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Nueva publicación de Amerindia: “Te he amado”. Reflexiones teológicas latinoamericanas sobre la exhortación Dilexi te del papa León XIV

[Por: Alejandro Ortiz]

Terminada el 4 de octubre del 2025 y presentada el 9 del mismo mes, el papa León XIV presentó su primera exhortación apostólica titulada Dilexi te. Su origen, que él mismo nos explica, nos ayuda comprender su finalidad:

 

“…en continuidad con la encíclica Dilexit nos, el papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada Dilexi te, imaginando que Cristo se dirigiera a cada uno de ellos diciendo: no tienes poder ni fuerza, pero ‘yo te he amado’ (Ap 3,9). Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío —añadiendo algunas reflexiones— y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres” (DT 3).

 

De entre las muchas cosas que hay que analizar de este punto, hay dos que consideramos relevantes. La primera es que esta primera exhortación fue idea del papa Francisco, “la estaba preparando” anota León XIV. Y la segunda, y tal vez, más importante fue que este proyecto inconcluso lo ve como una herencia y nos comparte que, con alegría, lo hace suyo. De esta manera el papa León XIV nos señala muy claramente que su pontificado dará continuidad —con su propio sello— a la línea de Francisco.

 

Continuando en este tono de sinceridad, nos comparte una confesión: “… de hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el ‘llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse’ [Gaudete et exsultate 96]” (DT 3). Y tal vez, en este punto encontramos lo que motiva al Papa a pensar en los pobres: solo se llega a conocer lo más profundo de Cristo (sentimientos y opciones) en los pobres y sufrientes del hoy.

 

Así, los “pobres y sufrientes” que fueron centrales para Jesús, deberán serlo también para sus seguidores y seguidoras. Para demostrar este camino de seguimiento fiel a Jesús, hace un recorrido histórico de aquellos y aquellas que han puesto en el centro de su cristianismo a los empobrecidos. Y en esa tradición y camino eclesial, las teologías latinoamericanas han tenido un lugar predominante. Ciertamente, en la teología de la liberación ese ha sido su ADN: poner en el centro de su reflexión al pueblo crucificado, en palabras de Ignacio Ellacuría.

 

Quedó claro desde un principio —y no sin conflicto— que la pre-ocupación (indignación y praxis queremos decir) primera es la vida del pobre, y siempre en segundo lugar, la reflexión teológica que la acompaña o nace de ella. Por ello, Gustavo Gutiérrez decía que la teología de la liberación no se limita a pensar el mundo, sino que es parte de un proceso de liberación donde el mundo es transformado y eso es el Reino de Dios.[1] Siendo los pobres, no solo los protagonistas de este proceso de liberación, sino el “lugar vital”[2] para realizarla, de este modo, quedará claro que “lo primero es el compromiso de caridad… La teología viene después, es acto segundo”[3]. Es una teología que pone la reflexión al servicio del amor al pobre, es una intellectus amoris o como prefiere Jon Sobrino una intellectus misericordiae, ya que la misericordia no solo es la primera acción frente al mundo sufriente sino también la fuerza que organiza una praxis que busca enfrentarlo y erradicarlo.

 

Desde esta importante, continua y profunda tradición teológica liberadora se les pidió a varios teólogos y teólogas latinoamericanas que nos compartieran sus reflexiones en torno a la Dilexi te. Se les invitaba que pudieran escribir su sentirpensar cuando estuvieran leyendo esta obra. Aunque en muchos textos hay elementos que ayudan a analizar la exhortación apostólica esta no era la intención primera. Más bien se les pedía que, desde su experiencia teológica liberadora, al lado de los pobres y sufrientes, pudieran escribir algunas reflexiones que iban sintiendo y pensando cuando estaban leyendo la exhortación apostólica. Explicábamos en la invitación que sabíamos que el tema de los pobres no era para nuestras vidas un tema más, sino una dimensión propia de nuestras vidas, un factor que ha estructurado nuestras opciones más importantes en las distintas áreas de nuestras vidas. Así, les solicitábamos que desde su propia historia personal y por ende desde su propia manera de vivir el “amor a los pobres” escribieran su aporte.

 

Las y los lectores tienen en sus manos una obra que su “contexto vital” es la propia “opción de vida” por acompañar a los “pobres y sufrientes” en sus procesos de liberación de los autores y autoras y que en conjunto ha conformado un caminar latinoamericano lleno de esperanza y vida, pero también de persecución y resistencia. Y eso en conjunto es el cristianismo mismo histórico.

 

Son once textos, de cuatro mujeres teólogas y de siete teólogos, que aceptaron la invitación y desde su experiencia en el acompañamiento a “pobres y sufrientes” en nuestro continente dialogaron con el texto. Son artículos de diversa extensión, y con diferentes ángulos para dialogar, sin quitar con ello, rigurosidad y profundidad en sus reflexiones. Invitamos a una lectura con tiempo y sin prisas para que puedan disfrutar cada aporte. Seguramente después de leer esta obra podrán leer de un modo más profundo la exhortación apostólica Dilexi te.

 

[Tomado de la presentación del libro elaborada por Alejandro Ortiz]

 

Bajo la coordinación editorial de Alejandro Ortiz y Rosario Hermano, el libro ha contado con la dirección editorial de Pilar Torres Silva y consta de 206 páginas.

 

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[1] Gutiérrez, G. (1972). Teología de la Liberación. Perspectivas. Sígueme. pp. 40-41. La cita completa es: “una teología que no se limita a pensar el mundo, sino que busca situarse como un momento del proceso a través del cual el mundo es transformado: abriéndose –en la protesta ante la dignidad humana pisoteada, en la lucha contra el despojo de la inmensa mayoría de los hombres, en el amor que libera, en la construcción de una nueva sociedad, justa y fraternal– al don del reino de Dios”.

[2] Sobrino menciona que para la teología de la liberación los pobres no solo son el sitz im leben sino también debe de recuperar el sitz im Tode, el lugar de la muerte, para su proceso de liberación.

[3] Cr. Gutiérrez, G. (1972). Teología de la Liberación. Perspectivas. Sígueme. p. 35.

Fiesta del corpus Christi: mordiscos del hambre, antropófagos de Dios

[Por: Julián Bedoya Cardona]

Para comer, lo primero que necesitamos es tener hambre y hacernos cargo del hambre de los demás. Es conveniente, decir que es diferente y no podemos confundir, el hambre con las ganas de comer. Porque la verdadera hambre es aquella que nunca se sacia con cualquier cosa. Las ganas de comer y la fatiga del estómago, lo disimulamos fácilmente a base de picoteo, las golosinas o de comida chatarra…

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¿Cómo traducir hoy “Reino de Dios”?

[Por: Rosa Ramos]

¿Cuántos kilómetros faltarán
para llegar al pueblo aquel?

Un día claro como un vergel
los corazones se abrirán
los pobres se repartirán
el mundo, el vino, el pan aquel…

Numa Moraes

 

“Reino de Dios”, peor aún “gloria de Dios”, son expresiones de nuestra jerga cristiana que sin duda son incomprensibles para ajenos, pero también ya hoy para propios. La IA dice “La jerga es el lenguaje particular y exclusivo que utilizan entre sí los individuos de una misma profesión, oficio o grupo social. Su vocabulario a menudo resulta incomprensible para quienes no pertenecen a ese entorno”.

 

Quizá hace unas décadas eran “normales”, creíamos entenderlas todos y las decíamos sin prurito. Nos acostumbramos desde niños a esas expresiones que los evangelistas ponen como síntesis de la novedad de Jesús en su boca: “el reino de Dios está cerca” (Mc. 1, 15), “busquen el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33), “el reino de Dios está entre ustedes” (Lc. 17, 21). Solemos decir el reino adviene o advino a nosotros en la persona de Jesús. 

 

Pero hoy el término “reino” está contaminado, no es que no lo estuviera antes, desde tiempos bíblicos, el propio Jesús advierte sobre los reyes y su dominio, y el dar un vistazo a la historia hasta siglos recientes nos muestra un panorama desolador. Sin embargo, hoy nos resulta más chocante que nunca la palabra “reino”, quizá porque hemos crecido en sensibilidad, descubierto “derechos humanos”, aunque nos cuesta mucho vivirlos.  Lo cierto es que hoy es necesario reformular, repensar, procurar una traducción a “reino de Dios”, darle un sentido que sea significativo para este tiempo.

 

Claro que no se trata de sacar esa expresión de los evangelios sinópticos, pero asumir que es preciso volver a llenarla de contenido con la persona, los signos, las palabras del propio Jesús. Volver a “caer en la cuenta” del mensaje-persona que más nos acerca a Dios.

 

Y para los “ajenos”, los que no entienden la jerga, quizá podamos acercarlos con ejemplos concretos y cercanos. El lenguaje del amor es universal y puede hacer más inteligible el reino de Dios ya presente a veces apenas atisbado en pequeñas experiencias comunitarias. En el poema canción citado aparece como soñado “el pueblo aquel” a una distancia desconocida, en kilómetros.

 

Voy a compartir lo vivido hace una semana en una actividad organizada por Amerindia. Junto con otros organizamos un “espacio de escucha” en el que participamos treinta y cinco personas. Podría decir que allí vislumbramos el sentido genuino de esa expresión de Jesús recogida por los evangelistas y que hoy nos es extraña, ambigua, por qué no negativa, en nuestro imaginario.

 

 Al inicio nos preguntamos y escuchamos responder: “En las situaciones más críticas de nuestra vida ¿qué nos ayudó a salir?”. Después tuvo lugar un panel con tres experiencias. 1. Un grupo llamado “Minga” que trabaja con adolescentes en riesgo en Las Piedras, una ciudad a 45 kilómetros de Montevideo. 2. La experiencia de un hombre joven que vivió en situación de calle y ahora vive en una casa comunitaria, proyecto de Obsur. 3. “Proyecto Caminos” llevado adelante por un grupo ecuménico con mujeres que realizan trabajo sexual. Esta experiencia fue compartida por una religiosa y por una pastora. Luego del panel volvimos a escucharnos reflexionar en grupos las “esperanzas y desafíos”, que más tarde pusimos en común haciendo circular una vela encendida.

 

Hicimos experiencia del “reino de Dios”, de ese vivir como Dios sueña que vivamos en la escucha abierta, respetuosa, acogiendo las diferentes historias, experiencias y después los ecos. Hicimos experiencia y la hicimos consciente en el final del encuentro expresándonos agradecimiento y dándonos unos a otros un gran abrazo, antes de compartir fraternalmente el almuerzo.

 

A los cristianos se nos hace sí inteligible que el reino de Dios está cerca, en medio nuestro, cuando compartimos dolores y esperanzas, temores, cansancios y empeños por construir “el pueblo aquel donde no falte el tibio pan, donde te ofrezcan pura miel, donde no te golpearán por religión o por piel”, como canta Numa Morales. Se nos hace palpable aún en situaciones penosas, en lo imperfecto de nuestras construcciones, aunque todavía falta mucho camino por hacer y por vivir.

 

Descubrimos y señalamos en el espacio de escucha que las diferentes experiencias no sólo desmienten el “no se puede hacer nada”, sino que además nos desafían a cambiar la cabeza, las expectativas y el lenguaje. “Hay esperanza, empatía, humanidad. Son muchas las experiencias de acogida y acompañamiento, son muchos los procesos de inclusión de las personas en situaciones de vulnerabilidad. Hay muchos hermanos trabajando y todos podemos aportar y descubrir potencialidades” -son algunas de las reflexiones que surgieron-.

 

“Se puede y se puede en comunidad, en redes, con otros” Nos salvamos en racimo, no se trata de que unos saben, pueden, dan, y otros pasivamente reciben; todos aprendemos, crecemos, cambiamos en estos procesos de compartir vulnerabilidades, capacidades y empoderamiento. No cabe duda de que vivimos una realidad de exclusión, de violencia, de inhumanidad que hasta se promueve, pero también hay mucho de camino, de construcción, de novedad: “Hay estrellitas que iluminan la noche”, se dijo.

 

Si cambiamos la mirada y escuchamos atentamente, descubrimos que a lo largo del tiempo siempre hubo muchas estrellitas de esperanza iluminando esos procesos de humanización. En la jornada también escuchamos la palabra serena y humilde del Padre Cacho, del que ya hemos escrito otras veces. Hace más de treinta años, en otro contexto de sufrimiento y exclusión, él veía esa luz que empezaba a surgir en el barrio: “En cierto sentido nuestro pueblo ha practicado un ateísmo sobre las personas, hemos dejado de creer en el otro, y ahora empieza a surgir ese valor, creer en el otro como valor en sí, como persona, como ser capaz de hacer resurgir la vida.”

 

El “reino de Dios” lo vimos cerca en Minga, en Proyecto Caminos, en Puertas abiertas, casa comunitaria. Podríamos traducir la expresión como “el mundo humano”; “el pueblo aquel donde todos caben”, donde todos tenemos, fragilidades y fortalezas, algo para aportar; “allí donde resurge la vida” porque creemos en las personas y todas las manos se tienden para sostener la vida tan frágil como valiosa. Entonces hasta se haría entendible y no escandalosa la expresión “gloria de Dios”, pues sería la alegría del Dios de Jesús, que no la gloria del mundo que divide y excluye a los pequeños. (Mt. 11, 25).

Muere el filósofo francés Edgar Morin a los 104 años

[Por: Leandro Sequeiros]

 

El filósofo y sociólogo francés Edgar Morin ha muerto este viernes 29 de mayo de 2026 en París a los 104 años, según ha confirmado su viuda al periódico Le Monde.

 

Considerado un humanista que transformó la sociología y la filosofía moderna, Morin es estudiado en universidades del mundo entero, con obras como El Método (‘La Méthode’, seis volúmenes, 1977-2004), un proyecto monumental que tardó casi 30 años en escribir en el que sienta las bases del pensamiento complejo conectando la física, la biología, la cibernética y la sociología.

 

Nacido en París el 8 de julio de 1921 en el seno de una familia judía sefardita de Tesalónica, pero con lejanos orígenes italianos, se afilió al Partido Comunista y estuvo enrolado en la resistencia durante la ocupación nazi en Francia… 

 

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Aprender a pensar com os pobres da Terra e oprimidos

[Por: Leonardo Boff]

Nisso se caracteriza alguém que pratica a teologia da libertação: ele tem um pé na academia, na faculdade de teologia, e outro no meio dos filhos e filhas da pobreza, nas periferias. Este tipo de teologia sustenta algo óbvio: a pobreza significa eticamente uma injustiça social e politicamente uma opressão. Contra a opressão vale a libertação. Esta é levada avante pelos próprios pobres que se conscientizam oprimidos, se organizam e começam lá nas bases com práticas que visam a superar sua situação. Isso é feito a partir da leitura comunitária da Bíblia: confrontam uma página da Bíblia com outra página de sua realidade sofrida. Daí tiram, depois de muita reza, cantoria e reflexão, os passos concretos a serem assumidos por todos. Os teólogos que se dispõem a caminhar com as comunidades mudam sua visão da sociedade e da Igreja.

 

Tudo isso é tão cristalino que me espanta o fato de que a teologia da libertação tenha sofrido e ainda sofra perseguição e difamação. Se bem repararmos este procedimento vem dos grupos que nunca vivenciaram realmente os padecimentos do mundo dos pobres e oprimidos. Isso mesmo me confessou pessoalmente o amigo Cardeal Joseph Ratzinger, aquele que, por ofício, presidiu meu julgamento nos espaços da antiga ex-Inquisição.Mas especialmente são os setores conservadores da Igreja e da sociedade que veem em todo movimento  dos pobres, algo perigoso para a ordem vigente, coisa de comunistas.Por esse argumento Jesus, acusado de subversivo, pelos religiosos da época, como atesta Lucas (cf.23,5) nunca teria  sido crucificado, mas morrido na cama  cercado de discípulos.

 

O que distingue um teólogo da libertação de outros colegas do Centro e também da Periferia é a opção pelos pobres, contra a pobreza e a favor da justiça social e da libertação. Esta diligência implica um grande aprendizado, coisa que não ocorre quando o teólogo não restringe seu ofício ao mundo acadêmico. Mas com a inserção, descobre a garra dos pobres, sua resiliência e profunda fé no Deus que escuta o grito dos oprimidos e mostra sua ternura para com os condenados da Terra. Surpreende a presença da graça de de Deus nas situações mais inusitadas  que nos obrigam a pensar para além do bem e do mal. Assim  o sugere a mensagem de Jesus, cujo Abba (Paizinho querido) ama a todos, para além das categorias  do bem e do mal e mostra misericórdia aos ingratos e maus (Lucas, 6,35).  

 

Vou narrar duas experiências vividas na periferia pobre enquanto lecionava na faculdade o Tratado de Graça, um dos mais difíceis da teologia pois encerra muitas condenações.

 

Encontrei-me com Raimundo em Canindé que logo me pediu: Frei, vim buscar água benta. Para que você quer a água benta, perguntei. Ele respondeu: é para benzer minha casa. Mas isso, eu como padre, posso fazer e vou aí com você. Não pode, frei. É até feio dizer, mas vou confessar: vivo com uma mulher sem ter casado na igreja. Tenho dois erros com ela: primeiro, porque é preta, segundo, porque a tirei da prostituição. Quero experimentar viver com ela, dar-lhe carinho e compreensão. Se ela for capaz de viver com um homem só, comigo, então vou casar na igreja. Agora estou em pecado. Por isso vim pegar água benta para benzê-la e rezar para eu sair do pecado. Se tudo der certo, o senhor, frei, fará nosso casamento. Tempos depois, fiz o casamento com muita pipoca e coca-cola.

 

Esse homem, Raimudo, amou. Seguramente nem saberia que o verdadeiro nome de Deus é amor. E quem ama, está com Deus, como diz São João em sua epístola (1 Jo 4.16) e não com o pecado.

 

Encontrei religiosas em Xapuri  no coração da floresta do Acre. Mantinham na sala um seringueiro que parecia ter lepra. Passando por uma ruela, uma das religiosas viu uma placa com os dizeres:Casa da Caridade. Foi se informar e soube que a Casa pertencia à dona Josefina. A religiosa  convidou-a para ir  até ao conventinho e ver um doente de lepra.  Logo ao entrar e olhar longamente o doente, Josefina disse: Irmãzinha, isso não é lepra, é só micose. Deixa, que vou tratá-lo na Casa da Caridade. Curiosa, a religiosa perguntou: para que serve esta Casa? Josefina respondeu: é para todos os doentes do interior da mata e para quem não tem onde dormir. Como a senhora mantém a Casa da Caridade? Josefina, um pouco constrangida, respondeu: eu tenho uma boate.Preciso me sustentar. As mulheres daqui não têm trabalho e quase todas  são  prostitutas. Precisam alimentar a família e eu  o pessoal que fica na Casa. Só pego para mim o necessário. O que sobra é para manter a Casa da Caridade. Cozinho para eles, lavo-lhes a roupa e compro os remédios. Tudo de graça. Para pagar o meu pecado. Sei que é contra a lei de Deus. Mas a lei da vida não é também aceita por Deus?

 

Ao ouvir a história fiquei abismado e pensei comigo: o amor de Josefina  é o que significa a graça que eu ensino, quer dizer, o amor concreto de Deus na situação concreta das pessoas.Lembrei-me da mulher, tida por prostituta, que beijou os pés de Jesus e os ungiu com perfume, chorava e com os cabelos enxugava as lágrimas (Lucas 7,38).Face aos que pensavam mal, Jesus disse: “onde quer que no mundo se pregar a boa-nova, será lembrado o que ela fez”(Marcos 14,9). Foi puro amor, graça divina.

 

Esses dois fatos mostram o amor de Deus que é o que chamamos de  graça: ela vem quando quer, sobre quem quer e em qualquer situação. Há flores que florescem nos pântanos. E são as mais brancas e belas. Essa flor tem um nome: Josefina da Casa da Caridade. O amor generoso se chama Raimundo, aquele da água benta.

 

Leonardo Boff escreve para a revista do ICL LIBERTA (https://www.revistaliberta.com.br);  escreveu também, Graça e  Expeiriência humana, Vozes, muitas edições,2012 (https://www.leonardoboff.org).

¡Magnífica!: “Magnifica Humanitas”

[Por: Fernando Astudillo Becerra]

Ya el papa Francisco nos invitaba en su encíclica “Laudato Si” a pensar y trabajar en la necesidad de una transformación total de nuestra civilización, en una revolución cultural, está explícitamente dicho cuando nos señala que “lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural. La ciencia y la tecnología no son neutrales…” (Laudato Si, 114)…

 

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Malintzin, no traicionó

[Por: Kajkoj Máximo Ba Tiul]

Durante muchos años,

Nos acusaron de malinchistas,

Porque nos hicieron creer,

Que Malintzin, traicionó a su pueblo,

Cuando en realidad,

Ella encarnó el dolor,

De las mujeres,

Que dan todo

Para salvar a su pueblo…

 

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Agradecer vivencias, transiciones, sorpresas

[Por: Diego Irarrazaval]

Amables lectores de mis palabras  y de oraciones. Mucho es asombroso.

 

¿ Qué  redescubrimos cada  día?  Nuevas y añoradas experiencias. Regenerar vínculos solidarios. Se trata de personas, emociones, silencios, actividades, que nos sorprenden y nos involucran al diseñar el porvenir compartido.

 

En especial lo hacemos mediante el evangelio de Jesucristo. Anhelamos acabar con maldades y tener paz con justicia.

 

Rebrota el rezar y el compartir esperanza, a fin de contribuir al bienestar común.  Al invocar al Dios-Amor, todo es regenerado, con esfuerzos de cada sector humano.  Motivados por Francisco de Asís, alabamos la gloria divina en la creación.  viento,  flores, madre tierra, clamando a  nuestro Amigo-SEÑOR.

 

Con quienes lo desean, invoquemos al exigente y buen ESPIRITU de JEESUCRISTO, que ofrece bienestar a la humanidad y al acontecer mundial…

 

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Israel: la generación envenenada

[Por: Hermann Bellinghausen | La Jornada]

La aberración histórica de Israel, evidenciada en los pasados dos años a escala global, lleva décadas en construcción y perfeccionamiento. Revela que, además del Estado criminal y sus atroces fuerzas armadas (FDI: “el ejército más moral del mundo”, se ha atrevido a decir Netanyahu), no sólo administran el destino de una religión y una identidad nacional sobre diseño, sino que mantienen controlada a su población (ese “pueblo de Dios” que se construyó con el exilio centroeuropeo a la tierra de Palestina) en una condición hipnótica que ya quisiera Corea del Norte…

 

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Libro digital: Cristianismo de las Universidades Católicas

[Por: Jorge Costadoat]

Hay libros que se escriben con la urgencia de un tiempo y otros que maduran lentamente, en el surco de una vida entera dedicada a pensar y enseñar. Este dossier pertenece a esa segunda categoría. Los textos que aquí se reúnen no son ejercicios ocasionales ni intervenciones pasajeras en debates universitarios: son el fruto prolongado de una reflexión teológica que, durante décadas, ha buscado discernir el sentido profundo de las universidades católicas en el horizonte cambiante de la modernidad y de la fe.

 

Jorge Costadoat S.J. ha sido, en este sentido, una de las voces más lúcidas y fieles al espíritu del Concilio Vaticano II en el ámbito universitario chileno y latinoamericano. Su pensamiento, a la vez crítico y eclesial, se ha caracterizado por una fidelidad creativa a la Tradición. En cada ensayo, conferencia o columna, emerge la convicción de que la teología –cuando es verdaderamente universitaria– no repite  fórmulas heredadas, sino que acompaña, interroga y transforma la realidad histórica a la luz del Evangelio. En estas páginas, el autor hace lo que siempre ha hecho en sus clases y escritos: pensar la Iglesia y la universidad desde dentro de la historia, con la seriedad de quien sabe que la fe no se defiende, sino que se hace creíble en el diálogo con la razón, la cultura y el sufrimiento del mundo.

 

En su núcleo, este libro es una meditación sobre la catolicidad entendida no como etiqueta institucional, sino como apertura a la totalidad de lo real. La palabra “católica”, recuerda Costadoat, significa precisamente eso: universal. Y esta universalidad no se agota en el campo del conocimiento, sino que abarca también la comunión de los hombres y mujeres llamados a pensar juntos la verdad. En consecuencia, una universidad católica solo lo es cuando busca la verdad con otros, cuando hace del diálogo su forma de fe. Por eso el autor insiste en que la catolicidad de una universidad no depende de la piedad de sus miembros, sino de su capacidad para integrar razón y fe, ciencia y sabiduría, libertad y compromiso social.

 

Este punto de partida se despliega en múltiples direcciones. A lo largo del dossier, el lector encontrará un itinerario que va desde la crítica de las patologías de la confesionalidad universitaria –la exclusión, la simulación, la instrumentalización de la fe– hasta la propuesta de un nuevo paradigma teológico y científico que responda al signo más decisivo de nuestra época: la crisis ecológica y civilizatoria del Antropoceno. El pensamiento de Costadoat no se detiene en los problemas de la Iglesia; se abre, más bien, a los grandes desafíos de la humanidad, desde la injusticia social hasta el colapso ambiental. En su mirada, el misterio cristiano no se reduce a un discurso religioso, sino que se convierte en una fuente de conocimiento transformador. La cruz –locura para los sabios del mundo– aparece aquí como principio epistemológico: el lugar donde la verdad se revela en la vulnerabilidad y donde la sabiduría nace del sufrimiento compartido.

 

En este sentido, la teología que propone es inseparable de la universidad como institución. Si la teología es intellectus fidei, la universidad es su espacio natural: el lugar donde la razón humana se abre a su dimensión trascendente y donde la fe se vuelve crítica, dialogal, histórica. La universidad no es un adorno de la Iglesia, sino una de sus formas de existencia. En ella, la fe piensa; y al pensar, se purifica, se humaniza, se hace verdad en el mundo. De ahí la insistencia del autor en que la teología universitaria debe ser, al mismo tiempo, científica y pastoral, rigurosa y comprometida, intelectual y contemplativa.

 

Estas páginas también permiten recorrer el itinerario de una generación de jesuitas y teólogos latinoamericanos que, inspirados por Medellín y Puebla, comprendieron que la articulación entre fe y justicia era la tarea esencial del pensamiento cristiano.

 

La universidad católica, en este horizonte, no se define por su fidelidad doctrinal, sino por su opción epistemológica por los pobres. No hay auténtica teología universitaria –afirma Costadoat– si no se deja interpelar por la sabiduría de los que luchan por la vida. En su prosa, esta idea adquiere la forma de una teología que escucha, que aprende de los márgenes, que reconoce en la experiencia espiritual del pueblo creyente un lugar teológico.

 

Pero el autor advierte que hoy esa tarea exige una conversión intelectual más radical. Con Laudato si’, la teología se ve llamada a integrar una nueva dimensión del saber: la conciencia planetaria. El cuidado de la Casa común –como subraya el Papa Francisco– no es un tema ambiental entre otros, sino una forma de entender la totalidad de la realidad como relación, comunión y responsabilidad. “Todo está conectado” (LS, 91): esta afirmación condensa una visión teológica y epistemológica que reclama a las universidades un cambio de paradigma. A partir de Laudato si’ y de Laudate Deum, Costadoat percibe que el logos cristiano debe abrirse al clamor de la Tierra y de los pobres, y que la investigación universitaria –como señala Veritatis gaudium– ha de orientarse a “una audaz revolución cultural” (VG, 3). En esta línea, su lectura dialoga con pensadores como Leonardo Boff, Teilhard de Chardin o Bruno Latour, en cuanto todos reconocen que la inteligencia humana no puede seguir concibiéndose fuera del entramado viviente del planeta. La teología, al asumir este horizonte, recobra su aliento cósmico: el Cristo crucificado y resucitado, de quien Pablo dice que “reconcilió consigo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra” (Col 1,20), se revela como el centro de una creación que gime y espera su plenitud.

 

Este prólogo no pretende resumir un pensamiento, sino invitar a leerlo. En tiempos de polarización cultural, de instrumentalización política de la fe y de crisis de sentido en la educación superior, la voz de Jorge Costadoat devuelve a la teología su dignidad universitaria. Lo hace recordándonos que la fe cristiana no teme al pensamiento, porque ella misma es pensamiento en acto que el Evangelio no se defiende con muros, sino que se encarna en el diálogo; y que la universidad, cuando es fiel a su vocación, se convierte en uno de los lugares privilegiados donde la Palabra se hace historia.

 

Quien lea este dossier encontrará mucho más que un conjunto de textos: encontrará el mapa espiritual de un teólogo que ha buscado, con humildad y coraje, articular la inteligencia y la fe, la universidad y el Reino de Dios, la cruz y la razón. Y descubrirá, quizás, que la pregunta por las universidades católicas es, en el fondo, la misma pregunta que atraviesa toda la teología: ¿cómo puede el conocimiento humano volverse palabra de salvación?

 

Cristián del Campo S.J.,

Rector de la Universidad Alberto Hurtado

 

[Tomado del Prólogo]

 

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