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Hoy presencié un milagro

[Por: Clara Villalba Clavijo]

En aquel tiempo estaba trabajando en una relocalización[1] – un eufemismo para hablar de realojos – en un barrio periférico de Montevideo. La mayoría de los vecinos a realojar eran clasificadores de residuos, de los que salen en pareja y con hijos e hijas en un carrito tirado por caballos. Sí. Aún en siglo XXI… Era en la pandemia del COVID del año 2020 y 2021. El equipo de trabajo se dividía en duplas constituidas por un varón y una mujer. En estas duplas visitábamos, en sus casas, a las familias a ser realojadas.

 

Además, teníamos un espacio de consultas. En una de las plantas de clasificación de residuos había un contenedor de la intendencia donde recibíamos a los vecinos. En general, sacábamos las sillas para afuera, intentábamos aprovechar cada rayo de sol en aquél gélido invierno. Las reuniones más personalizadas transcurrían ahí.

 

Una semana después de varios meses de trabajo allí, apareció una de las parejas, sin los niños, en el espacio de consulta.

 

A pesar de que venían a plantear un cambio de lugar para la vivienda o sea para ser realojados,

 

A pesar de que mencionaron un hecho de violencia en la familia de ella

 

A pesar de que les dijimos que volvieran hoy… No profundicé en la rareza de aquel evento.

 

Hoy, una semana después, volvieron a conversar con nosotros.

 

Él fue desarrollando la conversación con su típica verborragia sobre sus malestares: familiares, del barrio, de la vivienda y de su personalidad “porque yo me conozco” dice varias veces.

 

Dentro de los malestares algunos ya están en fase de conflicto.

 

Uno particularmente.

 

La violencia que ejerce uno de sus primos sobre la hermana de su pareja.

 

El sufrimiento que eso trae a la familia.

 

Nosotros ensayamos alternativas, intentando razonar sobre todo con él, que es quien habla.

 

Ella, como de costumbre, mira hacia un costado y abajo, con sus manos torneadas desde la muñeca hacia fuera del centro del cuerpo.

 

La conversación de él se comienza a centrar cada vez más en la violencia del primo de él hacia la hermana de ella….

 

Que ella se había ido a la casa de los padres con los niños y que al cuarto día él la fue a buscar “con un caño” y se la llevó.

 

Que el padre no pudo hacer nada.

 

Que la madre le vino un tremendo dolor en el pecho.

 

Que él quiere que lo denuncien “como lo denunciaron a él”.

 

A mí se me enlenteció el corazón.

 

Miradas furtivas, fugaces entre nosotras y a los ojos.

 

Punto de inflexión no solo en esa conversación, no solo en este día sino en la relación que hemos ido tejiendo con esta pareja en estos meses.

 

Admitía su violencia.

 

Incluso tenía claros los motivos, las circunstancias… que “como no puedo con otros varones o no consigo nada en el requeche, venía y me desquitaba con ella. Le hice de todo yo a ella”.

 

Ella continuaba con la cabeza de costado y brotaron lágrimas de su silencio y mojaron el tapabocas. Lo poco que se veía de la cara estaba enrojecido.

 

Y él siguió: “pero a mí me hizo un click, yo estuve muy mal, muy mal, pa pelarme estuve y ella siempre al lado mío, nunca me dejó. No se fue. Me acompañó. Y yo hice un click”.

 

Yo me levanté y la abracé. De costado también y fuimos al baño. Se lavó, se secó.

 

Le dije: “¿querés contarme algo, querés hablar? de lo que quieras”. Y ella me respondió: “No. No. Ya pasa… Ya pasa”.

 

Al ratito fuimos volviendo, nos fuimos sentando cada una en el lugar que estábamos previamente.

 

Él con los ojos enrojecidos y casi en un murmullo, dice: “a mí me gustaría que mi primo también hiciera el mismo click que hice yo”.

 

En un mundo de tanta palabra vana

 

de tanto discurso políticamente correcto, estas palabras eran vida y vida en abundancia.

 

Me recordaron las palabras de un sacerdote amigo que dice “la diferencia entre magia y milagro es que el milagro se suda. Hay que poner de uno para el milagro”.

 



[1] En duplas visitábamos casa por casa de los vecinos que se mudarían a otro barrio. Nunca es una mudanza voluntaria. Es necesaria porque en general se inundan esos lugares. Los objetos de las casas navegan corriente abajo, todo sucumbe, y la gente cada vez que llueve mucho se prepara para perder. Aún, así no se quieren mudar. Ese es su lugar, su barrio, sus 4 chapas… su querencia. Y por supuesto es un lugar donde las reglas de convivencia son diferentes a los barrios urbanizados.

El Papa León XIV pide al gobierno que tome medidas para proteger a los niños y a los trabajadores de la inteligencia artificial

[Por: Thomas Reese | National Catholic Reporter – IHU]

“La doctrina social católica  siempre ha hecho hincapié en la protección de los trabajadores, por lo que no sorprende que  León XIV  dedique espacio en su encíclica al  impacto de los robots y la inteligencia artificial en los trabajadores “, escribe  Thomas Reese , ex redactor jefe de la revista America, en un artículo publicado por el National Catholic Reporter el 14 de julio de 2026.

 

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30 premios Nobel y 200 líderes mundiales impulsan desde el Vaticano la Declaración de Roma para regular la IA

[Por: Marta Santín | El Confidencial]

 

Del 14 al 16 de julio, León XIV convierte el Borgo Laudato Si’ en Castel Gandolfo, en el escenario de un debate internacional sobre la inteligencia artificial, las armas autónomas y el futuro de la paz…

 

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Ecofeminismo: Cuerpo, religión y educación en la ciudad

[Por: Ivone Gebara | IHU]

Ivone Gebara reflexiona sobre su extensa trayectoria académica como ecofeminista, monja católica, teóloga y filósofa de formación y de acción. Durante más de dos décadas, Ivone fue profesora en el Instituto de Teología de Recife ( ITER ), una experiencia que le permitió interactuar con las periferias urbanas del área metropolitana de Recife , particularmente en Camaragibe , donde residía, y la ciudad se convirtió en la materia prima de su reflexión académica. Nacida en São Paulo en 1944, es doctora en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo ( PUC – SP ) y doctora en Estudios Religiosos por la Universidad Católica de Lovaina , Bélgica…

 

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Padre Beozzo: “O Reino dos Céus é como o fermento que uma mulher pega e mistura com 3 porções de farinha”

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

Depois da parábola do semeador (Mt 13, 1-23), o evangelho deste 16º. domingo apresenta-nos outras três parábolas, a do joio e do trigo, a do grão de mostarda e a do fermento na massa (Mt 13, 24-43). A do joio, fala-nos da desagradável surpresa que lhe trazem os empregados, quando descobrem que, no meio do trigo, está germinando também o joio, uma erva daninha…

 

Confira os comentarios bíblicos e o vídeo.

Por una izquierda cristiana, humanista, post capitalista y propositiva

[Por: Fernando Astudillo Becerra | Reflexión y Liberación]

La izquierda chilena, tal vez la latinoamericana, aparece como confusa o perdida. Hoy se enfrenta entre un purismo que no dinamiza y un pragmatismo vacío.

 

Existe lo que llamaremos una izquierda radical, la crítica a ella es, paradojalmente, su falta de radicalidad real. Radical proviene del latín radix que significa raíz y se utiliza para describir algo que actúa desde ella, por lo que es total o fundamental; sin embargo, esta izquierda, con honrosas excepciones, se ha quedado en la superficie de la estética. Se ha convertido en círculos cerrados donde importa más quién es “más puro” o quién levanta el discurso más contestatario al sistema, que responder la pregunta de cómo conectar con las clases trabajadoras, con la/los marginados, con los/las invisibles…

 

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La resonancia hace eficaz la palabra

[Por: Enrique Martínez Lozano]

En ocasiones, particularmente a medida que empezamos a estar más atentos a nuestro mundo interior, ocurre que la escucha de una persona o la lectura de un texto resuena en nosotros, produciendo una especie de “eco” que nos sorprende.

 

Tal resonancia requiere atención al propio mundo interno —el despiste hace que pase desapercibida— y pone de manifiesto que aquello que hemos escuchado o leído se encontraba ya —tal vez, dormido o inconsciente— en nuestro interior…

 

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El Salvador: El costo humano del régimen de excepción podría constituir crímenes de lesa humanidad

[Por: Jonathan Alpeyrie]

Lo que comenzó como una medida temporal para supuestamente combatir la violencia ejercida por las pandillas se ha convertido en un sistema permanente que promueve y justifica detenciones arbitrarias masivas, suspensión de garantías y graves violaciones de derechos humanos que podría constituir crímenes de lesa humanidad. Así lo concluye Amnistía Internacional en su nuevo informe “Seguridad” sin derechos: El impacto de las detenciones arbitrarias masivas y la negación del debido proceso en la posible comisión de crímenes de lesa humanidad en El Salvador…

 

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El rostro del inmigrante y su criminalización: un acercamiento socio-teológico

[Por: El Blog de Bernabé]

Atravesamos un momento histórico confuso, marcado por cambios acelerados debido a la crisis climática, la secularización, la globalización y un nuevo escenario geopolítico que hace surgir nuevos rostros de la pobreza. Uno de ellos es el de la inmigración: para unos, una amenaza; para otros, una oportunidad de mejorar su calidad de vida. Como explica Alberto Ares, los flujos migratorios plantean serios interrogantes sobre nuestra forma de gestionar la diversidad dentro de las sociedades.1 Sin embargo, la inmigración bien gestionada también contribuye al desarrollo del país que la acoge, fomentando la inversión, el emprendimiento y el crecimiento sociocultural…

 

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Dos antropologías en oposición, presupuestas en la IA

[Por: Leonardo Boff]

El papa Francisco, en la Laudato Si’, sobre el cuidado de la Casa Común (2015), sometió a una rigurosa crítica a la tecnociencia por ser una, entre otras, de las causas de la degradación de la naturaleza. Se trata de la vigencia del paradigma del dominus (ser el dueño), imperante en toda la modernidad, sin que el ser humano se sienta parte de la naturaleza. A este paradigma del dominus, el Papa, en Fratelli tutti (2020), contrapone el paradigma del frater (hermano y hermana). Todos los seres son nuestros hermanos y hermanas porque todos venimos del mismo polvo de la Tierra. Además, todos, desde los más ancestrales, pasando por los dinosaurios, por las aves y llegando hasta nosotros, poseemos el mismo código genético de base, los 20 aminoácidos y las cuatro bases fosfatadas. De ahí se deriva una fraternidad universal, entre los seres humanos y estos con todos los demás seres de la naturaleza. Un lazo de amor y de amistad, enfatiza la encíclica, debería envolver a todos.

 

Esa fraternidad universal proyecta otro tipo de mundo, de política, de economía, comenzando desde abajo, desde la región, siempre al servicio de la comunidad de vida, tanto de la naturaleza como de los seres humanos, particularmente de los más vulnerables. De aquí nace una nueva ética de solidaridad y de cooperación que tiene en la parábola del buen samaritano, detalladamente analizada por Fratelli tutti, su punto de referencia ejemplar.

 

1. La antropología de la vigilancia

 

Subyacentes a la encíclica Magnifica Humanitas están vigentes dos antropologías criticadas por ella: la de la vigilancia y la del cuidado. En la metáfora del Papa, Babilonia y Jerusalén. La primera, la de la vigilancia, fue formulada inicialmente por la filósofa y psicóloga estadounidense Shoshanna Zuboff en 2021. Después fue asumida por el fundador de Palantir, Peter Thiel. No tiene como objetivo el proceso económico, sino el control y la vigilancia de las personas. Peter Thiel parte de una antropología extremadamente reduccionista: «el hombre es un ser peligroso, marcado por pasiones, naturalmente inclinado al conflicto, necesitando contención».

 

La estrategia consiste en vigilarlo, sustrayéndole espacios de libertad de tal forma que pueda ser contenido dentro del sistema imperante, capitalista neoliberal especulativo. Este encuentra nombres más suaves para ser mejor absorbido, sin cambiar su lógica: «democracia de mercado» o «capitalismo democrático».

 

Esa antropología llevó al pensador Garrett Hardin a afirmar: «Habiendo eliminado todos los otros enemigos, el hombre es ahora su peor enemigo; al terminar con todos sus depredadores, el hombre es el depredador de sí mismo».

 

Esa estrategia de control y de vigilancia, debido a la crisis climática, enfrentará grandes disturbios sociales. Pretendiendo salvar a la humanidad de su perversidad natural, la somete totalmente.

 

Es en ese sentido que la Magnifica Humanitas somete a una rigurosa crítica, aun reconociéndole algunos méritos, al transhumanismo y al poshumanismo. El transhumanismo procura explorar al máximo las capacidades humanas mediante recursos técnicos y biológicos, buscando una mayor eficiencia en función de la acumulación. El poshumanismo es más radical, pues procura acoplar de tal forma al ser humano a la máquina y a la naturaleza que innovaría la historia y fundaría una nueva era geológica, a semejanza del antropoceno.

 

Todas estas propuestas son derivaciones del paradigma de la modernidad, del dominus: el ser humano apropiándose de todo y colocándose fuera y por encima de la naturaleza. Por más severa que sea la observación, importa reconocer que este proyecto, que excluye la trascendencia y se apoya únicamente en las acciones humanas, realiza la construcción de la Babilonia denunciada por el Pontífice. Él no apunta hacia una mayor humanización ni hacia relaciones sociales más amistosas. Dada su lógica interna de competencia sin solidaridad, tal proyecto puede conducirnos a la autodestrucción. Esto ya había sido anteriormente advertido por el cosmólogo Carl Sagan al considerar el riesgo de la difusión de armas letales. Él acuñó la expresión principio de la autodestrucción.

 

2. La antropología del cuidado y de la prevención

 

A esta antropología de la vigilancia y del control se opone la antropología del cuidado y de la prevención, la reconstrucción de Jerusalén que, junto con el esfuerzo humano, incluye una referencia a lo trascendente, a Dios. La ventaja de esta categoría del cuidado es que pertenece a la esencia del ser humano, como fue visto desde la fábula 220 de Higino, en la antigüedad romana, y profundizado por Martin Heidegger en Ser y tiempo y por la enfermera inglesa Florence Nightingale. La Carta de la Tierra y la encíclica del papa Francisco tienen como subtítulo: «Sobre el cuidado de la Casa Común».

 

El cuidado representa una relación no agresiva y amistosa con todo lo que existe y vive. Si las Big Tech y la IA estuvieran imbuidas de cuidado y del principio de prevención de posibles males, jamás pondrían en riesgo la vida humana y el futuro del planeta con toda su biodiversidad.

 

Este paradigma del cuidado emerge como el más adecuado a la propuesta del Papa Francisco y del Papa León XIV, y de lo mejor de la reflexión ecológica, de un mundo caracterizado por el amor y por la amistad. Él está dentro de las posibilidades humanas. La visión antropológica de Peter Thiel olvida que el ser humano es, por esencia, un ser de amor, como fue demostrado por los biólogos James Watson, Humberto Maturana y Francisco Varela, estos dos últimos chilenos. Igualmente, es un ser de solidaridad, por medio de la cual dio el salto de la animalidad a la humanidad.

 

La nueva ciencia afirma actualmente que la espiritualidad es un dato objetivo de la naturaleza humana, así como lo son la razón y la voluntad. Ella se revela por el amor, por la cooperación, por la apertura al Misterio del mundo, en el lenguaje de los cosmólogos llamado All-nourishing Abyss (Abismo generador de todo).

 

La sociedad de la vigilancia y del control entrena a las personas; la sociedad del cuidado las educa. Esa educación es urgente si queremos continuar sobre este planeta vivo, nuestra patria y matria comunes. Entonces no se realizará la advertencia del papa Francisco en Fratelli tutti: «Estamos todos en la misma barca. Nadie se salva solo. O nos salvamos todos o no se salva nadie».

 

El papa León XIV, con su Magnifica Humanitas, nos ofrece orientaciones viables para garantizar un buen futuro para la humanidad, para la Casa Común y para la naturaleza.

 

Vale la esperanzadora afirmación de un estudioso de la cultura patriarcal, el brasileño Antonio Sales Rios Neto, que seguramente va en la línea positiva de la Magnifica Humanitas y de la nueva ecología:

«Surgirán iniciativas hasta el punto de hacer posible una democracia planetaria, que abrace el pluralismo de modos de vivir y una economía que reencuentre su sentido original —la preservación de la vida y el cuidado de nuestra única Casa Común—, a tiempo de evitar la interrupción prematura de la experiencia humana. ¡No cuesta mucho imaginarlo e intentarlo!» Así lo quiera Dios.

 

Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo, escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br)  y es autor de Cuidar de la Casa Común: pistas para postergar el fin del mundo. (https://www.leonardoboff.org).