[Por: “Pocho” de la Rioja]
“Hace 49 años *acribillaban a balazos en la puerta de su vivienda”, delante de su mujer y con sus 3 hijas descansando, a Wenceslao Pedernera, “Wesen”…
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[Por: “Pocho” de la Rioja]
“Hace 49 años *acribillaban a balazos en la puerta de su vivienda”, delante de su mujer y con sus 3 hijas descansando, a Wenceslao Pedernera, “Wesen”…
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[Por: Jorge Costadoat | Instituto de Teología y Estudios Religiosos – ITER / Universidad Alberto Hurtado]
Presbíteros, sacerdotes, padres, curas, pastores
Formación del clero
Perspectiva latinoamericana
El tomo que presento constituye un dossier: una recopilación de publicaciones realizadas a lo largo de los últimos años. Se trata de escritos de naturaleza heterogénea. En la primera sección, el lector encontrará columnas de opinión; en la segunda, artículos de divulgación; y en la tercera, investigaciones o textos publicados en revistas científicas.
En la sección de COLUMNAS, emerge con fuerza la problemática en torno a la figura del presbítero, del sacerdote, del cura o del padre. Se plantea que la actual configuración institucional de la Iglesia necesita una reforma profunda, pues el ministro ordenado suele abusar de su investidura. La Iglesia lo ha formado separado del resto del Pueblo de Dios y preparado para ejercer un liderazgo de tipo clerical, autoritario y poco transparente. Se denomina clericalismo a la actitud de aquellos ministros que restringen la participación de los laicos, se sienten superiores a ellos, concentran las decisiones importantes y no rinden cuentas ante nadie. Este estilo genera una cultura centrada en los propios ministros, que tiende a eximirlos de responder por sus actos y desempeños.
La corrupción inherente al clericalismo -así la ha llamado el papa Francisco- se ha hecho particularmente evidente en los casos de abusos sexuales, de poder y de conciencia que han afectado gravemente a la Iglesia chilena. La crisis ha involucrado tanto a sectores conservadores como progresistas de la élite eclesiástica, y ha repercutido con dureza en el laicado y también en el mismo clero. De un día para otro, la Iglesia chilena se trizó: los representantes de la fe —los ministros ordenados— dejaron de ser personas dignas de fe para el Pueblo de Dios.
Tras la dictadura militar, después del valiente testimonio profético contra los atropellos del régimen de Pinochet, la jerarquía eclesiástica chilena se replegó en torno a la moral sexual, condenó los cambios culturales de las últimas décadas y se opuso a diversas iniciativas legislativas relacionadas con la sexualidad y la vida. Sin embargo, ha sido precisamente en ese ámbito donde se la ha juzgado e inculpado por sus propias faltas y delitos, especialmente por los abusos sexuales de menores de edad y los encubrimientos cometidos.
Esta crisis, no obstante, ha permitido visibilizar otro problema estructural: la exclusión de la mujer en la vida de la Iglesia. Si el laicado en su conjunto debe ser reconocido como corresponsable de la misión eclesial, con mayor razón deben serlo las mujeres, cuya dignidad y capacidad para ejercer roles protagónicos debe ser plenamente valorada y respetada. En este sentido, algo bueno ha traído la llamada “crisis de los abusos”: ha abierto los ojos a la posibilidad de imaginar otra Iglesia, una más cercana a las personas, más fraterna, más inclusiva y más horizontal.
En la sección ARTÍCULOS se vuelve prácticamente sobre los mismos asuntos. Sobresale, en todo caso, la importancia del Vaticano II. Uno de los aspectos centrales de la actual crisis eclesial es la falta de recepción plena del Concilio, especialmente en lo que se refiere a la comprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios. Aunque el Concilio sentó las bases para una eclesiología de comunión y misión, su recepción ha sido desigual y en muchos casos resistida o incluso revertida. Esta situación ha impedido que el conjunto del Pueblo de Dios, y no solo los ministros ordenados, sea reconocido como sujeto activo de la fe y del discernimiento.
En este contexto, el clericalismo se identifica como una de las principales distorsiones del Evangelio. Se trata de una forma de dominación que desfigura la imagen de Cristo y de la Iglesia, genera abusos de poder y sexuales, y excluye a los laicos y a las mujeres de la toma de decisiones. El clericalismo, más que un exceso de poder personal, es parte de un modo institucional, de una costumbre y de una cultura indulgente con los atropellos, y que protege a abusadores y silencia a sus víctimas. El escándalo de los abusos sexuales no se reduce, por tanto, a delitos individuales, sino que revela un sistema eclesial enfermo.
En respuesta, el papa Francisco ha propuesto la sinodalidad como el camino eclesial del siglo XXI. La sinodalidad supone una Iglesia en la que se escuche mutuamente, se participe corresponsablemente y se reformen las prácticas a la luz del Evangelio. Recupera así la eclesiología del Pueblo de Dios, promoviendo una revisión de la relación entre jerarquía y comunidad, y habilitando procesos reales de consulta y decisión compartida.
Este proceso exige también repensar el ministerio ordenado. Es necesario superar la figura del sacerdote sacralizado y avanzar hacia un ministerio más humano, comunitario, elegido por la comunidad y sometido a rendición de cuentas. Esto implica una reforma profunda de la formación en los seminarios, que tradicionalmente ha sido separada del mundo, exclusivamente masculina, centrada en la doctrina y marcada por estructuras jerárquicas. Se propone, en cambio, una formación compartida con laicos, situada en contextos reales, y con énfasis en la madurez afectiva, comunitaria y pastoral.
En definitiva, lo que está en juego es la credibilidad misma de la Iglesia. Una Iglesia que no se reforma permanentemente —en lo pastoral y en lo estructural— no puede anunciar con eficacia el Evangelio en un mundo atravesado por la crisis de sentido, la pluralidad y la desconfianza hacia las instituciones.
En la tercera parte de este dossier, se ofrece, en especial, una serie de INVESTIGACIONES sobre la formación del clero. Estos trabajos se adscriben a un proyecto de estudio de la recepción del Vaticano II (Vatican II as Guideline for the Church and 21st Century Theologies Reception and Prospects in Latin America and the Caribbean).
La tercera parte del documento aborda en profundidad la formación teológica de los seminaristas en América Latina antes del Concilio Vaticano II, revelando sus limitaciones estructurales, sus presupuestos doctrinales y las consecuencias pastorales que de ella se derivaron. En ese período, la formación sacerdotal estaba marcada por una fuerte dependencia de manuales y enfoques teológicos europeos, sin un pensamiento latinoamericano propio. Esta ausencia de teología contextualizada implicaba que los futuros presbíteros eran educados con categorías teológicas neoescoláticas y europeas, alejadas de la realidad social, cultural y política del continente.
El magisterio pontificio de la primera mitad del siglo XX estableció como modelo del sacerdote al alter Christus, centrado en la imitación de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Esta configuración influenció todos los aspectos de la formación. Los seminaristas debían configurarse espiritualmente con Cristo, cuyo sacrificio en la cruz era visto como paradigma de toda acción sacerdotal. De este modo, el eje articulador del ministerio presbiteral era la celebración eucarística entendida, principalmente, como sacrificio satisfactorio ofrecido al Padre por los pecados. En esta clave, la vida del sacerdote debía ser un sacrificio permanente. Esta visión, sin embargo, tendía a reducir la vida y ministerio de Jesús a su dimensión sacrificial, ignorando su humanidad concreta, su mensaje del Reino y su compromiso con los excluidos.
El tratado De Verbo incarnato fue el principal instrumento académico de la formación cristológica. Este manual estructuraba la teología en torno a la identidad divina y humana de Cristo, la unión hipostática y la redención entendida como satisfacción. Aunque el tratado se basaba nominalmente en el Verbo encarnado, en la práctica enfatizaba la figura del Cristo sacerdote, haciendo de la cruz el evento redentor por excelencia, desatendiendo sus causas históricas y sociales. La proclamación del Reino, los milagros, las parábolas y los conflictos que llevaron a la crucifixión quedaban en segundo plano. El núcleo soteriológico era la satisfacción de la justicia divina, en línea con la teología de Anselmo, lo que generó una imagen de Cristo más sacrificial que humana.
Esta formación propició una visión del ministerio sacerdotal más cercana al culto que al anuncio del Evangelio o a la construcción de comunidades. Los presbíteros eran concebidos ante todo como mediadores del sacrificio, con un carácter sagrado que los colocaba en una posición ontológicamente superior a los fieles. Esta configuración sacerdotal coincidió con una eclesiología jerárquica, en la que el clero se separaba simbólica y prácticamente del Pueblo de Dios, con consecuencias epistémicas, pastorales y espirituales profundas. Incluso la resurrección de Cristo, en este esquema, era insignificante.
En los “vota” enviados por los obispos latinoamericanos a Roma antes del Concilio, se expresó el deseo de una formación más pastoral. Muchos obispos pedían una espiritualidad profunda y una conexión efectiva con la vida de las comunidades. Solicitaban cambios en los programas de estudio para incluir filosofía, sociología, pedagogía y psicología, con el fin de capacitar a los seminaristas para discernir los signos de los tiempos y afrontar los desafíos ideológicos contemporáneos, como el marxismo y los movimientos revolucionarios. También insistían en la necesidad de usar las lenguas vernáculas y conocer las culturas autóctonas, lo cual refleja una sensibilidad emergente hacia la inculturación.
En resumen, esta tercera parte del dossier revela que la formación sacerdotal preconciliar en América Latina se articuló desde una cristología de tipo sacrificial, centrada en el sacerdocio de Cristo como redentor a través de la cruz. Esta formación, aunque pretendía asimilar espiritualmente a los seminaristas a Cristo, pero terminaba reduciendo su figura a un arquetipo litúrgico, desconectado de la historia concreta de Jesús. El impacto de esta visión fue profundo: configuró ministros orientados más al culto que al servicio, más al cumplimiento sacramental que al compromiso evangélico con las personas concretas. Esta realidad cambiará con el Concilio Vaticano II, que abrirá la posibilidad de una nueva teología más enraizada en la historia y, posteriormente, con la teología latinoamericana de la liberación, que pondrá el acento en una cristología histórica, comprometida y liberadora.
Nada de lo anterior puede negar la experiencia positiva del desempeño ministerial del autor de estas publicaciones desde 1991, año de su ordenación como presbítero de la Compañía de Jesús. Se trata de dos dimensiones que divergen y convergen: la experiencia y la teología conviven en este autor pretendidamente “sin confusión ni separación” (Calcedonia 451). Ha sido una bendición del cielo haber formado parte, como uno más y a su servicio, del Pueblo de Dios: ese Pueblo que camina hacia la patria definitiva, donde descansaremos en el Padre y con su Hijo Jesús, nuestro hermano. Han sido años de profunda satisfacción, a pesar de los errores en los que el clericalismo —cultural y estructural, tanto el mío como el de los laicos y las laicas— me ha hecho incurrir, ya sea por actos atribuibles a mi responsabilidad personal, ya sea por un modo colectivo de entender el sacerdocio. Quedo a la espera —y, mediante este dossier, también aliento— de una conversión de nosotros, los hermanos en el presbiterado, así como de una reforma de estructuras que la exija y la haga posible.
[Tomado del Prólogo]
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[Amerindia Uruguay]
Te invitamos a nuestra jornada de reflexión “Pensar y analizar nuestra realidad uruguaya”, promovida por Amerindia Uruguay.
Sábado 2 de agosto de 9:00 a 12:00
Lugar: Parroquia Universitaria Rodó 1727
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[Por: Rosa Ramos]
“Todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia…
Todo está guardado en la memoria, refugio de la vida y de la historia…”
León Gieco
En menos de una semana he vivido dos noches de “hacer memoria” de personas que han sido faros luminosos para muchos y que pueden seguir siéndolo si los dejamos continuar guiando y animando nuestros pasos en el presente. Las experiencias de estas noches me han inspirado estas reflexiones sobre el olvido, el recuerdo, el valor y sentido de “hacer memoria viva que actualiza”.
De distintas maneras los cuatro evangelistas nos invitan a hacer memoria de la última cena, pero en realidad todos los relatos recogidos de las diferentes tradiciones orales, constituyen la memoria viva de ese Dios que se hizo historia aconteciendo en Jesús de Nazaret. Empezaron a escribir en la segunda generación -y también la tercera aportó lo suyo- desde las realidades que les tocaba vivir ya sin Jesús y sin los discípulos directos, para unas comunidades concretas y diferentes que se sentían deudoras del Profeta y Maestro Jesús.
La sociedad actual ha olvidado recordar, cuánto más “hacer memoria”, que no es lo mismo. En la velocidad de esta sociedad líquida y del rendimiento, tal como la describen Sygmunt Bauman y Byung Chul Han, los acontecimientos y las personas pierden la densidad, la dignidad de únicos, de bellos y portadores de significado, de “evangelio”, en suma. Las personas parecen sombras que desfilan silenciosas o bulliciosas, pero “pasan” como estrellas fugaces sin dejar huella, se olvidan y pasan otras, que también se olvidarán. La velocidad de la vida actual, la búsqueda insaciable de lo nuevo y de no sufrir, los nuevos mandamientos posmodernos, condenan al olvido que es la negación de la singularidad y dignidad de las personas. Los sucesos por más hermosos o terribles que sean “pasan” rápido, se suceden en las pantallas, incluso cuando ocurren cerca y nos involucran, no se ven sino como si fueran series a consumir. En la sociedad de la información, nos atiborran de datos, sin dar tiempo al análisis crítico, tampoco a la contemplación.
Contemplar supone detenernos, hacer silencio reverente y prestar plena atención, dejarse tocar, afectar, y si somos personas de fe, poner “eso” ante Dios, “permanecer allí” sostenidos e iluminados por su Espíritu. Contemplar sobre todo a las personas que están o estuvieron en nuestras vidas, y no por acaso, con su densidad vital, con su experiencia, su historia de búsquedas, sus cuitas y sus anhelos hondos. Supone abrir los sentidos físicos y los sentidos interiores para que siga dando de sí aquello único que portan, como hizo Jesús en cada encuentro y como se dejó ungir por el valioso perfume de nardos. Permanecer contemplando, acogiendo en lo más íntimo y dejando que los encuentros y experiencias calen, nos asombren, maravillen o interpelen.
La conciencia es el primer rasgo que nos hace humanos, desde ella puede surgir la libertad para tomar la vida en nuestras manos, vivirla y entregarla con sentido a aquello que vale. Conciencia de nosotros mismos, de nuestros límites, fragilidades, pero también posibilidades, conciencia de tanto bien recibido gratuitamente, de tanta luz que a través de la vida y generosidad de otros hemos recibido. Muchas veces nos pesan las pérdidas, las ausencias, olvidando la belleza y grandeza de lo que nos ha sido dado sin previos méritos ni credenciales. De ahí que recordar es necesario y sanador: volver a pasar por el corazón con infinita reverencia y gratitud el regalo de quienes están o han estado en nuestras vidas como grandes maestros de humanidad.
Los discípulos, los amigos y amigas de Jesús, tras su muerte debieron superar la desilusión, la desolación, y “recordar”; recordar sus parábolas, sus gestos, sus enseñanzas, recuperar su mirada y su fe en el Dios Abba. Ese recordar los llevó a volver a conectar con su mensaje y con su vida, así tanto camino y tantas comidas compartidas los llevaron a la convicción de que el Maestro vivía y estaba presente en medio de ellos en tanto permanecían siendo comunidad. De ahí el valor de compartir la mesa, el vino, la fracción del pan: “Hagan esto en memoria mía”. “Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”. Los Evangelios se escribieron recordando comunitariamente.
Lamentablemente hemos convertido esta experiencia fundante en un ritual muchas veces vacío. Hemos creído que repetir palabras, levantando un cáliz y una patena (demasiadas veces de oro y piedras preciosas) era hacer memoria del Viviente. A eso le agregamos con el correr de los siglos unos ropajes especiales, ceremonias en unos espacios enormes, ricamente decorados y creímos que eso bastaba para ser cristianos. Casi sin darnos cuenta dejamos de ser seguidores de aquel Profeta de Nazaret que entregó su vida en Jerusalén, sin desdecirse de su experiencia de Dios y de su reino que se abría paso entre los pequeños. A semejanza de los fariseos del tiempo de Jesús, tan seguros de que la Ley y el Templo los salvaban, los cristianos nos creímos privilegiados y salvados por repetir a diario algunas “fórmulas mágicas” en ciertos “espacios sagrados”.
Si recordar es volver a pasar por el corazón dejando que se esponje y humanice con lo mejor de lo recibido, hacer memoria es comprometernos con la vida y procurarla en abundancia, a semejanza del Maestro Jesús. Algo que entendieron los discípulos es que el Espíritu del Resucitado no los dejaba huérfanos, les seguiría “recordando y enseñando”, vale decir actualizando su mensaje de muchas maneras y a través de personas con carismas diferentes.
Empecé diciendo que en pocos días había vivido dos noches de “hacer memoria”; pues sí, fueron espacio-tiempo privilegiados de auténticos encuentros recordando y actualizando mensajeros entrañables, que hicieron arder nuestro corazón, sentirlos vivos a ellos y al Maestro que siguieron.
En mi artículo anterior hablé del Padre Cacho y en este boletín encuentran también una síntesis de la presentación del nuevo libro que actualiza su memoria. Me sorprendió la concurrencia en una noche de intenso frío invernal, tras un día inhóspito de lluvia… y más el clima que se logró en aquel recinto en que la memoria de Cacho fue creciendo, alumbrando con tantos testimonios. Memoria suya, pero también de Casilda, de otras teresianas y de tantos laicos que se hicieron “piña”, comunidad testigo de otro mundo posible, de reino que crece entre los más vulnerados.
La otra noche igualmente emotiva para mí y para muchos, también fría y lluviosa, fue la del 17 de julio, en que familiares y amigos de Armando Raffo, sj, nos reunimos para agradecer y celebrar su vida, la luz y el perfume de Cristo que irradió en diversos ambientes en que se entregó sin medida. Armando asumió desde muy joven servicios importantes y difíciles por la coyuntura histórica y de la Compañía, fue allí donde lo enviaron “sin chistar” y vivió con integridad su ministerio. Al final de su vida evaluaba que de todos los “cargos” el que más disfrutó fue el más humilde, en Corrientes.
Fiel a la Compañía no dejó de ser fiel a sí mismo, cultivando sus inquietudes intelectuales, por una parte, y por otra, aquello que para él era fundamental: “las relaciones, pues ellas nos constituyen”, repetía una y otra vez. Su alegría y su risa eran señal de su presencia en cualquier sitio; lo fueron a lo largo de toda su vida y acabaron por impregnarnos una vez más esa noche. La cercanía y sencillez a la par que su profundidad, su autenticidad y su amistad a toda prueba, volvieron a hacerse presentes hasta hacer arder nuestros corazones seguros de su presencia allí. Fue un hombre bueno, “en el buen sentido de la palabra bueno”, al decir de Antonio Machado. Quizá Armando se fue antes de lo que deseábamos o necesitábamos, pero su fe, su vida y modo de vivirlas, nos consuela y anima.
Tal como fuimos en esas dos noches invernales volviendo a pasar por nuestros corazones a Cacho y a Armando [ver foto adjunta], tal como fuimos “en rueda de amigos” haciendo memoria de esas vidas bien diferentes, pero ambas gastadas amando sin medida, así los amigos de Jesús compartieron las tradiciones orales que luego fueron escritas. También nosotros fuimos pasando del dolor de la ausencia a la gratitud y la alegría por esas presencias señeras que nos siguen hoy comprometiendo con la vida.
Así sigue la Iglesia viva, en pequeños ámbitos, cultivando junto a tantos testigos “el sueño de la vida y de la historia”, así hacemos realmente memoria del Maestro, procurando seguirlo…
[Por: Leonardo Boff]
Hoy en día, como pocas veces en la historia, la democracia como valor universal y forma de organizar la sociedad está siendo atacada. Hay una articulación mundial de grupos con mucho poder y dinero que la niegan en nombre de propuestas regresivas, autoritarias que rozan la barbarie.
La democracia, desde sus inicios griegos, se sustenta sobre cuatro pilares: la participación, la igualdad, la interacción y la espiritualidad natural.
La idea de democracia supone y exige la participación de todos los miembros de la sociedad, hechos ciudadanos libres y no meros asistentes o simples beneficiarios. Juntos construyen el bien común.
Cuanto más se ejerce la participación mayor es el nivel de igualdad entre todos. La igualdad resulta de la participación de todos. La desigualdad, como por ejemplo la exclusión de ciudadanos pobres, negros, indígenas, de otra opción sexual, de otro nivel cultural y otras exclusiones, significa que la democracia todavía no desplegó su naturaleza. Por naturaleza ella es, en palabras del sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos (injustamente acusado) una democracia sin fin: debe ser vivida en la familia, en todas las relaciones individuales y sociales, en las comunidades, en las fábricas, en las instituciones de enseñanza (de primaria a la universidad), en una palabra, siempre allí donde los seres humanos se encuentran y se relacionan.
Con la participación de todos en pie de igualdad se crea la posibilidad de inter-acción entre todos, los intercambios, las formas de comunicación libre incluso en forma de comunión, propria de los seres humanos con su subjetividad, identidad propia, inteligencia y corazón. Así la democracia emerge como un tejido de relaciones que es más que el conjunto de los ciudadanos. El ser humano vive mejor su naturaleza de “nudo de relaciones” en un régimen donde prospera la democracia. Ella es un importante factor de humanización, es decir, de gestación de seres humanos activos y creativos.
Finalmente, la democracia refueza la espiritualidad natural y prepara el terreno para su expresión. Entendemos la espiritualidad tal como la entiende hoy la new science, la neurociencia y la cosmogénesis, como parte de la naturaleza humana. No se confunde ni se deriva de la religiosidad, si bien esta puede potenciarla. Tiene el mismo derecho de reconocimiento que la inteligencia, la voluntad, la afectividad. Es innata en el ser humano. Como escribió Steven Rockefeller, profesor de ética y filosofía de la religión en el Middlebury College de Nova York en su libro Spiritual Democracy and our Schools (2022): «la espiritualidad es una capacidad innata en el ser humano que, cuando es alimentada y desarrollada, genera un modo de ser hecho de relaciones consigo mismo y con el mundo, promueve la libertad personal, el bienestar, y el florecimiento del bien colectivo» (p.10). Ella se expresa mediante la empatía, la solidaridad, la compasión y la reverencia, valores fundamentales para la convivencia humana y de ahí para la vivencia en acto de la democracia.
Estos cuatro pilares, en el contexto actual del antropoceno (y sus derivaciones en necroceno y piroceno), en el cual el ser humano surge como el meteoro amenazador de la vida en toda su diversidad hasta el punto de poner en peligro el futuro común de la Tierra y de la humanidad, hacen de la democracia sin fin, integral y natural su antídoto más poderoso. Sostengo la misma opinión de muchos analistas de las actividades humanas con efectos a escala planetaria (la transgresión de 7 de los 9 límites planetarios), de que sin un paradigma nuevo, diferente del que tenemos que no incluye la espiritualidad natural, benigno con la naturaleza y cuidador de la Casa Común, difícilmente escaparemos de una tragedia ecológico-social que traerá grandes peligros para nuestra subsistencia en este planeta.
De ahí la importancia de combatir frontalmente el movimiento nacional e internacional de la extrema derecha que niega la democracia y se propone destruirla. Urge defender la democracia en todas sus formas, incluso en aquellas de baja intensidad (como la brasilera), en caso contrario sucumbiremos.
Recordemos la sabia advertencia de Celso Furtado en su libro Brasil: la construcción interrumpida (1993): «El desafío que se plantea en el umbral del siglo XXI es nada menos que cambiar el curso de la civilización, desplazar su eje de la lógica de los medios, al servicio de la acumulación en un corto horizonte de tiempo, a una lógica de los fines en función del bienestar social, del ejercicio de la libertad y de la cooperación entre los pueblos» (p.70). Ese giro implica fundar una democracia ecosocial que podrá salvarnos.
*Leonardo Boff ha escrito Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia, Vozes 2018.
Traducción de MªJosé Gavito Milano.
[Por: Juan José Tamayo]
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos ¿candidato al Premio Nóbel de la Paz? En otros momentos de la historia reciente hubiera sido un despropósito incluso proponerlo al Comité Noruego del Nobel y más todavía concedérselo. A nadie se le hubiera ocurrido tan alocada idea, contraria a toda lógica pacifista. Hoy, sin embargo, todo es posible en un mundo que el propio Trump ha puesto del revés con la complicidad, el sometimiento o el silencio de la mayoría de los gobernantes mundiales. Pero todavía queda un poco de cordura y hay que considerar quién hace la propuesta y a qué candidato se propone para desestimarla de entrada.
Quien ha hecho tan descabellada propuesta al Comité Noruego del Nobel ha sido el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quien le entregó la misiva al propio Trump en la reciente visita que hizo a la Casa Blanca, considerando que el premio lo tiene bien merecido. Sin embargo, la credibilidad de Netanyahu está por los suelos y me parece la persona menos adecuada y con menos credibilidad para dicha iniciativa. Él es un político colonialista y sionista que tiene a sus espaldas un buen serial de actos terroristas. El más llamativo y condenable es el genocidio contra la población gazatí que ha causado el asesinato., a sangre fría y con el corazón de hierro, de cerca de 60.000 personas, de las cuales el 70% son mujeres, niños y niñas.
Son asesinatos que, lejos de detenerse o aminorarse, continúan cada día con más intensidad ante el silencio y la complicidad de las organizaciones internacionales y de la Unión Europea que a estas alturas se pregunta si tal comportamiento genocida constituye un atentado contra los derechos humanos y contra el derecho internacional humanitario y se niega a romper el acuerdo de asociación que tiene con Israel. La última propuesta de Netanyahu es encerrar a 600.000 palestinos en un campamento construido en Rafah, al sur de Gaza, rodeado por el ejército israelí para que nadie pueda salir de él. Un régimen de apartheid en toda regla, al que llaman eufemísticamente “ciudades humanitarias”. ¡Una verdadera e intencionada perversión semántica!
Al genocidio contra los ciudadanos y las ciudadanas gazatíes hay que sumar los ataques contra el Líbano con total impunidad y las permanentes y arbitrarias violaciones del alto el fuego, así como los ataques a Irán y las agresiones contra Cisjordania con cientos de personas asesinadas por parte del ejército israelí y con la ocupación de sus tierras por parte de los colonos.
El candidato propuesto para el Premio Nobel de la Paz es Donald Trump, que en apenas seis meses de su segunda presidencia de los Estados Unidos ha puesto el mundo patas arriba transgrediendo las más elementales normas de convivencia y ha hecho saltar por los aires el derecho internacional. Ha provocado el pánico en la población inmigrante en su país con redadas de detenciones y expulsiones de personas acusadas de delincuentes y en operaciones de caza y captura allí donde se encuentren: calles, centros religiosos, hospitales, centros comerciales, colegios, universidades, etc. Ningún lugar es seguro para las personas inmigrantes. En una diócesis de Estados Unidos el obispo ha eximido del cumplimiento dominical a cristianas y cristianos inmigrantes paras evitar que sean detenidos.
Trump ha defendido la aberrante propuesta de convertir la Franja de Gaza en una nueva Riviera mediterránea aprovechando su ubicación costera. Una propuesta que cuenta con el aplauso cerrado de Netanyahu y del 80% de la población israelí, pero con el rechazo radical de la mayoría de los países árabes y la condena del papa Francisco, de varios obispos estadounidenses, del patriarca de Jerusalén, del colectivo Kairós Palestina y de la teología palestina de la liberación.
Llevando al extremo su belicismo y su irreverente y mortífera manipulación del cristianismo con fines militares, ha utilizado el Bombardero B-2 para atacar instalaciones nucleares iraníes, él que tiene armamento nuclear. Se trata de un bombardero furtivo, el más caro y letal de la historia que, para más inri, lleva el nombre de “Spiritus”, convirtiendo así al Espíritu en un instrumento de guerra y en una máquina de matar. Corruptio optimi, pessima!
Pues bien, es este Trump xenófobo, racista, belicista, machista, cómplice y colaborador necesario del genocidio gazatí, defensor de la limpieza étnica y del exterminio del pueblo palestino el propuesto para el Premio Nobel de Paz, creyéndose él mismo merecedor de dicho galardón, “más que Obama”, según sus propias palabras.
Netanyahu dice ser judío, aunque sus acciones genocidas lo alejan de las propuestas de paz de los profetas de Israel/Palestina. Trump presume de ser cristiano y hace ostentación cínica de ello con la Biblia en la mano, pero sus prácticas lo sitúan en las antípodas de los valores originarios del cristianismo expuestos en el Sermón de la Montana. Me gustaría por ello recordar al candidato, a su proponente y sobre todo al Comité Noruego del Nobel dos textos de la Biblia hebrea y otros dos de la Biblia cristiana que el primer ministro de Israel y el presidente de los Estados Unidos transgreden sistemáticamente.
El primero pertenece al profeta Isaías y se encuentra inscrito en la plaza de la sede de las Naciones Unidas en el llamado Muro de Isaías: “Forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra” (Isaías 2,4). El segundo es de los Salmos, donde podemos leer; “Amor y Verdad se han dado cita. Justicia y Paz se besan” (Salmo 85, 11). El tercero se encuentra en la Biblia cristiana, concretamente en el Evangelio de Mateo, en el que Jesús de Nazaret declara “bienaventurados” a “los que trabajan por la paz” (Mateo 5,9). El cuarto es del Evangelio de Juan y transmite el mensaje de despedida de Jesús a sus discípulos: “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Juan 14,11).
Espero que, al menos, la lectura de estos textos y la falta de coherencia de Trump y Netanyahu con ellos contribuyan a desestimar la irracional iniciativa de proponer a Trump para tan respetable galardón que lo mancharía para siempre. La propia toma en consideración por parte del Comité Noruego del Nobel supondría echar más leña al fuego en este mundo en llamas que estamos viviendo.
Juan José Tamayo es profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro de la Junta directiva de la Asociación ProDerechos Humanos de España. Su último libro es Cristianismo radical (Editorial Trotta).
[Comunidad Memoria Viva]
El 22 de julio en Parroquia Universitaria se presentó este libro de varios autores, fue una presentación coloquial “para amigos de Cacho, de ayer y de hoy”. Compartimos parte de lo expresado y vivido esa noche.
Mercedes Clara
Todavía la vida de Cacho tiene mucho más para dar de sí misma y sentimos que en este presente realmente hay muchos hilos para tirar de esa experiencia. En esos encuentros (de la comunidad Memoria Viva) donde vamos rezando, a partir de lo que Cacho dijo e hizo, entretejiéndolo con nuestras propias vidas, es que surge este librito, que es lindo porque es escrito por muchas manos. Es fruto de esos encuentros, y deseamos que sea excusa para que otros grupos puedan encontrarse, contribuimos con la experiencia de Cacho y con reflexiones; queremos invitar a compartir y hacernos preguntas.
El nacimiento de este libro es esta apuesta por lo comunitario, por esa reflexión que necesitamos para alimentar la espiritualidad que nos permite vivir la experiencia de fe en nuestra vida cotidiana, en lo que son nuestras relaciones, en lo que es lo duro de la vida, en ese rezo compartido, donde Cacho siempre está en el centro animándonos a dar un paso más. Como fue su vida, a dar un paso más cruzando fronteras. Él mismos nos invita y nos llena de preguntas. En cada reunión decimos no puede ser: siempre hay algo más nos plantea, siempre nos da una vuelta más, no nos deja de asombrar… y esa es la experiencia que queremos compartir aquí con este librito, para que siga animando a muchos.
Así que estamos felices de estar acá compartiendo este producto comunitario que se va a ir alimentando en la medida que otros y otras lo tengan también en sus manos y se animen a pasarlo por su vida. Estas páginas son palabras, pero sobre todo son “entre líneas” _a partir de una experiencia que nos atrapa. Gracias por estar acá esta noche.
Leonardo Vernazza
Este libro nació también de una necesidad de explicitar lo implícito. A a mí personalmente siempre me causó molestia que se hablara del Padre Cacho solo como un asistente social. Como que él había hecho una obra social y que no había hablado mucho de Jesús, no había evangelizado mucho. Eso siempre me molestó mucho y más después de haber entrado en contacto, primero con el libro de Mercedes y después con el libro “Encuentros, mística de un compromiso” que es el libro de oraciones de Cacho.
Cuando entré en contacto con sus oraciones, me impactó la profunda espiritualidad que sostenía a Cacho y después cuando uno lee su vida a la luz de estas oraciones ve como todo esta sostenido por eso. Por eso la necesidad de explicitar algo que no estaba tan claro en lo que es lo que la gente en general habla de Cacho. Compartiendo con Mercedes esta inquietud pensamos en invitar a otros amigos y amigas que estuvieron cerca de Cacho a compartir parte también de su reflexión.
Este no es un libro en realidad para leer, sino para vivir, para reflexionar en forma personal o comunitaria. Puede hacerlo una persona que quiere entrar en contacto con la vida de Cacho, con esa vida iluminada por el evangelio y encontrarse además con un comentario trayéndolo al hoy. Pero esperamos que también sea leído por pequeñas comunidades o grupos de reflexión y ojalá este material pueda llevarlos a encontrarse con Cacho y que se dejen interpelar, cuestionar por él.
Pero para que este libro esté hoy acá encima de la mesa fue necesario el aporte de otro actor más que nació en el seno de esta comunidad y es la Fundación Padre Cacho Memoria Viva. Es una Fundación recién nacida de la cual Mercedes es presidenta, José Lima secretario y Leandro Gómez Guerrero tesorero y todos nosotros formamos parte de ella como miembros activos, una fundación que busca, en la misma línea, compartir la memoria viva de Cacho.
Uno tiene la tendencia a “marmolizar”, apoyamos en todo el proceso de beatificación, pero siempre tiene el riesgo de dejar a Cacho como una estatua de mármol, ahora que es santo, le rezamos y ya está. Nosotros vemos que en realidad el testimonio de Cacho es para que nos interpele, para mantenerlo vivo a partir de su reflexión de sus acciones, su testimonio, sus enseñanzas, tienen mucho para decirnos hoy. Si hace 30 años él decía que “llegamos tarde”, no les puedo explicar lo que sentimos nosotros que trabajamos en esas realidades. Mercedes (desde el Ministerio Social) lo sufre cada día en primera línea en contacto con los más vulnerados.
Lo que la Fundación quiere es generar una pequeña estructura para seguir nutriéndonos, generar espacios de reflexión, espacios de formación, no solo a nivel espiritual sino de todo lo que podamos aprender de Cacho como maestro, como trabajador social. Esas voces que quemaban a Cacho dentro, siguen quemando, también nos siguen quemando a nosotros, entonces lo que queremos es generar estos espacios de reflexión, de formación para que Cacho siga vivo y seguirá vivo si podemos compartirlo y cada vez más entrar en contacto con esta memoria. Es una fuente que no se ha agotado y que podemos sacar mucho para nuestra vida hoy.
La Fundación ahora pudo publicar el libro y vamos a propiciar estos espacios formativos y ojalá podamos generar alguna acción más concreta con esos que nos queman dentro. La Fundación está abierta, pueden integrarla todos los que quieran conectar y compartir con otros el verdadero legado de Cacho… él está viviendo y caminando entre nosotros.
Pablo Bonavía
Yo comparto con muchos de los que conocieron a Cacho y están acá, una sensación muy fuerte que Cacho nos queda grande, no solo por lo que hizo, no solo por cómo se entregó, sino por la hondura que tuvo. Comparto la gratitud que muchos sentimos por lo que fue su trayectoria. Fue una gran parábola su vida.
Pero además de que siento que me queda grande, siento que cada vez que volvemos a Cacho es como con el Evangelio, aparecen cosas que ni imaginábamos que estaban ahí pero que no las habíamos visto. No terminamos nunca, en nuestro grupo que somos unos cuantos cada vez sacamos algo diferente. La Iglesia y la sociedad, no solo en Uruguay, tenemos una deuda con Cacho que solo la podemos saldar si vamos con ese espíritu de decir “él tiene algo que quizás sólo él pueda decirnos” o por lo menos sólo él con la autoridad que su vida le da a sus palabras.
Yo voy solo a decir dos cositas. “No separen los humanos lo que Dios ha unido”. Nosotros separamos sagrado y profano a nivel religioso, los que pueden y saben, de los que no pueden y no saben. Estas dos artificiales e injustas separaciones son justamente las que Jesús quiso superar para descubrir que en lo que nosotros decimos que es profano, la sacralidad de la vida y el Reino que está pujando por nacer. En eso Jesús fue tremendo, todas las alabanzas que tuvo Jesús a la hondura de la fe de otros que eran paganos o no judíos, como aquella cananea.
Yo creo que nuestra Iglesia, lamentablemente, en muchos casos está volviendo a separar cada vez más dramáticamente lo sagrado y lo profano. Las vestimentas de los curas, las celebraciones religiosas, son como un mundo aparte que se justifica por sí mismo. Podríamos preguntarnos en que nos interpela, nos cambia, nos ayuda a crecer. Yo creo que esa primera dualidad Jesús la vivió -sufrió- muy profundamente en su propia vida; todos recordamos lo que dijo del templo, el sábado, de los ritos. Hoy la Iglesia necesita volver a superar esa dualidad, esa falsa separación entre lo sagrado y lo profano, que concretamente se traduce en profanar lo que no es explícitamente bendecido por la iglesia.
Y la segunda dualidad él también la vivió muy intensamente: los humanos hemos separado, aunque Dios no quiere que lo separemos, y es entre el mundo de los ilustrados y el mundo de lo popular.
Cacho fue a aprender de la gente que sufre más, de la gente que aparece como ignorante, como incapaz, como poco preparada, cuya voz no importa. Cacho no hablaba en nombre de los que no tienen voz, les daba la voz. Yo recuerdo de las entrevistas que decía “voy con fulano o con mengano”. Era verdad que él creía como Jesús “te doy gracias Padre porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes con títulos académicos y se las revelaste a los pequeños a los sencillos”. Esa experiencia de Cacho fue tremenda y hoy la precisamos, la precisa la iglesia, la sociedad.
Yo a veces digo “¿qué difícil sería para mi hoy tener 20 años?” Porque las referencias están todas tan confundidas que de veras es más complicado que lo que nos tocó vivir a nosotros. Necesitamos una brújula que nos ayude a reencontrar el centro que da sentido a la vida y a la fe. Creo que en Cacho hay un testimonio vital firmado con su vida. Es un privilegio haberlo conocido y seguir conociéndolo. Porque Cacho es abruptamente diferente. En la sociedad y la iglesia somos muchos los que nos preocupa la situación de los que viven peor, y organizamos tareas para eso, pero él fue a vivir con ellos. Yo no conozco otro caso en que, para transformar las relaciones de dominio en relaciones de igualdad, alguien se juegue hasta ir a vivir a un rancho con y como viven ellos. Uno de los que más ha trabajado en el libro ha insistido mucho en una frase: “en Cacho Dios se hizo vecino”. El Verbo se hizo vecino y eso a todos nos interpela. Este no es un libro sobre Cacho sino sobre lo que él es capaz de alumbrar e interpelar en nuestra vida.
Otros integrantes de la comunidad Memoria Viva: Leandro Gómez, Mary Larrosa y Rosa Ramos, aportaron en la presentación aspectos acerca de estructura y contenidos del libro. A modo de ejemplo Mary presentó un capítulo en que se relata la llegada del agua al primer barrio, el trabajo “a pico y pala” de Cacho con Andresito y la fiesta posterior, atesorada como un “bautismo” por la propia gente del barrio. Rosa leyó algunos poemas-oraciones, Leandro contó sobre la “Capilla del Encuentro” (en la Universidad Católica) donde detrás del altar y en grandes dimensiones pintó a Cacho encontrándose con el Cristo del Carrito. La capilla es visitada por estudiantes y es también un modo de acercarse y dejarse interpelar allí por el Padre Cacho, representado con su ropa civil, no de cura.
La presentación dio lugar luego a la parte más rica de intercambio y de testimonios. Muchos de los presentes habían conocido a Cacho, compartieron
anécdotas y emociones. Hicimos memoria suya. No sólo el recuerdo, sino la presencia y mística de Cacho fue impregnando el ambiente.
Comunidad Memoria
[Por: Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII]
Ante los violentos acontecimientos racistas que están se han producido estos días en Torre Pacheco (Murcia), tras la agresión sufrida por un vecino, supuestamente a manos de tres magrebíes venidos de fuera del pueblo, la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII quiere expresar su rechazo ante cualquier tipo de violencia. El respeto y el diálogo constituyen los medios más adecuados y eficaces para lograr la paz, la justicia, la convivencia y la armonía social. El odio no puede ser nunca el camino, como tampoco la violencia en que desembocan los discursos de odio.
El partido de Vox, que cuenta con un amplio apoyo electoral en la región de Murcia, está alentando en Torre Pacheco a los grupos ultras que llaman “a cazar al moro” con discursos que asocian intencionadamente migración con delincuencia y criminalidad, sin que haya pruebas de ello. Estos discursos han calado en muchos jóvenes, que copian actitudes violentas y apoyan ideologías racistas y xenófobas, asumidas como consigna acrítica. Los discursos de odio de la ultraderecha están incendiando nuestros pueblos, rompiendo el tejido social y quebrando la convivencia cívica. Una convivencia que ha caracterizado siempre hasta ahora a Torre Pacheco, pueblo en el que han estado conviviendo armónicamente desde hace décadas ciudadanos y ciudadanas de hasta 96 nacionalidades, lo que constituye un ejemplo de respeto a la diversidad étnica, que se está viendo alterada gravemente estos días por grupos ultras venidos de fuera en el marco de una internacional del odio.
Ante esta realidad queremos desenmascarar y denunciar los discursos que incitan al odio, a actitudes racistas y las prácticas violentas contra los colectivos inmigrantes. Tales discursos atentan contra los principios fundamentales del cristianismo y contra la ética de Jesús de Nazaret: el amor frente al odio, el perdón frente a la venganza, la hospitalidad frente a la intolerancia, la acogida a las personas extranjeras frente a la xenofobia y el racismo, la amistad social frente a la dialéctica amigo-enemigo.
Los dos principios a tener en cuenta en sociedades multiculturales, multirreligiosas y multiétnicas son la igual dignidad de todos los seres humanos y el respeto a la diversidad, que no admiten discriminación alguna por razones de etnia, cultura, religión, clase social, procedencia geográfica, género, identidad sexual, etc. Es así como se conforma una convivencia pacífica y solidaria entre los miembros de las diferentes nacionalidades y cosmovisiones.
Queremos ser constructores y testigos de paz, pero una paz no solo entendida como ausencia de guerra, sino como práctica inseparable de la justicia y de la fraternidad-sororidad, como expresa bellamente el salmo bíblico: “Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se besan (Sal 85,11). Asimismo, ante situaciones como las que se están viviendo en Torre Pacheco recordamos la regla de oro de todas las culturas y religiones: haz a los demás lo que deseas que hagan contigo, no hagas a los demás lo que no quieras que hagan contigo.
Por todo ello:
1) Expresamos nuestro rechazo a los discursos de odio, racismo, xenofobia e islamofobia que promueven algunos dirigentes políticos y algunos medios de comunicación, que atentan contra los derechos humanos, la convivencia y la paz social.
2) Defendemos el derecho de toda persona a emigrar y a que se le reconozcan todos los derechos a partir de la común dignidad de todos los seres humanos, tal como se contempla en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. Lejos de demonizar a las personas inmigrantes, valoramos positivamente los trabajos que realizan y reconocemos su importante e imprescindible contribución al bienestar de nuestros países. Queremos abrirles las puertas de nuestros pueblos y acogerlos como hermanos y hermanas.
3) Hacemos un llamamiento a todos los partidos políticos a rechazar los discursos de odio y a no criminalizar la inmigración. El odio a las personas, culturas y formas de vida diferentes destruye los valores éticos y genera violencia.
4) Exigimos que se implante de inmediato la dignidad y la justicia en las condiciones laborales de la clase trabajadora en Torre Pacheco. El 80% de los contratos laborales pertenece al sector agrario y se estima que 20.000 personas trabajan sin papeles, situación que el relator de la ONU califica de “explotación infrahumana”. Hemos podido conocer que hay personas que trabajan 14 horas diarias con salarios vergonzantes, mientras que los propietarios externalizan los costes sociales.
5) Finalmente llamamos a todos los ciudadanos y ciudadanas, particularmente a las personas jóvenes, para que no se dejen engañar ni manipular por esos dirigentes políticos que siembran el odio y el rechazo a los colectivos inmigrantes y buscan los enfrentamientos entre la población civil.
Estamos convencidos de que, desde los orígenes de la humanidad, la interculturalidad constituye una riqueza de lo humano y su rasgo más distintivo. Sepamos preservar esta riqueza.
[Por: Micaela Alejandra Díaz | ADN Celam]
Celebrando el 70.º aniversario del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), este 25 de julio, se presentó el Visor de Datos sobre la acción de la Iglesia en América Latina y el Caribe, una herramienta web interactiva sin precedentes que pone al servicio de las Conferencias Episcopales y del pueblo de Dios más de cinco décadas de información sistematizada sobre la presencia eclesial en la región.
“Transformar cifras en antecedentes para definir acciones pastorales”, fue la invitación del monseñor Lizardo Estrada, secretario general del Celam, quien resaltó que este visor se presenta como un signo de esperanza y una respuesta a los desafíos complejos del continente.
Una herramienta para la toma de decisiones pastorales
La presentación fue conducida por Paola Calderón Gómez, quien recordó que el Celam nació un día como hoy, hace exactamente 70 años, en 1955. “No podemos sino reafirmar nuestra misión con nuevas propuestas que nos ayuden a fortalecer los pilares que fundamentan la existencia de este organismo”, expresó. Y con ello, dio paso al lanzamiento del visor de datos, una iniciativa del Centro de Gestión del Conocimiento del Celam.
Guillermo Sandoval, director del centro, explicó el origen de la herramienta y el arduo trabajo detrás de su desarrollo. Agradeció especialmente al equipo de investigación liderado por la socióloga Ana Lourdes Suárez, e integrado por Juan Martín López Fidanza, Martín Olszanowski y Hernán Greco. El visor, sostuvo Sandoval, permite cruzar 56 variables que “se transforman en información útil para la toma de decisiones pastorales y para la investigación académica”.
El estudio se basa en los datos del Anuario Estadístico de la Iglesia Universal, publicado por la Santa Sede desde 1969. Lo que antes eran tablas estáticas y libros olvidados en estantes: “algunos a punto de ser desechados”, recordó Sandoval, hoy se convierte en una plataforma accesible, amigable y dinámica. “Lo que podríamos describir como fotografías de un instante fueron transformadas en un video para observar tendencias durante 52 años”, explicó.
Indicadores para leer la realidad eclesial
Ana Lourdes Suárez, investigadora principal de CONICET, explicó que el estudio se propuso abordar la evolución de la Iglesia católica en América Latina desde 1970 hasta 2020. La base de datos considera 52 indicadores, agrupados en dimensiones como: Prácticas sacramentales: bautismos, matrimonios, confirmaciones; agentes pastorales: sacerdotes diocesanos y regulares, diáconos, religiosos y religiosas, catequistas, laicos misioneros; estructuras: parroquias, lugares de culto. Obras sociales y educativas: escuelas, hospitales, orfanatos.
Una de las principales preocupaciones que se desprenden del análisis es la disminución sostenida de seminaristas y religiosas: “Empieza a agudizarse esta baja, lo que afectará a futuro la cantidad de sacerdotes disponibles”, advirtió Suárez.
A pesar de eso, observó un crecimiento en la cantidad de estructuras de culto, lo cual indica una “presencia territorial creciente de la Iglesia”. Asimismo, se propone el desarrollo de nuevos indicadores que consideren “la diversidad de prácticas religiosas del pueblo latinoamericano” y su vivencia de la fe.
Visor para interactuar y planificar
Juan Martín López Fidanza, investigador de la Universidad Católica Argentina (UCA), fue el encargado de mostrar al público las funcionalidades del visor, disponible en datos.celam.org. Esta herramienta permite comparar datos entre años (1970-2020), conferencias episcopales y regiones del mundo (África, Asia, Europa, Norteamérica y Oceanía).
El visor presenta visualizaciones interactivas en forma de: Infografías país por país; series temporales; gráficos de barras y mapas georreferenciados y cruzamiento de variables para análisis más profundos.
López explicó que todos los gráficos son descargables y que la plataforma ofrece una guía para el uso correcto de los datos. Además, resaltó que el visor es una herramienta viva: “Se irá actualizando conforme se publiquen nuevos anuarios”.
Reflexión, sinodalidad y misión
Para Mons. Lizardo Estrada, la herramienta es una expresión concreta del proceso sinodal: “Una Iglesia que escucha, que discierne y actúa con valentía y creatividad”. Dijo que el visor permitirá identificar áreas con mayor declive vocacional, baja asistencia sacramental o necesidades pastorales urgentes. “La precisión en los datos también es evangelización”, puntualizó.
Mons. Estrada pidió a las diócesis enviar información veraz, incorporar el visor en los planes pastorales y utilizarlo para formar a agentes de pastoral: “El visor es más que una plataforma tecnológica: es un instrumento de comunión”.
El regalo al continente y al Celam en sus 70 años
Durante la sesión de preguntas, la coordinadora del Observatorio Sociopastoral, Jeanette Rincón Morales, señaló que esta herramienta permite dar continuidad al llamado inicial del Celam en 1955: fortalecer la acción pastoral en contextos desafiantes.
La utilidad del visor fue también reconocida en las preguntas del público. Aunque el sistema no recoge datos sobre prácticas no institucionales (como asistencia a misas o lectura de la Biblia), Juan Martín López aclaró que ofrece una “buena aproximación desde la perspectiva institucional” y que es un primer paso para un análisis más integral de la religiosidad popular.
Por su parte, Guillermo Sandoval anunció que se trabajará en futuras actualizaciones, diálogos con la Santa Sede y la posibilidad de incorporar mayor desagregación territorial (por diócesis o provincias eclesiásticas).
Al servicio de todos
Al cerrar el lanzamiento del visor, Paola Calderón dijo que esta herramienta se convierte en una “fuente de información, conocimiento y comprensión de los signos de los tiempos”. Es un recurso abierto y gratuito para todos: obispos, agentes pastorales, investigadores, comunicadores y fieles laicos.
“En los 70 años del Celam, se presenta como una herramienta de ayuda a las comunidades de todo el continente”, concluyó.
Acceso al visor: datos.celam.org
Biblioteca con el informe completo: www.celam.org
Vea aquí el video del evento de presentación del visor: https://www.youtube.com/watch?v=uc2dv0TIrBY
Publicado en: https://adn.celam.org/el-celam-lanza-el-visor-de-datos-sobre-la-accion-de-la-iglesia-en-america-latina-y-el-caribe/
[Por: Julio Lázaro Torma]
Neste dia 25 de Julho de 2025, celebramos o Dia do Trabalhador e da Trabalhadora Rural, do Agricultor e da Agricultora ou do ” Colono e da Colona”. Do colono e da colona,como falamos no Rio Grande do Sul, lembramos dos imigrantes que aqui chegaram e se dedicaram a terra…
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