Inicio Blog Página 208

PUC-SP otorgará Doctorado Honoris Causa al Pe. José Oscar Beozzo

[Por: PUC-SP]

El próximo 20 de octubre, la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP) otorgará el Doctorado Honoris Causa al P. José Oscar Beozzo.

 

La ceremonia tendrá lugar a las 11:00 a.m., y hará parte de la Sesión Solemne del Consejo Universitado, presidido por el Rector de la Universidad, el Dr. Vidal Serrano Nunes Júnior.

 

Descargue la invitación.

Fratelli Tutti: V aniversario

[Por: Juan José Tamayo]

Una guía de alternativas políticas y económicas en favor del bien común

 

El 4 de octubre celebramos la Fiesta del “Poverello” de Asís. El 3 de octubre de 2020 el Papa Francisco firmó, junto a la tumba de san Francisco en Asís, la Carta Encíclica Fratelli tutti. Sobre la fraternidad y la amistad social. Para celebrar el quinto aniversario de tan importante documento, que constituye un significativo avance en la doctrina social de la Iglesia y en la práctica de las virtudes morales, he escrito estas reflexiones que espero contribuyan a incorporar las categorías “amor y caridad políticos”, “amistad social”, fraternidad solidaria”, “bien común”, “economía solidaria”, “projimidad sin fronteras”, “ternura”, “Casa Común” y “arquitectura de la paz” en las relaciones humanas, la ética pública y la actividad política.

 

Fratelli tutti. El título en italiano y la “encíclica” como género literario de este texto del Papa Francisco pueden llevar a mucha gente a pasar de largo y a disuadirla de su lectura, pensando que se trata de un libro religioso de piedad ubicado en una zona intemporal y ajeno a los problemas actuales. Nada más lejos de la realidad.

 

Originalidad de la encíclica

 

Lo primero que llama la atención es la originalidad del lenguaje, muy alejado del “políticamente correcto” al que nos tienen acostumbrados los que mueven los hilos de la economía. la política y la cultura, así como del lenguaje eclesiástico que con frecuencia no hace pie en la historia y construye mundos imaginarios al margen de la realidad. El lenguaje de Francisco tiene los pies en la tierra, posee una gran creatividad, remite a problemas de gran calado, tiene un componente social y resulta muy sugerente.

 

Habla, por ejemplo, de la caridad y el amor políticos, de la amistad social, de la contraposición entre mundo cerrado y mundo abierto, de pensar y gestar un mundo abierto, del prójimo sin fronteras, de la “globalización de la indiferencia” – muy frecuente en sus discursos y textos- de la cultura del descarte, de la construcción de la Casa Común, de la arquitectura de la paz, de pensar y gestar un mundo abierto, etc.  Dicho lenguaje ya ofrece una pista de la importancia de su contenido. 

 

Otra originalidad de Francisco en este género literario son las citas de autores clásicos como Virgilio y Cicerón, de teólogos actuales cuestionados por los papas anteriores como Karl Rahner, de autores de espiritualidad liberadora como Carlos de Foucauld y René Voillaume, de pensadores contemporáneos como George Simmel, Paul Ricoeur y Gabriel Marcel, de líderes de otras religiones, como el Gran Imán Ahmad Al Tayyeb, y de “hermanos que no son católicos” como Martin Luther King , Desmond Tutu y el Mahatma Mohandas Gandhi. Tales referencias dan idea de la apertura, diálogo intercultural, interreligioso, interdisciplinar de su pensamiento.   

 

Fratelli tutti es, a mi juicio, uno de los mejores análisis críticos de las densas sombras que se ciernen sobre nuestro mundo, al que Francisco define como un “mundo cerrado”, sin un proyecto para todos los seres humanos y la naturaleza, con “una globalización y un progreso sin un rumbo común”, “sin dignidad humana en las fronteras”, caracterizado por el sometimiento de los pueblos y la pérdida de la autoestima por mor de las nuevas formas de colonialismo, tendencias a uniformar el mundo, una mentalidad xenófoba hacia inmigrantes y refugiados, incluso compartida por algunos cristianos, olvidándose de que tienen la misma dignidad que las personas nativas, por una cultura al servicio de los poderosos, una fiebre consumista y la especulación financiera y el expolio, “donde los pobres  son los que siempre pierden” (n. 53).

 

En sintonía con la teoría crítica de los derechos humanos constata y denuncia que en la práctica los derechos humanos no son suficientemente universales.

 

Cultura del descarte y necropolítica

 

La crítica más radical, llevada a cabo con gran rigor argumental y cuestionamiento de la racionalidad económica ortodoxa, es la que dirige al neoliberalismo. Francisco desenmascara la falsedad de la creencia que se quiere imponer a la humanidad de que de que el mercado solo lo resuelve todo. Recurriendo al lenguaje religioso llama a dicha creencia “dogma de la fe neoliberal” y la califica de pensamiento pobre, repetitivo, ya que propone siempre las mismas recetas cualquiera fuere la situación. Subraya la estrechez de ciertas visiones economicistas y monocromáticas, la falibilidad de las recetas dogmáticas de la teoría económica neoliberal y critica los estragos que produce la especulación financiera cuyo fin fundamental es la ganancia fácil (n. 168). 

 

Característica del dogma fe la fe neoliberal es “el descarte”, que ya criticara Francisco en la encíclica La alegría del Evangelio y coincide con la crítica de la necropolítica de Achille Mbembe. El descarte se traduce en el sacrificio de diferentes partes de la humanidad por mor de una selección que solo favorece a un sector que se considera con el derecho a vivir sin límites (n. 18). No se limita a los alimentos o a los bienes superfluos, sino a los mismos seres humanos. Y pone como ejemplo el descarte de las personas mayores a quienes en algunos lugares durante la pandemia se ha dejado morir y han sido “cruelmente descartadas” (n. 19). Un descarte que se expresa de múltiples formas, entre las que cita la obsesión por reducir los costes laborales y el racismo, y que durante la pandemia se aplicó a personas mayores que han sido “cruelmente descartadas” y a quienes a quienes se ha dejado morir.

 

Dos tipos de populismo

 

De las críticas no se libra el populismo, pero no todo populismo, sino uno muy determinado, al que llama insano, cerrado, irresponsable y xenófobo: es el que está al servicio de los intereses económicos de los poderosos e instrumentaliza políticamente al pueblo y su cultura poniéndolos al servicio de un proyecto personal y de perpetuación en el poder (n. 159). Pero reivindica la necesidad de la palabra “pueblo” vinculada a un proyecto y unos objetivos comunes, y a una identidad común hecha de lazos sociales y culturales, como aspecto fundamental de la realidad social, frente a la concepción de la sociedad “como la mera suma de los individuos”.

 

En la buena dirección del pueblo así entendido sitúa a aquellos líderes populares que saben interpreta correctamente el sentir popular, su dinámica cultural y las grandes tendencias de la sociedad. Ellos prestan un excelente servicio al aglutinar y conducir a la ciudadanía en torno a un proyecto transformador duradero, que implica no eternizarse en el poder.       

 

“Techo, Tierra y Trabajo”

 

Pero las críticas de Francisco no desembocan en derrotismo, sino que dejan abierto el camino para la esperanza, que está enraizada en lo más profundo del ser humano. La encíclica es una excelente guía de propuestas alternativas en materia política y económica en sintonía con las de los Foros Sociales Mundiales por Otro Mundo Posible, los Movimientos populares que reivindican las 3T “Techo, Tierra y Trabajo” y los movimientos ecologistas que reclaman el derecho al Territorio del que se están apropiando las multinacionales extractivistas. Son propuestas que van más allá del clásico pensamiento social cristiano de los papas anteriores y de la propia socialdemocracia, que desemboca en políticas social-liberales.

 

Al mundo cerrado contrapone las sociedades abiertas, donde quepan todos los seres humanos y la naturaleza integradora de todas las periferias (n. 95). Expresa el deseo de que de la pandemia saquemos la lección de que “nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado” (n. 35).  

 

Frente al individualismo del “sálvese quien pueda”, que se traduce en “todos contra todos”, y a la tendencia el ser humano “a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos” (n. 166), Francisco afirma el sentido comunitario de la existencia humana y “la pasión compartida por una comunidad de pertenencia y solidaridad” (n. 33). Recuerda que “nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos” (n. 32). Reconoce la vulnerabilidad humana y desenmascara las falsas seguridades sobre las que hemos construido nuestra vida y la supuesta omnipotencia y deja al descubierto los maquillajes y las apariencias con que hemos disfrazado nuestros egos.

 

¿Qué política? ¿Qué economía? Las alternativas políticas y económicas que propone Francisco se guían por el “bien común”, expresión que se repite en cada página. La política no puede estar sometida a la economía, como tampoco ésta debe someterse “al paradigma eficientista de la tecnocracia” (n. 177). Debe pensar en las futuras generaciones, no en fines y resultados electorales, e integrar a todos los sectores, especialmente a las personas y los colectivos más vulnerables de la sociedad. La política que propone Francisco es la que tiene capacidad para reformar las instituciones, establecer coordinación entre ellas, generar buenas prácticas y superar las presiones e inercias viciosas. Es, en definitiva, la que busca el bien común. Tal es el tipo de política que es necesario rehabilitar.

 

La economía a practicar es la integrada en un proyecto político, social cultural y popular que busque el bien común (n. 179). Lo que no resulta aceptable es que la economía asuma el poder real del Estado. Tampoco puede pensarse una economía sin política.

 

En sintonía con la teoría crítica de los derechos humanos constata que en la práctica los derechos humanos no son suficientemente universales ni iguales para todos (n. 229), al tiempo que denuncia la pervivencia de la esclavitud (n. 24).

 

Crítica del individualismo, porque no nos hace libres, ni más iguales, ni hermanos (n. 106), y califica al individualismo radical de “el virus más difícil de vencer” (n. 105). Critica igualmente el liberalismo clásico porque cree que los meros intereses individuales no son capaces de generar un mundo mejor para toda la humanidad” (n. 105)

 

Nueva forma de hablar de la caridad

 

El cambio en el lenguaje implica un cambio radical en la concepción de la caridad, que no es la actitud asistencialista que deja las cosas como están, ni se reduce a un sentimentalismo subjetivo, sino que tiene carácter social y político (176ss), es decir, que implica el desarrollo de un sentido social superador de la mentalidad individualista y la búsqueda efectiva del bien común, del bien de todas las personas (n. 182). Es la caridad como “opción preferencial por los últimos” (187).

 

Francisco da a la caridad un contenido político y libera al amor del sentido melifluo. Expone de manera nueva la referencia al amor universal o al universalismo del amor dejando claro que nos e trata de un universalismo abstracto. Habla también de amor político, efectivo.  

 

La religión del Buen Samaritano

 

La imagen de religión que propone es la del Buen Samaritano, al que dedica el capítulo segundo íntegro y es una de las partes más originales de la encíclica. Es la de “un extraño en el camino”, la persona atacada por unos malhechores, herida en el camino, a quien el Buen Samaritano -un hereje para los judíos-, movido a compasión, convierte en prójimo, y responde a la pregunta de Dios a Caín “¿dónde está tu hermano?” con la com-pasión, con el amor sin importarle si la persona herida es de aquí de allá. Es una persona hermana que sufre, está dolorida, y eso basta- No lo conoce, pero “lo considera digno de dedicarle su tiempo”.  Es una de las principales características de la com-pasión y del cuidado para con las personas más vulnerables:  regalarles cercanía y tiempo, hacer tiempo para ellas, darles nuestro tiempo (n. 63).  

 

Se trata de una nueva interpretación de la parábola del Buen Samaritano que hace el papa Francisco en la encíclica citada. Al amor no le importa si la persona malherida es de aquí o de allí, afirma Francisco, ya que el amor quiebra los muros que nos separan, rompe las cadenas que nos oprimen, tiende puentes y solo sabe de reconocimiento de las otras personas y de compasión (n. 63). 

 

El sacerdote y el levita no se detuvieron, no perdieron ni un minuto en interesarse por lo que le había sucedido a la persona herida, ni en socorrerla. Lo dejaron en el estado calamitoso en el que lo habían abandonado los salteadores porque su cómputo del tiempo no era el dedicado a la compasión, sino el del culto. Muy distinto fue el comportamiento del samaritano, persona que estaba fuera de la religión oficial y era considerado hereje por los judíos. “Se detuvo, lo curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él”. Y, sin duda lo más importante, añade la encíclica: “le dio algo que en este mundo ansioso retaceamos tanto:  le dio su tiempo… Fue capaz de dejar todo a un lado ante el herido, y sin conocerlo lo consideró digno de dedicarle su tiempo (n. 63).

 

Lo que el buen samaritano refleja con sus gestos de compasión es que “la existencia de cada uno está ligada a la de los demás” y que “la vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentro” (n, 67). Es tal la importancia que tiene la entrega del tiempo a las demás personas en la interpretación que hace la encíclica de la parábola que Luciano Floridi, profesor de filosofía y ética de la información en la Universidad de Oxford, la califica de “parábola sobre el tiempo” y hace este certero y muy lúcido comentario:

 

“Pese a dar el mayor valor a su tiempo (es un hombre de negocios), el samaritano se detuvo. Y así construyó una historia nueva, de atención y cuidado en el tiempo, encontrando tiempo para quien sufría y dándoselo gratis y a su costa… El samaritano ‘hace tiempo’ para quien sufre. Y ese ‘hacer tiempo’ para los demás significa enriquecerse al mismo tiempo, porque regalar el tiempo significa también regalárselo a sí mismo. Sin el otro que lo recibe, el donante no podría ‘hacer tiempo’ para sí mismo. Esta relacionalidad del tiempo, de las relaciones humanas, de la solidaridad entre nosotros, de la caridad entre nosotros recorre toda la encíclica y creo que es una clave fundamental para su comprensión” (Luciano Floridi, “Una cuestión de dignidad humana”: El País, 24 de diciembre de 2020, 15).

 

En el artículo siguiente analizaré el papel que Francisco reconoce a los movimientos populares como “sembradores del cambio” (n. 169), la reformulación de la propiedad privada y la reformulación política que hace del amor y de la caridad.

Comunicado en solidaridad con los indígenas ecuatorianos

[Por: Pedro Pierre]

Después de una reunión virtual del Equipo nacional de Coordinación de las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) y de delegados de los Equipos de 12 provincias de las mismas, hemos decidido publicar el siguiente comunicado en solidaridad con el paro nacional iniciado por la CONAIE (Confederación de las Nacionalidades Indígenas del Ecuador…

 

Descargue el comunicado.

Las consecuencias del 7 de octubre

[Por: Eva Illouz]

 

Es difícil juzgar la importancia de los hechos históricos cuando todavía se están desarrollando. Aunque el 7 de octubre de 2023 no tiene la misma magnitud que la caída del Imperio romano o la Revolución Industrial, sí posee las características de un “gran” acontecimiento. Un gran acontecimiento es un hecho que tiene consecuencias objetivas sustanciales para las partes implicadas, que marca un “antes” y un “después” y cuyos participantes consideran significativo. El 7 de octubre cumple todos esos requisitos. Fue la experiencia más dramática de la historia de Israel para los israelíes y los palestinos sin Estado y ha supuesto una ruptura para muchos judíos de todo el mundo. En retrospectiva, es posible que sea también el origen de una tímida y vacilante luz de esperanza que empieza a parpadear en esta oscura región, aunque todavía sea difícil saber cómo se va a plasmar el programa de 20 puntos de Trump. Como ocurre a veces en la vida y en la política mundial, el desastre y la reconstrucción van de la mano…  

 

Descargue el artículo.

León XIV abre la puerta a cumplir la promesa de Francisco y viajar a Canarias: “Es mi esperanza”

[Por: Jesús Bastante | Religión Digital]

Podría León XIV viajar a Canarias? El viejo sueño de Francisco, para cerrar la triple frontera de la migración (Lesbos, Lampedusa y Canarias), podria hacerse realidad con Robert Prevost. “Es mi esperanza”, cuentan que le dijo este sábado al obispo José Mazuelos, presente en Roma para asistir al Jubileo de las personas mayores y de los migrantes…

 

Descargue el artículo.

 

Experiencias profundamente humanas… ¡Dios que salva!

[Por: Rosa Ramos]

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo,

sino para que el mundo se salve por él. (Jn. 3, 17)

 

}Salvar, redimir, cuando en otros tiempos en los viejos “catecismos” y catequesis eran habituales, hoy son términos desusados en nuestra cultura, y diría más, casi desconocidos. Y, sin embargo, creemos que Dios nos salva, que el Abba de Jesús sigue empeñado en la vida plena para sus hijos e hijas, y que, si estamos atentos, descubrimos también hoy esa buena noticia.

 

¿Cómo nos salva Dios hoy? ¿Conocemos experiencias de salvación, de redención, de nuevas oportunidades y de nuevos comienzos?

 

Los anteriores artículos fueron sobre tres libros, hoy escribiré sobre tres películas que califico de historias de salvación que vienen a iluminar o ilustrar plásticamente el camino sinodal, un llamado a caminar juntos y acoger a todos, todos, todos. Sinodalidad es la clave de nuestra Iglesia en salida, samaritana, cordial, que nos pide salir al encuentro, escucharnos, perdonarnos, curar heridas y abrazarnos.

 

En las historias mínimas es donde podemos percibir más fácilmente la redención, la salvación, que es siempre por el amor. Dios salva perdonando, acogiendo, bendiciendo y regalando nuevos comienzos, lo sabemos por Jesús, en tantos encuentros, gestos y palabras.

 

Nuestras historias personales pesan, nos hacen muchas veces infelices y hacen infelices a otros. Sin embargo, en nuestras historias oscuras puede, por pequeñas rendijas, entrar la luz, la paz, la sanación y hacerlo de modos inesperados. A través de situaciones o personas que llegan e implican un parteaguas. De pronto nos colocan en otros escenarios y nos sorprendemos a nosotros mismos con cambios de conducta, con nuevos sentimientos, con renovada energía, cuando ya lo creíamos imposible, acostumbrados al fracaso, a la derrota, o simplemente a la comodidad de lo dado. No éramos felices, pero casi lo tolerábamos.

 

En las tres películas a las que me referiré, ocurría eso, personas sufridas y resignadas, unas más que otras, que de algún modo eligieron separarse del mundo que les dolía y armar una vida con ciertas rutinas que les permitía al menos sobrevivir con dignidad, sin precipitarse al abismo total.

 

Las películas son Las lecciones del pingüino, dirigida por Pedro Cattáneo, filmada en Reino Unido y España. La pequeña, bajo la dirección de Guillaume Nicloux, se desarrolla en Francia y Bélgica y Cuando cae el otoño, dirigida por François Ozon, transcurre en la Borgoña francesa.

 

No tendré en cuenta aquí las variadas y seguramente autorizadas críticas cinematográficas, ni hablaré de las magníficas interpretaciones de los actores, mi hermenéutica es como siempre desde la fe, desde la espiritualidad encarnada. No haré tampoco un juicio acerca de lo político o éticamente correcto de las vidas, relaciones y decisiones de los protagonistas. Repito, lo que me interesa destacar es la salvación que vi en ellas y cómo sus tramas me resultaron ejemplos de sinodalidad, aunque la fe no aparezca explícitamente o no sea protagonista.

 

En Las lecciones del pingüino, la más extravagante o inverosímil de las tres películas, al protagonista, un profesor desencantado de todo y sin atisbo de esperanza, se va solo a ejercer a otro país. Lo salva la relación con un pingüino del que de pronto se convierte en responsable. Ocuparse de él, de alimentarlo, de ocultarlo y luego de apelar a él como último recurso pedagógico, lo descentra de su drama personal. Lo coloca “en salida”, de cara hacia la vida, “ve” los dramas de otros: de la señora que se ocupa de la limpieza, de la joven, del vendedor de pescado, de sus alumnos adolescentes, de la violencia de la dictadura… En fin, desde el extraño vínculo con el pingüino y gracias a él, se abre poco a poco a atender la realidad y a otros; “es salvado”, e irradia esa salvación a muchos.

 

En La pequeña, el protagonista, un ebanista solitario, a pesar de tener dos hijos, trabaja absorto, con preciosismo y rigor en su taller, auto marginado, al menos así aparece. De pronto su vida cambia por completo, “sale” también a la búsqueda de un descendiente que aún no ha nacido; su hijo y su pareja muertos en un accidente, esperaban un hijo que llevaba en su vientre una joven mujer pobre en otro país. Ante la muerte del hijo y el desconcierto de su hija, deja su taller, su ostracismo, y emprende un viaje sin datos, una locura, con un objetivo claro: recuperar ese nieto que lleva la sangre de su hijo. En esa búsqueda y en esos encuentros se salvan él, la joven que había cobrado por ese servicio, su pequeña hija – se le abre un futuro muy diferente al previsible-, el bebé, también la tía, de la que poco sabemos. Quizá no es creíble la trama, pero tal como se narra es una historia de amor, de salvación por el amor. No se salvan los que no quieren, los padres del otro joven fallecido, y es que la salvación se propone, no se impone y podemos rehusarla.

 

En Cuando cae el otoño, la protagonista también ha elegido vivir sola en una casa de campo, retirada de su antiguo trabajo, que ha marcado negativamente a su única hija. Cultiva su huerta, va a misa, lee, toma café. Tiene una amiga que también fue prostituta, la que a su vez tiene a su único hijo preso, quien al ser liberado será un personaje clave para la protagonista y para su nieto. Los tres son salvados en ese círculo virtuoso de confianza y amor que forjan. Hay mucho dolor, drama y sorpresas en el film, quedan cuestiones sin aclarar, pero vemos perdón, comprensión, misericordia, apuesta confiada que rescata, respuesta amorosa. Hay vínculos sanadores y fieles que dejan esperanza en el ser humano y la reconstrucción de las historias. Podemos decir como san Pablo que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

 

Las tres películas son dramas y contienen dramas existenciales, pero en las tres contemplamos experiencias profundamente humanas que redimen. Los personajes se abren a lo nuevo, se vinculan de modos nuevos y construyen relaciones tiernas, de cuidado, de confianza -sanadoras, en suma-, que les permiten superar un pasado doloroso. Contemplamos el paso salvador de Dios en esas relaciones que cambian vidas, que son portadoras de sentido y esperanza, de luz y de alegría.

 

Para decirlo con poesía: “La vida es el arte del encuentro, aunque haya tantos desencuentros en la vida” (Vinicius de Moraes)

 

En cada experiencia profundamente humana podemos ver el paso de Dios salvando. Y volvemos a vincular con el camino sinodal al que estamos llamados. Sin perder la identidad de cada persona, de cada comunidad, de cada pueblo; sin olvidar las pérdidas, los fracasos, las historias, las raíces, estamos llamados a recomenzar y a caminar juntos. ¡Nos salvamos en racimo!

 

Y cerramos con otros versos, esta vez de Mario Benedetti: “Ánimo nos daremos a cada paso, compartiendo la sed y el vaso”.

Organizar la esperanza

[Por: Edwin Aguiluz Mila | Caritas América Latina y el Caribe]

Cientos de millones de personas en el mundo pasan hambre. Mientras tanto, la acumulación de riqueza y la desigualdad crecen de modo imparable. Millones de familias deben salir de sus casas y tierras por motivos de la pobreza y de la guerra.

 

Miles de seres humanos, también niños, mueren bombardeados o ametrallados en conflictos bélicos. El narcotráfico genera innumerables crímenes de todo tipo. Se destruye la Casa Común de modo irracional por un modelo socioeconómico basado en el egoísmo: la atmósfera, los mares, los bosques, las especies y el ser humano mismo lo sufren. La corrupción impide que nuestros países puedan gozar de desarrollo humano para todos. Así las cosas, ¿tiene sentido esperar algo mejor? ¿Es razonable hoy hablar de esperanza? En esta reflexión intentamos responder a esta pregunta.…

 

Descargue el documento.

Nota breve a la Exhortación apostólica “Dilexi Te” del papa León XIV

[Por: Eduardo de la Serna]

Para empezar, quiero señalar una serie de cosas aclaratorias o que me han llamado la atención de la exhortación Dilexi Te (DT), para luego señalar una serie de textos que me resultan sumamente interesantes…

 

Descargue el artículo.

Somos agua, somos vida, somos esperanza. Declaración por el derecho al agua

[Por: Cumbre Amazónica del Agua]

Llegamos a nuestra cumbre unidos en el mismo espíritu de Jesús fuente de agua viva, y a la luz de Querida Amazonía, Laudato Si y Laudate Deum, con un fuerte grito de indignación, como un solo pueblo que vive en la mayor fuente de agua dulce del planeta, que sin embargo no cuenta con acceso al agua potable segura y saludable para mantener el carácter sagrado y digno de toda vida. El agua es don de Dios, y Dios habiendo hecho alianza con todos los seres vivos (Cf. Gen 9, 20- 21) nos llama a ser aliados y aliadas en el cuidado y la defensa de la vida…

 

Descargue la declaración.

Cuando el papa León XIV habla de “pobres”, ¿de qué pobres está hablando?

[Por: Leandro Sequeiros]

El pasado día 4 de octubre de 2025, el Papa León XIV ha firmado su primera exhortación apostólica. No se trata de una Encíclica (que suelen ser documentos doctrinales extensos, como la Laudato Si´ de 2015 del Papa Francisco) sino de una exhortación (un documento en el que invita a los católicos a reelaborar su sistema de creencias en la línea del Evangelio)…

 

Descargue el artículo.