Inicio Blog Página 84

Tamayo: “Vivimos un momento de esperanticidio y la esperanza cristiana ha de vincularse a las utopías históricas”

[Publicado en: Redes Cristianas / Religión Digital]

Abría la jornada del Fòrum Cristianisme Ara i Ací que se celebraba este sábado en el Colegio Jesús-María de València. Y Juan José Tamayo, fiel a su biografía y a sus aportaciones lúcidas en cada contexto, no decepcionó en una conversación compartida con la teóloga valenciana Lucía Ramón. El secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y uno de los grandes referentes europeos de la teología de la liberación, abogó en el Fòrum por “mantener teologías críticas, desde la perspectiva de la teología de la esperanza porque la esperanza es un principio que nos motiva para seguir trabajando por otro mundo futuro”.

 

Tamayo, que profundizaba sobre las razones para la esperanza en la iglesia, afirmó que vivimos en un momento que calificó como “esperanticidio” frente al cual confrontó “la esperanza cristiana que ha de estar vinculada a las utopías históricas”.

 

En la misma conversación que abría la jornada del Fòrum Cristianisme Ara i Ací, la teóloga feminista y especializada en ecumenismo, Lucía Ramón, se sumó a la necesidad de una teología crítica ya que “hace mucha falta en la iglesia puesto que los mismos poderes que llevaron a Jesús a la cruz siguen presentes en nuestros días. Y tenemos que denunciarlo”.

 

Lucía Ramón aseguró que “el cristianismo aporta como algo específico la lectura de la vida como una promesa que nos abre al futuro”, afirmación a la que Juan José Tamayo añadió que “la esperanza cristiana se vincula con la esperanza de los pobres”.

 

Juan José Tamayo volvió a recordar el término “cristoneofascismo”, acuñado en 2019, para vincularlo a “la alianza actual que mantiene la ultraderecha a nivel mundial y los movimientos integristas de las iglesias”. En este sentido amplió y explicó el sentido del término haciendo referencia “a una religión que tiene muchos seguidores y que va en contra de los valores fundacionales del propio cristianismo”.

 

Emilce Cuda: “Los frutos del pontificado de Francisco se ven en las periferias”

[Por: Bruno Desidera | SIR – Religión Digital]

La «sacudida» que el papa Francisco dio a la Iglesia y al mundo sigue muy presente. En primer lugar, porque el suyo es el mensaje del Evangelio. En segundo lugar, porque su pontificado continúa, en sustancial continuidad, con el de León XIV. Y también porque su mensaje, su «programa eclesial», es particularmente visible partiendo de las «periferias», tal y como él mismo deseaba. Así lo afirma, un año después de la muerte de Francisco —ocurrida el 21 de abril de 2025, Lunes de Pascua—, la profesora Emilce Cuda, argentina, teóloga y filósofa, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, cargo en el que colaboró estrechamente con el cardenal Robert Francis Prevost, quien presidía dicha Comisión antes de ser elegido Papa.

 

Pregunta. Un año después de la muerte del papa Francisco, ¿qué aspectos de su amplio magisterio resultan especialmente fecundos? ¿Y cuál es su legado, desde el punto de vista pastoral?

 

Un año después del fallecimiento del papa Francisco, los frutos de su labor son visibles en las periferias, tal y como él mismo había esbozado su programa eclesial. De hecho, trabajó en las periferias, trabajó para que las periferias pudieran llegar al centro, siguiendo el modelo de la pirámide invertida. Y proporcionó un método, el método sinodal, que significa que todos debemos sentarnos a la misma mesa y aceptar dejarnos guiar por el Espíritu Santo, que nos habla y se manifiesta a través de toda su creación. Todo esto ha tenido un fuerte impacto en la Iglesia de las periferias y ha dado sus frutos, que estamos viviendo y llevando adelante.

 

P. Y se está haciendo con el papa León XIV…

Respuesta. Sí, este proceso no es algo que comience y termine con un pontificado. Sin duda, el papa León XIV ha confirmado que sigue la línea de Francisco en lo que respecta a esta realidad, en lo que respecta al cuidado de la casa común. Pero debemos, al mismo tiempo, ir más allá de este aspecto, porque si lo vemos así seguimos pensando en una Iglesia verticalista. Debemos ver lo que ocurre en las periferias, y en las periferias este camino se ha encarnado. Por lo tanto, el pontificado de Francisco continúa con León XIV, no solo porque el Papa expresa esta continuidad, sino también porque la Iglesia ha encarnado esa nueva forma de ser que, en el fondo, no es nueva. Esto significa predicar el Evangelio tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo, como dice el artículo primero de la nueva Constitución de la Curia romana.

 

P. Y desde un punto de vista más estrictamente teológico, ¿qué caminos se han abierto de manera más amplia con el papa Francisco?

 

R. Respondo partiendo de mi ámbito de competencia, es decir, la teología moral social. Creo que en este ámbito el camino ha sido el de los teólogos latinoamericanos, norteamericanos y africanos —que son las realidades con las que tengo más contacto— y también el de algunos teólogos asiáticos, los cuales han comenzado a reflexionar partiendo de la pastoral, partiendo de los trabajos pastorales. Han comenzado a escuchar y, a partir de ahí, a construir una teología que ciertamente no descuida el Evangelio, la tradición y el magisterio social de la Iglesia, pero que está unida y orientada, como decía monseñor Enrique Angelelli [el obispo argentino de La Rioja, asesinado «in odium fidei» durante el período de la dictadura, nota del editor], con un oído puesto en el pueblo y otro en el Evangelio.

 

P. ¿Y cuáles son las consecuencias, las repercusiones de este enfoque?

 

R. Esta forma de hacer teología hace que la pastoral se vuelva teológica, que comience a construirse a partir de la realidad. La realidad se ve como punto de partida, lo cual no es algo exclusivo de la Iglesia latinoamericana o de la cultura latinoamericana, porque el hecho de que la realidad sea el punto de partida es algo común a las tres Américas: del Norte, del Centro y del Sur.

 

R. Si pensamos en el pragmatismo norteamericano, también para ellos la realidad es el punto de partida. Creo que hay algo en común, desde el punto de vista teológico, en lo que expresan estas tres Américas, y es lo que expresan los dos últimos Papas. Es decir, una cultura que no parte de las ideas, sino de la realidad. Aquello no fue simplemente una expresión de Francisco o uno de sus cuatro principios de la Evangelii gaudium, cuando afirmaba que la realidad es superior a la idea. El hecho de que la realidad sea el punto de partida forma parte de la construcción del conocimiento de las Américas, y no solo desde el punto de vista teológico, sino también político y económico.

 

R. Nadie hace fortuna, si queremos ir al extremo, partiendo de una idea. Las fortunas se hacen partiendo de la realidad, viendo cuáles son los recursos disponibles, cuáles son las amenazas y pensando en estrategias. Por lo tanto, esa forma latinoamericana, americana en general, de construir el pensamiento forma parte de la teología, y creo que esto no puede subestimarse en una Iglesia que cree firmemente que Dios se encarnó, se hizo hombre, murió y resucitó. Todas estas realidades nos llevan a afirmar que Jesucristo no es una idea. El mismo Dios en el que creemos es una realidad, según el Credo que profesamos. Por lo tanto, quien quiera sostener que la idea es superior a la realidad estaría practicando otra religión.

 

P. ¿Cómo se puede observar la continuidad entre Francisco y León XIV, sobre todo en el compromiso por la paz, dentro de este contexto de «tercera guerra mundial a pedazos»?

 

R. Cuando se piensa en la continuidad, hay que tener en cuenta también la diferencia. El contexto político y económico mundial ha cambiado considerablemente con respecto a cuando se originó «la guerra a pedazos» descrita por Francisco. En sus doce años de pontificado, los gobiernos del mundo eran predominantemente populares, y el mensaje de la Iglesia acompañaba esos contextos. Hoy el panorama es diferente. Estamos en una guerra a pedazos cuya dinámica impresiona mucho, pero también en África y América Latina muere gente cada día, en guerras invisibles.

 

R. El escenario económico y político con León XIV ha cambiado, por lo que la continuidad, como afirmó el Papa en su viaje a África estos días, consiste en predicar siempre el Evangelio y defender el diálogo como método de la Doctrina Social. Al mismo tiempo, también habrá diferencias, porque los actores han cambiado: no solo ha cambiado el pontífice, sino también los presidentes y las hegemonías económicas. No podemos esperar una continuidad entendida como identidad absoluta, sino una evangelización que acompañe a tiempos nuevos que hoy son tristes, aunque no lo fueran menos bajo Francisco. Hay quien muere por un misil y quien por falta de medicinas, quien por una bala y quien por el hambre. Todas las vidas cuentan.

 

P. ¿Tiene algún recuerdo personal de Francisco, sobre todo relacionado con la última parte de su vida, que pueda compartir con nosotros?

 

R. Consideraba al papa Francisco no solo un pontífice, sino también un amigo. Quería mucho a mi familia y recordaba los nombres de mis hijos. Hasta el final me llamaba por teléfono para preguntar cómo estaban. Era una atención constante hacia los problemas familiares y la vida de quienes trabajábamos con él. Siempre nos preguntaba si estábamos contentos y alegres. Era lo primero que nos preguntaba cuando nos veía, si nos lo estábamos pasando bien, para luego animarnos, con seriedad, a continuar nuestro compromiso como apóstoles, sin miedo y con alegría. Más allá de su papel de líder, el hecho de que se interesara por nuestra felicidad personal no es algo habitual.

 

Publicado en: https://www.religiondigital.org/vida-religiosa/emilce-cuda-frutos-pontificado-francisco_1_1450902.html utm_source=newsletter&utm_medium=email&utm_campaign=estas_son_las_principales_noticias_de_rd&utm_term=2026-04-22

Día Internacional de la Madre Tierra

[Por: Leandro Sequeiros]

Los geólogos somos especialmente sensibles a los problemas globales de nuestra casa común, el planeta Tierra. El estudio de los recursos geológicos y el uso racional de los mismos para la mejora de TODOS los seres humanos y la armonía con la biosfera, es cada vez más urgente y necesario.

 

Aunque todavía hay personas que se resisten a aceptar la existencia del cambio climático (demostrado suficientemente por la comunidad científica internacional), la mayor parte de la humanidad está preocupada por el futuro del planeta.

 

El Día de la Tierra, oficialmente Día Internacional de la Madre Tierra, es un día celebrado en muchos países el 22 de abril de cada año. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, proclamó este día para crear una conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la contaminación, la conservación de la biodiversidad, el calentamiento global y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra.

 

Es un día para rendir homenaje y reconocer a la Tierra como nuestro hogar, así como lo han expresado distintas culturas a lo largo de la historia, demostrando la interdependencia entre sus muchos ecosistemas y los seres vivos que la habitamos…

 

Descargue el artículo.

Reivindicar la utopía en tiempos distópicos

[Por: Esther Calderón | Noticias Obreras]

El teólogo Juan José Tamayo y la teóloga Lucía Ramón trazan un diagnóstico del momento actual, de guerras, desigualdad, fascismo y colapso climático, y reivindican, en el Forum de Cristianismo de Valencia, una esperanza activa, enraizada en los márgenes y en la tradición cristiana más comprometida.

 

Tamayo abrió el diálogo con una radiografía de estos tiempos distópicos. El teólogo cifró en 56 los países actualmente implicados en conflictos armados y señaló como síntomas de esta distopía la securitización extrema, el aumento de las desigualdades y la persistencia del colonialismo. “En la medida en que se incrementa la riqueza, avanza de una manera descomunal las desigualdades”, subrayó.

 

Lucía Ramón añadió una dimensión filosófica al diagnóstico, distinguiendo entre el fin de las utopías emancipadoras y el surgimiento de otras nuevas, pero de signo opuesto: la del transhumanismo, la de la acumulación de capital o la del control autoritario, “que buscan la supervivencia de unos pocos a costa de la mayoría”, alertó, señalando directamente a figuras como Elon Musk. Para Ramón, la sociedad está siendo víctima de lo que Naomi Klein denominó doctrina del shock.

 

El “esperanzicidio” como estrategia política

 

Tamayo acuñó este término que alude al bombardeo de la esperanza. Frente a reclamó una teología de la esperanza, como principio motivador para la construcción de un mundo nuevo. “Una esperanza que está vinculada a las utopías históricas, bajo la guía de la razón y que es activa, militante, que se autentifica con el compromiso”, manifestó.

 

Otro de los conceptos que incorporó fue el de “cristoneofascismo” para describir la alianza entre la extrema derecha política, social y cultural a nivel mundial y los movimientos cristianos fundamentalistas. Una nueva religión que “sustituye los valores originales por contravalores: al amor responden con el odio, al perdón con la venganza, a la hospitalidad con la xenofobia”. Tamayo fue contundente al señalar a sus principales representantes: “Hoy, los grandes teólogos que más influyen son Netanyahu y Trump, que leen los textos bíblicos desde una perspectiva belicista, desde un Dios de la venganza”.

 

La esperanza que se teje desde abajo

 

Frente al cristoneofascismo y sus discursos de dominación, ambos ponentes reivindicaron las teologías críticas capaces de nutrir una esperanza transformadora. Lucía Ramón subrayó que “el feminismo es una propuesta de humanización que pone la vida y los cuidados en el centro”.

 

En su intervención, destacó que la teología feminista permite recuperar “ese rostro materno de Dios, ese Dios que cuida y acompaña”, y ayuda a entender que “la esperanza se teje desde abajo, desde lo cotidiano”. Una esperanza, advirtió Ramón, que no es ingenua, “no es un optimismo naíf, sino una esperanza crucificada”, en solidaridad con todos los hombres y mujeres que siguen siéndolo en la historia.

 

Tamayo completó el horizonte señalando la ecoteología, que nos recuerda que “no hay salvación si olvidamos que la Tierra es nuestra casa común”, y el diálogo interreligioso como antídoto “frente a los muros y los fundamentalismos”.

 

Brotes verdes en medio de la distopía

 

El coloquio concluyó con una mirada esperanzadora al relatar experiencias concretas que suponen “brotes verdes” de futuro. Tamayo citó el Hospital de Campaña de Barcelona como ejemplo de compromiso solidario; la figura de la obispa Mariann Budde, que confrontó públicamente al poder; o la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, como signos de que la resistencia profética sigue viva.

 

Lucía Ramón cerró con una invitación a no subestimar lo pequeño: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Una frase que resumió el espíritu de una jornada de reflexión que demostró que la utopía, lejos de estar muerta, sigue siendo una necesidad urgente.

Tejer la vida es el modo de habitar la Tierra

[Por: Mónica Benavides | Comisión de Vida Consagrada Indígena – CLAR]

En el marco del Día Internacional de la Madre Tierra, el texto propone una comprensión de la vida como un tejido relacional donde todo está interconectado. Desde las sabidurías ancestrales, la tierra es reconocida como un ser vivo y sagrado, y el ser humano como parte de esa red. El tejido aparece como símbolo y práctica que expresa conocimiento, memoria y espiritualidad, orientando una forma de habitar basada en la reciprocidad, el equilibrio y el cuidado de la vida.

 

Celebrar la Madre Tierra es disponerse a escuchar la vida que nos sostiene y a reencontrarnos con una espiritualidad que nace de la relación con todos los seres. En este horizonte, la oración se vuelve un acto de conexión, una manera de abrir el corazón para recibir la sabiduría que habita en la creación…

 

Descargue el subsidio.

León XIV y la profecía del balcón: El Papa que llegó para desarmar al mundo con la paz y descolocar a Trump con su coherencia

[Por: Jesús Lozano Pino | Religión Digital]

Hay una soledad inmensa que solo se comprende cuando se viste de blanco ante la inmensidad de la Plaza de San Pedro. Aquel 8 de mayo de 2025, el mundo no solo vio el humo blanco; vio asomarse a un hombre, Robert Francis Prevost, que bajo el nombre de León XIV parecía llevar sobre sus hombros no solo la tiara, sino el cansancio de una humanidad sedienta de tregua.

 

Veníamos de la era de Francisco, un Pontífice que fue puro fuego y corazón, una figura mediática y magnética que devolvió la ilusión a quienes se sentían alejados o incluso silenciados por la propia Iglesia. León XIV, en cambio, se presentó con una timidez casi sagrada, un perfil bajo que refleja un modo distinto de presencia: si Francisco era la palabra que sale al encuentro, León es la invitación a la reflexión compartida…

 

Descargue el artículo.

“Nuestro poder, nuestro planeta”

[Por: REPAM]

Este 2026, acogerá la edición número 56 del Día de la Tierra y lejos de vivir en un ambiente sostenible, en equilibrio y diverso, nos encontramos en otro de los capítulos poco alentadores que nos regala la crisis climática. Hace un mes la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitía un comunicado de prensa en el cual se expresaba: “Desde que empezaron a realizarse observaciones del clima de la Tierra, este nunca había estado tan descompensado”…

 

Descargue el artículo.

Había piedras en el camino. Él construyó puentes. Un año sin Francisco de Roma

[Por: Vitor Hugo Mendes]

Hace un año, el mundo se despedía de Jorge Mario Bergoglio, el inolvidable Papa Francisco. Sin embargo, la sensación que perdura no es de ausencia, sino de presencia. Algunas personas, al partir, cierran un ciclo; otras inauguran un tiempo nuevo. Así fue con Francisco: ‘Aún estoy aquí’.

 

Desde los primeros días de su pontificado, se hizo evidente que no se trataba de un simple cambio administrativo ni de una estrategia institucional. Francisco era Francisco en su originalidad. Su fuerza residía precisamente en eso: la coherencia entre fe, vida y misión. No interpretaba un papel; daba testimonio de una convicción. No buscaba parecer sencillo; simplemente era sencillo.

 

El primer papa latinoamericano, el primer jesuita, el primero en elegir el nombre de Francisco, llevó al centro de la Iglesia aquello que con tanta frecuencia permanecía al margen: los pobres, los migrantes, la ecología integral, la fraternidad humana y la misericordia, camino que une a Dios y al ser humano, haciéndonos signo eficaz de la acción divina en el mundo. Su modo de gobernar movió a la Iglesia del poder al servicio, de la rigidez al discernimiento y del miedo a la esperanza.

 

Su magisterio escrito ya ha pasado a la historia. Evangelii gaudium no solo restableció el lugar social de la Iglesia —pobre para los pobres—, sino que también devolvió vigor, rumbo y nuevo alcance misionero a la vida cristiana: llegar a las periferias. Laudato si’ se convirtió en referencia global en el cuidado de la casa común, proniendo una ecología integral. Fratelli tutti recolocó la fraternidad como horizonte político y espiritual del siglo XXI.

 

En Querida Amazonia, Francisco ofreció quizás una de las síntesis más bellas de su pontificado: una Iglesia con rostro amazónico, defensora de los pueblos originarios, guardiana de la creación y capaz de unir justicia social, diálogo intercultural y esperanza renovada. En Querida Amazonia se vio claramente que evangelizar, para él, significaba también proteger vidas amenazadas y escuchar voces históricamente silenciadas.

 

Al reconocer en los Movimientos Populares a un sujeto histórico indispensable, Francisco acercó a la Iglesia a las luchas concretas por tierra, techo y trabajo. El encuentro de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, en 2015, fue decisivo: allí denunció antiguas y nuevas formas de colonialismo, criticó la economía de la exclusión, la desigualdad social y afirmó que los pobres no son problema, sino una parte fundamental de la solución. Dio voz global a los invisibilizados y recordó que el derecho de los pueblos también pertenece al corazón del Evangelio.

 

Pero quizá aún más importante fue su magisterio no escrito: sus gestos. ¿Quién olvidará a Francisco abrazando enfermos, lavando los pies de presos y de mujeres, dialogando con otras religiones, pidiendo oraciones al pueblo, rechazando pompas, prefiriendo la Casa Santa Marta al Palacio Apostólico y reconociendo, con actos concretos, la dignidad y la corresponsabilidad de las mujeres en la Iglesia? ¿Quién olvidará la imagen solitaria en la Plaza de San Pedro, durante la pandemia, rezando por una humanidad herida? En aquel silencio lluvioso, habló al mundo entero.

 

Francisco también causó incomodidad. Y eso era inevitable. Toda autenticidad desinstala. Su enérgica crítica al clericalismo, a la economía que mata, a la cultura del descarte, a la desigualdad social y a las guerras demostró que el Evangelio no puede reducirse a mero adorno religioso. Con Francisco, la fe necesitaba tocar la carne de Cristo en el sufrimiento humano.

 

Un año después de su muerte, queda aún más claro que su pontificado no fue un paréntesis, sino un proceso. La sinodalidad, la reforma eclesial y social, la apertura misionera, la cultura del encuentro, la conversión ecológica, la Economía de Francisco y Clara y el Pacto Educativo Global siguen sidendo tareas en marcha. Francisco de Roma inició caminos que trascienden su tiempo histórico y biográfico.

 

También por eso cobra relieve la transición entre Francisco y el Papa Leo. Al retomar en su primera exhortación apostólica, Dilexi te, el núcleo evangélico del amor a los pobres, Leo XIV señala una continuidad inequívoca con la herencia franciscana. Más que sucesión institucional, se trata del paso de un testimonio de vida a una responsabilidad histórica: mantener vivo lo que Francisco ha vuelto a colocar en el centro de la vida de la Iglesia. Si Francisco abrió procesos, ahora corresponde profundizarlos. Si devolvió credibilidad a la necesaria articulación entre fe y vida, se espera que el nuevo pontificado la traduzca en estructuras renovadas y decisiones valientes.

 

Quizás por eso su recuerdo permanece tan vivo. Como quedó claro con su partida, Francisco no pertenece solo al mundo católico. Fue amado por creyentes y no creyentes, admirado por muchos que veían en él una singular combinación de vigor y ternura, firmeza y humildad, inteligencia y humanidad prodigiosa.

 

Alguien dijo una vez que era “un papa muy normal”. Y quizá ahí resida una de sus mayores grandezas. En un mundo fascinado por apariencias y excentricidades, Francisco rescató la extraordinaria fuerza del Evangelio vivido con la autenticidad del poverello di Assisi.

 

Un año después, se comprende mejor que Francisco no desempeñó un papel: fue testigo del Evangelio. En la sencillez de su vida, insufló nueva vida al Evangelio proclamado por la Iglesia. Vivió en minúsculas y entró en la historia con mayúsculas. Su voz se ha apagado, pero su profecía sigue resonando en nuestras vidas y en el presente de nuestra historia.

 

* Vitor Hugo Mendes es presbítero da Diocese de Lages, Santa Catarina, Brasil. Com doutorado em Educação e Teologia, é autor da obra, em dois volumes, Liberación, um balance histórico bajo el influjo de Aparecida y Laudato si’. El aporte latinoamericano de Francisco, 2021, Editora APPRIS/AMERINDIA. Realiza estágio de pós-doutorado na PUCRS, Porto Alegre.

Día Mundial de la Tierra: una movilización popular para salvar nuestro planeta enfermo

[Por: Giacomo Talignani | La Repubblica – IHU]

Más de medio siglo después de las primeras celebraciones, la Tierra está decididamente más enferma: sufre de fiebre alta, se ve afectada por los efectos de la  crisis climática  desencadenada y agravada por  las emisiones de combustibles fósiles , lamenta la pérdida de  biodiversidad  y se enfrenta a desafíos energéticos y sanitarios cada vez más complejos.”

 

Este informe es de Giacomo Talignani y fue publicado por La Repubblica el 22 de abril de 2026…

 

Decargue el artículo.

El homenaje de León XIV a Francisco: “Vivió verdaderamente la cercanía a los pobres”

[Por: José Beltrán | Vida Nueva]

Para León XIV, Francisco “vivió verdaderamente la cercanía con los más pobres, con los más pequeños, con los enfermos, los niños y los ancianos. Ha dejado mucho a la Iglesia con su testimonio y su palabra”. En estos términos se expresó esta mañana el Papa agustino sobre el Pontífice fallecido, durante el vuelo que le trasladó de Angola a Guinea Ecuatorial, la etapa final de su gira africana…

 

Descargue el artículo.