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Poema: La mesa de la Pascua

[Por: Eduardo de la Serna]

El pan y el vino en la mesa

Es imagen de comida

Es imagen de una fiesta

De la familia reunida…

 

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Triduo Pascual

[Por: Eduardo de la Serna]

La pasión según san Juan nos muestra un Jesús siempre soberano, del principio al fin es quien decide “voluntariamente” su situación;  la comunidad de discípulos –representados en su madre y el discípulo amado- están al pie de la cruz y reciben el espíritu, y todo el AT alcanza en Jesús su plenitud.

 

La presencia del ángel que interpreta el sepulcro vacío cambia totalmente la mirada de las testigas; la aparición a ellas del resucitado refuerza el encargo.

 

Una síntesis del ministerio y pascua de Jesús da pie a la predicación a los paganos, y a que se derrame sobre ellos el Espíritu dando así lugar a la absoluta novedad de la universalidad…

 

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O camponês e o sem teto

[Por: Júlio Lázaro Torma]

Jesus após a sua entrada apoteótica em Jerusalém e ter entrado no Templo. Expulsando os vendilhões, que faziam do Templo,” um espaço para grandes negócios”, barganhando a fé  do povo pobre e simples.

 

Naqueles quatro dias em pregou no Templo, perdoou e salvou a vida de uma mulher pega ou induzida ao adultério. Jantou em casa dos seus amigos Marta, Lázaro e Maria em Betânia…

 

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Una nota breve sobre el “sacerdote” en su día

[Por: Eduardo de la Serna]

Como es evidente, el término “sacerdote / cio” proviene de lo “sagrado”, lo sacro. Se trata de alguien – varón o mujer en general – que tiene una relación con lo sagrado, pero algo que, obviamente, no es “para sí”, sino para otros, sea un grupo, una comunidad o un pueblo. De allí que su servicio sea de mediador. No hay sacerdote sin “lo sagrado”, pero tampoco lo hay sin “otros”, llamémoslo “pueblo”. “Mediador entre Dios y los hombres (varones y mujeres)”, se canta…

 

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Semana Mayor: de la Cruz a la Luz

[Por: Pedro Pierre]

Los cristianos llamamos ‘Semana mayor’ y ‘Semana santa’ la última semana de vida terrestre de Jesús de Nazaret en Palestina. Fue a la vez el culmen de su vida y el fin trágico de la misma. Lastimosamente muchas creencias trastornan el sentido de la muerte de Jesús. Las 2 principales son, por una parte, que ‘Dios quiso el sacrificio de Jesús en la cruz’ y por otra, que ‘Jesús nos salva de nuestros pecados”…

 

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Noticias Iglesia Internacional: 23 al 30 de marzo (Suplemento)

[Coordina: Cecilia Tovar | IBC]

¿La Pasión y Muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos asesinas, como lo son las “crucifixiones” a que sometemos hoy a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos. Nos lo escribió claramente Juan: “La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo se hizo mediante ella, el mundo no la conoció. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron” (Jn 1,9). Lo cuenta el mismo Jesús en la “parábola de los viñadores homicidas” (Mt 21,33)…

 

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Noticias Iglesia Internacional: 23 al 30 de marzo

[Coordina: Cecilia Tovar | IBC]

El papa León XIV reiteró el martes su llamamiento para que cese la violencia en Oriente Medio, mientras que el presidente estadounidense Donald Trump anunció el despliegue de importantes nuevas fuerzas en la región y entregó un plan de paz de 15 puntos a los líderes de Irán. “Deseo reiterar el llamamiento a un alto el fuego”, dijo el pontífice a los periodistas reunidos frente a la residencia papal en Castel Gandolfo. “Insto a todas las autoridades a que trabajen verdaderamente a través del diálogo para resolver los problemas”, dijo el Papa. León hizo un llamamiento a los líderes para que “trabajen por la paz, pero no con armas, sino con diálogo, buscando sinceramente una solución para todos”…

 

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Con un Dios rey, todavía somos paganos; con un Dios crucificado, ya somos cristianos

[Por: Jairo Alberto Franco | Religión Digital]

Este día es escandaloso, comenzamos llenos de alegría agitando los ramos, gritamos que viva el rey, y terminamos aquí en la catedral, viendo que ese rey muere en la cruz, ajusticiado como un criminal; el rey resultó ser una víctima… 

 

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El retorno del otro, el encuentro con el otro: respuesta a la xenofobia

[Por: Juan José Tamayo]

Un elemento común a los partidos políticos de la derecha y de la extrema derecha, de las organizaciones sociales racistas y de los grupos religiosos fundamentalistas es el rechazo a las personas migrantes y refugiadas, a quienes se demoniza y sobre las que se elabora el discurso del odio, que desemboca en xenofobia, racismo, aporofobia y, con frecuencia, en prácticas violentas. No se trata de un fenómeno marginal, sino que está muy presente en el imaginario colectivo y en no pocas prácticas políticas incluso de gobiernos democráticos, que tienden a identificar ciudadanía con país o Estado y niegan dicha ciudadanía y el ejercicio de los derechos cívicos a quienes no han nacido en el territorio al que llegan, aunque vivan, trabajen y generen riqueza en él.   

 

La presente reflexión intenta desmontar los citados argumentos desde un planteamiento antropológico inclusivo e integrador inspirado en Emmanuel Lévinas y Ángel Gabilondo. Lévinas reconoce a la ética el estatuto de filosofía primera. Entiende por ética la responsabilidad de cada persona para con las demás; una responsabilidad que es irreemplazable e indelegable. En un texto de clara influencia lévinasiana, Umberto Eco afirma: “Cuando los demás entran en escena, empieza la ética. Son los demás, es su mirada, lo que nos define y confirma”.

 

Ahora bien, ¿quiénes son los demás? ¿Quiénes son el otro, la otra, los otros, las otras? Son el rostro, pero no en cuanto fijado en la memoria o en una fotografía, sino como realidad expresiva. Es el rostro del otro, de la otra, el que nos cuestiona e interpela, el que se torna desafío ético para nuestra subjetividad libre, y especialmente el rostro del huérfano, de la viuda y del extranjero, dirá Lévinas rememorando el mensaje ético de la legislación de la Biblia judía, que supera en radicalidad humanista y hospitalaria a no pocas declaraciones de derechos humanos actuales y, por supuesto, a muchas leyes de extranjería.

 

El otro, especialmente la persona excluida, marginada, empobrecida, es palabra, solicitud, súplica, que pide respuesta, ayuda, compasión. De ahí emana la responsabilidad para con las demás personas, que no es, por tanto, resultado de un contrato, sino fruto de la entrega, de la donación, de colocarse en el lugar del otro. A partir de aquí, Lévinas introduce en su filosofía nuevas categorías que expresan su vertiente prioritariamente ética: rostro, huella, otro, alteridad, cara-a-cara, hospitalidad.

 

Totalidad e infinito, una de las obras más emblemática de Lévinas, es, según Jacques Derrida, “un inmenso tratado de la hospitalidad”. Con dicha categoría se refiere al primer gesto, al primer movimiento en dirección al otro. “Incorporar al Otro en el discurso es […] recibir de Otro más allá de la capacidad del Yo”. En palabras del mismo Lévinas al final de Totalidad e infinito, la esencia del lenguaje es bondad, amistad y hospitalidad.

 

También la intencionalidad es hospitalidad, hasta el punto de que no existe intencionalidad sin la acogida del rostro, como tampoco existe acogida del rostro sin rectitud y justicia. Pero la hospitalidad no es una región o una parte de la ética, sino la eticidad misma. El rostro se niega a la posesión, a mis poderes, se resiste a todo apresamiento. La ética es anterior a la ontología y va más allá de ella, es anterior al Estado y a la política y va más allá de uno y otra. El ser humano no puede quedarse encerrado en su conciencia subjetiva, ni ver encallado su impulso de trascendencia “dejando al yo cautivo de sí mismo”

 

En su obra El retorno del otro Ángel Gabilondo reflexiona, en continuidad con Lévinas, sobre el retorno del otro como otro, que irrumpe de manera desconcertante e irreductible. “Vuelve de nuevo alguien otro, otro que uno mismo. Otro tan otro que propicia otra amistad, una amistad otra, la del mediodía de la vida, la de la esperanza, más que la de la expectativa, la espera de nuevos amigos”.

 

La alteridad no es pura identidad, pero tampoco pura diferencia, dice con razón Gabilondo, quien observa que es necesario crear condiciones para el retorno del otro. Solo después de una larga convivencia con el otro, recuerda citando el Banquete de Platón, después de haber intimado con él, de repente, como la luz que salta de la chispa, surge la verdad en el alma y crece espontáneamente.

 

El cara-a-cara, el encuentro del rostro y la experiencia viva de la existencia del otro están en el centro de la nueva axiología, donde la justicia se convierte en la experiencia de la alteridad absoluta. Hacer la experiencia de ser otro para los otros lleva derechamente a la alteridad y a la no-indiferencia.

 

Estas reflexiones pretenden contribuir a dejar sin fundamento antropológico la xenofobia, el racismo y la aporofobia, a deslegitimar el discurso del odio y a sustituir dichas actitudes por la hospitalidad, la alteridad, la projimidad, el respeto, el reconocimiento y la no-indiferencia hacia las personas migrantes, refugiadas y desplazadas que llegan a nuestros países huyendo de las dictaduras, las guerras y de la miseria. Son ciudadanos y ciudadanas de un mundo sin fronteras, no podemos negarles su dignidad y derechos.

 

Juan José Tamayo es emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, 2026).

Acerca de paradigmas de fortaleza y fragilidad

[Por: Néstor Casanova Berna]

Desde hace ya mucho tiempo me ha fascinado comparar dos imágenes paradigmáticas del cuerpo humano como patrón de medida de todas las cosas. En primer lugar, consideremos la ilustración de la figura vitruviana, debida a Leonardo da Vinci.

 

Esta es la figuración del cuerpo propia de la modernidad rampante del Renacimiento. Un modelo de varón, adulto joven, vigoroso y bien plantado. Seguro de sí, dispuesto a la conquista, con todo un mundo por delante, ahora sí, redondo y a la mano. En la clave de sus propias proporciones ideales lleva en sí mismo la fórmula de su aplomo. La figura es una y hegemónica: informa a toda la identidad humana. Su saber lo empodera. Y el ombligo no es sólo el centro de la figura, sino de una cosmovisión.

 

No hace mucho tiempo, un reconocido fotógrafo belga, Marc Lagrange (1957–2015), compuso una fotografía que guarda indisimulables correspondencias —críticas— con la figura vitruviana. He aquí el resultado (ver imagen que acompaña este artículo).

 

Aquí, el paradigma del ser humano tiene figura de mujer —lo que equivale a marcar semióticamente un género, y con ello, una circunstancia clave—. La muchacha parece tener una edad umbral entre la adolescencia y la primera juventud —otra marca semiótica: ¿tendrá más de 18 años?, Hm—. Apenas si se tiene en pie en equilibrio precario y no extiende sus brazos, sino que parece imprecar acerca de una fragilidad de la que participamos, ahora, como propia. No es el paradigma de una señora de su mundo, sino que el bronce de su piel pone en cuestión nuestra propia hegemonía caucásica: su cuerpo contesta, punto por punto, todas las determinaciones de la ideología aún dominante. En la época de la modernidad tardía, la fragilidad nos es constitutiva, inevitable y acaso sanadora. Nuestra es la paradigmática figura de una humanidad diversa, variopinta, circunstanciada, haciendo precario equilibrio sobre la perplejidad de un horizonte por demás oscuro. Por lo demás, el ombligo de la muchacha también aquí coincide con el centro de la composición, pero no aploma las fuerzas que operan en su derredor; apenas si todavía es un endeble centro cósmico.