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Domingo 29 Tiempo ordinario – Ciclo A – Mt 22, 15-21 – 18.10.2026

El evangelio de este domingo nos presenta una vez más el clima de hostilidad y de confrontación en el que se ve envuelto Jesús, con planteos que buscan hacerlo caer en una trampa, por parte de quienes consideran que su modo de vivir y predicar es un peligro para sus propios intereses. Esta vez el tema en cuestión es el deber de pagar o no los impuestos al imperio. Sabemos que para el pueblo de Jesús el pago de tributos a los romanos era motivo de inmensos esfuerzos, incluso de la pérdida de lo poco que tenían y hasta de esclavidad, cuando no podían pagar. Por tanto, un tema sumamente sensible a la hora de responder la pregunta que le hacen los fariseos y herodianos.

Pero Jesús no entra en esa confrontación interesada, que lejos de buscar la verdad y la justicia sobre esta situación, sólo pretende quitarlo del medio. No es que él se desinterese de lo que vive la gente a causa de ese sistema de tributos y controles a los que está sometido. Todo lo contrario. Conocemos otros textos donde Jesús claramente denuncia las pesadas cargas puestas en las espaldas de los pequeños, o el modo en que los poderosos hacen sentir su autoridad. Pero en medio de esta situación de confrontación en la que lo ubican, se enfoca en lo que es realmente importante: no encerrar a Dios que quiere la vida en abundancia para todos y todas, en la lógica de los dominadores que sólo pretenden sacar tajada a costa de los más débiles.

Hoy vivimos bombardeados de discusiones de todo tipo, que exigen tomar postura a favor o en contra, olvidando la referencia fundamental: la vida de las personas.

Enfrentamientos que se cuelan en nuestras relaciones más cercanas de familia, de amistad, de barrio, potenciando rupturas que se vuelven muchas veces irreconciliables, y que van dejando el sabor amargo de que no hay nada por hacer, que hay que resignarse a lo que nos toca, que no hay salida posible. Pero la buena noticia del evangelio nos recuerda una verdad fundamental: miren que Dios no es el césar, que lo de Dios es otra cosa. Que por debajo de las discusiones que apabullan con discursos violentos, incapaces de escuchar lo diferente, la vida puja por abrirse camino de formas más dignas para todos y todas y pide creativamente y desde abajo, nuestra colaboración. Que es posible, juntos con otros, soñar y concretar otras formas de vivir y convivir desde lo que constituye nuestra verdadera imagen: ser hijos y hermanos.

Que seamos capaces de escuchar comunitariamente por dónde el Espíritu nos propone colaborar para hacer posible, en los espacios cotidianos y pequeños, un modo de convivencia más justa y esperanzada, a imagen del Dios Comunidad.

 

“Jesús, então, lhes disse: ‘Dai, pois, a César o que é de César ea Deus o que é de Deus’”

29º Domingo do Tempo Comum, com Padre José Oscar Beozzo No Evangelho deste domingo (Mt 22, 15-21), somos levados ao cenário do Templo de Jerusalén, onde a hostilidade contra Jesus cresce a cada dia. Vemos aquí una união inusitada e hipócrita: os fariseus, defensores da lei judaica e opositores da dominação romana, juntam-se aos herodianos, partidários do rei Herodes e colaboradores do Império Romano. Esses grupos, históricamente inimigos, aliam-se com o único propósito de armar una cilada para encurralar a Jesús. Antes de fazerem a pergunta embaraçosa, usam de adulação e elogios falsos: “Mestre, sabemos que és verdadeiro e que ensinas o caminho de Deus segundo a verdade, sem te deixares influenciar por ninguém…”. Em seguida, lançam a armadilha de caráter político e econômico: “¿É lícito ou não pagar o imposto a César?”. Para a situação da época, o dilema parecia perfeito e colocava Jesus num beco sem saída: Se respondesse “sim”, seria visto pelo povo judeu como um traidor da nação, um cúmplice da opressão romana e do tributo injusto imposto à população. Se responde “não”, seria inmediatamente denunciado aos romanos como un sedicioso, un subversivo y un agitador político peligroso. Jesus, porem, percebendo a malícia ea falsedade daqueles homens, não se deixa aprisionar pelo jogo ideológico destas duas facções. Pede que lhe mostrem a moeda do imposto, o denário de prata, e faz uma pergunta direta: “¿De quém é esta imagem e esta inscrição?”. Eles respondem: “De César”. É então que Jesús pronuncia a sentença libertadora que ecoa pela história: “Dai, pois, a César o que é de César ea Deus o que é de Deus” (Mt 22, 21). Com essa resposta sagaz, Jesus evita a cilada e nos ensina o verdadeiro sentido do dever cristão e da soberania de Deus: A César o que é de César: A moeda de prata trazia gravados a efígie eo título do imperador romano. Ela pertence ao âmbito das instituições civis. O cristão não deve fugir das suas responsabilidades sociais e civis; Deve contribuir honestamente para la promoción de la justicia, el bien común y la paz civil. • A Deus o que é de Deus: A moeda traz a imagem de César, mas a pessoa humana traz a imagem ea semelhança de Deus (Gn 1, 26-27). Dinheiro, as estruturasgobernamentais e as leis civis pertencem ao campo temporal, mas a vida humana, a consciência, a dignidade, a liberdade eo coração do ser humano pertencem única e exclusivamente a Deus. Nenhum Estado, nenhum imperador e nenhumgobernante têm o direito de se apossar do ser humano ou de se colocar no lugar do Criador. Um dos grandes perigos do nosso tempo —de todos os tempos— é colocar a religião a serviço do poder político. Invocar o nome de Deus para legitimar opressões, pregar o ódio, promover divisões ou justificar a violência ea exclusão dos mais pobres é uma grave ofensa a Deus e contradiz frontalmente o Evangelho de Jesus. A fé cristã não é uma ferramenta de dominação ideológica.Deus não se deixa instrumentalizar. Pedindo a intercessão da Virgem Maria, Mãe de Deus e nossa Mãe, que na semana que passou invocamos sob o nome de Nossa Senhora Aparecida e guiados pela luz do Espírito Santo, sejamos cidadãos ativos, promotores da justiça, da solidariedade e da fraternidade em nossa pátria Louvado seja Nosso Senhor Jesus Cristo!

Genealogía de Profetas del 12 de Octubre

Si la Iglesia quiere recuperar credibilidad, debería dejar de buscar influencers religiosos obsesionados con su imagen y devolver la palabra a quienes, de Montesinos a Romero, comprendieron que evangelizar no consiste en conquistar almas, sino en liberar cuerpos, conciencias y pueblos de quienes pretenden dominar en nombre de Dios.

Son los testigos del cristianismo y la Iglesia debería rescatarlos. Porque existe una forma sutil de traicionarlos después de muertos: la domesticación hagiográfica. Consiste en conservar sus virtudes privadas, sus ayunos, milagros y devociones, mientras se diluye aquello que los convirtió en profetas liberadores. No hace falta imaginar una conspiración institucional; solo basta venerar al profeta antes que dejarse interpelar por él. Una canonización puede recuperar una memoria profética o convertirla en estampita. A Romero se le puede encender una vela y olvidar por qué lo mataron; a Pedro Claver admirarlo por su caridad sin preguntarnos qué sistema producía aquellos cuerpos esclavizados; a Martín de Porres, “fray escoba”, celebrarlo por su humildad olvidando la estratificación racista de la sociedad colonial, a la que denunciaba con esa humildad.

Bartolomé de las Casas, conmovido, lo siguió, incluso con las contradicciones de su propia conversión. Su grandeza fue pasar de encomendero explotador (lo eran también muchos curas y obispos), a profeta liberador, aún contra sus propios intereses pecuniarios. Porque su fe asoció la explotación de las víctimas al crucificado: “Muéveme el verte en una cruz escarnecido, muéveme tus afrentas y tu muerte”.  Su denuncia de la destrucción de las Indias y la farsa leguleya del Requerimiento evidenció la hipocresía de un sistema de opresión bajo la bandera cristiana. La Iglesia contemporánea ha evolucionado al reconocer bulas usadas para legitimar la conquista y en contra de la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas, repudiando expresamente la denominada “Doctrina del Descubrimiento”, síntesis de la ideología conquistadora.

Evangelio y Colonialismo
Evangelio y Colonialismo | P&P

También la Escuela de Salamanca reaccionó . Francisco de Vitoria cuestionó que la infidelidad religiosa, una donación papal o la pretensión imperial otorgasen derecho sobre las tierras americanas, reconociendo a sus habitantes dominio y derechos naturales. No era un defensor de la descolonización en el sentido actual, ya que mantuvo algunos “títulos justos” de intervención, pero movido por la fe, inició un camino jurídico nuevo. Recuperar estos protagonistas del Reino en medio de la maldad del mundo es imprescindible para que la historia siga siendo Historia de Salvación.

Algo semejante ocurre con san Pedro Claver. Cartagena de Indias era uno de los grandes puertos americanos de la trata esclavista, la más amplia que la historia conoció. Allí, mientras una economía “de cristianos”, consideraba normal comprar y vender seres humanos, Claver decidió llamarse “esclavo de los esclavos para siempre”. Subía a los barcos, atendía enfermos, alimentaba, curaba heridas y defendía la dignidad de quienes habían sido convertidos en mercancía. No fue un abolicionista según las categorías actuales. Pero su vida era una denuncia en carne viva: si aquellos hombres eran hermanos en Cristo, la estructura que los trataba como cosas era aberrante.

Y está Martín de Porres, hijo de español y mujer negra, atravesado él mismo por las jerarquías raciales de la sociedad colonial. La tradición devocional lo convirtió con facilidad en modelo de humildad, lo cual es verdadero pero insuficiente. Su vida fue también una contestación práctica a una sociedad que distribuía dignidades según origen y color. Juan XXIII, al canonizarlo, vinculó expresamente su memoria con una caridad universal “sin distinción de color o raza”. Recuperar hoy a Martín exige posicionarnos de otro modo frente al racismo y las nuevas clasificaciones sociales que fabrican periferias.

Aquí vuelve la amenaza de la domesticación. San Óscar Romero puede convertirse en una hermosa figura de bondad episcopal si olvidamos que fue asesinado después de afirmar que “no hay nada tan importante como la vida humana, sobre todo la persona de los pobres y oprimidos”. Jon Sobrino advirtió sobre el riesgo de “matizar” la opción por los pobres cuando esta deja de provocar. Romero no murió por ser cordial con los pobres, sino porque su sufrimiento modificó su ministerio y su palabra terminó siendo intolerable para quienes necesitaban silencio religioso y cómplice alrededor de la injusticia.

Romero
Romero | P&P

Ignacio Ellacuría llevó aquella intuición hacia la propuesta de una “civilización de la austeridad compartida”, no como universalización de la miseria, sino como alternativa a una civilización de la acumulación, proponiendo que la satisfacción universal de las necesidades básicas y la solidaridad son los criterios de humanización del cristianismo. Aquella denuncia la pagó con sangre junto a sus compañeros de la UCA. Y en Argentina, el beato Enrique Angelelli sintetizó su modo de ser Iglesia en una frase que sigue desarmando tanto al espiritualismo desencarnado como al activismo sin Evangelio: “un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”. Fue asesinado en 1976 por quienes se proclamaban “salvadores del occidente cristiano” y beatificado como mártir en 2019.

Estos son los testigos que necesitamos recordar cada 12 de octubre para que el mundo sea mejor. No para sustituir una galería de conquistadores por otra de héroes moralmente impecables, sino para descubrir que incluso en medio de estructuras de dominación hubo personas capaces de imaginar y ser levadura de relaciones diferentes. Y eso es lo que convierte su memoria en futuro.

Porque el mundo nuevo que necesitamos no está detrás. No es una retrotopía indígena, europea, de cristiandad o nazionalista, ni el regreso imposible a una civilización pura, anterior al encuentro con los demás. Cinco siglos de mestizajes, heridas, resistencias, migraciones y aprendizajes hacen fantasioso semejante viaje para atrás. Nuestra tarea es más comprometedora: construir un encuentro de civilizaciones en el que ninguna necesite desaparecer para que otra pueda existir; donde evangelizar no signifique colonizar, donde encontrarnos no signifique apropiarnos y donde reconocer la injusticia histórica no nos condene al resentimiento, sino que nos comprometa con la reparación y la fraternidad.

Montesinos preguntó hace más de quinientos años: “¿Éstos no son hombres?”. La pregunta permanece abierta cada vez que un migrante, un pobre, un pueblo indígena o cualquier ser humano es convertido nuevamente en problema, mercancía o amenaza.

Los testigos de un mundo nuevo no están solo para adornar nuestros altares: están para recordarnos que ese mundo todavía está por construir y hacia dónde queda el Reino de los cielos.

poliedroyperiferia@gmail.com

https://www.religiondigital.org/poliedro_y_periferia-_guillermo_jesus_kowalski/genealogia-profetas-12-octubre_132_1469193.html

Em plena guerra num isralense pulsa o coração de um palestino

A humanida parece estar em plena guerra civil, dado o número de frentes de conflito, Temos a impresão de que não sabemos como sair deste caos destrutivo. O fato é que impera o ódio, a ascensão da extreema direita fascistóide, em váras partes do mundo.  Há  mottandade coletiva em vários lugares do planeta, especialemente na Faixa de Gaza, na Ucrânia e no Irã. Tais tragédias entre os humanos nos tiram todo o sentido de irmandade.

Apesar disso não morreu a solidariede e o amor até ao inimigo.O  seguinte relato,ocorrido tempos atrás, nos mantém viva a esperança de que o ser humano,por cruel que seja, ainda não perdeu sua humanidade mínima.

Mazen Julani era um farmacêutico palestino de 32 anos, pai de três filhos. Vivia na parte árabe de Jerusalém. Quando estava tomando café com amigos num bar, foi vítima  de um disparo fatal vindo de um colono judeu.

Era a vingança contra o grupo palestino do Hamás que,  pouco antes, havia, por um homem bomba, matado inúmeras pessoas de uma discoteca. O projétil entrou pelo pescoço de Mazen e lhe estourou o cérebro. Levado imediatamente para o hospital israelense mas chegou já morto.

Eis que algo surpreendente aconteceu.O clã dos Julani decidiu aí mesmo nos corredores do hospital, de entregar todos os órgãos do filho morto: o coração, o fígado, os rins e o pâncreas para transplantes a doentes isaelenses. O chefe do clã esclareceu em nome de todos que este gesto não possuía nenhuma conotação política. Era um gesto estritamente humanitário.

Segundo a religião muçulmana, disse, todos formamos uma única família humana e somos todos iguais, israelenses e palestinos. Não importa em quem os órgãos vão ser transplantados. Essencial é que ajudem a salvar vidas. Por isso, arrematava ele: os órgãos serão destinados aos nossos vizinhos israelenses.

Com efeito, ocorreu um transplante  do coração. No israelense Yigal Cohen bate agora um coração palestino, o de Mazen Julani.

A mulher de Mazen teve dificuldades em explicar à filha de quatro anos  a morte do pai. Ela apenas lhe dizia que o pai fora  viajar para longe e que na volta lhe traria um belo presente.

Aos que estavam próximo, sussurrou com os olhos marejados de lágrimas: daqui a algum tempo iremos visitar a Ygal Cohen na parte israelense de Jerusalém.

Ygal Cohen  vive com o coração de meu marido e do pai de meus filhos. Será grande consolo para nós, encostar o ouvido ao peito de Ygal e escutar o coração daquele que  tanto nos amou e que, de certa forma, ainda está pulsando por nós. E assim fizeram de tempos em tempos.

Não obstante a violência criminosa dos soldados israelenses arrasando  quase tudo em Gaza e no Sul do Líbano e martirizando centenas de crianças inocentes nunca se perdeu totalmente o mínimo de humanidade mostrada por este chefe do clã palestino e muçulmano.

A convicção de que somos todos membros da mesma família humana, alimenta atitudes de perdão e de incondicional solidariedade. No fundo, aqui irrompe em nós o melhor que temos: o amor que confere sentido à vida e que move, segundo Dante Alignieri da Divina Comédia, o céu e todas as estrelas. E eu diria, também o coração do clã Julani e da esposa de Mazen   e o nosso.

Pelo fato de que este gesto foi possível nos nutre o sonho de que há filhos e filhas da Mãe Terra que ainda têm coração, solidariedade e amor. Assim nem uma IA autônoma enlouquecida será mais forte que o amor. Como dizem as Escrituras dos dois Testamentos: mais forte que a morte é o amor. Efetivamente, quem tem o amor, tem tudo, a vida eterna e Deus.

Leonardo Boff escreve para a revista LIBERTA do ICL (https://www.revistaliberta.com.br) ; escreveu também O princípio de compaixão e de cuidado, Vozes 2000 (https://www.leonardoboff.org).

 

 

De Marcos a Juan

  1. La Gran Novedad

La noticia acerca de una sociedad que hubiera erradicado la pobreza entre los suyos de una vez y para siempre ocuparía la portada de todos los medios de comunicación. Conocer que lo había conseguido tras abandonar el orden injusto y establecer una nueva organización social en base a tres coordenadas fundamentales: libertad, justicia e igualdad, causaría un asombro generalizado. Y dejaría fascinado a medio mundo el saber del florecimiento de una nueva cultura que hubiera sustituido los valores tenidos por inamovibles: ‘tener’, ‘subir’ y ‘mandar’ por los de: ‘compartir’, ‘nivelar’ y ‘servir’. Los integrantes de esa hipotética sociedad habrían conseguido dar prioridad a la Vida e instalar a las personas en el lugar más destacado, el sitio que les corresponde. Tan inédito acontecimiento sería declarado sin duda como el más sobresaliente en la historia de las civilizaciones. Tal vez podría llamársele: La Gran Novedad.

Así entendió Marcos el Proyecto iniciado por Jesús el Galileo, al que denominó con la expresión: La Buena Noticia (εὐαγγέλιον; transliterado: eu-aggelion). Con ella dio título a su obra:

“Comienzo de la Buena Noticia…” (Mc 1,1).

La Buena Noticia se demostró por su realidad, la de una sociedad que erradicó la pobreza y no daba cabida ni al desprecio ni a la exclusión. Pero, eso sí, generó dudas. Ante las del Bautista, el Galileo no se anduvo con teorías, especulaciones o promesas para el mañana. Antes bien, presentó a sus emisarios la evidencia incuestionable de los hechos:

“Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Ciegos ven y cojos andan, leprosos quedan limpios y sordos oyen, muertos resucitan y pobres reciben la Buena Noticia” (Mt 11,4-5).

  1. El artículo determinado plural ‘los’ distorsiona el sentido

La mayoría de las traducciones enuncian cada uno de estos grupos humanos precedidos del artículo determinado plural: ‘los’. Hay que reconocer que de ese modo el texto queda y suena más bonito, aunque ¡bastante distorsionado y engañoso! En el original griego ¡no hay ni un solo artículo! No habla de los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos, los muertos y los pobres, sino de excluidos que han optado por una sociedad sin muros de desigualdad y con puertas abiertas de par en par a la vida. La liberación se constata; no se reduce a enunciados. La liberación o se ejecuta y se despliega en hechos comprobables o no lo es. Se percibe en las propias carnes. Requiere la decisión de sacudirse el orden opresivo y sentir cómo alcanza hasta los huesos el disfrute de una vida en libertad.

El mensaje que los emisarios han de transmitir a Juan no es una teoría, sino la realidad de la que han sido testigos (“lo que estáis viendo y oyendo”). El texto deja claro que la Buena Noticia no anuncia una sociedad caracterizada por prestar ayuda a los pobres. Proclama la alternativa social donde quienes habían sido ciegos, cojos, leprosos, sordos, muertos y pobres dejan de serlo y acceden a tener una vida digna de llamarse vida. Porque en el orden establecido, la fábrica que hace pobres, la Vida brilla por su ausencia; en el Proyecto del Galileo, resplandece.

El cuarto evangelio, salido de la experiencia de una comunidad de adheridos a dicha alternativa, reflexiona sobre ella y pone en boca del Galileo lo que ese colectivo humano comprobó por sí mismo:

“…el que me sigue no caminará en la tiniebla, tendrá LA LUZ DE LA VIDA” (Jn 8,12b).

Con ese nombre elegido por Marcos: Evangelio (Buena Noticia) se conocen también los textos escritos más tarde, atribuidos a Mateo, Lucas y Juan. Basta una lectura superficial de esos cuatro evangelios para comprobar que existen diferencias entre ellos; en especial entre los tres primeros y el último. El pionero fue Marcos. Es también el más corto. Una vez consolidado, debido a su aceptación y expansión por diversas comunidades, fue recogido como fuente principal por Mateo y Lucas. Los tres, por tanto, guardan entre sí un fuerte paralelismo. Son la pedagogía de una praxis, la del Galileo, descrita en un formato, lenguaje y estilo adaptados a diferentes destinatarios. El cuarto evangelio muestra, en cambio, la profunda reflexión de una comunidad en torno a esa praxis.

  1. El personaje de “Lector”

Aunque con pequeñas y grandes diferencias entre ellos, los autores de los cuatro evangelios no pretendieron al escribirlos que fueran leídos por muchos, sino que muchos LOS ESCUCHARAN atendiendo a las explicaciones del encargado de leerlos en voz alta a las distintas asambleas. Marcos no tuvo inconveniente en asomar la cabeza como narrador para dirigir un serio aviso a ese importante personaje: el Lector.

“Cuando veáis que el execrable devastador ha puesto el pie donde no tiene que hacerlo -TÉNGALO PRESENTE EL LECTOR…” (Mc 13,14).

Resultaba imposible que los integrantes de la asamblea pudieran leer el texto. Primero, porque solo se contaba con un solo ejemplar y segundo, porque la inmensa mayoría de ellos no sabía leer ni escribir. En ese bloque de analfabetos se incluían también Pedro y Juan:

“Observando la valentía de PEDRO Y JUAN y notando que ERAN HOMBRES SIN LETRAS NI INSTRUCCIÓN…” (Hech 4,13).

Los evangelios requerían ¡y requieren!, por tanto, ser explicados con detalle. No saber leer ni escribir no impedía la comprensión de la enseñanza. La tarea de ayudar a entender el mensaje contenido en el texto competía al Lector. Su esfuerzo se concentraba en descubrir a los integrantes de cada asamblea la lógica del Proyecto de sociedad alternativa. El razonamiento resulta una ayuda imprescindible para la libertad. El Proyecto nada tiene que ver con la imposición o el engaño. Evitar la explicación o disfrazarla haciendo uso de la literalidad como argumento último e indiscutible, además de ser un recurso inconsistente, resulta una burla y un desprecio al interlocutor, así como un ataque al sentido que los autores de los evangelios quisieron transmitir con sus relatos.

La aceptación de dogmas, principios, nociones misteriosas o inabordables por la razón se sitúa en las antípodas de la función del Lector y del propósito de los evangelistas. Uno y otros quisieron mostrar a las claras las consecuencias de permanecer bajo el dominio del orden establecido y el resultado feliz para la vida de dar un paso decidido hacia la sociedad alternativa. El orden injusto, bajo el dominio del dinero, garantiza esclavitud y muerte. La Buena Noticia ofrece libertad y vida. El evangelio de Juan hablará en un caso de “Tiniebla”; en el otro, el referido al Proyecto del Galileo, de “Luz”. La Tiniebla oculta la salida y genera cadáveres andantes; la luz alumbra el camino e invita a vivir.

  1. La “fe” como “adhesión sin reservas”

Para hablar de la respuesta positiva al Proyecto anunciado por la Buena Noticia, Marcos y los otros dos sinópticos utilizan el término: “fe” (πίστις). Ahora bien, la fe para ellos no es un asentimiento respecto a ideas, principios, voluntades o reconocimiento de seres de existencia indemostrable. Lejos de tal pensamiento generalizado, la fe significa el acercamiento real, la aceptación y la adhesión sin reservas al Proyecto del Galileo. La fe no consiste en profesar unas ideas o creencias. Tener fe se identifica con aceptar una manera de vivir. Lejos de ser algo pasivo, la fe responde a una dinámica decidida a superar lo establecido asumiendo los riesgos extremos que provoca su trasgresión. Un caso modelo es el del relato de la mujer que se desangraba (Mc 5,24b-34).

Lo contrario a la fe no se identifica como ateísmo, irreligiosidad o agnosticismo. Su opuesto es lo que la mujer logró superar: el miedo que provoca la parálisis.

El cuarto evangelio prescinde del uso del término griego πίστις (‘fe’). Utiliza, en cambio, el verbo (πιστεύω). Este verbo griego, que Juan emplea en casi cien ocasiones, tiene siempre una significación dinámica. Indica una adhesión firme. Es corriente y erróneo su uso en nuestras lenguas traducido por ‘creer’ y acompañado de la preposición ‘en’ que le confiere un sentido estático: ‘Creer en’. Juan, por el contrario, asocia el verbo a otra preposición (εἰς; transliterado: eis) con significación activa. Esta preposición no implica quietud, sino movimiento ‘hacia’. Y exige traducir, precedida del verbo πιστεύω, no por ‘creer en’, sino por: ‘adherirse a’.

Sirva como ejemplo la lectura de Jn 1,12 en algunas traducciones en comparación con la de Juan Mateos:

“Más a cuantos le recibieron dióles poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre” (Nácar-Colunga).

“Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Biblia de Jerusalén).

“En cambio, a cuantos la han aceptado, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios: a esos que mantienen LA ADHESIÓN A su persona” (Juan Mateos).

El Galileo proclamó la Buena Noticia anunciando la posibilidad de salida desde la Tiniebla a la Luz. Su Proyecto obvió la resignación, libró de la debilidad crónica y puso la Vida al alcance de la mano. Bastaba solo dar adhesión a su Proyecto:

  1. El “Logos” como “Mensaje” y “Proyecto”

Bien para referirse a la exposición de la Buena Noticia o bien para dar cuenta de su inicio, su desarrollo y sus efectos, Marcos utilizó un mismo término griego: (λόγος; transliterado: logos). En un caso, logos se traduce por ‘mensaje’; en otro, por ‘proyecto’. Mensaje y Proyecto expresan dos caras de la misma realidad. ‘Mensaje’ alude siempre al Proyecto. Se trata del Logos expresado. ‘Proyecto’ supone y sugiere una exposición y explicación previa (‘Mensaje’). Pero ‘Proyecto’ indica un avance, es el Logos en sus distintas fases de realización

El término Logos aparece por primera vez en Mc 1,45. Se pone en boca de un excluido de la sociedad, un leproso. Al comprobar este que tiene las puertas abiertas en el Proyecto del Galileo, percibe los efectos de la libertad, exhibe su alegría y se lanza desaforado a proclamar el Mensaje (logos):

“…al salir, se puso a proclamar y a divulgar EL MENSAJE a más y mejor…”.

Marcos repite el término Logos referido a la Buena Noticia de la sociedad alternativa, llamada por los evangelistas “el reinado de Dios”, hasta en nueve ocasiones en la secuencia de las parábolas. A veces con el doble significado de ‘Mensaje’ y ‘Proyecto’. El Proyecto fue presentado por Jesús a la gente como una realidad humilde (‘semilla’), pero con un deslumbrante desarrollo (“…produciendo treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno”; Mc 4,8) El mensaje se esparce como en una siembra en la que, aunque algunas semillas caen en terrenos inapropiados, el grueso se reparte en buena tierra, que las acoge logrando una excelente cosecha (Mc 4,3-9). Los esfuerzos son innecesarios; basta aceptar ese mensaje para que el Proyecto arraigue y se desarrolle. Ese Proyecto es connatural al ser humano. Están hechos el uno para el otro (Mc 4,26-29). El Proyecto se inicia con una apariencia insignificante, aunque esconde una enorme potencialidad. Una vez logrado su desarrollo, se mostrará como una sociedad atrayente por su apertura y disponibilidad para dar asilo y carta de ciudadanía a todo demandante de libertad y de vida (Mc 4,30-33).

  1. Juan o los tres avances del Logos: pensado, expresado y realizado

El evangelio de Juan abre su reflexión concediendo al Logos todo el protagonismo. Los cuatro primeros versos están dedicados a marcar sus conclusiones respecto al Proyecto. El Proyecto (Logos) aparece como sujeto en esas cuatro líneas. Si Marcos enseñó dos caras del Proyecto: El Logos expresado (Mensaje) y el logos en su desarrollo (Proyecto), el autor del cuarto evangelio avanzará un paso más y presentará tres aspectos de ese Proyecto: El Logos pensado, el Logos expresado y el Logos realizado hasta su culminación.

Merecerá la pena escuchar con mucha atención esas palabras del Prólogo del evangelio de Juan.

 

 

 

Devolver al Cesar lo que le pertenece no significa dejar de vivir la caridad social

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (18-10-2026)

Los fariseos se reunieron entonces para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”. Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mateo 22, 15-21).

El evangelio de hoy nos presenta una realidad fundamental que acompañó la misión de Jesús: su ser cuestionado por las autoridades judías y, en este texto, concretamente por los fariseos. Conviene darse cuenta que los fariseos, los más religiosos de Israel, celosos del cumplimiento de la ley, se unen con los herodianos, grupo cercano a Herodes Antipas, es decir, al Imperio, con la intención de acorralar a Jesús.

En otras palabras, grupos opuestos se ponen de acuerdo por un mismo objetivo. El diálogo deja ver el interés de los enemigos de Jesús de parecer, en un primer momento, favorables a él, diciéndole que “saben que es sincero enseñando el camino de Dios, sin excluir a nadie”- Pero, en un segundo momento, le lanzan la pregunta con la que lo quieren cuestionar: “¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”. La respuesta no deja salida a Jesús. Si responde que está de acuerdo, los fariseos dirán que está a favor de Roma y en contra del pueblo y, si responde que está en contra, los herodianos contarán a Roma que él se está revelando contra el Imperio. Jesús no se deja atrapar y les llama hipócritas.

 

Además, les pide que le muestren la moneda con la que pagan el impuesto, dejando en evidencia, que los fariseos si lo pagan. Al tener el denario en sus manos, les pregunta de quién es la imagen y la inscripción que tiene la moneda. Ellos le contestan “del César”. Jesús señala su incoherencia en un doble sentido: llevan una imagen, lo cual es idolatría para Israel y admiten una inscripción que afirma la divinidad del César. La respuesta de Jesús es brillante: “den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Ese “den” no significa pagar el impuesto, sino devolver al César lo que es suyo y que no tiene nada que ver con Dios. Jesús no cae en la trampa que le habían tendido y deja, en evidencia sus malas intenciones.

El texto termina con un versículo final, que no se lee en la liturgia de hoy, sobre la reacción de los que preguntaban: “al oír esto se fueron maravillados”. Esta “admiración” la usa varias veces Mateo como respuesta de los oyentes a los signos del reino que Jesús realiza en medio de ellos. Este texto no significa que el creyente no tenga que meterse en política, como algunos aducen. Se refiere a la persecución que comienza a sufrir Jesús, desencadenando en su muerte. Por el contrario, la dimensión política de la fe es ineludible, respondiendo con independencia frente a cualquier idolatría, ideología o cohesión de los poderes políticos que ahoguen los signos del reino. Como escribió el papa Francisco en la Fratelli tutii: “la caridad social es la mejor política, entendida como servicio al bien común, integrando la economía en un proyecto humano y comunitario”.

 

Iglesia, actualidad y compromiso con los más vulnerables

El suplemento del 5 al 12 de octubre de 2026 del Instituto Bartolomé de Las Casas   reúne una selección de artículos publicados en revistas internacionales que abordan temas relevantes para la Iglesia y la sociedad.

Entre sus contenidos destacan la actualidad del papa León XIV y sus reflexiones sobre la misión de la Iglesia, la justicia y la defensa de los pobres; un análisis de Rolando Ames sobre la concentración de poder vinculada a las nuevas tecnologías y los desafíos de la inteligencia artificial; la denuncia de organizaciones humanitarias sobre la situación de la población en Gaza; y dos comentarios que invitan a reflexionar sobre el Reino de Dios, la inclusión y la dignidad humana.

Te invitamos a leer el suplemento completo y profundizar en estas miradas que conectan la fe cristiana con los desafíos sociales, políticos y humanitarios de nuestro tiempo.

En plena guerra, en un israelí late el corazón de un palestino

La humanidad parece estar en plena guerra civil, dado el número de frentes de conflicto. Tenemos la impresión de que no sabemos cómo salir de este caos destructivo. Lo cierto es que impera el odio y asistimos al ascenso de una extrema derecha de rasgos fascistoides en diversas partes del mundo. Se producen matanzas colectivas en distintos lugares del planeta, especialmente en la Franja de Gaza, Ucrania e Irán. Estas tragedias entre los seres humanos nos hacen perder todo sentido de fraternidad.

A pesar de ello, no han muerto la solidaridad ni el amor, incluso hacia el enemigo. El siguiente relato, ocurrido tiempo atrás, mantiene viva nuestra esperanza de que el ser humano, por cruel que pueda llegar a ser, todavía no ha perdido su humanidad más elemental.

Mazen Julani era un farmacéutico palestino de 32 años, padre de tres hijos. Vivía en la parte árabe de Jerusalén. Mientras tomaba un café con amigos en un bar, fue víctima de un disparo mortal efectuado por un colono judío.

Se trataba de una venganza contra el grupo palestino Hamás, que poco antes había provocado la muerte de numerosas personas en una discoteca mediante un atentado suicida. El proyectil entró por el cuello de Mazen y le destrozó el cerebro. Fue trasladado inmediatamente a un hospital israelí, pero llegó sin vida.

Entonces ocurrió algo sorprendente. El clan de los Julani decidió, allí mismo, en los pasillos del hospital, donar todos los órganos de su hijo fallecido: el corazón, el hígado, los riñones y el páncreas, para ser trasplantados a pacientes israelíes. El jefe del clan aclaró, en nombre de todos, que aquel gesto no tenía ninguna connotación política. Era un acto estrictamente humanitario.

Según la religión musulmana, explicó, todos formamos una única familia humana y todos somos iguales, israelíes y palestinos. No importa a quién se trasplanten los órganos. Lo esencial es que contribuyan a salvar vidas. Por eso, concluyó, los órganos serían destinados a nuestros vecinos israelíes.

Y así fue: se realizó un trasplante de corazón. En el pecho del israelí Yigal Cohen late ahora un corazón palestino, el de Mazen Julani.

La esposa de Mazen tuvo dificultades para explicarle a su hija de cuatro años la muerte de su padre. Simplemente le decía que su papá se había ido de viaje muy lejos y que, cuando regresara, le traería un hermoso regalo.

A quienes se encontraban cerca, les susurró con los ojos llenos de lágrimas: «Dentro de algún tiempo iremos a visitar a Yigal Cohen, en la parte israelí de Jerusalén».

«Yigal Cohen vive con el corazón de mi marido y del padre de mis hijos. Será un gran consuelo para nosotros acercar el oído al pecho de Yigal y escuchar el corazón de aquel que tanto nos amó y que, de alguna manera, todavía sigue latiendo por nosotros».

Y así lo hicieron, de vez en cuando.

A pesar de la violencia criminal de los soldados israelíes, que arrasan casi todo en Gaza y en el sur del Líbano y martirizan a cientos de niños inocentes, nunca se ha perdido por completo ese mínimo de humanidad que puso de manifiesto el jefe de aquel clan palestino y musulmán.

La convicción de que todos somos miembros de una misma familia humana alimenta actitudes de perdón y de solidaridad incondicional. En el fondo, aquí irrumpe lo mejor que llevamos dentro: el amor que da sentido a la vida y que mueve, según Dante Alighieri en la Divina Comedia, el cielo y todas las estrellas. Y yo añadiría que también mueve el corazón del clan Julani, el de la esposa de Mazen y el nuestro.

El hecho de que este gesto haya sido posible alimenta nuestro sueño de que todavía existen hijos e hijas de la Madre Tierra que conservan el corazón, la solidaridad y el amor. Así, ni siquiera una inteligencia artificial autónoma que haya perdido el control será más fuerte que el amor.

Como dicen las Escrituras de ambos Testamentos: más fuerte que la muerte es el amor. En efecto, quien tiene amor lo tiene todo: la vida eterna y a Dios.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br). Es también autor de El principio de compasión y cuidado, Editorial Vozes, 2000 (https://www.leonardoboff.org).

 

Levantamientos y revueltas : emergencias sociales y nuevas narrativas ciudadanas en América Latina desde el marco analítico de Georges Didi-Huberman

Este artículo presenta una reflexión en torno a lo que han representado las emergencias sociales y las llamadas “revueltas sociales” que se han movilizado en América Latina en los últimos años, y que no solo están referidas a la coyuntura de la emergencia sanitaria; van más allá, involucran diversos actores, expresiones simbólicas, culturales, políticas y estéticas. Las “revueltas”, sus protagonistas y sus expresiones toman un lugar en este texto, para observarse desde un lugar conceptual, social, cultural y político: las revueltas pueden leerse como una crisis de ilusiones y hastío con la modernización ofrecida por el orden neoliberal; como expresiones psicosociales que hicieron emerger imaginarios colectivos de resistencia y de proyecto. En la producción académica y la evolución política de 2023—2026, este artículo incorpora tres dimensiones nuevas: la crisis de institucionalización del ciclo posrevuelta y la cultura política de la “era del hartazgo”; el desplazamiento de la participación juvenil desde los canales institucionales hacia los espacios digitales; y la tensión estructural entre el fracaso de la integración política y la crisis de resiliencia democrática. Sobre esta base, el artículo introduce el marco conceptual de Georges Didi-Huberman en torno al levantamiento , la desobediencia y la política performática, para interpretar en profundidad los gestos, los deseos, la memoria y la potencia de las revueltas latinoamericanas. El artículo sostiene que la “revuelta epistemológica” abierta por las movilizaciones permanece inconclusa, y que su legado continúa fermentando en la tensión persistente entre el estancamiento institucional y el descontento social; el marco de Didi-Huberman ofrece recursos teóricos irremplazables para comprender la dimensión gestual, la política de los afectos y la política de las imágenes de las revueltas, al tiempo que abre nuevos campos problemáticos para la investigación futura.

Lea el artículo completo aquí:

Elogio del “silencio”

Parece que el tema del “silencio” se ha puesto nuevamente de moda en algunos ambientes. Y no está mal que lo esté.

Y quiero pensar (y pensar antes de hablar / escribir implica “guardar silencio”). Empezamos.

Todos sabemos que una gran ciudad es “por definición” ruidosa. Así nació, en el obelisco de la ciudad de Buenos Aires, el famoso cartel (1974), “el silencio es salud”. Cartel, en su origen, totalmente razonable. Claro que, muy poco tiempo después (1976), tendría otro sentido. Terrible sentido.

Esa misma dirección adquirió otro texto, en su origen más que razonable. En la Biblia (en el libro del Qohelet) hay un texto (que después lo popularizó el grupo Vox Dei en su obra La Biblia): “hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar”, lo cual es – creo – totalmente sensato. Pero cuando los superiores religiosos le escribieron a la Conferencia Episcopal Argentina reclamando por su silencio frente a la situación nacional (a días del asesinato del obispo Angelelli), el presidente, el cardenal Primatesta, les reitera (12 de agosto 1976) que hay un “tempus loquendi” y un “tempus tacendi” … tiempo de hablar y tiempo de callar. Él entendía que “prudencialmente” (ajustar “nuestra conducta a la búsqueda efectiva del mayor bien del pueblo fiel”) era tiempo de callar. ¡Y vaya si lo hizo! ¡y cuánto!

Pero para ser justos, sería absurdo responsabilizar “al silencio”; en todo caso habría que mirar a los que callan, ¡que es otra cosa! La maravillosa chacarera “Entre a mi pago sin golpear” (Carabajal – Trullenque) lo dice claramente:

Cantor, para cantar, si nada dicen tus versos.

Ay, ¿para qué vas a callar al silencio?

Si es el silencio un cantor lleno de duendes en la voz.

Pareciera que el tema es el qué, el cuándo, el para qué, el quién… pero no el silencio.

En la Biblia, la carta de Santiago, repitiendo viejos proverbios, se aconseja

“que cada uno sea veloz para escuchar, lento para hablar” …

Y, siempre en los proverbios, se dan dos consejos aparentemente contrastantes:

No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te vuelvas como él.

Responde al necio según su necedad, no vaya a creerse que es un sabio.

Evidentemente, y nuevamente, la actitud es prudencial. En ocasiones es sensato responder, en ocasiones es sensato callar.

Es verdad que todos podemos errar nuestro juicio prudencial y, después, con el paso del tiempo, podemos ver que hubiera sido preferible, o sensato, tomar la actitud contraria… En una mirada histórica, obviamente, se evaluarán los elementos con los que se contaba y cuáles fueron los criterios por los que se tomó la actitud asumida… En el caso de la Dictadura, por ejemplo, mirando las voces, numerosas, frecuentes ¡y atronadoras!, que reclamaban al Episcopado (no a obispos en particular, que, ciertamente ¡los hubo!) que asumieran otra actitud, mirando las actitudes de otros colectivos, difícilmente pueda indicarse otra actitud que la de la complicidad, o, a lo sumo, la cobardía.

El problema, en este caso, no es “el silencio” sino qué se silencia. Se silencia la muerte, se silencia el crimen, la tortura, el genocidio. Se silencia la voz de Dios. ¡Demasiado serio! Isaías habla contra los “vigías ciegos”, “perros mudos”; Ezequiel contra quienes deben hablar, pero callan siendo centinelas; Jesús contra quienes debieran cuidar al rebaño, pero huyen ante el peligro. Terrible cuando el “mayor bien del pueblo fiel” fue su muerte, su desaparición, su hambre…

Y, a todo esto, debemos señalar que “callar”, en estas ocasiones, es invisibilizar. Silenciar, invisibilizar, desaparecer son verbos demasiado graves en nuestra historia. Y, particularmente, cuando eso ocurre por parte de quienes deben nombrar, hacer visibles y presentes, ¡abrazar!, porque pareciera que nada ha ocurrido… “¡por algo será!”, “¡algo habrá hecho!”, “a mí no me pasó nada” …

El pueblo sencillo no tenía (y no tiene) la capacidad de poner nombres, poner palabras más que en su vida cotidiana, ¡en su silencio!… Pero quienes tienen “poder”, pueden (y en ciertos casos, ¡deben!) poner palabras. Y esto vale para ayer, pero vale también para hoy. Y el silencio que todavía hoy retumba en nuestro ambiente, es ciertamente atronador, ¡valga el oxímoron! El actual silencio episcopal (aunque hoy, como ayer, hay alguna “voz que clama en el desierto”) muestra que cambiarán nombres, se escribirán textos o libritos, pero la profecía sigue siendo una materia pendiente en el Episcopado. Muy “sacerdotes” parecen, bastante “reyes” también… lo de “profetas”, ¡te lo debo!

El problema no es el silencio sino quien calla, qué calla, y por qué calla. La palabra, que se hizo carne y acampó entre nosotros parece que queda para otro “tempus”.

Imagen tomada de https://www.minutouno.com/espectaculos/el-silencio-es-maravilloso-la-frase-polemica-mario-massaccesi-que-recuerda-tiempos-del-genocida-videla-n6333164