InicioNoticiasArtículoCarta a los Empresarios: el Cardenal Chomalí y la Doctrina Social de...

Carta a los Empresarios: el Cardenal Chomalí y la Doctrina Social de la iglesia

La carta del arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, titulada: “Carta a los empresarios: La empresa, promotora del bien común”, se presentó en un encuentro realizado en el Arzobispado de Santiago, organizado en conjunto con la Unión Social de Empresarios Cristianos, a fines del mes de agosto, reunió a más de 300 empresarios, ejecutivos, emprendedores, representantes gremiales y autoridades.

Lamento tener que volver a criticar un escrito de Monseñor Chomalí. Si se analiza esta carta y se contrasta con la Doctrina Social de la Iglesia (en adelante DSI) se hace evidente una o varias contradicciones, en particular con las encíclicas de León XIII: Rerum novarum, Juan Pablo II: Laborem exercens, Francisco: Laudato si’, Fratelli tutti y la exhortación apostólica Evangelii gadium y León XIV: Magnifica humanitas.

Aunque en ella busca interpelar moralmente a los empresarios, adopta un marco analítico centrado en la ética individual, el paternalismo de la empresa y la filantropía, omitiendo la enseñanza social de la Iglesia sobre el trabajo humano.

El silencio más elocuente del texto frente a la tradición de la DSI radica en la ausencia en ella de una mínima mención a  los sindicatos, como actores legítimos y necesarios de la empresa y de la  justicia social. Sostiene que “la empresa nunca es un lugar neutral. Está llamada, más bien, a convertirse en una comunidad donde las personas crezcan en humanidad…”, limitando las dinámicas laborales a las buenas intenciones de la empresa y la cultura corporativa.

Sin embargo el Magisterio de la Iglesia pone otros énfasis, en algunos casos dice exactamente lo contrario a lo que plantea Chomalí:

León XIII en Rerum novarum, números 36-38: Consagró el derecho natural de los obreros a asociarse y formar sindicatos para defender sus derechos frente a la asimetría de poder ante el capital.

Juan Pablo II (quien se define por su conservadurismo) en Laborem exercens, número 20 párrafo tercero nos dice que : Los sindicatos no son meros apéndices ni elementos de conflicto gratuito, “sí son un exponente de la lucha por la justicia social” y un elemento indispensable de la vida social moderna.

El Papa Francisco en su Discurso a la Confederación General Italiana del Trabajo (diciembre de 2022) señala: “No hay trabajadores libres sin sindicatos” 

Al ignorar el derecho de asociación colectiva, léase sindicatos, y el balance de poder estructural en la relación capital-trabajo, el texto reduce las relaciones laborales a un vínculo interpersonal de benevolencia patronal.

Chomalí  afirma que:

“Las empresas privadas son la fuente principal del desarrollo económico del país y, donde se genera la mayor cantidad de empleos. De ellas surgen los impuestos para financiar los bienes públicos…”

Esta afirmación está en abierta contradicción con la DSI:

En Laborem exercens número 12, Juan Pablo II expone clarito la prioridad del trabajo frente al capital. El capital es únicamente un conjunto de cosas, instrumentos de producción, mientras que el trabajo es el sujeto activo eficiente: “El trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras que el capital… sigue siendo sólo un mero instrumento o causa instrumental”.

El Cardenal Chomalí, al situar a la empresa privada y su acumulación y o inversión como la causa y motor primario del desarrollo,  se alinea con una visión neoliberal de la economía de mercado, más que con el personalismo obrero de la DSI, donde es el trabajo humano (los hombres y mujeres que producen) la verdadera fuente creadora de valor y desarrollo social.

Sostiene que los problemas empresariales se reducen a fallas morales evitables o mala gestión de liderazgo: “Gran parte de los errores o equivocaciones que pueden cometerse en la cultura empresarial son evitables… Si cultivamos en el actuar ético el valor del otro y la virtud…”.

En el Magisterio de Francisco en  Fratelli tutti y Evangelii gaudium nos señala que la exclusión, la precariedad y el desempleo no son simples “errores de liderazgo”, sino el resultado intrínseco de un modelo económico global perverso:

“…hoy tenemos que decir “no a una economía de la exclusión y la inequidad”. Esa economía mata”(Evangelii gaudium, número 53). Denuncia las teorías del “derrame”  que asumen que el mero crecimiento de las empresas resolverá automáticamente la pobreza (Evangelii gaudium, número 54).

En Fratelli tutti (número 168), Francisco condena el dogma de la fe neoliberal en las fuerzas del mercado libre y rechaza que las reformas morales individuales basten sin una profunda transformación de las reglas e instituciones económicas.  “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”.

Al abordar la tecnología y la Inteligencia Artificial, Chomalí apela al criterio ético del directivo y dice:

“Los empresarios tienen aquí un lugar insustituible. Son ustedes quienes -en gran parte- deciden qué tecnologías incorporar, cómo implementarlas y con qué propósito hacerlo”.

Sin embargo León XIV en Magnifica humanitas, número 63 y números 180-186 y Francisco en Laudato si’, cap. III, dicen algo muy distinto:

Tanto Francisco con el “paradigma tecnocrático” como León XIV en Magnifica humanitas advierten que la concentración del poder tecnológico y los algoritmos en manos de conglomerados privados amenaza la propia democracia y la soberanía de los pueblos.

León XIV plantea que la gobernanza de la IA y la automatización no puede ser delegada a la sola discrecionalidad moral o autorregulación del empresario, sino que exige control democrático, participación de las comunidades y cuerpos intermedios (principio de subsidiariedad activa), garantizando que el avance tecnológico no suprima la existencia encarnada del trabajador ni devenga en acumulación oligopólica.

En su conclusión, el Cardenal felicita y promueve abiertamente la filantropía empresarial:

“Quienes aún no han emprendido el camino de la solidaridad y la filantropía como parte de la vida de la empresa, los animo a que lo hagan porque con su acción mejorarán de manera directa y radical la vida de muchas personas”.

La Doctrina Social de la Iglesia ha advertido históricamente que la caridad o la filantropía como la llama el cardenal Chomalí,  nunca pueden suplir a la estricta justicia:

Pío XI en Quadragesimo anno, número 4 nos señalaba que: “…quienes, abundando en riquezas, juzgaban que una tal situación venía impuesta por leyes necesarias de la economía y pretendían, por lo mismo, que todo afán por aliviar las miserias debía confiarse exclusivamente a la caridad, cual si la caridad estuviera en el deber de encubrir una violación de la justicia…”, es decir, la caridad no puede considerarse un sustituto de los deberes de justicia que son injustamente denegados.

Benedicto XVI nos señala en Caritas in veritate, número 6 párrafo segundo: “No puedo “dar” al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde”.

El Papa Francisco en Evangelii gaudium números: 188-190 y 202 es tajante en denunciar que los problemas estructurales de la inequidad no se resuelven con planes asistenciales ni con la “filantropía”: “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo…”(EG, 202).

Reemplazar la exigencia de una redistribución justa del valor del trabajo, por la alabanza a la filantropía privada invisibiliza  la crítica de Francisco.

La carta del Cardenal Chomalí a los empresarios, se distancia del rol profético de la iglesia y de los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia al pretender sustituir la demanda de justicia colectiva, organización sindical y reforma de los mercados y de la economía del “descarte”, por una apelación a la rectitud individual y la generosidad de los empleadores, desvirtuando así la esencia de la DSI que es la justicia social, para la construcción de una verdadera y efectiva  paz social.

 

Últimas noticias

Voces

Multimedia