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Francisco, el Papa que se va con sus zapatos puestos

[Por: Luis Miguel Modino | Religión Digital]

Hasta el final, hasta en su despedida, Francisco fue genio y figura. Al último pontífice se le puede considerar un gran metrónomo, que ha sabido medir los tiempos y los gestos. Como buen jesuita, ha puesto al ser humano y el hecho de ser humano en primer lugar y por encima de todo. Un reconocimiento que se ha hecho manifiesto en su funeral, que se convirtió en un gran homenaje de la gente, para la que a lo largo de su pontificado tuvo tantos dones. A ellos, a pesar de su delicada salud, quiso acompañarlos hasta el último día, dando su bendición en el Domingo de Pascua.

 

Se fue entre aplausos

 

La simplicidad de los ritos funerarios, el hecho de ser enterrado con sus propios zapatos, sus famosos y gastados zapatos negros, de morir con las botas puestas, hacen memoria de su vida. El arzobispo que andaba en metro, el Papa que se movía en coches populares, nunca podría irse entre pompas. Por el contrario, se fue entre los aplausos, que reconocían el hecho de haberse hecho pequeño, el querer y conseguir ser uno de tantos, en seguir siendo el padre Jorge.

 

La homilía del cardenal Re, que firmaría el propio Francisco, fue una fotografía bien encuadrada de lo que fue su pontificado. Las palabras y el tono de voz de un cardenal de 91 años son dignas de alabar, dando voz a todo lo que vivió en los últimos años el Papa al que poco a poco se le fue apagando la voz. Una voz que permanecerá como legado, una voz que “ha tocado mentes y corazones”, que decía el purpurado.

 

Amor concretado en la misericordia

 

El amor de Francisco a Jesús no se pone en duda, un amor que concretaba en la misericordia para con los descartados. Con ello dejó claro que en su misión como pontífice “no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Una cita del Evangelio que fue recordada por el decano del Colegio Cardenalicio, que también insistió en que “a pesar de su fragilidad y sufrimiento final, el Papa Francisco eligió recorrer este camino de entrega hasta el último día de su vida terrenal. Siguió las huellas de su Señor, el buen Pastor, que amó a sus ovejas hasta dar por ellas su propia vida”.

 

Esas ovejas siempre tuvieron el rostro de la oveja perdida, de las ovejas a quienes la sociedad, y a veces también la Iglesia, descartó. Como reconocía Re, prestó “especial atención hacia las personas en dificultad, entregándose sin medida, en particular por los últimos de la tierra, los marginados”. Ellos, los más sencillos, le entendían bien, hablaba su lenguaje, la jerga de la gente, sabía sacar la sonrisa, hacer el chiste. “Tenía gran espontaneidad y una manera informal de dirigirse a todos”, que decía Re en la homilía. A los brasileños siempre les picaba, como buen futbolero, preguntando: “¿Quién es mejor, Pelé o Maradona?”

 

El Papa de las periferias

 

Un Papa de todos, todos, todos, como la Iglesia que soñaba, “deseosa de hacerse cargo de los problemas de las personas y los grandes males que desgarran el mundo contemporáneo; una Iglesia capaz de inclinarse ante cada persona, más allá de todo credo o condición, sanando sus heridas”, como recordaba el decano. Un Papa de las periferias y que sobre todo viajó a las periferias, iniciando en Lampedusa sus viajes, casi siempre marcados por estar al lado de los invisibles para aquellos que mandan, que por otra parte no dejaron de estar al lado de su ataúd, la gran mayoría reconociendo su gran aportación a un mundo herido por las guerras, la pobreza, la polarización y tantas otras heridas que se empeñó en curar a ejemplo del buen samaritano.

Un curar heridas que llevase a concretar el Evangelio de la misericordia, que siempre fue el motor de su vida, desde los tiempos en que recorría los callejones de las villas bonaerenses, para hacer visible que Dios perdona siempre y a todos. Y hacer eso con alegría, con la Alegría del Evangelio, dejando de lado la cultura del descarte y asumiendo la del encuentro y la solidaridad, la vida en fraternidad, ideas presentes en la homilía de su funeral.

 

El cuidado de todas las criaturas

 

Francisco, siempre preocupado con el cuidado de todas las criaturas, a ejemplo del poverello de Asís. El Papa de la ecología integral, y cuanto le agradecemos eso quienes vivimos en la Amazonía, por la que siempre se preocupó y en la que experimentó su propuesta de caminar juntos como Iglesia, en sinodalidad, construyendo puentes y no muros.

 

Por eso le pedimos, como hacía Re, que rece por nosotros, que su memoria y su enseñanza siga presente entre nosotros, que nos mueva para seguir haciendo lio, construyendo un mundo y una Iglesia menos complicados, donde el Evangelio marque el camino a seguir, donde los últimos puedan ser los primeros, aquellos que calzan zapatos viejos o que muchas veces no tienes ni zapatos.

 

Publicado en: https://www.religiondigital.org/luis_miguel_modino-_misionero_en_brasil/Francisco-Papa-va-zapatos-puestos_7_2773892599.html

El Papa Francisco no es solo un nombre sino un proyecto de Iglesia

[Por: Leonardo Boff]

Todo punto de vista es la vista desde un punto, afirmé una vez. Mi punto de vista sobre el Papa Francisco es el latinoamericano. El mismo Papa Francisco se presentó como “aquel que viene del fin del mundo”, es decir, de Argentina, del extremo Sur del mundo. Este hecho no carece de relevancia, pues nos ofrece una lectura distinta de otras, de otros puntos de vista.

 

La elección del nombre Francisco, sin antecedentes, no es fortuita. Francisco de Asís representa otro proyecto de Iglesia cuya centralidad reside en el Jesús histórico, pobre, amigo de los despreciados y humillados, como los leprosos, con los cuales fue a vivir. Pues esta es la perspectiva asumida por Bergoglio al ser elegido Papa. Quiere una Iglesia pobre para los pobres. Consecuentemente se despoja de las vestiduras honoríficas, de la tradición de los emperadores romanos, bien representadas por la mozzetta, pequeña capa blanca adornada de joyas, símbolo del poder absoluto de los emperadores e incorporada a las vestimentas papales. La rechazó y se la dio al secretario como recuerdo. Viste un traje blanco sencillo con la cruz de hierro que siempre usó. Vivió en la mayor sencillez (el Papa no viste prada) y sin ceremonia, rompió ritos para poder estar cerca de los fieles. Eso seguramente escandalizó a muchos de la vieja cristiandad europea, acostumbrada a la pompa y gloria de las vestimentas papales y en general de los prelados de la Iglesia. Cabe recordar que tales tradiciones se remontan a los emperadores romanos, pero no tienen nada que ver con el pobre artesano y campesino mediterráneo de Nazaret.

 

Sorprendentemente se presentó, primero como obispo local de Roma, después como Papa para animar la Iglesia universal y, como enfatizó, no con el derecho canónico sino con el amor.

 

Escogió el nombre de Francisco porque San Francisco de Asís es el “ejemplo por excelencia del cuidado y por una ecología integral vivida con alegría y autenticidad (Laudato si’, n.10), que llamaba a todos los seres con el dulce nombre de hermano y hermana”.

 

No quiso vivir en un palacio pontificio, sino en una casa de huéspedes, Santa Marta. Guardaba la fila para comer, como todos los demás, y con humor comentaba: así es más difícil que me envenenen.

 

Puso en el centro de su misión la preferencia y el cuidado de los pobres, especialmente de los migrantes. Dijo con honradez: “ustedes europeos estuvieron primero allí, ocuparon sus tierras y riquezas y fueron bien recibidos. Ahora ellos están aquí y no están dispuestos a recibirlos”. Con tristeza constataba la globalización de la indiferencia.

 

Por primera vez en la historia del papado, el Papa Francisco recibió varias veces a los movimientos sociales mundiales. Veía en ellos la esperanza de un futuro para la Tierra, porque la tratan con cuidado, cultivan la agroecología, viven una democracia popular y participativa. Les repitió muchas veces el derecho que les es negado, las famosas tres T: Tierra, Techo y Trabajo. Deben comenzar ahí donde están, en la región, pues es ahí donde se puede construir una comunidad sostenible. Con eso legitimó todo un movimiento mundial, el biorregionalismo, como forma de superación de la explotación y la acumulación de pocos y con más participación y justicia social para muchos.

 

En este contexto escribió dos extraordinarias encíclicas: Laudato si’: sobre el cuidado de la casa común (2020), presentando una ecología integral que implica el medio ambiente, la política, la economía, la cultura, la vida cotidiana y la espiritualidad ecológica. En la otra, Fratelli tutti (2025), frente a la degradación generalizada de los ecosistemas, hace una seria advertencia: “estamos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie” (n.34). Con estos textos, el Papa se sitúa a la cabeza de la discusión ecológica mundial que va más allá de la simple ecología verde y de otras formas de producción sin cuestionar nunca el sistema capitalista que, por su lógica, crea acumulación por un lado, a costa de la explotación, por el otro, de las grandes mayorías.

 

El Papa Francisco viene de la teología de la liberación de vertiente argentina que enfatiza la opresión del pueblo y el silenciamiento de la cultura popular. Fue discípulo del teólogo de la liberación Juan Carlos Scannone, al que cita a pie de página en Laudato si’. Ya como estudiante e inspirado en esta  teología se hizo a sí mismo una promesa: hacer todas las semanas una visita a las “villas miseria”. Entraba en las casas, se informaba de los problemas de los pobres y suscitaba esperanza en todos. Mantuvo durante años una polémica con el gobierno que hacía asistencialismo y paternalismo como políticas de estado. Reclamaba diciendo: así jamás se sacará a los pobres de la dependencia. Lo que necesitamos es justicia social, raíz de la real liberación de los pobres. En solidaridad con los pobres, vivía en un pequeño apartamento, cocinaba su comida, iba a buscar su periódico. Rechazó vivir en palacio y usar un automóvil especial.

 

Esta inspiración libertadora iluminó el modelo de Iglesia que se dispuso a construir. No una Iglesia cerrada cual castillo, imaginándola rodeada por todos lados de enemigos venidos de la modernidad con sus conquistas y libertades. A esta Iglesia cerrada opuso una Iglesia en salida hacia las carencias existenciales, una Iglesia cual hospital de campaña que acoge a todos los heridos, sin preguntarles su tendencia sexual, religión o ideología: basta que sean humanos necesitados.

 

El Papa Francisco no se presenta como un doctor de la fe sino como un pastor que acompaña a los fieles. Pide a los pastores que tengan olor a oveja por su proximidad y compromiso con los fieles, ejerciendo la pastoral de la ternura y de la amorosidad.

 

Tal vez ningún papa en la historia de la Iglesia haya mostrado tanto valor como él al criticar el sistema vigente que mata y que produce dos feroces injusticias: la injusticia ecológica devastando los ecosistemas y la injusticia social explotando la humanidad hasta la sangre. Nunca en la historia ha habido tanta acumulación de riqueza en tan pocas manos como ahora. Ocho personas individualmente poseen más riqueza que 4,7 mil millones de personas. Es un crimen que clama al cielo, ofende al Creador y sacrifica a sus hijos e hijas.

 

Como pastor más que como doctor, su mensaje se fundaba especialmente en el Jesús histórico, amigo de los pobres, de los enfermos, de los marginados y de los oprimidos. Fue asesinado en la cruz por un doble proceso, uno religioso (ofensas a la religión de la época y su afirmación de sentirse Hijo de Dios) y otro político, por las fuerzas de ocupación romana.

 

No ponía mucho acento en las doctrinas, en los dogmas y en los ritos, que siempre respetó, pues reconocía que con tales cosas no se llega al corazón humano. Para esto se necesita amor, ternura y misericordia. Una vez dijo una de las frases más importantes de su magisterio: Cristo vino a enseñarnos a vivir el amor incondicional, la solidaridad, la compasión y el perdón, valores que componen el proyecto del Padre que es el centro del anuncio de Jesús: el Reino de Dios. Prefiere un ateo sensible a la justicia social que un fiel que asiste a la iglesia pero no tiene una mirada para su semejante que sufre.

 

Tema recurrente en sus predicaciones es el de la misericordia. Para el Papa Francisco la misericordia es esencial. La condenación es solo para este mundo. Dios no puede perder a ningún hijo o hija que ha creado por amor. La misericordia vence a la justicia y nadie puede imponer un límite a la misericordia divina. Alertaba a los predicadores a no hacer lo que se hizo durante siglos: predicar el miedo e infundir en la gente el pavor del infierno. Todos, por peores que hayan sido, están bajo el arcoíris de la gracia y la misericordia divina.

 

Lógicamente no todo vale en este mundo. Los que vivieron una vida sacrificando otras vidas y preocupándose poco o incluso negando a Dios pasarán por la clínica curadora de la gracia, en la cual reconocerán sus maldades y aprenderán lo que es el amor, el perdón y la misericordia. Sólo entonces la clínica de Dios, que no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo, se abrirá para que participen también ellos de las promesas divinas.

 

Con su llamamiento en favor de los empobrecidos, con su crítica valiente al sistema vigente que produce muerte y amenaza las bases ecológicas que sustentan la vida, por su apasionado amor y cuidado de la naturaleza y de la Casa Común, por sus incansables esfuerzos para mediar en guerras en función de la paz, emergió como un gran profeta que anunció y denunció, pero suscitando siempre la esperanza de que podemos construir un mundo diferente y mejor. Con eso se mostró como un líder religioso y político respetado y admirado por todos.

 

Es inolvidable aquella imagen del Papa caminando solitario bajo la lluvia fina por la plaza de San Pedro hacia la capilla de oraciones para que Dios salvase a la humanidad del coronavirus y tuviese misericordia de los más vulnerables.

 

El Papa Francisco honra a la humanidad y quedará en la memoria como una persona santa, amable, cariñosa y extremadamente humana. Gracias a figuras así Dios todavía se apiada de nuestras maldades y locuras y nos mantiene vivos sobre este pequeño y bello planeta.

 

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, Trotta 2013; A amorosidade do Deus-Abba e Jesus de Nazaré, Vozes 2025.

 

Traducción de Mª José Gavito Milano.

26 de abril: Día Internacional en Recuerdo del Desastre de Chernóbyl

[Por: Leandro Sequeiros]

El 26 de abril se celebra el Día Internacional de Recuerdo del Desastre de Chernóbyl, una fecha decretada por la ONU en su Resolución 71/125 de 19 de diciembre de 2016. El objetivo de esta efeméride es conmemorar uno de los mayores desastres nucleares que ha vivido la humanidad en las últimas décadas, ocurrido en Pripyat, Ucrania y el cual dejó un saldo muy alto de muertos y heridos debido a la radiación nuclear…

 

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Imagen: https://www.un.org/es/observances/chernobyl-remembrance-day

El pensamiento político y económico revolucionario del Papa Francisco

[Por: Juan José Tamayo]

Durante los doce años de su pontificado, el Papa Francisco ha demostrado ser un líder moral internacional en una época en la que no andamos muy sobrados de ellos, tanto en el terreno político y económico, como en el religioso y social. Ha llevado a cabo una de las transformaciones más importantes del catolicismo en la doctrina social de la Iglesia, que se ha caracterizado por un pensamiento socioeconómico, político y ecológico revolucionario, que ha ido más allá de la socialdemocracia y está en plena sintonía con los partidos de la izquierda radical y con los economistas que propone modelos económicos alternativos. 

 

Francisco ha sido un importante freno a los colectivos fundamentalistas e integristas dentro del cristianismo, a las tendencias sociales y culturales reaccionarias, a las organizaciones políticas ultraneoliberales y a los partidos políticos de la extrema derecha. Es por ello que los dirigentes de estas organizaciones lanzan contra él todo tipo de insultos e improperios.

 

Voy a intentar demostrarlo a través de la lectura de las tres encíclicas más originales y rupturistas con los pontificados anteriores: La alegría del Evangelio, de 2013, la Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común, de 2015, y la Fratelli tutti. Sobre la fraternidad y la caridad social, de 2020.

 

La alegría del Evangelio es una de las críticas más severas contra el capitalismo en su versión neoliberal, que califica de injusto en su raíz. En ella denuncia la “globalización de la indiferencia”, que nos vuelve “incapaces de compadecernos ante los clamores de los demás” y de llorar ante “el drama de los demás”, y la “anestesia que provoca “la cultura del bienestar”. Critica con severidad la cultura del descarte que considera a las personas y los colectivos excluidos como desechos y población sobrante, a quienes se deja morir de manera inmisericorde.

 

Coincide en esta valoración con el politólogo camerunés Achille Mbembe, que habla de la necropolítica entendida como la capacidad de todos los poderes coaligados para decidir quién tiene que vivir y quién debe morir. Interpreta la crisis como resultado de un capitalismo salvaje dominado por la lógica del beneficio a cualquier precio y pronuncia cuatro “noes” que deberían hacer temblar los cimientos del sistema capitalista por su radicalidad: no a una economía de la exclusión y la inequidad que utiliza al ser humano como bien de consumo, de usar y tirar, y mata, pero no metafóricamente sino realmente; no a la nueva idolatría del dinero, que se manifiesta en el fetiche de la propiedad y en la dictadura de la economía sin rostro humano, niega la primacía del ser humano y nos somete “a los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”; no a un dinero que gobierna el mundo en lugar de servir y considera la ética como contraproducente; no a la inequidad que es la raíz de los males sociales, genera violencia y tiene un fuerte potencial de muerte.

 

Pero sus críticas al neoliberalismo no desembocan en derrotismo, sino en propuestas económicas y políticas alternativas. Su modelo económico está guiado por el bien común. Entiende la política como la capacidad para reformar las instituciones, superar las presiones plutocráticas y generar buenas prácticas de justicia y equidad. En este sentido su sintonía con los movimientos populares es total. Ha mantenido varios encuentros con ellos en diferentes escenarios y ha hecho suyas las reivindicaciones de las 3T: “Techo, Tierra y Trabajo”.

 

La ecología fue desde el principio otra de sus opciones fundamentales. Ha sido el primer papa de la historia del cristianismo que ha escrito una encíclica sobre la crisis ecológica y sus respuestas: Laudato Si’. Sobre el cuidado de la casa común. En ella critica el antropocentrismo moderno, que considera al ser humano dueño y señor absoluto de la naturaleza. La crítica se extiende a la antropología cristiana por transmitir “un sueño prometeico sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles”. Y no solo provocó la impresión, sino contribuyó a la depredación de la naturaleza. Cuidadanía y ciudadanía van a la par. La cuidadanía, debe traducirse en cuidar la naturaleza y reconocer su dignidad y sus derechos. La ciudadanía consiste en reconocer los mismos derechos y la misma dignidad a todas las personas, cualesquiera fueran su origen, clase social, etnia, cultura, religión, género, identidad sexual, etc. 

 

Francisco como alternativa un nuevo modo de vida eco-humana y un modelo de desarrollo sostenible e integral y subraya la relación inseparable entre ecología y antropología: “no hay ecología sin antropología”, escribe. La degradación ambiental y la degradación humana van al unísono y la lucha contra ellas son inseparables.

 

La encíclica Fratelli tutti es, a mi juicio, uno de los mejores análisis críticos de las densas sombras que se ciernen sobre nuestro mundo, al que Francisco define como un “mundo cerrado”, sin un proyecto liberador para todos los seres humanos y la naturaleza, con “una globalización y un progreso sin un rumbo común”, “sin dignidad humana en las fronteras”. Este mundo se caracteriza por el sometimiento de los pueblos y la pérdida de la autoestima por mor de las nuevas formas de colonialismo, por una mentalidad xenófoba hacia inmigrantes, por una cultura al servicio de los poderosos, una fiebre consumista y la especulación financiera y el expolio, “donde los pobres son los que siempre pierden” (n. 53).

 

Lleva a cabo una crítica al neoliberalismo con gran rigor argumental y cuestionamiento de la racionalidad económica ortodoxa. Francisco desenmascara la falsa creencia que se quiere imponer a la humanidad de que el mercado solo lo resuelve todo. Nada más lejos de la realidad. El mercado crea más problemas de los que resuelve, el más importante el incremento de las desigualdades.

 

Recurriendo al lenguaje religioso llama a dicha creencia “dogma de la fe neoliberal” y la califica de pensamiento pobre y repetitivo, ya que propone siempre las mismas recetas cualquiera fuere la situación. Subraya la estrechez de ciertas visiones economicistas y monocromáticas, llama la atención sobre la falibilidad de las recetas dogmáticas de la teoría económica neoliberal y critica los estragos que produce la especulación financiera cuyo fin fundamental es la ganancia fácil.

 

Publicado en El País, 23 de abril, 2025.

24 de abril: Día internacional del Multilateralismo y la Diplomacia para la Paz

[Por: Leandro Sequeiros]

Es necesario reconocer que el multilateralismo no está en su mejor momento. El presidente Trump intenta debilitar a Europa y por ello, opta por hacer pactos bilaterales para evitar enemigos económicos fuertes. Es el momento de presionar como sociedad civil para recuperar la globalización que es el mecanismo menos injusto para los descartados de este mundo…

 

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Imagen: https://www.peaceandcooperation.org/dia-internacional-del-multilateralismo-y-la-diplomacia-para-la-paz/

Noticias Iglesia Internacional: 22 de abril de 2025 “Especial Papa Francisco” 2

[Coordina: Cecilia Tovar]

El ‘Testamento’ del Papa Francisco: “El sufrimiento que se ha hecho presente en la última parte de mi vida lo he ofrecido al Señor por la paz en el mundo y la fraternidad entre los pueblos”…

 

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Non habemus Papam

[Por: Miriam Díez Bosch | Catalunya Religio]

El Papa se va del Vaticano, pero lo retendremos, porque su pontificado ha sido lo suficientemente fructífero para ser memorable. Su voluntad es dejar la tierra vaticana, y, terco como era, lo ha dejado todo listo para no ser enterrado dentro de la basílica de san Pedro. Ha elegido otra basílica romana, más pequeña (conocida como la española), en el centro de la ciudad, entre el Coliseo y Termini. Le tiene una devoción especial y desea ser sepultado como cualquier persona. Pero ay las, es un Papa, y tendrá que ver, posmuertan, algunas servidumbres, como los jefes de estado y de gobierno que ya se apresuran por estar allí, a decirle adiós al Papa de la ternura, de la misericordia, de la oración -porque era un Papa muy devoto, y su activismo social nos lo puede ofendir- nos lo puede ofender…

 

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El legado del papa de la esperanza

[Por: Grupo Loyola]

Francisco, el papa de la esperanza, ha partido, pero su legado sigue vivo. Esa voz suya, curtida, llena de vida, que durante doce años ha removido la fe de tanta gente, no se apaga porque él ya no esté. Nos ha dado una lección que no caduca: la esperanza no es algo para los días grises ni un parche para el alma, sino una apuesta por seguir creyendo en lo bueno, por pelear por un mundo más humano, por no tirar la toalla aunque todo pinte mal. Él lo hizo hasta el final. Predicó y vivió el evangelio, miró de frente a los que nadie ve, puso las manos donde otros solo ponen excusas.

 

¡Que no se nos desgaste Francisco! Que su ejemplo no se nos oxide en la memoria, que nos empuje a no conformarnos, a caminar con su misma mezcla de ternura, misericordia y el coraje que no se arruga. Que su fe, tan viva, tan de verdad, tan pegada a la piel, siga latiendo en nosotros…

 

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Francisco transparentó el Evangelio

[Por: Juan Manuel Hurtado López]

Dicen los pueblos mayas del sureste mexicano que las personas venimos a este mundo para hacer visible en nuestra vida algún rasgo de Dios: su belleza, su verdad, su misericordia, su grandeza, su sabiduría; Las personas venimos para hacer transparente algún rasgo del Creador.

 

Yo creo que Francisco hizo transparente para nosotros, nosotras, el Evangelio de Jesús; o como él dice: “La Alegría del Evangelio”. Y esto lo hizo con sus gestos, con su testimonio, con su palabra, con sus actitudes.

 

Francisco nos dejó muchos gestos del Evangelio: visitar Lampedusa para levantar un grito de auxilio, de denuncia y también de compasión con tantos migrantes que, huyendo del hambre y de las guerras, arriesgan sus vidas y muchos naufragan y mueren en el intento. Gritó con fuerza ante Europa para no hacer del Mediterráneo un cementerio.

 

Francisco el Jueves Santo no lavó los pies a sacerdotes, obispos, cardenales o gerentes de empresas. Francisco fue a la cárcel y ahí lavó los pies de los presos, más allá de la propia Iglesia católica.

 

Francisco visitó campos de refugiados para brindar un saludo, un abrazo, cercanía misericordiosa y ternura a aquellas personas tan abandonadas.

 

Cuando Francisco vino a México fue a San Cristóbal de Las Casas a encontrarse con los pueblos originarios, con los indígenas para brindarles defensa, valoración de sus culturas y comió con un grupo de ellos a la mesa para escucharlos y decirles su palabra.

 

En su esfuerzo por fortalecer el diálogo interreligioso se hincó y besó los pies de los líderes religiosos de otras confesiones.

 

El Evangelio de Francisco es un Evangelio de gestos como el de Jesús: abrazo a enfermos, discapacitados, niños, ancianos, presos. A la mujer le abrió espacios importantes en la Iglesia, quizá no todos los que hubiéramos querido. Pero sí les confirió cargos importantes a varias mujeres.

 

Siguiendo a René Girard, yo creo que Francisco en su vida de sencillez, pobreza y rechazo de todo poder y ostentación vanidosa –esto indica el nombre que eligió como Papa- hizo gestos miméticos de imitación de Aquel a quien él seguía: a Jesús de Nazareth; por eso queda tan claro el mensaje del Evangelio.

 

Pero además, Francisco nos dejó un amplio y sólido Magisterio que da cuenta de su testimonio. La Alegría del Evangelio es toda una espiritualidad, una mística de desapego del yo, del orgullo y de lo superficial y nos lleva por aguas profundas para sumergirnos en la vida de Jesús. Nos muestra que no hay nada en este mundo que nos pueda dar tanta alegría, gozo, esperanza y sentido de la vida como la persona de Jesús de Nazareth.

 

El rostro de la misericordia, La Alegría del amor, Laudato Si’ sobre el cuidado de la Casa común, Querida Amazonía y “Todos hermanos” reflejan al pastor, al amigo, al hermano; reflejan a un hombre bien informado que saca del baúl de su experiencia y de su sabiduría cosas nuevas y cosas antiguas para alimentar a su pueblo. Recurre a filósofos lo mismo que a poetas, a místicos y Padres de la Iglesia, lo mismo que a autores contemporáneos o a la Sagrada Escritura. Hay tanta novedad y frescura en sus escritos que no se cansa uno de leer y releer su palabra. Y todo esto, acorde con su vida. Esto es lo que hace fuerte a su palabra: la coherencia, su testimonio de creyente en el Dios de la vida.

 

Otra novedad en Francisco es que para Él, el centro es la periferia. Y aquí truenan la geografía y las matemáticas. Y como él subrayaba: no sólo las periferias geográficas, sino también las culturales y existenciales. Por eso empezaba todo con los últimos de la sociedad, los descartados de la sociedad, los humildes, los pobres. Empezaba por la orilla, no por el centro. Y nos repetía que sólo desde la periferia se entiende el mundo, sus desigualdades, injusticias y violencia. Por eso la urgencia de construir una Iglesia en salida, hospital de campaña, una Iglesia pobre y para los pobres, como dijo en su primera cita con la prensa ya investido como obispo de Roma, una Iglesia sinodal, Pueblo de Dios. Y aquí actualiza y recupera el Vaticano II.

 

De sus frases podríamos hacer todo un elenco que llenaría varias páginas. Cito solamente dos: “Quién soy yo para juzgar” y “Pastores con olor a oveja”.

 

Con Francisco hay que empezar a entender las cosas, pero todo de otra manera. Una manera que desconcierta. Hizo fuertes denuncias. Es el primer Papa que condena abiertamente al capitalismo como un sistema que mata: así de claro, sin rodeos ni maquillaje. Un sistema que crea violencia, destrucción de la madre tierra, acumulación desmedida en pocas manos y hambre en muchas bocas y pueblos enteros.

 

Un Papa al estilo de Jesús de Nazareth, esto desconcertó a muchos enredados en sus privilegios y posturas, dentro y fuera de la Iglesia.

 

Conclusión: a Francisco no lo podemos encasillar. Fue un Papa diferente, con olor a oveja, que no sabe vivir en palacios que deslumbran con las sedas y el oro. Es un Papa de los pobres, es un Papa como lo quería el Espíritu Santo, el Papa de todos, todos, todos. Así te vemos, amado Papa Francisco, gracias, eres un don para el mundo, para la Iglesia, para la sociedad.

Noticias Iglesia Internacional: 21 de abril de 2025 “Especial Papa Francisco” 1

[Coordina: Cecilia Tovar]

Jorge Mario Bergoglio, el primer Papa jesuita, el primer pontífice latinoamericano, falleció este lunes de Pascua, a las 7,35 horas, de manera sorpresiva, después de participar en la bendición Urbi et Orbi. Aún se desconocen las causas de su final precipitado, toda vez que parecía recuperado de la neumonía bilateral que hizo que ingresara el pasado 14 de febrero…

 

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