InicioNoticiasArtículoContemplar o ser contemplativo

Contemplar o ser contemplativo

Ser contemplativo requiere que nuestro «yo» disminuya y que nuestra intimidad personal crezca.

Hay una realidad en la vida del cristiano que es necesario tener en cuenta: la contemplación. Contemplar es un acto de conocer que supera el conocer conceptual, con el que conocemos todos nosotros en el día a día. Todos tenemos el mismo concepto cuando decimos, por ejemplo, perro o fuego.

El conocer conceptual es el adecuado para entender el universo, lo que hay fuera de nosotros, y para comunicarlo a los demás. Pero la realidad así conocida no es real, está sólo en nuestra mente.

Fuera de nuestra mente lo que hay es movimiento y con el conocer conceptual “paramos” el movimiento, es decir, conocemos como fotogramas, pero no conocemos la realidad en movimiento. Este conocer conceptual es el conocimiento científico, aquél que se aplica para alcanzar el enorme desarrollo técnico al que hemos llegado en el siglo XXI. Las matemáticas son un conocimiento conceptual generalizante, que nos permite escribir en una fórmula una complejidad tan grande como la teoría de la relatividad. Pero el número no existe fuera de nuestra mente.

Contemplar es un conocer distinto. Todos hemos tenido la experiencia de ver un museo acompañados por un guía. Al principio el cuadro puede no decirnos nada, pero con un experto apreciamos muchas cosas que antes no eran evidentes y así hemos aprendido a contemplar el cuadro. También podemos contemplar un eclipse, una puesta de sol, el mar, etc. Aquello que nos brinda el Creador y que nos produce una emoción superior al simple mirar. Pero esto no es contemplar a Dios.

Lo que sí afirma Polo y no lo afirman la mayoría de las corrientes filosóficas, es que el inteligir humano no tiene límite, es decir: podemos conocer al Creador.

Cuando intentamos conocer al Creador con la razón objetiva, lo conocemos como un objeto mental y así, decimos que es Uno, Verdadero, Bueno y Bello, siendo todos estos atributos cosas que pensamos de Él, pero que no son Él: ÉL ES.

Polo nos dice que hay otra forma de conocer que es el conocimiento habitual y que si aplicamos el hábito de los primeros principios, que todos tenemos innato, podemos, con el principio de identidad, advertir que existe un ser que es Idéntico a sí mismo y que es el Origen de todas las cosas, sin ser Él una cosa: Es la Identidad Originaria, el Acto puro.

Esta forma de conocer con los hábitos es la adecuada al hombre para conocer lo superior y para conocerse a sí mismo. Si no pudiéramos superar el Límite Mental (así denomina Polo a usar solo el conocimiento conceptual) sólo nos quedaría la fe como conocimiento superior a la razón y esto es el fideísmo, contra el que luchó toda su vida Benedicto XVI.

En este caso, los contemplativos serían sólo aquellos que han recibido esa fe, lo cual nos podría llevar a la conclusión de que los demás mortales no pueden conocer a su Creador sino es por la sola fe. También cabe usar el sentimiento para contemplar a Dios como una puesta de sol o un eclipse: algo efímero.

Pero eso no es ser contemplativo. Ser contemplativo es conocer a Dios como Él ES: fuera del tiempo. Contemplarle aquí en la tierra es comenzar a vivir en la eternidad. Es un camino que podemos recorrer para el cual necesitamos el hábito de la Sabiduría, no el conocer enciclopédico, ni el conocer de la IA. Ese conocer habitual es un conocimiento directo que no requiere de la presencia mental.

Este camino, que está abierto a todos, requiere el esfuerzo mental de encontrase a solas con Dios en lo más profundo de nuestro ser, en la Intimidad Personal. Así podemos reconocerle como Padre: siendo nosotros sus hijos. Conocerle con el hábito de la sabiduría, que es “el conocer personal” 1 , es conocer sin el límite mental. Conocer como conocían a Dios Adán y Eva antes de querer ser “como Dios”: cara a cara.

Ese encuentro personal es donal, no es posesivo como el que tenemos con nuestra voluntad, y también es aceptación que se establece como una dualidad entre la intimidad personal humana y la Intimidad Divina. Es el “juego” del amor que se da en la libertad trascendente al conocerse dos personas. Es entrar en la Intimidad Trinitaria donde, como decía santa Teresa, el “alma se engolfa” con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Todos los santos han sido contemplativos, unos a través del martirio y otros a través de la oración contemplativa. El santo cura de Ars pasaba muchas horas delante del sagrario y una vez le preguntaron qué decía, a lo que respondió: yo le miro y Él me mira.

En todo caso, ser contemplativo requiere que nuestro “yo” disminuya y que nuestra intimidad personal crezca, para que el encuentro entre esas dos personas sea en libertad. Es un encuentro de “sies”; de un futuro no desfuturizable, en palabras de Polo. Y eso puede comenzar ya en esta tierra.

Ser contemplativo no es una cuestión de voluntad, ni de sentimientos, sino de cambio interior para conocerle a Él como es Él, porque conviene recordar, como dice Polo, que la persona es un acto de ser co- existente: Ser-con Él, crecer con-Él y vivir con-Él.

Un santo moderno, San Josemaría, nos invita a ser contemplativos en medio del mundo, novedad santificadora. Toda una labor por hacer.

  • (1) Para Leonardo Polo existen tres trascendentales personales, propios del ser personal, es decir de Dios, del ángel y del hombre, que son: la libertad trascendental, el conocer personal y el amar personal.

https://www.religionenlibertad.com/espiritualidad/261022/contemplar-contemplativo_120544.html

 

Últimas noticias

Voces

Multimedia