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Noticias Iglesia Internacional: 23 al 30 de marzo

[Coordina: Cecilia Tovar | IBC]

El papa León XIV reiteró el martes su llamamiento para que cese la violencia en Oriente Medio, mientras que el presidente estadounidense Donald Trump anunció el despliegue de importantes nuevas fuerzas en la región y entregó un plan de paz de 15 puntos a los líderes de Irán. “Deseo reiterar el llamamiento a un alto el fuego”, dijo el pontífice a los periodistas reunidos frente a la residencia papal en Castel Gandolfo. “Insto a todas las autoridades a que trabajen verdaderamente a través del diálogo para resolver los problemas”, dijo el Papa. León hizo un llamamiento a los líderes para que “trabajen por la paz, pero no con armas, sino con diálogo, buscando sinceramente una solución para todos”…

 

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Semillas para la reflexión y la acción

[Por: Francisco Javier Burgos]

Mientras buscamos caminar humildemente con Dios, quiero compartir algunas reflexiones para su consideración. Más que una lista de requisitos, espero que esto sirva como un llamado urgente a la reflexión personal y a la acción comunitaria. Les pido que se detengan un momento y escuchen a su corazón mientras leen estos consejos. Los animo a ponerlos en práctica y a explorar su significado.

 

Seamos conscientes del fetichismo bélico, es decir, la tendencia a atribuir un valor intrínseco a la guerra y al conflicto. Nuestra cultura puede albergar prácticas que promueven la violencia y glorifican la guerra como el único proceso viable para el progreso de la humanidad. Nuestro entorno social y los medios de comunicación actuales están repletos de narrativas que buscan justificar la guerra o las tácticas bélicas en contextos nacionales e internacionales, llegando a veces al extremo de presentarla como una respuesta a Dios. Ser conscientes del fetichismo bélico nos exige prestar atención a nuestras propias palabras y acciones, a medida que aprendemos y comprendemos que la guerra no es el estado natural. Debemos, en cambio, esforzarnos por desmantelar la cultura de la guerra en nuestras comunidades y sociedades.

 

Abraza la justicia en las pequeñas cosas. Cada día, tenemos muchas oportunidades para practicar la justicia como una disciplina espiritual que busca ayudarnos a ser mejores personas. Esto requiere una atención constante a la forma en que interactuamos con los demás, invertir nuestra energía en detectar patrones de injusticia estructural y confrontar nuestra propia comodidad. Abrazar la justicia en las pequeñas cosas nos invita a ejercitar la atención y la acción como un acto moral, permitiéndonos ver a los demás tal como son, a la vez que les acogemos, apoyamos y trabajamos juntos hacia nuestra transformación mutua.

 

Cada día, realiza un pequeño acto de compasión ; un acto que refleje tu sincero reconocimiento de la igualdad de los demás y que exprese la búsqueda de un mundo mejor para todos. Un pequeño acto de compasión encierra el poder transformador del amor, pues nos permite practicar la empatía, la solidaridad y la generosidad, especialmente hacia los marginados, los desamparados y los pobres.

 

Cultiva y celebra la alegría . Sin importar cuán grande o pequeña sea la razón, celebrar la alegría nos ayuda a seguir adelante a pesar de las muchas dificultades que enfrentamos. Cultivar la alegría es fundamental para construir comunidad, ya que nos conocemos y nos apoyamos mutuamente, y nos abrimos a la maravilla y la belleza de la naturaleza.

 

Finalmente, les invito a cultivar la esperanza. Una esperanza arraigada en nuestra experiencia humana, esa que nos une y compartimos; una esperanza que nos capacita para crear las condiciones necesarias para la liberación, la paz, la justicia y la prosperidad que florecen a través de la cooperación, el diálogo y el respeto mutuo.

 

No nos cansemos de practicar la paz, encontrando formas creativas de resistir a la violencia y la injusticia, con alegría, valentía, amor, y un arraigado sentido de pertenencia en este caminar juntos y juntas en el que podemos recrear las verdaderas utopías que transformarán nuestro mundo.

 

* Esta reflexión la escribí desde los Estados Unidos de América, en el contexto del acompañamiento a comunidades que se organizan para resistir a la violencia contra la comunidad migrante, a la guerra en Irán y a las acciones fascista e imperial del gobierno estadounidense lidereado por Trump.

Semana Santa 2026

[Por: Carina Furlotti]

El misterio de la Pascua de Jesús sólo se comprende a la luz de su modo de estar en la vida: su modo de amar, de escuchar, de compadecerse, de servir, en definitiva, de hacer presente a un Dios enamorado de la vida, que se inclina para hacerla crecer y liberarla de todo aquello que lo impide. Un modo de situarse que pone en evidencia otros modos, explícitos o sutiles, de los poderosos, que oprimen, marginan y condenan, en nombre del imperio o de la religión, y para quienes Jesús será alguien a quien quitar del medio. 

 

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¿Por qué mataron a Monseñor Romero? Crónica de una muerte anunciada

[Por: Juan José Tamayo]

En 2016, durante una de mis estancias en El Salvador como profesor invitado en las Universidades de Don Bosco y la UCA, leí la excelente novela Noviembre, del escritor salvadoreño Jorge Galán, que se inspira en el impune asesinato de los seis jesuitas y de Elba y Celina el 16 de noviembre de 1989. La leí recorriendo algunos de los escenarios donde se produjeron los hechos.

 

Mientras leía el libro me rondaba una pregunta: ¿por qué los mataron? Estos días, en los que celebramos el 46 aniversario del asesinato de monseñor Romero, – “San Romero de América”, como lo definió Pedro Casaldáliga en un memorable poema- he vuelto a hacerme la misma pegunta sobre el asesinato del profético arzobispo de San Salvador: ¿por qué lo mataron?

 

No fue, ciertamente, por haberse desviado de su actividad pastoral, como creían y afirmaban erróneamente algunos hermanos suyos en el episcopado salvadoreño y en el Vaticano. La lucha por la justicia y el trabajo por la paz no son una desviación del cristianismo, sino inherentes a la fe cristiana al tiempo que constituyen la verificación de la autenticidad de la fe.

 

La comisión teológica del Vaticano encargada de estudiar las razones para su beatificación reconoció que monseñor Romero murió mártir por odio a la fe. Disiento de dicha apreciación. Sus asesinos se decían cristianos y supuestamente compartían la misma fe que Romero. Yo creo que la verdadera razón del asesinato fue su lucha por la justicia, su opción por los pobres y su cada vez más radical denuncia de los poderes políticos, económicos y militares.

 

En definitiva, fue la puesta en práctica del Sermón de la Montaña -Carta Magna del Cristianismo-, que declara bienaventurados a los que trabajan por de paz y a los perseguidos por causa de la justicia, la que provocó su asesinato el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la eucaristía.

 

Tampoco lo mataron por haber permitido la entrada del comunismo en la Iglesia salvadoreña, como vino a decirle Juan Pablo II en una audiencia en el Vaticano de la que monseñor Romero salió abatido y desolado. “Santo Padre -le respondió el arzobispo de San Salvador- en mi país es muy peligroso hablar de anticomunismo, porque el anticomunismo lo proclama la derecha, no por amor a los sentimientos cristianos, sino por el egoísmo de cuidar sus intereses”. Ese anticomunismo, le dijo, defiende el capitalismo y persigue a la Iglesia, y muy especialmente a los sacerdotes, religiosos y religiosas, catequistas, líderes de comunidades y defensores de derechos humanos.

 

El asesinato de monseñor Romero tiene la misma o similar explicación que la ofrecida por Jon Sobrino sobre el asesinato con nocturnidad y alevosía de sus compañeros jesuitas por el batallón Atlacatl del Ejército salvadoreño: lo mataron porque analizó la situación real de El Salvador y fue a la raíz de los problemas.

 

Dijo la verdad del país en sus homilías, programas radiofónicos y declaraciones públicas. Desenmascaró la mentira y practicó la denuncia profética. Fue conciencia crítica de una sociedad de pecado y conciencia creativa de una sociedad distinta, la utopía del Reino de Dios entre los pobres. ¡Y eso no se perdona! 

 

Monseñor Romero fue asesinado por haber ejemplificado con hechos y palabras el valor moral y evangélico de la justicia en un país donde reinaba la injusticia estructural; el valor de la paz en un país marcado por la violencia institucional; el valor de la solidaridad, en un país donde las mayorías populares sufrían la pobreza y la marginación social; el valor de la vida, en un país donde la vida de los pobres carecía de valor y se podía prescindir de ella impunemente.

 

Vivió el cristianismo no como opio y alienación, sino como liberación y conciencia crítica; no al servicio de los poderosos, sino de las personas más vulnerables y de los colectivos empobrecidos. Denunció la concentración de la riqueza en manos de unas pocas familias que mantenían al pueblo en un régimen de esclavitud.

 

Criticó severamente la alianza entre el poder político, el poder económico y el poder militar contra el pueblo. Acusó a la Junta Militar, a las Fuerzas Armadas y a los Cuerpos de Seguridad de El Salvador de recurrir solo a la violencia represiva “produciendo un saldo de muertos y heridos mucho mayor que los regímenes militares recién pasados”.

 

Se opuso al apoyo de Estados Unidos a dichos poderes que masacraban al pueblo salvadoreño. Y lo hizo a través de una Carta a Carter, presidente de Estados Unidos, en la que le pedía que su Gobierno no interviniera “directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etc. en determinar el destino del pueblo salvadoreño” y prohibiera la ayuda militar al Gobierno salvadoreño.

 

Buscó caminos de reconciliación a través de la negociación y de la no violencia activa, siguiendo el ejemplo de tantos líderes religiosos y morales a lo largo de la historia. Con su testimonio evangélico y su estilo de vida austero anticipó la utopía de otro mundo posible sin violencia, ni injusticia, ni corrupción, sin desigualdad social, ni opresión política, ni explotación económica, sin imperialismo, ni militarismo. 

 

¿Por qué mataron a monseñor Romero? Coincido con la respuesta de Carlos Molina, profesor de filosofía de la UCA, de San Salvador: “No fue por defender los derechos de la Iglesia ante el poder secular, sino por ponerse al lado de los pobres, esos que tanto el poder secular como las mismas iglesias habían explotado, oprimido y excluido […], por haber asumido el profetismo utópico que era la única respuesta ante los falsos dioses que se cebaban en la vida del pueblo y así se convirtió en su enemigo”.

 

El abuso de poder y de conciencia en la Iglesia

[Por: Matías Soares | Traducido por Amerindia]

El papa Francisco nos ha impulsado a superar el clericalismo, que, según él, “se manifiesta claramente en un modo anómalo de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades donde han ocurrido conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia—, siendo el clericalismo aquella ‘actitud que no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que también tiende a disminuir y subestimar la gracia bautismal que el Espíritu Santo ha puesto en el corazón de nuestro pueblo’, favorecida tanto por los propios sacerdotes —obispos y diáconos— como por los laicos; genera una ruptura en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo” (cf. https://www.vatican.va/content/francesco/pt/letters/2018/documents/papa-francesco_20180820_lettera-popolo)..

 

Es relevante que el Pontífice haya situado esta idea sobre el modo de ejercer el poder en la Iglesia en el contexto de los escándalos que sacudieron la realidad eclesial de Chile. Los desafíos en este ámbito del abuso de poder continúan; pero, como en los últimos tiempos el énfasis se ha puesto en las cuestiones sexuales, las demás formas aún son percibidas pero no consideradas con la misma gravedad, aunque indirectamente sean igualmente nocivas para el cuerpo eclesial y para la sociedad, si consideramos la fuerza institucional de la Iglesia, su red de relaciones y su poder simbólico. Esta carta dirigida a la Iglesia chilena debería ser profundizada y rezada en las demás Iglesias locales de la catolicidad, especialmente para ayudarnos en el discernimiento acerca de otras perversiones del modus operandi de ministros ordenados —obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos(as)— y demás miembros del pueblo de Dios, que oprimen y actúan de manera autoritaria.

           

En la construcción de una justa hermenéutica de este desafío a la vida de la Iglesia y a la sociedad en su conjunto —ya que el abuso de autoridad tiene otras formas y contextos—, es necesario tener presente el papel y el lugar de la conciencia en el proceso relacional de las personas, con sus historias, personalidades y, ante todo, como sujetos eclesiales. El Concilio Vaticano II nos ofreció el marco contemporáneo para pensar y construir un modo diferente, incluso resignificando la obediencia, que ya no puede ser “ciega”, como pretenden algunas mentalidades autoritarias y violentas, sino respetuosa de la libertad de conciencia, siendo esta el santuario más íntimo y profundo donde se revelan el amor y la verdad de Dios. Este “lugar teológico” no puede ser tratado con irrespeto ni sometido a abusos, incluido el abuso “espiritual”, como hemos observado en muchos ambientes religiosos, amplificados aún más por la omnipresencia y la fuerza de las redes sociales. No podemos pretender sustituir la conciencia de las personas, como nos advirtió el papa Francisco al referirse al respeto debido a la conciencia de los fieles y a nuestra misión como Iglesia en la actualidad, reconociendo que “nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor que pueden al Evangelio en medio de sus límites y son capaces de realizar su propio discernimiento en situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, no a pretender sustituirlas”. (cf. Amoris Laetitia, 37).

           

El tema de la conciencia y su importancia para la libertad religiosa, especialmente en el contexto de las innovaciones eclesiológicas y antropológicas del Concilio Vaticano II, era central en el pensamiento del teólogo Joseph Ratzinger. Para él, el encuentro con los grandes temas de la modernidad no se encuentra en la gran constitución pastoral, sino en dos documentos más breves que, poco a poco, adquirieron relevancia en la recepción del Concilio: la Declaración sobre la Libertad Religiosa Dignitatis Humanae y la que trata de la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas Nostra Aetate. (cf. J. Ratzinger. Prefácio, Opera Omnia, L’ Insegnamento del Conc. Vat. II, pág. 7-9). Según Ratzinger, “la fe cristiana reclamaba la libertad por convicción religiosa y por la práctica del culto, sin por ello violar el derecho del Estado en su propio ordenamiento: los cristianos rezaban por el emperador, pero no lo adoraban” (cf. Idem).. La cuestión central era la libertad de elegir, practicar y cambiar de religión como un derecho fundamental de la persona. A partir de esto, podemos comprender tanto la dimensión personal de la conciencia como lugar de discernimiento de la voluntad de Dios, como sus implicancias antropológicas y sociales. En los ambientes eclesiales es urgente profundizar esta reflexión sobre las nuevas formas de vivir la fe cristiana y sobre el modo en que algunas liderazgos asumen, de manera invasiva, el rol de sustitutos de la voluntad de los demás. Se requiere una profunda humanización a partir de los valores del Evangelio y una teología moral atenta a las enseñanzas posconciliares.

           

La Constitución también reconoce derechos relacionados con la intimidad, justamente para proteger al ciudadano de abusos de poder cf. Art. 5º, inc. VI-XII).. En particular, afirma que “es inviolable la libertad de conciencia y de creencia, asegurándose el libre ejercicio de los cultos religiosos y garantizadndo, en forma de ley, la protección a los locales de culto y a sus imagenes”. En palabras de Mário Antônio Sanches, la objeción de conciencia es un derecho que salvaguarda principios morales inalienables: el respeto a la autonomía de la persona y a su libertad. Sin embargo, esta no debe basarse en caprichos ni subjetivismos, ni en intransigente obstinaciones. Por eso precisa ser por la presentación de los valores en cuestión, explicitando los motivos personales, abierta al diálogo (cf. https://www.jusbrasil.com.br/artigos/o-direito-a-objecao-de-consciencia:21/03/26). Es importante considerar cómo la teología católica interpreta estos derechos a la luz de los signos de los tiempos, reconociendo que la libertad de conciencia está profundamente vinculada al derecho a la intimidad de cada persona.

 

El papa Francisco también aborda el abuso espiritual en el proceso misionero de la Iglesia, cuando citando a su predecesor Benedicto XVI, afirma que “los cristianos tienen el deber de anunciar sin excluir a nadie y no como quien impone una nueva obligación, sino  una propuesta que comparte una alegría y señala un horizonte, ofreciendo un banquete apetecible. . La Iglesia “no crece por proselitismo, sino por atracción” (cf. Evangelii Gaudium, 14). El anuncio de la Alegría del Evangelio precisa ser porpuesto, no impuesto; y menos violentando la libertad religiosa.  Sin embargo, aún hoy encontramos múltiples formas de abuso espiritual, con prácticas que alienan, oprimen y manipulan a las personas mediante discursos religiosos fundamentalistas y agresivos. En muchos ambientes religiosos se producen formas de “violencias simbólicas”, incluyendo explotación económica, sexual y de poder. Para aquellos que no quieran entender- por conveniencia, o por mala fe- el acoger las enseñanzas del Papa Francisco acerca de este estilo pastoral, que no condice con la práctica misionera de Jesús de Nazareth.  No debemos evangelizar para aumentar números, de tribus y grupos religiosos, como percibimos en algunos movimientos inclusive católicos sino para favorecer “la experiencia de encuentro personal con Jesucristo”. (cf. Evangelii Gaudium, 1).

           

Finalmente, también es necesario que la “dignidad de los ministros ordenados” sea respetada(cf. https://www.arquidiocesedenatal.org.br/post/artigo-a-dignidade-dos-presbíteros).   Inclusive dentro de las propias relaciones jerárquicas de la Iglesia. En las comunidades eclesiales encontramos también fieles laicos que persiguen, calumnian o maltratan a sus pastores. Existe, además, una distorsión del “verdadero protagonismo” en algunos casos. Una ‘autonomía relacional’, respetuosa y marcada por el espíritu de servicio, es lo que precisa animar a las comunidades cristianas y a las estructuras eclesiales. Lo que somos llamados  es a tener docilidad a la acción del Espíritu Santo en nuestras mentes, corazones y actitudes fermentadas por las prácticas de las Bienaventuranzas. (cf. Mt 5,1-12).  

           

Si nuestra preocupación es el ‘poder por el poder’, nuestra vida dejará de ser verdaderamente cristiana y no atraerá hacia la persona de Nuestro Señor. El abuso de poder y de conciencia en la Iglesia es una herida que debe ser superada, ante todo, mediante la conversión personal y la transformación de nuestras estructuras marcadas por el pecado. Recemos siempre por esta intención. Así sea.

 

P. Matías Soares
Arquidiócesis de Natal (RN)
Capellán de la UFRN

 

(Traducido desde Amerindia)

No tememos la noche sombría de nuestro tiempo porque amamos las estrellas

[Por: Leonardo Boff]

Son muchos actualmente los que han perdido la esperanza de que, en el sombrío panorama actual, aún tengamos algún futuro. Hay demasiada maldad, genocidio a cielo abierto y vergonzosamente ejecutado por quienes lo practican: Israel y los Estados Unidos de América, todavía escandalosamente apoyados por algunos países europeos, especialmente por Alemania, olvidada del Holocausto nazi.

 

Asistimos, atónitos, a ver como una gran nación, aquella que dispone de más medios de destrucción masiva e incluso de aniquilación de la vida en la Tierra —Rusia—, arrasar una nación vecina con grandes tradiciones culturales y los famosos y sabios cuentos rabínicos: Ucrania. Terrible está siendo la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, destruyendo una de las civilizaciones más antiguas, con una ferocidad que no elige sus objetivos: todo es atacado, incluyendo escuelas de niñas.

 

A esto se suma la absurda acumulación de riquezas en poquísimas manos: ocho personas poseen individualmente una riqueza equivalente a la que poseen 4.700 millones de personas. En ellos no se percibe ninguna sensibilidad humana hacia sus semejantes, a quienes tratan como ceros económicos, descartables y considerados subhumanos: los millones que viven en las periferias de las grandes ciudades del Norte Global (solo en Estados Unidos viven 30 millones de pobres) y que llenan, por millones, las metrópolis del Sur Global.

 

Me abstengo de referirme a la grave amenaza de la sobrecarga de la Tierra, con severos límites en la producción de bienes y servicios que sostienen la vida (hoy ya necesitamos 1,7 Tierras). Ni siquiera al creciente calentamiento global del planeta que, si hasta 2030-2035 no se detiene en un máximo de 1,5 °C respecto a la era industrial (1850-1900), causará una inexorable diezmación de vidas en la naturaleza y en la humanidad.

 

¿Cómo mantener aún la esperanza en un drama de tales proporciones? Entendemos las preocupaciones de analistas del rumbo del mundo que dicen: no es imposible que haya llegado nuestro turno de desaparecer del proceso de la evolución, como ya han desaparecido cientos y cientos de especies después de millones de años sobre la Tierra.

 

Por eso soy pesimista, porque la realidad es pésima. Sin embargo, me declaro un pesimista esperanzado. Esperanzado porque, si somos Tierra que siente, piensa, ama y venera, tenemos la resiliencia que la Tierra ha demostrado en las quince grandes extinciones que ha sufrido a lo largo de sus 4.500 millones de años de historia. La vida nunca sucumbió. Después de cada extinción —atestiguan varios historiadores de la vida en la Tierra como Christian de Duve (Polvo cósmico: la vida como imperativo cósmico, 1995)—, ella, como si se vengara, produjo una biodiversidad mayor que la que había sido truncada.

 

Como decía el poeta alemán Friedrich Hölderlin: “allí donde hay peligro, crece también lo que salva” (wo aber Gefahr ist, wächst auch das Rettende). Nuestro peligro es innegable. Pero considerando que el ser humano es un proyecto infinito, dotado de mil virtualidades, sabrá, frente al gran peligro, forjar oportunidades de salvación.

 

Como es sabido, la historia de la vida no es lineal: da saltos. Lo improbable puede volverse probable. Lo inesperado puede acontecer. Era seguramente improbable que un hombre negro, Barack Obama, dada la discriminación sufrida por parte de supremacistas blancos, llegara a la Presidencia de Estados Unidos. Y llegó. ¿Quién podría imaginar que, en una sociedad machista como la brasileña, una mujer se convirtiera en presidenta del Brasil, Dilma Rousseff? Y llegó.

 

Tengo la convicción que animaba al paleontólogo y místico Pierre Teilhard de Chardin: que la humanidad, en un momento grave de su historia, especialmente sabiendo que puede autodestruirse, entraría en razón y tomaría conciencia de su lugar en el conjunto de los seres y de su responsabilidad por el futuro de la vida. Daría un salto cuántico en su conciencia y definiría otro rumbo para su historia. Se convertiría en guardiana y cuidadora de la sagrada herencia que ha recibido: la Tierra y todos sus ecosistemas con los seres que los habitan. Percibiría que es parte de la naturaleza, en fraternidad con los demás hermanos y hermanas que en ella existen. Amaría y cuidaría la Casa Común en la que todos cabrían con sus diferencias, pero en una profunda unidad.

 

Esto está dentro de las posibilidades humanas. Somos seres naturalmente cooperativos y sensibles frente a los más vulnerables. En lo más profundo de nosotros —como dato objetivo, confirmado por la nueva ciencia— somos seres espirituales, capaces de identificar aquella Energía de Fondo (Aquel Ser que hace ser a todos los seres) que todo lo penetra y sostiene. James Watson comprobó que en nuestro ADN está el amor, la fuerza mayor del universo (ADN: el secreto de la vida, 2005). Con todas estas potencialidades, atravesaremos aún un camino doloroso hasta llegar a una forma amorosa y fraterna de convivencia.

 

No estamos ante una tragedia anunciada, sino en el corazón de una crisis de nuestros fundamentos que nos purificará, nos depurará y nos permitirá dar un salto, habitando un mundo que juntos podemos hacer existir de manera sostenible. Depende de nosotros impedir que las actuales crisis se conviertan en tragedias.

 

Por eso no tememos la noche sombría de nuestro tiempo, porque amamos las estrellas, nuestras hermanas. Esperamos la aurora que se anuncia.

 

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL; también escribió El doloroso parto de la Madre Tierra, Vozes, 2021.

Noticias Iglesia Internacional: 16 al 23 de marzo (Suplemento)

[Coordina: Cecilia Tovar | IBC]

Con una voz unificada de dolor y esperanza, la familia Maryknoll pide a los líderes de los Estados Unidos, Israel e Irán que vayan más allá del ciclo de la violencia y se comprometan con la urgente tarea de la diplomacia y la paz…

 

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Homeless Jesus

[Por: Júlio Lázaro Torma]

Olhando a escultura do artista católico canadense Timothy Schmalz,57 anos. Que desenvolveu em 2012, depois de ver um morador de rua dormindo num banco de um parque de Toronto ,Canadá. Jesus Sem Teto ou Cristo Sem Teto ( Homeless Jesus).

 

Imaginamos que estamos, sentados ” naquele banco da pracinha/ A mesma praça, o mesmo banco/ As mesmas flores, o mesmo jardim” ( Ronnie Von,81 anos)…

 

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Rodas de conversas de chimarrão e de balcão

[Por: Júlio Lázaro Torma]

Um ensinamento que aprendi com os mestres Frei Sérgio Antônio Görgen ( O.F.M), ( 1956-2026),com o repórter Carlos Alberto Wagner 76 anos. Que foi repórter investigativo por 30 anos e chefe de redação de Zero Hora/ RBS e com minha mãe Elair,76 anos. Ensinaram duas questões saber escutar,ouvir. Ver o que as pessoas estão conversando no seu dia a dia e escutar para conhecer as pessoas…

 

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Bendito el que viene en el nombre del Señor

[Por: Eduardo de la Serna]

Como es evidente, las lecturas en esta celebración hablan por sí mismas. La homilía o los comentarios no suelen ser extensas, cuando los hay. Las dos lecturas previas al Evangelio de la misa son las mismas cada año, mientras cambia el Evangelio (este año se lee san Mateo). Por tal motivo, con respecto al Evangelio diremos algo breve tomando lo propio de Mateo…

 

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