Inicio Blog Página 166

El ministerio como gracia compartida: una lectura liberadora del sacerdocio

[Por: Rosario Hermano]

Celebrar cuarenta años de ordenación sacerdotal no es, desde una perspectiva evangélica y liberadora, un acto de autocelebración ni de exaltación individual. Es, ante todo, un acto profundamente comunitario. Así lo expresó con claridad  Javier Galdona en la eucaristía del domingo pasado que sirve de base a esta reflexión: no se dice “doy gracias”, sino “demos gracias”, porque el sacerdocio no pertenece al sacerdote, sino al pueblo al que es enviado. 

 

Esta afirmación, aparentemente sencilla, cuestiona de raíz toda comprensión clericalista del ministerio ordenado. El sacerdocio no existe en abstracto; existen sacerdotes concretos, con historia, límites, condicionamientos y relaciones. Y, en consecuencia, el ministerio puede convertirse en una gracia o en una desgracia para las comunidades. Esta lucidez no es solo espiritual; es profundamente política y teológica: reconoce que el ejercicio del poder religioso tiene efectos reales sobre la vida de las personas, especialmente de las más vulnerables.

 

El sacerdocio no es para sí: opción por la comunidad

 

Toda vocación cristiana se verifica en su servicio histórico a los demás. El testimonio que emerge de la homilía se sitúa claramente en esta clave: no hay sacerdocio sin comunidad, no hay identidad ministerial fuera del vínculo con la gente concreta, con sus nombres, conflictos y esperanzas. En una isla desierta, nos dice Javier, no sería sacerdote, sino simplemente una persona más.

 

Esta afirmación conecta con una eclesiología de comunión y de pueblo de Dios, donde el ministerio ordenado no se comprende como un estatus sagrado separado, sino como una función relacional. La ordenación no consagra a alguien “por encima”, sino que lo inserta más profundamente en la historia de un pueblo, con la tarea específica de acompañar, animar y servir.

 

La vocación como proceso histórico y no como esencia fija

 

Otro aporte central de su exposición es la comprensión de la vocación como construcción constante. No hay un “sacerdote ideal” dado de una vez y para siempre. Hay un camino que se hace con los materiales de la vida: personas, comunidades, conflictos, cambios culturales, crisis personales y transformaciones sociales.

 

Esta visión desmonta cualquier teología esencialista del ministerio y se alinea con una antropología histórica, muy presente en la Teología de la Liberación. El sujeto no está terminado; se va haciendo en el cruce entre gracia y realidad, entre llamada y respuesta, entre fe y contexto. Por eso el sacerdote es siempre “de su época”, con sus luces y sombras, y no puede refugiarse en nostalgias ni modelos del pasado.

 

Un Dios feliz, misericordioso y comprometido con la vida

 

Desde el punto de vista teológico, uno de los ejes más significativos de la homilía es la imagen de Dios que la atraviesa: un Dios feliz, amoroso, misericordioso, cercano, que acompaña los avatares de la vida y no abandona en los momentos de fragilidad. Esta imagen se opone frontalmente a representaciones religiosas basadas en el miedo, la culpa o el control.

 

La cita evangélica que funciona como lema —“Todo se lo digo para que participen de mi alegría y sean plenamente felices”— sitúa la fe en el horizonte de la vida plena. En clave liberadora, esto implica afirmar que la salvación no es evasión del mundo, sino experiencia anticipada del Reino en relaciones justas, fraternas y compasivas. El mandamiento del amor y la centralidad de la cruz y la resurrección aparecen aquí no como discursos abstractos, sino como fundamento de una ética concreta del cuidado y la solidaridad.

 

Las personas como lugar teológico

 

En coherencia con esta visión, las personas ocupan un lugar central en la reflexión. No solo aquellas que han sido fuente de consuelo y apoyo, sino también las conflictivas, las difíciles, las que “se atragantan”. Todas, sin excepción, han sido mediación de Dios y han contribuido a la configuración de la propia humanidad y fe.

 

Esta afirmación remite a uno de los principios fundamentales de la Teología de la Liberación: la historia concreta de las personas —especialmente cuando es conflictiva— es lugar teológico. Dios no se revela al margen de los vínculos humanos, sino precisamente en ellos. Amar, con toda su ambigüedad, sus tensiones y sus dolores de cabeza, aparece así como la experiencia más profundamente evangélica.

 

Vida, fe y amor: dones para ser compartidos

 

La homilía concluye agradeciendo tres grandes dones: la vida, la fe y la capacidad de amar. Ninguno de ellos es idealizado; todos son reconocidos en su complejidad. La vida es dura y desconcertante; la fe es aprendizaje y confianza; el amor es arduo y lleno de tentaciones. Pero, aun así, son los únicos bienes que verdaderamente valen la pena.

 

Desde una perspectiva liberadora, este agradecimiento final no es intimista. Es una confesión de esperanza histórica: creer en la vida, incluso en su dureza; creer en la fe, incluso en la noche; creer en el amor, incluso cuando duele, es una forma concreta de resistencia frente a toda lógica de muerte, exclusión y descarte.

 

Este aniversario sacerdotal, se convierte así en una proclamación sencilla pero profunda: el ministerio solo tiene sentido cuando es servicio; la fe solo es auténtica cuando genera alegría y vida; y Dios solo puede ser anunciado creíblemente cuando se lo descubre caminando con las personas concretas, en medio de la historia. No como dueño del camino, sino como compañero fiel.

 

Gracias Javier por estos 40 años, por este compromiso y por habernos podido acompañar-nos tantos y tantas en este camino.

The humble Peruvian

[Por: Margaret Hebblethwaite | The Tablet]

If we were to ask who is the most famous liberation theologian of all, answers might be divided between Gustavo Gutiérrez – the humble Peruvian of Indigenous descent who struggled under a conservative archbishop, then found freedom in the Dominican Order, and died last year at the age of 96 – and Leonardo Boff, the Brazilian firebrand of Church: Charism and Power who was censored by the Vatican, eventually married and is still alive at the age of 87. Nothing could have been more appropriate, then, at the recent congress of liberation theologians in Lima, Peru, for the chief homage to Gustavo (customarily referred to just by his first name) to be given by Boff (often referred to just by his surname), through a live video link from Brazil….

 

Download the article.

El Sermón de Fray Antón de Montesino, el nuevo imperialismo y preguntas que queman en los labios

0

[Por: Juan José Tamayo]

El 21 de diciembre de 1511, cuatro Domingo de Adviento en la liturgia cristiana, subía al púlpito de la iglesia de los dominicos en La Española (Santo Domingo) el misionero burgalés fray Antón de Montesino para pronunciar un memorable sermón, que se convertiría en una de las primeras y más radicales las denuncias de los abusos de la conquista española en Abya-Yala y en uno de los antecedentes mejor fundamentados de la actual teología latinoamericana de la liberación. Ha llegado hasta nosotros gracias a la profética e incisiva pluma de Bartolomé de Las Casas, obispo de Chiapas, que recoge lo sustancial del sermón y las reacciones al mismo en el tercer libro de su Historia de las Indias (capítulos 3 al 6) (Tomo II, M. Aguilar editor, Madrid, s/f, pp. 384-385). Escuchó el sermón en tan memorable efeméride en su calidad de encomendero. El sermón había sido preparado por todos los miembros de la comunidad dominicana, quienes lo firmaron de su puño y letra para dejar constancia de la autoría colectiva y de la relevancia de tan decisiva y profética pieza oratoria. Los dominicos lo habían preparado a conciencia a partir de sus propias averiguaciones sobre el “crudelísimo y aspérrimo cautiverio” al que los encomenderos españoles sometían a los indios en las minas de oro y otras granjerías y tras escuchar numerosos testimonios sobre la “tiránica injusticia”, las “execrables crueldades”, el trato como a animales, “sin compasión ni blandura”, con crueldad y “sin piedad ni misericordia”, según la dramática descripción de Las Casas, que lo conocía por experiencia.

 

Tras ese concienzudo análisis de la realidad y la toma de conciencia de la situación, Montesino no tenía más que dos salidas: o denunciarlo desde el púlpito para frenar los abusos o ser cómplice de la situación y legitimarla religiosamente. El fraile dominico eligió la primera opción.

 

El Vicario Pedro de Córdoba encargó pronunciar el sermón a fray Antón Montesino, uno de los primeros dominicos en llegar a la isla, el principal predicador, hombre de letras, muy animoso, “aspérrimo en reprender vicios, en sus sermones y palabras muy colérico, eficacísimo”. El templo estaba a rebosar. Ocupaban los primeros puestos algunos de las principales autoridades coloniales, entre ellas el almirante Diego de Colón, hijo del conquistador. También estaba presente el clérigo Bartolomé de Las Casas, en su calidad de encomendero. Ante un público tan cualificado el predicador habló de esta guisa:

 

“Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas dellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dalles de comer ni curallos en sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué cuidado tenéis de quien los doctrine y conozcan a su Dios y creador, sean baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y domingos? ¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad, de sueño tan letárgico, dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis, no os podéis más salvar, que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe en Jesucristo”.

 

En mis frecuentes encuentros con las comunidades originarias de Abya Yala suelen recordarme lo que decían sus antepasados colonizados por el Imperio español tras el expolio de los conquistadores: “ellos nos dejaron la Biblia y se llevaron el oro”. Fue el precio que les impusieron como condición necesaria para su salvación, como recuerda Gustavo Gutiérrez en su libro Dios o el oro en las Indias (Sígueme, Salamanca, 1986). La actitud de los encomenderos, conquistadores y de no pocos misioneros estaba en las antípodas de la incompatibilidad entre Dios y el dinero proclamada por Jesús:

 

“Nadie puede servir a dos señores, porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24). 

 

En 1971, cuatrocientas sesenta años después, Eduardo Galeano escribía Las venas abiertas de América latina, un clásico de la literatura política latinoamericana, que comenzaba con una cita de la Proclama Insurreccional de la Junta Tuitiva de La Paz: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”. El libro del escritor uruguayo era una nueva narrativa, un memorial actualizado del expolio y saqueo de los territorios, riquezas, recursos naturales de América Latina y de la conversión de los ciudadanos en mercancía en manos de los Imperios.

 

Ese mismo año, el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, siguiendo las huellas de Antón de Montesino y Bartolomé de Las Casas, inauguraba una nueva narrativa teológica, que rompía con la iglesia de la conquista y de la colonia y con el incipiente cristianismo desarrollista e inauguraba el cristianismo profético, poscolonial y liberador en América Latina con su libro Teología de la liberación. Perspectivas, que se abre con una cita de Todas las sangres, de su compatriota el escritor José Mª Arguedas: “Dios de los señores no es igual. Hace sufrir sin consuelo”. En El zorro de arriba y el zorro de abajo define a Gutiérrez como “el teólogo del Dios liberador”, que contrapone al “cura del Dios inquisidor” de Todas las sangres.

 

Cinco siglos después de aquel sermón, en América Latina se está configurando un nuevo escenario político, que quiebra la hegemonía de los imperios y reconoce la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas y de la naturaleza, nuestra casa común, como la ha definido el papa Francisco en la Laudato Si’.

 

Hoy se está escribiendo una nueva narrativa religiosa, espiritual y sapiencial, la teología indígena de la liberación, que cuestiona la hegemonía de los discursos religiosos falsamente universalistas, reconoce a los pueblos originarios como nuevos sujetos teológicos, actores de transformación y portadores de liberación, critica el modelo de desarrollo científico de la modernidad depredador de la naturaleza y está descolonizando el discurso religioso. Ese es el camino como respuesta al neoimperialismo de Trump, que sigue colonizando el mundo, y especialmente a los países de América Latina, con su apoyo a los gobiernos de la derecha y la extrema derecha y con las amenazas de intervenciones militares en países latinoamericanos.

 

 

Termino con una pregunta que me quema en los labios: ¿habrá predicadores y predicadoras que el cuatro domingo de Adviento de 2025 osen pronunciar un sermón profético de denuncia del genocidio llevado a cabo por Netanyahu contra Gaza con la complicidad de los Estados Unidos? Espero que haya muchas voces que, a imagen de los profetas de Israel y siguiendo la estela de fray Antón de Montesino, condenen tamaños crímenes contra poblaciones civiles indefensas y martirizadas en sus homilías.

Sonhos que esse Natal provoca

0

[Por: Marcelo Barros]

O anúncio deste Natal de 2025 vem junto com sinais do agravamento da crise ecológica. Ocorre em meio a mais de 50 guerras no mundo e ameaças de novas intervenções do Império na América Latina e Caribe. Mistura-se com notícias de feminicídios e vitórias da barbárie nas eleições do Chile.

 

Ao mesmo tempo, no Brasil, apesar de todas as conquistas democráticas, grande parte do povo, e mesmo aquela mais oprimida, pela qual fiz opção de servir, ainda que pense estar votando pelo mais direito, opta pela direita.

 

Em meio a tudo isso, a maior tristeza é ver que as diferentes Igrejas que formam o Cristianismo não têm, verdadeiramente, assumido a missão do evangelho: testemunhar o projeto divino de vida e libertação no mundo e para o mundo.

 

Ainda dividem o sagrado e o profano, a vida e a fé. Imaginam aprisionar Deus na gaiola da religião e ensinam as pessoas que devem entrar na gaiola para se relacionarem com Deus. No evangelho, Jesus chama Deus de Papai e diz: “Ele faz nascer o sol sobre as pessoas boas e as más. Faz a chuva descer sobre as pessoas justas e as injustas” (Mt 5, 45). Ao contrário, disso, pregam um Deus mais patrão do que pai. Alguém que as pessoas precisam ser ameaçadas com o inferno eterno para serem amigas dele.

 

E dizem ainda que ele é muito cruel com quem não aceita ser seu amigo. Por trás desse mito de mau gosto, não poucos ministros e grupos pentecostais, evangélicos e também católicos tentam desenterrar a velha Cristandade e reproduzem desse modelo de Igreja o que há de pior: o uso do nome de Deus para exercer poder, hegemonia política e acúmulo extorsivo de bens, sob o pretexto de missão.

 

No tempo da ditadura militar brasileira, lutamos para votar e protestávamos contra a nomeação de interventores para todas as capitais do país. Hoje, a maioria dos padres aceita tranquilamente que os bispos continuem a ser nomeados pelo Vaticano e não eleitos pela Igreja local, como era nos primeiros séculos. Enquanto, padres que são bons presbíteros aceitarem ser nomeados e as dioceses os receberem cantando “bendito seja aquele que vem em nome do Senhor”, persistirá sempre o modelo de Igreja Cristandade.

 

A verdadeira sinodalidade, proposta pelo saudoso Papa Francisco, nunca ocorrerá em uma Igreja que se agarre ao velho princípio da hierarquia (poder sagrado), quando o que veio de Jesus foi o ministério do cuidado uns dos outros e do testemunho do projeto divino no mundo. Sinodalidade convive bem com ministérios, mas não com monarquia, absoluta ou mesmo parlamentar.

 

Não se descobriu ainda o círculo quadrado. Sonhemos com um Natal no qual, nas Igrejas, a ceia de Jesus possa voltar a ser refeição de comunhão e partilha. Aí, sim, a eucaristia será de novo profecia de um novo modo de organizar o convívio humano, em uma terra onde o amor vence o ódio e a paz surge como luta social e prioritária contra a fome, a miséria e as desigualdades sociais que as provocam.

 

Cada eucaristia encaminhará as pessoas que participam as “Belém” de nossos dias para libertar do extermínio o povo palestino, que representa, hoje, o antigo povo hebreu, na luta pela terra prometida.

 

Como seria bom se, ao menos as religiões, implicadas nesse holocausto, o Judaísmo, o Cristianismo e o Islã, se unissem para fazer cessar o extermínio e possibilitar ao povo palestino a sua ressurreição e ao israelita, a libertação do veneno que o desamor e o racismo provocam. Em meio a essa noite escura da fé, acolhamos como boa nova o anúncio do Natal e o celebremos na comunidade, ou (e) na família. Os clássicos cânticos de Natal despertam em nós emoções e fazem parte do aconchego afetuoso que, em cada Natal, revivemos.

 

No entanto, precisamos evitar uma espiritualidade que parece expressar certa regressão a uma religião puramente sentimental e meio infantil do aniversário do Menino Jesus. É dessa piedade ingênua, que o comércio se serve para transformar o Natal em maior ocasião de lucro. Esse Natal pede de nós evitarmos o fundamentalismo que confunde o belo conto poético e simbólico do nascimento de Jesus em Belém com uma reportagem histórica, como se o evangelho de Lucas fosse uma página de jornal daquela época.

Repitamos as belas leituras bíblicas do Natal para entrarmos na espiritualidade pascal que pede de nós novo nascimento no cotidiano de nossas vidas. Que possamos ver no Natal, a Páscoa, antecipada no presépio de Belém. Antigos pais da Igreja diziam que a madeira do presépio é a mesma da Cruz. E o texto evangélico proclamado na noite de Natal chama o menino recém-nascido de Senhor. É esse Senhor, sem patriarcalismos machistas, que pode fazer da celebração deste Natal de 2025, ocasião de profecia para o mundo e para a Igreja.

 

Que o nosso sonho, seja como no Xamanismo, sonho-profecia como o que, conforme o poema do evangelho de Mateus, o pobre José recebeu, para ser pai de Jesus e esposo de Maria. E assim, a todos nós, virá o Emanuel, Deus conosco, Deus em nós. A filósofa espanhola Maria Zambrano afirmava que o ser humano não é apenas mortal. Isso não o caracteriza, já que todo ser vivo é mortal. O que constitui o ser humano é ser “natal”, ou seja, capaz de se renovar permanentemente. Esse Natal torna verdadeira a canção de Milton Nascimento: “Há um menino, há um moleque, Morando sempre no meu coração Toda vez que o adulto balança, ele vem pra me dar a mão”. Feliz Natal!

Entre el cansancio y la esperanza

0

[Por: Diego Pereira Ríos]

Otro año que termina y un nuevo año que empieza. En un mundo cada vez más difícil de comprender se hace más difícil aún tomar ciertas decisiones que nos convenzan de que serán efectivas o que nos llevarán a las metas propuestas. A nivel general, las instituciones sociales cambian, se adaptan, modifican sus estructuras atendiendo a las demandas que le son propias de su misión, o se acoplan a las necesidades epocales. Ahora que la IA se nos ha metido casi que en el ADN social y casi todo funciona de forma tecnológica -supuestamente más segura- esto colabora en hallar respuestas más rápidas a problemas cotidianos o saciar las necesidades más urgentes. En este panorama, podemos reprogramar el año que termina apuntando a nuevos logros para el próximo, salteándonos el tiempo de reflexión y discernimiento por una nueva planificación. No hay tiempo para el fracaso o los números negativos; pasar raya es necesario pero no para conclusiones, sino para nuevos proyectos y nuevas metas.

 

Sufrimos de un cansancio que ya no nos está permitiendo pensar y experimentamos una exigencia interior que nos agobia profundamente. Esto anula las posibilidades de nuestra creatividad pues no tenemos tiempo ni espacio desarrollarla. Entre el trabajo y la familia, los compromisos y las responsabilidades, la preocupación por lo económico y los trastornos de salud, la vida acelerada y la vida encerrada en casas o apartamentos sin contacto con la naturaleza; nuestro ser se pierde en el deber y el tener. A diario asumimos obligaciones y perdemos libertades. Somos esclavos de nosotros mismos pues nadie nos obliga. Como dice Han: “El sujeto de rendimiento está libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o incluso lo explote. Es dueño y soberano de sí mismo. De esta manera, no está sometido a nadie, mejor dicho, solo a sí mismo”[i]. Para distraernos los aplicativos para compras virtuales son un gran escape pues nos mantienen entretenidos, ocupados, adquiriendo objetos sin sentido que llenan nuestras casas de objetos materiales que “ocupan” el espacio.

 

Lo peor de todo es que no sólo lo material es deseado sino que asistimos a una demanda más profunda. Fromm hablaba del modo de tener: “En el modo de tener, no hay una relación viva entre mi yo y lo que tengo. Las cosas y yo nos convertimos en objetos, y yo las tengo, porque tengo poder para hacerlas mías; pero también existe una relación inversa: las cosas me tienen, debido a que mi sentimiento de identidad, o sea, de cordura, se apoya en que yo tengo cosas (tantas como me sea posible)”[ii]. Y lo mismo sufrimos con nuestras relaciones humanas a las cuales transformamos en objetuales, cambiables, descartables. Los amigos (si es que esta palabra aun tiene sentido), los novios/as o parejas temporales, compañeros o conocidos, hasta incluso la propia familia, puede ser descartada si no coincide con lo que pensamos o necesitamos. Bauman hablaba de las relaciones líquidas que, o se escurren por entre nuestra vida, o se evaporan. Las redes facilitan la lluvia de contactos, pero no de verdaderas relaciones.

 

Aumentan los índices de suicidio juvenil no solo por falta de trabajo u oportunidades, sino por exceso de ofertas y por sobrepresiones sociales y económicas. Las Universidades -como institución educativa- abren todo tipo de ofertas de carrera para saciar el voraz mercado laboral y para entregarle (en bandeja de plata) a los jóvenes titulados, formados dentro de sus paredes, para que sean explotados y exprimidos, y aunque los jóvenes van tomando conciencia, necesidad del hambre y el sueño de la realización los obliga. Son rehenes de un mundo construido por adultos que no los entienden y que aún les dicen “tienes que esforzarte para lograr grandes cosas”. Junto con ello, los ancianos cada vez más son abandonados encasa de salud, lejos de sus familias, lejos de poder transmitir sus enseñanzas que podrían ser una línea de combate ante este sistema. La sociedad no les deja espacio porque su testimonio va a contra corriente: no producen y significan un gasto para los gobiernos. Ni a la izquierda ni la derecha les importa, ni tampoco a la sociedad. Es un gran signo del cual tampoco se está ocupando la Academia, ni las ciencias humanas, tan preocupadas de producir.

 

En medio de todo esto y de otras situaciones que a diario llenan de espanto los teleinformativos, los cristianos estamos cansados sí, pero mantenemos la esperanza. Terminando el año del Jubileo de la Esperanza necesitamos hacer un examen crítico de la situación actual y revisar en dónde estamos sosteniendo nuestra esperanza, sobre todo, en Quien la colocamos. Por momentos pareciera que esa esperanza no la encontramos pero eso nos da certeza de su presencia ausente: “De la ausencia de esta esperanza que está en el corazón de todo hombre, de esa esperanza a la que no podemos fatigar porque hace la vida posible y soportable, porque desafía la inmediatez siempre muy corta del puro presente”[iii]. Dios está con nosotros y mirando la historia de la Salvación, Dios se manifiesta en lo peores momentos, por eso tenemos esperanza de que no estamos viviendo todo esto sin él. El solo hecho de poder pensarlo ya es manifestación de su presencia, sumado a la fe en su palabra y la esperanza en su accionar en la historia. Como nos sigue provocando el Papa Francisco: «Spes non confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5).



[i] Han, Byung-Chul, La sociedad del cansancio, Barcelona: Herder, 2012, p. 31.

[ii] Fromm, Erich, ¿Tener o ser? México: FCE, 1978, p. 84.

[iii] Gesché, Adolphe, El sentido. Dios para pensar VII, Salamanca: Sígueme, 2004, p. 138.

Aprendamos a acoger

[Por: Como Nacido entre Nosotros]

Hoy, en el Día Internacional del Migrante, hacemos una pausa para mirar con seriedad, compasión y esperanza una de las realidades más profundas de nuestro continente: la movilidad humana. Detrás de cada movimiento, de cada frontera cruzada, hay un nombre, un rostro, un motivo. Nadie emprende un camino tan duro por gusto. Las personas migran porque aman, porque sueñan, porque buscan un lugar donde vivir sin miedo. Migran porque la vida les empuja, pero también porque la esperanza les sostiene…

 

Descargue el artículo.

Tercer Domingo de Adviento – Mt. 11, 2-11

[Por: Carina Furlotti]

“Las personas y los callejones

los basurales y los ranchos

se han ido transformando

porque Dios bajó a los barrios y se hizo vecino.

Mientras haya manos capaces de darse

para siempre,

la liberación es posible”.

P. Cacho

 

Este trocito de la Poesía de Navidad del Padre Cacho, expresa el motivo profundo de la alegría que celebramos en este tercer domingo del Adviento. Dios, en Jesús de Nazaret, se hace cercano, compañero de camino. No es necesario grandes rituales ni ocupar espacios de poder, ni ostentar lugares importantes para encontrarlo. Su modo de abrir caminos en nuestra pequeñez, se expresa en manos tendidas y abiertas que nos invitan a acoger la irrupción de su vida en abundancia, haciendo posible el amor, la solidaridad, la ternura, el cuidado…

 

Descargue los comentarios bíblicos.

Homilia do P. Beozzo: 3º Domingo do Advento – “Ide dizer a João: ‘Os cegos vêm, os paralíticos andam… os pobres são evangelizados’”

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

Alegria e esperança… são a marca deste III Domingo do Advento. A cor litúrgica pode ser rosa, em vez do roxo. É do profeta Isaias que vem o apelo: “Alegre-se a terra que era deserta e intransitável, exulte a solidão e floresça como um lírio” (Is. 35, 1-6.10). Se o profeta fala da natureza devastada e arrasada, que nós experimentamos de maneira tão dramática nos dias de hoje, e diz que ela vai florescer de novo…

 

Confira os comentarios bíblicos.

 

Video: https://www.youtube.com/watch?v=qg9-_VM3zyc

Alegraos porque Dios está cerca

[Por: Luis Van de Velde]

“Ningún cristiano debe sentirse solo en su caminar, ninguna familia tiene que sentirse desamparada, ningún pueblo debe ser pesimista aún en medio de las crisis que parecen insolubles, como la de nuestro país.  Dios está en medio de nosotros. Tengamos fe en esta verdad central de la sagrada revelación. Dios está presente, no duerme, está activo, observa, ayuda y a su tiempo actúa oportunamente. Por eso la presencia de Dios despierta en el corazón la verdadera alegría: ¡Alegraos en el Señor! De nuevo os repito; ¡Alegraos porque Dios está cerca!! (homilía del 16 de diciembre de 1979)

 

Esta cita de monseñor Romero nos hace pensar en la tremenda dificultad para cumplirla cuando se vive en la pobreza (casi siempre resultado del empobrecimiento), en la enfermedad (grave o terminal), al tener que huir, al ser violado, al ser torturado, al quedarse sin trabajo, durante un duelo, al ser consciente de la explotación y no poder salir porque el hambre obliga a aguantar, etc.  También podemos tener en cuenta situaciones a nivel de país: guerra, represión, persecución, acoso violento (en todas sus formas), exclusión del sistema educativo, sanitario y de seguridad. Podríamos seguir ampliando estas situaciones de inhumanidad a las que millones de personas se ven obligadas a vivir y sufrir por causa de otros en guerras, genocidios, hambrunas, etc. ¿Cómo no sentirse desamparado?

 

Descargue el artículo.

Comentarios bíblicos: Adviento es la alegría del Dios que se queda en medio de su pueblo

[Por: Olga Consuelo Vélez]

El domingo pasado se nos ofrecía la figura de Juan el Bautista como precursor del Señor que viene. En esta ocasión Mateo continúa hablando del Bautista, pero nos dice que está encarcelado y oye hablar de la actividad del Mesías. Por eso envía a sus discípulos a preguntarle si es él quien ha de venir o han de esperar a otro. Y Jesús le responde con las obras que realiza: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres reciben la Buena noticia. Como se puede ver, la transformación de las situaciones que viven las personas es la señal visible del reino y por eso Jesús es el Mesías esperado…

 

Descargue los comentarios bíblicos.