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Carta al hermano León

Querido León,

Aquí te saludamos desde el sur. Como caminante, misionero y pastor, que ha caminado estas tierras, te recibimos dialogando con tus magnificas palabras para la humanidad toda (MH).

Agradecemos que tu voz sirva para lubricar las bisagras que pliegan este tiempo, que pueden ayudar a dar un paso, a atravesar un portal de época, que se encuentra en total disputa entre los fastasmas del odio y las comunidades que tejen la vida.  En esta tensión de época, te sabemos compañero de un humanismo de raiz, de una mirada de la carne humana marcada por la Encarnación, del Paso de Dios por nuestro tiempo, que lo cambio todo y abrió una nueva forma de encontrarnos entre los seres humanos.

I. León y el tiempo: habitar la historia.

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud (MH 1)

Aquello de ‘dar forma a su propio tiempo’, madurando la historia, es decir: recogiendo la entrega de nuestros muertos, construyendo con nuestros contemporáneos, y mirando a los ojos a los que deben sobrevivirnos, en amor y proyecto de hermanos. Pero como nos adviertes, en cada época sopla el riesgo, pasea el espectro que nubla la mirada y hace ver en el otro a un enemigo. En esta encrucijada, volver a la mirada de Jesús.

II. Un hijo de la cultura del encuentro (frente a los talibanes de occidente): De Chicago y de Chiclayo, con nike y muceta, Dylan y Prevost.

La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente «la verdad, la bondad y la belleza», considerándolos «preciosos aliados» en la defensa de la dignidad de cada persona y en la custodia de la creación. Asumiendo el estilo pastoral del Concilio Vaticano II, que invita a escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos, la Iglesia, iluminada por la sabiduría de la Palabra, no teme el encuentro con el saber humano. La Palabra de Dios ofrece criterios fiables para orientar los caminos de la justicia y abrir vías de reconciliación y paz entre los seres humanos. Cuando se trata de aplicar estos criterios a las complejas situaciones de nuestro tiempo, resulta esencial la contribución de la filosofía y de las ciencias humanas y sociales, que ayudan a comprender y analizar más a fondo las dinámicas culturales, económicas y políticas. (MH 23)

Te vimos de blanco junto al enorme poeta Bob, te vimos de Muceta un día y de Nike al otro, caminando con aire compungido, con el ceño siempre algo fruncido, como quien carga en ese rostro, el vestigio de una época donde cuesta ser feliz.

Al volver a Chiclayo, antes de volver a Chicago, al volver a la ruta que quedo pendiente para Francisco en Argentina, escuchando a sus crotos del alma, a los rotos a los que consagro su ministerio lavando los pies en semana santa e inauguró los hogares de Cristo, desarmando la vieja Iglesia Argentina con todos los fisuras, los lastimados, las descartadas, los consumidos por el consumo. Metiendo el lio del buen Jesús en el corazón de la estructura, con los curas vagos y villeros, con los movimientos sociales, con los creyentes de toda creencia de raíz. Ahí venís, en homenaje en vida, a mirar de frente a esos que le enseñaron a Francisco la cultura del encuentro, antes de llegar a Roma.

  1. Ante la desintegración del tejido social, la “guerra mundial a pedazos”, la globalización individualista y las consecuencias de la pandemia sobre los lazos comunitarios, Francisco relanza en Fratelli tutti el sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal. Propone la cultura del encuentro, una “mejor política” capaz de buscar el bien común, caminos de reconciliación y un mundo que garantice «tierra, techo y trabajo para todos». [49]Con Dilexit nos, por último, muestra que estos grandes compromisos sociales no pueden separarse de la relación personal con Cristo: al volver a la Palabra de Dios, recuerda que la respuesta más auténtica al amor del Corazón de Jesús es el amor concreto hacia los hermanos y afirma que «no hay mayor gesto que podamos ofrecerle para devolver amor por amor». (MH 44)

Y quizás puedes, hermano León, bailar con Francisco en la fiesta imposible de su pueblo pobre: una calle con banderas de todos los colores, con rostros llenos de promesas y dolores, atravesado por el dulce olor del choripán y el acido de un vaso de vino, con lagrimas en los ojos, de un pueblo que ha aprendido a creer, a confiar. Amor con amor se baila, y vos, como puente, como pontífice, podrás hacer bailar a Francisco con su pueblo.

III. De Beltran a Leon, pasando Mamerto y Grabois: la libertad de la comunidad.

La raíz de estos problemas es una mentalidad tecnocrática y posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar, eliminando todo lo que pone límites a la maximización del beneficio: lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana. Algunas corrientes posthumanistas llegan incluso a plantear la existencia de seres humanos “de segunda clase”, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores: una perspectiva inquietante, más grave aún si se combina con instrumentos tecnológicos que amplían de forma exponencial el poder de control y de selección. También ciertas lógicas de endeudamiento estructural, que mantienen a pueblos enteros en condiciones de dependencia, revelan la misma mentalidad que acepta, bajo nuevas formas, relaciones de subordinación cercanas a la esclavitud. (MH 172)

Y cuando podías quedarte en Perú, fuiste a Roma, llamado por Francisco. Errando el cálculo, desconociendo tu intuición de matemático, dejaste 99 por una, para regalar tu mirada de misionero al mundo. Y ya con tu muceta martirial, pusiste el grito en el cielo: ningún ser humano sobra. No hay sacrificio valido después del cordero, después del carpintero torturado y masacrado en cruz. Ningún ser humano sacrificado por la técnica y la supervida de algunos.

 Si observamos las dinámicas mundiales, reconocemos cada vez con mayor claridad la expansión de una cultura del poder, hecha de polarizaciones y violencias. La Babel moderna no es sólo el paradigma tecnocrático globalizado, sino también el enfrentamiento a distancia entre imperialismos contrapuestos, entre potencias que quieren conservar su primacía y potencias que aspiran a conquistarla, con una multiplicidad de conflictos locales. Es, además, la carrera por desarrollar tecnologías cada vez más poderosas, o por asegurarse su control, según una dinámica deshumanizante que parece no conocer límites. Y, sin embargo, junto a esta deriva, vislumbramos a gran parte de la humanidad que trata de seguir siendo humana y de esforzarse por construir la ciudad de la convivencia y la paz. De ella, todos somos a menudo artífices inconscientes y arquitectos desunidos, capaces de gestos generosos pero carentes de una visión de conjunto: es una construcción más lenta, menos visible y menos llamativa, que espera ser mejor comprendida y más coordinada, para convertirse así en el compromiso consciente y articulado de cada comunidad, desde la familia hasta el gobierno de los estados y sus relaciones. Es a este horizonte de compromiso, a esta obra de esperanza, al que damos el nombre de “civilización del amor”. (MH 185)

Porque vienes al país donde un fraile cañonero como Luis Beltran acompañó la gesta de la independencia de San Martin, y un fraile catamarqueño como Esquiu marco los limites del fratricidio en la construcción de la patria posterior, y un loco amigo de los cartoneros y de Francisco, lucha desde la mejor política para prepararnos en comunidad para ‘seguir siendo humanos’. En esta patria, un mamerto dijo en 1853: la libertad seca y descamada como un esqueleto, ha sido nuestro ídolo, en sus aras hemos hecho hecatombes humanas! la paz, la riqueza, el progreso y casi toda esperanza la hemos llevado en don: el espectro lo pulverizó todo… ¡monstruo! (Fray Mamerto Esquiu).

Y claro, no es posible ser neutrales en estas bisagras, en los tiempos de quiebres, es necesario aportar lo poco que cada uno tenemos, en nuestra opción fundamental por el otro, por la comunidad, por el amor:

Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en “no ser cómplices”. [192]Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, a ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el Papa Francisco, debemos “tocar la carne” de quienes sufren: [193] mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatarlos hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido. (MH 216)

Esta tierra, tejida en amor y olvido, en drama permanente, en tensión de ser y no ser hermanos, te recibe para cultivar la paz, desde abajo, contra los que nos quieren esclavos. Estamos en eso.

Entre el olor altivo del choripán y el picante del gas pimienta

Y no podemos dejar de recordar, algo que también vos escuchaste, cuando todavía Francisco, a 10 años de sus encuentros con los movimientos populares, quiso decir con claridad sobre esta Argentina que hoy te recibe:

”El silencio frente a la injusticia abre paso a la división social, y la división social abre paso a la violencia verbal, y la violencia verbal a la violencia física, y la violencia física a la guerra de todos contra todos. Ahí está la cola del diablo”,

“Me hicieron ver un filmado de una represión de hace una semana, menos quizás. Obreros, gente que pedía por sus derechos en la calle y la Policía la rechazaba con una cosa que es lo más caro que hay, ese gas pimienta de primera calidad. No tenían derecho a reclamar lo suyo porque eran revoltosos, comunistas… y el Gobierno se puso firme: en vez de pagar justicia social, pagó el gas pimienta. Les convenía. Ténganlo en cuenta”.

“Ustedes salieron de la pasividad y del pesimismo. No se dejen abatir por el dolor y la resignación. No aceptaron ser víctimas dóciles; se reconocieron como sujeto, como protagonistas de la historia. Este es el aporte más lindo de ustedes”, 

“Los acompaño en su camino. Sigo creyendo, como lo dije en Bolivia, que la acción comunitaria de los pobres de la tierra depende de no sólo su propio futuro, sino del futuro de toda humanidad”.

20 de septiembre de 2024, ultimo encuentro de Francisco con los Movimientos Populares en Roma.

De tu templanza, de la moderación en tiempos de gritos y exabrupto, quizás podamos aprender a no ser reaccionarios, a ser contemplativos en la acción, a tomar parte sin partirnos. Gracias por visitar a nuestros presos, a nuestros rotos, a los discapacitados, a los trabajadores sin derechos. Escuchar su voz, es honrar a Francisco, es volver a Jesús.

 León y Jesús. Volver a la apocalíptica, el lenguaje que no domina la IA

Para volver al ser humano en tiempos de la IA, nos regalas aquella genialidad de la cultura popular que es la apocalíptica. Esa intuición sensible de nuestrostiempo, que puede hacerle trampa al poder desde el lenguaje y construir imágenes que no domina. Allí donde pierde entendimiento hasta la superinteligencia con mas datacenter del mundo, se abre una grieta, cae Babel y surge la posibilidad de construir una ciudad nueva, un lugar donde podamos vivir como hermanxs.

Lo que se opone a Babel es el lenguaje de los obreros que reconstruyen los muros sin que el poder entienda. En estos chistes y en estos cuentos está la fuerza para volver a ser pueblo, frente a la bestia que lo desgarra todo. No es una torre, es un muro, es horizontal, es con las manos de nuestro pueblo y sin los planos de los especialistas de toda especialidad.

Gracias hermano León, por volver a Francisco, al de Asís y al de Roma. Gracias por volver a los obreros de medio Oriente, gracias por volver a Jesús.

PD. Un maestro de la ley llora frente al muro

Un dogmático se abraza a un muro. Mas bien se trata del cimiento sobreviviente de toda destrucción. El dogmático es mas bien un fundamentalista que propaga el caos y destruye sin cesar, pero para eso busca alguna roca a la cual abrazarse. La roca, está sembrada allí por un Grande, que sostuvo el templo hasta que el imperio lo arrasó.

El roto-dogmático y la roca tienen una relación sentimental, no mediada, sin intermediarios ni puentes. Por eso, el fundamentalista de la soledad la abraza, como si fuera posible fundirse con un muro. Lo toca con la suavidad que no ha conocido piel de mujer, lo toca con la dulzura que no han sentido sus hijos de cuatro patas. Acaricia el muro que ha sobrevivido a la barbarie, roto y rompedor, deseando su fortaleza.

Una piedra se desprende del muro, ha sido empujada por las cartas que allí descansan. Cae la roca sobre la cabeza del dogmático que abraza extasiado el muro. Cae la roca, cae el dogma.

Francisco Bosch

Teólogo popular

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