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29 de octubre: Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo

Índice de temas

  • – ¿Por qué se celebra el Día Mundial de los Cuidados y el Apoyo?
  • – Un trabajo invisible
  • – Vídeo: Sobre las políticas de cuidados
  • – Los cuidadores son trabajadores esenciales
  • – Películas sobre cuidadores
  • – ¿Cómo celebrar el Día de los Cuidados y el Apoyo?

    Respuesta a las preguntas y acceso al material aquí:

Una reflexión partiendo de “Venite ad me”

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe (antes “Congregación”, antes “Sagrada Congregación”, antes “Santo Oficio” y antes “Santa Inquisición”) acaba de publicar un documento: “Venite ad me” (Vengan a mí), presentado como “Consideraciones” y no una “Nota doctrinal (#8). No es demasiado largo, y antes de destacar una reflexión que me suscitó, quiero señalar algunas cosas.

“Vengan a mí”

La traducción española (no me he detenido en otras, solo la comparé con la italiana suponiendo que es la original) parece hecha “a las apuradas” o con traducción automática sin revisar. Hay “palabras pegadas”, y – por ejemplo – los numerales 25 y 35 empiezan de modo abrupto (no así en el italiano); en #56 donde el italiano dice “Vengono qui alla mente” la traducción dice “Me vienen…” (sic; obviamente no hay un sujeto expreso que aluda al “me”).

Es llamativa una cierta “ruptura” con la Evangelii Nuntiandi: mientras en esta queda claro desde el principio la centralidad del Reino de Dios (#8) en el anuncio evangelizador, aquí el término sólo se encuentra una vez y al hablar de las parábolas de Jesús; si en E.N. el primer paso de la evangelización es el testimonio (#6), aquí es lo “tercero” (#95). Ciertamente puede ser diferente a aquella, o pensarse que “hoy” es conveniente o razonable otro criterio, pero – al menos, creo – podrían señalarse las razones de las diferencias, y – personalmente – sigo creyendo que aquello es preferible.

Por momentos parece “sobrevolar” una cierta obsecuencia al papa Francisco: se destaca la importancia que él dio a la preparación de la homilía (#114) pero no se destaca que, antes que él, lo mismo hizo el papa Benito XVI (Verbum Domini 59). Y dice que Francisco fue el que señaló que no estamos ante una época de cambios sino ante un cambio de época (#43) pero ya el mismo papa dijo en 2013 al episcopado brasileño que esa idea surgió en Aparecida (D.A. 44). Y, si no recuerdo mal, quien lo dijo en aquella asamblea fue el obispo colombiano Luis Castro.

Hay otros aspectos llamativos que solo señalo: habla de “en estos grupos bíblicos” (#88) pero nunca habló previamente de tales grupos. Menciona los valores “helenístico-semíticos, en los que se formuló originalmente el texto bíblico” (#104) sin que sea evidente cuáles serían los valores “helenísticos” en el texto bíblico (los semíticos son evidente, por cierto). En #32 hace una defensa del bautismo de los niños, debate habitual en ciertos países del Norte, pero innecesario en otros, como en América Latina, por cierto. Hay algunas palabras técnicas en latín sin traducción, lo que no favorece la lectura de “no iniciados” (cf. #138). En #144 dice que “María llevó a Jesús a Isabel”, lo que resulta por lo menos extraño o confuso. Y no parece feliz la construcción del # 118:

(o)tro ejemplo lo constituye el impulso hacia una reforma católica de gran alcance, suscitado por la profunda ruptura eclesial introducida por la Reforma protestante, en la que destacaron figuras como santa Teresa de Ávila y san Ignacio de Loyola. Esta renovación coincidió con la expansión misionera de la Iglesia hacia tierras recién descubiertas y abiertas al anuncio del Evangelio, lo que contribuyó a darle un nuevo impulso,

No feliz tanto en lo referente a la Reforma como el planteo del supuesto “descubrimiento”.

Finalmente, pareciera que el #116, con su referencia a la importancia de las mujeres en la Iglesia, la pastoral y “ámbitos en los que se toman las decisiones importantes para la vida de la comunidad” no toma partido y queda “en el aire” a la espera que “Roma hable” …

En el capítulo final se presentan una serie de “testimonios” que pretenden “ejemplificar” lo presentado en el texto. En lo personal debo confesar que los testimonios no solo “no me movieron ni un pelo” sino que algunos hasta pueden ser “negativos” si se “escarba” un poco (algo diré más adelante)… Lo que sí, y lamentablemente esperado e imaginado, no llama la atención que no haya ninguna referencia ni a testimonios ni a aportes desde Argentina. Conociendo al episcopado, no esperaba que aporten… De hecho, en todo el documento, la única referencia argentina es la mención (que no se entiende demasiado “a qué viene”, salvo que sea porque “Tucho” Fernández es argentino) a “mama Antula” (#143).

Una reflexión teológica

Lo primero que me surge a modo de pregunta es si se espera o no que el Papa sea teólogo…

De hecho, mirando los últimos papas, hemos de decir que “teólogo” (realmente “teólogo”) solo Ratzinger lo ha sido. Pio XII y Juan XXIII obtuvieron un doctorado en el Instituto San Apolinar – luego Lateranense (donde también lo obtuvo el conocido cardenal Ottaviani); Juan Pablo I y Juan Pablo II no “descollaron” en el ambiente teológico (sus tesis doctorales sobre Rosmini y Juan de la Cruz sólo trascendieron a partir de su pontificado). Quizás en la misma línea sugerida por el cardenal Samoré para la elección de los obispos, tanto Pio XII, como Pablo VI y León XIV tenían su doctorado en derecho canónico. Y Francisco no tenía doctorado alguno. Y vuelvo a la pregunta, ¿se espera que el papa sea teólogo? En lo personal creo que el único papa realmente teólogo, Benito XVI, fue un “papa fallido”, lo que me invita a pensar que ser teólogo no es una conditio sine qua non para que lo sea.

Precisamente, para eso existe – en la curia vaticana – el Dicasterio para la Doctrina de la Fe… Claro que…

El eminente teólogo moralista alemán Bernhard Häring (perito en el Concilio Vaticano II, uno de los artífices de la Gaudium et Spes, ¡nada menos!) fue convocado más de una vez a “someterse” al tribunal de la Santa Inquisición, aunque entonces se la llamara “Sagrada Congregación” … Así lo narran:

En una carta de fecha 5 de febrero de 1976, enviada al prefecto del ex Santo Oficio, el cardenal Franjo Seper, en la que el teólogo responde minuciosamente a todas las acusaciones de herejía en el campo de la moral, que según ellos estaba difundiendo en libros y conferencias a través del mundo, concluye: “Eminencia, ahí van mis respuestas. Espero que sean claras. Y espero que usted pueda comprender también mis sentimientos. Durante la II Guerra Mundial tuve que comparecer cuatro veces ante un tribunal militar. Dos de ellas era cuestión de vida o muerte. Pero en aquel momento me sentía honrado, porque la acusación procedía de los enemigos de Dios. Y, además, las acusaciones eran exactas, porque yo nunca me sometí a aquel régimen. Pero ahora, de forma tremendamente humillante, me veo acusado por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Las acusaciones son falsas y, por si fuera poco, provienen de un órgano de gobierno de la Iglesia, a la que he servido toda mi vida con todas mis energías y honradez, y espero poder seguir haciéndolo en el futuro, mientras me quede vida“. Y añade una frase heladora: “Pero, sin embargo, aunque mi fe sigue sin vacilar, preferiría encontrarme otra vez ante un tribunal de Hitler“. (Juan Arias, El País 16 abril 1989 “Prefiero los tribunales de Hitler”)

No hace falta mencionar la enorme cantidad de teólogos que fueron censurados, interrogados, ¡y maltratados!, especialmente en tiempos de “san” Juan Pablo II, particularmente por uno de sus brazos derechos, Joseph Ratzinger.

Sin duda hay que destacar el cambio abrupto en ese sentido provocado por Francisco, y también el cambio que significó para el pensamiento teológico la actitud del Dicasterio de la Doctrina de la Fe, aunque, lamentablemente, y la experiencia y la historia invitan a ser cautos, nada impide que en tiempos futuros “todo vuelva al a normalidad”. De hecho, no llama la atención que haya grupos tradicionalistas (esos que pretenden erigirse como la verdadera y única iglesia; esos que proliferaron durante los pontificados de Juan Pablo II y Benito XVI, hemos de reconocerlo) y reclaman “más doctrina” (lo que no es la Venite ad me, ¡afirman!). “Doctrina” se remonta etimológicamente a “doctor”; el tema está en de qué “doctorado” hablamos… pero sobre esto volveremos.

El problema radica cuando (por poseer una paupérrima teología) los obispos (papa incluido) se creen poseedores del Espíritu Santo y, por lo tanto, no necesitan ni recurren a ayuda externa. Ya lo señalaba el nuncio Pio Laghi al evaluar su paso por la Argentina refiriéndose a los obispos argentinos:

“[…] un defecto que se nota en las reuniones de la asamblea general y en el trabajo de las comisiones en general es que no se hace recurso de forma sistemática a la colaboración y asistencia de «peritos». Los obispos parecen celosos de sus competencias; algunas veces se pierden en largas discusiones sobre argumentos de menor relevancia y no encuentran luego el tiempo para examinar «collegialiter» los problemas de fondo” (Informe de Nuncio Apostólico Pío Laghi al Secretario de Estado, Agostino Casaroli, Buenos Aires, 2 de enero de 1981, Prot. 4/81, «Relación final sobre la actividad de la Nunciatura Apostólica»).

Ciertamente, los obispos no tuvieron más remedio que recurrir a peritos cuando fue el escándalo de la Biblia Latinoamericana (fogoneado desde la revista Gente por “Chiche” Gelblum, como se sabe; y que tanto dolor y persecución provocó), pero, aunque estos [y la comisión fue presidida por Miguel Barriola, ¡nada menos!] dijeron que en la traducción no había objeciones, no faltaron aquellos que, de todos modos, la prohibieron en sus diócesis y alguno hasta propuso que los que la tuvieran la destruyeran…

Pero no parece que nada haya cambiado; la Curia Romana tiene Dicasterios, pero no así la Conferencia Episcopal Argentina – si tiene grupos de consulta, diálogo, debate y reflexión, pues ¡no trascienden!, – y, ¡por supuesto!, mucho menos lo tiene cada obispo particular en su diócesis. Los obispos “parecen celosos de sus competencias” …

Esto recuerda fácilmente la actitud ante la traducción “definitiva” de la Vulgata luego del Concilio de Trento en la que el Papa Sixto V se adjudicó conocimientos “guiado por el Espíritu Santo” provocando cambios y falsificaciones “según su criterio” del texto bíblico en pleno conflicto de la Reforma. Esto provoca el consejo de Roberto Bellarmino a su sucesor Gregorio XIV de que la única solución era mentir diciendo que Sixto V (que murió súbitamente) quiso enmendar el error cuando lo descubrió y no llegó a hacerlo (Sixto había amenazado con la Inquisición a quien discutiera su traducción a la que consideraba “definitiva” e “inmodificable”).

¡Doctores eran los de antes! (aunque no hay que olvidar que Bellarmino [1542 – 1621], santo y doctor de la Iglesia, en sus Controversias, defiende la necesidad de matar herejes y la obligación del Estado de quemar sus libros y quitar la libertad de creer) …

Espiritualidad

En lo personal – y con los límites del caso – creo que más que cuestión de “teología” (y doctorado) es cuestión de “espiritualidad” (evitando toda recaída – tan habitual en nuestros días – en el neo-platonismo, por cierto). Entiendo lo indispensable de una “mística de ojos abiertos”, atenta, también, a otras místicas no necesariamente “de casa” (¿se pueden ignorar, y solo a modo de ejemplo, a Etty Hillesum y Simone Weil, en nuestros días, aunque no confiesen explícitamente la “fe católica”?). Ciertamente es imprescindible un buen discernimiento. En tiempos de individualismo y “sentimentalismo” (o, peor / mejor, desbordes afectivos) se debe evitar la “recepción” de algo “porque me gusta”. Y ese es mi alerta con los testimonios finales de las Consideraciones de Venite ad me… Lamentablemente tenemos mucha experiencia de mucha movilización y proliferación de grupos espiritualistas, intimistas, individualistas y nada encarnados, nada comprometidos en la transformación de la realidad de la que se “evaden” eucarísticamente, o en el “Santo Rosario” … Parece sensato reconocer la enorme capacidad de movilización que tienen muchos de estos grupos que llenan plazas, estadios, o Jornadas Mundiales de la Juventud…

No está de más preguntarnos, ante estas “espiritualidades” (con tufillo neo-platónico, insisto) si no hay una búsqueda de seguridades, algo habitual en los ambientes tradicionalistas que dan la firme garantía de la inmutabilidad porque “siempre se hizo así”; y cuando hablo de “búsqueda de seguridades” me parece que entramos en el terreno de la idolatría, ¡sencillamente! Cuando hablo de la urgencia de “espiritualidad” en pastores (curas, obispos, papas…) me refiero a la ya obvia urgencia de tener un oído en el pueblo y el otro oído en el Evangelio. Biblia y realidad – realidad y Biblia.

Un ejemplo

Es evidente que los modos de celebrar la liturgia hoy no son los mismos que en el pre-Concilio. La solemnidad, el fasto, la distancia de ayer ha dado lugar a otra cercanía, sencillez… Y no se puede ignorar que hay quienes añoran aquellos “bellos” tiempos. Solemnes.

En la Venite ad me se recuerda un interesante testimonio de Romano Guardini (#93). Ciertamente, si Guardini hubiera participado de una celebración de la Semana Santa en nuestros barrios del Conurbano bonaerense no habría tenido la misma sensación. Me recuerda – también – el maravilloso testimonio de Simone Weil:

Cuando leo el catecismo del concilio de Trento, me da la impresión de que no tengo nada en común con la religión que en él se expone. Cuando leo el Nuevo Testamento, los místicos, la liturgia, cuando veo celebrar la misa, siento con alguna forma de certeza que esa fe es la mía o, más exactamente, que sería la mía sin la distancia que entre ella y yo pone mi imperfección. (Simone Weil, Carta a un religioso, 1942).

Y, partiendo de esto quiero finalizar con una referencia bíblica:

Todo judío del siglo I recordaba, celebraba, añoraba las celebraciones en el Templo de Jerusalén (destruido por los romanos en el año 70). Incienso, vestiduras fastuosas, rituales interminables, más incienso, sacrificios y sangre, más fasto, ritmos y cantos, fuego, más incienso, multitudes de sacerdotes y – especialmente en el día-de-todos-los-días, ¡el Sumo Sacerdote!, y su entrada más que solemne en el Sancta Sanctorum…  Es de imaginar que los cristianos que provinieran del ambiente judío vieran de un modo muy contrastante ambas celebraciones: el Yom Kippur por un lado, y la mesa sencilla de pan y vino compartidos por el otro; las procesiones, el templo y las postraciones por un lado, y recostados a la mesa común por el otro; las jerarquías (¡y el género!) bien señaladas, celebradas y canonizadas por un lado, y el discipulado de iguales por el otro… Y no es de extrañar que muchos añoraran las solemnidades, el “antes era mejor”, lo solemne es más “religioso”, aquello es “como Dios quiere” … y en ese contexto, un autor escribe (o, más bien, predica, y luego se trascribe) la carta a los Hebreos. El autor “espiritualiza” (algo que debe entenderse claramente, para no hacerle decir a Hebreos lo que no dice) y presenta un nuevo Templo, un nuevo Sacerdocio, un nuevo Sacrificio, un nuevo culto… Nuevo y de una vez para siempre… Ciertamente, es posible que no haya conformado a muchos. ¡Nostálgicos siempre hay! Pero buscó dar una respuesta a una nueva propuesta, el cristianismo, en la que no había nada de todo eso. No está de más, en nuestro tiempo, siempre recordando que se trata de una lectura espiritual, alegórica, releer Hebreos para que el “Vengan a mi” no signifique una “vuelta atrás” (nada de esto se puede concluir de las Consideraciones, por cierto, pero “nunca falta alguien que sobra”, al decir de Miguelito, el amigo de Mafalda).

Finalmente, creo que se trata de profundizar, pensar, debatir, investigar, leer, estudiar… y, además, empezando por la Biblia, es decir, ¡nada de lo que tantos están habituados a hacer en este “cambio de época”.

Imagen creada con IA

 

 

Alejandro Ortiz: “Tenemos que preguntarnos qué nos hace humanos hoy”

¿Qué significa ser humano en una época de transformaciones tecnológicas, las tensiones geopolíticas y las nuevas formas de comprender la vida? Esta pregunta orientará el tercer conversatorio de “Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra”, una iniciativa de Amerindia que tiene el fin de abrir espacios de reflexión teológica y social sobre los desafíos del presente.

Alejandro Ortiz

En una entrevista, Alejandro Ortiz, coordinador de Amerindia, explica por qué resulta urgente recuperar la pregunta por la humanidad y examinar críticamente las propuestas del transhumanismo y el poshumanismo. Su reflexión habla de la vulnerabilidad humana, los intereses económicos que condicionan el desarrollo tecnológico y la necesidad de comprender a las personas como parte de una comunidad de vida más amplia.

El encuentro, titulado “¿Qué significa ser humano hoy? Transhumanismo, poshumanismo y fraternidad cósmica”, se realizará el viernes 30 de octubre a las 18:00, hora de Colombia, y será transmitido por el Facebook de Amerindia.

Pensar lo humano en un mundo en transformación

Para Ortiz, la pregunta por el ser humano adquiere especial relevancia en un momento histórico atravesado por cambios en las relaciones entre los países y las grandes potencias. “Estamos en un nuevo momento de la historia”, señala. A su juicio, las transformaciones geopolíticas están configurando nuevas formas de organización mundial que, en muchos casos, reproducen “métodos imperialistas, colonialistas, violentos y muy injustos”.

Ante este escenario, considera necesario volver sobre las preguntas fundamentales acerca de quiénes somos, cuál es nuestro destino y hacia dónde se dirige la humanidad. Consiste en una búsqueda que permita orientarnos en medio de las múltiples propuestas que intentan definir el futuro.

“Pensar al ser humano se vuelve vital para no perdernos en una maraña, en un humo, sobre mil opciones que hay, sino más bien decir qué es lo que nos hace humanos hoy”, sostiene.

Esta reflexión, añade, también exige examinar por qué las limitaciones, los errores y las vulnerabilidades humanas han comenzado a percibirse como aspectos negativos que deben ser superados, en lugar de reconocerse como parte de nuestra condición.

Transhumanismo: ¿superar los límites humanos a través de la tecnología?

Uno de los temas del conversatorio será el transhumanismo, una corriente de pensamiento que plantea la posibilidad de superar determinadas limitaciones humanas mediante el desarrollo tecnológico.

El coordinador de Amerindia reconoce que los avances tecnológicos pueden ofrecer aportes importantes, especialmente en el campo de la medicina y en la atención de necesidades humanas. Sin embargo, advierte que también es necesario preguntarse quién controla esos avances y cuáles son los intereses que orientan su desarrollo.

“Si la tecnología está dominada por los grandes capitalistas, por los grandes dueños que controlan el mundo, su preocupación no es el ser humano ni su bienestar, sino la acumulación de capital”, expresa y alerta sobre el riesgo de reducir a las personas a objetos de experimentación y de convertir la superación de los límites humanos en un objetivo desvinculado de la dignidad, las relaciones y el bien común.

“En ese sentido, el transhumanismo es una propuesta, digámoslo así, con un rostro amable, pero en realidad es pensar al humano simplemente como un laboratorio”, advierte.  La invitación, por tanto, es a discernir los alcances y las consecuencias de estas propuestas, sin desconocer los beneficios que puede aportar la tecnología, pero evitando que el progreso técnico se convierta en el criterio principal para definir el valor de la vida humana.

Poshumanismo y fraternidad cósmica: la vida es más grande que nosotros

La reflexión también abordará el poshumanismo, que, en la lectura planteada por Ortiz, invita a cuestionar una visión centrada exclusivamente en el ser humano y a situarlo dentro de una realidad más amplia: la comunidad de la vida.

“Si bien no debemos de ser transhumanistas, tampoco debemos de ser humanocéntricos”, explica, al señalar que es necesario superar una mirada que considera a la humanidad como el centro de todo, sin prestar suficiente atención a los demás seres vivos.

En este horizonte adquiere especial importancia la idea de la fraternidad cósmica, que propone comprender la vida como una realidad interconectada, de la cual los seres humanos forman parte junto con los microorganismos, las plantas, los animales y los ecosistemas. “Debemos de pensar el mundo, la vida grande con mayúsculas y dentro de ella al ser humano”, expresa Ortiz.

Esta mirada invita a reconocer que la existencia humana debe comprenderse en relación con las demás formas de vida y con los ecosistemas que hacen posible nuestra existencia.

La fraternidad cósmica, en ese sentido, abre preguntas sobre nuestra responsabilidad frente a la Tierra, las relaciones que construimos con otros seres vivos y las decisiones que pueden contribuir a una convivencia más justa y respetuosa con la creación.

Reflexionar desde la teología y la opción por los pobres

Ortiz considera que estos temas, que hasta hace poco podían parecer lejanos o reservados a círculos especializados, están adquiriendo mayor presencia en las redes sociales y en distintos espacios de la cultura contemporánea.

Por este motivo, Amerindia propone abrir el diálogo y generar oportunidades para que estas cuestiones sean examinadas desde una perspectiva crítica, teológica y comprometida con la transformación de la realidad.

En esta tarea, el coordinador remarca la necesidad de recuperar las preguntas sobre el sentido de la humanidad y de discernir las propuestas que influyen en nuestra manera de comprender la vida. También vincula esta reflexión con la iniciativa Magnifica Humanitas, que invita a pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra. “Tenemos que reflexionar y criticar cuando deba ser oportuno y necesario”, manifiesta.

El encuentro convoca a quienes caminan en favor de la liberación y del Reino de Dios, así como a todas las personas interesadas en comprender los desafíos que plantean las nuevas tecnologías y las concepciones contemporáneas sobre lo humano.

La invitación de Ortiz es a participar en este espacio de diálogo para ampliar la mirada, cuestionar ideas que suelen presentarse como inevitables y reconocer que el futuro de la humanidad también depende de cómo comprendemos nuestra vulnerabilidad, nuestra relación con los demás y nuestra pertenencia a la comunidad de la vida.

Fecha y horario del conversatorio

El tercer encuentro de Magnifica Humanitas se transmitirá en directo por el Facebook de Amerindia, el viernes 30 de octubre de 2026.

  • Colombia, Perú, Ecuador y Panamá: 18:00.
  • Bolivia, Venezuela, Chile y República Dominicana: 19:00.
  • Argentina, Uruguay y Brasilia (Brasil): 20:00.
  • México (Ciudad de México), Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica: 17:00.

El futuro del Amazonas (y del clima global) se decidirá el 25 de octubre

Bolsonaro propuso flexibilizar las regulaciones ambientales , detener la demarcación de tierras indígenas y permitir la minería. Estas medidas debilitarían nuestros derechos.

El artículo es de Sônia Guajajara , publicado por El País , 22 de octubre de 2026.

Sônia Guajajara es una exministra para los Pueblos Indígenas de Brasil y una exdiputada federal electa por el estado de São Paulo.

Aquí está el artículo.

Brasil elegirá a su próximo presidente el 25 de octubre. El resultado de esta segunda vuelta tendrá consecuencias que trascienden nuestras fronteras. Lo que suceda con la Amazonía , la selva tropical más grande del mundo , impactará el clima, la biodiversidad y la vida de millones de personas dentro y fuera del país.

Pero el futuro de la selva amazónica no depende únicamente de quién ocupe la presidencia. También se decide en el Congreso , los gobiernos estatales, los tribunales y las fuerzas del orden. El Congreso recién elegido, con su marcada composición conservadora y la fuerte presencia de sectores opuestos a las políticas ambientales, podría propiciar nuevos retrocesos . Una victoria de Flávio Bolsonaro fortalecería esta alianza política e incrementaría el riesgo de reformas constitucionales que debiliten los derechos indígenas y la protección del medio ambiente, así como nuevas presiones sobre la independencia del poder judicial .

La ciencia ha demostrado repetidamente el papel fundamental de los territorios indígenas en la conservación de los bosques . Según MapBiomas , entre 1985 y 2024, las tierras indígenas en Brasil perdieron solo el 1% de su vegetación nativa, en comparación con el 28% en tierras privadas. Por eso, durante años he defendido que la demarcación de nuestros territorios también constituye una forma de política climática . Proteger la selva tropical y nuestros derechos son inseparables.

La selva amazónica almacena enormes cantidades de carbono y ayuda a regular las precipitaciones en gran parte de Sudamérica . Su destrucción amenaza el suministro de agua, la agricultura y la producción de energía. Los científicos advierten que la combinación de temperaturas más altas, incendios y degradación forestal podría provocar profundos cambios ecológicos . Lo que sucede en el Amazonas también afecta a quienes viven a miles de kilómetros de distancia.

En la COP30 celebrada en Belém el año pasado, los pueblos indígenas luchamos para que estas realidades fueran fundamentales en las negociaciones climáticas . Exigimos participación en las decisiones sobre nuestros territorios, respeto a nuestros derechos y que la financiación climática llegara directamente a nuestras comunidades. Contamos con conocimientos y experiencia que deben formar parte de las respuestas a la crisis climática.

La Presidencia brasileña de la COP30 promueve dos hojas de ruta internacionales: una para impulsar una transición justa , ordenada y equitativa hacia la eliminación de los combustibles fósiles ; y otra para detener y revertir la deforestación y la degradación forestal para 2030. Estos son dos desafíos que han sido fundamentales en las luchas de nuestros pueblos durante décadas.

Proteger la Amazonía implica limitar la expansión de las actividades extractivas en los bosques y territorios indígenas . Y afrontar la crisis climática requiere abandonar gradualmente nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Se trata de decisiones políticas que deben respetar los derechos humanos y considerar alternativas para las comunidades y los trabajadores. Estas hojas de ruta no son acuerdos jurídicamente vinculantes. Sin embargo, pueden orientar medidas concretas. Su verdadero impacto dependerá de lo que cada gobierno haga dentro de sus propias fronteras.

Brasil es plenamente consciente de la discrepancia entre promesas y acciones. Durante el gobierno de Lula , la deforestación en la Amazonía se redujo casi a la mitad en comparación con 2022. Sin embargo, la presión para expandir la exploración petrolera persiste. Es necesario señalar estas contradicciones, independientemente de quién gobierne a partir de enero de 2027. Pero las diferencias entre los candidatos son profundas, especialmente para los pueblos indígenas.

Flávio Bolsonaro propuso flexibilizar las regulaciones ambientales, suspender la demarcación de tierras indígenas y permitir la minería en estos territorios . Estas medidas debilitarían las salvaguardias que protegen nuestros derechos y allanarían el camino para una mayor presión sobre tierras que ya sufren invasiones, deforestación y violencia. La demarcación no es una concesión del Estado: es el reconocimiento de un derecho constitucional por el cual nuestros pueblos han luchado durante generaciones.

El partido de Bolsonaro contaría con el mayor bloque tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado , en un Congreso donde las fuerzas de derecha han expandido su presencia. El propio candidato ya ha declarado que, de ganar la presidencia, buscará aprovechar este nuevo equilibrio de poder para reformar la Constitución . Una alianza entre el Ejecutivo y el Legislativo podría amenazar los derechos ambientales e indígenas e incrementar la presión política sobre el Poder Judicial.

También está en juego la capacidad del Estado brasileño para generar información científica independiente sobre la destrucción de la Amazonía. El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales ( INPE ) mantiene un historial de datos de monitoreo de la deforestación , reconocido internacionalmente por su rigor. Debilitar esta capacidad o someterla a interferencias políticas comprometería una herramienta esencial para la supervisión ambiental y para que Brasil y el mundo comprendan la verdadera magnitud de la pérdida forestal.

La experiencia brasileña demuestra que las políticas públicas pueden reducir la deforestación. Sin embargo, defender nuestros territorios es una tarea diaria que no comienza ni termina con unas elecciones ni con una conferencia sobre el clima. Tampoco es responsabilidad exclusiva de Brasil. Los países que expresan preocupación por la Amazonía deben respaldar sus declaraciones con financiación, cooperación y respeto al derecho de los pueblos indígenas a decidir sobre los asuntos que conciernen a sus territorios.

Apenas unas semanas después de las elecciones, los gobiernos se reunirán en la COP31 en Antalya . Esta será una oportunidad para avanzar en las hojas de ruta elaboradas en Belén sobre la transición hacia fuentes de energía renovables y la lucha contra la deforestación. Sin embargo, estos esfuerzos internacionales solo tendrán sentido si se traducen en decisiones concretas que protejan los bosques y a quienes los habitan.

Por lo tanto, si bien Brasil elegirá a su próximo presidente el 25 de octubre, las consecuencias de esa decisión se extenderán mucho más allá de nuestras fronteras. La protección de los derechos indígenas y nuestros territorios será una prueba decisiva para el rumbo que tome el país. Y lo que Brasil decida respecto a la Amazonía tendrá repercusiones para el clima de todo el planeta.

https://www.ihu.unisinos.br/672540-o-futuro-da-amazonia-e-do-clima-global-sera-decidido-em-25-de-outubro

El regreso de Lula en la segunda vuelta es la elección más importante desde la Nueva República. Entrevista especial con Michelangelo Torres.

La victoria del presidente Lula en las elecciones de este año pasará a la historia como uno de los “actos políticos más importantes” desde la campaña de Diretas Já en la década de 1980. Se trata de “la elección más importante de la Nueva República “, afirma Michelangelo Torres , profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo ( USP ), en la siguiente entrevista, concedida al Instituto Humanitas Unisinos – IHU por correo electrónico. La defensa de la democracia , según el entrevistado, impulsó el histórico giro en la segunda vuelta. “La mayoría del electorado comprendió el peligro que representaba la candidatura del hijo del expresidente Jair Bolsonaro . El nombre de Flávio está asociado a relaciones con miembros de milicias criminales , vínculos políticos con personas involucradas en actividades delictivas y un proyecto golpista que no logró consolidarse en el país”, subraya.

La reelección de Lula  con el 51,79% de los votos frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro , advierte el sociólogo, no puede ignorar un hecho revelado por los resultados electorales: el país sigue «socialmente fracturado y políticamente polarizado». Entre los principales retos para el próximo gobierno, Torres subraya la necesidad de «transformar la victoria electoral en mejoras concretas de las condiciones de vida  de la clase trabajadora, mediante la generación de empleos de calidad , aumentos salariales , ampliación de los derechos sociales , fortalecimiento de los servicios públicos y reducción de las desigualdades de clase, raza y género». Políticamente, añade, «será fundamental ampliar la participación popular, fortalecer las organizaciones obreras y reconstruir los vínculos entre la izquierda y los sectores populares. La pregunta es, quizás: ¿estará dispuesto el gobierno de coalición encabezado por Lula a hacerlo?».

A continuación, Michelangelo Torres analiza los desafíos políticos, económicos y sociales del cuarto mandato de Lula , el futuro del bolsonarismo y el impacto de los resultados electorales en la dirección política de América Latina . 

Michelangelo Marques Torres (Foto: nombre del fotógrafo)

Michelangelo Marques Torres es licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de São Paulo (USP), máster en Sociología y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp). Es profesor del Departamento de Administración Escolar y Economía de la Educación de la Facultad de Educación de la USP.

Aquí está la entrevista. 

IHU – ¿Qué explica el cambio de rumbo del presidente Lula en la segunda vuelta? 

Michelangelo Torres – Lo que vimos en las elecciones de 2026 fue un escenario de intensa disputa, incertidumbre y confrontación. El resultado de la primera vuelta fue desfavorable para Luiz Inácio Lula da Silva , el actual presidente de la República, quien ahora ha ganado la reelección. Contrario a la mayoría de las encuestas de opinión pública, el candidato del Partido de los Trabajadores alcanzó el 45,16% de los votos válidos, mientras que el candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro , obtuvo el 47,03%. Una diferencia de 1,87 puntos porcentuales, equivalente a 2.224.965 votos. Así, Lula llegó a la segunda vuelta en desventaja con respecto al hijo del expresidente Jair Bolsonaro .

En la primera vuelta, también es importante tener en cuenta que el 21,08% del electorado no acudió a las urnas, lo que equivale a unos 33 millones de personas. Además, los votos en blanco y nulos representaron casi el 5% del total.

Lula se enfrentó, por lo tanto, al reto no solo de ganarse a los votantes que habían optado por otros candidatos, sino también de obtener el apoyo de quienes no acudieron a las urnas o emitieron votos nulos en la primera vuelta. A esto se sumaba el universo de los llamados votos flotantes, estimados en un 7,8% del electorado y compuestos, en particular, por personas que habían votado por los candidatos derrotados en la primera vuelta, especialmente Cury , Renan y Caiado . La competencia por estos votos, así como el esfuerzo por convencer a quienes se abstuvieron o emitieron votos nulos, fue decisiva para determinar el resultado electoral.

Sin embargo, lo que vivimos en las siguientes tres semanas fue un momento histórico en la política brasileña. Se desarrolló una intensa campaña electoral que trascendió al Partido de los Trabajadores y sus maniobras entre bastidores. Si bien es cierto que la campaña de Lula cambió de rumbo en la segunda vuelta, pasando de una campaña más moderada a una contienda política más acalorada, con un diálogo más directo con la población y una confrontación más contundente con su oponente, también —y esto es fundamental— fuimos testigos de una movilización extraordinaria en las calles y en las redes sociales .

Se organizaron grandes manifestaciones en diversas ciudades y estados brasileños para reelegir a Lula o, más precisamente, para impedir la elección de Flávio Bolsonaro y todo lo que representa su proyecto político neofascista. Las manifestaciones por la victoria de Lula tomaron las calles del país. Tan solo en las últimas dos semanas, hemos presenciado posiblemente las mayores manifestaciones políticas en la historia de Brasil desde al menos la campaña de Diretas Já en la década de 1980. Para dar una idea de la magnitud de esta movilización, aproximadamente un millón de personas se congregaron solo en la Avenida Paulista, y el sábado anterior a las elecciones, la multitud también superó el millón.

Además de las manifestaciones masivas, el activismo digital y la intensa competencia en las redes sociales también desempeñaron un papel fundamental en la campaña. Se libró una verdadera batalla constante contra la desinformación y las noticias falsas que apoyaban a Bolsonaro , en medio de acusaciones de asimetrías en el alcance del contenido, restricciones a la circulación de publicaciones favorables a la candidatura de Lula e intervenciones judiciales que afectaron la dinámica de la contienda electoral.

Disputa sobre la opinión pública

En este contexto, el llamado ” ejército de Lula ” cobró protagonismo , impulsado, entre otros, por las acciones del diputado federal André Janones , quien instó a activistas y simpatizantes a salir de la burbuja de la izquierda y desafiar directamente a la opinión pública en las plataformas digitales. La magnitud alcanzada por esta movilización, con millones de seguidores en sus canales, puso de relieve la importancia estratégica de la comunicación digital en la competencia política brasileña. El canal llegó a los 10 millones de seguidores, a pesar de las intervenciones del Tribunal Electoral que afectaron la movilización digital pro-Lula .

Otra forma de activismo, relegada en parte a un segundo plano por sectores de la izquierda brasileña en los últimos años, ha recuperado fuerza: el trabajo de base. El contacto cara a cara, el diálogo directo de los activistas —más allá de los militantes del PT— con la población, la escucha atenta y la conversación franca con los trabajadores en las calles, durante la distribución de folletos y las actividades de movilización, han dado a la campaña de Lula un nuevo tono combativo.

Más allá de entablar disputas en redes sociales y espacios institucionales, el objetivo era recuperar la presencia cotidiana entre la clase trabajadora, comprender sus inquietudes, conectar con sus experiencias concretas y reconstruir lazos de confianza y solidaridad. Esta voluntad de movilización demostró que existe energía social para afrontar una situación adversa y cuestionar el rumbo político del país en defensa de la democracia.

En otras palabras, lo que impulsó el cambio de rumbo en la segunda vuelta no fue solo el programa político o el legado de Lula, sino, sobre todo, la unidad en defensa de la democracia. La mayoría del electorado comprendió el peligro que representaba la candidatura del hijo del expresidente Jair Bolsonaro . El nombre de Flávio está asociado a vínculos con miembros de milicias criminales, lazos políticos con personas involucradas en actividades delictivas y un complot golpista que no logró consolidarse en el país.

Flávio Bolsonaro se presentó como el principal representante del bolsonarismo, un movimiento de extrema derecha caracterizado por el autoritarismo y la oposición a los derechos humanos, los derechos laborales y las libertades democráticas. Se trata de un ámbito político que amenaza los logros históricos de la sociedad brasileña, cuya agenda pone en entredicho los derechos fundamentales, las garantías democráticas y la propia convivencia política pluralista.

IHU – ¿Qué retrato de Brasil revelan los resultados electorales?

Michelangelo Torres – Esta pudo haber sido la elección más importante de la Nueva República . La fórmula Lula-Alckmin , de la coalición “Brasil Listo para Más” , formada por la Federación Brasileña de la Esperanza ( Fe Brasil ), integrada por los partidos PT , PCdoB y PV , así como por el PSB , PDT y la Federación PSOL-Rede , obtuvo el 51,77% de los votos válidos en la segunda vuelta, reeligiendo a Lula como Presidente de la República. La fórmula de Flávio Bolsonaro ( PL ), con Alfredo Gaspar ( PL ) como candidato a vicepresidente, recibió el 48,23% de los votos válidos. Fue un resultado electoral extremadamente ajustado, con una diferencia de tan solo 3,54 puntos porcentuales. ¡Fue una victoria emotiva!

Brasil está socialmente fracturado y políticamente polarizado.

A pesar de la importante victoria de Lula, el resultado revela un Brasil socialmente fracturado y políticamente polarizado. La prensa convencional se equivoca al imaginar alguna posibilidad de “pacificación” entre las fuerzas políticas antagónicas en el panorama brasileño. El bolsonarismo fue derrotado en la contienda presidencial, pero podría resurgir fortalecido políticamente de cara a 2027.

La primera vuelta ya había puesto de manifiesto el avance de las fuerzas de derecha y ultraderecha y la configuración de un Parlamento aún más conservador y reaccionario. El desempeño electoral del PL y sus aliados apunta a un escenario particularmente adverso a partir de 2027. La izquierda ha acumulado importantes derrotas políticas, su capacidad de acción institucional se verá aún más limitada y tendrá que afrontar una correlación de fuerzas desfavorable. Por lo tanto, a pesar de la significativa victoria electoral de Lula en la contienda presidencial, el panorama se presenta marcado por una intensa disputa política y una polarización persistente.

Bolsonarismo

Conviene recordar el escenario posterior a las elecciones de 2014. Si bien Dilma Rousseff fue reelegida, el margen de votos fue estrecho y su gobierno se enfrentó a un Congreso Nacional cada vez más hostil , así como a una oposición de derecha fuertemente movilizada. Fue en este contexto que la nueva derecha reaccionaria cobró impulso, desplazando al PSDB, representante de la derecha liberal tradicional, de su posición como principal fuerza de oposición al Partido de los Trabajadores de Lula . El resultado fue el golpe parlamentario que impuso el juicio político a la presidenta. Este peligro resurge una vez más como una posibilidad que no debe subestimarse.

El bolsonarismo representa hoy un bloque político cuyo núcleo duro constituye una amenaza para las libertades democráticas, los derechos sociales consagrados en la Constitución Federal de 1988 y la totalidad de los logros históricos de la sociedad brasileña. No nos equivoquemos respecto a sus objetivos: lo que está en juego es un proyecto para subvertir el orden democrático construido en toda la Nueva República. Por lo tanto, la derrota electoral en la contienda presidencial no significa el fin del bolsonarismo, ni el agotamiento de su capacidad de movilización política y social.

IHU – Teniendo en cuenta la perspectiva histórica y el contexto nacional e internacional, ¿cuál es la importancia política, económica y social del cuarto mandato del presidente Lula? 

Michelangelo Torres – Para Brasil, la victoria electoral de Lula tiene una importancia inmensa, especialmente para la izquierda brasileña. Sin embargo, los desafíos también serán enormes. El resultado de las elecciones brasileñas debería influir en el rumbo político de América Latina y, en particular, en la correlación de fuerzas en la disputa entre los proyectos de soberanía nacional —aun si están sujetos a las limitaciones impuestas por el capital financiero— y la ofensiva ultraconservadora e imperialista estadounidense en la región en los próximos años.

Este escenario cobra aún mayor relevancia ante la creciente ofensiva del gobierno de Donald Trump contra América Latina . En este contexto, las elecciones brasileñas adquieren una dimensión que trasciende las fronteras nacionales, debido a la posición estratégica de Brasil, su peso económico y demográfico, y su capacidad de proyección política en el continente y en el mercado mundial. Después de todo, América Latina se encuentra en el centro de las disputas geopolíticas contemporáneas que involucran los intereses económicos, estratégicos y políticos de las grandes potencias.

El cuarto mandato de Lula representa, por lo tanto, una importante oportunidad para defender la democracia, los derechos sociales y la soberanía nacional, así como para abrir posibilidades de reconstrucción de políticas públicas orientadas a reducir las desigualdades. Sin embargo, la victoria electoral por sí sola no garantiza el progreso en este sentido. Será necesario hacer frente a los intereses del capital financiero, las presiones del mercado, las limitaciones impuestas por el equilibrio de poder en el Congreso Nacional y las acciones de una derecha que se mantendrá movilizada. Y en este punto, sin duda, nos enfrentaremos a una oposición monumental, sumada a las presiones del capital y de los grandes medios corporativos.

Mejoras de hormigón

Desde el punto de vista económico y social, el reto consistirá en transformar la victoria electoral en mejoras concretas de las condiciones de vida de la clase trabajadora , mediante la creación de empleos de calidad, el aumento de los salarios, la ampliación de los derechos sociales, el fortalecimiento de los servicios públicos y la reducción de las desigualdades basadas en la clase, la raza y el género. Desde el punto de vista político, será fundamental ampliar la participación popular, fortalecer las organizaciones obreras y reconstruir los lazos entre la izquierda y los sectores populares. La pregunta es, quizás: ¿estará dispuesto el gobierno de coalición liderado por Lula a hacerlo?

Desde una perspectiva histórica, el cuarto mandato de Lula no debe entenderse simplemente como la continuación de un gobierno, sino como parte de una lucha más amplia por el rumbo de Brasil y América Latina. La victoria abre una posibilidad concreta de resistencia a la ofensiva de la ultraderecha y el imperialismo estadounidense, pero el resultado de esta lucha dependerá de la capacidad de movilización social, la organización política y la voluntad de confrontar los intereses que se oponen a la expansión de la democracia y los derechos sociales .

Así pues, respondiendo directamente a la pregunta sobre el significado de estas elecciones, nos encontramos ante una victoria electoral que puede representar un logro político de gran importancia en una situación profundamente adversa. Es una victoria capaz de contener, al menos temporalmente, el avance de las fuerzas reaccionarias a nivel federal. Un logro significativo en medio de tantas derrotas, un soplo de aire fresco necesario en un ambiente político asfixiante.

Riesgos de desestabilización y crisis en el Tribunal Supremo Federal.

Pero no nos engañemos: los intentos de bloquear, desestabilizar e incluso hacer inviable al gobierno de Lula serán intensos. Este escenario se vuelve aún más preocupante dada la crisis institucional que involucra al Supremo Tribunal Federal (STF) , la composición conservadora del próximo Congreso Nacional , especialmente del Senado, y el número significativo de gobernadores alineados con la derecha y la ultraderecha. Aunque perdieron la Presidencia, los partidarios de Bolsonaro seguirán existiendo y conservarán un considerable poder político, institucional y social, incluyendo su capacidad de movilización masiva.

No hay razón para creer que aceptarán la derrota pasivamente. Los próximos pasos de Flávio Bolsonaro y su grupo político aún son inciertos, pero una cosa es segura: la oposición de extrema derecha seguirá activa, buscando expandir su influencia y reconstruir sus fuerzas. No se pueden descartar nuevos intentos de ruptura institucional, así como alianzas con sectores del Centrão (bloque de centroderecha ) para bloquear iniciativas, desestabilizar y debilitar al gobierno de Lula .

Desafíos 

Sin embargo, los principales desafíos para la izquierda brasileña no se limitan a resistir la ofensiva de la derecha. También será necesario afrontar las contradicciones y limitaciones de la propia política económica del gobierno. Uno de los puntos centrales de esta disputa será la profundización de la austeridad fiscal, con posibles consecuencias para la inversión pública, los derechos sociales y las condiciones de vida de la clase trabajadora. En este contexto, las propuestas de reforma administrativa y de pensiones, impulsadas por sectores que forman parte de la base del gobierno o que lo rodean, cobran especial relevancia.

El reto para la izquierda, por lo tanto, será doble: frenar la ofensiva reaccionaria y, al mismo tiempo, cuestionar la dirección del gobierno, oponiéndose a las políticas que subordinan los derechos sociales y las necesidades de la población a los imperativos de la austeridad fiscal y los intereses del capital. La victoria electoral abre una posibilidad importante, pero su transformación en logros efectivos dependerá de la capacidad de organización, movilización y presión independiente de la clase trabajadora y los movimientos populares.

IHU – ¿Las movilizaciones sociales que se produjeron en Brasil antes de la segunda vuelta cobrarán nuevo impulso tras los resultados electorales, o fueron hechos aislados, limitados al contexto electoral?

Michelangelo Torres – Como ya mencioné, las manifestaciones fueron extraordinarias. Vivimos una verdadera jornada de movilización y activismo en defensa de la democracia. Juntos se encontraban la base social del Partido de los Trabajadores de Lula, prácticamente todo el espectro político de la izquierda partidista, movimientos populares, jóvenes, mujeres, sectores independientes y una amplia alianza de sectores sociales y políticos comprometidos con la tarea de detener a Bolsonaro en las urnas.

Esta es, sin duda, una de las expresiones más significativas de la vanguardia política brasileña en el contexto actual. Pero sería un error limitar estas movilizaciones a la vanguardia militante: de hecho, tuvieron un carácter de masas, revelando una importante capacidad de movilización social en un momento decisivo de la vida política nacional.

Esta experiencia encierra una importante lección. Pocas veces en la historia reciente de la izquierda brasileña se han visto tan unidas tradiciones políticas, corrientes de pensamiento y organizaciones tan diversas, dejando momentáneamente de lado sus diferencias para enarbolar una bandera común: la defensa de la democracia. Esta unidad no eliminó las diferencias ni las contradicciones existentes entre estos sectores, pero demostró que es posible construir amplias convergencias políticas frente a las amenazas históricas a los derechos y libertades democráticas.

energía social

La cuestión central ahora es si esta energía social podrá superar las limitaciones de la situación electoral. El gran reto será preservar y ampliar la capacidad de organización y movilización de la clase trabajadora, los movimientos populares y la juventud, transformando la unidad construida en torno a la defensa de la democracia en una fuerza política duradera. Lula gobernará bajo asedio. Más que nunca, es momento de salir a las calles y presionar el panorama político en torno a nuestras demandas, con independencia de clase.

Estas movilizaciones podrían constituir un importante punto de apoyo para resistir la ofensiva de la ultraderecha, reorganizar las fuerzas progresistas y reconstruir alternativas políticas capaces de abordar los problemas concretos que enfrentan los trabajadores. Más aún, podrían contribuir a reavivar el interés por la posibilidad de profundas transformaciones sociales.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá espontáneamente. Será necesario invertir en el trabajo de base, fortalecer las organizaciones populares y sindicales, ampliar el diálogo con sectores de la clase trabajadora que aún se encuentran alejados de la izquierda y construir espacios permanentes de participación y movilización. La unidad electoral fue fundamental para derrotar a la ultraderecha en la contienda presidencial, pero construir una alternativa política coherente requiere organización, arraigo social y la capacidad de afrontar también las limitaciones de las propias políticas económicas y sociales del gobierno.

Por lo tanto, no considero que estas manifestaciones hayan sido meros incidentes aislados. Revelaron un verdadero potencial político. La cuestión crucial es si tendremos la capacidad de transformar esta extraordinaria experiencia de movilización en una organización permanente, una conciencia política sólida y una fuerza social capaz de influir en el rumbo del país. En este terreno se decidirá si la energía de las calles será solo el recuerdo de una campaña electoral victoriosa o el punto de partida para nuevos logros democráticos y sociales.

IHU – ¿Qué perspectivas se vislumbran para Brasil en los próximos años, comenzando con el cuarto mandato del presidente Lula y la nueva composición del Congreso Nacional? 

Michelangelo Torres – El panorama apunta a un gobierno de Lula sometido a fuertes contradicciones y presiones políticas. Por un lado, deberá seguir demostrando al mercado financiero su compromiso con el ajuste fiscal y podría impulsar agendas de corte neoliberal. Por otro lado, se verá presionado por su propia base social, que lo eligió y que tiene demandas concretas de mejores condiciones de vida, aumentos salariales , ampliación de los derechos sociales , fortalecimiento de los servicios públicos y políticas orientadas a los intereses de la clase trabajadora.

Como ya mencioné, será un gobierno bajo asedio político. La composición conservadora del Congreso Nacional , las negociaciones con sectores del Centrão (bloque de centroderecha), la amplitud de las alianzas que lo respaldan y la presión de una oposición de extrema derecha, fortalecida electoralmente, movilizada y dispuesta a radicalizar la confrontación, tienden a limitar su margen de maniobra. Existe el riesgo de que el gobierno se vea progresivamente condicionado por los intereses de estos sectores, comprometiendo la implementación de medidas que satisfagan las expectativas de su base social.

Por lo tanto, el escenario será de intensa disputa. La cuestión fundamental es hasta qué punto el gobierno estará dispuesto a enfrentarse a los intereses económicos y políticos que se oponen a la ampliación de los derechos sociales y a la reducción de las desigualdades. Al mismo tiempo, corresponderá a la izquierda, a los sindicatos y a los movimientos populares preservar su autonomía política, mantener su capacidad de movilización e impulsar cambios efectivos .

Expansión de los derechos sociales

La victoria electoral de Lula abre importantes posibilidades, pero no resuelve por sí sola los problemas estructurales del país. Ni mucho menos… El rumbo de los próximos años dependerá no solo de las decisiones del gobierno y del equilibrio de poder en el Congreso, sino también de la capacidad de la clase trabajadora y los sectores populares para organizarse e intervenir en la dirección de la política nacional. Sin una presión social organizada, existe el riesgo de que la defensa de la gobernabilidad prevalezca sobre las transformaciones sociales que justificaron la movilización de amplios sectores de la sociedad para bloquear a la ultraderecha en las urnas. 

En estos momentos, todos estamos embriagados por la alegría de la reelección de Lula —o, más precisamente, por la derrota electoral de los partidarios de Bolsonaro en la segunda vuelta—. Esto es comprensible. Se trata de una victoria política de enorme importancia, sobre todo dada la amenaza que la ultraderecha representa para la democracia y los derechos sociales. Pero no nos engañemos: la euforia de la victoria no puede ocultar los desafíos que enfrentamos.

Un gobierno reformista , con escasos márgenes para implementar reformas progresistas, de orientación socioliberal y estructurado en torno a la conciliación de clases, tendrá enormes dificultades para mantenerse y avanzar en el próximo periodo, que será aún más adverso. Las contradicciones entre los compromisos adquiridos con el mercado financiero, las presiones de la derecha y el centro, y las demandas concretas de la clase trabajadora tienden a profundizarse. La derrota electoral del bolsonarismo no elimina estas contradicciones, ni garantiza, por sí sola, el progreso social. Será necesario transformar la victoria en las urnas en una fuerza política organizada, capaz de cuestionar la dirección del gobierno y de hacer frente a los intereses que se oponen a la ampliación de los derechos sociales.

IHU – ¿Desea agregar algo? 

Michelangelo Torres – Es fundamental reconocer la dimensión y la importancia histórica de esta victoria electoral . En estas elecciones, no solo estaba en juego la reelección de Lula, sino también la derrota de un proyecto de extrema derecha autoritario, antidemocrático y hostil a los derechos sociales. Bloquear las políticas de Bolsonaro en las urnas fue un logro de enorme importancia para la democracia brasileña y para la clase trabajadora. Por lo tanto, tenemos motivos de sobra para celebrar.

Pero celebrar la victoria no significa alimentar ilusiones. Debemos ser claros tanto sobre la situación adversa que se está desarrollando como sobre las limitaciones del propio gobierno de Lula, basado en la conciliación de clases y alianzas con sectores cuyos intereses suelen ser antagónicos a los de los trabajadores. La ultraderecha seguirá activa, con poder social e institucional, mientras que las presiones del mercado financiero y los compromisos de gobernabilidad podrían limitar el alcance de los cambios prometidos.

El reto para la izquierda , por lo tanto, consiste en reconocer la importancia de esta victoria sin renunciar a su independencia política. Necesitamos defender la democracia, combatir a la ultraderecha y, simultáneamente, fortalecer la organización de la clase trabajadora, los sindicatos y los movimientos populares, manteniendo la capacidad de movilización y presión sobre el gobierno. Al fin y al cabo, la victoria electoral abrió una posibilidad; transformarla en logros sociales efectivos dependerá de la lucha política que seamos capaces de librar de ahora en adelante. 

https://www.ihu.unisinos.br/672543-vitoria-da-chapa-lula-alckmin-e-a-eleicao-mais-importante-da-nova-republica-entrevista-especial-com-michelangelo-torres

 

El histórico giro de Lula representa una derrota para Trump

El artículo es de Oliver Stünkel y fue publicado por El País el 26 de octubre de 2026.

Oliver Stuenkel es investigador sénior en la Fundación Carnegie en Washington, miembro de la Escuela Kennedy de Harvard y profesor de Relaciones Internacionales en la Fundación Getulio Vargas en São Paulo.

Aquí está el artículo.

Desde que Brasil adoptó el sistema de segunda vuelta en 1989, nadie había ganado la presidencia tras quedar segundo en la primera vuelta . Luiz Inácio Lula da Silva rompió esa regla el domingo, derrotando a Flávio Bolsonaro con el 51,8% de los votos válidos frente al 48,2% de Bolsonaro. Su margen de victoria, que supera los cuatro millones de votos, es aproximadamente el doble de su victoria de 2022 sobre Jair Bolsonaro por tan solo 1,8 puntos porcentuales.

Paradójicamente, quedar por detrás de Flávio el 4 de octubre terminó beneficiando a Lula. Su campaña de primera vuelta fue desorganizada . El revés impulsó a su equipo y a los votantes a la acción. Ambos se movilizaron intensamente: entre las dos vueltas, Lula obtuvo más de 10 millones de votos, mientras que Flávio sumó alrededor de 3,7 millones.

Por parte de Bolsonaro, la victoria en la primera vuelta tuvo el efecto contrario. Con exceso de confianza, el círculo íntimo de Flávio comenzó a repartir públicamente los cargos ministeriales. Pero muchos en la derecha también señalaron a Jair Bolsonaro , quien, consciente de las claras limitaciones de su hijo, lo prefirió a Tarcísio de Freitas , gobernador de São Paulo, que obtuvo mejores resultados en las encuestas frente a Lula y contaba con el apoyo del Centrão , un bloque de partidos de centro y centroderecha que domina el Congreso. El deseo de mantener el poder dentro de la familia prevaleció .

Por lo tanto, será revelador observar cómo reacciona el electorado conservador . Desde 2018, la familia Bolsonaro ha ejercido una hegemonía casi indiscutible sobre la derecha brasileña. De ahora en adelante, cada vez más voces argumentarán que un candidato más moderado, con un apellido diferente , podría haber derrotado a Lula.

Como era de esperar, Flávio no reconoció la derrota y anunció que solicitará la anulación de la segunda vuelta , tal como su padre rechazó la suya hace cuatro años . Sin embargo, todo indica que su rechazo será mucho menos desestabilizador. A diferencia de Jair Bolsonaro en 2022, Flávio no controla el gobierno. Tampoco pasó meses sembrando dudas sobre el voto electrónico , una campaña con la que su padre convenció a algunos de sus votantes.

Su argumento principal, la extensión de dos horas para votar, es débil, ya que su propia campaña había solicitado la ampliación del horario electoral en varios estados. El margen de más de cuatro millones de votos es probablemente demasiado amplio como para que las acusaciones de irregularidades convenzan a muchos votantes ajenos al círculo leal de Bolsonaro.

El resultado también tiene implicaciones regionales. En los últimos 20 meses, la izquierda latinoamericana había perdido las siete elecciones presidenciales celebradas , y Lula rompió esa racha. A las pocas horas, varios presidentes de derecha de la región felicitaron a Lula, entre ellos José Antonio Kast en Chile, Santiago Peña en Paraguay, Rodrigo Paz en Bolivia y Daniel Noboa en Ecuador. Sin embargo, Trump no lo hizo en las primeras horas.

También supone un revés para el intervencionismo partidista de Trump . Desde su regreso a la Casa Blanca , uno de los principales objetivos de su política hacia América Latina ha sido llevar al poder a líderes afines ideológicamente, y en Brasil ha trabajado sistemáticamente para fortalecer a la familia Bolsonaro . La reelección de Lula también representa un golpe para el secretario de Estado Marco Rubio , quien ha hecho del enfrentamiento con los gobiernos de izquierda de la región uno de sus principales pilares políticos.

El regreso a la política ha catapultado a un nuevo nombre a la vanguardia de la izquierda brasileña. Tras su derrota en la primera vuelta, Rafael Fonteles , gobernador de Piauí, asumió la dirección de la estrategia de comunicación de la campaña. Joven y moderado, reelegido recientemente con casi el 71% de los votos, se perfila como un posible líder de la izquierda post-Lula .

Foto de portada: Red Uno de Bolivia

https://www.ihu.unisinos.br/672573-a-virada-historica-de-lula-representa-uma-derrota-para-trump-artigo-de-oliver-stuenkel

¿Por qué los pueblos votan a la derecha? Una reflexión sobre los desafíos políticos de América Latina

¿Por qué amplios sectores populares respaldan proyectos políticos que pueden profundizar la desigualdad y la concentración del poder? La declaración del Secretariado Social Mexicano, fechada el 25 de octubre de 2026, invita a reflexionar sobre el avance de las derechas radicales, los desafíos de los gobiernos progresistas y la necesidad de escuchar a los pueblos, fortalecer la organización comunitaria y reconstruir caminos de emancipación colectiva.

Descarga y lee la declaración completa para conocer sus preguntas, análisis y propuestas ante los desafíos actuales.

Una victoria que costó y seguirá costando caro

Menos mal que Brasil salió ganando con la victoria de la democracia y el estado de derecho, frente a la barbarie y la estupidez. En cierto modo, fue una triple victoria. Antes de ganar en las urnas y en el recuento de votos válidos, Lula ganó al movilizar la juventud, que desde hacía tiempo no salía a las calles como lo hizo en esos días, entre la primera y la segunda vuelta. Esta victoria del presidente Lula no fue solo contra un candidato, en sí mismo, poco preparado e inapropiado, sino contra el poderío del dinero internacional, invertido aquí para comprar el Brasil. También venció a los señores de arriba, quienes utilizaron todo su poder para forzar el regreso a la cultura de la servidumbre que perpetúa la injusticia.

De hecho, fue una victoria histórica e inigualable, no solo del presidente Lula y su equipo, sino, en cierto modo, de la parte más sensata de la población brasileña, que no permitió que volviéramos a los tiempos de la Alemania de los años 1930, como deseaban los adversarios, para quienes, incluso el período de la dictadura militar brasileña, de 1964 a 1985, les parece moderado y tolerante. Esta victoria de Brasil significa mantener en alto la bandera, que no permitirá que toda América Latina sea dominada por la extrema derecha.

Al pensar en esta victoria política, me viene a la mente el comienzo de todas las aventuras de Astérix y Obélix, en las historietas que tanto amaba mi generación: «Estamos en el año 50 a. C. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea habitada por galeses indomables resiste, aún y siempre, al invasor».

 Hoy en día, esa aldea es mundial y la poción mágica se llama educación crítica y liberadora. Sin ella, los galos de hoy serán dominados por los imperios y sus soldados actuales. Qué bueno sería que toda esa militancia que garantizó la victoria de Lula asumiera la tarea de liderar una campaña de educación social y política por todo el país.

Brasil tiene una dimensión continental y cualquier iniciativa debe estar dentro de los límites constitucionales de la República, pero si no se garantiza, de manera concreta, la participación directa del pueblo organizado, esta victoria actual podría perderse pronto. En el discurso que pronunció al agradecer la victoria, el presidente Lula prometió que gobernará en diálogo permanente con el pueblo. Si esto se concreta, será un elemento fundamental de ese proceso educativo, que solo el diálogo puede brindar.

Hoy, celebremos la victoria. Mañana temprano, comencemos a sembrar las semillas para el futuro. No solo de cara a las próximas elecciones, sino para la formación ciudadana, que permitirá convertir la Fiesta de la Democracia, no solo en un evento que ocurre cada cuatro años, sino en un proceso en el que la Democracia popular y participativa pueda equilibrar los posibles desajustes de la Democracia representativa, la cual, en su configuración actual, de hecho, representa muy poco al Brasil real que conocemos.

Quien haya leído la novela “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway, recuerda que el viejo pescador les contaba sus hazañas a sus compañeros, pero nunca pudiera mostrarles el botín de una pesca excepcional. Una noche, en su pequeña embarcación, logró capturar un pez inmenso y lo llevó atado al barco para mostrarles el trofeo de su victoria a sus incrédulos compañeros. Sin embargo, entre alta mar y el puerto donde desembarcó, un cardumen de pececitos devoró toda la carne del pez. Al llegar al puerto, el anciano logró, por fin, demostrar que había hecho una gran pesca, pero del pez que había capturado solo quedaba la espina.

Para mí, que soy cristiano, esa espina del pez devorado por los pececitos me recuerda la cruz de Jesús, señal de resistencia y amor que va más allá del dolor y la muerte. Es claro que la lucha continúa. Los adversarios que perdieron esta batalla intentarán otras. Eso es parte del proceso. Ante quienes optan por el odio, la fuerza del amor siempre prevalecerá. Quienes se han dejado embrutecer por la propaganda del odio yacen sumidos en su inhumanidad.

En su primera declaración tras ser reelegido, el presidente Lula confirmó que Brasil es un Estado laico en el que todas las religiones gozan de total libertad y siempre serán tratadas con igualdad y respeto. Es necesario advertirles esto a los apóstoles de la vieja cultura de la cristiandad, como religión civil, ya sea católica romana, evangélica o pentecostal. Que el presidente Lula haya sido atacado y haya sufrido humillaciones por parte de la milicia del odio, ya era de esperarse. Lo más triste es ver a pastores cristianos y a grupos que usan el nombre de Jesús fingir que defienden la fe y propagar sus prejuicios para engañar a las personas más sencillas.

En 1943, en el campo de concentración nazi, el pastor Dietrich Bonhoeffer escribía: «La estupidez humana es más peligrosa que la maldad. Contra el mal siempre se puede protestar. El mal puede ser expuesto. Se puede revelar. (…) Con la estupidez, en cambio, es diferente. No hay forma de defenderse de la estupidez. Las protestas no sirven de nada. Ningún razonamiento logra convencer a una persona estúpida. Ella se aferra a sus propios prejuicios y, por más que se le muestren hechos, no la convencerán».

(Cf: . https://www.ihu.unisinos.br/categorias/592293-da-estupidez-dietrich-bonhoeffer-1943).

A quienes eligen la estupidez del prejuicio, en lugar de la confianza del amor, les recordamos las palabras de Jesús dirigidas a sus adversarios: «Muchas personas vendrán del Oriente y del Occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino divino, mientras que los que se consideran hijos del reino se quedarán afuera» (Mt 8, 11-12).

Lula, la épica de la izquierda mundial

Difícil encontrar entre los 120 líderes mundiales que este septiembre tomaron la palabra en la sede de Naciones Unidas una trayectoria vital y política tan singular, y épica, como la del hijo de doña Lindu. La figura materna ocupa un lugar estelar en el relato que Luiz Inácio Lula da Silva (80 años, Garanhuns, Pernambuco) ha construido sobre su vida. En su décimo discurso ante la Asamblea General, el presidente de Brasil (2003-2009 y desde 2023) habló de grandes conceptos, como soberanía, democracia o multilateralismo, pero en los mítines le encanta entrar en lo íntimo. Y contar que su madre le enseñó, con el ejemplo cotidiano, las lecciones que forjaron su carácter. “Doña Lindu, analfabeta, madre de ocho hijos pequeños, tuvo el valor de dejar a mi padre. Vivía en una choza, sacó adelante a ocho hijos y transformó a Lulinha en esta cosa bonita que hoy les habla”, recordó el veterano político al arrancar, en agosto, su séptima campaña presidencial. El escenario era un guiño nostálgico al pasado, en ese estadio que arengaba a los obreros contra la dictadura.

Este domingo 25 ha afrontado otra batalla decisiva. La enésima. Doña Lindu también le enseñó a no rendirse jamás. Una perseverancia que ha exhibido en las tres semanas transcurridas desde el shock que se llevó en primera vuelta. El senador Flávio Bolsonaro, heredero del clan ultra, le ganó por 47% a 45%. Bolsonaro hijo ha resultado un rival más correoso de lo esperado. Pero Lula ha escrito otro capítulo heroico en su biografía con una remontada en segunda vuelta que nadie esperaba. Ha obtenido así su tercera reelección no consecutiva y ha puesto coto desde la mayor democracia de América Latina al avance regional de la ultraderecha en América Latina.

En el mitin del inicio de la campaña, agradeció a sus compatriotas que confiaran tres veces en un tipo casi sin estudios para dirigir el país. La última, tras una excepcional resurrección política. En estas elecciones, proclamó en la ONU, “vamos a decidir entre la democracia y el negacionismo, si Brasil avanza rumbo a más oportunidades o regresa a un pasado de exclusión”. El resultado de los comicios agiganta el legado del líder del Partido de los Trabajadores (PT) tras seis décadas en política, el combustible que lo alimenta. Sacar a millones de la pobreza es el gran logro de su vida. Tuvo que lidiar, sin embargo, con el cansancio entre sus compatriotas tras cinco gobiernos del PT en un cuarto de siglo.

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Lula da Silva celebra su victoria electoral entre vítores de aliados y seguidores
El presidente Lula, durante el mitin de apertura de su campaña, en agosto, en São Bernardo do Campo, donde inició su carrera política.Foto: Adriano Machado (REUTERS) | Vídeo: EPV

Lula posee una capacidad de esfuerzo y un impulso optimista que le impiden rendirse ante las peores adversidades, sean la cárcel, la viudedad o las tres derrotas electorales que precedieron a su histórica llegada al poder a principios de siglo. También se recuperó del cáncer. Y superada la conmoción de no anotarse ahora la victoria parcial, se recompuso y ha logrado una movilización de la izquierda inédita en muchos años.

Pocos demócratas han gobernado más tiempo. Suma tres mandatos (2003-2010 y 2023-2026) en un país tan complejo y diverso, con 214 millones de habitantes. Entre los gobernantes brasileños, solo el emperador Pedro II y Getúlio Vargas ostentaron el poder más tiempo que Lula.

La historia de su vida es ampliamente conocida y su trayectoria aún inspira a los brasileños más desfavorecidos (aunque medio Brasil le tiene odio visceral). Dejó la fábrica metalúrgica en la que perdió el meñique izquierdo para luchar desde el sindicato. Creó el PT en 1980, tras constatar que en el Congreso no había obreros ni nadie que defendiera los derechos de las masas que levantaban la economía.

De ahí, al palacio presidencial con la misión, entonces casi revolucionaria, de “incluir a los pobres en el presupuesto”. Lula ha dedicado su vida política a redistribuir la riqueza con la vista puesta en superar injusticias históricas. Los gobiernos del PT crearon oportunidades inimaginables para otros brasileños que nacieron, como él, acuciados por la miseria y el hambre. Como le gusta recordar, los hijos de las empleadas domésticas y los porteros ahora pueden ser médicos o diplomáticos.

Frei Betto es un amigo íntimo que conserva desde los tiempos en que resultaba inimaginable que un día Lula entrara en los libros de historia. Se conocieron cuando el escritor y fraile dominico dirigía la pastoral obrera en la zona industrial de São Paulo y el pernambucano lideraba el sindicato de los metalúrgicos. El fraile tiene 82 años, hace campaña por Lula, pero apoya a candidatos más a la izquierda y acaba de publicar el libro Anatomia do poder. Así explica la fórmula Lula: “Ejerce el poder con mucha tolerancia, siempre abierto al acuerdo. Es algo que viene de sus tiempos de sindicalista, cuando lidiaba con los patrones de la industria. Requería mucho juego de cintura”.

Es un pragmático nato. Y luego está su legendario encanto personal, el que le ha permitido congeniar con un mandatario tan agresivo y en las antípodas ideológicas como Donald Trump. A su amigo no le sorprende. “Es muy hábil, incluso aquellos a los que no les cae bien cambian de opinión cuando lo conocen”, afirma. “No solo habla con la voz: es muy afectuoso, toca el brazo de las personas”.

Basta interactuar mínimamente con él para confirmar que el presidente mira a los ojos de su interlocutor, sea la presidenta de un país minúsculo, un sin techo, una agricultora del Brasil más empobrecido o el jefazo de una multinacional. Toca el brazo, llama “companheiro” a otros jefes de Estado y adora romper el hielo en ambientes más encorsetados con bromas o con historietas de fútbol. Es fan del Corinthians, el equipo de Sócrates Brasileiro y de la Democracia Corintiana, un movimiento en tiempos de la dictadura que hoy resultaría impensable.

Una fuente del Gobierno de Lula destaca su autenticidad. “Realmente, no cambia entre sus viajes fuera para reunirse con líderes extranjeros y dentro de Brasil. Dice lo que piensa; no tiene muchos filtros”. Su manera de ejercer el poder “es muy democrática. Él es muy dado al término medio, a buscar consensos. Pero desde que salió de prisión, ya no escucha a nadie”, se lamenta.

El doloroso trance de la cárcel (580 días por un caso anulado por defectos de forma) no le agrió el carácter. Su amigo sí siente que Lula está más solo. Le apena que Lula ya no tenga cerca al puñado de amigos íntimos que lo acompañó en la primera etapa en el poder. Algunos fallecieron, otros se distanciaron.

“Aquellos amigos le decían incluso lo que no quería oír, pero ese grupo ya no existe. No sé quiénes son sus interlocutores en momentos de duda”, señala el dominico. Cree que el problema no atañe a Lula sino a quienes le rodean: “Creo que él escucha, pero siento que a veces las personas de su alrededor no osan decirle las cosas”. Añade que él siempre ha hablado con Lula “como con Fidel [Castro], con libertad, sin pensar en si agradaba o no”.

Sí escucha, y mucho, a su esposa, según cuenta el propio presidente. Janja da Silva, socióloga y militante del PT, ya no disfruta del enorme protagonismo político que tuvo. Además de moldear la mirada de su marido hacia ciertas cuestiones, como el feminicidio, su tercera esposa supervisa con mano firme sus rutinas. Cuida que coma bien y descanse. La edad pesa aunque Lula hace ejercicio (rutina que adoptó en la cárcel), algo que recomienda a todos los brasileños.

Cada mañana, antes de ir al despacho, hace pesas y camina a buen ritmo en el gimnasio. Su esposa y su fotógrafo personal convierten esas sesiones en vídeos de apariencia informal que forman parte de una cuidada estrategia para ofrecer una imagen activa y juvenil del mandatario, que cumplirá 81 años tras los comicios.

Su edad es irrelevante para la inmensa mayoría del electorado (salvo para Bolsonaro hijo, que le acusa de estar “caducado”). Sus años y su salud han sido obviados en esta campaña, volcada en varios escándalos de corrupción, incluido un caso que afecta a uno de sus cinco hijos: Fábio Luís da Silva, Lulinha, está bajo investigación por tráfico de influencias.

En 2021, el líder de la izquierda brasileña sufrió un problema grave de salud. Fue operado de urgencia tras sufrir una hemorragia cerebral, consecuencia de una caída doméstica. Se recuperó sin secuelas. Este año se ha sometido a radioterapia por un cáncer cutáneo. Por eso lleva sombrero. En las distancias cortas, se le ve en forma, con ocasionales signos de cansancio. La recta final de la campaña, con actos en varios Estados en un solo día y desplazamientos de miles de kilómetros en avión privado, agotaría a cualquiera.

Aunque en la campaña de 2022 dijo que no buscaría la reelección, su amigo Frei Betto se lo tomó con un notable escepticismo. Y se lo dijo con franqueza cuando, tras colgarse por tercera vez la faja presidencial y saludar a los mandatarios extranjeros invitados, su amigo, el jefe del Estado, le dedicó 40 minutos a solas al final del día en la Cancillería.

—Presidente, le quiero felicitar por su penúltima campaña.

—¿Cómo, penúltima? Exageras —me dijo riendo.

Frei Betto estaba convencido de que en 2026 Lula emprendería una nueva batalla por la Presidencia por un motivo obvio, a la vista de todos, del que nadie habla en esta campaña ni en el círculo de Lula. “El PT no había preparado a ningún otro cuadro para el futuro. Un problema serio”, recalca el escritor. El octogenario Lula sigue sin un sucesor claro a la vista por decisión propia. Es un asunto que siempre ha dejado para más adelante. Mientras, en los mítines bromea con que tiene un pacto con Dios para vivir 120 años.

Foto de portada: Luiz Inácio Lula da Silva, tres veces presidente de Brasil, candidato a la reelección y líder del Partido de los Trabajadores. Agustín Sciammarella

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La victoria del líder brasileño puso un freno a la ultraderecha

Brasil detuvo a la extrema derecha, la puso en pausa. Bajó los decibeles de su violencia dialéctica, de su crueldad manifiesta, su xenofobia y su racismo, y transformó a Lula en presidente por un mandato más. El cuarto de su extensa y rica trayectoria política. Fue posible porque, entre el primer turno y el segundo, consiguió aumentar en más de 10 millones de votos su caudal electoral. Una avalancha de sufragios. También una bocanada de aire fresco recorre América Latina entre tanto trumpismo rancio y algorítmico, de redes cloacales más que sociales, donde el PT también dio su batalla cultural entre la primera vuelta y el balotaje. La remontada del histórico dirigente del PT se produjo y derrotó a Flavio Bolsonaro, como lo había hecho con su padre cuatro años antes. Pero su rival pidió la anulación de las elecciones. “Es imposible reconocer el resultado”.

La página de la Justicia Electoral colocó una inscripción con los comicios resueltos: “Elección definida matemáticamente”. Faltaba todavía poco más del 3 por ciento de las urnas por escrutar. Los números casi cerrados eran 64.136.514 votos contra 59.767.869 de su rival. Una diferencia de 4.368.645 sufragios. En porcentajes: 51,70 por ciento contra 48,22 %.

Con la voz tomada, Lula dijo sus primeras palabras: “Tenemos el menor número de abstenciones y voto nulo en la historia del país y tengo que agradecer a la militancia y al pueblo brasileño por su generosidad. A la generosidad de la juventud para defender la democracia”. Y agregó, de forma contundente: “Esta elección fue una derrota del negacionismo”. Además, dijo que “tuvimos que vencer la intromisión extranjera”, en relación a la denuncia del PT sobre el favoritismo de Meta por la extrema derecha.

La fuerza de la movilización, de los ciudadanos de a pie, transversal y no ceñida a un sector social determinado, lo hizo posible. El oficialismo ganó por paliza en el Nordeste, pero también en Minas Gerais, en el centroeste del país, donde el perdedor había cerrado su campaña e incluso derrotado a Lula en el primer turno. Un estado clave porque se trata del segundo más poblado con algo más de 21 millones de habitantes, pero lejos de San Pablo que casi posee la misma población de Argentina.

La victoria de Lula, con más luz que la estimada en los sondeos previos, en encuestas que mayoritariamente incluso siempre lo dieron por debajo, también fue letal para la credibilidad de ciertos consultores que indujeron el voto hacia la oposición de ultraderecha. El presidente argentino Javier Milei deberá desandar el camino del agravio, de una motosierra que empezó a quedarse sin filo y que la tijera de su amigo Bolsonaro intentó emular con su política de recorte al presupuesto social, o al estilo de estado destruido desde adentro.

Con el triunfo del PT, es el Brasil movilizado que abre una ventana de ilusión a los países vecinos y que detiene el ímpetu de las usinas reaccionarias. Las de Milei, De la Espriella en Colombia, Bukele en El Salvador y, por supuesto, Trump y su secretario de Estado Marco Rubio.

Particularidades de Brasil

La elección tuvo una peculiaridad geográfica. Promediaba el escrutinio y Lula lideraba en solo una región de las cinco en que se divide el país: el Nordeste. Perdía en las restantes cuatro, incluso la más populosa del centroeste, donde están San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais, los estados de mayor población. También caía, como finalmente sucedió, en el sur, por escasísimo margen en el norte y en el centro oeste, la zona más agropecuaria. A las 20.46, exactamente, el sitio de la justicia electoral que se actualizaba de manera sostenida y minuto a minuto, daba al presidente una diferencia que parecía consolidarse de más de dos puntos porcentuales con casi el 80 por ciento de las urnas escrutadas.

Fue un momento clave, casi un parteaguas, y coincidió con las demostraciones callejeras vecinas a la avenida Paulista de los partidarios del histórico dirigente. La virada (remontada en español), hecha carne en el electorado y la militancia del PT, comenzaba a tomar forma.

Aunque transcurridas dos horas después del cierre (a las 21), la diferencia de Lula sobre Flavio se extendía de a poquito, esa curva ascendente no permitía cantar victoria en el oficialismo. Todo estaba por definirse. No era decisiva la ventaja en comicios tan parejos, pero sí ya hacía pensar que el pueblo brasileño cambiaría la tendencia histórica y esta vez un perdedor en primera vuelta podía debutar como ganador en la segunda. Lula fue el primero en batir ese récord.

Un balotaje que, en términos futbolísticos, el periodista deportivo Dante Panzeri hubiera definido como “dinámica de lo impensado”.

Un hecho inédito

Cuando a las 17 se cerraron las urnas electrónicas y empezó el conteo, se produjo una distopía electoral. A las denuncias del oficialismo de que en dos grandes ciudades, San Pablo y Salvador de Bahía, había presunción de fraude por entorpecimiento de la votación –sobre todo por escasez de transporte–, siguió la prórroga de dos horas otorgada por el juez Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal (STF), la corte brasileña.

¿Qué había sucedido antes? El máximo responsable de la justicia electoral, Kassio Nunes Marques, un magistrado de vínculo estrecho con el bolsonarismo, había cerrado los comicios como estaba establecido. Pero de manera deliberada, ignoró un dato clave. Durmió por más de tres horas el pedido del presidente Lula para que se extendiera el horario hasta las 19. Entre Nunes Marques y Zanin, que dijo sí a la solicitud, medió una situación que dio paso a la confusión y el escrutinio quedó momentáneamente suspendido hasta que se cumplieran las dos horas.

En el búnker del PT ubicado en el hotel Intercontinental, superpoblado por periodistas de distintas nacionalidades, hubo incertidumbre, preguntas sin respuestas y una vigilia que combinaba especulaciones con información no comprobada sobre la continuidad del proceso electoral. Finalmente, el conteo de los votos se reanudó y el porcentaje del 0,25 por ciento de los sufragios escrutados hasta la interrupción empezó a crecer de nuevo. Con Lula en la delantera, pero el exsenador Bolsonaro muy cerca en las cifras.

El hijo del expresidente pasó al frente minutos antes de las 20 cuando venía abajo por alrededor de dos puntos desde la reanudación del escrutinio. Indicio, al fin, de la paridad de una elección que nunca fue tan reñida en la historia democrática de Brasil. Ni siquiera en 2022, cuando Lula enfrentó y superó a Jair Bolsonaro.

El senador del Partido Liberal (PL) y coordinador de la campaña de Flavio señaló sobre la postergación: “El nivel de intervención de algunos magistrados del Supremo es impresionante”. Se refería a Zanin, que primero había concedido la extensión para Bahía y después para todo el territorio nacional. Desde el PT se argumentaba algo semejante sobre el papel que jugó Nunes Marques, un juez designado por Jair Bolsonaro en 2020 para que controlara la justicia electoral.

El retraso que demoró la votación, inducido por el contrapunto entre dos magistrados, generó zozobra, disparó críticas cruzadas y prolongó la vigilia de un desenlace digno de una novela costumbrista de Jorge Amado. Un epílogo que parecía un partido de fútbol cambiante, donde Lula empezó adelante, lo pasó Bolsonaro y, casi una hora y media después de terminada la prórroga electoral, el presidente había retomado la delantera, como un buen definidor de área. Daba la sensación de que cualquiera pediría “la hora referí”, cuando los porcentajes los favorecían.

Como fuere, se trató de una elección donde el protagonismo lo tuvo la gente común, los seres anónimos del Brasil profundo y marginal, en la amplia geografía de un país multicultural, donde Lula ha sido un personaje omnipresente desde finales de la dictadura. Un político con un recorrido como ganador o perdedor, pero que lo coloca en la historia más grande de nuestra América Latina.

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