InicioBlogs¿Qué es lo que hoy más falta en la política de Brasil...

¿Qué es lo que hoy más falta en la política de Brasil y del mundo?

Es innegable que actualmente vivimos uno de los tiempos más dramáticos y peligrosos de la historia de la humanidad. Hemos construido una forma de organización social mundializada prácticamente basada únicamente en la racionalidad instrumental y analítica. Hemos reprimido otras formas de racionalidad, especialmente la razón cordial —la del amor, la sensibilidad, la solidaridad y la ética—. Por eso hemos llegado a un punto en el que este tipo de uso de la razón se ha vuelto irracional. Se han creado los medios para autodestruirnos totalmente y para destruir también toda la naturaleza que nos sostiene.

Los 1.300 investigadores en Inteligencia Artificial llamaron la atención sobre el riesgo que esta representa para la humanidad. El principal investigador de la plataforma Anthropic renunció advirtiendo: “Puede matarnos antes de 2030”. Gracias a la buena voluntad, todas las plataformas aceptaron una moratoria para pensar cómo evitar la locura de una IA.

Con sabiduría señalaba el papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la casa común (2015)”: “El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto, porque el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores y conciencia” (n. 105).

El valor más importante, aquel que posiblemente más nos hace falta tanto en las relaciones personales y sociales como en las internacionales, es la buena voluntad. No se constata buena voluntad para comprender al otro más allá de las diferencias de ideas, de visiones políticas o de religión.

Mucho menos existe buena voluntad en el ámbito de la geopolítica, especialmente entre el Estado terrorista de Israel y los palestinos de la Franja de Gaza y de Cisjordania, así como con los combatientes del sur del Líbano; sin hablar de la vergonzosa mala voluntad entre rusos y ucranianos, y, aún más escandalosamente, entre los Estados Unidos de América e Irán. No debemos olvidar los más de sesenta escenarios de guerra que existen, como ocurre de manera terrible en el Congo.

Hay una frase de Fiódor Dostoyevski que resume un gran sueño en su relato fantástico de 1877, El sueño de un hombre extraño: “Si todos quisieran lo mismo, en un abrir y cerrar de ojos todo cambiaría sobre la faz de la Tierra”.

Esto, lógicamente, es utópico. Pero quién sabe si algún día, cuando la humanidad se enfrente con la realidad concreta de que puede desaparecer definitivamente de este planeta, todos querrán entonces lo mismo: salvarse y no morir miserablemente. Entonces todo podrá cambiar.

Pero quien nos dejó la mejor lección fue uno de los más grandes pensadores de la ética, Immanuel Kant (1724-1804), en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Allí afirma algo verdadero que, traducido libremente, dice: “La única virtud que es irrestrictamente buena y que no posee en sí misma ningún defecto es la buena voluntad. Si no fuese totalmente buena, no sería buena voluntad”.

Dicho en un lenguaje sencillo: o la buena voluntad es buena, o entonces no lo es.

Tal como están las cosas, en medio de la erosión del orden mundial —desorden para las grandes mayorías— provocada por el presidente Donald Trump, enloquecido y atribuyéndose dimensiones divinas al decidir él mismo qué es el bien y qué es el mal —bíblicamente, uno de los signos del anticristo—, podemos esperar cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, incluso el descontrol de una IA autónoma que ya no nos quiera sobre la Tierra, o una guerra nuclear con armas estratégicas que lo destruirían todo.

La mala voluntad de Trump al frustrar todos los medios para alcanzar la paz lo convierte en alguien capaz de poner en riesgo existencial a toda la humanidad.

Brasil atravesó una fase de insania política como jamás habíamos imaginado en nuestra historia. Las maldades colectivas practicadas por el presidente anterior al actual se inscriben en el ámbito de una patología personal que contaminó a millones de personas. Extrañamente, continúa envenenando a sectores significativos de nuestra población.

Bien enseñaba el sabio del Antiguo Testamento: “El hombre depravado provoca desgracias —los 400 mil muertos como consecuencia de negar la ciencia— y el violento pervierte al prójimo y lo conduce por el mal camino” (Proverbios 16,27-29).

Así intentó un golpe de Estado para perpetuar su política de desmantelamiento de todo aquello que se había construido trabajosamente; ahora paga su cobarde crimen con la merecida prisión.

Fue alguien que en ningún momento demostró buena voluntad: no visitó siquiera un hospital, se burló de quienes morían asfixiados por falta de aire y despreciaba a los muertos y a quienes lloraban por ellos.

Finalmente triunfó el sentido común del actual jefe de Estado, ojalá sea reelegido, que cuida de su pueblo, sacando a millones de personas del mapa del hambre y creando condiciones para una vida digna para quienes han sido injustamente desposeídos. Valen para él las palabras del mismo sabio: “Su cuidado es como una nube de lluvia primaveral” (Proverbios 16,15).

Si la buena voluntad es tan decisiva, entonces todos debemos cultivarla y, de esa manera, humanizar las relaciones humanas.

Es necesario hacerla emerger también en los demás, pues existe dentro de cada ser humano; sin embargo, hoy aparece cubierta por una capa de cenizas producida por el individualismo, el consumismo y la falta de sensibilidad hacia quienes están sufriendo, ya sea entre los seres humanos, ya sea entre los seres de la naturaleza, entre los ecosistemas y en la propia Madre Tierra que, por causa de la mala voluntad, pende de una cruz y clama por ser resucitada.

O elegimos la buena voluntad, que podrá salvarnos a todos, o se cumplirán las severas advertencias del papa Francisco: “Esta vez estamos todos en el mismo barco; nadie se salva solo: o nos salvamos todos o nadie se salva”.

Pero creemos y esperamos que la buena voluntad finalmente prevalecerá y que así se garantizará una nueva etapa, más integradora, entre todos los seres humanos, con la naturaleza y con el Todo.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (www.revistaliberta.com.br). También escribió Habitar la Tierra: la hermandad universal, Vozes, 2022 (www.leonardoboff.org).

Últimas noticias

Voces

Multimedia