Por: Óscar Elizalde Prada*
Para El Tiempo | @OscarElizaldeP
El retorno del papa León XIV a América Latina, con motivo de su viaje apostólico a Uruguay, Argentina y Perú —donde ha vivido prácticamente la mitad de su vida sacerdotal, primero como misionero agustino y luego como obispo—, ha despertado una inusitada expectativa a nivel global desde su anuncio, el pasado 5 de agosto, y ante la incertidumbre que suscitó la inesperada noticia de la cirugía a la que se sometería para la extirpación de un nódulo “localizado en el pulmón (…) en una fase muy temprana”, como anunció el propio pontífice a menos de un mes de su primer periplo latinoamericano.
La operación tuvo lugar el 13 de octubre, y generó conmoción cuando el Vaticano confirmó que se trataba de un tumor maligno. ¿Podría el Papa estadounidense, diagnosticado con cáncer de pulmón, realizar un viaje tan exigente de 12 días —del 6 al 17 de noviembre—, recorriendo más de 30.000 kilómetros, visitando 10 ciudades y pronunciando al menos 36 discursos y homilías? ¿Podría, además, asumir el trajín que representan los 14 trayectos aéreos previstos y que incluyen, por ejemplo, la exigente altura de 3.400 metros sobre el nivel del mar en Cusco, y la tropical selva amazónica en Pucallpa, en un mismo día?
El viaje más largo
Solo hasta el lunes 26 de octubre, a 11 días de iniciar su sexto y más extenso viaje apostólico internacional, la sala de prensa del Vaticano informó que “la recuperación del Santo Padre continúa (…), los exámenes médicos posteriores confirmaron que la enfermedad estaba localizada y que no es necesario ningún tratamiento oncológico adicional”. Por lo mismo, y de acuerdo con su médico personal, el Dr. Luigi Carbone, “no existen contraindicaciones que le impidan emprender, tal como estaba previsto, su próximo viaje apostólico a América latina”. Fin del suspenso y de las quinielas.
Aunque la agenda del Papa, que tocó suelo uruguayo el pasado viernes 6 de noviembre, no ha sufrido cambios y se mantiene intacta, como anticiparon Mateo Bruni, director de la sala de prensa, y la nueva Prefecta del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, Montserrat Alvarado, antes de emprender vuelo, la periodista estadounidense Elise Ann Allen —biógrafa del Papa y autora de León XIV, ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI — ha ponderado que “tal vez será necesario cambiar alguna cosas cuando León XIV ya esté de viaje”.
“Debe tener mucho cuidado y ver, día por día, lo que puede hacer”, comentó Allen a La Nación, convencida, sin embargo, de la determinación del Papa de “cumplir la misión que le fue entregada: él dijo que sí al papado y sí a esta misión de ser el pastor del mundo”.
“Me encomiendo a sus oraciones, para que este viaje fortalezca la fe, renueve la esperanza, reavive el fuego de la caridad y sea un impulso para seguir anunciando el Evangelio con alegría”, fueron la palabras de León XIV a los 13.000 fieles que se abarrotaban la Plaza de San Pedro el pasado miércoles 4 de noviembre. “Me llena de alegría regresar al continente en el que he vivido tantos momentos de mi vida”, había comentado en su cuenta de X, @Pontifex, al expresar su deseo de “que este viaje sea una ocasión para abrir nuestros corazones los unos a los otros, fortalecer nuestra comunión como hermanos y hermanas, y renovar nuestro compromiso de anunciar el Evangelio con alegría”.
No es casual que el Papa insista en la alegría del Evangelio en tres países que aguardaban la visita del sucesor de Pedro. En el caso de Uruguay y de Argentina, el último pontífice que peregrinó por la región rioplatense fue Juan Pablo II en 1988 y 1987, respectivamente, ¡hace casi cuatro décadas!
Para los peruanos, si bien Francisco los había visitado ocho años atrás —en 2018—, es evidente que el viaje apostólico de quien fuera obispo de Chiclayo generaba gran ilusión desde el día uno de su pontificado, cuando impartió su primera bendición urbi et orbi (a la ciudad y al mundo) el día de su elección. Ese 8 de mayo de 2025 Robert Prevost habló en italiano, pero prefirió usar el español que aprendió en Perú cuando dijo: “si me permiten también una palabra, un saludo a todos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”. “El Papa es peruano”, titularon mucho medios. Ciertamente, como informa Santiago Roncagliolo en su nueva obra El pastor y los lobos, “León XIV había nacido en Chicago, pero eso es un detalle. Prevost tenía documento de identidad del Perú desde 2015, porque la ciudadanía es un requisito para ser obispo”.
Un signo de unidad
“León XIV regresa a casa, a un continente que lo reconoce como uno de los suyos”, comenta la Dra. Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) en el Vaticano, consultada por El Tiempo”. De acuerdo con la teóloga argentina, en su país, “que ha elegido por lema de esta visita ‘bienvenidos todos’, es claro que se trata de un nuevo pontífice diferente a Francisco, pero que sigue su línea pastoral, y alberga la esperanza de que sea un signo de unidad”. No sobra recordar que Argentina y Uruguay fueron los dos únicos países latinoamericanos que Jorge Bergoglio no visitó durante sus 13 años de pontificado, pese a que siempre albergó la esperanza de hacerlo.
Cuda, quien ha trabajado con Robert Prevost durante dos años y medio, cuando era Prefecto del Dicasterio para los obispos y, simultáneamente, presidente de la PCAL, sostiene que “el Papa sabe que Latinoamérica posee muchas riquezas naturales, humanas, científicas, culturales y organizacionales, pero, al mismo tiempo, padece profundas desigualdades”. Así lo ha podido constatar en los años 80 y 90, cuando también palpó de cerca la violencia y la crueldad del grupo armado Sendero Luminoso en Perú, siendo misionero en Chulucanas, en la región de Piura, y después en Trujillo, donde fue prior, formador de jóvenes agustinos, párroco, director de estudios y rector del Seminario Mayor arquidiocesano San Carlos y San Marcelo, entre muchos otros servicios y compromisos con la Iglesia y la sociedad de su tiempo.
“Para América Latina la llegada de León XIV es una gran esperanza, no solamente en un sentido teológico sino también en un sentido social, desde la unidad en la diferencia, y desde la defensa de la vida y de la dignidad humana ante los dramas y las realidades de nuestro tiempo”, sostiene Cuda.
En el caso de Uruguay, un Estado con más de 100 años de laicidad, donde la población católica es minoritaria, el Dr. Néstor Da Costa, sociólogo de la religión y docente de la Universidad Católica del Uruguay, en declaraciones para El Tiempo argumenta que “el liderazgo del Papa trasciende las fronteras de la Iglesia al posicionarse sobre temas sensibles como la pobreza, los excluidos, la injusticia y la paz, de modo que su mensaje llegará a la sociedad, en general, no solo por su catolicidad, sino por la empatía con los valores que defiende”.
Su itinerario en los tres países incluye encuentros con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático; vigilias de oración con jóvenes; celebraciones eucarísticas multitudinarias; reuniones con obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos, seminaristas y líderes pastorales, en general; visitas a obras sociales y penitenciarias; diálogos con el mundo de la educación; y un encuentro con misioneros, misioneras y representantes de los pueblos amazónicos. Además, como lo ha hecho en otros viajes, se reunirá “con personas víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de la Iglesia”, según ha informado la sala de prensa del Vaticano.
León XIV es un Papa que ha elegido un nombre que tiene que ver con ‘las cosas nuevas’ de nuestro tiempo —en línea con León XIII— y al mismo tiempo, su primera encíclica, Magnifica humanitas, es una relectura audaz de la enseñanza social de la Iglesia en tiempos de inteligencia artificial. De ahí que su mensaje, en su paso por Uruguay, Argentina y Perú, interpelará a la sociedad y bien podría constituirse en uno de los viajes apostólicos más significativos de su pontificado, en el que revelará, de manera excepcional, su talante misionero y su apuesta radical por la justicia, la unidad y la paz, haciendo suyos los gritos de los pobres y de la Tierra. Al fin y al cabo, eso es lo que hacen los misioneros, y León XIV regresa a la tierra que lo forjó como pastor.

*Doctor en comunicación social. Consultor del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano.
Foto de portada: https://philliptatton.pixieset.com/






