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Carta abierta a Santiago Abascal

[Por: Juan Cejudo]

A Santiago Abascal no le ha gustado nada, absolutamente nada, la nota de los obispos españoles rechazando la moción aprobada en Jumilla por P.P y VOX, prohibiendo la celebración de fiestas islamistas en espacios públicos…

 

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El rostro de la Iglesia católica en la Amazonía y su camino sinodal

[Por: Julio Caldeira]

En el marco del Encuentro de Obispos de la Panamazonía, convocado por la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) del 17 al 20 de agosto de 2025, se presenta un panorama actualizado de la realidad eclesial en esta región vital para la vida de los pueblos y la misión de la Iglesia…

 

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Voces de Emaús: “Tarifazo”: imposición colonial con fines extractivos

[Por: Sinivaldo Silva Tavares | IHU]

Ante esta situación, no nos queda otra opción que plantear una pregunta que no puede ser silenciada: ¿hay todavía espacio para una  crítica emancipadora  tanto de  las tecnologías  como  del neoliberalismo ?

El artículo es de  Sinivaldo Silva Tavares .

 

Sinivaldo Silva Tavares , fraile franciscano, obtuvo un doctorado en Teología Sistemática por la Pontificia Universidad Antonianum (1998) y un posdoctorado por la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (2018). De 1999 a 2011, fue profesor de Teología Sistemática en la Facultad Franciscana de Teología de Petrópolis. Desde 2012, es profesor e investigador del Programa de Posgrado en Teología de la FAJE.

 

Es miembro de los grupos de investigación: “Ecoteología, religión y conciencia planetaria” (FAJE); “Transdisciplinariedad, ecología integral y justicia socioambiental” (UNISINOS), y “Casa común y nuevas formas de vivir interculturalmente” (Universidad Católica de Portugal). Ha publicado más de diez libros, entre ellos: La cruz de Jesús y el sufrimiento en el mundo. La contribución de la teología de la liberación latinoamericana (2002); Jesús, parábola de Dios. Cristología narrativa (2007); Trinidad y creación (2007); Teología de la creación. Otra mirada: nuevas relaciones (2010); Evangelización e interculturalidad (2010); Evangelizar en diálogo. Nuevos escenarios desde el paradigma ecológico (2014); Cuidando la casa común. Claves teológicas y pastorales para la lectura de Laudato Si’ (con A. Murad) (2016); Ecología y decolonialidad. Implicaciones Mutuas (2022). También cuenta con numerosos estudios publicados en revistas especializadas y
obras colectivas.

Cara de un hombre con camisa verde

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Sinivaldo Silva Tavares | Foto: Archivo Personal

 

 

Este texto forma parte de la  columna Vozes de Emaús , que incluye contribuciones semanales de miembros del  Grupo Emaús . Para saber más sobre el proyecto,  haga clic aquí . 

 

 

Otra maniobra histriónica del presidente electo de Estados Unidos : imponer aranceles exorbitantes a otras naciones, ignorando los acuerdos comerciales ya firmados. A pesar de estar envuelta en una densa nube de humo, esta “subida de aranceles” revela un proyecto colonial global centrado en el extractivismo depredador y, por lo tanto, con un impacto directo en la actual “crisis climática”. Citaré dos ejemplos.

 

El primero se refiere al acuerdo arancelario entre Estados Unidos y la Unión Europea . Según analistas atentos, en lugar de un acuerdo, lo que realmente ocurrió fue la capitulación total de los países europeos, poniendo en peligro el cumplimiento de sus compromisos climáticos. La aceptación inquebrantable de la imposición del gobierno estadounidense de que los países europeos adquieran 750 000 millones de dólares en petróleo y gas durante un período de tres años pone en peligro la «transición energética» planificada. Más que un acuerdo comercial o económico, se asumió un «compromiso sobre combustibles fósiles», y el cambio climático terminó convirtiéndose en moneda de cambio. Es lamentable que, precisamente cuando más necesitamos que las potencias globales contrarresten el negacionismo climático estadounidense , los países europeos se sometan a los caprichos de un presidente financiado por las grandes petroleras en materia de combustibles fósiles . Además, este acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea guarda fuertes similitudes con los tratados desiguales e injustos que las potencias coloniales europeas impusieron a sus colonias entre los siglos XVI y XX. Sólo que esta vez hay un cambio de posiciones y roles: las víctimas son los países europeos, tratados como colonias estadounidenses.

 

La segunda situación se refiere a las amenazas arancelarias impuestas por el presidente estadounidense a Brasil. En este caso específico, la cortina de humo que rodea el aumento de aranceles se ve reforzada por las maniobras políticas de una familia capaz de sacrificarlo todo para defender su propio pellejo. Sin embargo, detrás de las amenazas del presidente estadounidense se esconde, sobre todo, un interés en nuestras tierras raras y sus metales estratégicos y la preservación de los intereses económicos y de poder de las grandes tecnológicas estadounidenses .

 

Las tierras raras contienen aproximadamente 17 minerales estratégicos para tecnologías de vanguardia necesarias para la transición energética o el proceso de energía limpia . El litio, el níquel, el cobalto, el manganeso y el grafito son componentes cruciales para el rendimiento, la longevidad y la densidad energética de las baterías, incluidas las utilizadas en vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía. El cobre y el aluminio son vitales para la infraestructura energética, utilizándose en grandes cantidades en líneas de transmisión y redes eléctricas, lo que garantiza la distribución eficiente de la electricidad generada por fuentes renovables. Las tierras raras son esenciales para la fabricación de imanes permanentes, utilizados en turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos, esenciales para la generación de energía renovable y la movilidad eléctrica.

 

Brasil se encuentra en la mira geopolítica de Estados Unidos como el país con las segundas mayores reservas de estos minerales, superado solo por China . Y lo más preocupante es la naturaleza extremadamente depredadora de los procesos utilizados para extraer estos minerales estratégicos. Este extractivismo depredador surge, por lo tanto, como una condición para la posibilidad y el sustento de nuevas relaciones coloniales con poblaciones y territorios. Sabemos bien lo que esto significa gracias a la persistencia de estructuras extractivas y coloniales a lo largo de nuestra historia. El mismo nombre, Brasil, revela y, al mismo tiempo, delata su referencia a un recurso natural extraído y comercializado. Y el extractivismo salvaje practicado en nuestras tierras por la colonización europea se intensificó con el tiempo, incluso a medida que sus recursos naturales se diversificaban. A la extracción de palo de Brasil le siguieron otros ciclos no menos depredadores: caña de azúcar, minería, caucho, café y, simultáneamente, ganado. En resumen, el extractivismo depredador se convirtió en el motor del capitalismo mercantilista colonial. Y surgimos, en este contexto, como una “corporación multinacional”, dada la configuración intercontinental de la ocupación y explotación de pueblos y territorios. Nuestros productos se transformaron en mercancías mediante el trabajo extenuante de pueblos esclavizados. Una verdadera empresa productiva y comercial transnacional, la envidia de nuestra globalización, tan a menudo pregonada a finales del siglo XX y principios del XXI.

 

 

Aún vivimos en condiciones de colonialismo persistente , mientras Brasil sigue produciendo materias primas para el mercado global. La actividad minera que continúa en nuestros territorios está manchada con la sangre de innumerables crímenes socioambientales. Bastaría mencionar los recientes  crímenes socioambientales causados por Vale do Rio Doce en Minas Gerais para comprender el legado de las acciones criminales de las empresas mineras responsables de pasivos ambientales que afectan áreas mucho más allá de las directamente afectadas. Las víctimas de estos crímenes son miles de personas que viven en sus territorios y obtienen de ellos los recursos básicos para su supervivencia: quilombolas, pueblos indígenas y pequeños agricultores.

 

¿Y qué hay de las grandes tecnológicas ? Nada es más emblemático que la presencia en primera fila de representantes de grandes corporaciones en la toma de posesión del presidente electo de Estados Unidos : las farmacéuticas , las alimentarias , las petroleras y las tecnológicas ( Uber , Facebook , Google , Apple , Microsoft ).

 

Esto confirma que sus políticas han sucumbido a los intereses económicos de estas grandes corporaciones, revelando el agotamiento total del sentimiento comunitario y social de la «política» desde tiempos inmemoriales.

 

Las grandes tecnológicas han estado operando una especie de “extractivismo digital”. No satisfechas con excavar el suelo y el subsuelo y agotar la fuerza laboral humana, las empresas de información pretenden excavar nuestra psique y nuestra privacidad, participando en una verdadera “minería de datos”. Las noticias falsas , por ejemplo, son un subproducto del “capitalismo digital”, al igual que el calentamiento global lo es del “capitalismo fósil”. Y la razón de esta actitud extractivista reside en el descubrimiento de algoritmos, una verdadera “mina de oro intangible” de grandes empresas y corporaciones internacionales. El mapeo de algoritmos permite a las grandes empresas controlar a consumidores y votantes, ya que describen una amplia gama de patrones de comportamiento. A través del “extractivismo digital”, nuestra privacidad, nuestra subjetividad y nuestros deseos más ocultos son extraídos, alienados y, en última instancia, reducidos a mercancías compradas y vendidas contra nuestra voluntad. En resumen, nuestra información, granular y rastreada, se convierte en un arma de control y gobernabilidad. Incluso nuestra libertad personal se reduce a la mera prestación de servicios, a pesar de nuestra conciencia y voluntad. Un ejemplo de ello es que, cada vez que compartimos un momento de nuestro tiempo libre en redes sociales, estamos, sin saberlo y a propósito, enriqueciendo a personas que ni siquiera conocemos. De hecho, la privacidad se ha convertido en el mayor activo económico del siglo XXI.

 

Ante esta situación, sólo podemos dar voz a una pregunta que se niega a ser silenciada: ¿hay todavía espacio para una crítica emancipadora tanto de las tecnologías como del neoliberalismo ?

 

La paz y la guerra con Trump

[Por: Leonardo Boff]

Jamil Chade, periodista brasilero e internacional, expresó muy bien el proyecto de geopolítica de Trump: “Él ha dejado claro que no va a hacer diplomacia. Actuará con la fuerza, tanto bélica como económica y comercial. Su construcción de un nuevo orden no pasa por la paz, sino por la capitulación del adversario”. Los acuerdos arancelarios con casi todos los países son más imposiciones suyas que el fruto de una negociación. Eso se llama capitulación. Es mérito del gobierno brasilero, reconocido por grandes nombres de la economía y de la política mundiales, no curvarse sino rechazar soberanamente la imposición del 50% sobre nuestros productos, por razones injustificables. Trump es militarista e imperialista.

 

Es necesario por tanto buscar las causas escondidas detrás de ese imperialismo y de la negación de la diplomacia así como amenazar con guerra y capitulación. Es su voluntad de dominación, según el mantra: “un mundo-un solo imperio” (el de USA). Hay que reconocer que hay un gran conflicto de intereses geopolíticos, étnicos, económicos y la existencia de profundas desigualdades especialmente en el Sul global frente al Norte global, que pueden amenazar al imperio establecido.

 

Es preciso identificar estas conexiones ocultas como condición para entender la geopolítica de Trump y también para coseguir una paz verdadera y duradera. La respuesta no es otra guerra, sino una paz desarmada y que desarma según el Papa actual. Esta paz desarmada utiliza medios políticos, diplomáticos, las articulaciones con otros gobiernos que también quieren la paz, los movimientos sociales, la movilización de las religiones e iglesias y la implicación con grupos con prácticas alternativas.

 

Chico Mendes en la Amazonia era un adepto de este tipo de paz desarmada. Movilizaba a los pueblos de la selva, los seringueros e indígenas para hacer frente a los puestos avanzados de deforestación, organizando los famosos “empates”, reuniones de todo tipo de personas (niños, mujeres, personas mayores y trabajadores con sus herramientas de trabajo) que se colocaban delante de los tractores que iban a derribar la selva.

 

Ese tipo de paz que se enfrenta a la violencia es simultáneamente una geopolítica, con su estrategia y táctica, y también un espíritu de paz profunda que renuncia al recurso de la violencia como forma de resolver conflictos y de lidiar con ellos, procurando que sean lo menos destructivos posibles. Así es anti- imperialista y excluye la guerra como medio de crear un nuevo orden entre las naciones, como quiere Trump. La guerra es perversa porque destruye vidas, especialmente inocentes, como sigue sucediendo en la Franja de Gaza. Ella se opone frontalmente al mandamiento transcultural: “no matarás”.

 

La paz armada no tiene como objetivo la paz, sino una pacificación impuesta por Trump. Presupone que la realidad es una arena donde se libran permanentemente conflictos y guerras. La convivencia entre las personas, las comunidades y los pueblos es posible pero está amenazada por rupturas permanentes. Los estados-naciones y los países centrales que hegemonizan el curso de la historia son campos de lucha por el poder para ver quién es el más fuerte con una eventual “destrucción mutua asegurada”.

 

El gran jurista y politólogo Carl Schmitt (1888-1986) en su O conceito do político, (Vozes,2003) sustenta la tesis de que la identidad de un pueblo se define y se reafirma en la medida en que es capaz de identificar a un enemigo y darle combate permanente, en forma de prejuicio, de difamación y de satanización del otro. No sin razón fue el ideólogo de Adolf Hitler. Carl von Clausewitz (1780-1831: Da guerra, 1976) da centralidad a la guerra como fuerza conductora de la historia y ve la política como la guerra llevaba a cabo por otros medios.

 

Tales visiones de violencia produjeron primeramente el asesinato administrativo practicado por el colonialismo europeo en  África, en América Latina y en Asia, acabando en pocos años con millones de indígenas, como fue el caso de México y del Caribe en el siglo XVI.

 

Con la guerra total, inaugurada por Hitler en la Segunda Guerra Mundial, vino acoplada a la “fabricación sistemática de cadáveres en los campos campos de exterminio nazi” (Hannah Arendt). Estas “fábricas de exterminio” no obedecían a ninguna necesidad militar. En ellas imperaba la ejecución banal, burocrática y técnica de la muerte sin ningún escrúpulo ni sentimiento moral. Era la pura expresión del racismo y del odio. Solamente en el siglo XX murieron  200 millones de personas en las muchas guerras que ha habido. Esto  representa un alto nivel de barbarie y la negación de todo principio  civilizatorio.

 

Ahora en los últimos años han surgido las armas de destrucción masiva, especialmente las que usan la Inteligencia Artificial General con sus miles de millones de algoritmos, capaces de poner fin a la especie humana y a gran parte de la biosfera.

 

Esta modalidad de guerra ha alterado profundamente la percepción que el ser humano tiene de sí mismo. Él puede acabar consigo mismo. Su fin no resulta de un cataclismo natural ni por voluntad divina, sino por la propia decisión humana o por delegación a la IA autónoma, cuyas decisiones escapan al control humano. Después de habernos apropiado del alfabeto genético de la vida, el ser humano acaba de apropiarse de su propia muerte.

 

Tal hecho adquiere dimensiones metafísicas que hacen pensar en quién es el ser humano y cuál es su lugar en el universo. Él fue el último de los seres mayores en entrar en el proceso evolutivo: ¿no será que fue para poner fin a este proceso, convirtiéndose en el gran asesino de nuestro sistema solar y afectando a todo el proceso cosmogénico?

 

Tales constataciones de alta perversidad están en la cabeza de Trump. Se ha comprobado que los Estados Unidos desde su fundación han estado siempre involucrados en alguna guerra, solo han tenido 17 años de paz.

 

No por eso dejamos de confiar en el ser humano, capaz de crear relaciones pacíficas y así dar espacio a la paz desarmada y no a la guerra.

 

*Leonardo Boff es exprofesor de la UERJ y profesor visitante en varias universidades extranjeras. También es autor de más de cien libros sobre distintas materias.

 

Imagen: https://www.france24.com/es/programas/el-debate/20241108-paz-a-trav%C3%A9s-de-la-fuerza-qu%C3%A9-le-espera-al-mundo-con-el-regreso-de-trump

Destruir las armas nucleares para salvar a la humanidad y a la naturaleza

[Por: Juan José Tamayo]

Los días 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas contra las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki respectivamente en un acto genocida escrupulosamente programado y moralmente reprobable, que redujo a ambas ciudades a cenizas, causó la muerte de más de 200.000 personas, dejó profundas cicatrices no solo en Japón sino en toda la humanidad y dio lugar al nacimiento de la era nuclear, una era de consecuencias imprevisibles para la humanidad y el planeta. Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, consciente del monstruo que había creado, recordó la afirmación de la Bhagavad-Gita, que se aplicó a sí mismo: “Me he convertido en la muerte, el destructor de los mundos”.

 

Ota Yoko, quizá la más prominente escritora japonesa de la llamada “literatura de la bomba atómica”, escribió en los meses de agosto a noviembre del mismo año Ciudad de cadáveres, referida a Hiroshima, su ciudad. Es uno de los relatos más impactantes sobre la explosión cuyo valor destaca por ser la autora víctima y observadora y por describir tanto el bombardeo atómico sobre Hiroshima como la magnitud del trauma provocado por el genocidio.

 

El libro no pudo publicarse hasta tres años después, y lo hizo bajo la censura del Código de Prensa impuesto por el Mando Supremo de las Potencias Aliadas (GHQ en inglés) y el consentimiento de la autora. En 1950 se publicó la versión íntegra. Dentro de la producción relacionada con la literatura de la bomba atómica, Ciudad de cadáveres es considerada “la obra más excepcional porque está escrita con un fuerte sentido de la vida y de la alegría por vivir a pesar de estar contemplando fijamente la muerte” (Koichiro Tanabe). Este año la editorial Satori ha publicado por primera vez el libro en castellano con un prólogo muy iluminador de Patricia Hiramatsu en torno a la “literatura de la bomba atómica”, la compleja biografía de la autora, el proceso de redacción y el desarrollo de la obra.

 

También es muy abundante la literatura sobre el segundo bombardeo atómico provocado el 9 de agosto de 1945 también por Estados Unidos contra la ciudad de Nagasaki, que visité hace unos meses en plenos preparativos del 80 aniversario. El recorrido por los lugares de la explosión, la visita al Ayuntamiento, la recepción del alcalde y la escucha de los testimonios de algunos sobrevivientes me sobrecogieron y me llevaron derechamente a un acto espontáneo de compasión con las víctimas no como simple sentir pena o lástima por lo sucedido, sino como una experiencia de identificación con el sufrimiento de los 74.000 personas muertas y el trauma de los supervivientes, como denuncia de sus autores, los dirigentes políticos y militares de Estados Unidos por tan execrable barbarie, y como exigencia de reparación de tal barbarie y de no repetición.

 

Quiero sumarme a los actos conmemorativos que se han celebrado estos días como motivo del 80 aniversario. Y lo hago a través de este decálogo en el que deseo comprometer a las religiones en la lucha por la paz, basada en la justicia, y en la destrucción de las armas nucleares.

 

1. Durante mis largos años de estudio de la historia de las religiones he podido comprobar que existe una falta de sintonía entre los mensajes de paz que predican las religiones y algunas de sus manifestaciones más violentas. Históricamente estas han atizado y siguen atizando no pocos conflictos bélicos a partir de los textos “sagrados”, que, leídos de manera fundamentalista, incitan a la violencia incluso en nombre de Dios. Pero las religiones pueden jugar también un importante papel en la construcción de una cultura de paz a partir de la activación de aquellos textos que llaman a la utopía de una sociedad pacífica y pacificadora. En esa dirección avanzan actualmente numerosos colectivos religiosos implicados en la resolución pacífica de los conflictos bélicos.

 

2. Es necesario pasar de las guerras de religiones al diálogo interreligioso, intercultural, interétnico e interplanetario, como condición necesaria para la paz entre las religiones y la paz en el mundo. De lo contrario serán cómplices de la extensión de la violencia en el mundo.

 

3. Hago mía la afirmación del filósofo y teólogo catalán intercultural Raimon Panikkar (1918-2010), que transitó armónicamente por los caminos del cristianismo, el budismo, el hinduismo y la secularización en plena armonía y sin ninguna contradicción: “Sin diálogo el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”.

 

4. El diálogo interreligioso debe tener como resultado una ética mundial de la paz consensuada con estas propuestas: el trabajo por la no violencia activa y  el respeto por la vida; la defensa de la naturaleza sometida a explotación por el actual modelo de desarrollo científico técnico; la opción por los sectores, los pueblos y los continentes oprimidos, cuya vida ven amenazada a diario; la apuesta por una cultura de la solidaridad, que no deje a nadie atrás; la promoción de una cultura de la igualdad y la justicia de género, frente a la cultura patriarcal hoy imperante en todas las sociedades.     

 

5. El mundo gasta hoy en armamento y en las guerras dos billones cuatrocientas mil millones de dólares. Las religiones, junto con otros actores en favor de la paz, deben denunciar dicho gasto y exigir a los gobiernos que lo destinen a la educación, la sanidad y la alimentación de los 750 millones de personas pobres y hambrientas que hay en el mundo.  

 

6. El 1% de la población mundial tiene el 99% de las riquezas de toda la humanidad. El diálogo de culturas y el encuentro de religiones serán estériles si no van acompañados de una alianza en la lucha contra la pobreza, el hambre y las brechas de la desigualdad, cada vez más profundas, y en la condena del neoliberalismo, que, como afirma el Papa Francisco, es injusto en su raíz, genera tamañas desigualdades en el mundo entre el Norte global y el Sur global y “mata” realmente, no de manera metafórica.

 

7. Siguiendo el ejemplo de Francisco de Asís, Mahatma Gandhi, Martin Luther King y otros líderes religiosos, las religiones están llamadas a desterrar la violencia en todas sus formas, en su organización, en sus textos fundantes, en sus códigos jurídicos, en sus discursos y en el estilo de vida de sus seguidores y seguidoras, y a fomentar la fraternidad-sororidad entre sus miembros y en la sociedad.  

 

8. Nuestra sociedad vive inmersa en todo tipo de excesos y desmesuras: en el consumo, que desemboca en consumismo; en la múltiple discriminación de las mujeres por clase social, cultura, género, identidad sexual, religión, etnia, que desemboca en feminicidios; en el uso de la violencia, que desemboca en constantes guerras en las que los pueblos ponen siempre los muertos; en el odio contra las personas y los colectivos diferentes, que desemboca en racismo, xenofobia y aporofobia; en el maltrato a la naturaleza convertida en un basurero, que desemboca en eco-cidio; en el abusivo ejercicio del poder, que desemboca en dictaduras y autoritarismos, etc.

 

Para evitar dichos excesos, las religiones deben contribuir a buscar la justa medida y seguir el camino medio, la moderación, el autocontrol, el equilibrio, la corresponsabilidad, la razón cordial, la compasión y la ética del cuidado.

 

9. En plena crisis de las religiones y en la era de la inteligencia artificial, de la tecnocracia, del transhumanismo, del supremacismo, del necrocapitalismo, es necesario recuperar la espiritualidad, que es una de las dimensiones fundamentales del ser humano, más allá de las creencias o increencias religiosas. La espiritualidad es el espacio verde de las culturas, de las religiones y de los pueblos, el lugar de la paz interior y exterior, y una de las mejores reservas de la humanidad que es necesario poner en valor y activar. 

 

El diálogo entre espiritualidades y religiones deja sin efecto la justificación de la teoría de la “guerra justa”, desactiva las guerras de religiones y apuesta por la paz justa, inseparable de la justicia, como afirman dos textos de la Biblia hebrea: “la justicia y la paz se besan” (Salmo 85, 10); “el futo de la justicia será la paz, la justicia traerá calma y seguridad perpetua” (Isaías, 32,17). Israel, depositario y heredero de estos mensajes, no solo los ha olvidado, sino que va en dirección contraria con el genocidio y el hambre como arma de guerra contra la población de Gaza.

 

10. En la nueva guerra fría -quizá más caliente que la anterior y que está convirtiendo el mundo en un coloso en llamas-, que estamos viviendo y ante la amenaza de que se repitan Hiroshima y Nagasaki, las religiones, todas al unísono, tanto en su carácter institucional como en sus miembros y sus dirigentes, no pueden limitarse a pedir que no se utilicen las armas nucleares. Deben condenar la acción genocida de los Estados Unidos, reclamarle arrepentimiento y reparación porque los crímenes de lesa humanidad nunca prescriben, desenmascarar la hipocresía y el cinismo de los países que las poseen y acaban de reunirse en Hiroshima, denunciarlos y exigirles la total destrucción de dichas armas como condición necesaria para que no se repitan Hiroshima y Nagasaki y para salvar la vida del planeta y de la naturaleza.

 

De lo contrario, habría que recordarles lo que afirmó uno de los supervivientes en el acto del 6 de agosto en Hiroshima: “Los que no han aprendido nada son los líderes de los países que tienen armas nucleares”.  Y precisamente porque no han aprendido nada, pueden volver a repetirlo.

 

Juan José Tamayo es teólogo de la liberación y profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro es Cristianismo radical (Trotta, Madrid, 2025, 3ª ed.)

A homilia com Padre Beozzo: Assunção de Maria: “Bendita es tu entre as mulheres e bendito é o fruto do teu ventre” (Lc 1, 42)

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

Maria, padroeira de tantas comunidades, paróquias e dioceses de nosso país e festejada no dia 15 de agosto na sua festa da Assunção, é celebrada neste ano, no domingo, dia 17. O evangelho de Lucas diz que, ao ser avisada pelo anjo que sua prima Isabel, já de idade e considerada estéril, estava grávida, partiu apressadamente para as montanhas de Judá (1,39-56). Não ficava perto a casa de Zacharias e Isabel. De Nazaré a Jerusalém, eram uns 150 quilômetros e havia ainda mais uns seis quilômetros para se chegar na aldeia de Ain Karim, uma jornada que devia durar perto de uma semana…

 

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Video: https://www.youtube.com/watch?v=b6rN4FjVR-c

El reino lleva a padecer persecución y martirio

[Por: Eduardo de la Serna]

Dos pequeñas unidades marcan el conflicto que trae el reino. Conflicto sobre los demás (y sobre Jesús) y conflicto en relación a los demás. Pero ese conflicto es parte integral del mensaje de Jesús, porque ante su anuncio de buenas Noticias, no podemos permanecer indiferentes o neutrales…

 

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Ceñir los lomos y vigilar la noche

[Por: Ana María Díaz]

El miedo a la oscuridad es una reacción natural, fruto de los orígenes evolutivos del ser humano, inscrita en nuestra configuración cerebral. En la oscuridad somos mucho más vulnerables, y nuestro cerebro “lo sabe”: la vista pierde agudeza, algo que intentamos compensar mediante el aumento del nivel de alerta, el procesar de manera más rápida cualquier amenaza y reaccionar efectivamente. Pero también nos atemoriza la oscuridad del alma, esos momentos de confusión, dolor, desorientación y paralización vital. Ni qué decir de las noches colectivas, donde las dificultades locales y mundiales minan nuestras esperanzas en tiempos mejores…

 

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Las causas por las que luchó Pedro Casaldáliga

[Por: Juan José Tamayo]

“Soy un ser humano y nada humano me es ajeno”, dejó escrito el escritor romano-africano Publio Terencio en su comedia El enemigo de sí mismo. Pedro Casaldáliga fue más allá y antepuso las causas humanitarias a su propia vida. “Mis causas son más importantes que mi vida”, acostumbraba a decir. Quiero recordar esas causas precisamente estos días en que conmemoramos el quinto aniversario de su fallecimiento. No, no era una frase retórica y hueca, sino la expresión de su práctica liberadora en defensa de las causas de las personas más vulnerables, de los colectivos empobrecidos y de los pueblos oprimidos. Por muy difíciles que parecieran, no dio ninguna por perdida.

 

Sus causas nada tenían que ver con asuntos eclesiásticos de miradas estrechas, como la crisis de sacerdotes, mantener el estatus clerical, preocuparse por la enseñanza de la religión católica en la escuela, mandar al infierno a las mujeres pobres que interrumpían el embarazo, calificar a las personas homosexuales de enfermas, reclamar al Estado brasileño la asignación tributaria para el culto y el clero, firmar un Concordato entre la Santa Sede y Brasil para defender los derechos de la Iglesia, reclamar privilegios para un mejor servicio religioso, condenar el divorcio, las relaciones prematrimoniales y los métodos anticonceptivos, convertir a la fe cristiana a los indígenas, a los campesinos, a los afrodescendientes.

 

Las grandes causas por las que luchó Pedro Casaldáliga tenían que ver con los megaproblemas sufridos por la humanidad. Las resumo en el siguiente decálogo.

 

– La causa de la tierra en defensa de los campesinos y en lucha contras grandes haciendas y las multinacionales explotadoras del territorio. Casaldáliga fue uno de los creadores de la Comisión de la Tierra dentro de la Conferencia de Obispos Brasileños y apoyó las luchas y reivindicaciones del Movimiento sin Tierra. Denunció el caciquismo y la esclavitud laboral a la que estaban sometidos los “posseiros”. Exigió el reconocimiento de los derechos y la dignidad de la Pacha Mama, que no puede ser objeto de compra-venta, sino que es tierra sagrada y fuente de vida y, por tanto, no sometida a transacciones comerciales en beneficio de los latifundistas.     

 

– La causa de la dignificación y emancipación de las mujeres oprimidas múltiplemente por el patriarcado, el machismo familiar, el capitalismo, el colonialismo, el cristianismo institucional, el poder político, etc. Centró su lucha en la liberación de las mujeres campesinas, indígenas, negras, religiosas sometidas al patriarcado religioso, prostitutas, etc. A la hora de referirse a Dios cambió el lenguaje sexista y excluyente de “Dios Padre” por el inclusivo “Dios Padre y Madre”, que incorporaba a todas las mujeres marginadas por razones de género, etnia, cultura, identidad sexual, clase social, etc.

 

– La causa de las comunidades indígenas y negras. La defensa de estas comunidades le supuso una permanente persecución por parte de los “fazendeiros”, constantes amenazas de muerte, abandonos temporales de su domicilio hasta el punto de que la propia presidenta de Brasil Dilma Rousseff apoyó su salida de la Prelatura de Sâo Félix do Araguaia. A ambas comunidades les dedicó dos misas: Misa de la Tierra sin Males y Misa de los Quilombos. Casaldáliga se identificó con las causas de la gente empobrecida de ese pedazo de tierra marginal brasileña, donde se enterró como el grano de trigo y luchó por ella hasta el final.

 

– Las causas de todos los crucificados y las crucificadas de la tierra. Levantó la voz allí donde eran transgredidos los derechos humanos y sociales, los derechos de los pueblos. Defendió la globalización desde abajo, desde las víctimas, la globalización de las luchas de resistencia populares. Desde el rincón del Matto Grosso dispuso de una información excelente, hizo lúcidos análisis de la coyuntura internacional en cada momento y emitió declaraciones públicas de solidaridad con los colectivos y personas que vivían en situaciones de pobreza y de falta de libertad en cualquier lugar del mundo sin distinción de credos.

 

– La causa de los mártires. En su recuerdo subversivo creó la caminada de los mártires, a quienes citó personalmente en este poema: “En su rostro, el rostro cotidiano del pueblo,/ junto a él, colegas de combate./ Joâo Bosco, Margarida,/ Rodolfo, Gringo, Tiâo,/ Josimo, Chico,/Santo/… ¡Tantos! ¡Tantas!/ Sâo Romero celebra Eurcaristía/ en el altar del Continente,/ como la de los Mayas redivivos./ Marçal empuña el millo,/ pan nuestro de Amerindia./ Las herramientas gritan,/ la fuerza del trabajo organizado,/ el poder fraterno de las manos unidas”. 

 

La memoria martirial de Casaldáliga comienza con Jesús de Nazaret, el Jesús Pobre solidario con los pobres, el crucificado con los crucificados de la historia, el Jesús Mártir, el protomártir del cristianismo. Fue el Jesús Mártir el que le condujo a “San  Romero de América Pastor y Mártir nuestro… pobre pastor glorioso, asesinado a sueldo, a dólar, a divisa, como Jesús, por orden del Imperio”.

 

– La causa del diálogo interreligioso, intercultural e interétnico. Casaldáliga no impuso su fe ni afirmó que su religión fuera la única verdadera. Respetó y puso en diálogo las cosmovisiones, espiritualidades y sabidurías de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas y reconoció sus deidades. Nombró al Dios de todos nombres. Así comienza la Misa de los Quilombos:

 

“En nombre del Dios de todos los nombres: Yahvé,/ Obatalá,/ Olorum,/ Oió…/ En nombre del Dios/ que a todos los hombres nos hace de la ternura y del polvo./ … En nombre del Pueblo que espera,/ en la gracia de la Fe,/ a la voz de Xangó,/ el Quilombo-Pascua que lo libertará”.       

 

– La causa de las revoluciones del continente latinoamericano. Con su práctica liberadora al servicio de los oprimidos Casaldáliga rompió la vieja incompatibilidad entre ser cristiano y ser revolucionario. Él estuvo presente, incluso físicamente, en la mayoría de los procesos revolucionarios de América Latina de las últimas décadas, y los animó como cristiano y revolucionario en una síntesis armónica: Cuba, Nicaragua, Frente Zapatista, El Salvador, etc.

 

Desde la fidelidad al Evangelio logró la síntesis entre lo que muchos consideran irreconciliable: revolución y canción, evangelio y subversión, conciencia cristiana y compromiso liberador. Así lo confiesa él mismo con su proverbial sinceridad poética: “Con un callo por anillo,/ monseñor cortaba arroz./ ¿Monseñor ‘martillo y hoz’? Me llaman./ Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha, vivo./ Con mi pueblo en marcha, voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”.

 

Supo compaginar igualmente lo local y lo global en una síntesis que para sí quisieran muchos políticos de la escena internacional, cuyos discursos grandilocuentes se quedan en una universalidad abstracta, y no pocos gobernantes regionales, cuya actuación no trasciende el estrecho escenario local. Pegado a la tierra del Mato Grosso, donde llegó como misionero a finales de los sesenta del siglo pasado, se caracterizó por la internacionalidad.

 

– La causa del reino de Dios, que le llevó a luchar contra el Imperio, contra todos los imperios, contra el neoimperalismo, que es más poderoso, más omnímodo, más global y más inicuo que el viejo imperialismo. Su consigna en este sentido no podía ser más clara y exigente: “Cristianamente hablando -afirma- la consigna es muy clara (y exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado: contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese Reino del Dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la ‘agenda’ del Imperio, la ‘agenda’ del Reino”.

 

Su “oda a Reagan” comienza con la excomunión del presidente de Estados Unidos: “Te excomulgan conmigo los poetas, los niños, los pobres de la tierra”, y termina declarando a Reagan el último (y grotesco) emperador: “Yo juro por la sangre de su Hijo,/ que otro Imperio mató/ y juro por la sangre de América Latina/ preñada de auroras hoy,/ que tú serás el último (grotesco) emperador”.

 

La causa del reino de Dios de Casaldáliga fue antiimperial, contra-hegemónica. Así, cual David contra Goliat, desnudó a los Imperios que, por muy poderosos que se crean, tienen los pies de barro.

 

– La causa de la vida, mientras era amenazado, casi a diario, de muerte. Cuanto más arreciaban las amenazas de muerte, más vida rezumaba, más apostaba por la vida. La poesía fue su mejor defensa frente a la muerte, su arma incruenta más desmitificadora de la muerte. Consciente de que los pobres, los indios, mueren antes de tiempo, como dijera Bartolomé de Las Casas, defendió la vida de estos con tesón y pasión. Fue precisamente la defensa del derecho a la vida, y de una vida digna, humana, la de quienes la tenían más amenazada la razón por la que se sintió amenazado de muerte por los cuatro costados.

 

Y su respuesta no fue otra que el desafío que puede sonar a arrogancia, como expresa en el “Romancillo de la muerte”, tan lorquiano: “”Ronda la muerte, ronda/ la muerte rondera ronda./ Lo dijo Cristo/ antes que Lorca./ Que me rondarás morena,/ vestida de miedo y sombra./ Que te rondaré, morena,/ vestido de espera y gloria./ Frente a la Vida,/ ¿qué es tu victoria?/… ¡Tú nos rondarás,/ pero  te podremos”.  Es la más bella y certera traducción comprometida del desafío de Pablo de Tarso a la muerte, cuando le dice en plan desafiante: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?”.

 

– La causa de la paz, inseparable de la justicia. Cercado por la violencia de los poderosos, Casaldáliga ejerció su tarea pacificadora a través de la no-violencia activa, siguiendo la estela de los grandes pacifistas de la historia: Buda, Confucio, Sócrates, Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, Gandhi, Luther King, Juan XXIII, monseñor Romero, las religiosas estadounidenses Dorothy Kasel, Ita Ford, Maura Clark, Jean Donovan asesinadas en El Salvador, Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas y las dos mujeres salvadoreñas, Teresa de Calcuta, los místicos y las místicas de todas las religiones, etc.

 

Sometido a la vigilancia vaticana por espías del “sistema eclesiástico”, mantiene su radicalismo evangélico sin romper ningún puente de comunicación, que le permitió avanzar en todas las direcciones bajo el señuelo de la paz basada en la justicia.

 

– La causa de la utopía, teniendo como meta “el Evangelio, que es una utopía mayor”. Casaldáliga se definía como “hombre de esperanza” y “obrero de la utopía”. Los pobres le enseñaron a serlo y los mártires se lo confirmaron. Practicó la esperanza como principio ínsito en la realidad y como virtud del del optimismo militante en dirección a la utopía, pero entendida no como quimera, sino como “un proceso esperanzado que navega hacia un ‘lugar otro’, “utopía necesaria como el pan de cada día”, afirma remedando a Gabriel Celaya. En el discurso de recepción del doctorado honoris causa, que le concedió la Universidad de Campinas (Brasil) el año 2000 proclamó su “pasión por la utopía”.

 

Como obrero de la utopía, soñó con sueños despiertos. Uno de ellos lo tuvo al llegar a Roma en la visita al Papa. Fue el sueño de una “Iglesia vestida solamente de Evangelio y sandalias”, confesándose antes “pecador”:

 

“Yo pecador y obispo, me confieso de haber llegado a Roma con un bordón agreste, de sorprender el Viento entre las columnas, de haber llegado a Asís, cercado de amapolas. Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia vestida solamente de Evangelio y sandalias, de creer en la Iglesia, a pesar de la Iglesia, algunas veces; de creer en el Reino, en todo caso, caminando en la Iglesia. Y como meta el Evangelio, que es “una utopía mayor”.

El cristianismo radical de Monseñor Romero

[Por: Juan José Tamayo]

[Desde San Salvador, en el 108 aniversario del natalicio de Monseñor Romero]

 

Me encuentro en San Salvador invitado a participar en la conmemoración del 108 natalicio de Monseñor Romero, convocada por el Encuentro Romeriano y celebrada el 16 de agosto en la Universidad Centroamericana Jose Simeón Cañas (San Salvador), y del 45 aniversario de su asesinato. Poco después de su asesinato, Pedro Casaldáliga, poeta, profeta y obispo del Mato Grosso (Brasil) lo declaró “San Romero de América, pastor y mártir nuestro”. Sin embargo, tuvieron que pasar 38 años para que el Vaticano lo canonizara por iniciativa del papa Francisco, que tuvo que vencer la resistencia de un sector del episcopado salvadoreño contrario a la canonización y le sacó del ostracismo al que le habían sometido los papas anteriores. En efeméride tan significativa pronuncié una conferencia en la que defendí la necesidad d recuperar la figura profética y de gran talla moral de Monseñor Romero, así como su compromiso religioso y político liberador con la teología de la liberación, perseguida durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI y reconocida por el papa Francisco. anteriores. Monseñor Romero sigue siendo hoy faro que ilumina la oscuridad del presente y transmite esperanza para la construcción de la utopía de “Otro mundo posible”. Resumo a continuación el contenido de dicha conferencia en el siguiente undecólogo. 

 

1. Romero es hoy símbolo luminoso de un cristianismo liberador radical, que asumió la opción ética y evangélica por las personas y colectivos empobrecidos de su país, puso en práctica la afirmación de Paulo Freire: “No podemos aceptar la neutralidad de las iglesias ante la historia” y ejemplificó con su vida y su muerte el ideal de José Martí: “Con los pobres de la tierra mi suerte yo quiero echar”.  No hizo las paces con el gobierno, como le pidió el papa Juan Pablo II en su encuentro en el Vaticano del que Romero salió desolado. El significado de radical nada tiene que con extremismo, polarización, fundamentalismo, fanatismo y menos aún con recurso a la violencia. Lo utilizo aquí con el significado de ir a las fuentes antropológicas del ser, del vivir y convivir, del sentir y co-sentir, ir a las raíces evangélicas, a la radicalidad del Evangelio como Buena Noticia de liberación de las personas y los colectivos empobrecidos, a la radicalidad de las Bienaventuranza, consideradas por Gandi el mejor programa social, Debe entenderse como coherencia entre teoría t práctica, guiarse en la vida por los principios éticos de la justicia, la hospitalidad, la compasión con las víctimas, la frarernidad-sororidad.    

 

2. Defendió una ciudadanía crítica y activa. Contribuyó a crear un cristianismo no de masas, sino con conciencia crítica, defendió que fueran los propios salvadoreños los “forjadores de nuestra historia” y no permitieran que gente de fuera les impusiera el destino a seguir, y reclamó que la Iglesia se implicara en la ciudadanía activa: “En la medida en que seamos Iglesia, es decir, cristianos verdaderos, encarnadores de Evangelio, seremos el ciudadano oportuno, el salvadoreño que se necesita en esta hora”. Él mismo ejerció la ciudadanía crítica con el poder y activa en favor del pueblo, de las mayorías populares, por utilizar la expresión de Ignacio Ellacuría:

 

– en sus homilías dominicales -verdaderos sermones políticos bajo la impronta evangélica-, seguidas por numerosos cristianos y cristianas, que abarrotaban la catedral de San Salvador donde ahora está enterrado,

– en la radio de la archidiócesis, que fue boicoteada en varias ocasiones para impedir que el pueblo escuchara el análisis de la realidad y las denuncias contra las fuerzas armadas, el gobierno y la oligarquía.

– en las cartas pastorales, que aportaban luz en la noche oscura que vivió El Salvador esos años.  

– en sus gestos proféticos desestabilizadores tanto del sistema eclesiástico como del político, mientras no se investigara el asesinato de Rutilio Grande y de sus dos acompañantes. Dio orden de cerrar los colegios dependientes de la arquidiócesis en protesta por la represión generalizada que sufría el país y por la persecución de los actores eclesiales comprometidos en la lucha por la justicia. El domingo 20 de marzo de 1977 ordenó la suspensión de los servicios religiosos arquidiocesanos y convocó una misa delante de la catedral, a la que asistieron miles de personas.  

 

3. Fue un excelente pedagogo que siguió el método de la JOC del ver-juzgar-actuar y el de la pedagogía del oprimido de Paulo Freire que requiere el paso de la conciencia ingenua e intransitiva a la conciencia transitiva y activa, de la conciencia mítica a la conciencia histórica y crítica y de esta a la praxis transformadora. Abrió los ojos al pueblo para que tomara conciencia de la injusticia estructural), la denunciara, se movilizara, se organizara, luchara por la defensa de sus derechos y trabajara por su transformación.

 

4. Vivió una espiritualidad liberadora. Romero fue una persona espiritual, sin caer en el espiritualismo; un místico, sin caer en un misticismo alejado de la realidad. Rompió la falsa imagen de las personas místicas, encerradas en sí mismas y recluidas entre cuatro paredes sin contacto con el mundo.

 

Fue una persona profundamente religiosa, pero no con una piedad alienante ajena a los conflictos sociales; un pastor, pero de los que huelen como pedía el papa Francisco a los sacerdotes y obispos. Fue devoto de María de Nazaret, la del Magnificat que destrona a los poderosos y empodera a los humildes, despoja de sus bienes a los ricos y sacia a los pobres.

 

5. Fue un referente en la lucha por la justicia para creyentes de las diferentes religiones y no creyentes de distintas ideologías. Igualmente lo fue para los políticos por su nueva manera de entender la relación crítica y dialéctica entre poder y ciudadanía, así como para los dirigentes religiosos por su correcta articulación entre espiritualidad y opción por las personas y los colectivos empobrecidos.

 

6. Defendió una democracia participativa. La democracia hoy está gravemente enferma e incluso herida de muerte. Se encuentra sometida al asedio del mercado y acorralada por múltiples sistemas de dominación, que son más fuertes que ella y amenazan con derribarla:  el capitalismo en su versión neoliberal; el colonialismo en su versión neocolonial, epistemicida, extractivista, anti-indigena y anti-afrodescendiente; el patriarcado en su versión más extrema de la violencia de género, los fundamentalismos religiosos y su irracional y destructora deriva terrorista, que dicen matar en nombre de Dios; el modelo científico-técnico de desarrollo de la modernidad antropocéntrico, que destruye la naturaleza, nuestra casa común; la violencia estructural del sistema, que somete a miles de millones de personas a situaciones de extrema e inhumana pobreza y de muerte.

 

Como respuesta frente a la democracia herida de muerte es necesario, en palabras del sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, democratizar la revolución y revolucionar la democracia. Monseñor Romero puede ser un referente en esta tarea.

 

7. Defendió los derechos humanos y la vida de los empobrecidos. Monseñor Romero vivió bajo el signo de tres violencias: la estructural, la revolucionaria y la terrorista, y experimentó en su propia carne las agresiones procedentes de la violencia estructural y de la terrorista, ambas coaligadas para terminar con su vida, como sucedió la fatídica tarde del 24 de marzo de 1980.  Su respuesta a los diferentes tipos de violencia fue la defensa de los derechos humanos, pero no de manera genérica, ni conforme a los patrones de un universalismo abstracto, sino en la realidad salvadoreña, donde eran pisoteados por los poderes del Estados y la oligarquía en “santa alianza”.  

 

Fue una defensa no desde fuera cual persona que contempla el conflicto desde la neutralidad, sino implicándose en él directamente hasta mancharse las manos, no evadiéndose bajo la escusa de que su misión era solo religiosa y espiritual, sino tomando partido por las mayorías y las organizaciones populares. Una defensa de los derechos humanos de las personas y los colectivos a quienes se les negaba. 

 

Hizo una defensa de los derechos humanos no solo a través de declaraciones, sino com hechos. En la arquidiócesis de San Salvador creó la tutela Legal, que fue eliminada por otro arzobispo. 

 

8. Trabajó por una cultura de paz. Ignacio Ellacuría dijo: “Con monseñor Romero Dios ha pasado por El Salvador”. Yo me atrevería a decir que monseñor Romero es piedra angular en el edificio de la cultura de paz a construir todavía hoy en El Salvador, en América Latina y en todo el mundo. Una cultura de paz, que no se limita a la ausencia de guerra, sino que ha de ha de ir acompañada de la justicia, conforme al ideal expresado bellamente por el salmista bíblico: “la justicia y la paz se besan” (Salo 85, 11) y por el profeta Isaías: “El fruto de la justicia es la paz y la labor de la paz es reposo y seguridad para siempre” (Isaías 32,17).

 

45 años después del martirio de monseñor Romero, no ha logrado establecerse la cultura de paz en El Salvador, donde impera un gobierno iliberal autoritario y represivo,  ni en el mundo, que se han convertido en un coloso en llamas por la existencia de 56 conflictos armados que implican a 92 países, siendo los más sangrantes el de Rusia contra Ucrania, con un saldo de miles y miles de muertos por ambas partes, que ninguno de los contendientes reconoce, y el genocidio de Israel contra Gaza con más de 62 mil asesinatos, en su mayor niños, niñas y mujeres y numerosas personas muertas por el hambre utilizada como arma de guerra.  

 

9. Invitó a caminar por la senda de la utopía, que sufre hoy un enorme desdén, cuando no un grave desprecio, un largo destierro y un maltrato semántico. Es excluida de todos los campos del saber y del quehacer humano: de la ciencia, donde impera la razón científico-técnica;  de la filosofía, donde impera la razón instrumental; de las ciencias sociales, por ejemplo, de la economía, donde impera la razón contante y sonante; de la política, donde se impone la razón de Estado; de las religiones, donde se tiende a proponer la salvación  espiritual más allá de la historia.

 

La utopía sufre también un maltrato semántico por parte de los diccionaristas, que suelen definirla como plan bueno y muy halagüeño, pero irrealizable, subrayando su imposibilidad de realización y sometiendo a los seres humanos a una especie de fatalismo histórico que da por buena la afirmación “las cosas son como son y no pueden ser de otra manera”, los lleva a instalarse cómodamente en la realidad y a renunciar a todo cambio.

 

Monseñor Romero no se instaló cómodamente en el (des)orden establecido, ni con-sintió con el pecado estructural, ni hizo las paces con el gobierno, como le pedía Juan Pablo II. Encarnó en su vida, su mensaje y su práctica liberadora la de la utopía, no como un ideal irrealizable y fantasmagórico, sino conforme a los dos momentos que la caracterizan: la denuncia y la propuesta de alternativas. 

 

– Denuncia de la negatividad de la historia, encarnada en los poderes que oprimen y explotan a las mayorías populares: oligarquía, ejército, escuadrones de la muerte, Gobierno nacional.

– Propuesta de alternativas, en lenguaje cristiano del reino de Dios como la gran utopía, que Romero traducía en la construcción de una sociedad no violenta, justa e igualitaria, y de una “Iglesia de la esperanza”.

 

La mejor expresión de la utopía de Romero fue la respuesta que dio a un periodista, unos días antes de ser asesinado: “Si me matan, resucitaré en el pueblo”. No estaba hablando del dogma de la resurrección de los muertos, ni de la vida eterna, sino de la nueva vida del pueblo salvadoreño liberada de la violencia, la injusticia y la pobreza. Su resurrección era la resurrección del pueblo.

 

10. Adoptó una actitud anti-imperialista. Romero se enfrentó al Imperio norteamericano en una carta dirigida al presidente Jimmy Carter, en la que se oponía a la ayuda económica y militar de Estados Unidos al Gobierno de El Salvador porque constituía una injerencia inaceptable en los destinos de su país y agudizaba la injusticia y la represión contra el pueblo. Al final la ayuda llegó y sucedió lo que Romero había anunciado: intervencionismo norteamericano, más represión contra el pueblo y asesinatos de poblaciones enteras.  Para eso sirvió la ayuda del Pentágono.

 

11. Exigió el cese de la represión. Constantes fueron sus llamadas a la reconciliación, pero no en abstracto, sino acompañadas de la justicia social y del reparto de la tierra, que es de todos los salvadoreños. No justificó la violencia revolucionaria como respuesta a la violencia institucional del sistema, sino que apeló a buscar soluciones racionales. Exigió al Ejército, a la Guardia Nacional, a la Policía y a los soldados que dejaran de matar a sus conciudadanos en una llamada entre dramática y desesperada en la memorable homilía del 23 de marzo de 1980: “En nombre de Dios…, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la reresión!”. Fue esa llamada la causa de su asesinato, que sucedió el 24 de marzo, un día un día después de pronunciarla. 

 

En el siglo XXI monseñor Romero nos invita a vivir un cristianismo radical que debe caracterizarse por la policromía, es decir, por su capacidad de compaginar el rojo de la lucha por la justicia, el verde de la ecología y de la esperanza, el violeta del feminismo, el blanco de la paz y el morado del feminismo.