El Papa León XIV inició su visita a Uruguay en un país donde la mayoría de la población adulta ya no se identifica con la Iglesia católica. La secularización, profundamente arraigada en la historia nacional, se ha acentuado durante las últimas décadas y plantea interrogantes sobre el futuro de las instituciones religiosas. El desafío del Pontífice será acercarse a una sociedad que mantiene diversas expresiones de espiritualidad, pero donde la pertenencia católica ha disminuido considerablemente.
Una investigación de la consultora CIFRA, publicada el 28 de agosto de 2026, permite comprender la magnitud de estos cambios. Según el estudio, el 33 % de los adultos uruguayos se declara católico, aunque solamente el 9 % se considera practicante y el 24 % reconoce que no practica su religión. Otro 28 % cree en Dios sin identificarse con ninguna confesión, el 11 % pertenece a otras religiones y el 28 % se declara agnóstico o ateo.
Las cifras muestran un cambio importante respecto de décadas anteriores, cuando el catolicismo constituía la principal identidad religiosa del país. En 1997, el 58 % de los adultos se declaraba católico, proporción que todavía se mantenía en 2013, aunque la práctica religiosa ya había disminuido. Entre 2013 y 2022 se produjo un descenso considerable de la identificación católica, que desde entonces permanece alrededor de un tercio de la población adulta.
Los jóvenes, el mayor desafío para la Iglesia
Las diferencias generacionales son especialmente reveladoras. Entre los uruguayos menores de 30 años, solamente el 16 % se identifica como católico y apenas el 5 % se considera practicante, mientras que el 42 % se declara agnóstico o ateo. En cambio, entre los mayores de 60 años, la identificación católica alcanza el 40 %, según la misma investigación.
Estos resultados muestran que la Iglesia enfrenta dificultades para transmitir su identidad religiosa a las nuevas generaciones. Muchos jóvenes han crecido en ambientes familiares y culturales donde la práctica católica tiene una presencia limitada, por lo que su acercamiento a la religión responde cada vez más a decisiones personales. La tarea pastoral exige comprender sus inquietudes y encontrar formas de diálogo que respondan a sus preocupaciones actuales.
El presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, monseñor Milton Tróccoli, reconoció que la secularización constituye uno de los principales desafíos de la Iglesia nacional. En una entrevista concedida a Vatican News, el obispo explicó que este proceso se desarrolla desde hace más de un siglo y obliga a buscar nuevas formas de evangelización. También señaló que el alejamiento de las instituciones religiosas no significa necesariamente la desaparición de las inquietudes espirituales.
Una visita que interesa más allá de los católicos
A pesar de la disminución de la identidad religiosa, la figura del Papa mantiene una capacidad de convocatoria que supera los límites de la Iglesia. Otra encuesta de CIFRA, publicada el 5 de noviembre, reveló que el 9 % de los adultos uruguayos tenía intención de asistir personalmente a alguna actividad de la visita. Entre quienes expresaron ese propósito, aproximadamente seis de cada diez se identificaban como católicos, mientras que los demás pertenecían a otras religiones, creían en Dios sin afiliación confesional o se consideraban no creyentes.
El estudio también señaló que una cuarta parte de los adultos planeaba seguir alguna de las actividades por televisión. Estos datos reflejan el interés público que despierta el Pontífice, incluso entre personas que no comparten las enseñanzas de la Iglesia. Sin embargo, las intenciones expresadas en las encuestas no deben confundirse con la asistencia efectiva a las celebraciones, que solamente podrá determinarse una vez concluidos los acontecimientos.
La tradición laica uruguaya constituye otro elemento importante para interpretar esta visita. La separación entre el Estado y las confesiones religiosas forma parte de la identidad institucional del país, pero no impide el reconocimiento de las distintas creencias. En ese contexto, la presencia de León XIV representa una oportunidad para promover el diálogo sobre valores compartidos, como la dignidad humana, la solidaridad y la convivencia democrática.
El compromiso social, una forma de acercamiento
La presencia de la Iglesia en Uruguay también se manifiesta mediante proyectos educativos, iniciativas comunitarias y programas de apoyo a familias vulnerables. Una muestra de esa labor se encuentra en Casavalle, al norte de Montevideo, donde la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe desarrolla actividades destinadas a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. Según informó su párroco, Pablo Coimbra, a Vatican News, uno de los programas permitió mejorar las viviendas de más de 90 familias y otro hizo posible la construcción de 25 casas.
Estas iniciativas muestran una dimensión de la actividad eclesial que no queda reflejada en las estadísticas de afiliación religiosa. La asistencia social, la educación y el acompañamiento comunitario permiten establecer vínculos con personas que pueden mantener diferentes convicciones. La credibilidad de la Iglesia depende también de su capacidad para convertir sus principios en acciones concretas, especialmente entre los sectores que enfrentan mayores dificultades.
La visita de León XIV ofrece una oportunidad para fortalecer la vida de las comunidades católicas y abrir espacios de encuentro con quienes permanecen alejados de la institución. No obstante, el entusiasmo que pueda despertar su presencia no garantiza por sí mismo una recuperación de la práctica religiosa. El verdadero impacto deberá evaluarse después del viaje, a partir de la continuidad de los vínculos, las iniciativas sociales y la participación comunitaria.






