Este fue el gran mensaje del papa León 14 en su viaje a España: “¡Alzad la mirada!”… es decir: ‘No se limiten a soportar las dificultades individuales y los problemas locales… La vida no se limita al horizonte de todos los días’… “¡Alzad la vista!” dijo el papa a los españoles, a toda Europa y a nosotros también.
En Ecuador estamos agobiados por una dictadura que no para de creer y que nos obliga a enfrentar en situaciones terribles: la violencia fomentada desde arriba que sigue campante, la falta programada de empleo que nos asedia, la perversidad de un gobierno que hace de la persecución su línea acción, olvidando la salud, la educación, las carreteras, la pobreza que se torna miseria.
“¡Alzad la mirada!” nos dice el papa, porque si hay tanta persecución es porque hay muchas resistencias individuales y colectivas en muchas partes contra un sistema de gobierno que está al acecho, mientras se prolonga desmesuradamente. Agachemos apenas la cabeza para seguir caminando contra los vientos contrarios… y juntémonos, porque así somos más fuertes para cambiar la dirección de los vientos.
‘Alcemos la mirada’ para no desanimarnos. En todas partes se está gestando un futuro mejor. Es la ley de la vida, parecida a un gran parto: ¡Hasta los muertos son fuentes de vida! ¡Pueden matar a las personas, pero no los sueños ni las utopías! Las personas, los pueblos, la naturaleza y el cosmos están preñados de un futuro mejor que hay que construir sin desmayar. Ya hace 2000 años san Pablo lo decía a los romanos: “Algo entretiene la inquietud del universo, y es la esperanza de que los hijos e hijas de Dios se muestren como son… Vemos que la creación entera gime y sufre dolores de parto. Y también nosotros gemimos en nuestro interior mientras esperamos nuestros derechos de hijos y la redención de nuestro cuerpo… En todo eso saldremos triunfadores” (8,19-23). Somos los hijos de la esperanza del universo y de Dios.
Comencemos mirando a nuestro alrededor y digámonos que el bien es y será más fuerte que la maldad. Valoremos los pequeños gestos de la vecina que no se cansa de cuidar de sus hijos, y los del vecino que limpia la calle y siembra plantas y flores, y a aquellos que nos saludan y nos sonríen. Miremos a las y los niños que juegan gritando de alegría. Miremos a los que se unen, se reúnen y se organizan para compartir, crear conciencia crítica, proponiendo alternativas… Claro, ¡son unas pocas gotas de agua en un océano agitado y turbulento! Pero, el mar está hecho de millones de gotas de agua y “¡una sola gota ya cambia su nivel!”
Alcemos la vista y miremos más allá de nuestras fronteras nacional y continental. Los estadistas calculan más de 50 conflictos armados en nuestro planeta… y el genocidio de Palestina que no termina. Al mismo tiempo, preguntémonos cuándo no ha habido guerras en nuestro mundo. No se respetan los derechos humanos, de los pueblos, de la naturaleza… Pero, “antes”, ¡ni se hablaba de derechos humanos!
Estamos en un mundo que quiere ser y vivir mejor a pesar de todos los pesares, porque esto es nuestro destino, inscrito en nuestro ADN. Una sola vela hace retroceder mucha oscuridad. Decía Jesús de Nazaret: “¡Ustedes son la luz, la sal y el fermento del mundo!” Nunca ha habido tantas Organizaciones Internacionales y Mundiales. Es cierto que muchas funcionan mal o no funcionan. Pero su existir nos dice que es posible hacer cosas nuevas, construir fraternidad, sembrar justicia, aplacar algo de la maldad… Nos dice que eso es nuestra tarea y nuestra responsabilidad, nuestra vocación y nuestra misión. A cada uno nos toca dejar el mundo un poco mejor.
Hace 25 años, un 11 de septiembre, la desgracia del derrumbe de las Torres Gemelas en Estados Unidos marcó el comienzo concreto de que la hegemonía norteamericana no es intocable. Actualmente Irán demuestra que el poderío militar de Estados Unidos no es invencible. Trump es un error garrafal de la historia norteamericana. La muerte de Allende en Chile proclama que el socialismo es posible y mejor que el capitalismo. El problema no es la perversidad de unos pocos, sino la indiferencia y pasividad de millones, entre los cuales nos incluimos nosotros en algún momento.
El neoliberalismo nos ha ganado la batalla de la organización, de la fraternidad y de la justicia, pero no ha terminado con las luchas por la vida que siglos tras siglos triunfan de la muerte, del odio y de la explotación en algún lugar del planeta. La bondad de algunos nos salva de la perversión de tantos malvados. Por eso el culto a los héroes y mártires de los pueblos… bien diferente del culto de los libros de historia que nos cuenta la historia parcializada de los vencedores.
Alcemos la mirada y aprendemos a mirar desde el revés de la historia, desde abajo, desde los pobres, las mujeres, los pueblos indígenas, los movimientos sociales, la Iglesia de los pobres, la música de los rebeldes. Otra historia se está escribiendo, proclamando, cantando: es la sabia de una vida nueva, de una convivencia mejor, de una armonía con la naturaleza, de una comunión con el cosmos y su Energía vital que nada ni nadie puede detener. Ubiquémonos en este buen lado de la historia, para aportar nuestro granito de arena, sentir la esperanza que todo lo anima y celebrar, en chiquito y por pedazos, “la fiesta que vendrá”, la fiesta que viene.






