[Por: Eduardo de la Serna]
En los cuatro Evangelios, sorprendentemente, hay coincidencia en que una vez asesinado Jesús por los romanos, un tal José de Arimatea, reclama su cuerpo para darle sepultura…
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[Por: Eduardo de la Serna]
En los cuatro Evangelios, sorprendentemente, hay coincidencia en que una vez asesinado Jesús por los romanos, un tal José de Arimatea, reclama su cuerpo para darle sepultura…
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[Por: Gustavo Petro]
Trump, a mi no me gusta mucho viajar a los EEUU, pero confieso que hay cosas meritorias. Confieso que me gusta Walt Withman y Paul Simon y Noam Chomsky y Miller. Confieso que Sacco y Vanzetti, (que tienen mi sangre), en la historia de los EEUU, son memorables y les sigo. Los asesinaron por líderes obreros con la silla eléctrica, los fascistas qué están dentro de EEUU como dentro de mi país. No me gusta su petróleo, Trump, va a acabar con la especie humana por la codicia. Quizás algún día, junto a un trago de whisky que acepto, a pesar de mi gastritis, podamos hablar francamente de esto, pero es difícil porque usted me considera una raza inferior y no lo soy, ni ningún colombiano. Así que si conoce alguien terco, ese soy yo. Puede con su fuerza económica y su soberbia intentar dar un golpe de Estado como hicieron con Allende…
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[Por: Rebosante Alegría]
En la liturgia de este domingo, la primera lectura y el Evangelio nos hablan de hospitalidad, de servicio y de escucha (cf. Gn 18,1-10; Lc 10,38-42). En el primer caso, Dios visita a Abraham en la persona de “tres hombres” que llegan a su tienda “a la hora más calurosa” (cf. Gn 18,1-2). Podemos imaginar la escena: el sol abrasador, la calma inmutable del desierto, el calor intenso y los tres desconocidos que buscan resguardo…
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[Por: Leandro Sequeiros]
En julio de 1925, hace AHORA cien años, tuvo lugar un juicio (conocido como Juicio del Mono) pues se juzgaba a un profesor por el delito de enseñar las teorías de la evolución de Darwin en la escuela…
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[Por: Raúl Zibechi | La Jornada – IHU | Traducción, Cepat]
Las guerras son las articulaciones de la acumulación de capital , independientemente de los Estados-nación involucrados en los conflictos”, escribe Raúl Zibechi , periodista y analista político uruguayo, en un artículo publicado en La Jornada el 25 de julio de 2025. La traducción es de Cepat…
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[Por: Pedro Pierre]
Soy Pedro Pierre, sacerdote nacido en Francia. Estoy en Ecuador desde 49 años. Estuve en parroquia populares de Guayaquil, Quito y Sucumbíos. También estuve en una parroquia rural de Nicaragua por los años ’90. He trabajado siempre con grupos cristianos de los sectores pobres de la ciudad y del campo, llamados Comunidades Eclesiales de Base (CEBs). Ahora estoy jubilado en Guayaquil, es decir que no tengo cargo de parroquia y continúo apoyando las CEBs. Acompaño estas Comunidades cristianas y otros grupos sociales y políticos con quienes me relaciono…
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[Por: Micaela Díaz | ADN Celam]
A casi cuatro décadas de su trágica muerte a manos del pueblo tagaeri, mientras intentaban establecer contacto pacífico con comunidades no contactadas, su memoria sigue siendo una guía en medio de la lucha por la defensa de la vida, los pueblos indígenas y la casa común…
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[Por: Editorial Claretiana]
El libro es parte de una serie dedicada a la fase de implementación del Synod.va publicada pro Editorial Claretiana (Publicaciones Claretianas) y Editorial CELAM que coordinó Serena Noceti y Rafael Luciani. Esta disponible en italiano con Editrice Queriniana en los próximos días…
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[Por: Francisco J. Burgos]
Vivimos en tiempos reaccionarios donde el significado y la práctica de la verdad, la justicia, el amor, la misericordia y la paz no solo son constantemente cuestionados, si no redefinidos, principalmente por personas en posiciones de poder. Esta es una realidad que podemos encontrar en todas las esferas sociales, incluyendo nuestras propias comunidades religiosas. Esta redefinición de valores, aspiraciones y principios fundamentales responde se debe, en parte, a un modelo social que prioriza las ganancias financieras individuales sin preocuparse por la tierra ni por el bienestar de las personas, concretizándose en una cosmovisión que enfatiza ciertos excepcionalismos para justificar la desigualdad, las injusticias y la distancia entre la comunidad humana. Dentro de esta cosmovisión, tanto las personas como la tierra se conciben como descartables y como meros recursos utilitarios para el lucro.
Ante esto, como gente de fe, estamos llamados a detenernos y examinar nuestras vidas. Como cristianas, estamos llamadas a discernir, explorar y atrevernos a probar formas sencillas y prácticas de vivir nuestra fe con integridad y amor radical, mientras buscamos transformar el mundo en un lugar mejor para todos y todas. Este es un llamado a ser veraces y a aferrarnos a la convicción de que el amor se manifiesta en nuestro trabajo cotidiano por la paz y la justicia, al construir comunidades solidarias, acogedoras e inclusivas. Comunidades donde el sentido de pertenencia se encarna al practicar la igualdad y la equidad, y al permanecer abiertos a la acción del Espíritu en nosotros.
Hoy en día, nos vemos especialmente desafiados, pero inequívocamente llamados a ser testigos de la Verdad. Esto nos lleva a reconocer nuestras realidades tal como son, sin caer en patrones de reconceptualización ni distracciones que pretendan disminuir nuestra humanidad y la manifestación divina que reside en ella.
Estamos urgidos de abrazar con entereza nuestra vocación de seguidores del Jesús liberador. Es a partir de esta convicción desde la cual me atrevo a afirmar que no hay nada de malo en llamar genocidio a un genocidio, sin importar bajo qué bandera se lleve a cabo esta abominación. Un genocidio es exactamente lo que el gobierno israelí está haciendo contra los palestinos en Gaza, y no hay nada de antisemita en denunciar esta atrocidad. No hay nada de malo en denunciar la violación de los derechos humanos y la violencia estructural que el gobierno estadounidense está infligiendo a la comunidad inmigrante. En este sentido, debemos identificar a “Alligator Alcatraz” como lo que realmente es y representa — un campo de concentración.
No está mal desmantelar la idea de que algunas personas valen más que otras por tener un color de piel diferente, hablar un idioma diferente, practicar una religión diferente o por tener una identidad sexual o de género diferente. La discriminación, la violencia y la injusticia no deben albergar refugio en nuestros corazones, y debemos comprometernos a hacer posible la paz.
No podemos fingir que está bien eliminar los programas sociales que benefician a las personas más vulnerables, y más aún cuando dichos programas se eliminan para favorecer la expansión de la maquinaria bélica, la militarización de nuestros territorios y la corrupción. Es cierto que podemos sentirnos paralizados por la enorme injusticia que se despliega ante nosotros, pero debemos unirnos como comunidad para organizarnos con valentía y denunciar sin miedo todo lo que está mal, trabajando para transformar estas crueles situaciones con compasión y solidaridad. Creo firmemente que nuestro silencio corre el riesgo de ser cómplice y genera una brecha entre nuestras intenciones de bien y nuestras acciones proféticas.
Ya no podemos permanecer en silencio ante tanta violencia e injusticia. No podemos permanecer indiferentes ante la amenaza que imponen a la humanidad las fuerzas más egoístas y destructivas que nos separan. No podemos permanecer desconectados de la tierra, perpetuando una relación extractiva que niega nuestro sentido de pertenencia y reciprocidad con la naturaleza. Debemos ser solidarios y defender firmemente el amor, la paz y la dignidad, sin importar si la guerra, la injusticia, el hambre o la limpieza étnica ocurren en China, Ucrania, Haití, Cuba, el Congo o Estados Unidos.
Estoy convencido de que podemos ser mejores en la transformación de las crueles realidades de nuestro tiempo. Creo que podemos ser ‘sal y luz’ en la manera en cómo encarnamos a Jesús en nuestros gestos y quehaceres cotidianos, y en nuestros sueños y aspiraciones de justicia. Guardo en mi corazón la profunda convicción de que nuestra fe nos impulsa a la práctica y a la acción que recrean lo mejor que podemos ser como miembros de la comunidad humana y como gente que busca una auténtica relación de pertenencia y cuidado con nuestra madre tierra. Seamos testigos de la Verdad y abracemos, con valentía, el necesario camino de transformación que conduce hacia la paz y la justicia.
Francisco J. Burgos
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[Por: Leonardo Boff]
En los días actuales estamos presenciando guerras en muchos países, especialmente en la Franja de Gaza donde se está produciendo uno de los mayores genocidios de la historia presente, en la guerra en Ucrania en la cual están muriendo especialmente muchos miles de jóvenes bajo el ataque imparable de Rusia, y así en otros lugares, en particular en África.
Cómo no indignarse contra el genocidio de miles de niños inocentes que no tienen nada que ver con la guerra que Israel lleva a cabo contra Hamas, alcanzando indiscriminadamente a toda la población de la Franja de Gaza con el objetivo de exterminar especialmente a niños y jóvenes que en el futuro podrían estar en contra del Estado de Israel.
La ética para ser plenamente humana necesita incorporar la compasión. Hay mucho sufrimiento en la historia, demasiada sangre en nuestros caminos y una soledad interminable de millones y millones de personas, que cargan solas en su corazón la cruz de la injusticia, de la incomprensión y de la amargura. El ethos que se compadece quiere incluir a todos ellos en el “ethos” planetario, es decir, en la Casa Común en la cual hay acogida y las lágrimas pueden ser lloradas sin vergüenza o enjugadas cariñosamente. La compasión es la ética natural de los trabajadores de la salud, especialmente de aquellos que asumen el servicio de los cuidados paliativos, que ahora se ha aprobado realizar a través del Sistema Único de Salud (SUS). El movimiento nacional Premier Cuidados Paliativos, promovido por el generoso Dr. Samir Salman de São Paulo superintendente del Instituto Premier, involucra a cientos de médicos, médicas y personal de enfermería que han asumido la práctica de los cuidados paliativos.
Para Tomás de Aquino “la compasión es la más elevada de todas las virtudes porque no solamente abre a una persona hacia otra, sino también porque la abre hacia la más débil y más necesitada de ayuda. En este sentido constituye una característica esencial de la Divinidad” (S.Theologica II.q.30 a.4 c).
Pero primero conviene hacer una depuración del lenguaje pues en la comprensión común la compasión tiene connotaciones peyorativas. Tener compasión significa apiadarse del otro, porque se le considera desamparado, sin energía interior para erguirse. Supone la actitud de alguien que mira desde arriba hacia abajo, humillándolo.
En el cristianismo de los orígenes sin embargo, com-pasión era sinónimo de misericordia, esa actitud generosa que quiere compartir el padecimiento del otro y no dejarlo solo en su dolor. Eso no es hacer “caridad”, criticada por el poeta cantautor argentino Atahualpa Yupanqui: “desprecio la caridad por la vergüenza que encierra; soy como el león de la sierra, vivo y muero en soledad”. Por el contrario, los seres humanos por lo general suelen estar acompañados al final de sus vidas por personas queridas que los rodean de cuidados paliativos.
En el budismo la compasión se considera la virtud personal de Buda. Por eso es central y se conecta con la pregunta que dio origen al budismo como camino espiritual: “¿cuál es el mejor medio para liberarnos del sufrimiento?” La respuesta de Buda fue: “por la com-pasión, por la com-pasión infinita”.
El Dalai Lama actualiza esa respuesta de esta forma: “ayuda los demás siempre que puedas y si no puedes no los perjudiques, y ten siempre compasión”.
Dos virtudes realizan la compasión: el desapego y el cuidado. Por el desapego renunciamos a cualquier sentimiento de superioridad frente al otro y lo respetamos así como es. Por el cuidado nos aproximamos de él y velamos por su bienestar socorriéndolo en el sufrimiento.
La compasión tal vez sea la mayor contribución ética y espiritual que Oriente ha dado a la cultura mundial. Lo que hace que el sufrimiento sea penoso no es tanto el sufrimiento mismo sino el vivirlo en soledad. El budismo y también el cristianismo convocan a establecer una comunión en el sufrimiento para que nadie esté solo y desamparado en su dolor.
La gran vergüenza es constatar que los países europeos, de raíz cristiana, creadores de los derechos humanos y de la idea de democracia, apoyan la guerra genocida de Netanyahu contra Hamas y el pueblo palestino.
Igual que el amor y el cuidado, la compasión tiene un campo de realización ilimitado. No se restringe solo a los seres humanos, sino a todos los seres vivos y al cosmos. El ideal budista y franciscano de compasión nos enseña cómo relacionarnos adecuadamente con la comunidad de vida: primero respetar a cada ser en su alteridad, después establecer un lazo de afecto con él, cuidarlo y especialmente regenerar a aquellos seres que sufren o están en peligro de extinción. Sólo entonces podemos beneficiarnos de sus dones, con justa medida y con responsabilidad, de acuerdo con lo que necesitamos para vivir de forma suficiente y decente.
Ante tantos padecimientos de la humanidad y agresiones sistemáticas a la Madre Tierra la compasión es un imperativo humanístico y ético.
*Leonardo Boff ha escrito con Werner Müller El principio de compasión y de cuidado, Vozes 2000; La justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2023.
Traducción de MªJosé Gavito Milano