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La paz del Papa León XIV: ¿Es posible la paz en las condiciones actuales?

[Por: Leonardo Boff]

Estamos todavía en el contexto de la elección del nuevo Papa León XIV que en su discurso inaugural habló 6 veces de paz, tema urgente. Sucede, sin embargo, que hay por todas partes una ola mundial de odio, discriminaciones y varios lugares en guerra. Dado que Donald Trump antepuso la fuerza a la diplomacia y la utilización de medios violentos para establecer el nuevo orden mundial, comprendemos la importancia que el actual Papa da a la paz.

 

Profundicemos un poco en este tema de la paz. Empiezo recordando el intercambio de cartas entre Einstein y Freud sobre la guerra y la paz el 30 de julio de 1932. Einstein le pregunta a Freud: «¿hay un modo de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra? ¿Existe la posibilidad de dirigir la evolución psíquica para que los seres humanos sean más capaces de resistir a la psicosis del odio y de la destrucción?» Freud le responde: «No existe la esperanza de poder suprimir de modo directo la agresividad de los seres humanos». Después de consideraciones que daban alguna esperanza a la pulsión de vida, y así a la paz posible, Freud termina escéptica y resignadamente con esta famosa frase: «hambrientos, pensamos en el molino que muele tan lentamente que podríamos morir de hambre antes de recibir la harina». O sea, que la paz permanece en el ámbito de la esperanza esperante y debe ser construida día a día.

 

No obstante esta dura constatación, seguimos buscando la paz y jamás desistiremos de hacerlo aunque la paz no sea un estado permanente, negado a los mortales. Por lo menos alimentamos sin cesar un espíritu o un modo de ser que nos hace preferir el diálogo a la confrontación, la estrategia del gana-gana al gana-pierde, y la búsqueda cordial de puntos en común a un enfrentamiento conflictivo. Es el legado que nos ha dejado el fallecido Papa Francisco, renovado por el nuevo Papa.

 

Nos atrevemos, con esperanza, a establecer algunas condiciones previas, que de algún modo o por momentos harían alcanzable la paz. Veo cuatro condiciones previas:

 

La primera es que acojamos con la máxima seriedad la polaridad sapiens/demens, amor-odio, bondad-maldad, luz-sombra como pertenecientes a la estructura de la realidad universal, inherente también a la condición humana: somos la unidad viva de los contrarios. Esto no es un defecto de la evolución, sino la situación concreta de la condición humana, tal como hoy existe. Esto vale para lo personal y también para lo social.

 

El ser humano proviene de la primera singularidad, una inimaginable violencia, el big bang, seguida de la confrontación violentísima entre materia y anti-materia, de la que quedó un mínimo de materia, algo como el 0,00000001% que dio origen al actual universo conocido. El ruido de este estruendo, una onda electromagnética bajísima, la radiación cósmica de fondo, pudo ser constatada en 1964 por Arno Penzias y Robert Wilson. Tomando como referencia la galaxia más distante, en ruta de fuga, permitió datar la edad del universo en 13.700 millones de años.

 

La segunda es reforzar de tal manera y por todos los medios el polo positivo y luminoso de esta contradicción, de tal modo que pueda mantener bajo control, limitar e integrar el polo negativo en el positivo y de ahí hacer surgir, por momentos, una paz frágil pero posible, aunque siempre amenazada de disolución. El 12 de mayo, el Papa León XIV hablando a los periodistas fue claro: “La paz empieza con cada uno de nosotros, en la forma como miramos a los otros, oímos a los otros y hablamos de los otros”.

 

La tercera es rehacer el contrato natural con la naturaleza, que ha sido violado, y rescatar la Matriz Relacional que existe entre todos los seres y hace de nosotros seres de relación en todas las direcciones. Solamente nos realizamos en la medida en que vivimos y expandimos estas relaciones. La historia, sin embargo, ha mostrado que «ese ser, el humano, es altamente creativo, agitado, agresivo y poco dispuesto a la medida. Por esta razón, modificará la faz del planeta, pero está destinado a tener vida corta sobre la Tierra», dice Georgescu-Roegen, economista ecólogo (The entropy law and the economic process. Cambridge: Harvard Univ.Press,1971,p.127).

 

No obstante este “fracaso histórico” debemos reconocer que de esta estructura relacional recuperada puede nacer la paz como la comprendió la Carta de la Tierra en una famosa definición: «la paz es la plenitud que resulta de las relaciones correctas consigo mismo, con otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el  gran Todo del cual somos parte» (n.16 b). Por tanto, la paz tiene su base en nuestra propia realidad relacional, por frágil y casi siempre rota que sea. Nótese que la paz no existe en sí misma. Es el resultado de relaciones correctas, en la medida en que son posibles a los degradados hijos e hijas de Adán y de Eva.

 

La cuarta condición previa es la justicia. Lo que más rompe la estructura relacional es la injusticia. Ética es fundamentalmente justicia. Significa reconocer el derecho y la dignidad de cada ser humano y de cada ser de la creación y obrar de conformidad con este reconocimiento. En otras palabras: justicia es aquel amor mínimo que debemos dedicar al otro y a los otros, sin el cual nos apartamos de todos los demás seres e introducimos  desigualdades, jerarquizaciones, marginaciones y sometimientos y nos transformamos en amenaza para las demás especies. Jamás habrá paz en una sociedad de injusticia. Los que sufren la injusticia reaccionan, se rebelan, hacen guerras en lo micro y en lo macro.

 

Bien advertía el revolucionario mexicano Emiliano Zapata: “Si no hay justicia, no se debe dar paz al gobierno”. Brasil nunca tendrá paz mientras siga siendo una de las sociedades más desiguales, es decir, más injustas del mundo.

 

Ese camino de paz ha sido ensayado por pocos humanos y testimoniado por sus mejores líderes espirituales actuales como Gandhi, el Papa Juan XXIII, Dom Helder Câmara, Martin Luther King Jr, el Papa Francisco y retomado fuertemente por el actual Papa León XIV, sin mencionar a otras personas en la historia, especialmente Francisco de Asís.

 

La teología suele decir que la paz es un bien escatológico, o sea, comienza seminalmente aquí, pero solo se realizará cuando la historia llegue a su culminación. Por tanto, sigamos sembrando esa semilla de la paz posible.

 

*Leonardo Boff ha escrito La oración de San Francisco, un mensaje de paz para el mundo actual, Sal Terrae 2014.

 

Traducción de María José Gavito Milano.

Cuando el Espíritu Santo sopla en el Vaticano portando un susurro franciscano

[Por: Nicolás Alzate Mejía]

Jorge Mario Bergoglio, conocido como el Papa Francisco y Robert Prevost, hoy Papa León XIV, retoman los nombres de dos grandes figuras de la historia franciscana. Jorge Mario elige el nombre de Francisco en honor a aquel gran Santo del siglo XIII, conocido como San Francisco de Asís, el santo de los pobres y el patrono de la ecología y el medio ambiente, quien con su testimonio de vida sencilla y austera, revolucionó el carisma de la Iglesia Católica, recordando que Jesucristo vino a la tierra a colaborar y a comprometerse con la liberación de los esclavos y oprimidos, con el perdón entre los seres humanos y los pueblos, con la propuesta de una justicia social donde todas las personas pudiesen ser tratadas con dignidad y sin motivos para discriminar las minorías, con el deseo de bendecir, incluso a quienes les maldicen; y finalmente, a compartir los bienes que se tienen, muchos o pocos, con los pobres y desfavorecidos…

 

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Democracia en la Iglesia, ¿Por qué no?

[Por: Juan José Tamayo]

“Que no se le imponga al pueblo un obispo que el pueblo no desee”. “Aquel que debe presidir a todos debe ser elegido por todos”. “No se debe ordena obispo a nadie contra el deseo de los cristianos y sin haberles consultado expresamente al respecto”.

 

Seguro que no pocos lectores pensarán que estas tres afirmaciones están tomadas de algún documento de los movimientos cristianos de base o de colectivos de teólogas y teólogos contrarios al actual sistema de nombramiento de obispos. Pues no. Son textos de los siglos III y V.       El primero pertenece a san Cipriano (principios del siglo III-258), obispo de Cartago, quien consideraba “de origen divino” el derecho del pueblo a elegir a sus pastores. Su propia elección episcopal fue muy discutida.

 

Los dos siguientes corresponden a León Magno, papa de 440 a 461, el más importante del siglo V, que gobernó la Iglesia con gran sabiduría y frenó la marcha de Atila sobre Roma. Y no son excepción en la literatura teológica de la época, ni se limitan a reflejar un ideal a conseguir. Los cito como una brevísima antología que podría ampliar con otros muchos testimonios en la misma dirección. La elección de los obispos por el pueblo fue una práctica habitual en la historia de la Iglesia durante el primer milenio, como demuestra el prestigioso teólogo holandés en su libro El ministerio eclesial. Agustín de Hipona (354-430) y Ambrosio de Milán (340-397) se vieron obligados a aceptar su elección como obispos de Hipona y de Milán respectivamente, incluso contra su voluntad, porque fueron aclamados por la comunidad cristiana. También Paulino de Nola (355-431), amigo de Agustín, Ambrosio y Jerónimo, fue elegido obispo por aclamación popular, siendo sacerdote casado. 

 

El concilio de Calcedonia (año 451) se opuso a la ordenación de aquellos candidatos que no estuvieran vinculados a una comunidad, hasta el punto de declarar inválida esa ordenación. El obispo o sacerdote que dejaba de presidir una comunidad, volvía al estado laical. A veces la elección era muy reñida, y se producían altercados si no se respetaba la voluntad del pueblo. Algo parecido sucede hoy, pero no porque la comunidad cristiana participe en la elección de los obispos, sino porque esta se hace al margen suyo e incluso en contra de sus deseos. La oposición que mostró la mayoría del clero de Guipúzcoa al nombramiento de José Ignacio Munilla como obispo de la diócesis no es un fenómeno aislado en la historia reciente de la Iglesia.

 

Un caso similar se produjo con motivo de la ordenación episcopal de Alfonso López Trujillo como obispo auxiliar de Bogotá (Colombia) en 1971. Entonces no fue sólo el clero quien se opuso a su ordenación, sino una parte importante del pueblo que mostró su disconformidad a través del lanzamiento de octavillas durante la ceremonia de su ordenación episcopal. López Trujillo fue sucesivamente secretario y presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), arzobispo de Medellín y cardenal, el más joven de la Iglesia católica.

 

Durante casi cuarenta años se convirtió en el látigo de la teología latinoamericana de la liberación, a la que acusó de marxista. Denunció ante Roma a algunos de sus principales cultivadores, que fueron condenados por el todopoderoso cardenal Ratzinger. Alentó algunos de los documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que falseaban la teología de la liberación hasta su caricatura. Su fracaso pastoral al frente de la archidiócesis de Medellín y la oposición de una parte importante del episcopado latinoamericano obligaron a Roma a trasladarlo al Vaticano, donde asumió la presidencia de la Comisión de la Familia, desde donde defendió con mano de hierro los anacrónicos principios de la encíclica Humanae vitae contra los métodos anticonceptivos.

 

A finales de los años sesenta sacerdotes de Barcelona hicieron una sentada en el patio del palacio episcopal disconformes con la manera de dirigir la diócesis de monseñor Marcelo González, venido de Astorga. Anteriormente habían mostrado su desacuerdo por su nombramiento como arzobispo de Barcelona porque desconocía la Iglesia, la cultura y la sociedad catalanas. Hace unos años se produjeron reacciones de protesta similares por el nombramiento como arzobispo de Tarragona a Jaume Pujol, miembro del Opus Dei y profesor de teología de la Universidad de Navarra perteneciente a dicha institución. Frecuentes son también las campañas de sacerdotes y de grupos cristianos cuando corre el rumor del nombramiento de un obispo que no consideran idóneo para su diócesis. Muchas veces se salen con la suya y consiguen que no se nombre al candidato in pectore.

 

A propósito del conflicto provocado por el nombramiento de José Ignacio Munilla para la diócesis de Guipuzcoa en sustitución de Juan María Uriarte, que había cumplido con creces la edad reglamentaria para la jubilación, leí entonces que lo que estaba en juego en este caso eran dos modelos de Iglesia: el de Juan María Uriarte, más democrático, y el de Munilla, más autoritario. Yo creo que este planteamiento es teológicamente incorrecto y en la práctica engañoso o, al menos, falaz, porque no resiste la prueba de la realidad.

 

Los dos deben obediencia al papa, que es quien los ha nombrado. Los dos se han caracterizado por prácticas autoritarias, cada uno en su diócesis. Monseñor Uriarte, por ejemplo, ha vetado a varios profesores de la Escuela de Teología de San Sebastián, dependiente de la Universidad de Deusto y por tanto fuera de su jurisdicción episcopal. Siendo obispo de Palencia monseñor Munilla impuso el traslado de los seminaristas de la diócesis al seminario de Madrid, en vez de llevarlos a la más próxima universidad Pontificia de Salamanca, sin consultar a la Iglesia palentina ni a los sacerdotes, que expresaron públicamente por escrito su sorpresa, malestar y desacuerdo con tal medida.

 

Las diócesis son y funcionan hoy en la Iglesia católica como reinos de taifas. Cada obispo actúa como rey con poder omnímodo o, peor aún, como señor feudal que tiene súbditos sin dar cuenta a nadie de su actividad pastoral. Eso da lugar a todo tipo de abusos en el ejercicio de la autoridad. Se me objetará que en la Iglesia existe la colegialidad episcopal y ahora la propuesta de la sinodalidad. Es verdad. El concilio Vaticano II así lo estableció con la aprobación de todo el episcopado mundial. Pero no pasó del papel. Y los primeros que se han negado a ponerla en práctica han sido los papas y los propios obispos. Con la actual forma de nombrar a uno y a otros, el autoritarismo es la patología episcopal y papal más común.

 

¿Dónde radica entonces el problema? No en que haya obispos más abiertos o más cerrados de mente, sino en el sistema vertical de nombramientos del papa, los obispos y los sacerdotes. De ahí se derivan dos modelos de Iglesia: el jerárquico-patriarcal, que se sustenta en la elección de los obispos por el papa sin intervención del pueblo cristiano, y el democrático-igualitario, que se basa en la elección de los dirigentes religiosos conforme al principio “un cristiano, una cristiana, un voto”. El único vigente hoy es el jerárquico-patriarcal., lo que me parece una desviación de una tradición de la iglesia favorable a la elección de los obispos con la participación del pueblo. La elección popular tiene su fundamento teológico en la dimensión comunitaria del cristianismo y está en sintonía con los procesos electorales de las sociedades democráticas.

 

Se me objetará que la Iglesia es de institución divina y que no se rige por principios democráticos sino por la voluntad de Dios bajo la guía del Espíritu Santo. Aquí habría que hacer muchas matizaciones, pero baste una. Jesús no fundó la Iglesia tal como ahora está organizada. Lo que puso en marcha fue un movimiento igualitario de hombres y mujeres que le acompañaron durante su vida pública y prosiguieron su causa, la causa de la liberación de los pobres, tras su muerte. Pero, bueno, concedamos que la Iglesia entendida como comunidad fraterno-sororal tiene origen divino. Esto supuesto, no puedo por menos que expresar mi perplejidad, ya que no entiendo por qué el ejercicio de la democracia y la práctica de los derechos humanos tienen que ser contrarios a la voluntad divina, ni por qué el papa y los obispos los defienden en la sociedad y denuncian su incumplimiento, al tiempo que no los practican en la Iglesia.

 

La encíclica Pacen in Terris, de Juan XXIII, publicada en abril de 1963, mes y medio antes de morir, que sigue la doctrina tradicional del origen divino del poder, se expresa en los siguientes términos: “Del hecho de que la autoridad proviene de Dios, no debe deducirse que los hombres (sic) no tengan derecho a elegir a los gobernantes de la nación, establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y los límites del ejercicio de la autoridad. De aquí que la doctrina que acabamos de exponer pueda conciliarse con cualquier clase régimen auténticamente democrático” Yo me pregunto: ¿Cómo Dios puede querer la elección democrática de los gobernantes a nivel político y oponerse a ella en la comunidad cristiana?

 

Publicado en: El País.

León XIV, el Papa del diálogo y la unidad

[Por: Óscar Elizalde Prada | El Tiempo]

El 8 de mayo, cuando apareció la fumata blanca sobre la chimenea de la Capilla Sixtina a las 6:07 p.m. de Roma, pocos esperábamos que los 133 cardenales eligieran al 267.º sucesor de Pedro en la cuarta votación del cónclave que había iniciado el día anterior.

 

En pocos minutos, mientras las campanas de la Basílica de San Pedro pregonaban que Roma tenía un nuevo obispo, ríos de gente abarrotaban la Plaza de San Pedro, y la via della conciliazione se inundaba de maratonistas que competían por alcanzar un lugar próximo al balcón central de la Basílica, donde a las 7:22 p.m. el cardenal protodiácono francés Dominique Mamberti, dio inicio al rito para presentar al nuevo pontífice: annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam (‘les anuncio una gran alegría: tenemos Papa’).

 

Se trataba del cardenal Robert Francis Prevost, quien hacía parte de la nómina de estadounidenses electores —¡una decena!—, la segunda con mayor representación en el cónclave, después del grupo italiano (17), y quien en adelante asumiría el nombre de León XIV. Eso sí, cabe señalar que, por su historial misionero, Prevost es “más peruano que norteamericano”, como ha dicho el cardenal Odilo Pedro Scherer.

 

Para la elección de Francisco, 12 años atrás, fueron necesarias cinco votaciones para que al menos 2/3 de los cardenales electores (77) coincidieran. En esta oportunidad se requería que al menos 89 cardenales escribieran el mismo nombre en la tarjeta de votación que se introduce con la frase latina Eligo in Summum Pontificem (‘Elijo como Sumo Pontífice’).

 

Teníamos, además, motivos para suponer que la elección no se daría antes de la quinta votación e incluso podría requerir más tiempo: los electores de este cónclave procedían de 70 países y muchos de ellos no se conocían lo suficiente entre sí, dada su condición de pastores de las “periferias” del catolicismo. Para la elección de Francisco y de Benedicto XVI, los electores provenían de 49 y 52 países, respectivamente, siempre con preponderancia europea.

 

Fin de las quinielas. La elección de Prevost confirmó el pronóstico de Francisco durante la apertura de la asamblea sinodal de 2023: “no nos sirve tener una mirada inmanente, hecha de estrategias humanas, cálculos políticos o batallas ideológicas (…). El protagonista es el Espíritu Santo. No estamos como en un parlamento, sino para caminar juntos, con la mirada de Jesús”.

 

Se repite la historia, “los que ingresan papables, salen cardenales”. Con Pietro Parolin sucedió lo mismo que con Angelo Scola en el cónclave de 2013, mientras que con Robert Prevost ha ocurrido un fenómeno similar al de Jorge Mario Bergoglio. Los primeros ocupaban titulares en todos los medios, mientras los segundos siempre mantuvieron bajo perfil. Lo cierto es que aunque los dos últimos cónclaves han tenido favoritismos locales (Parolin y Scola), la barca de Pedro continúa bajo el liderazgo de no-italianos, como desde hace 47 años.

 

¿Cómo será el pontificado de León XIV? ¿Hacia dónde navegará la Iglesia? No es posible —ni responsable— hacer pronósticos —que en todo caso, siempre serán ‘reservados’— a tan solo tres días de su elección. Sin embargo, en los itinerarios de liderazgo pastoral y espiritual de Robert Prevost se vislumbra un pontificado signado por el diálogo y la unidad ad intra y ad extra de la Iglesia, en continuidad con las grandes preocupaciones sociales y eclesiales de Francisco a quien, dicho sea de paso, no ha dejado de evocar en sus primeras intervenciones públicas.

 

Continuidad con impronta propia

 

“León XIV dará continuidad al proyecto de Francisco, de una Iglesia misionera comprometida con las periferias, solo que lo hará con impronta propia”, ha dicho a EL TIEMPO el cardenal brasileño Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos y único elector de la Amazonía en el cónclave, subrayando que “¡será un gran constructor de puentes!”, que es lo que significa ‘sumo pontífice’. “Hay un tren en marcha y León XIV se sube para aportar a este camino con un matiz personal”, ha señalado el cardenal español Juan José Omella.

 

De su estrecha cercanía y comunión con las opciones programáticas de Bergolio —con quien se reunía semanalmente por un espacio de dos horas—, da cuenta su discurso al Colegio Cardenalicio en la mañana del 10 de mayo, cuando manifestó su deseo vehemente de sostener las apuestas de su predecesor en torno al anuncio del Evangelio; la colegialidad y la sinodalidad para ‘caminar juntos’, a nivel de la Iglesia; la atención al sensus fidei, es decir, a las voces e iniciativas que todos los bautizados, como ocurre en las manifestaciones de piedad popular; y de modo especial, “el cuidado amoroso de los débiles y descartados”, así como “el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades”.

 

“La sopa caliente se comienza a tomar por los bordes”, comenta con acento porteño la teóloga argentina Emilce Cuda, consultada por este diario, quien ha fungido como secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina que presidía Prevost desde 2023. “Francisco reposicionó a la Iglesia en las periferias; León XIV la reposicionará en el centro del poder mundial para hacer realidad el diálogo social como única garantía de la paz verdadera”, asegura.

 

La experiencia que adquirió durante más de una década como prior general de la Orden de San Agustín, al abordar problemas globales sin perder la sensibilidad por las realidades locales, lo dotan de una particular sabiduría y agudeza para encarar los dramas que agobian a los creyentes de a pie, lo mismo que a las sociedades contemporáneas, marcadas por la conflictividad, la injusticia y la inequidad.

 

“Es una persona sencilla, cercana, amable y prudente, que tiene el don de la escucha; es pausado, tranquilo, y transmite paz, aunque también sabe llamar la atención cuando es necesario y lo expresa con claridad y caridad”, comenta el obispo agustino peruano Lizardo Estrada, quien además fue discípulo de Prevost en el seminario, con quien ha compartido por más de dos décadas.

 

Sus largos años de misionero y de pastor en Perú no solo le merecieron la nacionalidad desde 2015, sino que, según Estrada, “el Papa León XIV conoce nuestros flagelos y necesidades: la migración, la corrupción, la trata, la realidad de la selva y, en general, conoce los problemas de América Latina, donde ha evidenciado el olvido de los políticos frente a las periferias, la Amazonía, la zona andina, los pueblos originarios, campesinos y afros, entre otros”.

 

En ello coincide el periodista italiano Bruno Desidera, de la agencia SIR, al reconocer que “el nuevo papa también es ‘un pastor con olor de oveja’, y sus ovejas fueron el pueblo fiel y sencillo de Chiclayo, en Perú”. Con toda seguridad, continúa Desidera, “pondrá como prioridad la comunión y la unidad de la Iglesia, será un reformador sin excesos, dispuesto a abordar muchas cuestiones abiertas durante el pontificado de Francisco”.

 

Sin embargo, no eligió llamarse Francisco II. Entre las razones que lo llevaron a tomar el nombre de León XIV, ha confesado a sus hermanos cardenales que “la principal es porque el papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, y hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”. Queda claro que al nuevo papa le interesa recorrer otras periferias.

 

Corazón misionero

 

El cardenal Luis José Rueda, arzobispo de Bogotá y único elector colombiano en este cónclave, comparte con EL TIEMPO que “con Evangelii Gaudium el papa Francisco nos puso en camino misionero hacia las periferias, y ahora el papa León XIV nos ha dicho que todos los que tenemos responsabilidades en la Iglesia debemos empequeñecernos para que aparezca Cristo y no aparezcamos tanto nosotros”. Aflora, así, el corazón misionero y sencillo del papa.

 

En efecto, el nuevo obispo de Roma ya ha señalado que “el papa, desde san Pedro hasta mí, su indigno sucesor, es un humilde siervo de Dios y de los hermanos, y nada más que esto”. Y llama mucho la atención su deseo de escuchar los consejos, las sugerencias y las propuestas concretas de los cardenales, a quienes considera “sus estrechos colaboradores”.

 

Construir la unidad hace parte del carisma de los agustinos —y nos hará bien leer a san Agustín para comprender la espiritualidad y la visión de León XIV—. “La unidad de la Iglesia no significa uniformidad, sino una firme y profunda comunión en la diversidad, siempre que se mantenga en plena fidelidad al Evangelio”, había pedido el cardenal Giovanni Battista Re en la eucaristía Pro eligendo Romano Pontifice con la que inició el cónclave.

 

Para Prevost, “la polarización es un verdadero desafío”, como afirmó en una entrevista que concedió a Vatican News a finales de octubre de 2024, manifestando su deseo de “invitar a todos a la mesa, a una mesa de diálogo”, porque “podemos dar ese testimonio de promover la paz, el diálogo, en medio de un mundo en conflictos y polarización” que necesita abrirse a la posibilidad de escuchar al otro.

 

Su origen norteamericano, su experiencia misionera de cuño latinoamericana y su trayectoria global lo proyectan como un papa que incidirá con sapiencia en el diálogo social, la paz y la construcción de puentes ante las murallas de la indiferencia y la exclusión.

 

Su lema episcopal “ In Illo uno unum ”, se inspiran en las palabras de san Agustín para explicar que “aunque los cristianos somos muchos, en el único Cristo somos uno”. Por lo demás, se ha presentado a los católicos recordando —también con las palabras del santo de Hipona— que “con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo”.

 

Publicado en: https://www.eltiempo.com/vida/religion/quien-es-leon-xiv-expertos-en-roma-hablan-del-nuevo-papa-y-su-liderazgo-analisis-de-oscar-elizalde-vaticanista-3452563

Por qué en tal Iglesia no hay problemas

[Por: Luis Van de Velde]

En la realidad histórica de América Latina no se ha perseguido a todas las iglesias, ni a todos los obispos, sacerdotes, religiosas y cristianos.  Especialmente en la triste época de las dictaduras militares, de las guerras contra los pueblos y de las autollamadas revoluciones, solo una parte de las iglesias vivió bajo amenazas de muerte y sufrió martirio.  Sigue resultando doloroso que en las mismas iglesias hubiera obispos perseguidos y obispos que apoyaban abiertamente los regímenes dictatoriales.   Lo mismo podemos decir de sacerdotes, religiosos y religiosas, e instituciones cristianas…

 

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Carta de um Muçulmano a Francisco!

[Por: Shamim]

Querido Francisco, Agora você descansa no sagrado abraço de Allah. Nenhum som deste mundo chegará mais até você. O barulho se foi — mas sua voz ainda ecoa nos corações daqueles que a ouviram. Há dois anos, desejei lhe escrever uma carta. Guardei os pensamentos comigo, mas as palavras nunca vieram — até agora…

 

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El futuro se llama incertidumbre

[Por: Leandro Sequeiros]

El “apagón” eléctrico en España y Portugal del pasado día 28 de abril de 2025 ha generado en la opinión pública una sensación de inseguridad, desconfianza en la capacidad del ser humano por controlar todas las variables que inciden en el desarrollo del aparente “orden natural” de nuestro mundo. …

 

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El testamento espiritual del Papa Francisco

[Por: Pedro Pierre]

No nos fijaremos en el texto de sus últimas voluntades, sino en su testamento espiritual que resume su personalidad, su sabiduría y sus sueños. Como nos damos cuenta, no paran las ediciones de documentos sobre el papa Francisco, en particular en ese tiempo de la elección de su sucesor…

 

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Canadá: Los canadienses le dicen NO a Donald Trump

[Por: Marcelo Solervicens | Comentario Internacional]

El 28 de abril los canadienses le dijeron NO al presidente estadounidense Donald J. Trump. Con la elección del gobierno Liberal de Mark Carney, los electores canadienses rechazaron las amenazas del presidente estadounidense Donald J. Trump de anexar Canadá cómo 51 Estado y condenaron la iniquidad de su guerra arancelaria…

 

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León XIV, su gran desafío: la desoccidentalización y despatriarcalización de la Iglesia

[Por: Leonardo Boff]

Confieso que me sorprendió el nombramiento del cardenal norteamericano-peruano Prevost al supremo pontificado de la Iglesia. Se debió a mi ignorancia. Después, al informarme mejor, viendo youtubes y charlas suyas en medio del pueblo, de pie en plena inundación de una ciudad peruana, y su especial cuidado por los indígenas (la mayoría de los peruanos) me di cuenta de que él puede ser realmente garantía de la continuidad del legado del Papa Francisco. No tendrá su carisma, pero será él mismo, más contenido y tímido, pero muy coherente con sus posiciones sociales, incluidas las críticas al presidente Trump y a su vice. No sin razón el Papa Francisco lo llamó de su diócesis de pobres en Perú para una función importante en la administración del Vaticano. León XIV vivió gran parte de su vida fuera de Estados Unidos, durante muchos años como misionero y después como obispo en Perú, donde ciertamente adquirió gran experiencia de otra cultura y de la situación social pobre de la mayoría de la población. Explícitamente confesó que se identificó con aquel pueblo hasta el punto de naturalizarse peruano.

 

Su primera alocución al público fue en contra de mis expectativas iniciales. Fue un discurso piadoso y hecho para la Iglesia de puertas adentro. Nunca apareció la palabra pobre, y menos aún liberación, las amenazas a la vida ni el clamor ecológico. El tema fuerte fue la paz especialmente “desarmada y desarmante”, suave crítica a lo que está ocurriendo hoy día de forma dramática, como la guerra en Ucrania y el genocidio, a cielo abierto, de miles y miles de niños y de civiles en la Franja de Gaza. Parecería que todo eso no estuviera en la conciencia del nuevo Papa. Pero estimo que todo esto volverá en breve, pues tales tragedias fueron tan fuertes en los discursos del Papa Francisco, su gran amigo, que aún deben resonar en los oídos del  nuevo Papa.

 

El Papa Francisco como jesuita tenía un raro sentido de la política y del ejercicio del poder, por el famoso “discernimiento de espíritu”, categoría central de la espiritualidad ignaciana. Supongo que él vio en el cardenal Prevost un posible sucesor suyo. No pertenecía a la vieja y ya decadente cristiandad europea, venía del Gran Sur, con la  experiencia pastoral y teológica madurada en la periferia de la Iglesia, en este caso de Perú, donde con Gustavo Gutiérrez nació y se desarrolló la teología de la liberación.

 

Seguramente con su manera suave y su carácter dispuesto a escuchar y a dialogar, llevará adelante los desafíos asumidos y las innovaciones afrontadas por el Papa Francisco, que no es momento de enumerar.

 

Pero tendrá otros desafios, desde mi punto de vista nunca tomados en serio por  los papas anteriores: como desoccidentalizar y despatriarcalizar a la Iglesia Católica ante la nueva fase de la humanidad. Esta se caracteriza por la planetización de la humanidad (no sólo en sentido económico, ahora perturbada por Trump), que de hecho está produciéndose a pasos cada vez más rápidos en términos políticos, sociales, tecnológicos, filosóficos y espirituales. En este proceso acelerado, la Iglesia Católica en su institucionalidad y en la forma como se estructuró jerárquicamente, aparece como una creación de Occidente. Esto es innegable. Detrás de todo está el clásico derecho romano, el poder de los emperadores con sus símbolos, ritos y forma de ejercicio del poder centralizado en una autoridad máxima, el Papa, “con poder ordinario, máximo, pleno, inmediato y universal” (canon 331), atributos que, a decir verdad, solo corresponderían a Dios. Y hay que añadir todavía su infalibilidad en asuntos de fe y moral. Más lejos no se podría llegar. El Papa Francisco conscientemente se alejó de este paradigma y empezó a inaugurar otro modelo de Iglesia, sencilla y pobre, y en salida hacia el mundo.

 

Eso no tiene nada que ver con el Jesús histórico, pobre, predicador de un sueño absoluto, el Reino de Dios, y severo crítico de todo poder. Pero fue lo que ocurrió: con la erosión del imperio romano, los cristianos, hechos Iglesia, con alto sentido de moralidad, asumieron la reordenación del imperio romano que atravesó siglos. Pero esto es creación de la cultura occidental. El mensaje originario de Jesús, su evangelio, no se agota ni se identifica con ese tipo de encarnación, pues el mensaje de Jesús es de apertura total a Dios como Abba (papá), ilimitada misericordia, amor incondicional hasta a los enemigos, compasión de los caídos en los caminos de la vida y la vida como servicio a los demás. El Papa actual León XIV no será inmune a este desafío. Queremos ver y apoyar su valor y fortaleza para enfrentar a los tradicionalistas y dar pasos en la dirección mencionada.

 

Un gran, inmenso desafío para cualquier Papa es relativizar esa forma de organizar el cristianismo para que pueda adquirir nuevos rostros en las distintas culturas humanas. El Papa Francisco dio largos pasos en esta dirección. El actual nuevo Papa dio a entender este diálogo en sus primeras palabras. Mientras no se camine firmemente en esta  desoccidentalización, para muchos países el cristianismo será siempre cosa de Occidente. Fue cómplice de la colonización de África, de las Américas y de Asia y así es todavía visto por los estudiosos de los países que fueron colonizados.

 

Otro desafío no menor consiste en la despatriarcalización de la Iglesia. Lo he mencionado antes. En la dirección de la Iglesia sólo existen hombres y estos célibes y ordenados en el sacramento del Orden (sacerdote a Papa). El factor patriarcal es visible en la negación a las mujeres del sacramento del Orden. Ellas componen, de lejos, la mayoría de los fieles y son las madres y las hermanas de la otra mitad, de los hombres de la Iglesia y de la humanidad. Esa exclusión machista hiere el cuerpo eclesial y pone en jaque la universalidad de la Iglesia. Mientras no se abra la posibilidad a las mujeres, como ha ocurrido en casi todas las iglesias, de acceder al sacerdocio, la Iglesia muestra su arraigado patriarcalismo y su marca de un Occidente cada vez más un Accidente en la historia universal.

 

Junto a eso el mantenimiento obligatorio del celibato (hecho ley) hace que el carácter patriarcal todavía se radicalice más y favorezca el antifeminismo que se nota en algunos estratos de la jerarquía eclesiástica. Como es solo una ley humana e histórica, y no divina, nada obsta a que sea abolida y se permita el celibato opcional y hombres casados ordenados sacerdotes.

 

Estos y muchos otros desafíos deberá afrontar el nuevo Papa, pues crece cada vez más en la conciencia de los fieles el sentido evangélico de participación (la sinodalidad) y de igualdad en dignidad y derechos  de todos los seres humanos, hombres y mujeres. ¿Por qué en la Iglesia Católica debería ser diferente?

 

Estas reflexiones pretenden ser un desafío permanente que debe ser enfrentado por quien ha sido escogido para el más alto servicio de animación de la fe y de dirección de los caminos de la comunidad cristiana, como es la figura del Papa. Llegará el tiempo en que la fuerza de estos cambios se hará tan exigente que ocurrirán. Entonces será una nueva primavera de la Iglesia que se volverá tanto más universal cuanto más cuestiones universales asuma y contribuya a dar respuestas humanizadoras.

 

*Leonardo Boff es teólogo y ha escrito: Eclesiogénesis: la reinvención de la Iglesia, Record 2008.

Traducción de MªJosé Gavito Milano.