio muchas señales que depositaba en él su confianza”, una afirmación que nace de su cercanía con el último pontífice, con quien trabajó directamente. De hecho, afirma, Francisco “lo puso en uno de los lugares claves de la Curia romana, que es el dicasterio de obispos”. A ello se une que fue nombrado cardenal obispo, lo que le hizo crecer exponencialmente en el escalafón del Colegio Cardenalicio.

 

La secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina insiste en el acierto de la elección, pues considera al nuevo Papa, su superior directo hasta la muerte de Francisco, “una persona de gran decisión, que no es fácil encontrar”. Cuda le define como alguien “de pocas palabras y quizás también poco expresivo, como todo norteamericano. Pero hay una distinción entre los latinoamericanos y los norteamericanos, unos sostienen con la palabra y otros con los hechos. Pienso que el cardenal Prevost tiene la virtud de poder sostener con las dos cosas”, subraya.

 

Carisma es la capacidad de movilizar

 

En ese punto, resalta que “a pesar de que algunos dicen que no tiene carisma, carisma no es solamente la capacidad de hacer un show a la media del público. Carisma es la capacidad de movilizar a las personas en una dirección y a una acción sin presión, sino justamente logrando esa conversión, el ir juntos”. Para la teóloga, tener esas características, “es lo que nos da la seguridad de que puede ir adelante con ese proceso que inició Francisco”. Eso porque “el Papa decía que había que hablar de procesos, había que iniciar procesos”.

 

La teóloga argentina recuerda los cuatro principios bergoglianos. “Cuando Francisco decía que el tiempo es superior al espacio, es que ese tiempo es un proceso. No se trata de ganar este espacio, sino de llevar adelante un proceso, que no se agota en una generación. Por eso él habla de un pueblo, porque es un pueblo que lleva adelante ese proceso. Pienso que el cardenal Prevost tiene la capacidad de llevar adelante ese proceso. No solamente por el deseo de continuarlo, sino porque también hay que tener la misma virtud de poder tomar la decisión en el momento correcto, como lo hacía Francisco”.

 

Una persona valiente

 

Entre las capacidades del nuevo Papa, Cuda resalta que “es una persona valiente”, algo que dice haber visto en varias ocasiones, “donde no tuvo miedo de tomar esas decisiones y hacerse cargo de las consecuencias que pudiese haber”. Junto con ello, le define como “una persona sensible, pero al mismo tiempo, es afectivo, que se ríe, que cuando uno le cuenta algo que es irónico, él rápidamente larga una carcajada. Cuando lo conocí no pensé que podía ser Papa, pero me llamó la atención esa frescura con la que espontáneamente se ríe de la ironía, de los chistes. Y eso habla de una persona espontánea, de una persona natural. Siempre tiene una sonrisa en la boca”.

 

Cuda dice que no se puede, ni se pretende, “hacer un culto de la figura de Francisco, como se ha hecho de otros pontífices, es seguir el proceso, lo cual implica un cambio también. Hay una continuidad en el proceso, pero la situación histórica cambia y ese proceso debe tener la flexibilidad suficiente para adaptarse a ese cambio histórico”. Por eso, no duda en decir que “el cardenal Prevost no es de los que va a hacer un culto de Francisco, sino que va a seguir ese proceso teniendo la capacidad de decisión para hacer los cambios o las modificaciones necesarias que requiera el conflicto histórico en cada momento”.

 

Un norteamericano para una nueva lógica mundial

 

Analizando algunos de los últimos papados, la secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina considera que “Pablo VI fue la persona indicada en un momento donde el socialismo llegaba a través del voto y la Iglesia tuvo alguien con la capacidad de dialogar con ese momento político histórico. Juan Pablo II viene de Polonia, un país comunista, y dio la batalla en ese momento histórico. El Papa Francisco viene de Latinoamérica, la cuna de los populismos, y tuvo la capacidad de manejar esas categorías y dialogar con los populismos”.

 

Siguiendo esa lógica de análisis, afirma que “hoy el mundo claramente se distribuyó de otro modo geopolíticamente, y creo que quien tiene la capacidad para dialogar con Estados Unidos, con su nueva fase, algunos lo pueden llamar imperial, yo lo llamo neofeudalismo, será un norteamericano el que puede hablar y entender esa lógica”. Por eso concluye diciendo que “es la persona indicada para este momento de la historia”.

 

Publicado en: https://www.religiondigital.org/opinion/Papa-Prevost-Francisco-modino-emilce_0_2777422247.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

Con Trump nos esperan tiempos dramáticos

[Por: Leonardo Boff]

No tengo facultades de adivinación o de augurio, pero siempre me he preguntado qué proyecto se oculta detrás de las políticas visibles de un jefe de estado. Así, el día 28/6/2018 escribí un texto sobre Trump (gobernó de 2017-2021) y los tiempos dramáticos que podríamos esperar. Ahora con su reelección me doy cuenta de que si lo que escribí entonces era dramático, ahora se ha vuelto trágico para toda la humanidad.

 

Estamos todos bajo varias amenazas: la nuclear, la escasez de agua potable en vastas regiones del mundo, el calentamiento global creciente, las dramáticas consecuencias de la sobrecarga de los bienes y servicios naturales indispensables para la vida (Earth Overshoot Day).

 

A estas amenazas se añade otra no menos peligrosa, ya señalada por varios analistas mundiales como los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglizt y reforzadas ahora en 2025 por Noam Chomsky y Jeffrey Sachs. Nadie sabe en qué va a parar la guerra comercial entre USA y China. Según Noam Chomsky normalmente culmina en una guerra real que ahora sería letal y final.

 

Recientemente un economista ítalo-argentino, Roberto Savio, cofundador y director general del Inter Press Service (IPS), ahora emérito, escribió un artículo que nos debe hacer pensar, con el título: Trump vino para quedarse y cambiar el mundo (ALAI-América Latina en Movimiento del 20 de junio de 2018). Efectivamente ha puesto el mundo patas arriba. Savio afirma que Trump no es la causa del nuevo desorden mundial. Es más bien un síntoma. El síntoma de los tiempos en que los valores civilizatorios que daban cohesión a un pueblo y a las relaciones internacionales han sido simplemente anulados. Lo que cuenta es el voluntarismo narcisista de un poderoso jefe de Estado, Trump, que en el lugar de estos valores colocó, pura y simplemente, el dinero y los negocios. Son éstos los que definitivamente cuentan. Lo demás son cosas irrelevantes para el dominio del mundo.

 

America first debe ser interpretado como sólo América y sus intereses mundiales cuentan. En nombre de este propósito, ya preanunciado en su campaña, Trump ha roto tratados comerciales con viejos aliados europeos, la Alianza del Transpacífico, y ha abierto una arriesgada guerra comercial con su mayor rival, China, imponiendo aranceles de importación a productos que suman miles de millones de dólares, además de cobrar impuestos sobre el acero y otros productos a otros países como Brasil.

 

Es propio de figuras autoritarias y narcisistas hacer de menos a las legislaciones. Cuando les conviene pasan por encima de ellas, sin dar mayores razones. Para Trump vale más la invención de «una verdad» que la verdad factual misma. Las fake news son un recurso presente en sus twitters. Según Fact Checker, desde que asumió la presidencia, ha dicho unas 3.000 mentiras. La verdad y la mentira valen para él en la medida que respaldan sus intereses. Curiosamente en 2024 ganó los principales pleitos, y tiene la aprobación de parte de la opinión pública del Partido Republicano.

 

No tolera críticas, y se ha rodeado de asesores serviles que le dicen «sí» a todo, bajo riesgo de ser despedidos sumariamente. Y de la persona más rica del mundo, Elon Musk, de las más arrogantes y vacías de pensamiento y de sentimiento.

 

Reelegido, su estilo de gobierno y la negación de toda ética pueden tornarse irreversibles. No olvidemos que Hitler y Mussolini también fueron elegidos y crearon sus mentiras, vendidas como «verdades» a todo un pueblo. Frente a un mundo marcado por la xenofobia, por la exclusión de miles y miles de inmigrantes y refugiados, por la afirmación exacerbada de los valores nacionales en desprecio de los valores de los otros.

 

Tales actitudes, transformadas en políticas oficiales, pueden ser fuente de graves conflictos, cuyo «crescendo» puede incluso amenazar a la especie humana. Cerca de 1300 psicoanalistas y psiquiatras norteamericanos han denunciado desvíos psicológicos graves en la personalidad de Trump.

 

Cómo será el destino de la humanidad en manos de un narcisista de este tipo, cuyo paralelo sólo se encuentra en Nerón, que se divertía presenciando el incendio de Roma, con la diferencia de que ahora no se trata de un incendio cualquiera, sino del incendio de toda la Casa Común. Como es imprevisible y en cualquier momento puede cambiar de posición, nos preguntamos, entre asustados y horrorizados, cuáles serán sus próximos pasos.

 

Que Dios, que se anunció como “el apasionado amante de la vida” (Sabiduría 11,26) nos libre de las tragedias que pueden ocurrir, dada la irracionalidad de alguien que anuncia “un solo mundo y un solo imperio y América en primer lugar” (el imperio norteamericano).

 

*Leonardo Boff es teólogo filósofo y escritor, y ha escrito Salvar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Record, RJ 2010.

 

Traducción de Mª José Gavito Milano.

El Papa Francisco y Europa

[Por: Juan José Tamayo]

El papa Francisco no fue precisamente condescendiente con Europa. Todo lo contrario. En varias ocasiones se mostró muy crítico con su errática trayectoria cuando de la acogida y hospitalidad con inmigrantes, refugiados desplazados. En su visita al campamento de refugiados de Moria en la isla griega de Lesbos recordó que, siendo Europa la cuna de los derechos humanos, debería haberse comportado como el buen samaritano, mostrando compasión con las personas más necesitadas y trabajando por la eliminación de las causas de la dramática situación en que viven las personas refugiadas. Pidió desarrollar políticas de amplio alcance y detener “la proliferación y el tráfico de armas y a quienes persiguen proyectos de odio y violencia”.     

 

Aquel viaje no se quedó en declaraciones y gestos vacíos de contenido. Todo lo contrario, predicó con el ejemplo llevándose en el avión de regreso a Roma a doce personas de tres familias sirias, cuya atención corrió a cargo de las Comunidad de San Egidio y la acogida y manutención por cuenta del Vaticano.   

 

La crítica de Francisco se dirigió con especial indignación hacia Europa por la contradicción entre sus solemnes declaraciones de derechos humanos y su sistemática transgresión. Se atrevió a preguntar en tono de denuncia al viejo continente qué le estaba sucediendo para que, tras considerarse el continente del humanismo y el paladín de los derechos humanos, de la democracia y la libertad, se mostrara tan insensible hacia las personas y los colectivos humanos migrantes, refugiados y desplazados del Sur global que huyen del hambre, las guerras, el terrorismo, las dictaduras y los fundamentalismos religiosos.

 

En una entrevista concedida al diario italiano La Repubblica en julio de 2017 afirmó que “el colonialismo partió de Europa y tuvo sus aspectos positivos, pero también negativos”, y entre estos destacó su enriquecimiento, llegando a ser el continente más rico del mundo a costa de la explotación y apropiación de los recursos de otros continentes, a quienes sometió a un régimen de esclavitud. Por ello yo creo que la tarea de la descolonización le afecta de manera especial a Europa, que desde siglos constituye el centro del colonialismo moderno. Su complejo de superioridad en todos los órdenes la llevó a creer que era la civilización más desarrollada del mundo y tenía una misión regeneradora-redentora del mundo, y eso la incapacitó para descubrir los valores culturales, religiosos, éticos y estéticos de otras cosmovisiones y le impidió tener escrúpulos en su ambición colonizadora.

 

Con motivo de la recepción del Premio Internacional Carlomagno 2016 –que también recibiera Juan Pablo II en 2004-, concedido por el Parlamento Europeo, y ante las máximas autoridades de las instituciones europeas, Francisco se refirió a la “abuela y estéril” Europa, y le pidió que fuera “madre fecunda”, rompiera muros, construyera puentes y pusiera al día la idea de sí misma. Se atrevió a soñar con una Europa “en la que ser migrante no constituya un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo el ser humano”.   

 

En un discurso pronunciado en el Parlamento Europeo en 2014 Francisco denunció las muertes producidas en el Mediterráneo por la falta de hospitalidad: “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio y negar acogida a los hombres, mujeres, niños y niñas que llegan a diario muchas veces muriendo en el intento en las barcazas”. Actuar así “es negar la dignidad de los inmigrantes, favorecer el trabajo esclavo y alimentar las continuas tensiones sociales”. 

 

Denunció el economicismo que convierte a las personas en elementos de producción o consumo y pidió cuidar de la fragilidad de los pueblos y las personas frente a un modelo funcionalista y privatista de sociedad que lleva inexorablemente a la “cultura del descarte”. Hizo una crítica de la consideración de la democracia en Europa como una simple idea o una mera palabra que desemboca en sofisma. A su vez alertó sobre el peligro de que la democracia se deje influir por intereses multinacionales que no son universales, se ponga al servicio del imperialismo y de los poderes financieros.

 

Tras la denuncia, llamó a los europarlamentarios a poner en práctica legislaciones capaces de tutelar los derechos humanos de los ciudadanos europeos y garantizar la acogida a los inmigrantes. Les pidió que adoptaran políticas correctas para el desarrollo sociopolítico y la superación de sus conflictos internos en lugar de políticas de intereses que alimentan y aumentan los conflictos.

 

Harían bien los cardenales europeos reunidos en el Cónclave aprender esta lección de Francisco, recordársela a los gobernantes de sus países para que la pongan en práctica y elegir papa a un candidato o candidata que continúe reclamando a Europa que pase del racismo, la xenofobia y la insolidaridad a la piedad, la solidaridad y la hospitalidad.

 

* Juan José Tamayo es teólogo de al liberación y profesor honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es  Cristianismo radical (Trotta, Madrid, 2025, 2ª ed.)

El Papa Francisco y la teología latinoamericana de la liberación

[Por: Juan José Tamayo]

Una de las manifestaciones más importantes del cambio producido durante el pontificado del Papa Francisco ha sido la actitud receptiva hacia la teología latinoamericana de la liberación (TL), que sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI condenaron, al tiempo que procesaron a algunos de sus más importantes representantes e impusieron censura a sus libros.

 

Durante el pontificado de Juan Pablo II las primeras sospechas recayeron sobre Gustavo Gutiérrez, padre de la teología de la liberación, en cuyas obras Teología de la liberación. Perspectivas y La fuerza histórica de los pobres los censores romanos descubrieron numerosas desviaciones como la concepción marxista de la historia estructurada por la lucha de clases y la consideración del cristianismo como factor movilizador al servicio de la revolución.

 

La condena más severa contra la TL tuvo lugar en 1984 con la Instrucción sobre algunos aspectos de la teología de la liberación, de la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo la presidencia del cardenal Ratzinger. Las graves acusaciones contra ella fueron reducir la fe cristiana a un humanismo terrestre, emplear acríticamente el método marxista de la realidad e identificar la categoría bíblica de “pobres” con la categoría marxista de “proletariado”. La Instrucción asevera que la teología de la liberación constituye “una grave desviación de la fe cristiana” y “una negación práctica de la misma”.

 

El mismo año fue condenado el libro Iglesia: carisma y poder, del teólogo brasileño Leonardo Boff, acusado de atacar despiadada y radicalmente el modelo institucional de la Iglesia católica y de defender una cierta utopía revolucionaria ajena a la Iglesia. Unos años después volvió a ser sancionado con penas más severas, que provocaron su abandono del sacerdocio y de la orden franciscana, pero no el sueño de San Francisco de Asís de un mundo donde vivieran hermanadas la naturaleza y la humanidad.

 

La teóloga brasileña Ivone Gebara, colaboradora de monseñor Helder Cámara y pionera de la teología ecofeminista en América Latina, fue silenciada por el Vaticano durante dos años a propósito de una entrevista en la que afirmaba que el aborto no debería ser considerado pecado para las mujeres pobres y que la opción por los pobres defendida por la TL exigía mayor tolerancia con las mujeres empobrecidas que decidían interrumpir el embarazo.

 

Benedicto XVI continuó con la condena de la TL en la persona del teólogo hispano-salvadoreño Jon Sobrino, considerado uno de los mejores especialistas mundiales en cristología. En 2007, tras más de treinta años de sospechas e investigación detectivesca sobre sus obras, fue acusado de no respetar convenientemente las formulaciones de los concilios de la antigüedad y de no afirmar con suficiente claridad la divinidad de Cristo. En 2009 Benedicto XVI volvió a criticar la aceptación acrítica de algunos teólogos de la liberación de metodologías marxistas que generan “rebelión, división, disenso, ofensa y anarquía” y crean “un gran sufrimiento y una grave pérdida de fuerzas vivas”.    

 

Con Francisco la actitud ante la TL y sus principales cultivadores pasó del anatema al diálogo, del silenciamiento a la escucha, del alejamiento a la proximidad, de la condena al reconocimiento. Varios fueron los gestos de acercamiento y sintonía desde el comienzo de su pontificado.

 

Recibió en varias ocasiones al teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, que entiende la teología como reflexión crítica sobre la praxis histórica a la luz de la fe, considera la opción por los pobres como actitud evangélica radical y entiende el trabajo por la liberación de los excluidos como la praxis fundamental del cristianismo. Treinta años antes había estado en el punto de mira del Vaticano y había sido acusado de invitar a los cristianos a participar en la lucha de clases. L’ Osservattore Romano, órgano oficial del Vaticano, dedicó un amplio espacio a la teología de la liberación en septiembre de 2013, sobre el que el prestigioso vaticanista Andrea Tornelli comentó: “Entre el Vaticano y la teología de la liberación estalla la paz”. El órgano oficial del Vaticano publicó un artículo del teólogo peruano muy crítico con el neoliberalismo, impensable con los otros papas.

 

Francisco levantó la suspensión a divinis que pesaba sobre el religioso de Maryknoll Miguel d’ Escoto, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno sandinista de Nicaragua , y sobre el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, ministro de Cultura del mismo Gobierno. Cardenal fue amonestado públicamente por Juan Pablo II en su viaje a Nicaragua en 1983.

 

Francisco eliminó los obstáculos de sus predecesores para la beatificación y ulterior canonización del monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado en 1980. Contó con la colaboración del teólogo brasileño Leonardo Boff, dos veces sancionado por el Vaticano, para la redacción de la encíclica Laudato Si’. Aplicó en sus textos la metodología de la teología de liberación: análisis crítico de la realidad (mediación socioanalítica), interpretación liberadora de los textos bíblicos (mediación hermenéutica), juicio ético (crítica severa del capitalismo, al que calificó de “injusto en su raíz”) y llamada a la acción (praxis transformadora).

 

La metodología y la orientación de la TL pueden reconocerse en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio, de 2013, texto revolucionario dentro de la doctrina social de la Iglesia que constituye una de las condenas más severas del neoliberalismo y se ubica dentro de las tradiciones anti-idolátricas de ayer y de hoy: los profetas de Israel/Palestina, Jesús de Nazaret, Bartolomé de Las Casas, la crítica marxista del fetichismo de la mercancía y del capital, los Foros Sociales Mundiales, etc.   

 

Llevó a la práctica dicha teología de distintas formas. Se reunió en varias ocasiones con los movimientos populares y asumió sus principales reivindicaciones que resumió en las tres “T”: “Trabajo, Techo, Tierra”. Mantuvo encuentros con las comunidades indígenas y en su encíclica Laudato Si’ hizo suya la cosmovisión del Sumak Kawsay (Buen Vivir) como propuesta válida para toda la humanidad. Viajó a las periferias humanas, donde se encuentran las personas más vulnerables, los colectivos empobrecidos, y la “población sobrante”: prisiones, campos de personas migrantes y refugiadas, centros de personas discapacitadas, favelas, países del Sur Global, etc.  

 

Por el tenor y el contenido de sus discursos y prácticas, el papa Francisco sintonizó con las teologías decoloniales que están desarrollándose en el Sur global: africana, asiática, latinoamericana, negra estadounidense, palestina, indígena, ecológica, del diálogo interreligioso e intercultural, etc.

 

Con todo, a mi juicio, le faltó dar un paso más: la retirada de las sanciones contra los teólogos y las teólogas de las diferentes tendencias teológicas más vivas y creativas actuales, especialmente de la teología de la liberación, del pluralismo religioso y de la teología feminista. Era este un paso que no tenía que haberle sido difícil dar, ya que su crítica del capitalismo, su teología del bien común y de la solidaridad y su propuesta de una “Iglesia de los pobres” están en sintonía con la teología de la liberación.

 

* Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es: Cristianismo radical (Trotta, 2025, 2ª ed.).

¿Cambió el Papa Francisco la estructura patriarcal de la Iglesia?

[Por: Juan José Tamayo]

El 13 de marzo de 2013 los cardenales eligieron papa al cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, que fue el primer pontífice latinoamericano. Falleció el 21 de abril de abril de 2025 a los 88 años. Al llegar al Vaticano se encontró con una Iglesia asentada sobre una sólida estructura jerárquica, patriarcal y clerical. ¿Mutó durante sus doce años de pontificado la lógica excluyente de las mujeres en la Iglesia católica por otra inclusiva que las incorporara en los ámbitos directivos y ministeriales en igualdad con los hombres o mantuvo la estructura discriminatoria que heredó de sus predecesores? 

 

Planteo esta pregunta porque su actitud hacia las mujeres era uno de los ámbitos donde el papa argentino se jugaba tanto su credibilidad como la autenticidad de su reforma. En ese terreno creo que ha llevado a cabo pocos cambios y sus palabras apenas se han compaginado con los hechos. Afirmó que “un mundo donde las mujeres sean excluidas es un mundo estéril”, pero la Iglesia católica es el mejor ejemplo de esa exclusión y, por tanto, de su esterilidad. Dijo que le producía un profundo sufrimiento ver cómo en algunas organizaciones eclesiales el servicio de las mujeres desembocaba en servidumbre y defendió su incorporación a los ámbitos de responsabilidad eclesial. Pero apenas dio pasos en esa dirección.

 

Desde el principio dejó clara la negativa del acceso de las mujeres al sacerdocio con los mismos argumentos y la misma contundencia que los papas anteriores, apelando, a mi juicio equivocadamente, a la voluntad excluyente de Cristo, lo que es contrario a las investigaciones bíblicas, históricas, arqueológicas, teológicas, pastorales y feministas, que avalan el ejercicio de todas las funciones ministeriales por parte de las mujeres en distintos momentos de la historia del cristianismo. Las propias cartas de Pablo de Tarso reconocen el protagonismo de las mujeres en las comunidades cristianas que él fundó a lo largo de la cuenca mediterránea. ¿Qué decir, entonces, de los textos en los que el apóstol discrimina a las mujeres? Que no son de su autoría, sino interpolaciones posteriores.

 

La hermenéutica bíblica y la teología feminista muestran que Jesús de Nazaret no puso en marcha una organización patriarcal y clerical, como la actual, sino una comunidad de hermanos y hermanas, un movimiento igualitario de hombres y mujeres sin las discriminaciones de género reinantes en el judaísmo. Mientras que los discípulos le abandonaron en los momentos más cruciales en los que más los necesitaba, las mujeres lo acompañaron has la cruz. Mientras que los discípulos se resistieron a aceptar que Jesús hubiera resucitado, las mujeres fueron las primeras testigos de la Resurrección. Y es precisamente en el encuentro de María Magdalena y de sus compañeras con él cuando comienza la Iglesia. La figura de María Magdalena tuvo en varias iglesias mayor autoridad que Pedro.  

 

Al comienzo de su pontificado Francisco propuso, sin duda con la mejor intención pero también con desconocimiento, la elaboración de una “teología de la mujer”, como si se tratara de un avance en relación con la exclusión de las mujeres de la etapa anterior. Sin embargo, dicha teología mantiene los estereotipos de lo masculino y lo femenino, y legitima las funciones y los roles diferenciados -y discriminatorios- en función del sexo. Con el objetivo de justificar la negativa del acceso de las mujeres al sacerdocio, hizo una peligrosa distinción entre identidad y función utilizando el recurrente discurso de la excelencia, comforme a la encíclica de Juan Pablo II Mulieris dignitatem, que Francisco considera un “documento histórico”, pero que para mí reforzaba el patriarcado. Reconocía la identidad de las mujeres, e inclusos su superioridad sobre los hombres, pero las dejaba sin funciones, que es como reducirlas a simple escaparte. 

 

“La Iglesia es mujer”, afirmó Francisco al comienzo de su pontificado, pero los hechos desmienten dicha afirmación: las mujeres no pueden ser papisas, ni obispas, ni sacerdotisas, ni siquiera diaconisas, no pueden acceder al altar, ni representar a Dios ni a Jesús de Nazaret, ni pueden administrar los sacramentos, solo recibirlos, no pueden predicar en la Iglesia, solo escuchar. Son mayoría, cierto, pero silenciada, sin voz ni voto.

 

Es verdad que en el Sínodo de la sinodalidad las mujeres participaron por primera vez con voz y voto, lo que supuso un importante avance hasta ser calificado de cambio histórico. Y ciertamente lo fue, ya que hasta entonces solo los obispos podían votar el documento final de los Sínodos. Pero fue Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Estrasburgo y relator del Sínodo, quien relativizó la presencia de las mujeres con voz y voto al afirmar que tal cambio “no es una revolución, pues la asamblea sigue siendo una reunión de obispos, con una representación de no obispos”. Y así fue, porque el 75% de los participantes fueron obispos. Se garantizaba así la mayoría masculina, de la que no podía esperarse un giro feminista en favor de la igualdad. 

 

En un discurso dirigido a la Comisión Teológica Internacional, organismo de la Curia que asesora al papa en cuestiones doctrinales, Francisco se refirió a la necesidad de desmasculinizar la Iglesia. Cuando lo escuché no pude menos que aplaudirlo porque me parecía un paso muy importante en la incorporación de las mujeres a la elaboración de la reflexión teológica, reservada durante siglos a los clérigos. Sin embargo, durante los doce años de pontificado no lo aplicó en el seno de la propia Comisión Teológica Internacional formada actualmente por 30 miembros, de los que 25 son varones y 5 mujeres. Una descompensación demasiado grande.  

 

En 2012, durante el pontificado de Benedicto XVI, se creó en L’ Osservatore Romano, órgano oficial del Vaticano, el suplemento mensual “Mujer, Iglesia, Mundo, dirigido por un colectivo de mujeres bajo la coordinación de Lucetta Scaraffia, prestigiosa historiadora y periodista italiana. El suplemento destapó y denunció la esclavitud a la que vivían sometidas no pocas religiosas en sus Congregaciones, los abusos sexuales de que eran objeto por parte de sacerdotes y obispos e incluso los embarazos que terminaban en abortos pagados por los propios clérigos agresores. Tras no contar con el apoyo de los responsables de L’ Osservatore Romano, Lucetta presentó su dimisión junto con todo su equipo de mujeres.

 

Francisco nombró a varias mujeres para cargos importantes en la Curia. Al frente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano puso a la religiosa Raffaella Petrini. Su cometido es continuar con la tarea iniciada por el papa de hacer transparente la economía del Vaticano y frenar los abusos en esta materia. Es sin duda el puesto de mayor responsabilidad en la gestión de las finanzas. Como prefecta del Dicasterio para los Institutos de la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica nombró a sor Simona Bambrilla, pero por encima de ella tiene a un pro-prefecto, el cardenal español salesiano Ángel Fernández Artime.

 

Tras el fallecimiento del papa, Simona Brambilla recibió una carta firmada por el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Giovanni Batistta Re, para invitarla a participar en las congregaciones de los cardenales anteriores al cónclave. El envío lo hizo al “Prefetto Simona Brambilla”. El masculino de la misiva demuestra que el femenino resulta ajeno a estos cargos. El cardenal pidió perdón, pero no por usar el masculino dirigido a una mujer, sino por el error de haberla invitado a las congregaciones reservadas a los varones. En 2022 nombró a tres mujeres en el Dicasterio para los obispos: Raffaella Petrini, Yvonne Reuugoat y Lia Zervino.

 

Me parecen pasos adelante muy importantes. Pero no podemos quedarnos ahí, hay que reclamar la igualdad y la paridad en los órganos representativos donde se toman las decisiones en cuestiones fundamentales para la vida de la Iglesia tanto a nivel local como universal.

 

La raíz de la actual discriminación de las mujeres en la Iglesia católica se encuentra, a mi juicio, en la masculinidad de Dios. La teóloga y filósofa estadounidense Mary Daly afirma en su libro Más allá de Dios Padre: “Si Dios es varón, el varón es Dios. Y tiene razón. La representación masculina de Dios lleva derechamente a la divinización de los varones y a la minusvaloración de las mujeres. La filósofa estadounidense Kate Millet, referente de la tercera ola del feminismo, escribe en su obra Política sexual: “El patriarcado siempre tiene a Dios de su lado”. Con la historia y la teología en la mano Millet también tiene razón. Las religiones en general siguen siendo hoy uno de los principales y más eficaces bastiones en defensa del patriarcado.

 

Pero esa situación creo que es reversible. Decía Rafael Sánchez Ferlosio que si no cambian los dioses, nada cambiará. Creo que esta afirmación es aplicable al tema de la imagen patriarcal y masculina de Dios: mientras no se desmasculinice a Dios, se despatriarcalice a Jesús de Nazaret, se desjerarquice y declericalice la comunidad cristiana, nada habrá cambiado y las mujeres seguirán siendo cristianas subalternas en una Iglesia que debería ser espejo de igualdad y justicia de género.

 

Juan José Tamayo es teólogo y emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2025).

Comentarios bíblicos: Que este tiempo pascual nos lleve a renovar nuestro amor a Jesús, “hasta el final”

[Por: Olga Consuelo Vélez]

Continuamos con las apariciones de Jesús a sus discípulos después del acontecimiento de la Pascua, pero, en esta ocasión, el texto comienza mostrando la desesperanza de los discípulos después de la muerte de Jesús, para luego llegar al encuentro personal con Él, personificado en el diálogo de Jesús con Pedro…

 

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Comentarios bíblicos: El difícil y glorioso seguimiento por amor

[Por: Eduardo de la Serna]

El Evangelio del día (como el del domingo que viene en referencia al “buen pastor”), los católico-romanos no podemos despegarlo del contexto de la muerte del Papa Francisco y la elección de su sucesor; sucesor, a su vez, de Pedro. El Evangelio, hoy, nos da indicios de cómo debe ser “Pedro” (y cómo fue antes, ¡equivocándose!… por eso se “entristece, lo que recuerda su llanto en otros evangelios). Es de esperar, ¡y rezar!, que el próximo Pedro se parezca a este y a aquellos que fueron seguidores de Jesús, cuidadores de su rebaño (¡de Jesús!) hasta el final de sus días…

 

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¿Y nuestros arcos?

[Por: Kajkoj Máximo Ba Tiul]

Si algo está claro, que, para el sistema capitalista, los pueblos originarios serán siempre el enemigo a vencer. Desde el momento que Cristóbal Colón llegó a estas tierras, cuando comunicó a los reyes y a la iglesia que en estos territorios había tierras, riqueza, montañas, biodiversidad y “personas humildes que no tienen nada que envidiarle a Europa” porque lo tenían todo, atrajo la codicia, la avaricia y ambición de los occidentales, que hasta se peleaban por venir a estas tierras, para expandir los imperios de occidente y “atraer a los indios al cristianismo y al catolicismo” con la excusa de que no éramos humanos, y permitió a los colonizadores tener la facultad de esclavizar, explotar y expoliar los territorios indígenas e cometiendo actos de genocidio…

 

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