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Papa León XIV en Paysandú: “¡Sean puentes, para que muchos se encuentren con Jesús!”

En su primera Eucaristía en suelo americano, el Pontífice invitó a la Iglesia uruguaya a mantener viva la herencia evangelizadora del beato Jacinto Vera y a transmitir la fe a las nuevas generaciones. A través de tres símbolos propios de la región: el puente, los palmares y el mate, propuso una Iglesia arraigada en Cristo, fraterna y comprometida con los más necesitados.

La ciudad de Paysandú, en Uruguay, acogió la primera celebración eucarística del Papa León XIV en suelo americano, durante su visita apostólica al país. Ante fieles uruguayos y peregrinos de naciones vecinas, el Pontífice ofreció una homilía en la que conectó la identidad cultural de esta región con la misión evangelizadora de la Iglesia y la necesidad de construir comunidades capaces de compartir la fe, la esperanza y la caridad.

“Esta es la primera Misa de mi visita que celebro en tierra uruguaya, gracias por estar aquí”, expresó al comenzar su homilía. Desde las lecturas bíblicas del día, presentó la figura del hombre justo, fiel a Dios y coherente con su fe, para recordar que la misión cristiana se sostiene también gracias al apoyo de las comunidades y a la Providencia que se manifiesta a través de los hermanos.

El Papa situó esta celebración en la historia de la evangelización del continente, recordando a quienes llegaron a estas tierras para anunciar el Evangelio y compartieron la alegría de su encuentro con Cristo mediante obras de caridad y misericordia. En ese recorrido histórico y espiritual, dedicó un lugar especial al beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo, a quien presentó como ejemplo de entrega pastoral, generosidad y fidelidad a la misión.

Jacinto Vera, un pastor que hizo de la caridad su misión

El Papa recordó al beato Jacinto Vera, primer obispo de Montevideo y una de las figuras fundamentales de la historia de la Iglesia uruguaya. El Santo Padre lo presentó como un testigo de la fe: “Fue un testigo coherente de la fe que anunciaba, generoso en la caridad y entregado totalmente a la misión apostólica”. El Pontífice recordó que Vera recorría el territorio uruguayo a caballo para atender a los enfermos, incluso cuando debía enfrentar largas distancias, caminos difíciles y condiciones climáticas adversas. Por esta razón, recibió el apelativo de “obispo gaucho”.

También evocó su actuación durante la histórica Defensa de Paysandú, en 1864, cuando se instaló en la Isla de la Caridad, frente a la ciudad sitiada, para atender a refugiados y heridos de ambos bandos. “Allí se quedó hasta la caída del sitio para acompañar a su gente, suplicando en nombre de Dios que los ejércitos de hermanos se dieran el abrazo fraternal”, relató. La referencia no fue solamente un homenaje histórico. El Pontífice presentó a Jacinto Vera como un modelo para la Iglesia de hoy, llamada a continuar el legado de quienes sembraron el Evangelio en el continente.

“Hoy nos corresponde a nosotros continuar el legado que estos sembradores del Evangelio nos han dejado”, expresó, invitando a vivir esa misión desde la justicia, la honestidad y la fidelidad.

La figura de Jacinto Vera tiene una relevancia especial para Uruguay: fue nombrado primer obispo de Montevideo en 1878, después de años de trabajo misionero y organización de la Iglesia en el país. Fue beatificado el 6 de mayo de 2023.

El puente: una Iglesia que une y comunica

Para acercar su mensaje a la realidad de Paysandú, el Papa propuso tres símbolos de la identidad de la región: el puente, los palmares y el mate. El primero fue el puente internacional General Artigas, que une Uruguay y Argentina a través del río Uruguay. El Papa León XIV encontró en esta construcción una imagen de la vocación cristiana de generar vínculos, favorecer el encuentro y superar las distancias.

“¡Qué importante es ser constructor de puentes! Esa es la vocación a la que todos estamos llamados: construir puentes, estrechar lazos, unir, comunicar, transmitir la alegría de la fe”, dijo. La invitación estuvo acompañada de una reflexión sobre la necesidad de contar con fundamentos sólidos.

“Necesitamos estar bien preparados para dar razones de nuestra fe a todo el que nos lo pida”, advirtió. El Pontífice invitó a no dejarse arrastrar por doctrinas extrañas y a construir una Iglesia que sea “instrumento de unidad y vínculos de caridad”.

Los palmares: arraigados en Cristo y llamados a dar frutos

El segundo símbolo fueron los palmares que caracterizan el paisaje de esta región uruguaya. A partir de la imagen bíblica del justo que florece como una palmera (Sal 92,13), el Pontífice describió las características de este árbol: sus raíces profundas, su resistencia frente a los vientos, su crecimiento hacia el cielo y su capacidad de producir frutos.

“Esta es una hermosa imagen del origen y el destino al que estamos llamados: arraigarnos en Cristo, Alfa y Omega, Principio y Fin de nuestra vida, para que, permaneciendo unidos a Él, demos buenos frutos”, explicó. Pero el Papa no se detuvo en la imagen de una palmera individual. Llamó la atención sobre el hecho de que estos árboles crecen formando palmares, en comunidad, sin permanecer aislados.

Desde esa perspectiva, presentó a la Iglesia como una comunidad de hermanos que comparte una misma fuente de vida: la Palabra de Dios, los sacramentos, la oración y la acción caritativa. “La Iglesia es una comunidad de hermanos que hunde sus raíces y bebe de un manantial común”, señaló.

El mate: compartir la vida y abrir espacios de encuentro

El tercer símbolo fue el mate, una bebida presente en la vida cotidiana de Uruguay y de buena parte de Sudamérica. Con un tono cercano, el Santo Padre reconoció que los propios uruguayos podrían explicar mejor que él su significado y hasta comentó que esta tradición también ha llegado a Roma. “El mate es signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan”, expresó.

El Pontífice subrayó que tomar mate es mucho más que compartir una bebida: representa una forma de acogida, integración y reconocimiento de los vínculos que unen a las personas. También incorporó una dimensión espiritual a esta costumbre, al recordar los momentos en que alguien toma mate en soledad y, en medio del silencio, encuentra un espacio para hablar con Dios.

“En esos espacios de soledad, cuántas veces tantos de ustedes le habrán confiado a Dios sus preocupaciones y necesidades, sus deseos y anhelos más profundos”, reflexionó. De esta manera, el mate se convirtió en una imagen de la cercanía, la escucha y la confianza, valores que el Papa considera esenciales para la vida comunitaria y eclesial.

Transmitir la fe a las nuevas generaciones

Después de recorrer estos tres símbolos, el Papa invitó a los uruguayos a reconocer en ellos elementos de identidad y pertenencia que también pueden ayudar a transmitir la fe. “También la fe forma parte del pueblo uruguayo desde sus orígenes, y es necesario transmitirla a las futuras generaciones con valentía creativa”, manifestó.

En este punto, recuperó las palabras de Jesús en el Evangelio: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lc 16,10), para recordar que la misión evangelizadora se construye mediante la fidelidad cotidiana y el cuidado de los dones recibidos.

El Pontífice advirtió que las semillas del Evangelio sembradas por generaciones anteriores siguen vivas en la comunidad, pero necesitan condiciones para crecer y desarrollar todo su potencial. Y mencionó algunas responsabilidades concretas de la Iglesia: formar en la fe a niños y jóvenes, acompañar a las familias, sostener a los ancianos y practicar las obras de caridad.

“¡Cristo cuenta con ustedes! ¡Cristo cuenta contigo!”

El Papa León XIV convirtió los tres símbolos en una invitación pastoral dirigida a toda la Iglesia uruguaya. Animó a los fieles a continuar la misión evangelizadora con entusiasmo y a hacer de sus comunidades espacios de encuentro con Cristo. “Sean puentes, para que muchos se encuentren con Jesús. Sean comunidad fraterna, que se reúne y comparte la vida y los proyectos, los sueños y las esperanzas, especialmente con los más necesitados”, exhortó.

También invitó a cultivar una Iglesia orante, capaz de mantener una relación cercana con Dios, “como un amigo habla con otro amigo” (cf. Jn 15,15). Su mensaje concluyó con una expresión directa que puso la responsabilidad evangelizadora en manos de cada bautizado: “¡Cristo cuenta con ustedes! ¡Cristo cuenta contigo!”.

Confió a los presentes a la protección de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, para que los acompañe en el camino de la vida y los guíe siempre al encuentro con Jesús.

La celebración en Paysandú, programada en el Parque París Londres, fue el primer gran encuentro eucarístico del viaje apostólico de León XIV por Uruguay, Argentina y Perú, que se desarrolla del 6 al 17 de noviembre. La jornada uruguaya continuaría en Montevideo con encuentros en Casavalle, la Universidad Católica del Uruguay y una vigilia de oración con los jóvenes en el estadio Centenario.

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