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J. I. González Faus: “Toda persona está bañada por la gracia, incluso en la desgracia”

[Por: Jesús Martínez Gordo]

El 6 de marzo de 2025, a la tarde, llegó la noticia del fallecimiento de J. I. González Faus, uno de los grandes teólogos del siglo XX, al menos, en lengua española. Es cierto que estos últimos años tenía algunos problemas de salud. Y también que había ido confiando a otras personas las tareas llevadas por él. E, igualmente, que se refería con cierta asiduidad a la muerte en bastantes de sus publicaciones más recientes. Pero tengo que confesar que no esperaba este desenlace, tan repentino. Por eso, la noticia de su fallecimiento me dejó sin palabras, aturdido y sin capacidad de reacción.

 

Pasadas unas horas, me ha parecido oportuno responder afirmativamente a la invitación de un común amigo y escribir estas líneas, como agradecido recordatorio de una persona a la que el mejor homenaje que le podemos hacer es el de recordar algo de lo mucho y bueno aportado por él tanto a la Iglesia como a la sociedad.

“Los ruiseñores que cantan por encima de los fusiles”.

 

Recuerdo el desayuno compartido con José Ignacio González Faus –“Chalo” para los amigos- el 17 de noviembre de 1989 en el Centro Borja que tienen los jesuitas en Sant Cugat del Vallès (Barcelona). Era su lugar de residencia, en la que escribía y daba clases desde la que se desplazaba, a veces, a América Latina, otras, a algunos países de Europa y, con frecuencia, a muchísimos lugares de España. Era el “alma mater” de “Cristianisme i Justicia”, la fundación puesta en marcha por la Compañía de Jesús para articular la espiritualidad ignaciana, la investigación sociopolítica y económica y, por supuesto, la teología que brota del encuentro con Dios en los “otros Cristos” que, a lo largo de la historia, han sido siempre los pobres y los crucificados de todos los tiempos y también del presente.

 

Yo estaba hospedado porque me encontraba escribiendo la tesis doctoral. Al levantarme aquella mañana, me enteré del asesinato de dos empleadas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), ubicada en la ciudad de San Salvador (El Salvador), y de seis jesuitas, compañeros y amigos de J. I. González Faus. La pregunta fue inevitable: “Chalo, ¿cómo te encuentras esta mañana?”. Y su respuesta fue, citando -algo de lo que me enteré poco después- el poema “Vientos del pueblo me llevan” de Miguel Hernández: “hay ruiseñores que cantan \ encima de los fusiles \ y en medio de las batallas”. A la cita de estos versos sucedió una dolorida explicación sobre lo que estaba pasando en El Salvador y sobre la explicación de por qué se les había asesinado.

 

Dios, caricia y aguijón

 

A partir de aquel tristísimo desayuno, empecé a percatarme de que Chalo tenía una manera de ser, de vivir, de hacer teología y de relacionarse con Dios que no solo atendía a lo que estaba recogido en la Escritura o recibíamos de la tradición, sino, sobre todo, a lo que se trasparentaba de Él en la historia e, incluso, en su lado más dramático como era el asesinato de estas ocho personas en la UCA. Y si era cierto que tenía una sensibilidad especial para denunciar todo lo que fuera dolor, miseria, desolación y nuevas injusticias en la sociedad y en la Iglesia, también lo era que contaba con un sentido especial para detectar -en medio de tanta postración- la presencia de un Dios que no solo era aguijón, sino también consuelo, caricia y aliento.

 

Por eso, en medio de la tragedia de El Salvador había -con palabras de Miguel Hernández- ruiseñores que –como estas ocho personas de la UCA– cantaban por encima de los fusiles y en medio de las batallas.

 

Chalo, por muy crítico que fuera, nunca -o casi nunca- se olvidó de tener presente y poner en valor esta cercanía de Dios en medio del dolor. Y, por eso, cuando daba razón de su imaginario de Dios, era extraño que no captara la atención de los interlocutores.

 

Su antropología teológica

 

Estos últimos años he tenido la suerte de ir leyendo y recensionando una buena parte de su fecunda y abundante obra (se habla de que una posible publicación completa de la misma podría estar entre 10 y 12 volúmenes). Tengo que decir que en la revisión de “Proyecto de hermano: visión creyente del hombre” (1987.1991), probablemente, lo mejor de su larga y fecunda producción teológica -en la que ha estado más atareado y que ha venido publicando estos últimos años- no solo persiste ese imaginario de Dios, sino que lo encuentro mucho más desarrollado y, por ello, admirable.

 

Los tres libros -a mi entender, de madurez- en los que ha ido revisando su antropología teológica son “La inhumanidad. Reflexiones sobre el mal moral”, Sal Terrae, Santander, 2021; “Plenitud humana. Reflexiones sobre la bondad”, Sal Terrae, Santander, 2022 y “Llegar a ser lo que somos: hermanos”, Sal Terrae,  Santander, 2023.

 

Leyéndolos y recensionándolos -como he adelantado- he disfrutado de ese gran teólogo que era capaz de escuchar el canto de los ruiseñores en medio de tanto dolor y sufrimiento como hay en el mundo. Y al hacerlo de esta manera, mostraba que a eso nos referimos los cristianos cuando proclamamos que Dios es unión -o si se prefiere, un misterio- de caricia y aguijón.

 

Basten sus consideraciones al respecto, tomadas del primero de los libros citado, es decir, de “La inhumanidad. Reflexiones sobre el mal moral” (2021).

 

Nuestro mundo, un inmenso campo de sufrimiento

 

Nuestro mundo, sostiene Chalo en este texto, es un inmenso campo de sufrimiento en el que nos encontramos con tres clases de seres humanos: una minoría, importante, de causantes; una gran mayoría, de indiferentes y ajenos al mismo y una pequeña minoría que se dedica a aliviarlo y luchar contra ello. No queda más remedio, prosigue, que seguir preguntándose por qué un mundo así merece ser llamado humano, es decir, por qué continúa estando “empecatado”, por más que pueda molestar recuperar una palabra tan desacreditada como la de “pecado”.

 

E intentando responder a estas preguntas, formula cuatro tesis que entiendo centrales para quien pretenda asomarse a su pensamiento más maduro.

 

Según la primera, hablar de pecado o de inhumanidad, es lo mismo. Son conceptos sinónimos ya que nos estamos refiriendo a comportamientos -tanto personales como colectivos- y a estructuras que hieren y enferman, bien sea de manera leve o grave. De ahí el título del libro y su estructuración en cuatro capítulos dedicados a la realidad del pecado; al pecado estructural; al pecado original y a la dimensión teologal del pecado.

 

El ser humano no es lo que debe ser

 

Según la segunda de las tesis, el pecado o la inhumanidad es, a la vez, carencia en la que nos encontramos sumergidos (con S. Anselmo) y responsabilidad personal (con S. Agustín). Somos, a la vez, víctimas y culpables: nacemos intrínsecamente deteriorados en un mundo y en una historia que nosotros mismos hemos ido deteriorando desde sus inicios.

 

El desconocimiento de esta sorprendente conjunción explica que las izquierdas tiendan a desconocer el pecado, mientras que las derechas tiendan a aprovecharse de él. Tanto unos como otros, ignoran que la teología no apunta primariamente a explicar por qué va tan mal el mundo, sino a enseñar que el hombre no es el que debe ser. Y no lo es, porque solo sea malo, sino porque también es víctima; una impotencia que no viene de Dios, sino de nosotros mismos.

 

La indiferencia ante la inhumanidad

 

Según la tercera tesis, es incuestionable que la presencia del mal cuestiona la existencia de Dios. Pero también que su negación puede ser una coartada para absolutizar nuestra libertad limitada; una tesis que no desarrolla y que, es probable, que haya quienes la perciban como una “huida hacia adelante”.

 

En realidad, lo que, sobre todo, inquieta a Chalo es saber cómo es posible que haya seres humanos que, afirmando la existencia de Dios y profesando la fe en el Dios revelado por Jesucristo, crean que esa fe les permite vivir tranquilos al margen de ese inmenso dolor del mundo.

 

Ya se sea conservador o progresista -tanto creyente como cristiano-, la teología del pecado es necesaria para ambos. Para los primeros, porque se resisten al progreso. Y para los segundos, porque se refugian en el utopismo irresponsable y desvirtuador de lo humano.

 

El factor humanizador de la fe

 

Y, según la cuarta tesis, toda persona sigue estando bañada por la gracia; incluso en la desgracia. Por eso, los cristianos estamos llamados a ser siempre factores de humanidad y de humanización en la medida en que podamos. Y a levantarnos cuando bajemos la guardia.

 

Mi teología -solía decir Chalo- no es fruto del pesimismo, sino del “realismo” cristiano: en el ser humano coexiste la posibilidad del mal moral y del bien moral o, con lenguaje tradicional, del pecado y de la santidad. Es cierto que constato la fragilidad de la bondad, una planta que no soporta el paso del tiempo: el justo, sostiene, a la larga, se hace autoritario. El que quiere ser íntegro, intolerante. Y el que quiere ser misericordioso, cómplice o al menos pactista.

 

La mayor esperanza en la mayor desesperanza

 

Pero es igualmente cierto que también constato que el mensaje cristiano es la mayor esperanza desde la mayor desesperanza.

 

Este “realismo” cristiano explica que toda su teología se encuentre presidida -así me lo parece- por una “armonía inestable” entre los extremos y, a la vez, por una imprescindible radicalidad cristiana, fundada en el programa del monte de las Bienaventuranzas y en el mensaje de la parábola del juicio final.

 

Por tanto, nada que ver con la equidistancia y sí mucho que ver con el equilibrio inestable que es propio de toda andadura vital, así como con su apuesta por mostrar el implícito humano de lo cristiano; también en todo lo referido al pecado.

 

Es lo que yo, al menos, le debo a Chalo, esta persona que ha sabido percibir y no ha dejado de hablar de un Dios -caricia y aguijón- en medio de un mundo plagado de dolor y muerte, a la vez que sumido, en su gran mayoría, en la indiferencia, pero en el que también hay samaritanos y semillas de bondad y justicia.

El cristinanismo, o es radical o no es cristianismo

[Por: Antonio J. Mialdea]

El famoso aforismo de Alfred Loisy, “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”, es hoy de absoluta actualidad. Y por ello, la pertinencia y necesidad de un libro como el de Juanjo Tamayo es evidente. Cristianismo Radical (Madrid, Trotta, 2025) quiere ser una guía para comprender, de una vez por todas, qué es ser cristiano en un momento en que Evangelio y Religión, como recordaba nuestro querido y añorado Pepe Castillo, están más separados de lo que jamás habían estado. Fue precisamente Alejandro Sierra, ex-editor de Trotta, quien propuso al teólogo de Amusco (Palencia) la escritura de un libro sobre el cristianismo “liberado de las interpretaciones mitologicas y manipulaciones históricas posteriores y recuperando las dimensiones éticas del mismo más allá de las propias dimensiones religiosas”, y precisamente a él, como Maestro de Editores, le dedica Tamayo estas páginas.

 

En el prólogo, Leonardo Boff deja clara la voz autorizada de Juanjo Tamayo dentro del espectro de la cultura española como filósofo y teólogo, no sólo porque está libre de los controles doctrinales, sino porque siempre se muestra abierto al diálogo reflexivo y maduro con otros saberes y otras confesiones religiosas. Dice el teólogo brasileño que este autor “considera el acontecimiento cristiano no como una cisterna de aguas estancadas, sino como una fuente de aguas vivas de la que fluyen continuamente nuevas formas para afrontar los desafíos que se presentan actualmente en nuestro mundo extremadamente complejo. Tamayo comparece como el promotor más activo de la teología de la liberación en el marco de la situación europea”.

 

Afirma Tamayo, parafraseando a Karl Rahner, quien dijo que los cristianos del siglo XXI serán místicos o no serán criatianos, que el cristianismo, igualmente, o es radical o no será tal; pero con el término ‘radical’ no se refiere, en modo alguno, a fundamentalista, extremo o violento, sino que toma el término en su sentido originario: raíz. Por tanto, o esta tradición religiosa vuelve a su fuente originaria, que es la buena noticia de Jesús, o será una cosa bien distinta y, como deciamos antes, muy alejada de lo que hoy denominamos Iglesia Católica, que más bien se ha convertido, desde muchos sectores de la misma, en la aliada más fiel del poder político y económico, creando hasta una nueva forma de ser en la Iglesia, a la que Tamayo ha bautizado como Cristoneofascismo. Por eso, en este nuevo libro de este filósofo y teólogo, que hace ya el número noventa de su abundantísima bibliografía, nos propone un camino seguro para el retorno al evangelio teniendo siempre presentes las características particulares del espacio y el tiempo en que vivimos y que presentan, tanto en la actualidad como para el futuro, unos desafíos a los que tenemos que hacer frente sin dilación alguna.

 

Algunos de estos desafíos son lo siguientes: erradicar la pobreza estructural y la creciente desigualdad reinante en nuestro mundo, la defensa de una verdadera Democracia participativa en la sociedad y particularmente en el interior de la propia Iglesia, la necesidad de un cristianismo contrahegemónico que se aleje definitivamente de la globalización neoliberal,  la defensa de un cristianismo feminista que deje de ser un oxímoron para la Iglesia católica y que elimine, de una vez por todas, el heteropatriarcado eclesial y que sobre todo, deje de decir idioteces como que la mujer no ha recibido el don del sacerdocio. Dios no es varón. Insiste también en la propuesta de un  pensamiento ecológico que comprenda que la Salvación es Salvación de todo el Cosmos y que tiene que comenzar por respetar la dignidad y los derechos del planeta que habitamos, la construcción de un cristianismo que critique severamente el crecimiento armamentístico y que se comprometa con una Paz duradera y que jamás legitime sistema de dominación alguno, la defensa de un espacio de diálogo intercultural de liberación junto a la legitimidad de las identidades étnicas en absoluta igualdad, el alejamiento del consumismo mercantilista que nos tiene esclavizados y que nos impide la comunicación con la dimensión espiritual que pertenece a nuestro ser más íntimo, un cristianismo que implemente la hermenéutica interreligiosa de la Liberación.

 

Est tradición debe estar en la cabeza de la defensa de los Derechos Humanos y, por tanto, volver a ser un cristianismo evangélico y no dogmático y a la cabeza también del diálogo con la diferentes manifestaciones de increencia religiosa. Insiste también Tamayo en la necesidad de que sea hospitalario y samaritano, de la alteridad, que reconozca la pluralidad de los saberes y las diferentes formas de vivir. En definitiva, un cristianismo que proponga al ser humano de hoy la utopía firme de que otro mundo, mucho mejor que el que tenemos, es posible.

 

Tamayo afirma que tenemos que recuperar urgentemente los valores de Jesús el Galileo que son los que nos deben conducir a una plena humanidad en comunión con todo el cosmos. La radicalidad del Evangelio se encuentra en una buena noticia para los marginados y excluidos pero también en una mala noticia, como encontramos en el texto de Lucas, para aquellos que generan el sufrimiento, la injusticia y la insolidaridad. ¡Ay de vosotros…! dice Lucas, si ejercéis el poder para hacer crecer la desigualdad entre los seres humanos. Por cierto que la palabra ‘poder’, con la que una buena parte del pueblo de Dios identifica hoy a la Iglesia, sólo se pronuncia en los evangelios (y cito aquí a Jesús Peláez, ex-Catedrático de Filología Griega de la Unuversidad de Córdoba) cuando Jesús realiza alguna curación y para ello emplea los sentidos (mira, toca, escucha…). El poder, así, tiene que ser un poder salvífico y no un poder represivo como el que ejerce buena parte de la jerarquí católica actual.

 

Creo, como señalaba al principio, que se trata de un libro que llega en el momento oportuno y en una etapa de madurez de Juan José Tamayo. Jesús sólo nos llama, como escribió Bonhoeffer, a la Vida y no a poner los ojos en un nuevo sistema religioso dogmático y rígido que cierra toda posibilidad de pensamiento y que no tenga en cuenta el devenir de la historia. San Pablo ya afirmaba que convenía que hubiera disensiones para que el diálogo en busca de la Verdad no deje nunca de respetar el Misterio.

 

Estamos, sin duda, ante uno de los libros más originales y creativos del profesor Tamayo. Su lectura abre nuevos horizontes para el cristianismo del futuro.

Grech: “un camino para ayudar a las Iglesias a caminar con un estilo sinodal que involucre a todos”

[Por: Andrea Tornielli | Vatican News]

«El sentido del camino que la Secretaría del Sínodo propone a las Iglesias locales no es añadir trabajo al trabajo, sino ayudar a las Iglesias a caminar en estilo sinodal». Con estas palabras, el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, presenta a los medios vaticanos el acompañamiento de la fase de implementación aprobada por el Papa Francisco.

 

Eminencia, el Sínodo sobre la Sinodalidad parecía concluido… y ahora comenzamos de nuevo, por voluntad del Papa Francisco que desde Gemelli aprobó el calendario de trabajos para los próximos tres años.

 

Es cierto que muchos pensaban que el Sínodo había concluido con la celebración de la segunda sesión de la Asamblea, en octubre pasado. En realidad, la constitución apostólica Episcopalis Communio ha “transformado” el Sínodo de un acontecimiento a un proceso dividido en tres fases: preparatoria, celebrativa y actuante ( CE, art. 4). Este paso exige una auténtica “conversión”, un cambio de mentalidad que tarda en arraigarse en la práctica de la Iglesia. Pero esta articulación es fundamental: no basta la publicación de un “documento” para que lo que ha surgido en las dos fases del proceso sinodal se implemente en la vida de la Iglesia.

 

Ese “documento” debe ser “recibido” como fruto del discernimiento eclesial y horizonte de conversión. Y así sucedió: el Santo Padre, que es el principio de unidad de la Iglesia y el garante del proceso sinodal, con el Documento Final confía a las Iglesias locales y a sus agrupaciones la tarea de implementar las recomendaciones de la Asamblea en su propio contexto local, como recomienda en su “Nota de acompañamiento” al Documento Final . Y muchas Iglesias ya han respondido generosamente y han comenzado a moverse: así que, en realidad, el trabajo nunca se ha detenido después de la finalización de la Asamblea.

 

Lo que se anuncia ahora es más bien un proceso de acompañamiento y evaluación de la fase de candidatura ya en curso: una decisión que el Santo Padre ha madurado también con la contribución del Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo, compuesto en gran parte por miembros elegidos durante la Asamblea. Y este proceso no compromete el protagonismo de cada Iglesia en acoger y aplicar de modo original los frutos del Sínodo: con él el Papa impulsa a toda la Iglesia a un ejercicio de responsabilidad, más aún, de gran corresponsabilidad porque, precisamente valorando las Iglesias locales, asocia al mismo tiempo el colegio episcopal al ejercicio de su ministerio.

 

Entonces, ¿cuál es el propósito más preciso de este camino?

 

Se trata de un proceso que tiene como objetivo fomentar la comparación entre las Iglesias sobre los conocimientos desarrollados en la fase de aplicación. Después de un período dedicado al trabajo de cada realidad local (hasta 2026), deseamos, en estilo sinodal, crear espacios de diálogo e intercambio de dones entre las Iglesias. Éste es uno de los aspectos más preciosos que han surgido del camino sinodal realizado hasta ahora. El objetivo es que la implementación no se realice de manera aislada, como si cada diócesis o eparquía fuera una entidad en sí misma, sino que se fortalezcan los vínculos entre las Iglesias a nivel nacional, regional y continental.

 

Al mismo tiempo, estos momentos de diálogo permitirán un auténtico “caminar juntos”, ofreciendo la oportunidad de evaluar, en un espíritu de corresponsabilidad, las elecciones realizadas. Los encuentros previstos para 2027 y principios de 2028 acompañarán así naturalmente el camino hacia la Asamblea Eclesial de octubre de 2028. Esta Asamblea final podrá entonces ofrecer al Santo Padre elementos preciosos, fruto de una auténtica experiencia eclesial, para su discernimiento como Sucesor de Pedro, con perspectivas que proponer a toda la Iglesia. La implementación y la evaluación deben avanzar juntas, entrelazándose en un proceso dinámico y compartido: ésta es precisamente la cultura de rendición de cuentas que evoca el Documento Final.

 

El 2026 será un año enteramente dedicado al trabajo de las diversas diócesis. ¿Qué se espera?

 

Es esencial volver a empezar desde el trabajo realizado en la fase de escucha, pero es igualmente esencial no repetirlo de forma idéntica. En esta etapa, ya no se trata sólo de escuchar y recoger la escucha del Pueblo de Dios, sino de permitir a los responsables de las Iglesias y a los equipos sinodales llevar adelante un diálogo con el resto del Pueblo de Dios sobre los contenidos surgidos del camino sinodal en su totalidad, para que este camino se adapte a la propia cultura y tradición. También ésta es otra posibilidad de apelar a todo el Pueblo de Dios como participantes de la función profética de Cristo ( cf. LG 12 ) y sujetos del sensus fidei . Espero que el principio de circularidad dentro de las Iglesias y entre las Iglesias se haga operativo en la práctica ordinaria de la Iglesia.

 

¿Cómo deben funcionar las iglesias locales?

 

Estamos invitados no sólo a reiterar sino a garantizar que todos los miembros del Pueblo de Dios sean sujetos activos de la vida eclesial y a trazar el camino de cada Iglesia sobre la base de esta capacidad reconocida, que es necesario apoyar y capacitar. Este primer año y medio también será una oportunidad para involucrar a quienes antes participaban menos activamente. Vivir experiencias sinodales, experimentar la conversación en el Espíritu que tanto ha hecho crecer nuestras comunidades. Ahora que el panorama está más claro y se ha desarrollado una comprensión más compartida de la sinodalidad, juntos –sin excepción– podemos encontrar herramientas para continuar el camino con energía renovada.

 

¿Cómo podemos implicar más al Pueblo de Dios, evitando el riesgo de que el proceso sinodal quede confinado a asuntos de “expertos”, de personas ya involucradas en las estructuras eclesiales? ¿Cómo podemos garantizar que este nuevo y desafiante paso no se viva como una tarea burocrática más que se suma a las demás?

 

El Documento Preparatorio, que dio inicio a todo el proceso sinodal, comienza precisamente con esta afirmación: «La Iglesia de Dios se reúne en Sínodo». No hay nada que pueda involucrar a toda la Iglesia y a todos en ella más que el proceso sinodal. Esto se vio en la primera fase, con la escucha del Pueblo de Dios en las Iglesias locales. El camino a seguir ahora es el mismo. Este camino de implementación es desafiante no porque requiera agregar más actividades para los “trabajadores pastorales”, particularmente para los ministros ordenados, instituidos o de facto. El compromiso es vivir el camino eclesial de cada Iglesia con mentalidad sinodal, dentro de un horizonte sinodal, desarrollando un estilo sinodal que constituya el presupuesto de una forma de Iglesia sinodal. Repito el adjetivo para subrayar que la cuestión es de mentalidad. El sentido del camino que la Secretaría del Sínodo propone a las Iglesias locales no es añadir trabajo a trabajo para responder a las peticiones que vienen de fuera o de arriba, sino ayudar a las Iglesias a caminar en estilo sinodal; en una palabra, ser verdaderamente Iglesias, donde la portio Populi Dei confiada al Obispo con la ayuda de su presbiterio y de sus ministerios sea verdaderamente una Iglesia de sujetos en relación, que encarnan el Evangelio en el lugar donde se encuentran.

 

¿Puede decirnos una palabra sobre el trabajo de los Grupos de Estudio y su análisis en profundidad de temas individuales?

 

El trabajo de los 10 Grupos de Estudio está ahora bastante avanzado, aunque naturalmente hay diferencias entre los Grupos. Así lo reveló una reciente reunión organizada por la Secretaría General con la participación de todos los coordinadores del Grupo. La metodología de trabajo es bastante variada, aunque – según la precisa indicación del Santo Padre – cada Grupo se compromete a adoptar un estilo sinodal, recurriendo en muchos casos a la conversación en el Espíritu y a la escucha también de voces externas al Grupo, que pueden ayudar a tener en cuenta múltiples perspectivas. También están siendo de gran ayuda las aportaciones que están llegando en los últimos meses por parte de particulares o asociaciones. También muchos obispos, atendiendo a una invitación que les ha sido dirigida, han promovido en sus Iglesias locales un discernimiento sobre las cuestiones tratadas por los Grupos y nos envían sus resultados. En algunos casos, sin embargo, fueron los mismos Grupos los que solicitaron opiniones, por ejemplo contactando a las Conferencias Episcopales o a las Nunciaturas Apostólicas, o consultando a expertos, o incluso celebrando reuniones conjuntas entre Grupos que tratan temas similares.

 

¿Cuando se terminará esta obra?

 

Todavía es difícil decir cuándo concluirán los Grupos su trabajo. Como se indicó hace un año, en el momento de su constitución, los Grupos están invitados a presentar sus conclusiones al Santo Padre “posiblemente antes de junio de 2025”. Algunos de los grupos deberían poder cumplir este plazo. Otros, por el contrario, pueden necesitar más tiempo, pero aun así entregarán un informe provisional sobre su trabajo a finales de junio. Al mismo tiempo, también está trabajando la Comisión de Derecho Canónico, instituida en 2023, que se ha puesto a disposición para dar su apoyo a los 10 Grupos en materias de su competencia, así como un Grupo instituido en el SECAM (Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar) para la pastoral de las personas que viven en situación de poligamia.

 

¿Nos podrías explicar qué es la Asamblea de la Iglesia del 2028? La carta afirma explícitamente que no será un nuevo Sínodo…

 

Yo diría que el Sínodo 2021-2024 fue “una primicia” en muchas cosas. Fue la primera vez que las normas de la Episcopalis Communio se aplicaron en su totalidad ; Fue la primera vez que toda la Iglesia y todos en la Iglesia tuvieron la oportunidad de participar en el proceso sinodal; Fue la primera vez que en la Asamblea participaron miembros no obispos; Fue la primera vez que un Documento Final fue aprobado inmediatamente por el Santo Padre, participando así en su Magisterio ordinario. Ahora –en la tercera fase del proceso sinodal– se celebra por primera vez una Asamblea eclesial. Siendo la primera vez que se celebra una Asamblea Eclesial a nivel de toda la Iglesia, aún quedan muchas cosas por aclarar, si bien podemos inspirarnos en la experiencia de las Asambleas de la Etapa Continental, que han sido todas eclesiales.

 

¿Qué características tendrá? ¿En qué se diferenciará de las dos sesiones de la Asamblea Sinodal que vivimos en 2023 y 2024?

 

El objetivo de la Asamblea Eclesial, que constituye el evento final del proceso, no es otro que el indicado por el Documento Final para la tercera fase, es decir, hacer concreta la perspectiva del intercambio de dones entre las Iglesias y en la Iglesia en su conjunto (cf. nn. 120-121). Si durante las etapas de la tercera fase será posible realizar en los diversos niveles de las agrupaciones de Iglesias (Provincias, Conferencias Episcopales, Encuentros Internacionales de Conferencias Episcopales) el intercambio de dones a través de la confrontación y la puesta en común de los procesos iniciados en las Iglesias locales, la Asamblea Eclesial constituirá la ocasión para recoger a nivel de Iglesia todos los frutos que han madurado. La posibilidad de esta Asamblea eclesial está enteramente contenida en el saludo final del Santo Padre al concluir la segunda Asamblea del Sínodo. Aclaró que «en algunos aspectos de la vida de la Iglesia indicados en el Documento, así como en los temas encomendados a los diez “Grupos de Estudio”, que deben trabajar con libertad, para ofrecerme propuestas, se necesita tiempo, para llegar a opciones que involucren a toda la Iglesia. Yo, pues, seguiré escuchando a los Obispos y a las Iglesias a ellos confiadas».

 

La tercera fase corresponde a este tiempo de escucha de cómo funciona el Documento Final en la vida de las Iglesias, y la Asamblea Final constituye el momento de síntesis, capaz de recoger los frutos de esta escucha. Por esto la Asamblea es eclesial, lo que equivale a subrayar su naturaleza y función diversas respecto a la Asamblea Sinodal que ya hemos celebrado, que es y sigue siendo sustancialmente una Asamblea de Obispos. El fruto de aquella Asamblea fue el Documento Final , que participa, como ya hemos dicho, del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro. A la luz de ese documento, toda la Iglesia está llamada – cada Iglesia y cada Obispo como principio de unidad de su Iglesia – a vivir la tercera fase, que tendrá su culminación en la Asamblea Eclesial. Esta Asamblea debe ser la manifestación visible de aquella verdad que abrió el Documento Preparatorio : «La Iglesia de Dios se reúne en Sínodo» para dar testimonio de los frutos del camino sinodal de la Iglesia.

 

El calendario propuesto en la carta habla de una nueva reunión jubilar prevista para el próximo octubre, la de los equipos sinodales. ¿De qué se trata?

 

El Jubileo está estrechamente asociado con la peregrinación. La Iglesia sinodal es una Iglesia peregrina, lo que se manifiesta en el “caminar juntos” del Pueblo de Dios hacia la realización del Reino. El jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación (porque estas estructuras ofrecen también espacios para la vida sinodal en las Iglesias locales) quiere ser el momento celebrativo en el que esta dimensión sinodal de la Iglesia se manifieste en el camino del Pueblo de Dios hacia la tumba de Pedro, reuniendo al mismo tiempo en torno al Sucesor de Pedro, el principio de comunión de todos los bautizados, de todas las Iglesias, de todos los obispos. También aquí debería estar en peregrinación toda la Iglesia. Pensamos en convocar los equipos sinodales, porque están formados por personas que han puesto su tiempo y energía al servicio del proceso sinodal. Pedimos su reactivación porque ellos serán la “vanguardia” en este proceso de implementación.

 

¿Qué espera de esta reunión?

 

Con ellos pretendemos vivirlo no sólo como un momento de celebración, sino como un tiempo “oportuno” para profundizar en la comprensión de la sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia, con todo lo que ello comporta para el camino de la Iglesia, que desea realizar una conversión sinodal, como nos recuerda también el Santo Padre en su Mensaje para la Cuaresma que estamos viviendo. Considerando que esta conversión sinodal podrá ayudar a la renovación de la Iglesia y a un nuevo impulso misionero, es verdaderamente un motivo de esperanza que no defrauda.

 

Esta Carta a los Obispos y al Pueblo de Dios a ellos confiada, publicada hoy, ¿irá acompañada de otras ayudas?

 

En este momento no estamos proporcionando ningún material ni orientación adicional más allá de lo que contiene la carta a las iglesias locales. Ya tienen todo lo necesario para trabajar en la implementación: el Documento Final . Los distintos momentos presentados en la carta también se definirán más detalladamente con su ayuda y, por supuesto, con el Consejo Ordinario de nuestra Secretaría. En los últimos años hemos tenido varios encuentros en línea muy útiles con obispos y eparcas, con las Conferencias Episcopales y organismos equivalentes de las Iglesias Orientales Católicas, con las Reuniones Internacionales de las Conferencias Episcopales ; Por lo tanto no excluimos realizar reuniones similares también en esta nueva fase para acordar el avance del proyecto. He dicho en varias ocasiones que el servicio de la Secretaría General del Sínodo no es el de imponernos desde arriba instrucciones a seguir, sino que es ante todo la disponibilidad a escuchar las necesidades, las intuiciones y las propuestas que nos llegan de las Iglesias locales. Las ayudas que pretendemos ofrecer durante este camino, a partir del de mayo –como ya hemos anunciado–, serán también fruto de este ejercicio de escucha eclesial.

 

¿Podría decir en pocas palabras cuál es el corazón del mensaje surgido de la doble Asamblea Sinodal dedicada a la sinodalidad?

 

Querer expresar en pocas palabras incluso sólo el “corazón” del mensaje surgido de la Asamblea sinodal, especialmente en dos sesiones, corre el riesgo de ser muy reductivo. Sin duda, quisiera subrayar la dinámica del proceso: el paso de la primera a la segunda sesión ha mostrado cómo funciona el discernimiento eclesial, a través de una escucha prolongada que permite madurar el consenso. El Documento Final es el resultado maduro de un proceso paciente en etapas, en el que aprendimos un estilo y un método sinodal. El proceso sinodal está diciendo a todos que la sinodalidad es posible; que es posible un estilo sinodal de la Iglesia; que la forma sinodal de la Iglesia es posible. Y exhorta a todos a hacerlo posible, en docilidad al Espíritu Santo que guía a la Iglesia en esta dirección, porque invita a la Iglesia a un renovado testimonio misionero de la alegría del Evangelio.

 

¿Qué papel tendrá el Documento Final aprobado en 2024?

 

El Documento Final es el fruto maduro de este proceso. Su contenido es tal que constituye un mapa para la conversión y la renovación de la Iglesia en sentido sinodal. Todo el trabajo que nos espera en estos próximos tres años está inspirado en los contenidos de este Documento, que deberán ser probados para verificar la posibilidad de realizarlos en la vida de la Iglesia. Permítanme subrayar dos cosas. La primera: que el Documento Final constituye un acto autorizado de recepción del Concilio Vaticano II «que prolonga su inspiración y relanza su fuerza profética para el mundo de hoy» (DF 5). El Documento afirma de hecho que «el camino sinodal es en realidad la puesta en práctica de lo que el Concilio enseñó sobre la Iglesia como Misterio y Pueblo de Dios, llamada a la santidad mediante una conversión continua que nace de la escucha del Evangelio» (DF 5).

 

La segunda: que desde cualquier lado que se entre – ya sea desde los fundamentos de la sinodalidad, expresados en el primer capítulo, o desde cualquier otro capítulo –, cuando se exploran los temas que entrelazan el Documento, se capta la profunda unidad y armonía del texto. Es un documento que nos permite ver la belleza de la Iglesia y la posibilidad de su renovación: una renovación que, cuando emprende el camino de la sinodalidad como modo de ser y de actuar, se realiza en la riqueza de la Tradición. En síntesis se podría decir: el corazón del mensaje es que todos los bautizados somos todos discípulos y todos misioneros, seriamente comprometidos en una conversión de las relaciones, para facilitar el encuentro de Jesús con los hombres y mujeres de hoy. El Sínodo ha ofrecido y ofrece piernas y perspectivas a la conversión pastoral y misionera a la que el Papa Francisco nos ha invitado desde el inicio de su pontificado.

12 años de Francisco

[Por: Francisco Aquino Júnior | Portal das CEBs]

Celebramos los 12 años de ministerio pastoral de Francisco como Obispo de Roma. Independientemente de la posición que se tenga sobre él y el proceso de renovación y reforma eclesiástica que inició, nadie puede negar que Francisco marca una nueva era en la vida de la Iglesia. Un tiempo de conversión y renovación espiritual, en el sentido de “volver a las fuentes y recuperar la frescura original del Evangelio”. Y esto no ocurre sin tensiones, conflictos y oposiciones. Basta pensar en los conflictos que vivió Jesús, especialmente con los grupos más “religiosos” de su tiempo: fariseos, sacerdotes, maestros de la ley. Por eso, no debería sorprendernos que sectores de la Iglesia que se dicen muy “católicos” y “ortodoxos” ataquen tan violentamente a Francisco e incluso recen por su muerte. No pueden soportar el amor y la bondad de Dios manifestados en Jesús y sus seguidores más fieles…

 

Haciendo balance de estos doce años, queremos destacar cuatro aspectos que nos parecen fundamentales en este proceso de conversión y renovación eclesial:

 

1.   Ya en los encuentros que precedieron al Cónclave en el que fue elegido, Francisco distinguió entre una “Iglesia evangelizadora que sale de sí” y una “Iglesia mundana que vive en sí, de sí y para sí”. Afirmó que “los males que, con el tiempo, se producen en las instituciones eclesiásticas tienen su raíz en la autorreferencialidad, una especie de narcisismo teológico”. Y recordó que “la Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias”. Y en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium sobre el anuncio del Evangelio en el mundo de hoy, insiste en la necesidad y urgencia de una “ transformación misionera de la Iglesia”, entendida como “salida hacia las periferias geográficas, sociales y existenciales”. El regreso a Jesús y a su Evangelio pone a la Iglesia en dirección y al servicio de la humanidad que sufre.

 

2.   Esta conversión misionera de la Iglesia concierne a todo el Pueblo de Dios en la diversidad de sus carismas y ministerios. Esto exige superar el clericalismo que produce relaciones de dominación y subordinación, es terreno fértil para todo tipo de abusos y “no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiende a subestimar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestro pueblo”. Y requiere un proceso de conversión sinodal que implica tanto una mentalidad de comunión y de corresponsabilidad, como estructuras y procesos que favorezcan y promuevan la participación efectiva en todas las instancias de la Iglesia. Los laicos no son asistentes o colaboradores del clero, sino auténticos “sujetos eclesiales”, “corresponsables del ser y de la misión de la Iglesia”.

 

3.   Francisco ha insistido mucho en la dimensión socioambiental de la fe y de la misión evangelizadora de la Iglesia . No es una cuestión secundaria ni opcional. Es una exigencia que brota del corazón del Evangelio de Jesucristo. No se cansa de hablar del carácter evangélico de la opción por los pobres, de la lucha por la justicia, de los derechos humanos, de la paz entre los pueblos y del cuidado de la casa común. No es sólo una cuestión social, política, económica, cultural o medioambiental. Se trata también de una cuestión estrictamente espiritual que concierne a la obra creadora de Dios y a su designio sobre la humanidad. Sus encíclicas sociales Laudato Si’ y Fratelli Tutti insisten en la importancia y urgencia de la “fraternidad y la amistad social” y del “cuidado de la casa común”. Y sus encuentros con los movimientos populares indican el modo en que la Iglesia debe afrontar los grandes problemas de la sociedad: desde abajo, desde las víctimas, desde las periferias.

 

4.   Pero la huella espiritual más profunda de su ministerio es, sin duda, la centralidad de los pobres, marginados y sufrientes . Volviendo al Evangelio de Jesús, se dirige a los pobres y marginados. Francisco huele a Evangelio y, precisamente por eso, huele a pobre. Es un “pastor con olor a oveja”. En ella se siente la “frescura original del Evangelio” que es Buena Noticia para la humanidad que sufre. Devuelve el Evangelio a la Iglesia, devolviendo la Iglesia a los pobres. Sitúa en el centro de la vida de la Iglesia a aquellos que están en los márgenes o periferias de la sociedad: los pobres; indígena; ancianos y enfermos; víctimas de desastres/delitos ambientales, tráfico, guerras; mujer; personas LGBT; familias rotas, etc. Da la bienvenida a todos, sin prejuicios ni discriminación. Se hace eco del “grito de los pobres y de la tierra”. Y moviliza a la Iglesia y a la sociedad en defensa de los pobres y marginados y en el cuidado de nuestra casa común.

 

Francisco marca una nueva era en la vida de la Iglesia. Reanudar el proceso de renovación conciliar de la Iglesia, basado en la opción preferencial por los pobres, abre caminos y desencadena procesos. Más que una tarea realizada, se trata de caminos a recorrer y procesos a desarrollar, tras las huellas de Jesús, con la fuerza del Espíritu, en compañía de los profetas y mártires de los caminos, escuchando el “grito de los pobres y de la tierra” que son, en Él, jueces y dueños de nuestras vidas y comunidades (Mt 25, 31-46).

¡Bendito sea Dios por Francisco!

 

Publicado en: https://portaldascebs.org.br/12-anos-de-francisco/

 

Francisco convoca una Asamblea Eclesial para 2028 para continuar las reformas

[Por: Jordi Listerrio y Boix | Cristianisme i Justicia]

Ni un nuevo Sínodo, ni un Concilio. El papa Francisco ha convocado una Asamblea Eclesial con el objetivo de aplicar las reformas apuntadas en el último Sínodo. Con el Papa en la Clínica Gemelli, se ha anunciado una hoja de ruta que culmina en el 2028 con una fórmula nueva, una Asamblea Eclesial.

 

Este sábado por la mañana lo ha anunciado el cardenal Mario Grech desde la Secretaría General del Sínodo con una carta enviada a todo el episcopado mundial. Un documento aprobado por el papa este martes, convoca un recorrido de tres años que quiere implicar a toda la iglesia: el episcopado y clero diocesano, la vida consagrada, las asociaciones laicales y los movimientos.

 

Con esta convocatoria el papa Francisco deja un camino trazado para los años que vienen y al mismo tiempo intenta que todas las demandas que surgieron durante la consulta que precedió al Sínodo del año pasado no queden en un cajón. 

 

El texto recuerda que el Documento Final del Sínodo de 2024 “participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro y, como tal, requiere que sea acogido”. Un documento que “no es estrictamente normativo, pero que, sin embargo, compromete a las Iglesias a hacer opciones coherentes. En particular, las iglesias locales y las agrupaciones de iglesias están llamadas ahora a implementar, en los diversos contextos, las indicaciones autorizadas contenidas en el documento, a través de los procesos de discernimiento y de toma de decisiones previstos”. En definitiva, el nuevo paso “no debe entenderse no como una mera ‘aplicación’ de directivas venidas de arriba, sino más bien como un proceso de ‘recepción’ de manera adecuada a las culturas y necesidades locales de las comunidades”.

Es relevante que en este proceso también se incorpore el trabajo de las diez comisiones de estudio que se crearon en marzo de 2024 para afrontar varios temas que se plantearon en la consulta sinodal. Entre otras, se dejaron en manos de estas comisiones las cuestiones “doctrinales, pastorales y éticas controvertidas” y de organización eclesial y canónicas. 

 

Sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos

 

El proceso marcado tiene varias etapas que se iniciará en mayo con la publicación del documento que guiará el trabajo. Del 26 al 28 de octubre de este año, ya se celebrará un primer encuentro de los equipos sinodales que se han constituido en las diócesis y organismos eclesiales de todo el mundo, un encuentro en Roma enmarcado en el jubileo. En 2027 se realizará el trabajo a nivel local, regional y en 2028 a nivel continental. Por eso, se remarca “la implicación renovada de todas las personas que han aportado su contribución durante el Sínodo” y “así continuará el diálogo ya iniciado en la fase de escucha”. 

 

La secretaría general del Sínodo pide “reactivar” a los grupos que se formaron en cada diócesis para implicar de nuevo a “presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas, acompañados por su obispo”. Así, “los equipos existentes deben ser reforzados y eventualmente renovados, y los equipos suspendidos deben ser reactivados y debidamente integrados”. Y aún añade que esto permitirá también “en las diócesis que hasta ahora han invertido menos en el camino sinodal, la oportunidad de recuperar los pasos todavía no dados”. Para concretarlo, la carta que ha recibido todo el episcopado incluye un formulario para enviar al secretario del sínodo informando a las personas que forman parte a nivel local de estos equipos sinodales. 

 

Durante el pontificado del papa Francisco se ha dado una nueva orientación a los Sínodos, que hasta ahora habían sido asambleas puntales de obispos de todo el mundo para tratar temas monográficos y orientar al pontífice, que siempre tiene la última palabra. En el último sínodo, el Papa reforzó la secretaría del Sínodo para impulsar un trabajo más participativo y alargó la duración de las consultas. Esto facilitó la participación de toda la Iglesia en este proceso de discernimiento a nivel mundial. 

 

Con este nuevo proceso que ahora se abre Francisco quiere reforzar esta dinámica y abre una nueva vía para concretar las reformas que se han ido apuntando en los últimos años. El nuevo formato de Asamblea Eclesial también permitiría ser más flexible al escoger a los participantes y facilitaría que tuviera más representación el laicado.

 

Por otro lado, este sábado el parte médico sobre la salud del papa Francisco, confirman “los progresos evidenciados en la última semana” e informa que ya se ha podido “reducir la ventilación mecánica no invasiva” durante la noche. Los médicos hablan de una “gradual mejora” en una “situación estable”.

 

Publicado en: https://www.catalunyareligio.cat/ca/francesc-convoca-assemblea-eclesial-pel-2028

Sentido liberador, praxis subversiva y eficacia transformadora en el último libro del teólogo Juan José Tamayo

[Por: Félix Placer Ugarte | Religión Digital]

Reseña del libro ‘Cristianismo radical’ (Trotta 2025)

 

Los difíciles tiempos y la compleja situación actual que vivimos en nuestro mundo están poniendo a prueba el sentido de lo que significa hoy ser personas cristianas, seguidoras   de Jesús y su mensaje. Los desafíos son de amplio y profundo alcance y afectan a la esencia del cristianismo. ¿Cómo entenderlo y practicarlo para que responda a esas necesidades y retos? ¿Cómo puede el cristianismo trasmitir hoy la energía liberadora del Espíritu de Jesús tal como lo anunció en Nazaret (Lc 4,18)? ¿Qué rasgos deben inspirarlo y  definirlo para ofrecer un sentido convincente a la humanidad? ¿Cuáles son las características que deben identificarlo y presentarlo como fiel a sus orígenes y con sentido para el mundo actual, en nuestra sociedad?

Múltiples tendencias y grupos pretenden ofrecer sus opciones como respuestas válidas y convincentes para esta situación y algunos llegan a hacerlo hasta con intenciones excluyentes de otros planteamientos.

 

Juan José Tamayo, en su reciente trabajo Cristianismo radical (Trotta 2025), asume el  riesgo que supone afrontar esas preguntas y responde desde lo que entiende y propone como ‘cristianismo radical’. Su respuesta es coherente con su amplia y comprometida experiencia y reflexión madurada, contrastada en los numerosos trabajo de su fecunda obra teológica vivida en su itinerario vital que presenta como introducción a su libro y le “ha conducido al cristianismo radical… que va a la raíz, a la profundidad, a las fuentes antropológicas del ser y del bienestar, del vivir y convivir, a los orígenes del cristianismo a través de una hermenéutica liberadora, a la espiritualidad jesuánica y  a los movimientos proféticos”.   

En esa forma de cristianismo intuye y razona Tamayo la respuesta a la pregunta que guía esta atrayente reflexión, que identifica este libro y que subraya Leonardo Boff en su prólogo. Radica en el seguimiento de Jesús en la práctica de la vida evangélica que anuncia el Reino con hechos y palabras.

 

Experto conocedor de las diferentes corrientes del cristianismo en el mundo actual el autor nos ofrece precisamente -y en esto consiste el contenido de su trabajo- lo nuclear de aquellos procesos y movimientos que en su búsqueda y praxis cristianas tratan de ser consecuentes con el evangelio. De esta manera su trabajo muestra, en primer lugar, cómo en el mundo actual existen experiencias, prácticas y reflexiones de las que extrae “las características que, a su juicio, han de definir el nuevo paradigma con la mirada en el cristianismo de los orígenes, no para repetirlo miméticamente, sino para tenerlo como referencia y horizonte y actualizarlo creativamente”.

 

La tesis  de fondo de este teólogo de la liberación, palentino e internacional, sobre todo del Sur, muestra con claridad que lo que debemos buscar no es la subsistencia y mantenimiento de esta Iglesia, menos aun defender el estatus de seguridad religiosa amparada en dogmas inamovibles, la dependencia jerárquica y prácticas conservadoras alejadas de la realidad sufriente de nuestro mundo. Es preciso volver y recuperar la audacia evangélica en su radicalidad, germen del cristianismo,  que continúa en grupos, tendencias y praxis que Tamayo nos ofrece de forma sintética presentando sus intuiciones con claridad y profundidad a lo largo de 16 capítulos partiendo de los “desafíos actuales al cristianismo”.

 

Sus constataciones expuestas en un recorrido apasionante nos van presentando un panorámica concreta y también global de las características  de ese cristianismo fiel, en definitiva, a quien fue su germen y cuyo Espíritu continúa comunicando esa energía motivadora y eficaz, transformadora según el Reino anunciado y realizado por Jesús que culmina en su muerte y resurrección.

 

Para ello “muestra caminos y ofrece propuestas, caminos para hacer realidad siquiera tentativamente, el cristianismo radical” partiendo de un “cristianismo liberador en lucha contra diferentes formas de pobreza”. A lo largo del libro va proponiendo los diversos y complementarios rasgos de un cristianismo que es radical porque va a la raíz de los problemas y necesidades de la humanidad actual y descubre en esas situaciones, a la luz del evangelio en la praxis, en qué consiste de manera honesta, esa realidad: en cargar con ella con auténtica compasión siendo fieles a ella liberadoramente en una esperanza utópica transformadora. De esta forma diseña Tamayo “un cristianismo inclusivo-eco-igualitario-fraterno-sororal”, en definitiva, en fidelidad al Reino anunciado por Jesús que se va realizando, desde la indignación crítica, como levadura en la masa, en esos procesos liberadores, feministas, ecológicos, interculturales, contrahegemónicos, hospitalarios, utópico, político, laico, no dogmático, compasivo, simbólico.

 

El libro de Tamayo nos presenta, por tanto, un cristianismo radicalmente subversivo, “un cristianismo para los demás”, en especial para los pobres, las víctimas, personas y pueblos maginados, quienes sufren las injusticias de un mundo sin corazón, comprometido en sinergia con otros movimientos, aspiraciones y luchas para  su transformación.

 

Este libro de Tamayo ofrece, en consecuencia, claves imprescindibles hoy para hacer significativo un cristianismo que, ante los grades desafíos que se plantean a la humanidad y a la Iglesia y tal como lo pidió el Concilio Vaticano II, sea solidario del género humano y de su historia en actitud de servicio liberador y transformador. Es la línea y motivación que guían la fecunda y radical reflexión de Juan José Tamayo que valoramos y agradecemos.

 

Publicado en: https://www.religiondigital.org/libros/Sentido-transformadora-Juan-Jose-Tamayo_0_2757624233.html

José I. González Faus: los pobres, Vicarios de Cristo

[Por: Juan José Tamayo]

En busca de la Humanidad Nueva por la senda de la liberación en el seguimiento de Jesús de Nazaret desde la opción por las personas más vulnerables, los sectores empobrecidos y los pueblos oprimidos. Este me parece el mejor resumen del largo itinerario vital del teólogo jesuita José Ignacio González Faus, que falleció el 6 de marzo a los 91 años en San Cugat del Vallés (Barcelona).

 

Con su muerte la teología católica española entra en un estado de orfandad por la pérdida de una de sus figuras más lúcidas y relevantes. Durante casi seis décadas fue conciencia crítica del poder, de todos los poderes, faro teológico que, a través de sus libros, artículos, conferencias y su magisterio por España y América Latina, iluminó los caminos abiertos por el Concilio Vaticano II en una época de larga invernada eclesial, planteó preguntas incómodas e interpelantes a la institución eclesiástica por su incoherencia en la defensa de los derechos humanos en la sociedad y la negación de los mismos en su seno.

 

Fue sensible a los desafíos de la nueva era a los que debe responder un cristianismo históricamente significativo, recuperó el carácter liberador del cristianismo originario y contribuyó a la recuperación del Jesús histórico y de su praxis liberadora en uno de los momentos más creativos de la cristología del siglo XX.

 

En 1950 ingresó en la compañía de Jesús. En ella recibió una sólida formación interdisciplinar, sobre todo en Humanidades, Filosofía y Teología en San Cugat, Insbruck (Austria), Roma y Tubinga (Alemania), donde hizo el doctorado con una tesis sobre la cristología de San Ireneo de Lyon, teólogo del siglo II, que publicó con el título Carne de Dios. La tesis marcó su itinerario teológico posterior teniendo como referencia la afirmación de San Ireneo “La gloria de Dios es que el ser humano viva; y la plenitud de la vida es Dios”.

 

En su artículo “¿Un ‘testamento espiritual’? “Lo que he aprendido”, de 2024, destacaba la idea de “plenitud” porque no “cabe reducir la vida del hombre (sic) a solo Dios, como si no tuviéramos necesidades humanas, pero tampoco cabe reducir la vida del hombre a esas necesidades humanas como si estas no apuntaran a Dios”. De ahí deduce que “lo religioso” se torna secundario y, sobre todo, cambia de sentido.

 

En el discurso de recepción del doctorado honoris causa en la Universidad de Lovaina, monseñor Oscar A. Romero, arzobispo asesinado de San Salvador, quizá bajo la influencia de Jon Sobrino y en sintonía con la teología de la liberación, tradujo la afirmación de San Ireneo de esta guisa: “La gloria de Dios es que vivan los pobres”. El propio González Faus ratificó dicha interpretación.   

 

González Faus fue profesor de la Facultad de Teología de San Francisco de Borja, de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Universidad Centroamericana (UCA), de San Salvador. En esta última convivió y compartió docencia con sus colegas jesuitas, los teólogos de la liberación Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría, que jugaron un papel muy importante en la orientación liberadora de su actividad teológica.

 

Intervino en la creación de Cristianisme i Justícia, fue uno de sus principales inspiradores y animadores y durante varios años fungió como responsable del área teológica. Cristianisme i Justícia es el Centro de estudio y reflexión de la Compañía de Jesús en Catalunya que analiza las causas de la creciente desigualdad en el mundo, pretende contribuir a la transformación de las realidades generadores de injusticia y establece un diálogo con las religiones desde la perspectiva de la lucha por la justicia. Cuenta con un equipo interdisciplinar de profesionales en diferentes áreas de teología y ciencias sociales.

 

Perteneció a la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII desde su fundación en 1980, participó en varios de sus Congresos anuales y colaboró en la elaboración de numerosos documentos en torno a cuestiones sociales, económicas, políticas, sociales, religiosas y teológicas. Fue en la Asociación Juan XXIII donde mantuvimos una estrecha relación y una comunicación epistolar permanente. El último congreso en el que intervino fue en el de 2010 sobre Jesús de Nazaret con una asistencia de más de 1.000 personas.   

 

Cuando la Editorial Verbo Divino me pidió dirigir el libro colectivo Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret (1999, 2005, 3ªed.) no dudé un momento en pedir a G. Faus el artículo dedicado a “Dios y Jesús”, que me envió antes de la fecha límite que le había propuesto y con una extensión más amplia de la que le había pedido. No reduje una sola línea de su redacción porque el rigor exegético y la coherencia teológica del texto. Dos son las ideas clave del texto: el Dios de Jesús y el Jesús de Dios. La mejor síntesis de la relación de Jesús con Dios la resume así:

 

“Jesús no revela a Dios no hablando sobre Él, ni siquiera describiendo experiencias de carácter místico, sino, por así decir, transparentando a Dios, practicándolo, poniéndolo en acto en las concretas circunstancias de su vida humana” (p. 191).

 

Para la elaboración del libro conté con la excelente compañía de colegas especialistas en el estudio interdisciplinar e interreligioso de la figura de Jesús de Nazaret, amén de G. Faus: Leonardo Boff, Casiano Floristán, Ivone Gebara, Raimon Panikkar, Jesús Peláez, Ana María Tepedino, Baruc Garzón. La obra se abre con un artículo mío sobre “Las nuevos escenario+os de la cristología”. El resultado fue un ensayo riguroso de cristología que contó con una excelente acogida.    

 

La publicación de La Humanidad Nueva (Sal Terrae, 1974), la obra más emblemática y quizá más creativa de González Faus, supuso una verdadera revolución en la cristología y su reconocimiento como uno de los teólogos más influyentes en el panorama teológico español y latinoamericano. Su propósito era evitar que el culto a la divinidad de Jesús encubriera la interpelación de la Humanidad nueva que representa Jesús de Nazaret. La obra fue libro de texto en seminarios y facultades de teología, de lectura y orientación en los movimientos cristianos de base y centros de formación de laicas y laicos cristianos, y obra de estudio y obligada consulta de colegas, teólogas y teólogos. Generó un cambio en la imagen de Jesús en sintonía con las nuevas cristologías de la década de los setenta y ochenta del siglo pasado, de autores como Karl Rahner, Edward Schillebeekx, Hans Küng, Walter Kasper, Joseph Moingt, Jon Sobrino, Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Xabier Pikaza, Andrés Torres Queiruga…

 

En su reflexión de las décadas siguientes abrió nuevos horizontes hermenéuticos en los contextos socioculturales cambiantes en los que resituó la fe en la divinidad, que resulta difícilmente comprensible -por no decir imposible de comprender- para no pocas personas que sienten una profunda admiración por Jesús de Nazaret como persona de gran talla moral, por su mensaje compasivo y por la coherencia entre teoría y práctica. Dos son las obras que, al menos a mí, me resultan más relevantes de su reflexión posterior sobre Jesús de Nazaret: Acceso a Jesús (Sígueme) y El rostro humano de Dios. De la revolución de Jesús a la humanidad de Jesús (Sal Terrae).

 

Yo mismo tuve como referencia la cristología de González Faus y de los autores citados, así como de las teólogas feministas Elisabeth Schüssler Fiorenza, Rosemary Radford Ruether, Ana María Tepedino, Luise Schottroff, Dorothee Sölle, Ivone Gebara, Rita Nakashima Brock… en mi trilogía sobre Jesús de Nazaret: Imágenes de Jesús. Condicionamientos históricos, sociales, culturales y de género (Trotta, 1996); Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret (Trotta, 2002, 2ª ed.); Dios y Jesús. El horizonte religioso de Jesús de Nazaret (Trotta, 2006, 4ª ed.) y en mi último libro Cristianismo radical, que acaba de publicarse (Trotta, 2025).

 

Revolucionaria fue también su obra Vicarios de Cristo (Trotta, 1991), antología comentada de textos en torno a la opción pro los pobres a lo largo de la historia del cristianismo, que el Centro Cristianisme i Justícia publicó en 2018 en una nueva edición revisada y ampliada. La expresión “vicario de Cristo” se la atribuyó a sí mismo el papa Inocencio III en el siglo XIII en plena época de cristiandad, y sus sucesores siguieron aplicándosela. Dando un giro de 180 grados, González Faus retira dicho reconocimiento a los papas y, de manera más acorde con el Evangelio, se lo aplica a los pobres.

 

Otra de sus obras mayores en la que hace una significativa aportación a la antropología, tanto filosófica como teológica, es Proyecto de hermano. Una visión cristiana del hombre (Sal Terrae, 1987), que, treinta y ocho años después de su publicación, sigue siendo mi libro de permanente consulta. En ella subraya el carácter dialéctico del ser humano: por una parte, su corporalidad, sociabilidad, autoconciencia, sexualidad, racionalidad, sentido lúdico: por otra su “egoísmo potenciado”, que genera estructuras de dominación sobre otros seres humanos y destruye las relaciones de fraternidad.  Es una antropología que destaca el carácter comunitario del ser humano: el yo como hermano, frente a las tendencias antropológicas individualistas y espiritualistas, muy presentes en la historia del cristianismo.

 

La reflexión teológica y la vida de González Faus estuvieron siempre guiadas por su conciencia crítica de las injusticias cometidas dentro y fuera de la Iglesia, su sensibilidad hacia las mayorías populares y los perdedores de la historia, su conciencia política en defensa del bien común y su crítica implacable del neoliberalismo, en sintonía con la teología de la liberación y el papa Francisco. 

 

En su último artículo titulado “Se marchó triste porque era muy rico (Mc 10,12)”, escrito “con un fondo de despedida, afirmó con letras grandes: “ACABAD CON LOS RICOS O ELLOS ACABARÁN CON VOSOTROS”. No, no es una frase hiperbólica o una andanada, tampoco una llamada a la violencia, sino que tiene una sólida base evangélica y patrística.  La base evangélica son las palabras de Jesús, que establecen la incompatibilidad entre amar a Dios y al Dinero: “Nadie puede servir a dos señores […]. No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,24). La base patrística es la afirmación de los Padres de la Iglesia: “El muy rico o es ladrón o hijo de ladrón”. Así, como sueña. 

 

El mejor legado que nos deja José I. González Faus son sus obras, que nos ayudarán a tenerle en nuestra memoria, una “memoria subversiva y subyugante” de Jesús de Nazaret, conforme al título de uno de sus libros. En ellas seguirá viviendo y en nosotros seguirá influyendo su pensamiento encarnado en la historia de la humanidad sufriente.

 

 

Imagen: https://www.religiondigital.org/baltazar_porras/Reflexiones-Jose-Ignacio-Gonzalez-Faus-teologo-democracia-pandemia_7_2459824001.html

Homilia 2º Domingo da Quaresma – Transfiguração do Senhor: “Este é meu Filho, o escolhido. Escutai o que ele diz!”

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

Os três evangelhos sinóticos, Marcos, Mateus e Lucas, fazem questão de demarcar o tempo, o lugar e os personagens da narrativa deste segundo domingo da Quaresma. Marcos e Mateus situam-na, seis dias depois e Lucas, em torno de oito dias (Mt 17, 1-8; Mc 9, 2-8; Lc 9,28—36). Digamos que se havia passado uma semana, mas de qual acontecimento tão importante e decisivo? Foram sete dias depois da confissão de Pedro de que Jesus era o Messias, o Filho de Deus (Mt 16, 13-18); do anúncio de Jesus de que estava subindo a Jerusalém onde seria preso, maltratado, julgado pelas autoridades religiosas e políticas, Sumos Sacerdotes e Sinédrio, levado à morte. Falou também de sua ressurreição ao terceiro dia. Foi imediata a reação de Pedro contrária ao propósito de Jesus de subir para Jerusalém e da dura reação de Jesus frente a ele: “Sai da minha frente, Satanás. Queres fazer-me cair. Pensas de modo humano e não de acordo com Deus” (Mt 16, 21-27). Segundo Lucas, Jesus tomou “resolutamente” caminho para Jerusalém (L, 9, 51)…

 

Assista ao vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=dRYR5ev91RY

  

Confira os comentarios bíblicos

Comentarios bíblicos: «a Él/ellos sí, escúchenlo/s»

[Por: Eduardo de la Serna]

El conocido episodio de la Transfiguración presenta, en Lucas, una serie de elementos características. Ya no es a los profetas sino a Jesús al que hay que escuchar. Él se encamina hacia Jerusalén donde ocurrirá un nuevo éxodo…

 

Descargue el artículo.

Comentarios bíblicos: Escuchar a Jesús, verdadero profeta de Dios

[Por: Olga Consuelo Vélez]

Ocho días después de estos discursos, tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y su ropa resplandecía de blancura. De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron gloriosos y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se retiraron, dijo Pedro a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, una para Moisés y una para Elías -no sabía lo que decía-. Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la nube, se asustaron. Y se escuchó una voz que decía desde la nube: Éste es mi Hijo elegido. Escúchenlo. Al escucharse la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto (Lc 9, 28b-36)…

 

Descargue los comentarios bíblicos al Evangelio del II Domingo de Cuaresma.