Inicio Blog Página 106

Jürgen Habermas: Un dialogante a las puertas del cristianismo

[Por: Xabier Pikaza | Religión Digital]

Conocido especialmente por su teoría de la comunicación y su propuesta de diálogo racional, abierto a la conciliación entre todos los hombres, el fallecido filósofo ha sido quizá el pensador más influyente de los últimos decenios…

 

Descargue el artículo.

Videos: testimonios de migrantes

[Por: Como Nacido Entre Nosotros]

Les invitamos a ver una serie de videos testimoniales que recogen historias reales de personas migrantes. Cada testimonio es una ventana a la vida de quienes han tenido que dejar su hogar, atravesar fronteras y reconstruir su historia en medio de incertidumbres, desafíos y también esperanza…

 

Descargue el artículo.

 

Vea la serie aquí: https://www.youtube.com/playlist?list=PL3bRZEHlL3j9sn_WFBXLF1X_E4uGp68EO

Ofício Divino: São Romero da América

[Por: Emerson Sbardelotti]

Ofício Divino São Romero da América, elaborado e revisado por Emerson Sbardelotti. Arte de Maximino Cerezo Barredo.

 

Inspirado no Ofício Divino das Comunidades, no Ofício Divino dos Mártires da Caminhada Latino-Americana e nas Celebrações Martiriais – Tríduo e Celebração da Festa São Romero da América, Pastor e Mártir nosso!…

 

Faça download do Ofício.

Malo para la Iglesia y para el mundo

[Por: Massimo Faggioli | Commonweal – IHU]

Existe un peligro en la reticencia de los obispos estadounidenses a criticar el trumpismo. El artículo es de  Massimo Faggioli , profesor del Instituto Loyola del Trinity College de Dublín. Su libro más reciente es “ Teología y educación superior católica: más allá de nuestra crisis de identidad ” (Orbis Books), publicado por Commonweal el 16 de marzo de 2026…

 

Descargue el artículo.

La teología eucarística del joven Ratzinger: dos textos olvidados

[Por: Andrea Grillo | Come se non – IHU]

«Para  Ratzinger , que entonces tenía 34 años en 1961, esta labor de profundizar en el significado de la  Eucaristía  tenía inevitables consecuencias litúrgicas y sacramentales, que exigían una clara renovación de las categorías teológicas y la práctica eclesial. Sesenta y cinco años después, estas ideas juveniles del teólogo bávaro encuentran un nuevo impulso y motivación», escribe  Andrea Grillo , teólogo italiano, en un artículo publicado por  Come se non el 27 de febrero de 2026…

 

Descargue el artículo.

 

«Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa

[Por: Comisión permanente de la Conferencia Episcopal Argentina]

Hermanas y hermanos de nuestra querida Nación argentina: En estos días se cumplirán los cincuenta años de aquel 24 de marzo de 1976 que marcó, en un ambiente general de violencia, el inicio de esa oscura noche en nuestra historia: la tragedia del terrorismo de Estado que se prolongó por siete largos años hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando finalmente recuperamos la democracia2. Hoy decimos de manera rotunda: «nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa. Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos. Queremos ser Nación sigue siendo un anhelo y una oración con la cual imploramos la ayuda de Dios para poder hacer realidad esta meta que nos cuesta realizar, tanto ayer como hoy…

 

Descargue el mensaje.

Creer y saber: puentes entre ciencia y religión en Jürgen Habermas


[Por: Leandro Sequeiros]

El filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, ha fallecido el 14 de marzo de 2026 a los 96 años de edad en la ciudad de Starnberg. La pérdida de Habermas recupera algunos rasgos de su personalidad. Desde ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta) animamos a los lectores a fomentar el diálogo entre ciencia y religión. Esto implica que estamos dispuestos a “tender puentes” entre dos racionalidades, dos concepciones del mundo, dos macroparadigmas, dos sistemas de pensamiento que – para mucha gente en un mundo tecnocientífico – les parece imposible y anticuado…

 

Descargue el artículo.

El sueño de un hombre ridículo

[Por: Leonardo Boff]

Seguramente algún lector o lectora se extrañará de este título. Pero conserva actualidad precisamente por la verdad oculta que contiene, expresada por nada menos que Fiódor Dostoyevski. Es el título de su narración fantástica de 1877 El sueño de un hombre ridículo. ¿Cuál es ese sueño? Él responde:

 

“Si todos quisieran, en un instante todo cambiaría en la Tierra”.

 

Eso es exactamente lo que falta en nuestro mundo: ese sueño de un hombre nada ridículo que podría salvarnos: si todos quisieran lo mismo. Pero la gran mayoría no quiere. No obstante, un día ese sueño fue soñado el 11 de diciembre de 2015 durante la COP21 en París. Es el famoso Acuerdo de París, firmado prácticamente por todos los países que componen la ONU (195). Todos se comprometieron a reducir los gases de efecto invernadero y así frenar el calentamiento del planeta.

 

Todos quisieron. Sin embargo, casi nadie convirtió ese sueño en realidad. Si todos realmente quisieran cumplir el sueño del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura media global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900), habríamos cambiado la Tierra. Habríamos evitado las catastróficas inundaciones, las severas sequías, las tremendas nevadas, los huracanes y los tornados que ocurrieron en los años posteriores a 2015. La meta era mantener el calentamiento por debajo de 2 °C, estabilizándolo en 1,5 °C hacia 2030.

 

Como no todos quisieron, la Tierra no cambió. En 2024/2025 superamos el límite de 1,5 °C, alcanzando 1,6 °C. Al continuar la emisión de gases de efecto invernadero, debido a que algunos grandes países como Estados Unidos, India y China optaron por el uso del carbón junto con el petróleo —productores de efecto invernadero—, el sueño del Acuerdo de París se frustró. Ellos no quisieron. Se volvieron negacionistas, siendo uno de los principales Donald Trump.

 

De seguir esta tendencia, dicen los especialistas, en los años 2030-2035 llegaremos a cerca de 2 °C o más. Muchos seres humanos, especialmente ancianos y niños, tendrán dificultades para adaptarse y no sobrevivirán. Peor aún puede ocurrir con la naturaleza, afectada gravemente por la falta de agua y la pérdida de biodiversidad, con la desaparición de miles de especies.

 

Conclusión: si todos hubieran querido el Acuerdo de París, se cumpliría la profecía de Dostoyevski: todo habría cambiado, en un instante, en la Tierra. En lugar de mejorar, todo empeoró.

 

¿Por qué no tomamos en serio el sueño del Acuerdo de París con 195 firmantes? Porque no mostramos buena voluntad, la única virtud que nos habría salvado y aún puede salvarnos. No lo digo yo. Lo afirma Immanuel Kant, el más exigente pensador de la ética en el Occidente moderno.

 

En su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) afirma: “No es posible pensar nada que, en ningún lugar del mundo, ni siquiera fuera de él, pueda considerarse absolutamente bueno, excepto la buena voluntad (der gute Wille)”. Traduciendo su difícil lenguaje: la buena voluntad es el único bien que es absolutamente bueno y al cual no cabe ninguna restricción. La buena voluntad o es simplemente buena o no lo es. Para Kant, la buena voluntad es la virtud suprema, siendo lo único en el mundo bueno por sí mismo.

 

Todas las virtudes tienen su falta o su exceso: así, el exceso de coraje es temeridad; demasiada generosidad es prodigalidad; una modestia excesiva es inhibición. Todas las virtudes, sin excepción, poseen su contraparte, sea por exceso o por carencia.

 

Solo la buena voluntad no tiene ningún defecto. Si tuviera alguna sombra o restricción, no sería buena. En el fondo, todas las virtudes (el vivir correctamente) están referidas a la buena voluntad, como ya enfatizaba Kant.

 

Aquí hay una verdad con considerables consecuencias prácticas. Por ejemplo, en las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, o entre Israel y Palestina, o entre Estados Unidos e Irán, si no hay buena voluntad de ambas partes, jamás se llegará a un acuerdo de paz. Es decir, no puedo presumir mal de  todo, poner todo bajo sospecha y desconfiar de todo. La buena voluntad y la confianza mutua deben constituirse como base común. Sin buena voluntad no se construirá nada sostenible, nada sólido, nada que no se evapore en el aire.

 

Nos encontramos en momentos críticos y peligrosos, como nunca antes en nuestra historia. Podemos autodestruirnos. Las potencias militaristas disputan la hegemonía del mundo, y lo hacen en una feroz competencia sin ningún atisbo de cooperación ni de cuidado por el planeta Tierra y nuestro futuro común. No es imposible una “destrucción mutua asegurada”, llevándose consigo la vida humana.

 

En situaciones así debemos sacar de lo más profundo de nosotros lo que pertenece a nuestro ser humano: la capacidad de activar la buena voluntad y ponerla en práctica. O lo hacemos, o arriesgamos el futuro de nuestra existencia en este pequeño y espléndido planeta Tierra, nuestra única Casa Común.

 

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA (https://www.revistaliberta.com.br); también escribió Hombre: ¿satán o ángel bueno?, Record, 2008 (sitio: leonardoboff.org).

 

No al indulto para quienes usan las armas de la patria contra el pueblo

[Por: Coordinación nacional de inmigrantes]

El día de ayer trascendió a través de la prensa que el recién asumido presidente José Antonio Kast planea conceder un indulto al excapitán del Ejército José Santiago Faúndez Sepúlveda, condenado a 15 años de prisión por el delito de violencia innecesaria que provocó la muerte de una persona, Romario Veloz, y lesiones graves a otras dos durante el estallido social de 2019 en La Serena. Romario Veloz era hijo de nuestra compañera Mery Cortez Ortiz, integrante de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes…

 

Descargue el artículo.

La relevancia pública de la religión en el pensamiento de Habermas

[Por: Juan José Tamayo]

Existe hoy un creciente interés en torno a la relevancia pública de la religión, que implica un reexamen, una reelaboración y un replanteamiento de las categorías de lo religioso y lo secular y lo postsecular. Dicho replanteamiento lleva a superar una serie de prejuicios y de estereotipos inscritos en el horizonte cultural de la Modernidad, como, por ejemplo, situar la religión del lado de la irracionalidad y de la privacidad, excluirla de la esfera pública y considerar la esfera pública como el único espacio de deliberación racional y de acuerdo libre de coacción.

 

“La religión no es meramente privada ni puramente irracional. Y la esfera pública tampoco es un ámbito de franca deliberación racional ni un espacio pacífico libre de coacción”, afirman certeramente Eduardo Mendieta y Jonathan VanAntwerpen en la “Introducción”, al libro de Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler, Cornel West, El poder de la religión en la esfera pública (Trotta, Madrid, 2011, p. 11).

 

Intelectuales de reconocido prestigio vienen dialogando sobre el tema en el nuevo escenario político y religioso desde diferentes disciplinas y enfoques: teoría crítica, pragmatismo, posestructuralismo, teoría feminista, hermenéutica, filosofía del lenguaje, fenomenología, etc. Entre ellos cabe citar a Jürgen Habermas, Judith Butler, Charles Taylor, Cornel West, Luc Ferry y Marcel Gauchet, Gianni Vattimo, Richard Rorthy, etc.

 

En este artículo que escribo con motivo del reciente fallecimiento de Jürgen Habermas (1929-2026), perteneciente a la segunda generación de la escuela de Frankfurt, voy a ofrecer una reflexión sobre la relevancia pública de la religión en su pensamiento.

 

La situación espiritual de nuestro tiempo, observa Habermas, se mueve entre dos tendencias intelectuales opuestas: por una parte, el naturalismo cientificista, que se manifiesta en los progresos en biogenética, neurociencia y robóticas; por otra, la revitalización y creciente relevancia política de las comunidades y las tradiciones religiosas y espirituales a nivel mundial. La primera es consecuencia de la fe en la ciencia, que es una de las premisas de la Ilustración. La segunda es consecuencia de la crítica a la autocomprensión no religiosa de la Modernidad occidental. Llevadas al extremo, ambas tendencias hacen peligrar la cohesión de la comunidad política.

 

La condición para evitar ese peligro es la creación de un espacio común en el que los ciudadanos que profesan unas creencias religiosas y los que profesan otras o ninguna convivan por convicción en un orden democrático. Esto requiere, por parte de los ciudadanos religiosos, reconocer el pluralismo de religiones y cosmovisiones como un hecho que no puede ponerse en duda, un derecho a respetar y una riqueza a cultivar, entrar en un diálogo reflexivo sobre dicho pluralismo y armonizar “su fe con el privilegio epistemológico de las ciencias sociales […], con el Estado laico y con la moral universal de la sociedad”, asevera Habermas.

 

Lo que se exige a los sectores laicos de la sociedad es adoptar una actitud abierta hacia la posible racionalidad de las aportaciones religiosas y colaborar en la traducción de dichas aportaciones a un lenguaje que pueda ser universalmente accesible. El filósofo alemán de la Escuela de Frankfurt subraya la importancia de “traducir” los contenidos éticos de las religiones con el objetivo de incorporarlos a una perspectiva filosófica postmetafísica, de enriquecer la cultura política y de combatir el capitalismo global, tarea que asigna tanto a creyentes como a no creyentes que hacen uso público de la razón.

 

Siguiendo la estela de Hegel, Habermas cree que “las grandes religiones pertenecen a la historia de la razón misma” y que no sería razonable dejarlas fuera del horizonte cognitivo. “Las tradiciones religiosas proporcionan hasta hoy la articulación de la conciencia de lo que falta. Mantienen despierta una sensibilidad para lo fallido. Preservan del olvido esas dimensiones de nuestra convivencia social y cultural en las que los progresos de la modernización cultural y social han causado destrucciones abismales”.

 

De acuerdo con Habermas. Pero me gustaría hacer dos matizaciones a su afirmación. La primera, que es necesario criticar la deriva fundamentalista en la que incurren las grandes religiones y contribuyen a las “destrucciones abismales” con su apoyo a proyectos imperialistas, belicistas, antiecológicos, sexistas, homófobos, etc. La segunda, que no solo las grandes religiones, sino también las religiones de los pueblos originarios y las nuevas espiritualidades ecofeministas y antineoliberales contribuyen positivamente a la preservación de nuestra convivencia social y cultural.