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Marina Garcés: “Estamos entendiendo la amistad como una especie de spa emocional”

[Por: Carlos Madrid | La Marea]

La filósofa dedica su último libro, ‘La pasión de los extraños’, a la relación humana más difícil de explicar: la amistad. Idealizada a menudo, la amistad también está atravesada por «envidias y fragilidades», como el resto de relaciones, explica Garcés…

 

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Francisco Ottonelli (1931-2025)

[Por: Jorge Rodríguez | La Diaria]

Falleció Francisco Ottonelli, un hombre entrañable, muy cálido, muy humano, recto, honesto, valiente, comprometido. Un hombre de fe.

 

Ottonelli tuvo una muy destacada actuación en la vida política de nuestro país, pero también la tuvo en el plano social y en el profesional…

 

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Imagen: https://www.gub.uy/presidencia/comunicacion/noticias/papa-francisco-colaborara-busqueda-informacion-sobre-desaparecidos-confirmo 

 

 

 

 

La fe que se vive: comunidades de esperanza para las personas migrantes

[Por: Como Nacido Entre Nosotros]

Querida comunidad, en México, muchas iglesias y comunidades de fe han decidido abrir sus puertas para recibir a quienes caminan buscando una vida mejor. Pastores, líderes y voluntarios se han convertido en anfitriones del amor, respondiendo a un llamado profundo: acoger al extranjero, cuidar al necesitado y reflejar esperanza en medio del camino…

 

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Imagen: https://www.diariolasamericas.com/america-latina/migrantes-venezolanos-siguen-siendo-mayoria-los-que-cruzan-el-darien-n5364146

Desafío Virtual 088: Los agustinos piden perdón «por el sufrimiento causado» por el cura acusado de abuso sexual en Alicante

[Compilación: Prof. Oscar Lobo i Oconitrillo]

La orden ya ha indemnizado a las dos víctimas denunciantes. El religioso, Ángel Escapa, había sido director y profesor del colegio Agustinos y se encuentra apartado de responsabilidades pastorales…

 

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Desafío Virtual 087: Espiritualidad Misionera: Cristo, nuestra luz

[Compilación: Prof. Oscar Lobo i Oconitrillo]

Según el libro del Génesis, lo primero que Dios crea es la luz. No para que Dios pueda ver, sino para mostrar que la Biblia y toda la creación revelan a Dios. La luz significa nada menos que el conocimiento de Dios…

 

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Desafío Virtual 086: Visita sorpresa del Papa en la Plaza: «Feliz Domingo de Ramos y Feliz Semana Santa»

[Compilación: Prof. Oscar Lobo i Oconitrillo]

El Papa Francisco aparece de sorpresa en la Plaza de San Pedro al final de la celebración presidida por el cardenal Leonardo Sandri del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Tras el saludo de la parvis, Francisco permaneció unos diez minutos saludando a los fieles presentes…

 

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Manejos oscuros de Noboa, ante las elecciones

[Por: José A. Amesty Rivera]

… Estas elecciones se dan en el contexto de una aguda crisis en Ecuador. Por ejemplo, Ecuador atraviesa una crisis energética, apagones y racionamientos; es la gestión de un gobierno que no puede garantizar el bienestar básico de sus ciudadanos…

 

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Homenaje Póstumo al Pensamiento de Gustavo Gutiérrez

[Por: Héctor Laporta (editor) | Revista Aportes Teológicos]

Los desafíos que afrontamos hoy en teología no son iguales a aquellos que vieron nacer a la Teología de la Liberación (1970). Sin embargo, nos parece importante señalar que no partimos de cero en nuestro esfuerzo por desarrollar una teología propia y que responda a los desafíos presentes por lo que atraviesa nuestra América Latina y el Caribe. Repasar sus motivaciones iniciales, ideas, articulaciones, aciertos y desaciertos nos permitirán dar continuidad a una teología propia, contextual y latinoamericana.

 

Nos parece importante, para nuevas generaciones, situar la génesis de la Teología de la Liberación no en plural ni tampoco con adjetivo de Latinoamericana adjetivos que han contribuido a quitarle mérito a una propuesta única y original de hacer teología… (Tomado de la Presentación)

 

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La alegría Pascual: no es triunfal ni trivial

[Por: Rosa Ramos]

“Defender la alegría como una trinchera…
De las ausencias transitorias
Y las definitivas…

De la obligación de estar alegres…

De los proxenetas de la risa…

Del azar y también de la alegría.”

Mario Benedetti

 

En nuestras celebraciones pascuales, naturalmente, se anima a la alegría. En la edad media había una tradición de la risa pascual que debía provocar el celebrante entre los presentes, lo hacía incluso a veces de forma grotesca (para nuestra cultura) con ese objetivo de que todos soltaran la carcajada. Hoy somos más sobrios, de todos modos, en la celebración del sábado de gloria, tras encender el fuego afuera, realizar las muchas lecturas a la luz del cirio y las velas, se hacen sonar las campanas, se encienden las luces del templo y se procura tener un buen coro acompañado de instrumentos musicales para animar a la alegría.

 

En los ejercicios ignacianos se invita a “alegrarse con Cristo Resucitado”, a gozar intensamente su pascua, el triunfo de la vida sobre la muerte, así como el día anterior se invitó a los ejercitantes a sufrir la cruz y “dolerse con Jesús doloroso”.

 

¿Pero cómo ha sido la alegría de la comunidad de seguidores de Jesús en aquellos días?

 

No está de más recordarlo: los relatos evangélicos de los encuentros del resucitado con María Magdalena, Tomás, los discípulos de Emaús, y todos en general, son narraciones teológicas -no crónicas históricas- que pretenden transmitir la experiencia de la fe que transformó sus vidas. Experiencia fuerte, sin duda, que les permitió transitar del pánico al arrojo, de la decepción a la esperanza activa, del dolor inefable a transmitir alegría y fortaleza a las comunidades nacientes.

 

Los relatos evangélicos procuran afrontar las dificultades presentes en las comunidades: el desconsuelo que paraliza que se expresa en el llanto de María Magdalena; el temor, el encierro y el aislamiento tras los hechos traumáticos, que buscan superar los relatos de la aparición a la comunidad a puertas cerradas, incluyendo luego a Tomás; el “todo fue una quimera, no tuvo sentido”, que puede verse en el relato de los discípulos que decepcionados regresaban a Emaús; el problema del liderazgo, si se animaban a continuar unidos creyendo en el proyecto de Jesús, que aparece en el relato de Pedro y el otro discípulo corriendo hasta el sepulcro…

 

Cada relato de “apariciones”, algunos repetidos con variantes, sigue un mismo esquema: una situación inicial negativa, luego un desconocido que se acerca y que no identifican, cierta apertura o mirada diferente a lo nuevo de parte de los discípulos, después una palabra o un gesto que les permite recordar-reconocer al Maestro crucificado, para finalizar en una confesión de fe: “está vivo”, “ha resucitado”, “Señor mío y Dios mío”, “acaso no ardía nuestro corazón…”, etc.

 

Todos los relatos señalan que los encuentros son indisponibles, no programados, “se deja ver”, o “se les abren los ojos”, que fue traducido “el Resucitado se apareció a…” Algo clave: siempre podemos subrayar en esos fugaces encuentros “el oficio de consolar” de Jesús y de animar seguir.

 

Vuelvo a la pregunta: cómo ha sido realmente la alegría de los amigos y amigas seguidores de Jesús y agrego otra ¿cómo es posible y auténtica nuestra alegría pascual hoy? ¿Cómo celebramos en nuestra propia experiencia la fe en la resurrección sin caer en la esquizofrenia ni en la magia?

 

Voy a tomar la figura paradigmática de María Magdalena, esa gran amiga y seguidora de Jesús, pues contemplar ese encuentro ha sido para mí clarificador. El relato del cuarto evangelio la muestra llorando “desconsoladamente” junto a la tumba. Otros relatos la muestran en compañía de otras mujeres, Juan la muestra sola, derrumbada, sin consuelo pues ha perdido el sentido de su vida al perder al amigo y Maestro. Muchas pinturas e ilustraciones catequéticas presentan el encuentro con la imagen del pañuelo blanco que se cae, que ella suelta y ondea en el aire cuando oye la voz que la llama por su nombre.

 

¿Cómo sucedió ese encuentro, qué pasó en la conciencia o en el corazón de esa mujer que será llamada “apóstol de los apóstoles”, una líder en la comunidad pospascual naciente? No lo sabemos, pero a mi juicio es muy significativo en el relato su levantar la cabeza y dejar de llorar, ese soltar el pañuelo. María Magdalena tuvo una experiencia honda de consuelo en su dolor, deja de llorar desconsoladamente. Pero no es una alegría triunfal ni trivial la suya; no le provoca amnesia de lo vivido. María en su alegría, nacida de la convicción de que Jesús no fue una mentira, que su vida y su prédica fueron auténticas, no olvida al Jesús masacrado, lo que sus ojos vieron “ayer” o pocos días antes. Vuelve a la comunidad y consuela a otros con su propio consuelo “regalado”, los acompaña y anima: Él VIVE. Pero ella sigue la vida sin amnesia del dolor, de la cruz.

 

A veces creemos o hasta pedimos a los creyentes que pasen del dolor (o “dolorismo” incluso) a la alegría pascual con un júbilo trivial, una alegría de carcajada o de triunfo ajeno a la realidad, pero “El resucitado es el crucificado” como nos enseñara Jon Sobrino (Sal Terrae, marzo 1982, ver en https://www.servicioskoinonia.org/relat/219.htm)

 

Nosotros, los cristianos del 2025, en nuestros países, barrios, familias, comunidades y en nuestras historias personales hemos de vivir la Semana Santa y la Pascua con sus cincuenta días hasta Pentecostés sin esquizofrenias y sin desencarnarnos. Más bien como la oportunidad de seguir encarnándonos, asumiendo las cruces y el bajar de las cruces a los crucificados de hoy, así como las alegrías pascuales que son propias de nuestra vida cotidiana y entorno, ahora iluminadas por la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

 

Estamos invitados a la alegría Pascual, sin duda, a confiar más y más en que la Vida tiene la última palabra, que Dios es Señor de la vida y de la historia, que es Amor creador, redentor, recreador permanente de la vida y que nos anima a colaborar para acortar la distancia entre “el todavía no, pero ya” (se está gestando y será pleno) del Reino. Pero con la madurez de una fe que supera la mágica concepción infantil o la imposición del “ríe, ríe, es Pascua”, que se parece a la mentirosa afirmación de “hay que reír, no hay que llorar, que la vida es un carnaval”. La vida no es un carnaval.

 

María Magdalena puede ser nuestra maestra en el soltar el pañuelo, símbolo del desconsuelo y la parálisis, sin trivializar la alegría y sin negar la realidad del dolor. Ella, poniéndose de pie y unida a la comunidad, nos enseña a recordar el misterio pascual como una totalidad inseparable (vida muerte y resurrección) y que la alegría pascual no es triunfal: es humilde y nace de un amor hasta el extremo. La auténtica alegría pascual ilumina con humildad nuestra vida real y la de nuestros pueblos, que incluye el dolor, la lucha, el testimonio y la decisión de más amar.

 

Imagen: https://blogger.googleusercontent.com/resurreccionjesus.jpg

Páscoa

[Por: Eduardo Hoornaert]

Páscoa, abandono e desolação.

 

Marcos evangelista conta que, no terceiro dia após a terrível morte de Jesus, ou seja, após o término da tradicional Páscoa judaica, não se encontra nenhum discípulo, nenhuma discípula dele, em Jerusalém. É o que consta no capítulo 14, vv. 45-52 de seu Evangelho, onde se lê que, quando os emissários do Grande Sacerdote puseram as mãos sobre Jesus e o prenderam, todos os seus discípulos o abandonaram. Marcos escreve literalmente: todos fugiram (em grego: ‘efugon pantes’: v. 50). O Evangelho de João conta que o próprio Jesus previu esse desenlace: Vocês se dispersarão, cada um de seu lado, e me deixarão só (Jo 16, 32). Provavelmente, os discípulos e as discípulas fugiram da cidade de Jerusalém, pois não só as autoridades, mas igualmente a população local lhes era hostil. É verdade que Simão Pedro ainda teimou acompanhar de longe a tragédia, mas não aguentou nem umas palavras de suspeita por parte de uma servente do Grande Sacerdote: Não o conheço, não sei de que você está falando (Mc 14, 68). Ele acabou fugindo da Cidade e empreendeu a viagem de cinco dias à terra natal, a região da Galileia pesqueira, em torno do Mar de Genesaré. Talvez na companhia de alguns companheiros, igualmente pescadores e discípulos de Jesus. Ali resolve voltar à pescaria: ‘eu vou pescar’. Os outros dizem: ‘Vamos como você’ (Jo 21, 3).

 

Mas nenhum deles consegue esquecer Jesus. Nem Simão, nem seu irmão André, nem Tiago e João, os filhos de Zebedeu. Embora eles digam entre si: ‘Isso acabou. Foi bonito, mas acabou’, a memória persiste. A figura de Jesus não deixa os apóstolos em paz e, quando vão à sinagoga nos sábados e escutam leituras de Isaías, dos Salmos, dos Profetas, que falam em Servo sofredor, Servo de Ihwh, Ungido pelo Sopro do Senhor, não conseguem deixar de recordar Jesus. Para eles, Jesus é esse Ungido de Deus enviado ao mundo, o Enviado do Pai, o Servo Sofredor. Essa situação dura meses, talvez mais de um ano. Voltar a Jerusalém? Enfrentar uma população que gritou, diante de Pilatos: ‘Acabe com ele, crucifique’? Nem pensar.

 

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Grita-se: Cristo!

 

A memória de Jesus ronda o movimento, que se espalha rapidamente por grandes espaços. Temos um vislumbre de como funciona por volta de 20 anos após a morte de Jesus, por meio do primeiro texto, cronologicamente falando, do Novo Testamento, que é a Primeira Carta de Paulo aos Tessalonicenses, do ano 49. Aí se lê, no versículo 5 do primeiro capítulo, uma observação do missionário Paulo de Tarso: não foi por palavra que a mensagem se espalhou entre vocês, mas por Força, por Sopro Santo, por Plenificação’ (em grego:‘plèroforia’). O que significa essa ‘Plenificação’? Em primeiro lugar, significa que a imagem clássica de um apóstolo pregando diante de um ‘auditório’ não corresponde ao que acontece em Tessalônica. Não há ‘pregador’, não há ‘auditório’, há Plenificação. Temos uma ideia mais precisa do que significa isso quando lemos o capítulo 14 da Primeira Carta aos Coríntios, de Paulo. O grupo que se evoca aí não se mostra disposto a escutar o que o apóstolo tem a dizer. Pelo contrário, entramos num ambiente barulhento e agitado. Todos (todas?) falam ao mesmo tempo, alguns (algumas?) emitem sons sem sentido, ou seja, falam em línguas (em grego: ‘Glôssais lalein’). Eles/elas emitem sons, que aparentemente não têm nenhum sentido, mas que são acolhidos com exaltação, como se possibilitassem, por meio de uma língua misteriosa, um contato direto com Deus. Parece que todos/as acreditam que esses sons incompreensíveis expressem uma língua misteriosa de contato direto e informal com Deus. Quem fala em línguas não se dirige à gente, mas a Deus (v. 2), escreve o apóstolo. Assistimos a um momento intenso de encantamento coletivo. Alguns entram em transe, outros gritam (em grego: ‘kèrussô’). Esse verbo evoca o grito do arauto do rei (kèruks), que pede que se livre o caminho para que o cortejo do rei possa passar. Todos gesticulam.

Mas, ao lado desse entusiasmo, há o medo. O movimento de Jesus, nos primeiros anos após a morte cruel de Jesus, enfrenta condições extremamente duras: incompreensões por todo canto, tanto por parte das autoridades quanto por parte da população em geral; perseguições e hostilizações; até condenações à morte, como é o caso de Estêvão no capítulo sete dos Atos dos Apóstolos. O movimento vive sob a constante ameaça de ser varrido do mapa por intervenções por parte das autoridades, com a conivência da população majoritária, como acontece com não poucos movimentos populares da época. Mas os seguidores de Jesus não desistem. Eles compartilham a mesma convicção: ‘não se pode perder a memória do Senhor’. Todos e todas estão convencidos/as da necessidade de guardar e difundir a memória do profeta Jesus de Nazaré. Eis a base de uma tradição extremamente resistente, penetrante e inovadora, que se espalha rapidamente pela Galileia e alcança, em poucos anos, a Síria, a Macedônia e a Ásia Menor, até penetrar nos três centros urbanos mais importantes do Império Romano: Antioquia, na Síria, Alexandria, no Egito, e Roma, na Itália.

É nesses ambientes de entusiasmo permeado de medo que ressoa, pois, o grito: Cristo! (1 Cor 15, v. 12). Em grego: Xpistos kèrussetai, literalmente: ‘Grita-se: Cristo‘. Pois repito: ‘Kèrussô‘ significa ‘gritar‘, enquanto o substantivo ‘kèrugma‘ [querigma] significa ‘grito‘.

 

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Os discípulos de Emaús.

 

Encontrei outras abordagens de tradições orais da época em torno do tema da ressurreição. Aqui cito duas. No Evangelho de Lucas, que é dos anos 80, ou seja, 50 anos após a morte de Jesus, encontro o episódio Os discípulos de Emaús (Lc 24, vv. 13-35). Lucas conta que, após o triste fim da vida de Jesus em Jerusalém, dois discípulos voltam para a aldeia Emaús, decepcionados. Acontece que um caminhante, que se dirige à mesma localidade, se junta a eles e logo entabula uma conversa: ‘O que estão conversando?‘ Cleófas responde: ‘Você é o único que não sabe o que aconteceu em Jerusalém nestes dias? (v. 18). Nós esperávamos que fosse Jesus que libertaria Israel, mas já fazem três dias (que o mataram)‘. Então, surpreendentemente, o peregrino misterioso passa a evocar referências bíblicas a respeito da vida e da morte de Jesus (v. 27). O grupo chega a Emaús e, no albergue do povoado, na hora de romper o pão, os dois discípulos desvendam Jesus( v. 31).

 

 

 

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Jesus e Maria Madalena: uma história de amor

 

Me deparei igualmente, no Evangelho de João, capítulo 20, vv. 11 a 18, com uma narrativa que tem diversos pontos em comum com a história dos discípulos de Emaús. João escreve que Maria vai ao sepulcro de Jesus para chorar: ela fica do lado de fora do túmulo, chorando. Inclina-se para olhar dentro e enxerga dois anjos, vestidos de branco, que lhe perguntam: ‘Mulher, por que chora?‘. Ela responde: ‘Levaram meu Senhor e não sei onde o puseram‘. Ao dizer isso, Maria se vira para trás e enxerga Jesus, de pé. Ela não sabe que é Jesus. Ele lhe pergunta: ‘Mulher, por que chora? Quem procura?‘. Pensando que seja o jardineiro, ela diz: ‘Senhor,se for você que o levou, dia-me onde o colocou e eu irei buscá-lo‘. Então, Jesus fala: ‘Maria!‘.E ela diz, em hebraico,:‘Raboni‘. Jesus : ‘Não me toque, pois ainda não me juntei ao meu Pai. Diga a meus irmãos que subo para meu Pai, que é seu Pai, ao meu Deus, que é seu Deus ‘ (Jo 20, 11-18).

 

 

 

Fra Angélico (1395-1455).

 

Fra Angélico(1395-1455) conta essa história a seu jeito. Maria faz um gesto com a mão, quer tocar a mão de Jesus, mas ao mesmo tempo cai de joelhos, enquanto o ‘jardineiro‘ Jesus, de enxada no ombro, troca a posição dos pés, como quem quer se afastar. Mas os olhares não mentem. Maria ama Jesus e, num relance, o intui no jardineiro.

Os apóstolos machos não deixaram de suspeitar que Jesus talvez mantivesse um relacionamento diferenciado com Maria Madalena. A literatura canônica sempre evitou esse tema, mas a apócrifa trata dele em termos explícitos. Na segunda parte do Evangelho (apócrifo) de Maria (século II), Pedro desabafa: Será que ele (Jesus) falou em segredo com ela, antes de falar abertamente conosco? Será que ele a amou mais do que a nós? (Schneemelcher, W., Neutestamentliche Apokryphen, vol.1, Mohr-Siebeck, Tübingen, 1990, pp. 314-315). O escrito apócrifo Pistis Sophia tem um episódio parecido. E no Evangelho de Tomé (também do século II), Pedro chega a dizer: Maria deve ser afastada de nosso meio, pois as mulheres não são dignas da Vida. Aí, Jesus toma a defesa dela e Pedro, finalmente, se conforma (Schneemelcher, ibidem, p. 113). Clemente de Alexandria, do século III, alude igualmente ao ‘caso’ Maria Madalena.

 

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Intuição.

 

Maria ‘intui’ Jesus no jardineiro e os discípulos de Emaús o ‘intuem’ num companheiro de viagem. Os dois textos nos ensinam que ressurreição é intuição.

Foi na filosofia de Baruch Spinoza (1632-1677) que encontrei uma explicação do tema ‘Jesus ressuscitado‘ que acabou me convencendo. Em seu trabalho mais importante, a Ética de 1670 (edição brasileira pela Autêntica Editora, Belo Horizonte, 2009), Spinoza traça três ‘estágios’ que a mente humana é capaz de percorrer ao se defrontar com as realidades da vida. Ele afirma que a grande maioria das pessoas permanece a vida toda presa a um estágio que ele chama imaginatio: imaginações, impressões, comoções e afetos que lhes vêm de fora. Spinoza não rejeita essas imaginações e esses afetos, mas reconhece que vale a pena alcançar um estágio intelectual superior, a ratio, ou seja, a ‘razão’. A ‘imaginatio’, decerto, faz parte do processo de aprendizagem, mas ela só oferece um conhecimento desordenado e confuso. A ‘ratio’, pelo contrário, permite formular as coisas de modo claro e preciso. Mas Spinoza vai mais longe. Além da conquista da ‘razão’, há como conseguir um terceiro estágio, o da scientia intuitiva, o modo de conhecimento mais perfeito que o ser humano é capaz de alcançar. Esse modo consiste em perceber Deus nas coisas e nos eventos: a mente humana é parte do infinito intelecto de Deus. Só temos um conhecimento parcial das coisas e estamos na completa ignorância da ordem e da coerência da natureza como um todo. Lembro aqui, de passagem, que Spinoza se forma uma ideia de ‘natureza’ que não é a dos ‘naturalistas’. Ele continua: a ‘ciência intuitiva’ vislumbra a ‘natureza’ infinita (leia: Deus) em que vivemos e nos movemos (como escreve o apóstolo Paulo). Esse terceiro estágio constitui a perfeição do conhecimento humano, mas é difícil de ser alcançado, pois não ‘cai do céu’, mas é resultado de conatus (‘esforços’, ‘tentativas’), que podem se estender pela vida inteira. Para além da ratio, a scientia intuitiva nos faz ver as coisas sub specie aeternitatis (‘numa perspectiva de eternidade’). Com isso alcançamos a suprema liberdade. O ‘outro’ se confunde com o ‘mesmo’, amar o outro é amar a si mesmo. Pois Spinoza ensina: Deus seipsum amat (‘Deus se ama a si mesmo’) e, desse modo, a ‘ciência intuitiva’ leva a amar aos outros como a si mesmo, como Jesus ensinou (Mt 22, 39).

 

Não sei se esse texto ajuda a compreender melhor a ressurreição de Jesus, mas, de qualquer modo, é um conatus, uma tentativa.