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La paradoja uruguaya: menos católicos, pero multitudes para recibir y despedir al Papa

Ante unos 50.000 fieles reunidos en Florida, el Pontífice cerró tres jornadas de encuentros multitudinarios y mensajes sobre democracia, pobreza, familia y dignidad humana. Su visita también dejó una reflexión sobre el futuro de la Iglesia en una sociedad secularizada. “Los llevo en mi corazón”, expresó al despedirse de los uruguayos.

Una multitud de peregrinos, familias y religiosos despidió este domingo al Papa León XIV frente al Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres, en Florida. Cerca de 50.000 personas participaron en la misa que puso fin a sus actividades pastorales en Uruguay, después de tres jornadas en Montevideo, Paysandú y Florida. La despedida estuvo cargada por el agradecimiento del Pontífice y las expresiones de afecto de los fieles, que respondieron a sus palabras con prolongados aplausos y cánticos.

El frío de la madrugada no impidió que miles de personas llegaran desde diferentes regiones del país para ocupar la Plaza Asamblea y sus alrededores. Algunos peregrinos siguieron la celebración desde balcones y otros espacios próximos al santuario, mientras las imágenes de la Virgen de los Treinta y Tres acompañaban la jornada. El encuentro se celebró en la festividad de la patrona del Uruguay, relacionada históricamente con el proceso de independencia del país.

La despedida y el reconocimiento de los uruguayos

Durante la homilía, el Papa León XIV dedicó un reconocimiento especial a las madres y abuelas que han mantenido viva la fe católica y la han transmitido a sus hijos y nietos. El Papa recordó que muchas familias atraviesan dificultades cuando las nuevas generaciones se alejan de la práctica religiosa, pero las animó a continuar ofreciendo su testimonio. “Madres y abuelas: ¡no se cansen de transmitir la fe!”, expresó, antes de extender su exhortación a padres, abuelos y responsables de las comunidades eclesiales.

El Pontífice invitó además a la Iglesia uruguaya a acercarse a las personas que se han distanciado de la religión, escuchando sus inquietudes y acompañando sus necesidades. “Uruguay: ¡hay que ponerse en camino!”, les dijo, al recordar que la misión evangelizadora no puede limitarse a esperar que las personas regresen espontáneamente a las parroquias. Su mensaje estuvo acompañado de una nueva consagración del país a la Virgen de los Treinta y Tres, ante cuya imagen depositó una Rosa de Oro como expresión de devoción.

Al concluir la celebración, el Santo Padre agradeció a las autoridades, los organizadores, los voluntarios y las comunidades que hicieron posible su recorrido. Recordó los encuentros celebrados durante los tres días y resaltó la generosidad de los uruguayos, a quienes reconoció por el esfuerzo realizado para recibirlo. “Los llevo en mi corazón y les pido que me sigan acompañando con sus oraciones”, expresó en una despedida que provocó nuevas muestras de afecto de los asistentes.

Tres jornadas de mensajes y encuentros multitudinarios

La visita comenzó el viernes 6 de noviembre, cuando el Pontífice llegó a Montevideo y fue recibido por el presidente Yamandú Orsi y otras autoridades nacionales. Ante unas 30.000 personas congregadas en la Plaza Independencia, el Papa León XIV pronunció un discurso en el que utilizó el monumento a José Gervasio Artigas para reflexionar sobre la democracia y las responsabilidades del poder. “La autoridad pública encuentra su razón de ser en el servicio al bien común”, dijo al recordar los cuarenta años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió en 2025.

Durante aquella intervención, el Papa abordó también la protección de la vida, la educación, la inteligencia artificial y el acceso a los servicios de salud. Uno de los pasajes más sensibles estuvo dedicado al suicidio y a la soledad, problemas que vinculó con la necesidad de fortalecer los lazos familiares y comunitarios. La dignidad de las personas, independientemente de su condición económica, física o social, fue uno de los ejes principales de su mensaje, junto con la defensa de la libertad religiosa en el marco del Estado laico.

El sábado, aproximadamente 40.000 fieles participaron en la primera misa de la gira sudamericana, celebrada en el Parque París Londres de Paysandú. León XIV recurrió a tres símbolos de la identidad regional: el puente internacional General Artigas, los palmares y el mate, para explicar la importancia de la unidad, la convivencia y la transmisión de la fe. “Sean puentes, para que muchos se encuentren con Jesús”, exhortó al recordar que las comunidades cristianas deben mantenerse abiertas al encuentro con los demás.

Ese mismo día, el Pontífice visitó Casavalle, uno de los barrios más vulnerables de Montevideo, donde conoció proyectos habitacionales y escuchó testimonios de familias afectadas por la pobreza y la violencia. En la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe bendijo viviendas destinadas a doce familias y reconoció el trabajo de quienes acompañan a los sectores necesitados. “No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable”, dijo al pedir mayor cooperación entre la Iglesia, la sociedad civil y el Estado.

La segunda jornada concluyó con una multitudinaria vigilia en el Estadio Centenario, acompañada de música, testimonios y expresiones de entusiasmo. Según las autoridades locales, unas 70.000 personas participaron dentro del recinto y otras 30.000 siguieron el encuentro desde los alrededores, mediante pantallas gigantes. La convocatoria constituyó una de las mayores concentraciones de la visita, en una noche durante la cual el Papa alentó especialmente a los jóvenes y las familias a vivir su fe con esperanza.

Iglesia ante el desafío de la secularización

El viaje se desarrolló en un país donde solamente uno de cada tres adultos se identifica como católico, según una encuesta de CIFRA publicada en agosto de 2026. Esta realidad ocupó un lugar importante en las intervenciones del Pontífice, especialmente durante la vigilia del sábado, cuando abordó el avance de la secularización y la indiferencia religiosa. “Para iluminar mucho no hace falta ser muchos, sino reflejar la luz del Señor”, dijo el Pontífice al alentar a los creyentes a no desanimarse por su condición minoritaria.

La visita también permitió mostrar la dimensión social de la Iglesia uruguaya mediante proyectos educativos, programas habitacionales y actividades comunitarias. El paso por Casavalle fue especialmente significativo, porque trasladó la atención de las grandes ceremonias a las dificultades cotidianas de numerosas familias. El desafío que queda después de la partida del Papa será convertir el entusiasmo de estos días en una participación comunitaria sostenida, especialmente entre los jóvenes y quienes permanecen alejados de la institución.

Los homenajes de las autoridades civiles y religiosas

El presidente Yamandú Orsi había recibido al Pontífice remarcando la tradición democrática y plural del Uruguay, donde personas de diferentes convicciones han aprendido a convivir dentro de instituciones comunes. Durante aquella bienvenida también estuvieron presentes los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou, en una imagen de continuidad institucional. El mandatario resaltó el desarrollo humano integral como horizonte de las decisiones políticas, particularmente frente a los desafíos de la pobreza y la salud mental.

Los reconocimientos institucionales acompañaron distintos momentos del recorrido. En Montevideo, el intendente Mario Bergara entregó al Papa las llaves de la ciudad, mientras que en Florida el intendente Carlos Enciso lo declaró Ciudadano Ilustre y le obsequió piezas artesanales de significado religioso.

En la celebración final, el obispo de Florida, monseñor Alfonso María Bauer, agradeció al Pontífice en nombre de la comunidad católica y aseguró que Uruguay lo despedía “con corazón agradecido”. El prelado recordó las dificultades que enfrenta el país, entre ellas la pobreza infantil, la falta de trabajo, las adicciones, la violencia y los problemas de salud mental. Sus palabras recuperaron varias de las preocupaciones abordadas por León XIV y expresaron el deseo de que la visita fortalezca el compromiso de la Iglesia con los sectores más vulnerables.

Después de la despedida

La última jornada había comenzado con una breve visita a la parroquia de Santa Teresita, en Juanicó, donde el Pontífice compartió recuerdos de la devoción familiar a esta santa. Después continuó hacia Florida, donde fue recibido por jinetes y numerosos peregrinos antes de presidir la celebración eucarística. Aquellos encuentros cercanos, junto con las grandes concentraciones de fieles, marcaron el carácter de una visita que combinó solemnidad religiosa y contacto directo con la población.

Al terminar su mensaje en Florida, el Papa León XIV encomendó nuevamente al país a la protección de su patrona y expresó sus deseos de unidad y paz. La multitud respondió con aplausos y volvió a entonar el cántico que lo había acompañado en diferentes momentos: “Papa León, te queremos un montón”. La despedida pastoral dejó una imagen de gratitud y entusiasmo, pero también una responsabilidad para las comunidades católicas: dar continuidad a los compromisos sociales y espirituales planteados durante el recorrido.

Foto: Phillip Tatton

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