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Papa León XIV: “He aquí uno de los secretos de la evangelización: parecernos a Aquel a quien anunciamos”

Desde la Catedral Metropolitana de Montevideo, el Papa invitó a la Iglesia uruguaya a renovar su fidelidad a Jesucristo, cultivar una mirada misericordiosa y promover jornadas de oración y ayuno por las vocaciones sacerdotales y religiosas. También pidió a los obispos del mundo impulsar esta iniciativa en sus diócesis.

La oración, la cercanía con quienes sufren y una vida configurada según el rostro de Jesucristo hicieron parte del mensaje que el Papa León XIV pronunció este viernes 6 de noviembre durante la celebración de las Vísperas en la Catedral Metropolitana de Montevideo, dedicada a la Inmaculada Concepción y a los santos Felipe y Santiago. En su primer encuentro con la Iglesia uruguaya, el Pontífice hizo hincapié en la identidad de los discípulos, el testimonio evangelizador y la necesidad de pedir a Dios nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

El Santo Padre llegó a la Catedral después de recorrer a pie y en vehículo eléctrico parte del centro histórico de Montevideo. Durante el trayecto pasó por la Puerta de la Ciudadela y el Museo Histórico del Cabildo, donde recibió de manos del intendente la llave de la ciudad. A su ingreso al templo fue recibido por el cardenal Daniel Fernando Sturla Berhouet, arzobispo de Montevideo; monseñor Milton Luis Tróccoli, presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, y el párroco de la Catedral, padre Juan González.

Antes de iniciar la celebración, el Pontífice tuvo un momento de oración en la capilla del Santísimo y se detuvo ante la tumba del beato Jacinto Vera, primer obispo del Uruguay, cuyo testimonio recuperó posteriormente en su reflexión.

Un corazón que se parezca a Cristo

En su homilía, el Papa manifestó su alegría por celebrar la oración vespertina en una Catedral que conserva recuerdos importantes de la historia del pueblo uruguayo. Entre ellos mencionó la pila bautismal donde recibió el Bautismo José Gervasio Artigas, figura fundamental de la historia nacional.

A partir de este signo, recordó que el Bautismo constituye el comienzo de una vida nueva y el origen de la identidad cristiana: “Por el Bautismo, Cristo nos ha hecho partícipes de su vida y nos invita a crecer en su semejanza, hasta que aprendamos a mirar, a escuchar y a amar como Él”.

El Pontífice tomó como referencia el salmo proclamado durante la celebración para advertir sobre el peligro de convertir en ídolos aquellas realidades a las que entregamos nuestra confianza. Recordó que quienes fabricaban imágenes de oro y plata terminaban pareciéndose a ellas, una enseñanza que trasladó a la vida cotidiana de los creyentes. “Así es el corazón humano: poco a poco va tomando la forma de aquello que ama y en lo que deposita su confianza”, dijo, retomando las palabras de Jesús: “Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6,21).

Esta reflexión la dirigió especialmente a quienes han consagrado su vida al servicio de Dios. Advirtió que, en ocasiones, el corazón puede quedar atrapado en las propias obras, en el reconocimiento recibido o en la necesidad de mantener todo bajo control. Frente a ello, recordó que la fidelidad a la vocación exige volver continuamente a Jesucristo, dejando que Él sea el verdadero tesoro y el modelo de vida.

Iglesia que mira, escucha y se acerca al sufrimiento

Reflexionó sobre el rostro de Dios, presentado en las Escrituras como aquel que ve el sufrimiento de su pueblo y escucha sus clamores. El Santo Padre contrapuso esta imagen a la de los ídolos, que tienen ojos, pero no ven; tienen oídos, pero no escuchan. “¡Qué distinto es el Dios en quien hemos puesto nuestra confianza! Él ve el sufrimiento de su pueblo y escucha su clamor”, expresó.

El Papa recordó distintos encuentros de Jesús con las personas: su mirada hacia Zaqueo, la escucha de Bartimeo, el contacto con el leproso y la bendición de los niños. También evocó la palabra de perdón pronunciada desde la cruz. “Así es nuestro Dios. En Jesús hemos conocido cómo nos mira y cuánto nos ama”, recordó.

Desde esta imagen, reconoció el servicio silencioso de sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes pastorales que han hecho presente el amor de Cristo a lo largo de generaciones. Se refirió a quienes han acompañado lágrimas, recibido confidencias, escuchado confesiones, atendido enfermos, preparado alimentos y sostenido a personas que ya no podían caminar. En ese contexto, dedicó unas palabras especialmente cercanas a quienes han envejecido entregando su vida al servicio de los demás: “¡Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien!”.

Para el Papa León XIV, la semejanza con Cristo no se alcanza de una vez y para siempre, sino que madura también en las dificultades, cuando el trabajo parece no dar frutos, disminuyen las fuerzas o es necesario comenzar de nuevo. “Con los años, una mirada puede volverse más misericordiosa, unas manos, más dispuestas a servir y una palabra, más capaz de consolar”, señaló.

El beato Jacinto Vera, una vida modelada por la oración

La memoria del beato Jacinto Vera, primer obispo del Uruguay, ocupó un lugar especial en la reflexión del Pontífice. Desde su sepulcro, ubicado en la Catedral, evocó la entrega de quien recorrió los caminos del país para anunciar el Evangelio, bendecir, socorrer a los pobres y administrar los sacramentos. El Papa recuperó el testimonio de una religiosa que lo conoció durante años y que, al recordar su sencillez y su manera de caminar: “De verlo nada más parecía que estaba siempre en oración”.

Para el Pontífice, esta descripción revela cómo la relación con Dios transforma progresivamente la vida de una persona, hasta hacerse visible en su rostro, sus gestos y su manera de encontrarse con los demás. A partir de esta figura, dijo: “Queridos hermanos y hermanas, he aquí uno de los secretos de la evangelización: parecernos a Aquel a quien anunciamos”.

El desafío, explicó, es especialmente significativo en Uruguay, donde muchas personas apenas conocen a Jesucristo y numerosos jóvenes han crecido alejados de la vida de la Iglesia. Invitó a las comunidades a dar testimonio con su manera de mirar, escuchar y acercarse a quienes sufren, de modo que sus actitudes despierten preguntas sobre el origen de ese amor. “Que al ver cómo miramos a los demás, cómo escuchamos o cómo nos acercamos a quien sufre, pueda provocar en ellos la pregunta, de dónde nace ese amor”, expresó.

Uruguay, una experiencia de oración por las vocaciones para toda la Iglesia

El Papa León XIV recordó una experiencia vivida por la Iglesia uruguaya desde 2024, cuando el seminario interdiocesano no recibió nuevos candidatos. Ante esta situación, numerosos fieles comenzaron a organizar jornadas de oración y ayuno para pedir a Dios que enviara trabajadores a su mies. Una iniciativa que, según explicó, se ha mantenido con perseverancia y que comienza a dar frutos.

“Y hoy damos gracias porque varios jóvenes han comenzado su camino en el seminario y en la vida consagrada y están sentados en medio de nosotros. ¡Qué alegría saber que siguen naciendo respuestas generosas al amor de Cristo!”, manifestó.

El Pontífice agradeció a quienes han sostenido esta súplica y los animó a continuar, reconociendo en las nuevas vocaciones una señal de que Dios escucha la oración de su pueblo. Pero su invitación no quedó circunscrita a Uruguay. Desde la Catedral de Montevideo, pidió a los obispos de todo el mundo promover jornadas de oración y ayuno por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

“Quisiera que esta experiencia del Uruguay encontrara eco en toda la Iglesia”, expresó. De manera particular, convocó a las parroquias, las familias y las comunidades religiosas a unirse en esta intención, para que el ejemplo de la Iglesia uruguaya anime a otros pueblos a pedir con la misma confianza.

Volver a lo esencial y caminar en comunión

El Papa también dirigió un mensaje a los seminaristas, novicios y novicias presentes en la celebración. Los invitó a contemplar el testimonio de quienes los precedieron en el camino de la entrega, aprendiendo de sus manos gastadas, su amor perseverante y su familiaridad con Jesús.

A quienes llevan muchos años en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada les pidió regresar continuamente a lo esencial: la oración, la escucha de la Palabra y el encuentro con Cristo en la Eucaristía. “En esa intimidad se renueva el amor que los llevó a entregarle su vida, y nuestro corazón va adquiriendo los rasgos del suyo”, señaló.

El Papa León XIV retomó la imagen del Espíritu Santo, que da vida y reúne a los creyentes en un solo cuerpo. Invitó a dejarse conducir por Él, permanecer unidos en el amor y sostenerse mutuamente, especialmente en los momentos de dificultad. También pidió mantener la comunión con el Sucesor de Pedro, recordando que el propio Papa necesita el apoyo de las oraciones de los fieles.

La celebración concluyó con la referencia a la Virgen María y al canto del Magníficat. El Pontífice encomendó a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, el camino de la Iglesia y la fidelidad de quienes han entregado su vida a Cristo. “Que Nuestra Señora de los Treinta y Tres nos ayude a mantener el corazón junto a su Hijo, para que, cuando llegue la hora de cerrar nuestros ojos, podamos escuchar la voz del Señor llamándonos por nuestro nombre y abandonarnos confiados en sus manos”, finalizó.

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