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Mensaje del IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña: «Nadie quede afuera de la fiesta y del encuentro»

(Por: Micaela Díaz)

 

Bajo el lema “Horizontes de liberación, tejiendo esperanzas desde abajo”, más de 200 personas provenientes de distintos países de América Latina y el Caribe, Europa, Estados Unidos y Canadá se reunieron en Lima, Perú, para participar del IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, organizado por Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

 

El encuentro se realizó a un año de la muerte del maestro Gustavo Gutiérrez, “Tomacito de América Latina, suma criolla de la liberación”, como lo definió Pedro Casaldáliga. Inspirados por su legado, las y los participantes compartieron sus reflexiones, sueños y compromisos en torno a los desafíos actuales de la Iglesia y la sociedad.

 

“Como hilos de muchos colores que embellecen una trama común, compartimos la riqueza de los diversos saberes, culturas y lenguajes. Hicimos presente la realidad geopolítica, ambiental, social y eclesial actual, atentos al clamor de los pobres y de la tierra”, expresa el mensaje final del Congreso.

 

Que el Espíritu nos mantenga en los pasos de Jesús

 

Durante las jornadas, se recorrió el movimiento de Jesús, la tradición teológica de América Latina y el Caribe y los procesos de liberación que los pueblos siguen gestando “comunitariamente y desde abajo, como expresión de una sociedad alternativa, donde sea posible la vida”.

 

En un contexto en el que se vive “un capitalismo de guerra, genocidios, colapso socioambiental, crimen organizado, crecimiento de extrema derechas y fundamentalismos religiosos”, las y los participantes ratificaron su compromiso con el Evangelio y las luchas de los pueblos: “Reafirmamos nuestra fidelidad a Jesús de Nazareth y su Evangelio, participamos de procesos eclesiales sinodales involucrados con las prácticas de liberación de nuestros pueblos”, señala el texto.

 

El mensaje retoma también una cita del Papa León XIV en referencia al discurso del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, recalcando la urgencia de “un compromiso colectivo y solidario para revertir la tendencia deshumanizadora de las injusticias sociales y promover el desarrollo humano integral”.

 

“Que el Espíritu nos mantenga en los pasos de Jesús, junto con los profetas y mártires de nuestra América, comprometidos en el cuidado de nuestra Casa Común, anudando las resistencias y esperanzas de nuestros pueblos y comunidades para posibilitar un mundo más humano y fraterno donde nadie quede afuera de la fiesta y del encuentro”, expresan los participantes al concluir su mensaje, dejando ver su deseo de esperanza compartida.



 

El IV Congreso Continental de Teología envía mensaje al Papa León XIV: “La paz sea posible”

(Por: Micaela Díaz)

Más de 200 participantes de América Latina y el Caribe, Europa, Estados Unidos y Canadá se reunieron en Lima en el IV Congreso Continental de Teología, bajo el lema “Horizontes de liberación, tejiendo esperanzas desde abajo”. El encuentro, organizado por Amerindia, Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Se realizó a un año del fallecimiento del maestro Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la Liberación.

 

En una carta dirigida al Papa León XIV, los teólogos y teólogas expresaron su gratitud por la Exhortación Apostólica Dilexit te y por el discurso en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, resaltando la sintonía de estos mensajes con los clamores y luchas de los pueblos.

 

“Querido León XIV, hermano en la fe, obispo de Roma: queremos agradecerte de corazón la Exhortación Apostólica Dilexit te y el discurso en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares”, expresan en su mensaje.

 

Lucha por la justicia y el cuidado de la Casa Común

 

El texto remarca la urgencia de mantener viva la opción preferencial por los pobres en un contexto sonde se enfrenta “el capitalismo de guerra, genocidios, colapso socioambiental, crimen organizado, crecimiento de las extremas derechas y fundamentalismos religiosos”. Frente a este escenario, los participantes manifestaron su compromiso decidido y radical con la justicia y el cuidado de la Casa Común, manifestando que la Teología de la Liberación “un momento del proceso por medio del cual el mundo es transformado abriéndose al don del Reino”.

 

Los participantes manifestaron su comunión con una Iglesia sinodal, al servicio de un mundo más humano, justo y fraterno, donde “la paz sea posible”.

 

“Que el Espíritu te bendiga y conduzca tu ministerio como un servicio a la unidad, la paz y la justicia”, concluye la carta, expresión de un caminar esperanzado y comprometido desde los pueblos y comunidades de base del continente.

Tejiendo esperanzas desde abajo: miradas y desafíos desde el Congreso Continental de Teología

(Por: Micaela Díaz)

Participantes del IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña compartieron sus reflexiones sobre los desafíos y horizontes de la teología y lo que se va tejiendo durante el encuentro, que lleva por lema: “Horizontes de liberación. Tejiendo esperanzas desde abajo”.

 

Esperanza desde abajo

 

Geraldina Céspedes, de República Dominicana, expresó con entusiasmo: “Nuestro cuarto Congreso Continental de Teología ha arrancado con mucho ánimo, con mucha fuerza y en una atmósfera de esperanza desde abajo”. Resaltó que el encuentro quiere “responder a los gritos de los más pobres y de la Madre Tierra”, en un clima fraterno y sororal que impulsa la búsqueda de caminos para la Iglesia latinoamericana.

https://youtu.be/fWSOE7mbwvU

 

Desafíos globales y mirada desde abajo

 

Desde Chile, Óscar Torres habló sobre la importancia de profundizar en los grandes desafíos del presente: “Las exposiciones apuntan al dilema central de la gran incertidumbre global en que estamos sometidos y los grandes peligros de la guerra y la destrucción del planeta”. Añadió que, aunque el trabajo “desde abajo” es esencial, también “puede ser nuestro techo si no logramos ampliar la mirada hacia las estructuras del poder mundial”.

https://youtu.be/A0XZB8wGPIo

 

Juventud y luchas de los pueblos

 

Por su parte, Rosalina Nájera, de Guatemala, compartió la emoción de participar en este proceso que le permite “tener una visión general de nuestras luchas a nivel latinoamericano”. Señaló que este espacio le ayuda a “comprender la realidad de los pueblos y las luchas” y a reencontrarse con “un Jesús que se entrega, que está con los pobres y los humildes”.

https://youtu.be/YErUgg7NXwk

 

Pequeñas historias que tejen esperanza

 

Carmen Balguerías, misionera en la Amazonía peruana, destacó el valor de la experiencia vivida: “Estoy muy ilusionada por presenciar toda la trayectoria de la teología latinoamericana y el legado del que estoy siendo testigo”. Para ella, el Congreso es una oportunidad de “enriquecerse y aplicar ese legado en la actualidad”, aprendiendo de las pequeñas historias que “van tejiendo esperanza desde los territorios”.

https://youtu.be/iaIDSm6Yeak

 

Teólogos latinoamericanos invitan a redescubrir a Jesús y hacer teología desde la realidad

(Por: Micaela Díaz)

 

 

 

Durante el segundo panel del IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, tres reconocidos teólogos latinoamericanos: Eduardo Arens, Luiz Carlos Susin y Francisco Aquino Júnior, compartieron reflexiones sobre los caminos actuales de la teología en América Latina y el Caribe. Las ponencias, se centraron en el Movimiento de Jesús desde el Evangelio, la Tradición teológica latinoamericana y el Método teológico. Coincidiendo en un mismo llamado: volver a la fuente viva de Jesús de Nazaret y hacer teología desde la realidad y las luchas de los pueblos.

 

 

Eduardo Arens: “Volver a Jesús de Nazaret, el gran ausente”

 

 

El teólogo peruano Eduardo Arens inició su exposición señalando que el mundo posmoderno vive una crisis de sentido, marcada por el individualismo, el consumismo y la desconfianza. Frente a ello, propuso mirar al Evangelio como alternativa: “Jesús encarnaba una humanidad que vivió en su sencillez, despojada de todo ropaje que impide ser transparente, auténtico y acogedor”.

 

Arens hizo hincapié en que la figura de Jesús ha sido muchas veces “mitificada y divinizada”, lo que ha llevado a perder su humanidad. “Jesús, el hijo de María, el Galileo, vivió y resucitó y sigue viviendo en lo que representaba y encarnaba: una vida nueva”, expresó. El biblista insistió en que el Jesús histórico debe volver a ser el referente de la fe cristiana: “Tomar como referente a Jesús supone conocer bien a este Jesús de Nazaret… me temo que este Jesús, el que se encarnó en el mundo, no lo tomamos en serio porque incomoda”.

 

Para Arens, el mensaje de Jesús sigue siendo revolucionario por su amor incondicional y su opción por la fraternidad: “Jesús puso en primer plano a las personas, no a la religión ni al culto. El amor que predica es gratuito, incondicional y sin esperar nada a cambio”. El teólogo concluyó con una exhortación a recuperar la sencillez y la humanidad de Jesús como modelo para el mundo actual: “Si no volvemos a nuestra fuente, la Iglesia está condenada a quedarse en los archivos o en los museos como piezas arqueológicas. Jesús es el gran ausente que debemos redescubrir”.

 

 

Luiz Susin: “El cristocentrismo es lo más original de nuestra teología”

 

 

En su ponencia sobre la Tradición teológica latinoamericana, el brasileño Luiz Carlos Susin señaló que el rasgo más original de la teología en el continente es su cristocentrismo, centrado en el Jesús de Nazaret. “Nuestro modo de practicar la fe es el seguimiento del maestro Jesús, su principal título, el primer título que aparece en el Evangelio”, afirmó.

 

 

Susin explicó que este seguimiento tiene implicaciones históricas y humanas: “Jesús nos enseña a dar atención a los signos de los tiempos, y esos signos son también signos ecológicos, signos de los espacios, de los territorios, de los lugares”.

 

 

El teólogo franciscano hizo un llamado a volver a “los espacios donde es posible la vida”: “No es en el espacio del grande universo ni en el espacio virtual digital, sino en el espacio de la casa, de la comunidad, donde el cuerpo pueda caber”.

 

 

Invitó a mantener viva la esperanza en medio de los desafíos actuales: “En tiempos muy desafiadores hay que confiar en el Espíritu y en el Cristo resucitado que nos invita también a la esperanza. El principio liberación y el principio misericordia se unen al principio esperanza; esos tres son hermanos gemelos y hay que tenerlos siempre presentes”.

 

 

Francisco Aquino Júnior: “La teología latinoamericana se hace desde abajo”

 

 

El también teólogo brasileño Francisco Aquino Júnior abordó el tema del Método teológico, centrando su reflexión en las características fundamentales de la teología latinoamericana. “Desde el principio se ha subrayado que la teología de la liberación no trata solo de doctrinas o textos, sino de explicitar lo teologal de la realidad”, explicó.

 

 

Aquino Júnior resaltó tres rasgos esenciales de esta corriente: su enfoque en lo teológico de la realidad, su carácter práctico y su lugar social. “Más que preocuparse por textos o conceptos, la teología de la liberación se ocupa de la realización histórica de la salvación”, dijo. Asimismo, compartió que esta es una “teología de la praxis”, que busca “colaborar en la realización histórica del reinado de Dios en el mundo”. Remarcó también que “la salvación y el reinado de Dios se van manifestando desde abajo, como se hizo en la praxis de Jesús”.

 

 

El teólogo recordó que el lugar de la teología no es neutro ni abstracto, sino situado: “Dios actúa en el mundo desde abajo; quiere salvar a todos, pero lo hace desde los últimos de este mundo”. Concluyó señalando que la teología latinoamericana conserva su identidad al mantenerse fiel a esa opción: “Todas las teologías de la liberación se enfrentan con la realidad, son teologías de la praxis y se hacen desde y al servicio de los pobres. Esa es su especificidad y su fuerza”.

 

 

 

 

La Cosecha de la primera jornada del IV Congreso Continental de Teología: tejer historias, resistencias y esperanza

(Por: Micaela Díaz)

Durante el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, se celebró la Cosecha del día, guiado por el equipo de Bendita Mezcla, se transformó en un momento simbólico y comunitario, donde la metáfora del tejido se hizo acción, memoria y esperanza compartida.

 

“¿Cuántas veces hemos hecho talleres con metáforas sobre el tejido y no tejíamos realmente?”, se preguntó Francisco Bosch, facilitador del encuentro, invitando a unir símbolo y materialidad, pensamiento y gesto. Así comenzó un ejercicio de espiritualidad encarnada que recuperó la imagen del tejer como signo de comunión, resistencia y narración.

 

Durante la dinámica, las y los participantes contemplaron imágenes de tejidos, símbolo que evocaba historias bordadas por mujeres arpilleras de Chile y comunidades repatriadas de El Salvador. En esos tejidos se entrelazaban relatos de luchas, resistencias y esperanzas, incluyendo los bordados de las madres buscadoras de México que, con hilo y aguja, plasman la ausencia de sus seres queridos desaparecidos.

 

Entre las historias compartidas sobre salió la de Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, desaparecido a los 16 años en el Estado de México en 2015. Su madre, Verónica, ha transformado el dolor en oración y gesto de reconciliación: “Diego es paz, Diego es libre, Diego es hijo de Dios… Adrián también es hijo de Dios”, dijo refiriéndose al joven que lo secuestró. De esta manera el tejido se volvió posibilidad de perdón y humanidad.

 

El momento recordó también la sabiduría andina del tejer que, además de crear, comunica con el origen. “Tejer en los Andes no es solo tejer —se explicó—, es sostener un diálogo con el cosmos y atrapar la información del universo en un manto que protege de la amenaza del olvido”.

 

Desde esta inspiración, los grupos del Congreso compartieron sus nudos y hilos temáticos: En la dimensión eclesial, se denunciaron el abuso de poder y la pérdida de alegría en la vida eclesial. En la dimensión digital, se advirtió sobre la manipulación informativa y la brecha generacional.

 

En la dimensión cultural, se recordó la masacre de 2022–2023 en Perú y la persistente discriminación racial y de clase. En la dimensión política, se señaló la corrupción y la estigmatización de las víctimas. En la dimensión nueva, se mencionaron la ausencia de jóvenes, la crisis de los vínculos comunitarios y la urgencia de una ética del cuidado.

 

Cada grupo fue invitado a tejer un hilo en un gran manto simbólico que será entregado al final del Congreso, como homenaje al maestro Gustavo Gutiérrez, inspirador de esta tradición teológica que sigue urdiendo liberación desde los pueblos.

 

“El oficio de hacer teología en América Latina es artesanal”, se recordó al cierre. “No puede dejar de lado el rostro de Cristo presente en las personas concretas, en los ríos, en las montañas, en las comunidades”.

 

El encuentro concluyó entre cantos y gestos de gratitud, reiterando que tejer la vida es una tarea teológica, política y espiritual. Una invitación a no olvidar, a seguir hilando esperanza en medio del dolor, y a inaugurar —como decía el canto final— talleres donde viva lo diverso, refugios de la esperanza, lugares de nacimiento donde nadie quede fuera de la fiesta y del encuentro.

 

 

 

 

En el IV Congreso Continental de Teología, un rito maya conectó a los participantes con la espiritualidad ancestral

(Por: Micaela Díaz)

En el segundo día del IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, los más de 200 participantes vivieron un momento de conexión espiritual a través de un rito maya, guiado por la invocación: “Dios que habita en el agua, en el viento, en la montaña, en el ser humano, en el pájaro y en las estrellas”.

 

El rito inició con la indicación de ponerse de pie y orientarse según los puntos cardinales, cada uno representado por un color y un significado específico. “El oriente se expresa desde el color rojo. Es la salida del sol, la energía de nuestro Dios quien da la vida. Es el deseo de vivir bien con la dignidad de una criatura de la madre Tierra”, explicó el guía del rito.

 

El occidente, representado con el color negro, simbolizó el descanso y la reflexión sobre las luchas históricas por la justicia y la defensa de los bienes naturales. “Pedimos al gran Ahau que nos ilumine para poder escoger siempre el bien, la justicia, la fraternidad y la sororidad”, afirmó durante la reverencia.

 

El norte se manifestó con el color blanco, recordando la presencia de los antepasados y sus enseñanzas. Los participantes se sintieron acompañados por figuras como Gustavo Gutiérrez, monseñor Ángel Angelelli, Pedro Casaldáliga, Chico Méndez, Berta Cáceres y Dorothy Stang, entre otros, así como por los mártires del Quiché y las víctimas de conflictos globales. “No estamos solos. Sus deseos, sus sueños, sus luchas se deben cumplir también en nosotros”, resaltó la guía.

 

El sur, representado por el color amarillo, simbolizó la fertilidad de la cosecha y la continuidad de la naturaleza y los sueños humanos. El centro se expresó con los colores azul y verde, evocando el cielo, la Pachamama y la persona completa en relación con su creador. “El cielo y la tierra, arriba y abajo, delante y detrás, nuestro Dios, corazón del cielo y corazón de la tierra, nos rodea totalmente. Está presente siempre con nosotras y nosotros”, concluyó la ceremonia.

 

El momento orante culminó con la danza, siguiendo el legado de los abuelos y abuelas mayas. Con esta ceremonia, los participantes del congreso reforzaron los saberes ancestrales, la conexión con la naturaleza y la espiritualidad como ejes de reflexión en la teología latinoamericana y caribeña.

 

Con un momento orante inició el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña: “Horizontes de liberación, tejiendo esperanzas desde abajo”

(Por: Micaela Díaz)

Con un momento de oración y contemplación, se inauguró este 22 de octubre en Lima el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, que reúne a más de 200 participantes provenientes de Guatemala, Panamá, México, Brasil, Chile, Perú y otros países del continente. El encuentro, que se extenderá hasta el 24 de octubre, se realiza en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) bajo el lema “Horizontes de liberación. Tejiendo esperanzas desde abajo”.

 

El inicio se vivió en un clima de silencio, oración y contemplación. Las primeras palabras invitaron a los asistentes a “poner la mirada en horizontes de esperanza, horizontes de liberación”, y a dejar que las imágenes proyectadas evocaran las realidades, luchas y esperanzas que cada quien trae de su propio territorio.

 

Tejido que nace desde abajo

 

El momento orante recordó los congresos anteriores y reafirmó la trayectoria compartida de Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas y la PUCP, instituciones organizadoras de este encuentro. La canción compuesta por Humberto Pegoraro, asumida como himno del Congreso, fue entonada por los presentes como símbolo de unidad y esperanza.

 

La letra hablaba de “inaugurar talleres donde viva lo diverso, refugios de la esperanza, lugares de nacimiento donde nadie quede afuera de la fiesta y del encuentro”. A través del canto, los participantes se reconocieron parte de un mismo telar donde se entrelazan gozos y sufrimientos, luchas y sueños.

 

Luego, se invitó a un momento de introspección. “Dejen que estas imágenes calen en ustedes y les permitan sentir y pensar la realidad desde abajo”, se animó a los presentes. Se evocaron las múltiples realidades de dolor e injusticia, pero también de resistencia, compromiso y vida.

 

“No queremos que ningún hilo quede fuera de la trama, que nadie sea descartado ni olvidado”, se proclamó, expresando el deseo de construir un tejido inclusivo, donde cada persona y comunidad aporte su color y su historia al entramado común del Reino.

 

Contemplar la transparencia del barro

 

Uno de los gestos simbólicos fue el de “limpiar la mirada”, frotándose el rostro y los ojos como signo de apertura interior. “Hay que tener fe para mirar el barro y llegar a ver su transparencia, la presencia del Espíritu con nosotros”, se expresó, invitando a descubrir en las realidades frágiles la acción transformadora de Dios.

 

A continuación, se proclamó el Evangelio de Mateo con las parábolas del Reino, y se ofreció una reflexión en la que se remarcó que el Reino “es como una trama vulnerable y fuerte, diversa y fraterna que se ensancha para cobijar la vida de todos, especialmente de quienes más sufren la intemperie de la marginación y la violencia”.

 

El llamado fue el de anudar esperanzas, fortalecer la trama del “nosotros” y reconocer que cada persona aporta un hilo valioso para construir un mundo más humano y fraterno.

 

Esperanza tejida con los pueblos

 

“Creemos que todos y todas aportamos hilos valiosos a la trama de un mundo más humano y fraterno. Creemos que es posible animar talleres donde lo diverso florezca y la esperanza anime la vida”, se expresó resumiendo el espíritu del encuentro:

La oración del Padre Nuestro selló el momento, recordando que “nos encontramos convocados por una esperanza desde abajo”. Los participantes fueron invitados a discernir los colores y semillas con los que desean entretejer la vida compartida, especialmente junto a los pobres y vulnerables.

 

El canto “Iglesia sencilla, semilla del Reino, iglesia bonita, corazón del pueblo” resonó como un eco de compromiso con una Iglesia que camina junto a los pueblos y sus luchas por la liberación.

 

Bienvenida y memoria agradecida

 

El acto inaugural contó con las palabras de bienvenida de representantes de las tres instituciones organizadoras. En nombre de la PUCP, Véronique Lecaros. Jefa del Departamento Académico de Teología expresó la alegría de acoger a los teólogos y teólogas del continente: “Estamos muy felices de haber podido contribuir a la organización de este congreso”.

 

El inicio coincidió además con una fecha especial: el aniversario de la Pascua del padre Gustavo Gutiérrez, fundador del Departamento de Teología de la PUCP y del Instituto Bartolomé de las Casas, y padre de la Teología de la Liberación. “Es un día muy especial para nosotros”, señaló Véronique, recordando su legado de compromiso con los procesos de liberación y esperanza en toda América Latina.

 

Por su parte, Silvia Cáceres, del Instituto Bartolomé de las Casas, expresó su emoción de reunir a representantes de tantos países para “alimentar la esperanza que tanto necesitamos en estos contextos tan difíciles que vivimos”.

 

En nombre de Amerindia, Alejandro Ortiz agradeció la presencia de los participantes y el espíritu de comunión que los reúne: “En medio de guerras y colapsos, atreverse a reunirse, abrazarse y dialogar es ya una señal de salvación. Eso es lo que más se necesita hoy: ternura, solidaridad y escucha”, expresó.

 

Congreso tejido con método y esperanza

 

El equipo organizador explicó luego la metodología del encuentro, inspirada en la metáfora del tejido y en el método teológico de ver, discernir y actuar. Los congresistas fueron invitados a aportar los colores de sus territorios, luchas y esperanzas a la gran urdimbre común.

 

“El tejido no es solo una metáfora linda, sino necesaria”, se dijo. La agenda contempla momentos de oración, diálogo en grupos, paneles temáticos y espacios culturales. Los asistentes recibieron materiales, indicaciones logísticas y un “glosario metodológico” para comprender la simbología del proceso.

 

La jornada concluirá con una actividad cultural, mientras que los próximos días se dedicarán al homenaje a Gustavo Gutiérrez y al desarrollo de paneles de reflexión sobre los horizontes de liberación que emergen desde los pueblos.

 

El IV Congreso Continental de Teología comenzó, así, con un signo de comunión y esperanza: un gran telar donde cada hilo, cada historia y cada rostro, contribuyen a tejer la vida y la fe del continente.

Teólogos latinoamericanos reflexionan sobre el mundo roto y las resistencias de los pueblos

(Por: Micaela Díaz)

En el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, realizado en la Pontificia Universidad Católica del Perú, se llevó a cabo el panel del primer día, en el que participaron Alejandro Ortiz, Moema Miranda, Birgit Weiler y Raúl Zibechi, quienes reflexionaron sobre los desafíos actuales del mundo desde la teología, la ecología y las resistencias de los pueblos.

 

El mundo roto y un “capitalismo de guerra”

 

El teólogo mexicano, Alejandro Ortiz, abrió el panel con un diagnóstico global que definió como “el mundo roto”. Señaló que, aunque algunos hablan del fracaso de la modernidad, “otros dicen que ha triunfado la modernidad capitalista”, marcada por un individualismo que “ha producido soledades, neurosis y enfermedades”.

 

A partir de la metáfora de la “hidra capitalista”, inspirada en los movimientos zapatistas, Ortiz explicó que existen múltiples formas de un mismo sistema: un capitalismo verde que no es verde, un capitalismo militar, criminal, digital, financiero, consumista y farmacéutico.

 

Denunció que vivimos bajo un “capitalismo de guerra” que domina las dinámicas globales y que “no conoce derechas ni izquierdas”, sino que se sostiene en “estructuras políticas a modo” y en “una plutocracia que conserva el status quo”.

 

El académico alertó también sobre una nueva etapa que denominó “capitalismo de guerra digital”, donde el control de datos y algoritmos configura “una sociedad de la posverdad”. “El homo digitalis ya existe”, dijo, advirtiendo sobre el riesgo de una humanidad cada vez más superficial, intensa, rápida y desechable.

 

“La muerte no tiene la última palabra”

 

La antropóloga brasileña Moema Miranda retomó la intervención de Ortiz para ahondar en lo que denominó el “colapso socioambiental” actual. “Estamos en

guerra, pero ahora es una guerra contra la Tierra”, aseguró.

 

Criticó que, pese a conocer las causas del calentamiento global, los gobiernos “todavía extraen más combustibles fósiles”. Recordó la reciente autorización de explotación petrolera en la Amazonía brasileña y expresó su preocupación por la contradicción entre los compromisos ambientales y las decisiones económicas: “Estamos en un momento en que todo parece absurdamente destrozado… y aun así pisamos el acelerador”.

 

Miranda sostuvo que “los tiempos que vivimos no tienen precedentes” y llamó a una nueva comprensión espiritual que reconecte la justicia social con la justicia ecológica: “Si seguimos pensando solo en los humanos, nuestro tejido es muy pequeño. Si no empezamos a hacer oración con los pájaros, con los ríos y con los árboles, no captaremos la única posibilidad de salir de este sistema”.

 

Alentó a integrar en la reflexión la dimensión ecológica de la fe: “No se puede vivir el amor a Dios sin amar la Tierra tan maltratada”.

 

La vida sucede en comunicación y comunión

 

La teóloga Birgit Weiler abordó el tema de las resistencias desde la Iglesia, subrayando el papel del proceso sinodal impulsado por el Papa Francisco. Recordó que la sinodalidad “invita a aprender a caminar juntos, de igual a igual, hombres y mujeres, pueblos y culturas diversas”.

 

Weiler señaló los avances de la Iglesia en América Latina, especialmente tras la Asamblea Eclesial y el Sínodo Amazónico, que “han abierto espacios reales de escucha mutua” y de participación de pueblos originarios, comunidades afrodescendientes y mujeres.

 

Afirmó que “la vida en sí es comunicación” y que toda transformación profunda requiere relaciones nuevas de poder “no para dominar, sino para generar vida”.

 

En su intervención, también defendió el liderazgo de las mujeres en la Iglesia, recordando que no se trata de luchar por el poder, sino de poner los dones recibidos al servicio del bien común.

 

Weiler resaltó la responsabilidad eclesial ante la crisis planetaria: “No se puede vivir auténticamente amor a Dios sin amar a los pobres, pero tendríamos que añadir hoy en día no se puede vivir auténticamente el amor a Dios sin amar esta tierra tan maltratada, tan explotada, tan frágil, tan vulnerable”.

 

Escuchar a los pueblos frente al colapso del Estado

 

El periodista uruguayo Raúl Zibechi cerró el panel advirtiendo que “las viejas formas de acción colectiva están en crisis” ante el blindaje del Estado por intereses económicos y militares. “No va a haber buenos gobiernos; solo gobiernos peores o menos peores”, afirmó.

 

Planteó la necesidad de escuchar y aprender de los pueblos que están construyendo nuevas formas de organización, como los gobiernos territoriales autónomos impulsados por comunidades amazónicas en Perú y Brasil.

 

Estos procesos, explicó, “rompen con la lógica de reclamar al Estado” y buscan ejercer autonomía sobre sus territorios frente al avance del extractivismo y la violencia. “Los hilos están ahí. Depende de nosotros mirarlos o escuchar a los pueblos o no hacerlo”.

 

 

Gustavo Gutiérrez, el “teólogo del Dios liberador”

[Por: Juan José Tamayo]

Del 22 al 24 de octubre se celebra en la Pontificia Universidad Católica de Lima el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña “Horizontes de liberación. Tejiendo esperanzas desde abajo”. En ese marco va a tener lugar un homenaje al teólogo peruano Gustavo Gutiérrez con motivo del primer aniversario de su fallecimiento. 

La teología cristiana ha sido con frecuencia una disciplina inocua en el conjunto de los saberes, beligerante frente a los avances científicos, legitimadora de los poderes establecidos, ajena a la marcha de la historia, poco sensible a los sufrimientos humanos y muro de contención de las revoluciones sociales y políticas. La teología latinoamericana de la liberación ha venido a quebrar dicha imagen, recuperando la imagen del Dios de la vida -frente a los ídolos de muerte-, que se revela y actúa en el “reverso de la historia”, y la figura de Jesús de Nazaret el Cristo liberador, cuya opción fundamental fue a favor de las personas más vulnerables y los colectivos empobrecidos. Esta teología sitúa el cristianismo en la vanguardia de los movimientos sociales que luchan por la transformación de la sociedad de todas las opresiones, también de la religiosa.

Gustavo Gutiérrez es reconocido con razón como el padre del nuevo paradigma teológico que supuso una verdadera revolución epistemológica, metodológica, espiritual y social en el discurso religioso y en la práctica liberadora de las personas cristianas y de los colectivos con especial sensibilidad hacia el sufrimiento de las mayorías populares.

En el aniversario de su muerte -falleció el 22 de octubre de 2024- quiero hacer memoria de los orígenes de la teología de la liberación, cuya primera piedra puso Gustavo en las conferencias que bajo el título “Hacia una teología de la liberación” impartió en 1968 en el Encuentro Nacional del movimiento de sacerdotes ONIS en la ciudad peruana de Chimbote.

A las conferencias asistió su compatriota y amigo, el escritor y antropólogo José María Arguedas, que en El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador” y lo contrapone al “cura del Dios inquisidor” de su propia novela Todas las sangres. Arguedas calificó las conferencias de “lúcidas y patéticas”.

En un texto fechado en Santiago de Chile el 20 de agosto de 1969, Arguedas recuerda a Gutiérrez que le había leído en Lima las “páginas de Todas las sangres en que el sacristán y cantor de San Pedro de Lahuaymarca, quemada ya su iglesia y refugiado entre los comuneros de las alturas, le replica a un cura del Dios inquisidor con argumentos muy semejantes a los de las lúcidas y patéticas conferencias pronunciadas, poco tiempo antes, en Chimbote”. El propio Gustavo considera al sacristán de San Pedro “precursor de la teología de la liberación”. 

Arguedas afirma que quizá con él se cierra un ciclo y se abre otro en Perú: “se cierra el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres ‘alzamientos’, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes” y se abre el ciclo “de la luz y de la fuerza liberadora invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del dios liberador”. Gustavo escribió un texto literariamente bellísimo titulado Entre calandrías donde recoge testimonios del propio Arguedas en los que se pone de manifiesto la plena sintonía entre el teólogo y el escritor.

En un texto fechado en Santiago de Chile el 20 de agosto de 1969, Arguedas recuerda a Gutiérrez que le había leído en Lima las “páginas de Todas las sangres en que el sacristán y cantor de San Pedro de Lahuaymarca, quemada ya su iglesia y refugiado entre los comuneros de las alturas, le replica a un cura del Dios inquisidor con argumentos muy semejantes a los de las lúcidas y patéticas conferencias pronunciadas, poco tiempo antes, en Chimbote”. El propio Gustavo considera al sacristán de San Pedro “precursor de la teología de la liberación”. 

Arguedas afirma que quizá con él se cierra un ciclo y se abre otro en Perú: “se cierra el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres ‘alzamientos’, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes” y se abre el ciclo “de la luz y de la fuerza liberadora invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del dios liberador”. Gustavo escribió un texto literariamente bellísimo titulado Entre calandrías donde recoge testimonios del propio Arguedas en los que se pone de manifiesto la plena sintonía entre el teólogo y el escritor.

“Ese gran sacerdote a quien debo tanto”

Sybila Arredondo, esposa de Arguedas, recordaba que mientras Arguedas trabajaba en Chimbote conoció a tres sacerdotes norteamericanos y al padre Gustavo Gutiérrez, a quien se refiere el escritor peruano en varias de las cartas que dirige desde Santiago al padre Camacho. En la del 2 de mayo de 1969 afirma: “los hombres de buena voluntad nos sentimos bien entre gente, también de buena voluntad, cualquiera que sea su origen y la forma en que crea que está contribuyendo a la salvación del hombre, para utilizar un término que tan acertadamente usa Gustavo”. En otra carta dirigida al padre Camacho le cuenta que tuvo “dos charlas muy largas, muy hermosas, muy reconfortantes, de verdadera camaradería con ese gran sacerdote a quien debo tanto que es Gustavo”.    

El escritor peruano le confesó al teólogo que en el Dios liberador que él presentaba sí creía. “Yo siento a Dios de otro modo”, dice Matilde, uno de los personajes de Todas las sangres. Quizá esta sentencia, observa Gustavo, quisiera expresar lo vivido por Arguedas, que “no sentía a Dios como los señores y los bien pensantes (‘Dios de los señores no es igual, hace sufrir sin consuelo’), sino como “Dios esperanza, Dios alegría, Dios ánimo”.  

Tres años después de las conferencias de Chimbote, Gustavo publicó Teología de la liberación. Perspectivas (CEP, Lima, 1971; Sígueme, Salamanca, 1972; 19ª edición en 2022), su obra más emblemática e influyente en el panorama teológico cristiano de las últimas cinco décadas, traducida a decenas de idiomas y con numerosas ediciones. Dedica el libro a Henrique Pereira Neto, sacerdote brasileño asesinado en 1969 por el Comando de Caza a los Comunistas en 1969, y a José María Arguedas, y lo introduce con un texto de Todas las sangres.

En Chimbote Gustavo habló de la teología como inteligencia del compromiso. En la ya la citada Teología de la liberación. Perspectivas, la define como reflexión crítica sobre la praxis histórica a la luz de la Palabra: crítica de la sociedad y de la iglesia en tanto que convocadas e interpeladas por la palabra de Dios, como una teoría crítica animada por una intención práctica.

Estamos ante una nueva manera de hacer teología que tuvo repercusiones sociales y políticas desestabilizadoras para el sistema neocolonial latinoamericano y sigue teniéndolas hoy para el sistema de la globalización neoliberal

En cuanto tal la entiende como “una teología liberadora, una teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad y, por ende, también de la porción de ella –reunida en ecclesia– que confiesa abiertamente a Cristo. Una teología que no se limita a pensar el mundo, sino que busca situarse como un momento del proceso a través del cual el mundo es transformado… abriéndose al don del reino de Dios” (edición de 1972, pp. 40-41).

Estamos ante una nueva manera de hacer teología que tuvo repercusiones sociales y políticas desestabilizadoras para el sistema neocolonial latinoamericano y sigue teniéndolas hoy para el sistema de la globalización neoliberal, que el Papa Francisco define como “globalización de la indiferencia, que nos vuelve “indiferentes ante los clamores de los otros”, y califica de injusto en su raíz.  

Compromiso con los oprimidos

Gutiérrez lleva a cabo una verdadera revolución en la teología, cuyo acto primero es el compromiso con los oprimidos y la experiencia del Dios de los pobres, y el acto segundo, la reflexión, pero no desde la neutralidad social y la asepsia doctrinal, sino “desde el reverso de la historia” y la opción ético-evangélica por los pobres. A estos les reconoce una fuerza histórica capaz de mutar el curso de la historia en dirección a la liberación. La teología de liberación remite derechamente al compromiso de los cristianos en los movimientos de liberación.  

George Bernanos afirmaba que los cristianos son capaces de instalarse cómodamente incluso bajo la cruz de Cristo. Gustavo Gutiérrez pretende corregir esa tendencia conformista activando las energías utópico-liberadoras del cristianismo. Su referente intelectual es Bartolomé de Las Casas, defensor de los indios sometidos a esclavitud por los conquistadores y pionero del reconocimiento y respeto del pluriverso cultural. Parafraseando a Las Casas (“los indios mueren antes de tiempo”) el teólogo peruano afirma que “los pobres en América Latina mueren antes de tiempo”.

Sobre Las Casas ha escrito uno de los mejores estudios que conozco, En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de Las Casas (Centro Bartolomé de Las Casas, 1992), que dedica al teólogo mártir hispano-salvadoreño Ignacio Ellacuría. Otro libro excelente sobre Bartolomé de Las Casas es el de Francisco Fernández Buey La gran perturbación. Discurso del indio metropolitano (El Viejo Topo, Barcelona, 1995).

Las preguntas existenciales, o mejor vitales, que queman en los labios a Gustavo y golpean su conciencia tienen que ver con el lenguaje sobre Dios: ¿cómo hablar de Dios desde el sufrimiento de los inocentes; con la hermandad: ¿cómo hablar de Dios Padre en un mundo donde los seres humanos no son hermanos?, y con la vida y la muerte: ¿cómo hablar de la resurrección en un mundo donde los excluidos son carne de cañón? La pregunta que sigue interpelándole con más radicalidad y urgencia es la que da título a uno de sus ensayos: ¿Dónde dormirán los pobres?

Las preguntas que plantea dan una idea acertada de la orientación de su teología: no levítico-sacerdotal, sino samaritana; crítica y no conformista, abierta al pluriverso cultural, religioso y étnico, no de pensamiento único; una teología siempre en perspectiva de liberación y sensible a las nuevas esclavitudes que genera la globalización neoliberal.

En la teología de Gustavo Gutiérrez vuelven a articularse armónicamente pensamiento y vida, teoría y praxis, rigor metodológico y talante profético, como sucediera en los misioneros, los teólogos y los obispos defensores de los derechos de los indios de Abya-Yala en el siglo XVI. El teólogo peruano acostumbraba a decir que él no creía en la teología de la liberación, sino que esta es solo camino para mejor seguir a Jesús de Nazaret y contribuir a la liberación de los pobres. Todo un ejemplo de modestia intelectual para los teólogos europeos que tendemos a veces a conceder más importancia a la teología que a la experiencia, a la teoría que a la práctica, a la reflexión que a la liberación, cuando ambas tienen que ir unidas.

Una última reflexión sobre el socialismo. Gustavo no acepta la orientación monolítica y dogmática del socialismo, sino que reconoce la pluralidad de tendencias en las que influye la perspectiva cultural, y comparte con Mariátegui la necesidad de que no sea en América Latina calco y copia, y de “dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano […], misión digna de una generación nueva” (p. 130). En consecuencia, la praxis revolucionaria no puede caminar en una sola dirección, sino que ha de contar con la participación de personas y organizaciones provenientes de diversos horizontes.

Aquino Júnior: “Es crucial sintonizar la Iglesia con los desafíos y las luchas de nuestro tiempo”

(Por: Micaela Díaz)

 

 

 

El teólogo brasileño Francisco de Aquino Júnior, sacerdote de la Diócesis de Limoeiro do Norte (Ceará), es una de las voces más reconocidas de la teología latinoamericana contemporánea. Profesor en la Universidad Católica de Fortaleza y en la Universidad Católica de Pernambuco, su labor académica se entrelaza con un fuerte compromiso pastoral y social, acompañando a comunidades de base, movimientos populares y organizaciones eclesiales que luchan por los derechos humanos y la justicia.

 

Miembro del Comité Directivo de Amerindia y del equipo teológico-pastoral de Cáritas Latinoamericana y del Celam, Aquino Júnior ofrece claves de lectura para una Iglesia comprometida con los pobres y con la transformación de la sociedad.

 

En esta entrevista, concedida en el marco del Congreso Continental de Teología, el teólogo reflexiona sobre el papel de la Iglesia ante los desafíos actuales del continente, las desigualdades, las crisis sociales y ecológicas, y el auge de los fundamentalismos, y comparte su mirada sobre el legado de Gustavo Gutiérrez, figura a quien el Congreso rinde homenaje como pionero y profeta de una fe encarnada y liberadora.

 

Comprender la realidad del continente y del mundo en que vivimos

 

Pregunta: ¿Por qué diría que es importante celebrar una reunión continental de esta magnitud hoy?

 

Respuesta: Verán, la Iglesia en América Latina tiene una larga trayectoria de compromiso con la realidad, compromiso con los pobres, lucha por la transformación social y reflexión teológica al respecto. Especialmente desde la conferencia de Medellín, en el contexto de la recepción del Concilio Vaticano II, se ha venido desarrollando aquí una forma de ser Iglesia, una forma de vivir, celebrar y reflexionar sobre la fe, profundamente vinculada a los pobres, a la lucha por los derechos, a la lucha por la justicia y a la transformación social.

 

Así pues, estos congresos de Amerindia forman parte de esta tradición de una Iglesia liberadora que se ha venido desarrollando desde la conferencia de Medellín. Nos ayudan a reflexionar sobre los grandes desafíos de nuestro tiempo para la fe y la Iglesia. Nos ayudan a discernir los signos de los tiempos, las huellas del espíritu y los llamados de Dios presentes en nuestra realidad.

 

El Congreso Continental de Teología tiene esta tarea, la de ayudarnos a comprender mejor la realidad del continente y del mundo en que vivimos, ayudarnos a discernir en esta realidad los signos de los tiempos, los signos de esperanza presentes en las resistencias y luchas de nuestros pueblos y fortalecer la misión de la Iglesia de cooperar con la transformación de la sociedad, con la lucha por la justicia, que es signo del reino de Dios entre nosotros.

 

Reflexión teológica liberadora fiel al Evangelio y fuente para transformar la realidad

 

P.: Ante estos desafíos que usted menciona, como la desigualdad, las crisis de todo tipo, la crisis ecológica, y también en un contexto en el que vivimos la sinodalidad, ¿qué frutos espera que deje este Congreso para la Iglesia y para los teólogos del continente?

 

R.: En primer lugar, es crucial sintonizar la Iglesia con los desafíos y las luchas de nuestro tiempo, garantizando que la Iglesia nunca se aleje de la realidad, los clamores y las esperanzas de la gente.

 

Así pues, el primer fruto es conectar, sintonizar y encarnar cada vez más a la Iglesia en nuestra realidad. En segundo lugar, fortalecer el compromiso cristiano con la lucha por los derechos en América Latina, en particular colaborando con los movimientos de base que, desde abajo, articulan, organizan y movilizan la esperanza de los pobres en la lucha por sus derechos.

 

Y tercero, fortalecer una reflexión teológica liberadora que ayude a los cristianos en su compromiso de transformar la sociedad. Finalmente, en el contexto en el que vivimos, con el auge de la extrema derecha, la manipulación y la instrumentalización de la fe para proyectos políticos que violan los derechos humanos, la democracia y nuestra casa común, y por lo tanto son contrarios al Evangelio, debemos fortalecer una reflexión teológica liberadora que sea fiel al Evangelio de Jesucristo y que sea fuente y fuerza para transformar la realidad.

 

 

P.: En el Congreso, se rendirá homenaje a Gustavo Gutiérrez. ¿Qué significa esta figura para usted y qué significa para nosotros rendirle homenaje?

 

Gustavo Gutiérrez, “Tomasito de América Latina” y signo vivo de una Iglesia pobre y liberadora

 

R.: Gustavo es una especie de ícono, un sacramento de esta Iglesia de los pobres en Latinoamérica. Claramente, Gustavo no es solo un individuo, ni un acontecimiento aislado; forma parte de todo un proceso dentro de la Iglesia latinoamericana. Es una expresión sacramental en el sentido de que, de manera didáctica y profunda, ayudó a nombrar y articular esta perspectiva teológica liberadora.

 

Dom Pedro Casaldáliga, uno de los grandes profetas de nuestra Iglesia latinoamericana, tiene un poema sobre Gustavo Gutiérrez, en el que se refiere a él en términos afectuosos, proféticos y profundamente intuitivos. Habla de Gustavo Gutiérrez como “Tomasito de América Latina, Suma Criolla de la Liberación”. En otras palabras, esta expresión sintetiza lo que es Tomás, en términos de la historia de la teología, como gran referente de la teología católica en los siglos XII y XIII, que marcó los siglos siguientes, y el peso de su suma teológica, porque Gustavo encarna, en nuestro tiempo, esta figura de alguien profundamente en sintonía con nuestro continente, con los gritos de nuestro pueblo y que, de manera intuitiva, creativa y muy evangélica, supo articular, dar voz, poner en conceptos estos elementos fundamentales de nuestra fe, que cobraron nuevas dimensiones con el Papa Francisco y, ahora, con esta exaltación del Papa León, de una Iglesia pobre y para los pobres, de una Iglesia comprometida con las causas populares, de una Iglesia que, desde abajo, contribuirá a sembrar el Reino, a hacer crecer el reino, que es un Reino de fraternidad, de justicia y de paz.

 

Cooperar en la transformación de la sociedad

 

P.: Comparta un mensaje con quienes estarán siguiendo esta conferencia a distancia y con quienes se están acercando a este pensamiento teológico latinoamericano.

 

R.: El mensaje es una invitación a tomar en serio el mundo en que vivimos, la realidad que nos rodea, percibiendo y escuchando los clamores de los pobres y de la tierra, sintonizando con esta realidad y esforzándonos por encarnar en ella la novedad del Evangelio de Jesucristo, que es vida, y vida plena, para todos los pueblos. Por lo tanto, la invitación es a tomar en serio la realidad en la que nos encontramos, discernir en ella los signos y las llamadas del Espíritu, y comprometernos con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra inteligencia, a cooperar en la transformación de la sociedad mediante el compromiso con los pobres, en la lucha por la justicia, en el cuidado de nuestra casa común, en la defensa de la democracia.