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Orlando Letelier, “neutralizado”

[Por: Jorge Majfud | Página 12 – IHU]

Pero  Letelier  y los exiliados de  las dictaduras fascistas latinoamericanas  tenían una debilidad notable: escribían artículos y daban conferencias. No colocaban bombas en embajadas, teatros ni aviones. El artículo es de  Jorge Majfud , publicado por Página|12 , 18-08-2025. Jorge Majfud es un escritor uruguayo y profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Georgia, Atlanta, Estados Unidos… 

 

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Nuevo libro de la Dra. Diana Viñoles. Notas de la presentación y resonancias

[Por: Rosa Ramos]

“Qué regalo de vidas, qué don este libro. Pura resurrección.”

María Adela Antokoletz

 

El pasado 20 de agosto, en Buenos Aires, en la Universidad Nacional de las Artes, se presentó el nuevo libro de Diana Beatriz Viñoles: “Veinte entrevistas sobre una desaparecida con los desaparecidos”, subtitulado “Por qué y cómo escribí la biografía de Alice Domon”. La autora se doctoró en Filosofía en 2013, con una tesis precisamente sobre esta religiosa francesa desaparecida, secuestrada junto a otras mujeres el 8 de diciembre de 1977 a la salida de la Iglesia Santa Cruz de los sacerdotes Pasionistas[1]. Tal como lo dicen el título y el subtítulo, la autora comparte las entrevistas que realizó en su investigación para la tesis, pero también desvela su proceso personal en la búsqueda, así como su propia trayectoria vital casi en paralelo a la de Alice Domon.

 

La presentación comenzó con música, guitarra y canto, marcando así un acto de resistencia en este tiempo oscuro de Argentina. Contó con una nutrida concurrencia que acogió con aplausos y muchas muestras de admiración y cariño a la autora. Saludó el Lic. Víctor Juan Giusto, Decano de Folklore de la citada Universidad y luego comenzamos propiamente la presentación del nuevo libro. Para ello Diana había convocado a varias personas: María Adela Antokoletz, autora del Epílogo, hermana de un desaparecido y actual Vicepresidenta de las Madres de la Plaza de Mayo; el autor del Prólogo y codirector de la tesis doctoral, Dr. Pierre Antoine Fabre, que por problemas de vuelos no pudo llegar, envió un texto de tenor filosófico sobre el olvido y la memoria, que fue leído por la Dra. Alcira Bonilla, directora de la tesis por la UBA; Silvia Lamanna, amiga y compañera de trayectoria existencial de Diana y a mí, como invitada uruguaya de la red Amerindia.

 

Toda la presentación se desarrolló en un excelente clima distendido, cálido, a tono con la autora, que más allá de su destacado rigor académico, se caracteriza por la sencillez y la transparencia. Varios de sus rasgos fueron destacados por María Adela: alegría, coherencia, entrega, búsqueda permanente de más verdad sobre los hechos y sobre sí misma. Su amiga Silvia, psicóloga, propuso un diálogo imaginario sentadas frente a frente, pero muy verosímil, entre Alice Domon y Diana Viñoles, invitando al público a seguir el diálogo luego de leer el libro e intervenir en el mismo.

 

A continuación, comparto parte de mis resonancias, que ya le había enviado a Diana previamente. Ella me invitó a hacer un comentario al libro desde una perspectiva teológica. Empecé agradeciendo la invitación a participar y citando esas palabras del Epílogo de María Adela que coloqué en el epígrafe y adelantando mi propio cierre: este libro rezuma belleza y esperanza.

 

La Dra. Diana Viñoles señala que los motivos para la lectura pueden haber sido múltiples: conocer los pormenores de una investigación, acercarse al extraño mundo de las religiosas, hacer memoria de quienes han vivido sin cálculos y dado la vida a fondo perdido, etc. En mi caso, que había ya leído sus otras obras, mi motivación era clara: contemplar y agradecer el paso de Dios-con nosotros por nuestra historia de salvación, que es la única historia, pues no hay dos, una sagrada y otra profana.

 

Me acerqué a este libro para contemplar el paso salvador de Dios por las vidas de Alice y de Diana, no como excepciones, sino como muestras privilegiadas. Aclaro que mi expectativa fue colmada. Pude contemplar, una vez más, que el Espíritu actúa en la historia animando a la generosidad de varones y mujeres, que salva en racimo, que lo hace movilizando pueblos, barrios, comunidades. Alice Domon, Léonie Duquet, Diana Viñoles, tutores de tesis en su momento, entrevistados, religiosas, amigas… son parte de una hermosa gesta que era importante visibilizar.

 

La historia de salvación, esta historia sagrada, escrita por personas de carne y hueso, con sus sueños y con su sangre, no es lineal, ni evoluciona con la celeridad que quisiéramos… asumir la lentitud del proceso de humanización o cristificación, incluso los fracasos, es parte también de nuestra tarea inacabada. En algunos casos el proyecto encalla, y las vidas son aplastadas miserablemente, como la de Jesús, ¿o acaso olvidamos que seguimos a un fracasado y asesinado? Pero también es paso salvador de Dios cada resistencia, cada nuevo comienzo desde las cenizas, así vemos el paso de Dios en el empeño porfiado de rescate de la memoria y de hacer reaparecer, con el trabajo de los antropólogos y de las Abuelas, ya sea huesos enterrados, ya sea niños usurpados.

 

Esto hace aquí Diana, revela el paso salvador de Dios, que no deja en la muerte y el olvido a personas entrañables ni sus pequeñas historias. Este hermoso libro no se centra en la ominosa muerte de Léonie, de Alice y otros muchos, desde nuestra fe la muerte no tiene la última palabra. Se centra en la vida jugada, entregada a causas y a personas concretas, en la vida disfrutada en cada momento por quienes se sentían gotas vivas, en movimiento, en un río de pueblo que bregaba por libertad, por justicia, por dignidad para todos, empezando por los más vulnerados.

 

Diana misma lo expresa: tiene vocación de irradiar, de extender a otros, sabiduría, paz, felicidad. Irradia todo eso dando a luz lo mucho que ha gestado a lo largo de su vida, ¡qué forma tan generosa de fecundidad! Este nuevo trabajo evidencia la alegría y la pasión de investigar, crear y publicar.

 

Lo peculiar es que aquí la autora no sólo desentierra o arranca de esas aguas tan turbias y temibles (el mar para los judíos era lugar tenebroso del mal) los cuerpos de Alice y de Léonie, sino que también abre su corazón, para compartir los motivos, el proceso, el entusiasmo (en-Theos), así como las dificultades de su doctorado. La transparencia de la autora para compartir esas “idas y venidas” (como las de Alice en diez años en Argentina), nos hace bien. La autenticidad hace bien, porque deja ver precisamente el paso de Dios, su delicadeza, su respeto a las decisiones humanas.

 

Bíblicamente podríamos relacionar el intento de los protagonistas de este libro -incluyendo a la autora- con el cruce del “Mar Rojo” hacia la libertad para habitar una tierra prometida (sabemos que las promesas de Dios se descubren en los anhelos profundos, en los deseos generosos de las personas). Hubo un momento histórico en Argentina y en América Latina toda, en que parecía que ese cruce era posible y que era el tiempo propicio. En esa gesta se encontraban vecinos de los barrios populares, los Sacerdotes Para el Tercer Mundo, las Religiosas que elegían la vida inserta en las periferias abandonando la seguridad de los grandes colegios, los campesinos pobres unidos en Ligas Agrarias. Este cruce a una tierra soñada es difícil, exigente, y continúa hoy…

 

¿Cómo lo hicieron, cómo se hace? asumiendo plenamente la encarnación, tal como la asumió Jesús.

 

La encarnación no es un instante, es un proceso kenótico, de abajamiento, dejando todo privilegio y haciendo propia la vida de los que el mundo desprecia. Alice en particular se sintió tierra, barro, pueblo… trabajaba hasta agotarse, caminaba, cabalgaba, cocinaba, conversaba su idioma y también reía con su risa de pueblo… En ese proceso de kenosis, acabó su cuerpo desaparecido en el Río de la Plata. Su vida no se la quitaron, sino que en su libertad -en el marco histórico concreto- la entregó hasta el final, al igual que Jesús (“mi vida nadie me la quita, yo la entrego”, Jn. 10, 18)

 

Contemplar a los mártires y a personas vocacionales e íntegras, no aplasta ni deja inmóviles, desafía. Diana con sus búsquedas, su minuciosa investigación, y su profunda espiritualidad, nos interpela y desafía. Contemplamos para caminar, para construir una sociedad “donde se necesiten menos antibióticos para salvar vidas y menos psicofármacos para sobrevivir una vida sin sentido”. Este nuevo libro de Diana sin duda nos anima a eso. También este libro nos desafía a cuestionarnos cómo ser cristianos hoy: no pasa por ritos, ni por estructuras pesadas que expulsan a los buscadores apasionados, pasa por vivir dispuestos a “mudarnos”, para ir tras un sueño de solidaridad y mayor dignidad para todos (“Vine para que tengan vida y vida en abundancia”, Jn, 10, 10).

 

Este libro no habla sólo del pasado y de otros, habla del presente y de nosotros, nos anima a movernos como Alice, como Diana, a volver a empezar ligeros de equipaje, “con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”, como decía Monseñor Angelelli. En suma, el nuevo libro de la Dra. Diana VIñoles es buena noticia en este tiempo oscuro, pues, a pesar de acercarnos historias duras, muchas con final trágico, destila belleza y esperanza, en Dios y en la humanidad. Gracias, ¡muchas gracias Diana por irradiar tanto!



[1] Hay muchos videos disponibles en YouTube y ese documental más extenso https://youtu.be/6DdnfoQCsC8

La unión de la ecología interior con la exterior: El Cántico al Hermano Sol de Francisco de Asís

[Por: Leonardo Boff]

En 1967, en un artículo ampliamente divulgado “Las Raíces Históricas de Nuestra Crisis Ecológica”, el historiador Lynn White Jr. acusó al judeocristianismo, debido a su antropocentrismo visceral, de ser el principal factor de la crisis que ahora se ha vuelto un clamor. Reconoció también que ese mismo cristianismo tenía un antídoto en el misticismo cósmico de San Francisco de Asís.

 

Para reforzar esa idea, sugirió proclamarlo “patrono de los ambientalistas”, cosa que hizo el Papa Juan Pablo II el 29 de noviembre de 1979. De hecho, todos sus biógrafos, como Tomás de Celano, San Buenaventura, la Leyenda Perugina (una de las fuentes más antiguas) y otras fuentes contemporáneas, atestiguan “la unión amigable que Francisco establecía con todas las criaturas…” Les daba a todas el dulce nombre de hermanos y hermanas, a las aves del cielo, a las flores del campo, incluso al feroz lobo de Gubbio.

 

Estableció fraternidad con los más discriminados, como los leprosos, y con todo tipo de personas, como el sultán musulmán Melek el-Kamel, en Egipto, con quien mantuvo largos diálogos. Rezaban juntos. San Francisco hizo suyo el título más elevado que los musulmanes dan a Alá: “Altísimo”. El Cántico de las Criaturas comienza con “Altísimo”.

 

En el hombre de Asís todo está rodeado de cuidado, simpatía y ternura. El filósofo Max Scheler, profesor de Martin Heidegger, en su conocido estudio “La Esencia y las Formas de la Simpatía” (1926) dedica páginas brillantes y profundas a Francisco de Asís. Él afirma:

 

«Nunca en la historia de Occidente ha surgido una figura con tamaña fuerza de simpatía y emoción universal como la que encontramos en San Francisco». «Nunca más como en San Francisco ha sido posible preservar la unidad y la integridad de todos los elementos en las esferas de la religión, del erotismo, de la acción social, del arte y del conocimiento» (1926, p. 110). Tal vez sea por eso que Dante Alighieri lo llamó “el sol de Asís” (Paraíso XI, 50).

 

Esta experiencia cósmica tomó forma brillante en su “Cántico al Hermano Sol” o “Cántico de las Criaturas”. En él encontramos una síntesis completa entre ecología interior (los impulsos de la psique) y ecología exterior, la relación amigable y fraterna con todas las criaturas. Estamos celebrando los 800 años del Cántico al Hermano Sol en un contexto tan lamentable como el actual. Aunque pueda parecer extraño, tiene sentido porque en medio de un dolor físico y espiritual insuperable, Francisco de Asís tuvo un momento de iluminación y creó y cantó con sus hermanos este himno, que está repleto de lo que más necesitamos: la unión del cielo con la Tierra, el significado sacramental del Hermano Sol, de la luna, del agua, del fuego, del aire, del viento y de la Madre Tierra, vistas como señales del Creador y, finalmente, la paz y la alegría de vivir y coexistir en medio de las tribulaciones que estaba vivenciando y que también nos asolan a nosotros.

 

Consideremos primero el contexto en el que surgió el himno. La Leyenda Perusina contiene un relato detallado. Dos años después de la estigmatización en el Monte Alverna, Francisco fue invadido por un gran amor que, en el lenguaje de Buenaventura, significaba una muerte sin muerte. Francisco estaba casi ciego. Él no conseguía ver este sol. Sufrimientos internos y externos lo afligían repetidamente. La orden fundada se estaba convirtiendo en una institución y ya no en un movimiento de seguimiento estricto del Evangelio. Esto le hacía sufrir mucho.

 

Era la primavera de 1225. El local era la pequeña capilla de San Damián, donde vivían Clara y sus hermanas. Lleno de dolor, no conseguía encontrar paz. Pasó cincuenta días en una celda oscura, sin conseguir ver la luz del día o el fuego de la noche. El dolor de los ojos le impedía dormir o descansar. Casi desesperadamente, él oró: “Ayúdame, Señor, en mi enfermedad, para que pueda soportarla pacientemente”. No pedía librarse de ella sino soportarla.

 

Mientras oraba, observa su biógrafo Tomás de Celano, Francisco entró en agonía. En medio de esa situación, oyó una voz dentro de sí: “Feliz, hermano, feliz en medio de tus aflicciones y enfermedades. En el futuro podrás sentirte tan seguro como quien está en mi reino”.

 

Francisco se llenó de una alegría increíble. En la noche oscura  amaneció el día. Se sintió transportado al reino de Dios, símbolo de la reconciliación ilimitada de la creación decaída con el designio del Creador.

 

Entonces Francisco se levantó, murmuró algunas palabras y cantó el himno a todas las cosas: “Altissimu, onnipotente, bon Signore”. Llama a sus hermanos y canta con ellos el cántico que acababa de componer:

 

Altísimo, Omnipotente, Buen Señor, A Ti la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición. Sólo a Ti, Altísimo, pertenecen, y ningún hombre es digno de mencionarte. Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente por el Señor Hermano Sol, que es día y por eso nos da su luz. Es bello y radiante con gran esplendor. Y de Ti, Altísimo, es un signo. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas. Las formaste en el cielo brillantes, preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno y por todo tiempo, a través del cual sostienes a tus criaturas. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua. Que es tan útil, humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego, que ilumina la noche, y es bello, alegre, robusto y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Madre Tierra, que nos sustenta y gobierna, y produce muchos frutos, árboles y flores de colores. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedades y tribulaciones. Bienaventurados los que las soportan en paz pues por ti, Altísimo, serán coronados. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún ser vivo puede escapar… Alabad y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran humildad.

 

Como demostró el franciscano Eloi Leclerc (1977), superviviente de los campos de exterminio nazi, para Francisco los elementos externos como el sol, la tierra, el fuego, el agua, el viento y otros no eran solo realidades objetivas, sino realidades simbólicas, emocionales, verdaderos arquetipos que energizan la psique en el sentido de una síntesis entre el exterior y el interior y una experiencia de unidad con el Todo. Francisco canta al sol, a la luna, a las estrellas y a otros seres, incapaz de verlos porque al final de su vida estaba prácticamente ciego. Él incluye en su elogio lo que es más difícil de integrar: la muerte. En la biografía de Celano, la muerte es huésped de Francisco. Él dice jovialmente: “Bienvenida mi hermana Muerte”.

 

San Francisco por su ternura y hermandad ilimitada se volvió un hombre universal. Realiza plenamente el proyecto humano de armonía con toda la creación, sintiéndose parte de ella como un hermano. Él suscita en nosotros la esperanza de que podemos convivir en paz con la Madre Tierra.

 

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae 2009 (8ª ed.)

Dom Helder e a Cruzada de São Sebastião: pobres conseguem moradia digna

[Por: Ivanir Antonio Rampon]

A conjuntura política brasileira foi desastrosa para o início da Cruzada (1955-1958). Mesmo assim, em janeiro de 1957, algumas famílias foram morar em apartamentos, graças ao empréstimo que Dom Helder fizera no Banco do Brasil por influência do Presidente Juscelino…

 

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“Peregrinos de esperanza, constructores de fraternidad”

[Por: Conferencia Episcopal de Costa Rica]

Con profunda gratitud a Dios les expresamos nuestro sentir al final de nuestra Asamblea, cuando acabamos de celebrar la Fiesta Nacional en honor a Nuestra Señora de los Ángeles, y en el marco del Jubileo convocado por el Papa Francisco con el lema Peregrinos de esperanza. Tenemos también en el horizonte cercano un nuevo proceso electoral nacional…

 

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Nota de condolencia por la muerte del P. Francisco Ivern Simó, SJ

[Por: Leandro Sequeiros]

La Provincia de los Jesuitas de Brasil comunica, con pesar, el fallecimiento del P. Francisco Ivern Simó, SJ, ocurrió en la mañana del sábado (16 de agosto de 2025), a la edad de 96 años, de los cuales 81 años los dedicó a la misión jesuita. Francesco Ivern nació el 18 de julio de 1929 en Torredembarra, Tarragona (España). Ingresó en la Compañía de Jesús el 14 de agosto de 1944, en el Noviciado de Veruela, Zaragoza (España). Al finalizar el bienio, el 15 de agosto de 1946, profesó sus primeros votos y permaneció en Veruela dos años más, para realizar la etapa de Juniorado. En 1949, el jesuita fue enviado a estudiar filosofía en el Colegio del Sagrado Corazón en Shembaganur (India). Comenzó un sólido camino de formación intelectual…

 

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Revista Signos No. 8 – Agosto 2025: Atrevámonos a confiar en el futuro

[Por: IBC – CEP]

“Estamos mal”, “cada vez peor”. Estas frases acompañan la vida cotidiana como banda sonora. Una sintonía (casi) unánime en calles, mercados, combis, universidades, conversaciones de vecinos, comentarios en recesos de reuniones, encuentros y conversatorios, en clubes sociales, medios de comunicación y plataformas digitales.

 

No se puede negar las bases bien fundamentadas y, sobre todo, tristemente experimentadas por tantas y tantos, a lo largo y ancho del país, que bien podrían nutrir este editorial con casos de la vida real… (Tomado del Editorial)

 

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Acabar con la violencia por motivos religiosos o de creencias

[Por: Leandro Sequeiros]

René Girard, filósofo y antropólogo francés, desarrolló una teoría revolucionaria que vincula la religión con la violencia a través del mecanismo del chivo expiatorio y el deseo mimético. Su obra, especialmente La violencia y lo sagrado (1972), propone que la violencia es un elemento constitutivo de las sociedades humanas y que las instituciones religiosas han surgido como mecanismos para controlarla…

 

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Boletín ALAS No. 605: Persecución y falta de libertad religiosa

[Por: Observatorio Eclesial]

El Boletín de Análisis e Información Religiosa “ALAS” No. 605 aborda como tema de la semana “Persecución y falta de libertad religiosa persisten en el mundo”. También se comparten informaciones del âmbito político, social, eclesial, internacional, género y ecumenismo, al igual que algunos documentos.

 

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Rebozante Alegía No. 10

[Por: José A.]

Anuncio gozoso. Después de la Vigilia que vivimos juntos ayer por la tarde, volvemos a encontrarnos hoy para celebrar la Eucaristía, Sacramento del don total de sí que el Señor ha hecho por nosotros. Podemos imaginar que recorremos, en esta experiencia, el camino realizado la tarde de Pascua por los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35). Primero se alejaban de Jerusalén atemorizados y desilusionados; se iban convencidos de que, después de la muerte de Jesús, ya no había nada más que hacer, nada que esperar. Y, en cambio, se encontraron precisamente con Él, lo acogieron como compañero de viaje, lo escucharon mientras les explicaba las Escrituras, y finalmente lo reconocieron al partir el pan. Entonces, sus ojos se abrieron y el gozoso anuncio de la Pascua encontró lugar en sus corazones…

 

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