La conversión bioelectroquímica de materia orgánica degradablereduce hasta un 62,86 % de la demanda química de oxígenomientras genera energía limpia de forma ininterrumpida. Esta tecnología dedepuración y autogeneración bioenergéticapromete transformar la sostenibilidad de las plantas de tratamiento e influir en las estrategias parareducir el consumo energéticoen las infraestructuras industriales de abastecimiento hídrico.
Eficiencia bioelectroquímica y rendimiento
El principio funcional radica en laoxidación anaeróbica de la materia orgánicamediante bacterias electrogenas en la cámara anódica. A través de procesos de transferencia extracelular de electrones hacia los electrodos de carbono, el sistemaregistra rendimientos energéticos de hasta 57,38 mW/m²bajo cargas orgánicas reducidas, mientras los análisis documentan:
Latasa de eliminación de carbohidratos alcanza un 79,84 %en el proceso de degradación del sustrato.
El tratamiento del efluenteconsigue una reducción del 55,12 % en la turbidezdel agua.
Laoperación por debajo de los 500 ohmios de resistenciapermiteestabilizar el flujo de carga a 0,43 coulombsy sostener la depuración hídrica continua.
Esta respuesta técnica resulta determinante en escenarios donde las fluctuaciones operativas impactan directamente en el cálculo delprecio de la luz.
Viabilidad económica e integración en el sector hídrico
La implementación de reactores bioelectroquímicos permiteconvertir el saneamiento de aguas en una fuente de autoconsumo energético continuo. La reducción sustancial de los lodos residuales y el menor consumo energético operativomejoran la rentabilidad fiscal de las depuradoras industriales. Para evaluar la viabilidad frente al suministro tradicional, las herramientas de gestión como uncomparador de luzresultan esenciales al cuantificar el impacto económico real de esta generación descentralizada.
El escalado industrial requiere unaselección adecuada de materiales de bajo costepara la membrana de intercambio protónico y la superficie anódica. Minimizar los costes de capital por metro cuadrado resulta decisivo antes deformalizar la contratación de un suministro suplementariotras elegir latarifa de luzidónea. La integración de estos módulos en plantas urbanasmaximiza la eficiencia energéticasin comprometer la capacidad de tratamiento del efluente.
Perspectiva regulatoria y escalabilidad industrial
La consolidación de los sistemas microbianos exige unmarco normativo adaptado al autoconsumo industrialy a la gestión del ciclo del agua. La transición desde prototipos de laboratorio hacia plantas piloto de gran volumenrequiere estándares uniformes de seguridad eléctricay calidad del agua tratada. Las empresas del sector energético han comenzado a incorporar estas tecnologías limpias en sus hojas de ruta de descarbonización.
Antes de la puesta en marcha de un proyecto piloto a gran escala, las instalaciones deben cumplir con las gestiones administrativas paradar de alta la luzen sus conexiones de apoyo a la red. Laalianza estratégica entre la biotecnología ambiental de Papernest y las redes tradicionalesgarantiza unatransición energética eficiente y viablea largo plazo.
El líder del pueblo Arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia) se desempeña desde hace más de una década como secretario técnico indígena de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas (CNTI), el espacio de concertación territorial entre el Gobierno Indígena y el Gobierno Nacional. Para Camilo Niño, hablar de autonomía significa ir más allá del lenguaje del reconocimiento: no se mide en artículos de la Constitución, sino en la capacidad de un pueblo para decidir efectivamente sobre su territorio. El anuncio del nuevo gobierno de revertir las entidades territoriales indígenas muestra que reconocer la autonomía es una cosa y aceptar sus implicaciones sobre la distribución del poder territorial, otra.
Laura Galvis Santacruz (LGS): Cuando hablamos hoy de autonomía indígena en Colombia, ¿qué significa en la práctica?
Camilo Niño Izquierdo (CNI): La autonomía es uno de los principios y estándares de derecho de los Pueblos Indígenas y comprende varias esferas. Milenariamente, hemos luchado para que las diferencias se reconozcan y sean vinculantes en el Estado colombiano. Hablar de autonomía es hablar de ser indígena desde sus espacios, desde sus territorios. Es ella la que sostiene la pervivencia y la permanencia de los pueblos. Y en ese “sus territorios” está el derecho fundamental que tenemos los Pueblos Indígenas al reconocimiento integral, que hoy no es pleno. El territorio es el derecho de todos los derechos: sin él no podrían materializarse los demás. Es allí donde están los sistemas de conocimiento, donde se ejercen las prácticas espirituales y culturales, donde están la gobernanza, el gobierno propio, la salud y la educación.
LGS: Desde la Constitución de 1991 existe un reconocimiento importante de esa autonomía. Más de 30 años después, ¿cuál es el estado real?
CNI: Colombia tuvo un avance significativo con la Constituyente de 1991. Los Pueblos Indígenas quedamos como un actor principal, y eso se materializó en el reconocimiento de los territorios, la protección constitucional de la figura de resguardos, la creación de las entidades territoriales indígenas, la participación política y la vinculación de estándares internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad. Colombia consagró derechos en su máxima expresión. Ahora, ¿qué se ha podido avanzar? En materia territorial, ya había habido avances antes del 91, porque el resguardo es anterior a la Constitución. Fue en los años ochenta cuando más territorio se reconoció bajo esa figura. Después se han reconocido más resguardos, pero sobre menos tierra: más resoluciones y menos hectáreas. Entonces se consagraron más derechos, pero en la práctica el territorio titulado sigue sin protegerse del todo.
Para el pueblo Arhuaco, que habita en la Sierra Nevada de Santa Marta, la concepción de la autonomía incluye al territorio. Foto:Camilo Niño Izquierdo
LGS: Entonces, ¿dónde está la brecha entre el reconocimiento constitucional y el ejercicio real?
CNI: Podríamos hablar de dos grandes desafíos que no se han podido superar: por un lado, la adecuación institucional; por otro, la adecuación normativa necesaria para agilizar los procedimientos. Pero detrás de ambos está la voluntad política. Un ejemplo de la adecuación normativa es la modificación del Decreto 2164 de 1995, que durante 30 años reguló la constitución, ampliación y saneamiento de resguardos mediante procedimientos que ralentizaban su tramitación. Nos demoramos más de cinco años discutiendo su modificación. El decreto que lo reemplazó, el 1392, se firmó el 22 de diciembre de 2025, pero, para aplicarlo, la Agencia Nacional de Tierras debe expedir sus instructivos internos. Esos instructivos definen, en la práctica, qué se le exige a una comunidad. Estamos en agosto y todavía no hemos podido discutirlos. Además, es allí donde a veces terminan apareciendo requisitos que el decreto no contempla.
En relación a la adecuación institucional, la Agencia Nacional de Tierras tiene una Dirección de Asuntos Étnicos, pero no una subdirección indígena. Esa Dirección atiende conjuntamente a Pueblos Indígenas y comunidades afrodescendientes y, además, se encarga de la adquisición de predios. Tal como están diseñados los requisitos, hoy resulta mucho más fácil adquirir un predio a través de la Agencia para un particular que para un Pueblo Indígena. Parece que hubiera una carga adicional cuando se trata de nosotros.
LGS: ¿Puede existir autonomía efectiva sin seguridad jurídica y control real sobre el territorio?
CNS: No es posible hablar de autonomía sin territorio. La seguridad jurídica va más allá de un título. La Agencia Nacional de Tierras otorga el título de un territorio colectivo bajo una resolución que cumplió con todo un procedimiento. Esa resolución queda inscrita ante la Superintendencia de Notariado y Registro, pero eso no quiere decir que haya protección integral. El caso más conocido es el del pueblo Nukak, que tiene un territorio reconocido por el Estado y una resolución que le otorga el derecho, pero no puede ejercerlo porque otros actores están incidiendo sobre él. También, en Putumayo se le reconoció el territorio al pueblo Inga, pero allí no vive ni un inga: fueron desplazados, y dentro de ese territorio están otros. Por eso, insistimos en que los territorios se deben proteger de manera integral.
Niño Izquierdo advierte que, para los Pueblos Indígenas, adquirir un predio a través de la Agencia Nacional de Tierras es más difícil que para un particular. Foto:Camilo Niño Izquierdo
LGS: Las entidades territoriales indígenas son una de las expresiones más concretas de esa autonomía. ¿Son un punto de llegada o una herramienta dentro de un proceso más amplio?
CNI: Colombia tiene una deuda histórica. La Constitución dejó establecido que se deben crear las entidades territoriales indígenas, y mientras eso sucedía, se incorporó el artículo 56 transitorio para irlas desarrollando. Después de 34 años, todavía no se ha resuelto su puesta en funcionamiento. Hubo avances. El Decreto 1953 de 2014, que nace de una movilización, habilita que los Pueblos Indígenas administremos directamente los recursos del Sistema General de Participaciones y se los quita a los municipios, que antes los recibían y hacían convenios con los resguardos. El año pasado, tras una gran movilización nacional impulsada por los pueblos amazónicos se materializaron ocho entidades territoriales indígenas, además de una en La Guajira. Lo que se busca es que los pueblos ejerzan su autonomía y su gobernanza, y cuenten con financiación directa, bajo la misma vigilancia que cualquier entidad territorial. Para mí es un punto de partida, más que de llegada. Esto estaba enunciado en la Constitución desde hace 34 años: es un desarrollo del bloque de constitucionalidad, no la obra de un gobierno. Los decretos crean las entidades territoriales, pero no dicen cuándo ni cómo entran a funcionar. Ese es el desafío.
LGS: Un mismo territorio puede estar atravesado por competencias distintas, como la superficie, el subsuelo, un área protegida o un título minero. ¿Qué le pasa a la autonomía cuando esas decisiones están fragmentadas?
CNI: El reconocimiento va más allá del título que se otorga, porque muchas veces se reconoce pero no es vinculante. En la práctica, los municipios no reconocen la figura de resguardo, porque para una autoridad local es muy difícil reconocer a otra que está en su mismo nivel. Y una autoridad indígena, además de serlo según la costumbre, tiene que cumplir con el procedimiento ante la alcaldía y quedar inscrita ante el Ministerio del Interior. Sin ese requisito, usted no es autoridad. Además, está el tema de las concesiones minero-energéticas. El ejemplo más claro es Putumayo: concentra las mayores solicitudes de ampliación, constitución y saneamiento de resguardos, de protección territorial ancestral y de restitución de tierras, al mismo tiempo que las mayores solicitudes de exploración y explotación minero-energética. En ese choque suele prevalecer lo que se define como interés nacional.
LGS: ¿Y qué sucede con la figura de parques nacionales naturales?
CNI: Un resguardo no protege el subsuelo; la única figura que lo hace son los parques nacionales naturales. Nosotros parece que viviéramos en dos metros: alcanzamos a mirar un poco y hacia abajo, apenas donde pisamos, pero nada más. Y es ahí, debajo de donde pisamos, donde está lo que el Estado concesiona. Nosotros hablamos de que debe existir una protección integral del espacio aéreo, del espectro electromagnético que usan las comunicaciones y del subsuelo. Por eso, la autonomía es limitada: llega hasta donde el otro me lo permite. En territorios superpuestos con parques, cualquier actividad de los pueblos requiere una certificación de que no afecta la misionalidad del parque. Ahí hay una pérdida de autonomía, aun cuando nos llamemos coadministradores. Algunos hermanos son críticos frente a la figura de parque nacional natural, mientras que otros la ven como una oportunidad, porque ha protegido territorios. Es el caso de Yaigojé Apaporis, donde la Corte Constitucional confirmó el parque y frenó a la minera Cosigo, o de la Sierra Nevada, frente a la represa que se quería construir en Los Besotes. La nación u’wa, en cambio, exige que el parque desaparezca.
La figura de Parque Nacional ha contribuido a frenar la represa en Los Besotes, Sierra Nevada. Foto: Camilo Niño Izquierdo
LGS: Hay anuncios del nuevo gobierno sobre revertir las entidades territoriales indígenas y, un lenguaje público que las presenta como “territorios federados” o como una amenaza a la unidad del país. ¿Cómo leen ese escenario para la autonomía indígena?
CNI: Hay una gran preocupación. En el derecho existe el principio de progresividad y no regresividad. Hay mucho ruido en los medios y falta pedagogía. Se dice que las entidades territoriales indígenas van a ser otros gobiernos, como si se estuviera creando un Estado dentro del Estado colombiano. En esa desinformación hay actores presionando para que se vea así. La realidad es que reconocerlas y ponerlas en funcionamiento es una obligación del Estado. Está en la Constitución Política, no es algo nuevo. Derogar esa figura en un Estado con 115 Pueblos Indígenas, que reconoce y protege la diversidad étnica y cultural, es incumplir la propia Constitución.
Mientras tanto, el gobierno ya está derogando instrumentos: revocó la resolución que reservaba la microcuenca de La Baja, fuera del páramo de Santurbán, y otras del Ministerio de Trabajo que reconocían derechos laborales. Muchos instrumentos relacionados con los Pueblos Indígenas salieron al final del periodo presidencial anterior, y eso nos alerta sobre la protección de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se reservaron más de un millón y medio de hectáreas frente a la minería y los hidrocarburos. También hubo rumores de que el país se saldría del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, en el que se consagra el derecho fundamental a la consulta previa.
LGS: ¿Han sentido alguna apertura del gobierno actual, al menos para sentarse a dialogar?
CNI: Hasta ahora el gobierno no nos ha buscado, apenas están nombrando directores y subdirectores. Pero consultar el Plan Nacional de Desarrollo es una obligación del Estado y, para ello, tenemos que sentarnos. Existe el escenario de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas y estamos en disposición de hacerlo. De lo contrario, activaremos otras rutas de exigencia. Siempre hemos buscado el diálogo y la concertación, pero también el ejercicio pleno de la autonomía y la movilización. Todo lo que hemos conseguido ha sido producto de una exigencia histórica. Hemos sobrevivido más de 500 años y hemos comprendido que los gobiernos son temporales, que el Estado es el que continúa. Y conviene tener las cifras claras: hoy son 974 resguardos indígenas, con más de 35 millones de hectáreas. Van a ser cuatro años en los que nos tocará defender lo que logramos. Un gobierno puede derogar un instrumento, pero no puede borrar los años de lucha.
Laura Camila Galvis Santacruz es socióloga colombiana y magíster en Desarrollo Internacional y Gestión de la Universidad de Lund (Suecia). Cuenta con una década de experiencia en el análisis de dinámicas territoriales y de conflictos socioambientales en los sectores minero, energético y ambiental.
Hay una diferencia entre dar herramientas contra el crimen y dar un cheque en blanco para la represión. Lo primero protege. Lo segundo asusta, porque cuenta muertos a futuro, nombra enemigos a conveniencia y abre cárceles.
En buena parte del Congreso de hoy esa tentación aparece de nuevo. No en el Congreso que fiscaliza, el que pide cuentas. Sino en el Congreso del atajo, el que ahora teme no tener poder suficiente y confunde seguridad con impunidad.
El Perú ofrece hoy un ejemplo doloroso porque la inseguridad es real y el remedio que proponen puede ser peor que la enfermedad.
La delincuencia nos está matando. Eso es verdad. La extorsión en el Callao, en Trujillo, en Lima Norte, es una cruz diaria para el trabajador. Nadie pide mano blanda con el sicario.
Pero el remedio que pide la Bankada de la Cámara de Diputados el 02 de octubre de 2026 no es solo contra el sicario. Es un paquete.
La Comisión de Constitución, con oposición de Juntos por el Perú, aprobó facultades legislativas. Fuerza Popular dice que están “incompletas”. ¿Qué falta según su comunicado? Cuatro cosas: meter a las Fuerzas Armadas al apoyo operativo de los penales, actualizar las reglas de uso de la fuerza cuando apoyen a la Policía, declarar a organizaciones criminales como terroristas y reformar el Sistema de Inteligencia y la DINI.
Una necesidad no borra la otra. Combatir la criminalidad no santifica todo lo que hace el Estado con el fusil. Y denunciar que una ley abre la puerta al abuso no es defender delincuentes.
El problema empieza cuando una parte quiere borrar a la otra.
Ese riesgo vuelve hoy con nombre propio: reglas de uso de la fuerza más laxas, militares en penales civiles, “terrorismo” como etiqueta para todo. Y desde el poder se nos dice que hay que “recuperar el orden”, que hay que dar “todas las herramientas democráticas”, que el Fenómeno El Niño también exige orden.
Pero el Evangelio no dice “recuperen el orden a cualquier precio”. Dice “bienaventurados los que trabajan por la paz”. Y no hay paz sin justicia.
El revisionismo represivo empieza así: primero se cambia el lenguaje, ya no se dice uso proporcional de la fuerza, se dice “herramientas firmes”. Después se cambian los sujetos, ya no hay ciudadano que protesta, solo “enemigo del orden”. Finalmente se cambia la memoria, ya no hay víctimas de la represión, hay “daños colaterales por la pacificación”.
Y ahí el poder se vuelve intocable.
Porque este país no es ingenuo. Enterró a los muertos de 2022 y 2023. Vio cómo una regla de uso de la fuerza confusa terminó en jóvenes con perdigones en el cuerpo en Ayacucho y Juliaca. Vio cómo la DINI, sin control, sirvió para reglajes y no para atrapar extorsionadores. Vio cómo llamar terrorista a todo el que marcha es la forma más vieja de no escuchar.
¿Cómo va a bendecir ahora esa receta?
El Papa Francisco lo dijo en 2018 en Puerto Maldonado: “No nos es lícito mirar para otro lado”. Y León XIV, que conoce el Perú desde Chiclayo, sabe que aquí la seguridad sin control no es protección, es miedo con uniforme.
Sustituir la palabra “represión” por “apoyo operativo” no es un matiz. Es borrar que un penal militarizado sin INPE ni Ministerio Público es una bomba. Es borrar que una regla de uso de la fuerza que permite disparar por “peligro” sin definir peligro es una licencia. Es borrar que declarar terrorista a una banda criminal activa el fuero militar y borra garantías, como ya advirtió la CVR cuando el Estado quiso combatir el terrorismo con terrorismo de Estado.
La historia no exige ser blando con el crimen, porque el crimen no es blando con nosotros. Exige algo más cristiano y más ciudadano: no darle al poder el fusil sin candado.
El Perú continúa cargando con sus muertos porque el poder todavía no ha terminado de hacer su opción. Todavía sobreviven dos estados: uno que pone el uniforme en la calle para cuidar al vecino y otro que lo pone en la puerta del penal, de la marcha y de la redacción del periodista incómodo. Como si pedir reglas claras para disparar obligara a defender al extorsionador. No es así.
Mientras esa lógica no sea superada, cualquier intento de “devolver la paz y el orden” será simplemente una manera de legalizar el miedo.
Pasar a la acción exige primero leer entera la ley que quieren: http://FF.AA. en penales, fuerza letal, terrorismo por decreto, inteligencia sin control. Sin amputaciones convenientes. Con nombres, con responsables, con límites.
Solo después podrá hablarse de seguridad.
Y seguridad no es impunidad para el que dispara.
Seguridad es justicia, proporcionalidad, control judicial y garantía de no repetir Ayacucho ni el Callao ensangrentado. Todo lo demás es liturgia del orden vacía.
No olvidar. No bendecir el fusil sin control. Y finalmente, dar herramientas. ¡PERO CON CANDADO PRIMERO!
Carlos Manuel Alejos Lévano, agente pastoral, Movimiento de Trabajadores Cristianos, Callao, 02 de octubre del 2026. Perú.
“Despertar um sonâmbulo é uma empresa arriscada, pois ele adora ‘perambular’ no seu sonho. Despertar para a realidade é doloroso para um sonâmbulo, pois a quimera é tão atrativa e sedutora, a falsa segurança é tão fácil a ser abraçada e são tantos os/as sedutores/as ‘credenciados/as’, que a tarefa de acordar o povo resulta sendo nada fácil e exige muito amor, muita energia e muita coragem”, escreve Eduardo Hoornaert, historiador, ex-professor e membro fundador da Comissão de Estudos da História da Igreja na América Latina (CEHILA).
Segundo ele, “mesmo assim, precisa partir para o diálogo com o povo e assim, aos poucos, ajudá-lo a limpar sua mente de feitiços provocados por discursos artificiais, meias-verdades, mal-entendidos, preconceitos. Precisa urgentemente proteger a cultura ‘ordinária’ de pessoas ‘comuns’, ou seja, de todos nós”.
Eis o artigo.
Nas últimas semanas, o tema da insegurança pública no Brasil vem despontando como aglutinador de votos nas próximas eleições políticas do 04/10/2026. Os candidatos se apressam a apresentar soluções para o problema, Aparecem nomes novos, como o de Bukele, presidente de El Salvador e organizador de super-presídios em seu país. Aparecem igualmente noticiários acerca do Primeiro Comando da Capital (PCC), que surgiu em 1993 num presídio de Taubaté, estado de SãoPaulo, após o massacre de Carandiru (1992) e que conta com aproximadamente 40 mil integrantes. O PCC visa conseguir melhores condições carcerárias e maior controle de abusos. Atualmente existe em mais ou menos 20 países pelo mundo afora, inclusive em Portugal e na Espanha. O Comando Vermelho (CV), por sua vez, surgiu em 1979 no Instituto Penal Cândido Mendes, na Ilha Grande, estado do Rio de Janeiro. Resulta da convivência entre presos comuns e presos políticos durante a ditadura militar (1964-1980). Em junho 2026, ambas as organizações foram taxadas de ‘organizações terroristas’ em documentos do governo norte-americano, enquanto o governo brasileiro as qualifica de ‘criminosas’. Há quem assevera que as periferias de metrópoles como São Paulo e Rio de Janeiro seriam dominadas por esses e outros grupos ‘fora da lei’.
Tudo isso amedronta e o tema do ‘terrorismo’ ganha progressivamente espaço. É nesse contexto que eu gostaria de tecer aqui algumas considerações acerca da diferença entre ‘organização terrorista’ e ‘organização criminosa’.
Uma perspectiva histórica
Ao contrário do que aparece à primeira vista, o discurso sobre terrorismo pertence a um tipo de discurso de antiquíssima tradição na cultura ocidental, um discurso que tem como caraterística ‘designar coisas por meio de palavras’. É o que aparece num voo superficial sobre alguns momentos marcantes do último milênio.
– Em 1095, o Papa Urbano II convoca os cristãos para uma cruzada contra muçulmanos. Em seu discurso, ele afirma que ‘Dieu veult’ que cristãos combatam muçulmanos, por eles serem infiéis. Sem conhecer pessoalmente o islamismo, o papa o ‘designa’ como movimento ‘terrorista’ (para falar em linguagem de hoje). Resultado: entre 1095 e 1291 se organizam dezenas de ‘cruzadas’, expedições de combate em terra palestina, que resultam num sem-número de mortes.
– Entre o remotíssimo ano 1022 e o recentíssimo ano 1965, a Inquisição reina soberana na IgrejaCatólica. De caráter explicitamente designativo, ela marca a história do Ocidente desde o processo contra Joana d’Arc em Orléans, na França e é assumida pelo pontificado romano em 1542. A Inquisição mandou queimar milhares de ‘hereges’ sob a alegação que eles seriam prejudicais para a fé (ou seja, terroristas). Um dos processos mais conhecidos se articula contra Giordano Bruno, um intelectual italiano que em 1582 publica um livro que o leva à morte: ‘designado’ como herege, ele é queimado vivo no Campo dei Flori, em Roma, no ano 1600.
– No ano 1326, o Papa João XXII manda instalar processos inquisicionais contra as chamadas bruxas, mulheres que têm a coragem de sair do ‘padrão’, e seu ordenamento é renovado pelo Papa Inocêncio VIII em 1484. Calcula-se que, ao longo dos séculos XV e XVIII, entre 40 mil e 50 mil mulheres foram queimadas vivas, um pouco por toda a EuropaOcidental, por serem ‘designadas’ como ‘bruxas’, terrores’ para homens.
– O frade agostiniano Martinho Lutero intenta uma reforma da Igreja Católica por meio da volta à leitura bíblica, após séculos de catequese exclusivista. Ele não pensa em formar uma igreja dissidente da romana, mas, à sua revelia, durante o ano em que ele se refugia no Castelo de Wartburg (1521), alguns de seus seguidores criam, em alguns condados da Alemanha, uma igreja dissidente, que ele tem de aceitar. O termo protestante, de caráter designativo, é lançado no Concílio de Trento e está na origem de séculos de desentendimentos e separações. Aconselha-se aos católicos fugir do ‘terror’ protestante.
– Entre 1559 e 1966 vigora, no seio da IgrejaCatólica, um Index (Syllabus) Librorum Prohibitorum, que condena praticamente todos os pensadores modernos relevantes: Galileu, Calvino, Maquiavel, Bruno, Descartes, Pascal, Milton, Locke, Bacon, Montaigne, Spinoza, Malebranche, Montesquieu, Voltaire, Diderot, Hume, JJ Rousseau, Darwin, Kant, Balzac, Renan. Ainda no século XX entram H. Bergson, JP Sartre, S. de Beauvoir e A. Gide. Sob a designação de serem descrentes, terroristas da fé do povo.
– Entre 1964 e 1980 vigora no Brasil uma intensa perseguição aos ‘comunistas’. No muro da residência de Dom Helder Camara em Recife aparecem as siglas CCC: ‘Comando de Caça aos Comunistas’. Basta seguir o bispo para ser designado como comunista, terrorista da ordem pública.
Eu não alongo aqui a lista de palavras designativas e ‘terrorizantes’, criadas ao longo da história: ‘pagão, primitivo, atrasado, subdesenvolvido, ignorante, vagabundo, imoral, fanático, selvagem, bárbaro, não civilizado, comunista, subversivo, judeu, islamita, africano, negro’, etc.
A designação
O termo ‘designação’ me veio ao ler um texto de Santo Agostinho, de mais de quinze séculos atrás. Na parte 01, seção 08 de suas Confissões, o ilustre Padre da Igreja explica como, ainda criança, aprende a falar. Ele conta que vê os adultos se virar para um determinado objeto e, ao mesmo tempo, dizer a palavra ‘cadeira’. Assim aprendi a falar, escreve Agostinho. E aí ele tira uma conclusão no mínimo temerária: Verba signa rerum (palavras sinalizam coisas). Toda palavra designa algo real, toda palavra é designativa.
Palavras sempre sinalizam coisas? Como acabamos de ler, muitos termos, que se usam hoje e se usaram no passado, pretendem ser ‘designativos’ sem o ser. Não dá para colar simplesmente o termo ‘infiel’ sobre o islamismo, nem taxar o intelectual medieval independente de ‘herege’, a mulher inovadora de ‘bruxa’, o ‘evangélico’ de ‘protestante’, o pensador moderno de ‘descrente’ e quem opta hoje pelos pobres de ‘comunista’.
Em outras palavras, não dá para dizer que nossos conceitos ‘captam’ a realidade sem mais nem menos. Quando você junta palavras e, com elas, constrói uma frase, uma sentença, um discurso, um artigo, um livro, uma teoria, sua pressuposição pode consistir em pensar que se consegue ‘pegar’ a realidade por meio de palavras, como se pega uma maçã por meio da mão. Há um substantivo, em alemão, que expressa esse ‘pegar’ de modo expressivo: ‘Begriff’. Esse substantivo deriva do verbo ‘greifen’, que significa: pegar algo por meio do dedo polegar. O dedo polegar humano permite ‘segurar’ ou ‘captar’ um ‘objeto’. A língua latina diz o mesmo com o verbo ‘capere’: captar, segurar. Veja igualmente o substantivo ‘conceptus’ (em latim), ‘conceito’ (em português).
Na realidade, todos/as sabemos que nem toda palavra é designativa ou definidora. Pelo contrário, sabemos que a maioria das palavras não designa nada, não define nada. Umas expressam uma ordem, um desejo, uma exortação, outras um sentimento, uma intuição, uma imaginação, um enigma, uma poesia, um cálculo, um pedido, um agradecimento, uma oração etc. É verdade que toda palavra tem um significado, mas isso não quer dizer que toda palavra sirva para indicar ou designar algo. A linguagem humana está repleta de significados não definidos. O reconhecimento por assim dizer intuitivo do significado de palavras por meio do modo comum de agir das pessoas, das fisionomias, do andar, do baixar ou levantar de olhos, de gestos, entonações, inclinações do corpo, enfim, por meio dos mais variados sinais, constitui nosso modo normal de entender (ou não entender) as coisas ao nosso redor.
O conceito é uma simplificação perigosa. Pode servir para fins nada justificáveis, como assinala de modo impressionante o poeta indiano Rabindranath Tagore (1861-1941), quando ele descreve como os colonizadores ingleses entraram na Índia armados de seus conceitos e que os labirintos conceituais, que eles construíram, lhes permitiram justificar a dominação colonial.
Já pensaram quanto de conquistador,
para não dizer de ladrão ou assaltante,
há na expressão ‘conceito’?
Ora, é por meio de conceitos que (os ingleses) se dirigem ao mundo.
(Jung, C. J., Man and his Symbols, Doubleday & Company Inc., New York, 1964)
A reviravolta linguística
Foi na virada entre o século XIX e XX que o filósofo alemão Frege finalmente cunhou uma frase que ajuda a sair do sonho designativo: uma palavra só ganha sentido quando está inserida num discurso situado no tempo e no espaço, ou seja, ‘em contexto’. Em outras palavras: não há texto sem contexto. A palavra desconectada do contexto não significa nada. A palavra solta é como aquela peça do jogo de xadrez que, deitada ao lado do tabuleiro, não significa nada. É uma pecinha de madeira, plástico ou marfim. Mas quando fica montada no tabuleiro, ela ganha significado, vira ‘bispo’, ‘rainha’, ‘torre’, ‘cavalo’. Entra no ‘jogo’ significativo.
Definições pretensamente designativas metem as pessoas num labirinto, do qual elas mal conseguem sair. Eis o papel sinistro e mortífero dos grandes meios de comunicação hoje: deixar as pessoas vagarem por labirintos de palavras pretensamente verdadeiras. O labirinto tem saída, mas ninguém a encontra, tamanho o poder do engodo.
Eis um tema que grandes filósofos do passado, como Platão, Aristóteles, Agostinho e Tomás de Aquino, praticamente não abordam em seus escritos. Eles parecem não se dar conta da importância de se esclarecer o teor correto de palavras e assim premunir as pessoas contra o perigo de palavras ‘designativas’ sedutoras.
Os filósofos linguistas do século XX, inspirados por Frege, são a exceção. Vale a pena se deixar inspirar por gente como Bakhtin, Ricoeur, Wittgenstein, Chomsky ou Propp, como recomenda o filósofo cearense Manfredo de Oliveira em seu livro Reviravolta linguístico-pragmática na Filosofia Contemporânea (Loyola, 1997).
O terrorismo é uma real ameaça para o Brasil?
Retornemos à pergunta que encabeça este texto: O terrorismo é uma real ameaça para o Brasil? Agora temos condições de responder, pois incluímos o ‘terrorismo’ entre as sucessivas ‘designações’, que motivaram e movimentaram populações inteiras no passado, como as lutas contra chamados ‘infiéis, hereges, bruxas, protestantes, descrentes, comunistas’.
Como descrever a situação em que nos encontramos? Numa recente investigação, feita na França, sobre o comportamento político dos/as franceses/as, se constatou que, entre as ‘pessoas comuns’, uma esmagadora maioria se mostra incapaz de distinguir entre informação neutra e objetiva e propaganda destinada a influenciar. Muitas ‘notícias’ são tudo menos notícia. O filósofo Edgar Morin, ao comentar esse dado disse que muitos/as de seus/suas compatriotas são ‘sonâmbulos/as’.
A imagem insinua que a maioria da população se comportaria como se estivesse encantada, pronta a acreditar em qualquer coisa que a mídia, os autores e os ‘influenciadores’ dissessem ou escrevessem, indiferentemente. A razão dessa ingenuidade seria o fato de as pessoas tenderem a acreditar, à primeira vista, em tudo que vai formalmente publicado e transmitido, atribuindo erradamente alguma virtude oficial a grandes meios de comunicação, como publicações periódicas impressas e audiovisuais, livros e similares, programas de TV e Internet.
Então, quanto maior for o número de pessoas verdadeira ou aparentemente envolvidas na publicação/difusão de um fato ou de uma falácia, mais verdadeiro/a ele/ela parece ser na compreensão das massas. Além disso, quanto maior for o número conhecido de pessoas que assistiram, ouviram ou leram o fato ou a falácia, maior será a probabilidade de que esse fato ou essa falácia se torne ‘verdade’, na compreensão das referidas massas. Daí a importância que se atribui a algoritmos que registram o número de ‘seguidores/as’ em programas de internet. Tudo é feito para que se impeça que as massas populares ‘acordem’ e compreendam que elas são, na verdade, enganadas permanentemente, e por que métodos e truques eles o são, uma vez que o governo do país também fabrica e espalha falácias.
Enfim, reina entre os/as comunicadores/as uma norma nunca explicitada: O povo dorme, melhor não acordá-lo. Eis uma recomendação que nos vem de séculos atrás. Pois o sonâmbulo não gosta de ser acordado, ele ‘ama’ sua imagem fantástica, suas ilusões, seus sonhos, enfim, seu projeto inalcançável. O povo dorme e a grande mídia gosta que ele continue dormindo. Assim reinam discursos artificiais, fabricados com a intenção de defender interesses particulares. Quando a TV Globo nos brinda diariamente com futebol, novela, entrevistas, Big Brothers, etc., ela não faz senão seguir uma tradição multimilenária, que consiste em divertir o povo para que ele não acorde e enxergue a real situação em que vive.
Despertar um sonâmbulo é uma empresa arriscada, pois ele adora ‘perambular’ no seu sonho. Despertar para a realidade é doloroso para um sonâmbulo, pois a quimera é tão atrativa e sedutora, a falsa segurança é tão fácil a ser abraçada e são tantos os/as sedutores/as ‘credenciados/as’, que a tarefa de acordar o povo resulta sendo nada fácil e exige muito amor, muita energia e muita coragem.
Mesmo assim, precisa partir para o diálogo com o povo e assim, aos poucos, ajudá-lo a limpar sua mente de feitiços provocados por discursos artificiais, meias-verdades, mal-entendidos, preconceitos. Precisa urgentemente proteger a cultura ‘ordinária’ de pessoas ‘comuns’, ou seja, de todos nós.
“Dios también se cuidará de amparar la justicia de las reivindicaciones de las organizaciones que tienen derecho a organizarse para defenderse mutuamente en sus derechos. Dios también aprueba el sindicalismo. Dios quiere al hombre unido. Dios no quiere la dispersión. Dios quiere como ha dicho el Papa que también al campesino se le facilite el acuerparse con otros campesinos y no disgregarlo para que sea masa explotable fácilmente.” (5 de agosto de 1979)
Quizás una de las grandes debilidades de la catequesis y de las predicaciones en las iglesias ha sido hablar demasiado del Dios del Credo, Dios de la religión, Dios de los ritos, y no hablar lo suficiente del Dios estrechamente vinculado con el caminar, el sufrimiento, la esperanza y las luchas libertarias de los pueblos. El resultado es que hay creyentes que se han acomodado en la esfera religiosa, emocional y devocional; hay generaciones, sobre todo jóvenes, en quienes la dimensión de la fe se ha ido disolviendo poco a poco, y hay también generaciones de personas comprometidas socialmente que crecieron sin dimensión creyente.
Es llamativo que monseñor Romero tuviera que proclamar que la población tiene derecho a organizarse, que «Dios aprueba el sindicalismo» y que «Dios quiere al hombre unido». Dios no quiere la dispersión». A pesar de los importantes esfuerzos de la Iglesia, los propietarios de haciendas y empresas (apoyados por los militares en el poder) siempre vieron con malos ojos cualquier intento de organización popular, tanto en el campo como en la ciudad. La acusación era fácil: comunismo. Y eso se consideraba una amenaza para la democracia y justificaba su destrucción por cualquier medio.
Monseñor Romero relacionaba la fe en el Dios de la vida con la organización popular. La razón que menciona en la cita sobre la que reflexionamos es que no se conviertan en «masa explotable fácilmente». En otra ocasión, monseñor dijo que la Iglesia no quiere que la gente sea «masa», sino «pueblo consciente y esperanzador». Por eso, en nombre de Dios, alienta al pueblo a organizarse para «defenderse mutuamente en sus derechos». Recordemos cómo Moisés tuvo que organizar al pueblo (incluso con una ley de marcha y los diez mandamientos fundamentales) para que pudieran tomar posesión de la tierra prometida, y cómo los jueces organizaron a la población en función de las diferentes tareas y retos.
Ahora bien, en la actualidad, los idólatras del poder y de la riqueza han instrumentalizado el sindicalismo. Dejaron de combatirlo y de asesinar a sindicalistas, pero aprobaron nuevas leyes que facilitan la creación de nuevos sindicatos, incluso en las mismas empresas e instituciones del Estado. Lo que buscaban era que el sistema organizativo sindical fuera un instrumento de división entre la población trabajadora. Ahora contamos con centenares de sindicatos que responden en primer lugar a intereses político-partidistas, a compromisos con los empresarios o con el gobierno de turno, pero débilmente a los verdaderos intereses de la clase trabajadora.
Monseñor Romero explica que «Dios también se encargará de proteger la justicia de las reivindicaciones de las organizaciones». Cuando las reivindicaciones de ciertos sindicatos no respondan a la justicia, sino a intereses ajenos, Dios no estará presente. Es un tema sobre el que hay que reflexionar profundamente. Las cúpulas y las élites de los partidos políticos y de los gremios empresariales siempre tratan de «utilizar» a las organizaciones de masas. Del mismo modo, los líderes (a veces durante muchísimos años) de organizaciones «populares» (sindicatos, cooperativas, movimientos ecologistas, etc.) responden a intereses particulares. Por eso es urgente retomar lo que menciona Monseñor Romero: «Dios quiere al hombre unido. Dios no quiere la dispersión». El pueblo ha expresado y gritado tantas veces en su lenguaje: el pueblo unido jamás será vencido. Monseñor nos recuerda que Dios nos convoca, nos reta a unirnos y a superar los divisionismos para luchar juntos por el Reino de Dios.
En América Latina estamos viviendo un nuevo período en el que las derechas (y extremaderechas) llegan al poder a través de elecciones. A veces con un mínimo de votos de diferencia y otras con un gran apoyo electoral, una nueva ola de gobiernos de derechas ha llegado al poder. Son gobiernos amigos de Trump y fácilmente manipulables por él. Anuncian nuevas épocas de prosperidad gracias al fortalecimiento del sistema neoliberal, mano dura contra la violencia, eliminación de todo lo relacionado con la diversidad de género, manipulación religiosa para mejorar y mantener su imagen «mesiánica», idolatría del dinero y de la inteligencia artificial en manos de unos pocos, etc.
En este contexto, la voz de monseñor Romero vuelve a resonar con toda su fuerza profética evangélica. Nuestros pueblos están más que divididos. Los pueblos tienen todo el derecho a organizarse para defenderse mutuamente y conquistar sus derechos más elementales a una vida digna en todas sus dimensiones. En América Latina, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, la Iglesia fue uno de los motores que impulsaron la movilización popular en la lucha por la justicia y el derecho a la vida. Sin embargo, posteriormente, la Iglesia en su conjunto se ha retirado hacia temas y preocupaciones intraeclesiales. Por supuesto, hubo y hay excepciones de compromisos personales y grupales, como, por ejemplo, el de los curas de la Iglesia de los pobres y experiencias de comunidades eclesiales de base. Nos urge volver a escuchar a monseñor Romero en la Iglesia para que tomemos en serio el compromiso de escuchar el grito de los pobres (que siguen siendo la mayoría) y acompañarles de forma activa en sus procesos de concienciación y organización popular.
En Europa, el poder de la extrema derecha sigue creciendo y se impone la idolatría de las ideas nacionalistas culpabilizando a los migrantes y refugiados del estancamiento económico. Nuevas leyes excluyen a quienes huyen de la violencia y el hambre en sus países (que en no pocas ocasiones son consecuencias de la colonización europea). También en Europa urge escuchar la llamada de Monseñor Romero en defensa del derecho a organizarnos y a unirnos en favor de la justicia económica y social. El mundo arde cada vez más, mientras tanto caemos en la tentación de mirar las llamas sin hacer nada. ¿Dónde quedaron las grandes manifestaciones con centenares de miles de participantes? ¿Dónde están las iglesias que tienen la misión de ser fermento en los procesos de construcción de justicia para los más vulnerables?
Monseñor Romero quiere despertarnos y motivarnos para que asumamos nuestra responsabilidad histórica ante los acontecimientos y procesos de derechización, exclusión, guerra, etc.
Cita 13del capítulo I (Dios) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”
Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia”. Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?”.
Le respondieron: “Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo”. Jesús agregó: “¿No han leído nunca en las Escrituras: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos”? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos” (Mateo 21, 33-43).
Jesús anuncia el reino de Dios por medio de parábolas que dirige a la multitud o a sus discípulos, pero también a los escribas, fariseos, sumos sacerdotes y ancianos. Esta parábola parece que la dirige a estos últimos que se creen destinatarios de las promesas de Dios y, sin embargo, no aceptan la palabra de Jesús con su anuncio del cumplimiento de estas promesas.
La parábola se refiere a un propietario que planta una viña y la arrienda a unos viñadores. Cuando llega la cosecha envía a sus siervos para cobrar los frutos, pero dichos viñadores se apropian de aquella viña y golpean y matan a esos siervos. Una vez más el propietario envía otros siervos y corren la misma suerte.
Finalmente envía a su propio hijo, creyendo que a él lo respetaran. La parábola indica que los viñadores lo reconocen como el “heredero”, es decir, saben que será el propietario. Sin embargo, en lugar de respetarlo, lo matan para quedarse con la viña. Es fácil entender que Jesús se está refiriendo a las autoridades judías que se están apropiando de la ley y el culto, usándolo para su beneficio y, están rechazando a Jesús, el
“hijo”, al que llegarán, efectivamente, a asesinarlo con la muerte en cruz.
Como en toda parábola, después de relatar el ejemplo, Jesús hace la pregunta que interpela a los oyentes: ¿qué creen que hará el propietario con aquellos viñadores? Es obvia la respuesta y así contestan los interrogados: el propietario acabará con esos viñadores y arrendará su viña a otros. Es entonces cuando Jesús les muestra que eso que saben, no lo ponen en práctica y, citando el salmo 118, 22: “la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”, puedes darles la enseñanza central: ellos están rechazando al Hijo y, por eso, lo que se les había dado, les será quitado y los que sí reconocen al Hijo, recibirán los frutos de la viña. En otras palabras, el pueblo de la alianza se quedará sin ella y surgirá el nuevo pueblo de los seguidores de Jesús.
Esta parábola nos interpela también a nosotros porque podemos creernos seguros de la fe que profesamos y, muchas veces, esa fe queda más apegada a la doctrina, al rito, a la norma que al evangelio con la radicalidad que lo vivió Jesús: misericordia y compasión, opción por los últimos, defensa de los más necesitados. Conviene, preguntarnos, si mantenemos la fidelidad al “Hijo”, buscando entender mejor el seguimiento al que nos llama, en lugar de hacerlo a nuestra medida, a nuestra comodidad.
El suplemento del 21 al 28 de septiembre de 2026 reúne una selección de artículos publicados en revistas internacionales sobre los principales desafíos de la Iglesia y la sociedad. Entre los temas abordados están el futuro de la Iglesia latinoamericana, la situación de las personas desaparecidas en México, los abusos contra religiosas en África, la diplomacia vaticana, la inteligencia artificial y la necesidad de formar sacerdotes para una Iglesia verdaderamente sinodal.
Te invitamos a leer esta selección de análisis y reflexiones que ayudan a comprender los debates actuales y los caminos de transformación de la Iglesia.
En Ciudad de Guatemala, este pasado 18 y 19 de septiembre, el equipo de Centro Bartolomé de las Casas – Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras), junto con personas colaboradoras y nuestra entidad hermana Amerindia El Salvador, participamos de las Jornadas teológicas del Núcleo Mujer y Teología (Guatemala), que esta vez contó con los aportes de nuestras entrañables Elsa Tamez e Ivone Gebara, grandes puntales para nuestros marcos teóricos, narrativas y prácticas en Centroamérica.
Los planteamientos filosóficos y epistemológicos de Ivone siguen vigentes y urgentes, en cuanto a la creciente preocupación por nuestro ambiente, entorno, la naturaleza en su más pura vinculación con el bienestar de la Humanidad, desafiando nuestros más profundos planteamientos y creencias sobre lo sagrado, la ética y la política desde lo cotidiano. La Biblia, en cuanto palabra que es considerada sagrada y normativa por millones de personas, fue abordada en dos de sus narrativas: el Cantar de los Cantares y la carta a Filipenses por Elsa, una de las eminentes interprétes latinoamericanas. Su fue abordaje riguroso y prolijo, al mismo tiempo contado de manera muy concreta, abriendo horizontes interpretativos sobre la ética de los cuidados que ayuda a cimentar ese necesario horizonte de sentido que necesitamos en estos tiempos de retrocesos, extractivismo de recursos, marginación de grandes poblaciones y riesgo global.
Agradecemos a las compañeras del Núcleo Mujer y Teología por abrir a la participación de nuestro colectivo intergenérico y esperamos seguir tejiendo juntas más acciones y espacios de diálogo.
Es interesante – e importante – pero no me detendré en eso, la centralidad que en tiempos de Teresa se daban a las obras, los méritos, la obediencia, es decir, lo “religioso”. Importante porque ayuda a mostrar su creatividad, su osadía, su libertad, su docilidad al Espíritu Santo, su encuentro con el Evangelio…
Pero dejando eso de lado, entonces, me llama la atención como ella cambia el eje y pone toda su mirada en el amor. Curiosamente, si miramos los Evangelios sinópticos el término amor / amar no es tan importante. Veamos brevemente:
En Marcos la raíz agap— [amor, amar…] se encuentra 8 veces; en 3 se señala que Jesús es el “hijo amado” de Dios y en las restantes, 3 en el diálogo de Jesús con el escriba sobre el mandamiento mayor para los judíos, y se señala que Jesús ama la respuesta inicialmente positiva del rico En Lucas se encuentra 16 o 17 veces, dos (o tres, según una variante textual) refiriendo al “hijo amado” de Dios, una vez en relación al mandamiento principal, 6 veces sobre el amor a los enemigos, tres veces en un sentido común (amar al pueblo, amar ser saludado, amor de esclavo a un amo), tres en relación al perdón y una señalando la centralidad del amor y la justicia (11,42). En Mateo la encontramos 12 veces, varias están en común con Lucas, seguramente tomadas de la fuente que tienen en común [Q]: el amor a los enemigos (3x), el amor del esclavo, y tomadas de Marcos, el hijo amado de Dios (2x), el mandamiento principal (2x), una cita de Isaías sobre el “Siervo amado”, la importancia del amor “al prójimo” y una referencia escatológica que con el crecimiento de la maldad se “enfriará” el amor de muchos… Como es fácil de imaginar, en Juan el tema crece exponencialmente (y ninguna de estas citas anteriores se encuentra en el Cuarto Evangelio); ¡la encontramos 43 veces! Lo interesante es que en la primera parte del Evangelio (1-12) solo se encuentra 8 veces mientras que el amor ocupa un lugar central en toda la segunda parte (13-21), en la que Jesús se manifiesta abiertamente. Así comienza solemnemente: “habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo” (13,1). El amor se presenta como mandamiento, porque se invita a los herederos de Jesús a recibir su testamento; vivir como él vivió los transforma en tales. Precisamente por eso, el discípulo ideal se presenta como “discípulo amado”. Salvando Juan, entonces, difícilmente se podría decir que el amor es el corazón del seguimiento de Jesús y que nada hay sin amor.
Si miramos san Pablo [y los escritos de la tradición paulina] algo cambia, pero hay que decir que Teresa se concentró mucho más en los evangelios que en el Apóstol (a modo meramente estadístico, en La Bible avec Thérèse de Lisieux [Cerf – DDB 1979], por ejemplo, los textos en los que Teresa cita a Mateo ocupan 36 páginas, en Marcos 11, Lucas 32, Juan 29 y ¡todo Pablo!, solo 16 páginas). En Pablo el tema es muy diferente: las palabras de la raíz agap— las encontramos en Romanos 24x, 1 Corintios 18x, 2 Corintios 15x, Gálatas 5x, Efesios 22x, Filipenses 7x, Colosenses 11x, 1 Tesalonicenses 8x, 2 Tesalonicenses 5x, 1 Timoteo 6x, 2 Timoteo 7x, Tito 1x, Filemón 5x (es decir, un total de 134 veces); obviamente de los modos y sentidos más diversos, pero ciertamente en Pablo sí ocupa un lugar central.
Pero, entonces, si Teresa no cita demasiado a Pablo, pero sí los Evangelios y el tema del “amor” es mucho más frecuente en aquel que en estos, ¿de dónde toma Teresa la centralidad del amor?
Me parece entender que el proceso que sigue Teresa es diferente. Ella va conociendo a Dios / Jesús y se va enamorando. Ciertamente en ese encuentro con Jesús influyen decenas de cosas: su propia sensibilidad, su experiencia y catequesis familiar (particularmente su papá), sus lecturas, en las que el Evangelio ocupa un lugar principal, como ella lo dice, su amor a algunos santos particularmente (y su no mucho amor por otros, al menos según lo que le han contado de ellos), las experiencias positivas y negativas que vive en su vida en el Convento y con las hermanas… todo ello le va permitiendo encontrarse con Jesús, pero hacerlo, además, desde su inmensa libertad: no acepta tradiciones piadosas sobre la Virgen, por ejemplo, quiere conocer “la verdad” (palabra muy importante en su itinerario espiritual), no valora tradiciones establecidas, como sacrificios y sufrimientos, no acepta cosas que “siempre se hicieron así”, muchas de las cuales, en el fondo, simulando generosidad y sacrificio esconden soberbia y orgullo, como los “actos de ofrenda a la justicia divina” que tanto miedo provocaban a muchas monjas (como a su hermana María del Sagrado Corazón).
De su padre y del jardín de Buissonnets aprendió a disfrutar la belleza de las flores, sean las más importantes o las más sencillas (algo que, poco tiempo después, también reveló Etty Hillesum). Agradar a Dios, ya no obedecerlo, mucho menos aún temerlo (es interesante la actitud de Teresa frente al miedo a Dios por parte de ciertas espiritualidades que no la atraen en nada); agradar, como agrada una flor, como la sencillez de una margarita. Así Teresa empieza a encontrarse con Dios / Jesús y a enamorarse de Él. Es aquí, en Él, más que en los textos, creo yo, que ella descubre el amor (curiosamente nunca cita 1 Juan 4,8: “Dios es amor”). Y creo que aquí radica el primer paso de su misticismo. Ella va sabiendo que así es Dios y así quiere ser. Y hacer. Con ese Dios se va encontrando – por ejemplo, en el “libro de la naturaleza” – y Él le da la clave de interpretación de todo, de los Evangelios, de los santos y la santidad, de su vida toda.
Jesús ha querido darme luz acerca de este misterio. Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que, si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florcitas… (MsA 2vº)
El excelente rabino y teólogo, Abraham J. Herschel, en su libro sobre los Profetas (1962) dice algo maravilloso: los profetas pueden hablar de parte de Dios porque tienen “simpatía” con Dios (de syn, “con” y pathos, “sentir”), es decir sienten como y lo que Dios siente en los distintos momentos; podríamos llamarlo “sintonía”. Los profetas, entonces, Teresa ahora, sienten como Dios. Su unión es tal (misticismo, fusión, como la gota de agua en el océano) que puede hablar con toda libertad porque es Dios el que habla con y en ella. Y el Dios que muestra en palabras y escritos, en actitudes y silencios se parece a ese Dios que ella ha encontrado.
El amor llama al amor. Por eso, Jesús mío, mi amor se lanza hacia ti y quisiera colmar el abismo que lo atrae. Pero, ¡ay!, no es ni siquiera una gota de rocío perdida en el océano… Para amarme como tú me amas, necesito pedirte prestado tu propio amor. Sólo entonces encontraré reposo (MsA 35rº)
Causarle placer a Dios, agradarle, permitirle descansar, jugar, sonreír… ese es el Dios con el que Teresa se va encontrando. No es el Dios patriarcal, autoritario, siempre enojado y maltratador de los humanos por sadismo o crueldad. Y ese Dios se relaciona con ella, con nosotros, desde ese su ser… Obviamente es, también, así que nos relacionamos con él. Acá empieza el amor; acá lo encuentra. Y desde el amor lee los Evangelios, lee la vida en la comunidad, y lee todo.
Cuando fue proclamada Doctora de la Iglesia, fue por reconocerse en ella:
La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Espíritu Santo, es un don, concedido a los pequeños y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y bendijo al Padre, que así lo había establecido (cf. Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26) (Juan Pablo II, Divini Amoris Scientia).
Así lo dice Teresa en medio de su crisis y su noche:
Sin mostrarse, sin hacerme oír su voz, Jesús me instruye en secreto; no lo hace sirviéndose de libros, pues no entiendo lo que leo. Pero a veces viene a consolarme una frase como la que he encontrado al final de la oración (después de haber aguantado en el silencio y en la sequedad): «Este es el maestro que te doy, él te enseñará todo lo que debes hacer. Quiero hacerte leer en el libro de la vida, donde está contenida la ciencia del amor».
¡La ciencia del amor! ¡Sí, estas palabras resuenan dulcemente en los oídos de mi alma! No deseo otra ciencia. Después de haber dado por ella todas mis riquezas, me parece, como a la esposa del Cantar de los Cantares, que no he dado nada todavía… Comprendo tan bien que, fuera del amor, no hay nada que pueda hacernos gratos a Dios, que ese amor es el único bien que ambiciono (MsB 1rº).
Creo que aquí radica la clave. No se trata de subir hacia Dios con esfuerzos, sacrificios y obras y méritos que – además – debieran ser “calculados”. Se trata de un encuentro de amor. Encuentro que no olvida que “él nos amó primero”, que para abrazar a Jesús padre-madre necesitamos que él se abaje hasta nuestra pequeñez para elevarnos (o sentarnos) en su seno. Es que “es propio del amor abajarse” y de encontrarnos con él en familia se trata. Así podemos descubrir que todo en la vida de los seguidores de Jesús debe tener que ver con el amor y nada sin él; pero para saberlo y descubrirlo todo empieza en ese encuentro, se nutre en ese encuentro y permanece en ese encuentro; “tratar de amistad”. “En el corazón de mi madre, la Iglesia ¡yo seré el amor!” Humildemente (es que “¡la humildad, es la verdad!”).
El Boletín Internacional 16 del Instituto de Teología y Política (ITP) invita a reflexionar sobre los desafíos del cristianismo frente al avance de la extrema derecha, las restricciones a los derechos de las personas refugiadas, las protestas estudiantiles en Chile y la defensa de la compasión como principio universal.
A través de distintos análisis, la publicación plantea la necesidad de una fe comprometida con la justicia, la solidaridad, la dignidad humana y la transformación social.
Te invitamos a leer el boletín completo y profundizar en estas reflexiones sobre el papel de la fe ante los desafíos políticos y sociales de nuestro tiempo.