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“Nada agradecemos tanto los que nos dedicamos a la vida contemplativa como que se ore por nosotros”

[Por: Fray Roberto de la Iglesia | Religión Digital]

Rezar por los que rezan. Creo que nada agradecemos tanto los que nos dedicamos a la vida contemplativa como que se ore por nosotros. Sabemos del poder de la oración. Sabemos del cuidado de Dios por todos sus hijos y sabemos cómo la oración tiene el poder de mover el corazón de Dios. Por eso gracias a los que rezáis por los que oran. ¡Es un gran consuelo y apoyo para nosotros! No lo dudéis. No os pedimos ofrenda económica ni que nos tengáis en cuenta. Solo os pedimos la limosna de vuestra oración…

 

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Ozías, un rey apestado

[Por: Eduardo de la Serna]

Varios libros bíblicos hacen referencia a diferentes reyes. Los libros de los profetas con frecuencia señalan que el profeta “X” habló en tiempos del rey “Y”. Evidentemente, saber qué pasaba en tiempos de tal rey nos ayudará a entender mejor el sentido de las cosas que dice el profeta. Hay, también, otros libros, con apariencia de “históricos” que nos aportan otros elementos sobre los reyes u otros personajes. La intención de estos libros no es la de ser “libros de historia”, pero sí mostrar cómo Dios acompaña a su pueblo en la historia…

 

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Palabras a voleo: los primeros, fueron los primeros

[Por: Martín Valmaseda]

Los  primeros  no  fueron solo

los  doce “menos Judas,  más Matías”.

Los primeros  que  siguieron

a  JESÚS  el nazareno

porque  pronto  se añadieron 

poco  a  poco

unos  cuantos  atrevidos

convencidos  por  la  vida

y  las  palabras

del  humilde  carpintero  galileo

esos  fueron los  primeros

en  jugarse  su  pellejo

frente  a sacerdotes Judea

frente a  emperadores 

y  tiranos

esos fueron los primeros

seguidores de JESÚS…

 

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Preocupación en Colombia. Imágenes satelitales muestran una gran devastación por minería

[Por: REPAM]

Según un reporte dado por el Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), se han identificado alrededor de 27 dragas dedicadas a la extracción de minerales sobre las aguas del río Puré; afluente de agua que atraviesa un área protegida considerada un refugio de biodiversidad…

 

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Redadas en Los Ángeles provocan protestas y represión

[Por: TodosUno.Org]

Desde el viernes se han ubicado decenas de manifestantes en las calles del centro de Los Ángeles en Estados Unidos ante las masivas redadas que han ejecutado en esta “ciudad santuario”. Las protestas rechazan que la política anti migración de Trump deporte a personas trabajadoras y sin acceso a un juicio…

 

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Nueva publicación de Amerindia: “El legado del papa Francisco a León XIV”

[Coord. Rosario Hermano y Alejandro Ortiz]

Amerindia ha visto importante reflexionar sobre el legado de Francisco tanto en el actual contexto global como en el con­texto inmediato de la elección del nuevo Papa, que puede im­plicar continuidad o ruptura con lo realizado estos doce años anteriores. Es esencial hacerlo por varias razones. Durante de los dos pontificados anteriores a Francisco, la iglesia cató­lica entró en una fuerte crisis de credibilidad, de coherencia, de confianza. Ciertamente la crisis eclesial venía de mucho antes, pero también es verdad que con estos dos papas (Juan Pablo II y Benedicto XVI) y sus maneras de asumir el legado del Concilio Vaticano II se produjeron acontecimientos, ac­tores, circunstancias y postulados teológicos que no asumían este Espíritu conciliar y más bien se alejaban de él. Debemos agregar que, tanto los escándalos financieros como los abu­sos sexuales y sus respectivos encubrimientos, fueron fuertes golpes a la naturaleza misma de la Iglesia y a su institucionali­dad, cosas que la debilitaron profundamente.

 

De ahí la importancia del pontificado del papa Francisco. Sus palabras, su cercanía, su coherencia evangélica, sus documentos que no solo son utilizados en los ambientes eclesiales, sus símbolos, su sencillez y valentía, entre otros elementos, hicieron que mucha feligresía volviera a tener confianza en la Iglesia. Y esto se debe a que su ministerio lo volvió a enraizar en dos fuentes: en el Evangelio y el Vaticano II. Por ello cuando hablamos del legado de Francisco no nos referimos a que el nuevo Papa ejerza su ministerio como una copia de Francisco, sino que hablamos de mantener la “vuelta al Evangelio y al Vaticano II” que dan sentido, objetividad, orientación, dirección y estilo a cualquier ministerio eclesial. 

 

Ligarse al Evangelio y al Vaticano II implicó para Francisco generar dos líneas de acción, que en sí son una sola, pero vale la pena distinguirlas para enfatizarlas. Francisco fue un líder para el mundo ayudándole a pensar y a criticar un modelo económico: el capitalismo neoliberal, que ha generado un colapso civilizatorio en la naturaleza y en el corazón mismo del ser humano. Pero también fue un reformador eclesial. Impulsó un proceso sinodal de largo aliento, que busca generar en la Iglesia misma una continua reforma y cambio eclesial. Esta línea estratégica sigue en marcha, por ello es importante saber si el nuevo Papa la mantendrá y asumirá las consecuencias de este proceso o no la impulsará dejándola inconclusa.

 

Reflexionar este momento es bueno y necesario. Hemos invitado a importantes teólogos y teólogas para que nos ayuden a discernir este tiempo y sus signos. Contamos con la participación de Rafael Luciani, Ignacio Madera, Pepa Torres, Francisco Aquino Junior, Socorro Vivas, Agenor Bringheti, Elisabeth Román y Alejandro Ortiz.

 

Son reflexiones escritas en corto tiempo, pero no por ello superficiales ni ligeras; expresan hondamente preocupaciones y perspectivas en temas ineludibles y por tanto centrales de la vida eclesial ad intra y ad extra, que en conjunto nos brindan una reflexión muy consistente sobre el modo y ser de un pontificado que ha dejado huella globalmente y que espera continuidad. 

 

Hago un añadido al texto original. Mientras se trabajaba en esta publicación fue elegido León XIV. Esto implicó cambiar el título añadiendo el nombre del nuevo Papa, así como incorporar textos que incluyen una primera reflexión sobre León XIV. Hemos querido mantener el objetivo original de la publicación sobre el legado de Francisco. Habrá nuevas reflexiones desde Amerindia sobre los desafíos del papa León XIV. 

 

* Presentación del libro por Alejandro Ortiz, Coordinador general de Amerindia.

 

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Amerindia lanza sitio web del IV Congreso de Teología Latinoamericana

[Por: Micaela Díaz]

Del 22 al 24 de octubre, Lima (Perú) será el punto de encuentro de voces proféticas del continente. Se espera la participación de cientos de líderes y comunidades cristianas que buscan repensar la fe desde abajo y en clave de liberación. El sitio web del congreso https://congresoamerindia.com/  contiene todas las informaciones sobre el evento.

 

En tiempos de retrocesos democráticos, discursos de odio y una fe secuestrada por fundamentalismos, Lima levantará la voz profética de América Latina y el Caribe. Del 22 al 24 de octubre de 2025 se realizará en la capital peruana el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, un evento que promete ser un acto de resistencia, memoria y esperanza.

 

Con el lema “Horizontes de liberación: tejiendo esperanzas desde abajo”, el Congreso convoca a teólogos, agentes pastorales, comunidades de base, jóvenes pensadores, pueblos originarios, religiosas y religiosos, en una gran minga de reflexión sobre el presente que vivimos y el futuro que queremos construir desde la fe.

 

La herida abierta del continente y la urgencia del tejido

 

Organizado por Amerindia, el Instituto Bartolomé de las Casas (IBC) y la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el Congreso nace como respuesta al “colapso civilizatorio” que amenaza tanto a las personas como a la Tierra. Pero también como celebración de las resistencias populares, de los mártires, de las comunidades que nunca han soltado la mano de los pobres ni el hilo de la esperanza.

 

No es casual que esta cuarta edición se realice en Lima, un año después de la Pascua del padre Gustavo Gutiérrez, pionero de la Teología de la Liberación. Su figura será homenajeada en el auditorio que lleva su nombre en la PUCP, en una jornada especial donde la memoria será semilla.

 

Congreso para mirar, juzgar, actuar y celebrar

 

A diferencia de los congresos tradicionales, este evento está inspirado en la metodología latinoamericana del “ver, juzgar, actuar y celebrar”, cada jornada será una experiencia viva y transformadora.

 

  • Día 1: VER – Diagnóstico colectivo de la realidad: geopolítica, colapso ambiental, y resistencias en el continente.
  • Día 2: JUZGAR – Discernimiento teológico desde el Vaticano II, Medellín y los aportes actuales.
  • Día 3: ACTUAR y CELEBRAR – Propuestas desde las bases y testimonios de esperanza activa. Finaliza con una gran celebración de la vida, la fe y el compromiso.

 

Además, se realizarán talleres intergeneracionales, momentos culturales, peregrinaciones, y encuentros con comunidades.

Iglesia con rostro de pueblo

 

El Congreso busca responder a preguntas como: ¿Cómo resistir a la nueva ola autoritaria que se disfraza de fe? ¿Cómo construir una Iglesia que no tema ensuciarse las manos con el barro de la historia? ¿Cómo recuperar la mística del seguimiento de Jesús desde los márgenes?

 

Los organizadores plantean que esta será una convocatoria abierta a todo el Pueblo de Dios que camina, sueña, sufre y lucha desde abajo.

 

Inscripción

 

El evento tendrá lugar en la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP) y en espacios cercanos en Lima. Las conferencias de la mañana serán abiertas al público, mientras que los talleres de la tarde reunirán a participantes de todo el continente.

 

La Comisión Organizadora está integrada por teólogos y líderes de distintos países, entre ellos Alejandro Ortiz, Rosario Hermano, Francisco de Aquino Junior, Moema Miranda, Adriana Palacios, entre otros.

 

Las inscripciones están habilitadas a través del sitio web del Congreso: (https://congresoamerindia.com/), específicamente a través de la opción INSCRÍBETE.

El Espíritu nos permite atisbar el Reino presente

[Por: Rosa Ramos]

“…No van a decir: ‘está aquí, o está allá’. Y sepan

que el Reino de Dios ya está en medio de ustedes.”

Lc.17, 21

 

Hemos celebrado un nuevo Pentecostés, también la fiesta de la Trinidad… Pronto entraremos litúrgicamente en el tiempo ordinario que viviremos con la luz del Espíritu, que ilumina sin encandilar, que respeta la libertad. ¿Y para qué nos faculta esa luz interior que nos regalan el Padre y el Hijo?

 

El Espíritu nos permite ver la realidad con los ojos del Hijo, que es lo mismo que decir verla con los ojos del Padre. ¿Y qué podemos ver desde ellos? Pues: el reino de Dios presente en medio nuestro, en la cotidianidad, que incluye prosa y poesía, al decir del centenario pensador francés Edgar Morin. El Espíritu nos ilumina para leer la buena noticia que está presente, aconteciendo en las búsquedas, en los recorridos personales y comunitarios, en el mundo secular, allí donde la humanidad late -resiste y madura- en medio en situaciones concretas y complejas.

 

Este artículo tendrá “de todo, como en botica”, como el salpicón de una murga uruguaya o cual pinceladas impresionistas para que el lector sonría y una los trazos junto a otros colores de su propia contemplación. Y, una vez más, me propongo apostar a la esperanza, sin desconocer el tiempo de oscuridad y barbarie que transitamos en este 2025. ¿Acaso no era un tiempo oscuro el que le tocó a Jesús? Sin embargo Él veía el reino presente en lo pequeño y lo proclamaba agradecido.

 

Recientemente falleció el monje Mamerto Menapace, y han vuelto a circular muchos escritos suyos, también entrevistas. Un texto muy conocido en la década del ´80 decía: “no tenemos en nuestras manos la solución para los problemas del mundo, pero frente a los problemas del mundo tenemos nuestras manos…” Y nos invitaba a sembrar, “que la primavera nos encuentre sembrando”.

 

Nuestra vida trascurre generalmente entre siembras y cosechas, entre silencios, trabajos, apuestas cotidianas y algunas fiestas, momentos especiales que cambian el ritmo; prosa y poesía, siendo diferentes, se suceden, se alimentan, se entretejen incluso. En un mismo día tenemos prosa -exigencias rutinarias, horarios, trabajos, apuros- y poesía hecha de risas, de ternura, de levantar la mirada para contemplar el cielo, de encuentros que recrean, de celebraciones, litúrgicas o no. Poder leer la prosa y la poesía de la vida desde el Evangelio es fruto del Espíritu Santo, ese “reparador de sueños” (invito oír la canción en esta clave: https://youtu.be/4alU9ABXg8Q)

 

Abro la botica de pequeñas historias. Hace unos días una señora intentó venderme “una torta frita”. No le compré ni supe su nombre, pero me quedé aspirando el perfume de Cristo tras escucharla: “gracias a Dios tengo trabajo de lunes a viernes, pero…” Los fines de semana arma ese puesto de tortas fritas y la ganancia la guarda para las vacaciones de su hijo “las merece, estudia y es muy bueno”. El chico, que luego vi ayudarla a desarmar y guardar todo, tendría diez u once años. ¡La mamá ahorraba “la ganancia”, sin duda muy exigua, para esas vacaciones!, pregunté -“¿se van en julio?”, -“¡Noooo, ahorro para poder ir el próximo turismo!” Creo que reconocería a esa mujer si la viera otra vez por la luz de su rostro, por el entusiasmo con que contaba su proyecto a largo plazo: ¡abril del 2026! Vive y trabaja desde él, o mejor dicho, desde el amor por su hijo.

 

Otra mini historia de reino entre nosotros si la contemplamos con los ojos de Dios: Ana y Nacho dejaron por una semana sus respectivas familias y trabajos, para volar doce horas, cambiar de continente y visitar tan sólo siete días a un entrañable amigo, internado con un cáncer recién descubierto, pero avanzado y terminal. Se habían conocido y compartido mucho en grupos juveniles de una parroquia en Madrid ¡cuatro décadas atrás! y visto por última vez hacía nueve años, pero el cariño estaba intacto. Nacho es médico, Ana esposa de otro médico, no recuerdo su trabajo, sí que es madre de jóvenes para quienes cocinó mucho antes de viajar. No hicieron más paseos que ir al sanatorio a acompañar al amigo enfermo algunas horas a lo largo de esos siete días. Entran en esta historia de reino otros amigos que los animaron a venir y recibieron en sus casas.

 

Solemos viajar por placer o por trabajo, este viaje realizado por puro cariño, gratitud y fidelidad acrisolada en la distancia, se me figura aquel perfume de nardos vertido por una mujer en la cabeza de Jesús previo a su muerte y que invadió toda la casa. Para ser honesta, Nacho y Ana no fueron los únicos que viajaron para despedirse de aquel enfermo tan querible y tan querido, otros varios lo hicieron por tierra durante veinte horas, lo vieron y regresaron un día después a su país. ¡Así es el amor, generoso, sin cálculo, desmedido; un amor tal sabe a reino y es sacramento de Dios!

 

También contemplé recientemente otros signos que leí como reino incoado. Mercedes cumplía cincuenta años y su compañero quiso regalarle una fiesta sorpresa a la que pudieran ir a saludarla todos los que quisieran y… muchos quisieron… Recicladores de basura, sacerdotes, un Ministro -el jefe de Mercedes-, muchos amigos de distintos grupos y barrios a los ella pertenece o acompaña. No imaginen la torre de Bebel ni el “Cambalache” del tango, la reunión se asemejaba a las bodas de Caná a la que llegan Jesús y sus amigos autoinvitados, o esa casa acogedora de Marta y María en Betania. Encuentros, risas, abrazos, todos esperábamos ansiosos la llegada y la sorpresa de esa amiga tan querida, de esa mujer tan especial que a tan diversas personas congrega. El lugar estaba decorado con globos, una imagen del Padre Cacho, una mesa con torta y allí también un arreglo floral al que me acerqué atraída y luego admirada al leer la tarjeta y saber el origen.

 

Volví a impregnarme del perfume de nardos derramado, esta vez el perfume llegó en rosas rojas e ilusiones blancas del arreglo floral tan bello como costoso. Precisamente regalado por gente de un barrio humilde que es conocido por las crónicas policiales; mal conocido si no se ve germinar ahí el reino de Dios, y vaya si germina. El mejor regalo, ese “derroche”, provenía de allí. Hubo otra desmesura en la que reparé: directo del aeropuerto llegó a la fiesta una amiga, era viernes a la noche, Cecilia retornó el domingo, a las cuarenta y ocho horas, había dejado en Santiago de Chile a su pequeña de cinco años.  Sólo el amor gratuito da lugar a estos gestos-signos.

 

Este año he tenido la alegría de celebrar varios cumpleaños de cincuenta y uno de sesenta en fiestas muy sentidas, en que se reúnen los afectos y se da gracias por la vida, tal como ha sido, no siempre “lineal y feliz”. La vida real cargada de pérdidas, límites, claroscuros, recorridos sinuosos, búsquedas, rebeldías y aceptaciones… merece ser celebrada. Algunos cumpleaños son claves, porque ya se ha vivido suficiente tiempo, para contemplar a distancia el conjunto y ver que “todo vale la pena, si el alma no es pequeña”, como sentencia el poeta. Se me ocurre la imagen de un tren haciendo una curva, desde una ventanilla podemos ver el recorrido, los vagones: nuestra historia.

 

El Reino de Dios se ve -con la ayuda del Espíritu- en estos signos: en el trabajo extra de una madre para regalarle vacaciones a su hijo, en la presencia de los amigos, ya sea junto al lecho de un enfermo para despedirlo, como en una fiesta para celebrar la vida compartida. También en regalos generosos y desmesurados, con la sola medida del amor que se quiere expresar. ¡Tanto amó Dios al mundo..!

 

Imagen: https://i.pinimg.com/736x/5b/8e/fb/5b8efbdd570ab451ad4d178cf99d3589.jpg

Por qué no paramos de hacer guerras

[Por: Leonardo Boff]

En estos momentos estamos viviendo tiempos dramáticos con guerras de gran letalidad en Ucrania, en Congo, terribles en la Franja de Gaza con un genocidio a cielo abierto, ante la indiferencia de aquellas naciones que nos legaron los derechos humanos, la idea de democracia y el ser humano como fin y nunca como medio. Particularmente trágica es la guerra entre Israel e Irán que, si no es contenida, podría generalizarse en una guerra total, con el riesgo de poner fin a la biosfera y a nuestra existencia en este planeta.

 

La pregunta que quiero plantear es inquietante y muy realista: ¿qué paz es posible dentro de la condición humana tal como se presenta hoy día? ¿Podemos soñar con un reino de paz? Según estamos estructurados como personas, como comunidades, como sociedades, ¿qué tipo de paz? Rechazamos la afirmación: si quieres la paz, prepara la guerra.

 

Traigo aquí algunas reflexiones que exigen realismo y desafían nuestra voluntad política de construir la paz. Porque la paz no viene dada, la paz es resultado de un proceso de todos los que buscan el camino de la justicia, que protestan contra un tipo de mundo que no deja a los seres humanos ser humanos unos para otros, un israelí con un palestino.

 

Empiezo recordando algunos datos de las ciencias de la vida y de la Tierra, pues ellas nos ayudan a pensar. ¿Qué nos dicen? Que todos nosotros, el universo entero, venimos de una gran explosión ocurrida hace 13.700 millones de años. Hay instrumentos que pueden captar el eco de esa inmensa explosión en forma de una minúscula onda electromagnética. Aquella produjo un caos enorme. Nosotros venimos del caos, de la confusión inicial, pero el universo –impregnado de interrelaciones– empezó a expandirse y mostró que el caos no es solo caótico sino que puede ser también creativo. El caos genera dentro de sí órdenes. El proceso cosmogénico crea armonía y, al expandirse creando espacio y tiempo, creó el cosmos. Cosmos, de donde viene la palabra cosmético que todos conocen, es belleza y orden. Pero el caos nos acompaña como una sombra. Por eso el orden es siempre creado contra el desorden y a partir del desorden. Pero ambos, orden y desorden, caos y cosmos siempre van juntos, coexisten juntos.

 

Y, llegando al nivel humano, ¿cómo aparecen? Aparecen bajo dos dimensiones de sapiencia y de demencia. Nosotros somos homo sapiens sapiens, seres de inteligencia y, simultáneamente, somos homo demens demens, seres de demencia, de negación de la justa medida. En primer lugar somos seres de inteligencia, de sapiencia, es decir, somos portadores de consciencia. Somos seres societarios, cooperativos. Seres que hablan, seres que cuidan, seres que pueden crear arte, hacer poesía y entrar en éxtasis.

 

Ocupamos ya el 83% de nuestro planeta, ya hemos ido a la luna y a través de una nave espacial hemos ido más allá del sistema solar. Si algún ser inteligente abordara esta nave –que ha salido del sistema solar y va a circular durante tres mil millones de años por el centro de nuestra galaxia– podrá ver mensajes de paz escritos en ella, en más de cien lenguas, como también el llanto de un niño, el sonido de un beso de dos enamorados y fórmulas científicas. La palabra paz está escrita en más de cien lenguas, como mir, peace, shalom, pax, mensaje que nosotros queremos hacer llegar al universo.

 

Somos seres de paz, y simultáneamente somos seres de violencia. Dentro de nosotros existe crueldad, exclusión, odios ancestrales, cosa que estamos presenciando en nuestro país y principalmente en la guerra contra los palestinos de la Franja de Gaza y en la guerra entre Israel e Irán. Hemos demostrado que podemos ser homicidas, matamos a personas. Podemos ser etnocidas, matamos etnias, pueblos, como los 61 millones de pobladores indígenas de América Latina; es nuestro holocausto, raramente mencionado. Podemos ser biocidas, podemos matar ecosistemas, como gran parte de la Floresta Atlántica, parte de la Amazonia y las grandes selvas del Congo. Y hoy podemos ser geocidas, podemos devastar salvajemente nuestro planeta vivo, la Tierra.

 

Todo eso podemos ser, el Satán de la Tierra. Y aquí surge la angustiada pregunta: ¿Cómo construir la paz, si somos la unidad de esa contradicción, del caos y del cosmos, del orden y del desorden, de la sapiencia y la demencia? ¿Qué equilibrio podemos buscar, y debemos buscar, en ese movimiento contradictorio para que podamos vivir en paz? La propia evolución nos ha ayudado, ella es sabia y nos ha dado una señal. Ella nos dice que aquello que hace al ser humano ser humano –diferente de otras especies– es nuestra capacidad de ser cooperativos, seres sociales, seres de lenguaje, de diálogo y de reciprocidad.

 

Cuando nuestros antepasados salían a cazar, no hacían como los chimpacés. Estos, los chimpancés, son nuestros parientes más cercanos, con un 98% de carga biológica en común.

 

¿Y cómo se dio el salto del mundo animal al mundo humano? Cuando nuestros antepasados salían a cazar no comían privadamente su caza –como hacen los otros animales–, la llevaban a sitios comunes y dividían fraternalmente entre ellos todo lo que recogían como alimento. El salto se dio por la comensalidad, por nuestra capacidad de ser cooperativos y sociales. Y por el hecho de ser cooperativos y sociales surgió el lenguaje, que es una de las definiciones del ser humano. Sólo nosotros hablamos. Por eso, la esencia del ser humano es ser un ser hablante, solidario, cuidadoso y cooperativo.

 

¿Cuál es la perversidad del sistema bajo el cual todos nosotros sufrimos? Un sistema mundialmente integrado bajo el dominio de la economía de mercado y del capital especulativo. Es un sistema solo competitivo y nada cooperativo. Es un sistema que no ha dado todavía el salto a la humanidad, vive la política del chimpancé, donde cada uno acumula privadamente y no pone en común para otros semejantes suyos.

 

Pero ya que tenemos las dos dimensiones dentro, de demencia e inteligencia, competitividad y cooperación, es propio del ser humano imponer límites a la competitividad. Es reforzar todas las energías que van en dirección a la cooperación, a la solidaridad, a cuidarnos unos a otros. Haciendo así, reforzamos lo auténticamente humano en nosotros y creamos las bases para una paz posible y sostenible.

 

Es propio de los seres humanos cuidar. Sin cuidado no se puede salvaguardar la vida, no se expande, fenece y muere. Entonces, la cooperación y el cuidado son los dos valores fundamentales que están en la base de cualquier proyecto productor de paz. No es cerrar la mano, es extender la mano en dirección a otra mano. Es entrelazar las manos creando la corriente de la vida, de cooperación y solidaridad, que son las condiciones que podrán generar la paz entre los humanos.

 

Cuando cuidamos unos de otros, ya no tenemos miedo; tenemos seguridad. Seguridad de vivienda, del medio ambiente, de la vida personal. Para exorcizar el miedo apliquemos cuidado. Por esta razón, ya Gandhi –ese gran político humanista– decía que la política es el cuidado de las cosas del pueblo. Es el gesto amoroso con las cosas que son comunes. Política no es gerenciar la economía, las monedas, es cuidar a las personas y al pueblo, es cuidar las grandes causas que hacen la vida del pueblo.

 

Y, gracias a Dios, en nuestro país, se inauguró una política que da centralidad al cuidado del hambre de nuestra población, que pone como fundamental la titulación de las tierras de los pueblos originarios y de los que viven en favelas.

 

Nuestro país, bien cuidado, puede ser la mesa puesta para el hambre de todos los brasileros y para el hambre de la humanidad, tal es la grandeza de nuestros suelos productivos. Entonces, debemos dejar resonar el discurso del presidente Lula en todos los foros:

 

“No necesitamos guerra, necesitamos paz. No necesitamos miles de millones de dólares para construir la máquina de muerte, podemos reordenar ese dinero para propiciar vida, expandir la vida, dar futuro a la vida. En lugar de la competición poner la cooperación. En lugar del miedo poner el cuidado. En lugar de la soledad de quien sufre, la compasión de quien se inclina sobre el caído, sufre con él, lo levanta y camina con él”.

 

En nuestra búsqueda de paz queremos borrar la palabra enemigo; hacer de todos los seres humanos, aliados; hacer de todos los que están lejos, próximos y a los próximos hacerlos hermanos y hermanas.

Cuando preguntaron al maestro Jesús “quién es mi prójimo”, él no respondió. Contó una historia que todos conocemos, la del buen samaritano. Ahí Jesús deja claro quién es el prójimo. “Prójimo es aquel de quien estoy próximo”. Depende de nosotros hacer a todos los humanos –hombres y mujeres de las distintas razas, procedencias, inscripciones ideológicas– hacerlos nuestros prójimos. No dejar que sean enemigos, sino aliados y compañeros.

 

Nos mostramos como seres humanos cuando compartimos el pan. Compartir el pan es ser com-pan-ñero, como el propio origen de la palabra sugiere: cum panis, aquel que comparte el pan para entrar en comunión con el otro. Nacemos como seres de com-pan-ñerismo. ¿Cuál es nuestro desafío? Asumir como proyecto personal, proyecto político aquello que nuestra naturaleza en su dinámica pide: construir una sociedad de cooperación, de cuidado de unos a otros. El Papa Francisco nos legó esta seria advertencia: “estamos todos en el mismo barco: o nos salvamos todos o no se salva nadie”.

 

La Carta de la Tierra a su vez también advirtió que debemos “formar una alianza global, para cuidar de la Tierra y cuidar unos de otros, en caso contrario nos arriesgamos a nuestra destrucción y a la de la diversidad de la vida”. Una alianza de cooperación con la naturaleza y no contra la naturaleza; un desarrollo que se hace con la naturaleza y no a costa de la naturaleza.

 

La paz puede ser construida. No una mera pacificación como propone el presidente Trump, sino la paz tan bien definida por la Carta de la Tierra “como la plenitud que resulta de la correcta relación consigo mismo, de la correcta relación con el otro, con la sociedad, con otras vidas, con otras culturas y con el Todo del cual somos parte”. En una palabra, la paz como un proceso de justicia, de cooperación, de cuidado y de amorización. Ese es el fundamento que nos da la percepción de que la paz es posible y que puede ser perpetua.

 

Importa no sólo oponernos a la guerra sino conseguir la paz. Entonces la paz exige compromiso; para él queremos invocar fuerzas, también aquellas que van más allá de nuestras fuerzas. El universo es una inconmensurable red de energías, todas ellas beben en la Fuente originaria de donde todo viene y proviene a la cual los cosmólogos llaman El abismo generador de todos los seres y los cristianos llamamos Creador. Queremos que la paz del Creador refuerce la búsqueda de la paz humana. Entonces lo que parece imposible se vuelve posible, una sonriente y feliz realidad.

 

*Leonardo Boff ha escrito Cuidar de la Casa Común: cómo retrasar el fin del mundo, Vozes 2024.

 

Traducción de Mª José Gavito Milano.

 

Imagen: https://cnnespanol.cnn.com/mundo/live-news/ataque-israel-iran-bombardeos-en-vivo-iv-trax

Entrevista a Juan José Tamayo a propósito de su libro “Cristianismo radical”

[Por: José Manuel Vidal]

El teólogo Juan José Tamayo acaba de publicar CRISTIANISMO RADICAL (Trotta), libro que, en apenas dos meses, ha alcanzado ya la segunda edición, donde el -entre otras cosas- cofundador y actual secretario general de la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, miembro de la Sociedad Española de Ciencias de las Religiones y del Comité Internacional de Foro Mundial de Teología y liberación- pretende, como reconoce en la entrevista en Religión Digital, “recuperar el carácter liberador del cristianismo originario, mercantilizado por el cristianismo posterior, y la radicalidad ética de Jesús de Nazaret, neutralizada por los funcionarios de Dios y los mercaderes del templo”.

 

“Si el cristianismo -afirma- no quiere caer en la irrelevancia social y cultural y de la pérdida de sentido en este cambio de era que estamos viviendo; si pretende ser históricamente significativo e intelectualmente crítico y relevante en el concierto de los saberes,; si aspira a mantener el carácter liberador de sus orígenes, debe ser un cristianismo en policromía, es decir, compaginar el rojo de la justicia, el verde de la ecología, el violeta del feminismo, el blanco de la paz y el arcoiris como bandera del LFTB+”.    

 

Hagamos un poco de genealogía. Este libro hace el número 90 de tu extensa bibliografía y el vigésimo de la editorial Trotta. ¿Cómo surgió? ¿Cuándo te planteaste escribirlo?

 

La idea del libro surgió de una iniciativa del entonces director de Trotta, Alejandro Sierra, quien me invitó a escribir una obra sobre el cristianismo liberada de interpretaciones mitológicas y de manipulaciones históricas posteriores y recuperando sus dimensiones éticas para nuestro tiempo. Enseguida me puse manos a la obra. He dedicado los tres últimos años a la redacción del libro, compartida con cursos, conferencias, congresos, encuentros con colegas teólogas y teólogos españoles y latinoamericanos, colectivos laicos, movimientos sociales, grupos de estudio y muchas lecturas.

 

¿Por qué lo has escrito?

 

En primer lugar, para recuperar el carácter liberador del cristianismo originario, mercantilizado por el cristianismo posterior, y la radicalidad de la ética de Jesús de Nazaret, neutralizada por los funcionarios de Dios y los mercaderes del templo. El cristianismo surgió como un movimiento igualitario de hombres y mujeres en los márgenes de la sociedad y antiimperial. Sin embargo, pronto se convirtió en una religión jerárquica, patriarcal y clerical al servicio del Imperio, en la que las mujeres fueron excluidas de las funciones directivas y de los ministerios eclesiales. Se les impuso el velo, el silencio y la clausura en el espacio doméstico.

 

En segundo lugar, pretendo liberar al cristianismo del secuestro al que está siendo sometido hoy por el cristoneofascismo, que ha mutado los valores cristianos por sus contrarios: el amor por el odio, el perdón por la venganza, el respeto y el reconocimiento del otro por la intolerancia hacia las personas y los colectivos diferentes, la amistad por la dialéctica amigo-enemigo.    

 

En tercer lugar, como teólogo de la liberación intento responder creativamente y desde una hermenéutica crítico-liberadora a los grandes desafíos actuales.

 

¿Cuáles son esos desafíos que el cristianismo radical tiene que abordar?

 

El primero y más grave es la pobreza estructural provocada por la desigual e injusta distribución de la riqueza. Junto a él cabe destacar los siguientes: la crisis de la democracia, sometida a la dictadura del mercado; el militarismo y la guerra que están convirtiendo el mundo en un coloso en llamas; la depredación de la naturaleza que la ha convertido en un vertedero de desechos; la pervivencia del patriarcado, que desemboca en diferentes formas de violencia de género hasta llegar a los feminicidio; el colonialismo, que sitúa a las personas colonizadas en el no-ser; la globalización neoliberal; el choque de civilizaciones; la mercantilización de la vida; el racismo y la xenofobia; los fundamentalismos y dogmatismos religiosos; el necrocapitalismo, que establece el darwinismo social; el supremacismo blanco; la injusticia cognitiva global, que niega todo valor a las culturas de los pueblos originarios, el nacimiento del cristoneofascismo como nueva religión y los discursos de odio de la extrema derecha política y cultural y de los movimientos religiosos integristas. Dedico a estos desafíos el primer capítulo del libro para no caer en falsos idealismos que no hacen pie en la historia.

 

¿Por qué el adjetivo “radical” en el título?

 

Tras no pocas discusiones con colegas y personas que leyeron el texto, lo tuve claro desde el principio, porque el cristianismo o es radical o no es cristianismo. La palabra “radical” está muy descreditada por varias razones. La primera, por un error semántico: se tiende a confundirla erróneamente con extremismo, fundamentalismo, fanatismo, incluso con violencia. La segunda, porque en la respuesta a los grandes cambios epocales que se están produciendo en el mundo se prefieren actitudes más descomprometidas, neutrales, indefinidas, acomodaticias o, al decir de Sygmunt Bauman, líquidas. Me recuerda la afirmación adjudicada a Grucho Marx: “Estos son mis principios, y si no les gustan, tengo otros”.

 

Quienes han salvado al cristianismo de sus numerosas crisis a lo largo de su bimilenaria historia no han sido los papas, el Vaticano, el clero, los reyes, emperadores y príncipes cristianos, sino la radicalidad con la que lo han vivido algunos de sus principales protagonistas. Veamos algunos ejemplos.

 

– Jesús de Nazaret, que vivió su fe judía desde la libertad y el enfrentamiento con las diferentes autoridades: las religiosas legalistas, las políticas imperiales, las económicas opresoras.

– Francisco de Asís y su actitud pacifista, eco-fraterna y de total desprendimiento.

– Las místicas y los místicos medievales, muchos de los cuales dieron con sus huesos en la hoguera, por ejemplo, Margarita Porete junto con su libro Espejo de las almas algunos de simples.

– Bartolomé de Las Casas y su defensa de las comunidades indígenas de la opresión a la que fueron sometidas por los conquistadores y no pocos “evangelizadores”. 

– Juan de la Cruz, incómodo para el poder tanto religioso como político y, por ello, encarcelado por sus propios hermanos carmelitas.

–  Teresa de Jesús, mística y reformadora del Carmelo.

– Sor Juana Inés de la Cruz, crítica del poder patriarcal.

– Simone Weil, que supo compaginar la experiencia mística, la identificación con la clase trabajadora y sus sufrimientos y la lucha contra todo tipo de opresión.

– Dietrich Bonhoeffer, mártir que supo compaginar la mística del seguimiento de Jesús mártir y la lucha contra el nazismo.

–  Martín Luther King, defensor de los derechos civiles de la comunidad negra.

– Monseñor Oscar A. Romero, mártir por su defensa de las mayorías populares de El Salvador y la crítica de los poderes hegemónicos coaligados contra el pueblo.

– Leónidas Proaño, defensor de los derechos de la Pachamama y de los pueblos indígenas.

– Pedro Casaldáliga, obispo, poeta, místico y revolucionario internacionalista que, conforme a su afirmación “mis causas son más importantes que mi vida”, defendió la causa de los peones, de los mártires, de la comunidades indígenas, de las comunidades negras, de las mujeres, de la Tierra.

– Ignacio Ellacuría, filósofo y teólogo de la liberación, que presenta a los pobres como lugar teológico y propone la civilización de la pobreza como alternativa al capitalismo.

– Berta Cáceres, asesinada en Honduras por la defensa de los derechos de la Tierra, pisoteados por el extractivismo.

 

El significado con el que utilizo “radical” en el libro es ir a las fuentes antropológicas del ser, del vivir y del convivir, del sentir y del co-sentir, recuperar el mensaje ético de las Bienaventuranzas, considerado por Gandhi el mejor programa social. En definitiva, ir a las raíces evangélicas, que deben historificarse en los nuevos climas culturales.

 

¿Y cómo defines el concepto de “raíces evangélicas” en el contexto del cristianismo radical?

 

Importante y muy necesaria pregunta, José Manuel, que va al corazón del libro. Yo resumiría las principales raíces evangélicas, de las que se alimenta el cristianismo radical en las siguientes:  

 

– La incompatibilidad entre servir a Dios y al dinero, como afirma Jesús de Nazaret, dinero que es el resultado de la injusticia, como afirma el evangelio de Lucas. Los padres de la Iglesia radicalizan dicha incompatibilidad al afirmar que el rico es ladrón o hijo de ladrón y el papa Francisco la concreta hoy en la encíclica La alegría del Evangelio calificando el neoliberalismo como injusto en su raíz y aseverando que la economía de la exclusión y de la inequidad mata.

– El Evangelio como Buena Noticia de liberación para las personas más vulnerables, los colectivos empobrecidos y los pueblos oprimidos y mala noticia para quienes oprimen y hacen sufrir.

– La denuncia profética del poder, de todos los poderes: económico, político, religioso, y de quienes los detentan, y la negativa a hacer alianza con ellos.  

– La sensibilidad hacia el sufrimiento, la compasión con las víctimas y la lucha contra las causas que generan el sufrimiento eco-humano.

– La memoria subversiva de la pasión de Cristo, de los perdedores y humillados, y especialmente de las mujeres olvidadas.

– El principio misericordia para con los crucificados de la tierra, a quienes hay que bajar de la cruz.

– La gratuidad y la generosidad frente al mercantilismo y el egoísmo y el agradecimiento por todo lo recibido.

– La experiencia mística, la contemplación, la apertura y el respeto al Misterio que nos circunda.

– El encuentro gozoso con la naturaleza de la que formamos parte practicando la ética del cuidado.

– La esperanza resiliente, que asume el lado negativo de la existencia humana, incluido el fracaso, pero no se no se deja vencer por el miedo.

– La utopía del reino de Dios como proyecto de sociedad alternativa.

– La resistencia frente a las injusticias, y no la sumisión. 

– El trabajo por la paz, inseparable de la lucha por la justicia, y la no violencia activa en la resolución de los conflictos.

– La vulnerabilidad, la fragilidad y la interdependencia como dimensiones fundamentales del ser humano.  

– La austeridad compartida frente a la acumulación de los bienes y su disfrute egoísta.

– La comunidad de iguales sin discriminación de género, identidad sexual, etnia, cultura, clase social y religión. 

 

¿Por qué incluyes la perspectiva feminista como un elemento esencial del cristianismo radical?

 

Porque el cristianismo a nivel institucional es hoy uno de los principales y más eficaces bastiones que legitiman el patriarcado como sistema de dominación de las mujeres tanto en la sociedad como en la Iglesia. La Iglesia católica, por ejemplo, se configura como una patriarquía, en la que las mujeres son excluidas del liderazgo eclesial, de las funciones directivas, del ejercicio del poder, de la elaboración de la doctrina teológica y moral, de la mayoría de los ministerios eclesiales y de la toma de decisiones, incluso en cuestiones que les afectan directamente como los derechos sexuales y reproductivos.

 

Para justificar dicha exclusión se apela a la imagen masculina de Dios, que solo se deja representar por varones, convertidos en masculinidades sagradas, y a la masculinidad de Jesús de Nazaret, que da lugar a la patriarcalización de la cristología, que entiende la encarnación de Dios solo en clave de varón.    

 

Lo confirman dos pensadoras feministas estadounidenses. En su libro Más allá de Dios Padre (1973) la filósofa y teóloga feminista Mary Daly afirma: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. El patriarcado religioso legitima el patriarcado social y político y ambos se apoyan y autoalimentan. Y Kate Millet, pionera de la tercera ola del feminismo, en Política sexual (1970) escribe: “El patriarcado siempre tiene a Dios de su lado”.

 

La deconstrucción de la patriarquía eclesiástica requiere desmasculinizar a Dios y despatriarcalizar la cristología y democratizar la comunidad cristiana. Esta es la tarea de la teología feminista, que está contribuyendo a pasar de la patriarquía a la comunidad de iguales, pero también tiene que serlo de la teoría de género, que no puede hacer oídos sordos al clamor de no pocas mujeres creyentes apresadas bajo el patriarcado religioso. Teología feminista y teoría de género deben caminar juntas y en sintonía para elaborar una teoría crítica del patriarcado en las religiones y en la sociedad y activar nuevas prácticas emancipatorias y superadoras de las discriminaciones interseccionales de género, etnia, cultura, religión, género, identidad sexual y clase social, que afectan especialmente a las mujeres. 

 

Hoy asistimos a la rebelión de las mujeres en el cristianismo en las iglesias locales y en la Iglesia universal, con la participación en las luchas del movimiento feminista por la igualdad y la justicia de género. Esta rebelión constituye uno de los hechos mayores y de más profundo significado que tiene importantes repercusiones políticas y sociales.  

 

Mi propuesta conforme a la hermenéutica feminista es doble:

 

a) Volver al cristianismo originario, que fue un movimiento igualitario de hombres y mujeres, en el que estas ejercieron el protagonismo desde abajo; fueron seguidoras desde el principio, discípulas, amigas y acompañantes de Jesús en la cruz, cuando los discípulos varones le abandonaron, y fueron las primeras testigos de la experiencia de la resurrección…  Quizá sin la experiencia de las mujeres de la resurrección y de su testimonio, no hubiera surgido la Iglesia cristiana.

 

b) Elaborar una teología crítica del patriarcado religioso y político a través de la hermenéutica feminista y de las categorías de la teoría de género: feminismo, género, patriarcado, sororidad, autonomía, derechos sexuales y reproductivos, masculinidades hegemónicas y alternativas, división sexual del trabajo, violencia de género, razón patriarcal, etc.

 

¿Qué significa para ti un “cristianismo hospitalario” en el contexto de la xenofobia creciente de los discursos de odio?

 

Unos de los blancos contra el que dirigen sus flechas afiladas los discursos de odio son las personas y los colectivos inmigrantes, refugiados y desplazados. En nuestras sociedades desarrolladas imperan el racismo y la xenofobia, no solo en las relaciones entre personas nativas e inmigrantes, sino también en las leyes y en la acción política de los Gobiernos. Tristemente cabe reconocer que los partidos que tienen en sus programas propuestas xenófobas y racistas cuentan cada vez con más apoyo de la ciudadanía porque esos discursos de odio, construidos sobre fake news, han logrado instalarse en el imaginario social.

 

Las personas inmigrantes son estigmatizadas y sus derechos se ven recortados, cuando no negados. No se les reconoce como ciudadanas, solo se las valora en función de su rendimiento, productividad y utilidad. Con frecuencia son explotadas en el trabajo y tratadas como mercancía. Se les ponen trabas para acceder a los servicios sociales, sanitarios y educativos con expresiones claramente discriminatorias como “los de casa, primero”, “si no se adaptan a nuestro estilo de vida, que se vayan”.  Expresiones que tristemente desembocan en prácticas violentas.

 

La base de los discursos de odio no son hechos reales, sino falsas e interesadas construcciones ideológicas de los inmigrantes, a quienes se les acusa de quitar los puestos de trabajo a los nacionales, de ser los principales causantes de la inseguridad ciudadana y los responsables de los conflictos sociales, de aprovecharse de los servicios sociales, sanitarios y educativos en perjuicio de los ciudadanos nativos, en fin, de ser un elemento desestabilizador de las relaciones sociales.

 

Los discursos de odio son alimentados por partidos de la extrema derecha política, cultural y económica y cuentan con el apoyo de los movimientos religiosos integristas y fundamentalistas. Sin embargo, no es menos cierto que en las actitudes xenófobas y racistas también juega un papel importante la vinculación o, mejor, la identificación entre ciudadanía y nacionalidad, que desemboca en un nacionalismo excluyente, que tiende a excluir de la ciudadanía a las personas migrantes y la reserva solo a los nacionales.

 

Como respuesta a la xenofobia y el racismo de los discursos de odio propongo en el libro un cristianismo hospitalario, uno de cuyos ejemplos más emblemáticos es el papa Francisco, que ha visitado campamentos de personas y colectivos inmigrantes y refugiados, ha mostrado una especial sensibilidad y solidaridad con ellos, ha denunciado la  globalización de la indiferencia por haber perdido la experiencia del llanto ante los naufragios de inmigrantes y ha criticado a los gobernantes europeos por su falta de acogida  a quienes vienen huyendo de la pobreza, del hambre, de las guerras, de las dictaduras, de la crisis climática y de la persecución religiosa.

 

Siguiendo la práctica hospitalaria de Francisco, el cristianismo ha de incorporar en su código ético la hospitalidad como exigencia de humanidad, imperativo categórico y criterio de acción., ya que pertenece a sus mejores tradiciones humanitarias. La legislación hebrea reconoce a los inmigrantes la misma dignidad que a los israelitas y ordena amarlos como a los nativos. La práctica de la hospitalidad está en el centro de la vida, el mensaje y la práctica de Jesús de Nazaret y constituye uno de los ejes del discurso a las naciones en el que identifica la acogida a las personas extranjeras con la que se le presta a él: “Era inmigrante, y me acogisteis” (M 25, 35).  

 

Las comunidades cristianas han de ser comunidades abiertas donde se practique la solidaridad compasiva y la hospitalidad sin fronteras y donde las personas inmigrantes y refugiadas se encuentren como en su casa. En ellas debe practicarse la convivialidad, la comensalía, la mesa compartida, donde tengan un lugar preferente las personas que llegan cansadas de tanto caminar por desiertos y tierras inhóspitas y de sortear todo tipo de peligros en el mar. Es el rasgo distintivo del movimiento de Jesús, del cristianismo de los orígenes del cristianismo y de las experiencias comunitarias vividas a lo largo de su historia, que es necesario activar hoy en tiempos de inmigración. Como afirma el teólogo brasileño Luiz Carlos Susin, “la hospitalidad debe ser el alma de la comunidad cristiana”.

 

La hospitalidad nos hace humanos, la falta de hospitalidad nos deshumaniza.

 

¿De qué manera el cristianismo radical propone una alternativa al neoliberalismo de Trump y Musk?

 

Trump es hoy el principal referente del teísmo político que está manipulando a Dios, el cristianismo, la Biblia y lo sentimientos religiosos al servicio de sus intereses, de los del Imperio estadounidense y de los tecnócratas que cogobiernan con él. Y lo hace tristemente con el apoyo de los movimientos religiosos fundamentalistas y del sionismo cristiano. Con esa legitimación expulsa masivamente a los inmigrantes, autoriza redadas de estos en escuelas, colegios y hospitales, ha retirado miles de millones de dólares en ayudas a personas, sectores y pueblos en situación de marginación, apoya el genocidio de Netanyahu contra Gaza, defiende la limpieza étnica y la deportación de los gazatíes de su territorio y está provocando una alocada guerra comercial. A través de estas prácticas está transgrediendo sistemáticamente el derecho internacional.  

 

La reacción de la Unión Europea y de la mayoría de sus gobiernos nacionales ante las políticas insolidarias, imperialistas, xenófobas, racistas, colonialistas, patriarcales y belicistas de Trump no se caracteriza precisamente por respuestas firmes, contundentes y radicales que responsan a tamañas medidas irracionales y arbitrarias, sino por la tibieza, el miedo y, en algunos casos, el acatamiento y la sumisión. Se está practicando la política del avestruz. Europa parece un continente sonámbulo, sin norte.

 

La respuesta radical y coherente viene del cristianismo profético, y la están dado algunas autoridades religiosas, organizaciones y colectivos cristianos que han plantado cara a Trump, denuncian la inhumanidad de sus políticas sociales y económicas a nivel nacional e internacional y proponen alternativas humanitarias basadas en la igual dignidad de todos los seres humanos y en el reconocimiento y respeto de los derechos humanos, que son indivisibles e irrenunciables. He aquí algunos ejemplos de estas respuestas.

 

Mariann Budde, obispa episcopaliana de Washington, rompió con la tradición del sermón político legitimador del nuevo presidente en la toma de posesión de su cargo, convirtió la celebración religiosa en un alegato contra las políticas antiinmigratorias, y antiLGTBI de Trump y exigió al presidente compasión con las personas inmigrantes que pagan sus impuestos, son buenos vecinos y están contribuyendo al bienestar de Estados Unidos.

 

Tampoco ha sido complaciente con las políticas xenófobas y colonialistas de Trump el papa Francisco, quien en una carta dirigida al episcopado estadounidense califica las deportaciones masivas de inmigrantes de atentado contra la dignidad de muchos hombres y mujeres, a quienes coloca “en un estado de especial vulnerabilidad e indefensión”, y llama a la ciudadanía estadounidense a construir puentes y “evitar muros de ignominia”, como los que está construyendo el presidente de los EE. UU.

 

Similar actitud profética está adoptando el cardenal McElroy, que recientemente ha tomado posesión del arzobispado de Washington. Con un lenguaje desafiante considera las políticas de deportaciones masivas de inmigrantes de Trump de “guerra de miedo y terror que no pueden tolerarse” y hace un llamado a levantar la voz contra la miseria y el sufrimiento que dichas políticas fomentan.

 

En contra de la propuesta de la limpieza étnica y del desplazamiento masivo de la población gazatí promovida por Trump y apoyada por el sionismo cristiano se han pronunciado numerosos colectivos y dirigentes cristianos de todo el mundo y muy especialmente el colectivo Kairós Palestina. Estos movimientos consideran que la llamada a expulsar a la población palestina de su territorio constituye una interpretación errónea del testimonio bíblico y la eliminación de miles de años de historia y cultura palestinas. Muestran su solidaridad con todas las comunidades palestinas que luchan contra la limpieza étnica, la opacidad cultural y el genocidio. Reivindican el derecho inalienable del pueblo palestino a vivir libremente y con dignidad en su patria.     

 

Marx afirmó que “la religión es el opio del pueblo”. ¿El cristianismo también?

 

Lo que Marx afirma en su escrito de juventud Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel es que “la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo”. El cristianismo radical que yo propongo en el horizonte de la teología de la liberación y de los numerosos colectivos cristianos comprometidos en las luchas populares anticolonialistas, anticapitalistas y antipatriarcales y ecológicas no es opio del pueblo, sino teoría y praxis de liberación.

 

 

Si el cristianismo no quiere caer en la irrelevancia social y cultural y en la pérdida de sentido en este cambio de era que estamos viviendo; si pretende ser históricamente significativo e intelectualmente crítico y relevante en el campo de los saberes; si aspira a mantener el carácter liberador que caracterizó sus orígenes, debe compaginar el rojo de la justicia, ele verde del feminismo, el violeta del feminismo, el blanco de la paz y el arco-iris como bandera del LGTBI+. En otras palabras, debe ser un cristianismo inclusivo-eco-igualitario-fraterno-sororal y radical.