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La Teología y Filosofía de la Liberación deben retoñar

[Por: Julio Pernús]

Sin Gustavo Gutiérrez O.P., Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, Ignacio Ellacuría, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Pedro Casaldáliga, Mons. Romero, entre otros que sirvieron de referentes, la Teología y Filosofía de la Liberación deben regresar en América Latina. Los tiempos iliberales que recorren la humanidad lo requieren. Superado el fin de la historia de Fukuyama, llega el momento de no dejar morir el legado del Papa Francisco que llevó a la cima global las ideas que germinaron en el sur durante la segunda mitad del siglo XX y que nos hicieron pasar de ser considerados espejos en el imaginario epistemológico global a ser considerados fuente por la calidad de la reflexión que produjimos.

 

Emilce Cuda, Consuelo Vélez, Rodrigo Guerra, Nicolás Panotto, Rafael Luciani, algunos de la vieja escuela como Leonardo Boff, por mencionar algunos nombres, son hoy referentes del pensamiento católico latinoamericano y logran dialogar con las problemáticas de un mundo globalizado. Necesitamos unificar esas ideas: feministas, ecologistas, de pueblos originarios, raciales, juveniles, en un corpus doctrinal que nos identifique como continente. Si la Conferencia Episcopal de Aparecida delineó una ruta guiada por el entonces cardenal Bergoglio y la Teología del Pueblo; hoy se abre el diapasón para rescatar nuestra tradición y que la producción intelectual de América Latina construya una Filosofía y Teología de la Liberación 3.0.

 

El catolicismo sigue siendo un referente aglutinador (ethos) en nuestro continente. No podemos cerrar los ojos ante los populismos que preconizan el fin de la era woke y con ello tratan de arrastrar todos los progresismos existentes. La paz desarmada propuesta por el papa León XIV exige una praxis desarmante. Un dato a tener en cuenta es el intentar no repetir aquellas soluciones definitivas de antaño que convirtieron en dictaduras los sueños de pueblos que apostaron por una revolución y han visto migrar su futuro. Sin un nuevo fundamento creíble de lucha, regido por la coherencia, nuestros barrios quedarán a merced de la nueva doctrina Donroe -término con que Donald Trump rebautizó la doctrina Monroe-  y su brújula Friedmaniana.

 

La fe sigue señalando poner la mirada sobre los pobres – ¿quiénes son hoy? – y marginados para, desde ahí, construir nuestra opción preferencial como lo hicieron los profetas del Antiguo Testamento. Los nuevos filósofos y teólogos de la liberación deben ser capaces de llamar la atención de los jóvenes y servir de base para preconizar esa alegría del Evangelio que significa “gastar” la vida por una causa justa. 

 

Ya lo dijo el filósofo mexicano Rodrigo Guerra, secretario de la pontificia comisión para América Latina: “el bien auténtico se construye con medios buenos y escucha atenta al pueblo”. No podemos renunciar al camino sinodal que tenía como bandera el: todos, todos, todos de Francisco.  La parusía actual en nuestro continente nos exige una profundidad similar a la que tuvo el pensamiento católico de los 60, 70 y 80 del siglo XX. No se trata de copiar la metodología de los que ya no están, se impone que seamos capaces de revisar lo que nos han legado para actualizarlo acorde a los signos de los tiempos. A ellos les gustaría.

La Teología de la liberación sigue floreciendo

[Por: Eduardo de la Serna]

Como es sabido, la Teología de la Liberación pasó y pasa por distintos estadios.

 

Surgida en diferentes lugares y confesiones en el tránsito entre las décadas del 60 y el 70, suele llevar su nombre originado en el libro de Gustavo Gutiérrez, “Teología de la Liberación. Perspectivas”, aunque – ya en ese mismo tiempo – hubo conferencias con el mismo título (por ejemplo, de Eduardo Pironio y Lucio Gera). Con el auge de la teología política, teología de la esperanza y teología del desarrollo, la centralidad en la “liberación” le dio a este “hablar de Dios” otra centralidad. La “liberación”, repetía Gutiérrez, es un tema bíblico.

 

Me permito un breve señalamiento para una mejor comprensión.

 

·         Como dije, la teología de la liberación (TL) no nace “católica” sino “ecuménica”; algunos teólogos (y rápidamente también teólogas) protestantes también empezaron a “vivir y pensar” TL.

 

·         Desde el comienzo, al menos en muchos de los teólogos de la liberación, no se pensaron como una “teología de genitivo” (teología acerca de la liberación, es decir, la liberación como tema) sino un pensar “desde” un “lugar”. La experiencia de dependencia-liberación era el punto de partida necesario.

 

·         La experiencia – la vida – fue luego pensada y razonada (hablada y escrita), de allí que la teología de la liberación se perciba a sí misma como un “acto segundo”, o como un “intellectus amoris”.

 

·         Esto ayuda a entender que muchos de los primeros trabajos de TL nacen más como artículos pastorales o charlas / conferencias, luego ampliados una y otra vez. La TL y sus teólogos no son teólogos de escritorio.

 

Como se ve, el tema es vasto. La situación de América Latina y sus ampliaciones o paralelos en África, Asia y también en otros ambientes urgidos de liberación (feminismo, negritud, indígenas…) ampliaba y amplía más y más el horizonte. Una aclaración breve: el feminismo – o mejor, los feminismos – y sus corrientes de pensamiento, son anteriores a la TL, y por momentos corrieron paralelos sin – lamentablemente – tocarse e iluminarse mutuamente. En muchas exponentes (y pocos exponentes masculinos) pareciera haber hoy un acercamiento que solo puede enriquecer a unas y otros. Las teologías feministas merecen también una reflexión y sistematización que escapan a lo que acá pretendo, pero no por ello dejo de señalarlas, recordarlas y agradecerles.

 

Señalemos, para no ser injustos, que la TL fue ferozmente combatida, especialmente en el invierno eclesial con Juan Pablo II, Joseph Ratzinger, y personajes como Alfonso López Trujillo y sus adláteres (Darío Castrillón y Antonio Quarraccino especialmente). La censura de muchos teólogos en Puebla (el caso de Gustavo Gutiérrez es emblemática; López Trujillo lo consideraba su gran enemigo) se amplió más aún en Santo Domingo. El tema se apaciguó en Aparecida, aparentemente por influencias del cardenal Errázuriz, a la sazón presidente del CELAM.

 

A modo sintomático señalemos un aspecto fácil de comprender. Obviamente, por una cuestión biológica, por una parte, y una cuestión editorial por otra, los escritos (y escritores) de TL empezaron a ser menos frecuentes y menos conocidos (la crisis editorial todavía continúa si no se ha agravado). No podemos ignorar que algunas colecciones, que habían comenzado a publicarse, fueron censuradas y hasta prohibidas en el “Invierno”. Esto llevó a una astuta “campaña publicitaria” que afirmaba que caído el muro de Berlín fue muriendo la teología de la liberación, lo cual era un modo evidente de afirmar que esta teología era marxista. En esa misma línea, para “llevar agua para su molino”, fue sintomático el intento de personajes como Antonio Quarraccino de distinguir la teología del pueblo de la teología de la liberación (cosa que en algunos ambientes todavía continúa; incluso en artículos de Juan Carlos Scanonne de aquellos tiempos, se ponía en duda la comunión de ambas).

 

Pero, con los límites y riquezas propios de cada caso, se siguió “viviendo y pensando” TL. Y se sigue.

 

El papado de Francisco permitió que ciertos teólogos cobraran nuevos aires, y me permito -a modo meramente ilustrativo – mencionar tres ejemplos: Gustavo Gutiérrez fue invitado a Roma a participar de un encuentro del que participó también el papa; Leonardo Boff influyó claramente en la encíclica Laudato Si y Víctor Codina fue saludado y abrazado efusiva y afectivamente en el viaje papal a Bolivia. De hecho, a partir del papado de Francisco, Leonardo Boff retomó el viejo tema sobre si la Teología del Pueblo era o no considerada Teología de la Liberación, dando un clarísimo ¡sí! a ese interrogante. Muerto Gustavo Gutiérrez se publicó póstumamente una obra en la que venía trabajando por años (Vivir y pensar el Dios de los pobres, Lima: CEP 2025) y el prefacio es ¡del papa Francisco! (donde reitera que la teología del pueblo es teología de la liberación).

 

Señalo todo esto porque encuentro, en estos días, diferentes textos que me parece no son acabados o complexivos. Se señala, por ejemplo, la desaparición de varios de ellos:

 

“Sin Gustavo Gutiérrez O.P., Enrique Dussel, Franz Hinkelammert, Ignacio Ellacuría, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Pedro Casaldáliga, Mons. Romero, entre otros que sirvieron de referentes, la Teología y Filosofía de la Liberación deben regresar en América Latina”.

 

Evidentemente los nombres escogidos son simbólicos, monseñor Romero no era teólogo, Jon Sobrino todavía vive, por ejemplo. Y se omiten nombres como Ronaldo Muñoz, Josef Comblin, Víctor Codina, Juan Bautista Libanio o Elsa Tamez, por ejemplo, y – curiosamente – se omiten totalmente nombres de la Teología del pueblo (Lucio Gera, Rafael Tello, y – ya que señala también filósofos – Juan Carlos Scannone). Además, la ausencia (lamentablemente nos vamos acostumbrando a eso) de biblistas: Pablo Richard, J. Severino Croatto, Milton Schwantes y Carlos Mesters (que vive, todavía). Y, reitero, además de la ausencia de grandes teólogas feministas de América Latina; además que no pueden ignorarse autores europeos que también han aportado claramente al pensamiento teológico latinoamericano (señalo solamente a modo de ejemplo a J. B. Metz, C. Duquoc y J. I. González Faus por hacer referencia a tres países diferentes y autores que ya no viven). Llamativamente, se destaca que esos teólogos deben retoñar (quizás ignorando que retoños hay, y varios de ellos ya llevan años floreciendo). Pero, curiosamente, en sendos trabajos, se ven – como retoños – nombres extraños (y ausencias llamativas). Se mencionan “nombres (que), son hoy referentes del pensamiento católico latinoamericano y logran dialogar con las problemáticas de un mundo globalizado”. Y que, al igual que los nombres referidos del pasado me surgen preguntas: Emilse Cuda no es feminista, por cierto, Rodrigo Guerra o Rafael Luciani no están ni remotamente cerca de la TL, y, de la lista señalada, solo Consuelo Vélez sería acabadamente parte razonable de la lista. Y llaman la atención las ausencias… por ejemplo – además de los mencionados y mencionadas – de Jorge Costadoat, Carlos Suzin, Agenor Brighenti (y, quizás también, de Carlos Schickendantz) por no mencionar a quienes se perciben como herederos de la teología del pueblo, aunque estos seguramente no se referencien en la TL.

 

Una de las cosas que aprendí en la facultad de teología de Buenos Aires fue que no todos (en realidad, casi ninguno) de los profesores, que eran latinoamericanos, pensaban “desde” América Latina”, y, mucho menos que su pensamiento fuera un “acto segundo” desde la experiencia y urgencia de liberación (hoy, quizás, más urgente que ayer) que buscara «vivir y pensar el Dios de los pobres». Celebro, sin embargo, que – como repetía irónicamente Pedro Casaldáliga, “resucitaremos, ¡aunque nos cueste la vida!”

Cantautores

[Por: Diego Irarrázaval]

La siguiente recopilación de canciones y músicas para comunidades ha sido realizada por Diego Irarrázaval (2025 y 2026)…

 

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La apocalíptica como clave de lectura teológica de las comunidades hoy

[Por: Juan Manuel Hurtado López]

1. Premisas

 

En esta época lo menos que podemos decir es que vivimos un tiempo complejo, incierto, inseguro, lleno de contradicciones, con algunas esperanzas pero con grandes nubarrones en el horizonte. Un tiempo lleno de violencia, con muchas víctimas y gran deterioro de nuestra casa común: la hermana madre tierra.

 

Por eso creo que una mirada al apocalipsis de San Juan nos puede dar algunas claves de interpretación de todo esto que pasa hoy en nuestro mundo, sobre todo nos puede dar esperanza[1].  El tiempo de las primeras comunidades cristianas se asemeja en mucho a lo que experimentamos hoy.

 

Esta época apocalíptica de las primeras comunidades cristianas puede iluminar la búsqueda de una espiritualidad para esta época: de caos, la postmodernidad, la sociedad líquida, como dice Sygmunt Bauman[2], la caída de paradigmas, de referencias. Y aquí los pueblos originarios pueden ser nuestros maestros.

 

Lo que yo voy a proponer es una relectura de la Sagrada Escritura desde el hoy de nuestra historia. Es partir desde este cambio de época con todas sus contradicciones, avances, valores, grietas y problemas. Es partir desde esta sociedad líquida, globalizada, neoliberal, para desde aquí leer la Escritura e iluminar el presente. Es un poco el trabajo que se refleja en el Déutero-Isaías. Este profeta relee el acontecimiento del Éxodo, pero a partir de la nueva situación en el exilio y un poco antes de partir a Palestina.

 

El punto es ir a la espiritualidad de las primeras comunidades, pero desde el HOY de nuestra historia, de nuestras comunidades.

Lo primero es ubicar la espiritualidad de las primeras comunidades en su contexto. Esto tiene que ver con lugares (Palestina) tiempos (tiempo de persecuciones), cultura (es la cultura mediterránea), ideologías (es la Pax romana: el sometimiento ciego al Imperio) gobernantes (emperadores, gobernadores, Procónsules), organización del pueblo (hubo varios levantamientos antes de la destrucción de Jerusalén y aún después), organización de las comunidades: Jerusalén, Antioquía, Hechos, Timoteo, Tito.

 

La espiritualidad tiene un rostro, una historia, un camino. No cae del cielo.

 

2. El contexto de las comunidades[3]

 

1.El contexto: guerra de Judas el Macabeo contra los seléucidas, griegos, Antíoco: 174-134 a.C. Helenización del judaísmo. Hay guerra y mártires.

 

2.El movimiento de Jesús del 4 a.C. (Antes de la muerte de Herodes el Grande) al año 30 y el nacimiento de las primeras comunidades cristianas.

Judas el Galileo, revuelta el 4-6 d.C. (Flavio Josefo)

 

3. Menahem (Ben Ezequías: 66-70) La destrucción de Jerusalén el año 70[4]

La exégesis ha confirmado que los zelotas no son del tiempo de Jesús, sino que aparecen poco antes  de la caída de Jerusalén del año 70, por ahí el 66.

 

4.Nerón hace la persecución contra los cristianos en Roma del año 64 al 68 d.C.

 

5.La sublevación de los judíos: Simón Bar Kokhba: 132- 135 d.C. contra el emperador Adriano. Fue sofocada.

 

6.Situamos el movimiento apocalíptico del 70 al 130 d.C. El apocalipsis de Juan, el profeta, el testigo se puede situar en al año 90-96 d.C.

 

Todas estas revueltas están impregnadas de un espíritu mesiánico y apocalíptico: Dios actúa por la autoridad moral o por la fuerza de sus líderes.

 

3. Las primeras comunidades cristianas

 

No podemos admitir que el Cristianismo primitivo brotó como un solo bloque monolítico, al contrario nació plural, diversificado. No podemos quedarnos solo con los sumarios de las primeras comunidades en Hechos de los apóstoles 2, 42-47 y Hechos 4,32-36.

 

Se pueden distinguir cuatro corrientes en el cristianismo del siglo primero: un cristianismo judío, el cristianismo helénico, el catolicismo temprano y el cristianismo apocalíptico. Aquí Pablo Richard cita a J. Dunn[5]. Estas cuatro corrientes no se excluyen, conviven al mismo tiempo, se relacionan, se complementan. A veces se dan tensiones entre ellas. Así aparece en Gálatas  3,1-9; Hch 21.

 

En todo caso, las comunidades primitivas viven el tiempo apocalíptico:

Y en este tiempo las comunidades tienen varias características: son perseguidas, oprimidas, están en resistencia, son comunidades martiriales, excluidas y algunas se van hacia la apostasía, como ocurrió con la comunidad de Laodicea (Ap 3,14-22).  

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Es decir, que en vez de ser fieles a Jesús y al Espíritu, se inclinan ante la bestia, el Imperio Romano, la Gran Babilonia.

 

4. Juan escribe a las Iglesias del Asia Menor: para que resistan, para que disciernan, para que se purifiquen, para darles esperanza, para que den testimonio, para que busquen un mundo alternativo, no que busquen o se vayan a otro mundo, sino que en este mundo de opresión busquen otra manera de vivir, construyan “un mundo” de acuerdo a sus sueños, a su Evangelio, para que descubran en esta historia concreta, la historia profunda, sobrenatural, escatológica, de salvación que Dios va realizando. Ya en esta historia se va dando la consumación anunciada.

 

Juan les escribe no tanto para que las comunidades piensen en el final de los tiempos, en la segunda venida de Cristo, sino para que piensen en el HOY, en el Kairós, en Jesús Resucitado que actúa hoy y que está y vive en las comunidades. Por eso la fuerza de la expresión en de las liturgias: ¡Ven, Señor, Jesús!

 

Una clave histórica es distinguir el cambio cualitativo entre lo profético y lo apocalíptico. La tradición profética se desarrolla en un mundo organizado, dentro del cual el profeta anuncia la Palabra de Dios. La apocalíptica, por el contrario, nace cuando ese mundo organizado ha sido destruido o cuando el creyente ha sido excluido del mundo organizado y es arrojado al caos de la marginalidad; lo apocalíptico busa reconstruir la conciencia, para hacer posible la reconstrucción de un mundo diferente.

 

El profeta busca reconstruir el mundo que está en la tierra, el apocalíptico busca reconstruir la conciencia y la esperanza, para construir un mundo diferente dentro de la misma historia. Lo reconstruye en la conciencia con visiones, símbolos y mitos.

 

Esto lo vemos ejemplificado en el caso de la suerte de Jerusalén:

 

ANTES de la destrucción de Jerusalén: Los profetas predican la alianza. La conversión. Pero en los últimos siglos antes de Cristo decae el profetismo y entonces nace la apocalíptica.

 

DESPUÉS de la caída de Jerusalén surge el caos, la falta de referencias: la ley, el templo, los sacerdotes, la circuncisión, el sábado.

 

5. En este caos, de persecución, de poder de la bestia: el Imperio Romano, nacen las comunidades cristianas y buscan una espiritualidad. Es una espiritualidad apocalíptica: así se advierte en muchos textos de Pablo, San Juan, los sinópticos y el apocalipsis. (Gál 2,1-5).

 

Aquí se recurre al lenguaje simbólico, narrativo, mítico, a la contemplación, a la liturgia, para darle sentido y fuerza al vivir actual que es de opresión, persecución y resistencia.

 

El apocalipsis recoge las tradiciones apocalípticas judías que vienen desde el libro de Daniel y las tradiciones apocalípticas judeo-cristianas y cumple en la Iglesia una función crítica de la historia donde el Imperio Romano quiere homogeneizar todo. Esa fue la tentación de los nicolaítas: ser cristiano y admitir el poder y el dinero en su vida cristiana. O sea, hacer compatible el seguimiento de Cristo sin renunciar al poder y al dinero que ofrecía el Imperio, Roma.

 

En Jesús y en las primeras comunidades cristianas descubrimos que ellos hacen una síntesis entre la tradición profética y la tradición apocalíptica. En Pablo vemos fuertes acentos apocalípticos. Dice Pablo a las claras: “No pretendan conformarse al estilo, a las costumbres de vida de este mundo”, se refiere al mundo impuesto, tanto griego como del Imperio romano. De tal manera que entre Pablo de Tarso y el apocalipsis de San Juan hay mucha cercanía.

 

O sea, que el mensaje que dan, tanto Pablo como el Apocalipsis es profético y es apocalíptico.

 

Hay que construir una narrativa con símbolos, con mitos, con ritos, con imágenes, con un lenguaje creativo que alimente nuestra vida y nuestra espiritualidad y entonces, con esa fuerza vivir el presente, pero desde la perspectiva de Jesús y su Reino, desde los crucificados de la historia, desde los insignificantes y descartados. La fuerza nos la da el testigo fiel, Jesús y su Espíritu.

 

5. Lo central en el apocalipsis: clave teológica

 

El centro del apocalipsis es Jesús y su revelación en el hoy de la historia. Cristo muerto y resucitado, el Cordero degollado al que se le entrega todo el poder y la gloria para reinar por siempre es el que conduce la historia. Pero antes, según las visiones, hay que pasar por la gran tribulación. Son los miles de testigos con sus vestiduras blancas que ya blanquearon sus túnicas con la sangre del cordero y dieron testimonio y por eso ahora son esperanza para los miles de hermanos que siguen luchando para no configurarse con la bestia.

 

La escatología se realiza en el tiempo presente. Lo importante aquí es distinguir que, además de esta historia concreta con sus contradicciones y el poder de la bestia, se va desarrollando -en forma simbólica, mítica, llena de signos y visiones- otra historia, más profunda y trascendente. Esto quieren decir cielo y tierra en el apocalipsis. No como espacios geográficos: arriba el cielo, abajo la tierra. Sino que aquí en la tierra, aquí en la historia están el cielo y la tierra: lo humano y lo trascendente, sobrenatural: ésta es la clave teológica.

 

El apocalipsis es la revelación de Dios a los pobres, oprimidos y excluidos. Por eso está hecho de mitos y símbolos. El mito es polisémico: por eso siempre admite nuevas interpretaciones, según el momento de la historia que vive el pueblo, busca reconstruir la conciencia colectiva y la praxis social del Pueblo de Dios.. El apocalipsis crea mitos liberadores.

 

Con estas claves: la histórica y la apocalíptica ¿Cómo podemos leer la historia trascendente que se realiza hoy en este mundo, en esta historia con signos de muerte, de destrucción del planeta, de pandemia del covid 19, de calentamiento global, de daño ecológico en bosques, suelos, mares, ríos, aguas subterráneas, de empresas mineras extractivas, de contaminación ambiental?

 

¿Cómo podemos construir una narrativa teológica que propicie y fortalezca una espiritualidad encarnada, no de huida del mundo, sino de encarnación?

 

¿Cómo podemos mantener el profetismo como dimensión irrenunciable de nuestra búsqueda y testimonio del Reinado de Dios en esta historia?

Con la fuerza del testigo fiel, Jesús, y con la fuerza del Espíritu, ciertamente encontraremos símbolos, mitos y ritos que vayan creando una narrativa nueva que fortalezca nuestra espiritualidad y reconstruya nuestra esperanza. Y como decía al principio, en este trabajo mucho nos pueden aportar los pueblos originarios de nuestra América Latina y del Caribe. Como referencia dejo sólo dos indicaciones: el mito del Ojoroxtotil de los tsotsiles y el mito de la Serpiente devoradora de niños de los Rarámuris de Chihuahua, México.



[1] RICHARD, Pablo, Apocalipsis. Reconstrucción de la esperanza. Ediciones DABAR, México, 1995

[2] BAUMAN,, Sygmunt, LEONCINI, Thomas, Generación líquida =PAIDÓS= México, 2018, BAUMAN, Sygmunt, La cultura en el mundo de la modernidad líquida, = FONDO DE CULTURA ECONÓMICA= México, 2013.

[3] SCARDELAI, DONIZETE, Movimentos messiánicos no tempo de Jesús.  Jesús e otros Messías =PAULUS= Sao Paulo 1998

[4] HORSLEY, Richard A., HANSON, JOHN s., Bandidos, profetas e Messías. Movimentos populares no tempo de Jesús. =PAULUS= Sao Paulo, 1995

[5] RICHARD, Pablo, Apocalipsis. Reconstrucción de la esperanza. Ediciones DABAR, México, 1995, Pág. 22

La diversidad religiosa, don divino para la humanidad

[Por: Marcelo Barros]

La ONU consagra el 21 de enero como el «Día Mundial de las Religiones». Esta fecha ha cobrado importancia en un mundo cada vez más marcado por la diversidad cultural y religiosa. En la América Latina y Caribe, donde, históricamente, las religiones de origen africano y las tradiciones espirituales indígenas siempre han sido marginadas y hostigadas, aún existen en los medios de comunicaciones y en la gestión política de ciudades actos que contradicen el carácter laico del Estado y revelan prejuicio y violaciones de los derechos de los grupos religiosos considerados minoritarios, principalmente contra religiones y cultos de origen africano. A veces, la intolerancia es clara, otras veces, se camufla bajo el pretexto de protestar contra el ruido de los tambores o contra el sacrificio de animales.

 

En todo el continente, la cultura vigente aún tiene vestigios de los tiempos en que la religión de los señores blancos era la única aceptada y condenaba las religiones negras e indígenas.  Hoy en día, esto se configura como racismo religioso y debe ser denunciado y combatido. Lamentablemente, en la actualidad, algunos grupos pentecostales y también católicos parecen haber heredado de la antigua cristiandad su legado más negativo y trágico: la pretensión de ser la religión dominante. Algunos grupos cristianos siguen viviendo la fe como una ideología de conquista guerrera que no admite el derecho del otro y del diferente. Querer que el país o la ciudad sean católicos o pentecostales no solo es una violación de la laicidad del Estado que debe ser abierta a todas las formas de creencia, sino que también es contrario a lo que propone la propia espiritualidad cristiana: el amor universal y el profundo respeto por las diferencias.

 

Según el Evangelio, el propio Jesús advirtió: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Jn 14, 1). En otro texto, aunque al principio lo rechazó, acabó aceptando curar a la hija de la mujer sirio-fenicia que profesaba otra religión y llegó a elogiar su fe (Mc 7, 24-30). Curó al hijo del oficial romano y predijo que muchos vendrían del Oeste y del Este y se sentarían a la mesa de Dios, mientras que algunos que se consideran fieles se quedarían fuera (Mt 8, 11-12).

 

Todas las religiones predican el amor, la compasión y la misericordia. Sin embargo, cuando se vuelven dogmáticas y autoritarias, se transforman en instrumentos de fanatismo y canales de intolerancia. Confunden la verdad con su forma cultural de expresar la verdad. Absolutizan los dogmas y terminan justificando conflictos y guerras en nombre de Dios.

 

Hoy en día, la diversidad cultural y religiosa no es solo un hecho que, lo queramos o no, se impone a la humanidad. Es principalmente una gracia divina y una bendición para todas las tradiciones religiosas.

 

Para que el diálogo entre las religiones sea profundo, cada grupo debe reconocer lo que el Amor Divino le revela, no solo a partir de su propia tradición, sino también desde el camino religioso del otro. En la época del nazismo, desde una prisión alemana, el pastor Dietrich Bonhoeffer, teólogo luterano, escribía: «Dios está en mí, pero para abrirme al otro. En mí, es una presencia débil para mí mismo y fuerte para el otro. Dios está en ti y para mi”. Uno cristiano del siglo IV decía: “Para encontrar a Dios, hay que encontrar el ser humano”.

Al pueblo de Groenlandia

[AVAAZ]

“No permitiremos que su tierra se convierta en un negocio inmobiliario ni en moneda de cambio. Groenlandia es de su gente y las amenazas de quien quiere imponer la ley del más fuerte no moldearán su futuro. Solo el pueblo podrá hacerlo.


La humanidad ya ha sabido frenar a autócratas corruptos en incontables ocasiones. Hoy podemos volver a rebelarnos contra su intimidación
…

 

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Desafío Virtual No. 018: TSE ordena a pastores detener distribución de folleto que llama a evangélicos a votar por Pueblo Soberano

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

Varios días después de que se desatara una polémica en torno a la religión y la política, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) ordenó a Fabricio Alvarado, candidato de Nueva República, y a Laura Fernández, de Pueblo Soberano, abstenerse de invocar motivos religiosos para captar el voto de los electores…

 

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Desafío Virtual No. 019: El Papa León XIV en su catequesis: Jesucristo es la revelación viva del Padre

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

En su catequesis sobre la Constitución dogmática Dei Verbum, el Papa León XIV afirmó que Jesucristo es la revelación plena y definitiva de Dios, subrayando que la fe cristiana no se basa en ideas abstractas, sino en un encuentro personal con el Hijo que introduce a los creyentes en la relación filial con el Padre…

 

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Desafío Virtual No. 020: Democracia: el privilegio y el deber de votar

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

La más reciente encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) vuelve a poner sobre la mesa un dato que no puede pasar inadvertido: una porción significativa del electorado costarricense aún no decide por quién votará. Más allá de los porcentajes que favorecen o desfavorecen a determinadas candidaturas, el verdadero protagonista de esta medición es el amplio grupo de personas indecisas y el riesgo latente de un alto abstencionismo…

 

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Desafío Virtual No. 021: Un nuevo mártir para Centroamérica

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

El Papa León XIV ha firmado el decreto que reconoce como mártir a Augusto Rafael Ramírez, torturado en varias ocasiones y finalmente asesinado por «odio a la fe», según ha reconocido la Iglesia, por el régimen militar que tomó el poder en Guatemala tras un golpe de Estado perpetrado en 1964…

 

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