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Noticias Iglesia Internacional: 10 al 17 de noviembre de 2025

[Coordinación: Cecilia Tovar | IBC]

La intrahistoria del cónclave en el que se eligió a León XIV, las maniobras que intentaron influenciarlo, las anécdotas del interior de la Capilla Sixtina y la realidad de que Robert Prevost nunca tuvo rivales -ni siquiera Pietro Parolin- se revelan por primera vez en un libro que se publica este miércoles en España. «El último cónclave» (Arpa) cuenta a través de los ojos de los periodistas Elisabetta Piqué y Gerard O’Connell aquellos frenéticos días que comenzaron con la muerte del papa Francisco el 21 de abril hasta la rápida elección del estadounidense Robert Prevost el 8 de mayo, destruyendo la narrativa que apareció en los diarios italianos...

 

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Comentarios bíblicos: Domingo XXXIV durante el año – Lc. 23, 35-43

[Por: Carina Furlotti]

En nuestra vida cotidiana, en nuestros diálogos y relecturas de lo que vivimos, más de una vez nos encontramos esperando que Dios nos salve de tal o cual situación, que intervenga para poner fin a las guerras y conflictos, para arremeter contra aquellos que las provocan, para acabar con el hambre y la pobreza, para curar enfermedades, para resolver las consecuencias del deterioro de la tierra, de los mares, del aire que respiramos.

 

Los contemporáneos de Jesús no fueron ajenos a este modo de entender a Dios y su intervención en la historia humana, reflejado en preguntas como: “¿es ahora que vas a restaurar el reino de Israel?”, esperando que Jesús tome decisiones que terminen con la dominación romana; o también, “¿quieres que hagamos caer fuego del cielo?”, para castigar a los que no reciben la propuesta de la buena noticia. El mismo Jesús experimentó la tentación de un mesianismo triunfador: el de hacer que las piedras se conviertan en panes; el de dejar que la multitud lo coronase rey luego de comer hasta saciarse; el de evitar el sufrimiento que conlleva el amor por las personas en especial por los últimos, en las palabras que Pedro le sugiere ante el anuncio de la pasión; o el de bajarse de la cruz para demostrar que es rey, como le piden quienes lo ven crucificado…

 

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Carta apostólica “In unitate fidei” del Papa León XIV con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea

[Por: Papa León XIV]

El 31 de octubre fue la fecha límite para que los candidatos queden inscritos para participar en elecciones primarias en sus respectivos partidos, tanto para la Presidencia como para el Congreso. Si bien queda por conocer los nombres de un 20% de los mismos, que los partidos pueden “invitar” a participar en sus listas al Congreso, el panorama ya está bastante claro. Por ello, a continuación les presentamos un primer alcance del mismo. Comenzamos con la lista de los 43 partidos habilitados para participar…

 

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Invitación: Reflexiones sociales para preparar el Adviento

[Por: Centro de Gestión del Conocimiento del Celam]

El Celam le invita al seminario web REFLEXIONES SOCIALES PARA PREPARAR EL ADVIENTO.

 

Acompáñenos a mirar la realidad de nuestro continente a través del magisterio social, reflexionando sobre los desafíos y esperanzas que enfrentamos y que nos llaman como Iglesia, Pueblo de Dios, que escucha, discierne, comunica y avanza unido en corresponsabilidad, comunión y misión…

 

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«Erradicar las causas estructurales de la pobreza» – Exhortación del Papa León XIV sobre el amor a los pobres

[Por: Francisco Aquino Júnior | Portal das CEBs]

La exhortación apostólica Dilexi Te (Yo te he amado) de León XIV, «sobre el amor a los pobres», habla del «compromiso con los pobres y con la transformación de las causas estructurales de la pobreza» (DT 2), del «cambio de mentalidades con implicaciones culturales» (DT 3) y de la «atención religiosa privilegiada y prioritaria» para con los pobres (DT 114). Estos son aspectos o dimensiones fundamentales del cuidado de los pobres en la Iglesia: asistencia y promoción, transformación de las estructuras sociales, cambio de mentalidad y atención religiosa.

 

De todas las dimensiones y formas de atención a los pobres, la más exigente y la que encuentra mayor dificultad e incluso oposición dentro de la Iglesia es la “erradicación de las causas sociales y estructurales de la pobreza” (DT 10). La más común es la asistencia social (ayuda inmediata). También existen numerosas obras de promoción (centros de rehabilitación, generación de ingresos, cultura, etc.). Pero cuando se trata de la lucha por la “transformación de la sociedad” (DT 97), las dificultades, la resistencia y la oposición son muchas. Si bien la asistencia social y la promoción son más sencillas y fáciles de llevar a cabo, y generan menos conflictos, e incluso pueden ser realizadas por personas y grupos que defienden y promueven políticas que concentran la riqueza y producen pobreza y miseria, la lucha por la transformación de la sociedad es mucho más difícil y compleja, requiere movilización y organización popular, y se enfrenta a conflictos con grupos y sectores dominantes. No hay que olvidar que muchos grupos dentro de la Iglesia que realizan una admirable labor de asistencia y promoción están vinculados a grupos y proyectos políticos que socavan los derechos humanos y nuestra casa común, destruyen los derechos laborales, promueven políticas que concentran la riqueza y aumentan la pobreza, o los apoyan. 

 

De ahí la importancia y la necesidad de considerar detenidamente esta dimensión del cuidado de los pobres en la Iglesia, que consiste en la lucha por la transformación de la sociedad y la superación de las causas estructurales de la pobreza. Esto exige tanto el reconocimiento de la pobreza como un hecho social, resultado de estructuras sociales injustas, como un compromiso social para transformar estas estructuras que producen pobreza y miseria en el mundo.

 

Es necesario reconocer que la pobreza no es una condición natural, producto del destino, y mucho menos la voluntad de Dios: «Los pobres no son pobres por casualidad ni por un destino ciego y amargo […]. Entre los pobres hay también, obviamente, quienes no quieren trabajar, quizá porque sus antepasados, que trabajaron toda su vida, murieron pobres. Pero hay muchos hombres y mujeres que trabajan de sol a sol, recogiendo cartón, por ejemplo, […] aunque saben que este esfuerzo solo les servirá para sobrevivir y jamás mejorará realmente sus vidas. No podemos decir que la mayoría de los pobres se encuentren en esta situación porque no hayan obtenido “méritos”, según la falsa concepción de la meritocracia, según la cual parece que solo quienes han tenido éxito en la vida poseen mérito» (DT 14). La causa más fundamental de la pobreza es estructural. León XIII habla aquí, con el episcopado latinoamericano, del «pecado social» o de las «estructuras de pecado que crean pobreza y desigualdades extremas» (DT 90-98).

 

Y es necesario afrontar las causas estructurales de la pobreza. Esto exige denunciar la dictadura de una economía que mata y las ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera (DT 92). Requiere un compromiso con la transformación de las estructuras injustas mediante la fuerza del bien, a través del cambio de mentalidades y, también, con la ayuda de la ciencia y la tecnología, mediante el desarrollo de políticas eficaces para la transformación de la sociedad (DT 97). Requiere reconocer que la realidad se comprende mejor desde las periferias y que los pobres son sujetos de una inteligencia particular, indispensable para la Iglesia y para la humanidad (DT 82). Requiere partir de los “lugares, espacios, casas y ciudades donde viven y caminan los pobres” (DT 96), reconocer a los “pobres como sujetos” (DT 99-102) y actuar con movimientos populares (DT 80-81) en la lucha “contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, tierra y vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales” (DT 81).

 

Es importante articular dentro de la Iglesia el servicio de asistencia y promoción junto con la lucha por la transformación de las estructuras sociales. Ciertamente, los carismas son diversos, lo cual es positivo tanto en la Iglesia como en la sociedad. Pero es una contradicción dedicarse al servicio de asistencia y promoción de los pobres y, al mismo tiempo, defender políticas e ideologías que justifican y fomentan la destrucción de los derechos sociales y laborales, los prejuicios y la violencia, la concentración de la riqueza y la destrucción de nuestra casa común. ¡La lucha por la justicia es una dimensión fundamental y un requisito de la fe cristiana!

 

Publicado en: https://portaldascebs.org.br/leao-xiv-sobre-o-amor-aos-pobres/?amp=1

El Congreso sigue resonando…

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[Por: Rosa Ramos]

“No se puede tocar una flor, sin que se estremezca una estrella”

Cuando las coplas las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor ¡eso pasa con esta afirmación!

 

Al regresar de Lima, del IV Congreso Continental de Amerindia, me pareció valioso hacer un collage con varias voces de participantes que regresaron muy motivados y agradecidos. Creo que se logró una hermosa sinfonía, que seguramente sigue sonando en distintos ambientes, pues todos hemos seguido rumiando lo vivido. Así como cuando lanzamos una piedrita al agua, los círculos a su alrededor se ensanchan más y más, el Congreso siguió moviendo aguas y estrellas distantes.

 

Sin embargo, he recibido el pedido e impulso para que hiciera también yo mis ecos. En primer lugar, repetiría lo escrito en el artículo anterior: ¡volvimos con renovada gratitud y esperanza! En cada Congreso de Amerindia sucede esa “magia” de trocar las reales dificultades del mundo, incluso el dolor y mucha impotencia, en porfiada esperanza. Creo que eso sucede porque experimentamos que la Teología nacida en el Continente, de la visión y pluma de Gustavo Gutiérrez, a quien homenajeamos especialmente este año, sigue muy viva y fecunda, sus raíces se ahondan y proliferan las ramas, las flores, los frutos. Y todo ello nos compromete más.

 

Subrayaré algunas notas sobresalientes: las oraciones diarias fueron muy vividas, hermosas, auténticas y fueron in crescendo, como si todos nos hubiésemos puesto de acuerdo. Comenzamos el primer día invitando a sumergirnos en el lema del Congreso, en esos horizontes de esperanza a tejer juntos desde abajo. Desde abajo, con la realidad dolorosa que interpela, pero también con las pequeñas respuestas generosas; recordando de dónde venimos y hacia dónde vamos. Invitando a poner todos nuestros hilos en su diversidad de colores, para tejer juntos una urdimbre nueva, bella, cálida… El segundo día disfrutamos de la oración con los símbolos mayas, con sus telas y velas de diferentes colores, moviéndonos todos hacia los cuatro puntos cardinales, agradeciendo, ofreciendo, invocando. Esa mañana la oración concluyó con baile en el que participamos todos los presentes, muy bien animados, sin duda, por los que la prepararon… El tercer día la oración fue conmovedora hasta las lágrimas ante los datos y el grito: “No es guerra, es genocidio”. Si bien la sangre, el hambre, el dolor inenarrable, que se estaba viviendo en la tierra de Jesús estuvo muy presente siempre, ese día en clima orante el clamor fue muy fuerte, muy valiente. Los símbolos de cada día se iban sumando a un altar improvisado en el suelo, entre los panelistas y el auditorio.

 

Las exposiciones para el ver, juzgar y actuar fueron muchas, diversas, profundas, y asimismo muy desafiantes los testimonios de resistencia de los movimientos desde la base. Podría trazar un arco con las que personalmente más me impactaron desde el planteo de la realidad geopolítica realizado por Alejandro Ortiz, y la “contracara” en breves trazos de Raúl Zibechi, a la magnífica y provocadora lectura de fe realizada por Theresa Denger, pasando por alentadoras ponencias de Eduardo Arens y Francisco Aquino Junior. Pido disculpas por dejar de mencionar muchas valiosas exposiciones, algunas de mucho rigor académico, pero el espacio me permite destacar estas pocas que, repito, me llegaron más por diversas razones.

 

La exposición de Alejandro Ortiz, actual Coordinador de Amerindia Continental, que ha asumido con enorme responsabilidad y dedicación la misión, fue sin duda un abre-fuegos, o una mecha que encendió el fuego. Su apasionada exposición de la cruda realidad, no la que ha de venir, sino que ya es, a nivel geopolítico, nos proporcionó una inmersión brusca en el lodo de la historia, y digo “lodo” a propósito. No fue por catastrofismo, Alejandro es un hombre que apuesta a la vida y le pone el pecho, su propósito -apelando a muchos datos- fue que partiéramos viendo la realidad. Moema Miranda lo siguió y mostró otro rostro durísimo, hablando del colapso ambiental. Siguieron en esa mañana del “ver”, dos exposiciones más optimistas, la de Birgit Weiler sobre la realidad eclesial y los pasos de la sinodalidad, y la de Raúl Zibechi. Este último contó con escaso tiempo, sin embargo, también con mapas y datos, ofreció una pintura impresionista más esperanzadora “desde abajo”, mostrando los logros de pequeñas comunidades, con propuestas diversas, a lo largo del continente y del mundo. Su planteo me recordó el que nos hiciera aquí Mercedes Clara, que en medio de tantas dificultades puso el acento en la construcción comunitaria, en la resistencia de las comunidades.

 

Salteo por razón del espacio disponible otras exposiciones, incluso la de Francisco Aquino, para destacar las del mayor y la de la menor en edades, que compartieron en dos días diferentes un mensaje semejante y muy estimulante. Me refiero a Eduardo Arens y a Theresa Denger. Ambos nos centraron en Jesús, en su Buena Noticia, que es faro luminoso para los cristianos, a fin de reorientar nuestra mirada y nuestro actuar en tiempos complejos. “El Evangelio es la alternativa” afirmó enfáticamente Arens una y otra vez, alternativa a la cultura actual que nos arrastra al egoísmo craso y sin sentido: suicida. Seguir a Jesús de Nazaret y el único mandamiento que predicó: el amor, es la alternativa. Sugiero ver en you tube su ponencia y sus énfasis en el diálogo posterior.

 

Por su parte, el último día, Denger, la joven alemana, que vive en El Salvador, casada con un salvadoreño y madre de tres hijos, fue ella misma -y con su planteo- una epifanía. Con claridad meridiana, con frescura y ternura de mujer, expuso las ideas centrales de su tesis doctoral como “aportes para una espiritualidad de la resistencia”. De su planteo destaco la pregunta más desafiante: “¿Cómo compaginar profetismo martirial con llamado a cuidar la vida?”. Volver al Jesús histórico interpela con su praxis profética -dijo- a resistir desde la marginalidad compartiendo la mesa con los excluidos, pero también a seguir su praxis de cuidador, su desmesura continua de cuidar y curar, asumiendo el riesgo. También pueden ver a Theresa en youtube, y vaya si lo vale.

 

Pero, a riesgo de pasarme en líneas, quiero compartir otros aspectos del Congreso… La cosecha o recogida del día, llevada adelante por los representantes de “Bendita mezcla”, fue cada día diferente, creativa, explorando diversos recursos: un libro en tela, relatos varios, videos, actuación, y canciones, enlazando gravedad con humor… En tanto, se iba tejiendo cada vez con más entusiasmo y audacia el telar que finalmente se ofrendó en la Eucaristía del cierre. Los jóvenes animaban, pero los mayores, que éramos la mayoría, nos uníamos confiados a las propuestas. A mi juicio el punto culminante del tiempo de cosecha fue el final: contemplando “las estrellas de nuestro firmamento”. Nos movimos para mirar las estrellas y pudimos contemplar emocionados y agradecidos el rostro de tantos que nos han precedido, en el quehacer teológico y en la lucha social a favor de la vida, pues ya aprendimos en estas tierras que “la gloria de Dios es que el pobre viva”.

 

Las noches, ese “plus” de cada día. El primero con la obra de teatro sobre el poeta Arguedas y su amistad con Gustavo Gutiérrez, que gustó mucho. La segunda con el recuerdo agradecido al “padre de la Teología de la Liberación”; allí escuchamos largamente a Leonardo Boff que se conectó vía zoom, vimos un video de Jon Sobrino, ya que no pudieron asistir y escuchamos en vivo los ricos testimonios de cuatro amigos de Gustavo: Jesús Cosamalón, Yolanda Díaz, Edmundo Alarcón y Carmen Lora. La tercera y última noche fue la Eucaristía, teniendo presente una gran foto del homenajeado y donde se leyó el Mensaje final del Congreso y la carta a enviar al Papa León. La homilía de Pedro Hughes fue un hermoso reconocimiento hecho con admiración y calidez de amigo. Y acabada la celebración continuamos cantando y tomándonos fotos por grupos. Costaba irse…

 

La yapa, así llamaban los quechuas a la “añadidura” o regalo, fue ir al día siguiente a Rimac y ser acogidos por la tan cálida como humilde comunidad que guarda muy viva la memoria de Gustavo.

 

¿Cómo no destacar la convivencia tan fraterna? El intercambio en los corredores y en los grupos, en las comidas, el regalo en toda ocasión de compartir… En especial los abrazos y el reconocimiento de tantos “amigos amerindios” de distintos países, que nos venimos encontrando y tejiendo lazos a través de muchos años; abrazos que integran también a los ausentes que fueron parte y ya no asisten, por edad, por enfermedad, o porque partieron y nos esperan. Encuentros y convivencia que fueron sin duda “comunión de los santos”, “reino ya presente” aunque no siempre descubierto.

 

En suma, fue todo Gracia, pero al decir casi con humor de Bonhoeffer, ella no es barata y nada hubiera sido posible sin el enorme esfuerzo de Amerindia, de su Comité Coordinador, de las Agencias e Instituciones que apoyaron, y sin lugar a dudas de Rosario Hermano, su “pienso” y su compromiso, también -nada menor- su trabajo de logística antes y durante el Congreso.

 

Esperamos el V Congreso donde seguiremos compartiendo horizontes de esperanza. Entretanto, seguimos en el día a día, desde nuestros lugares, tejiendo la sociedad y la Iglesia que soñamos.

¿Hay razones para creer?

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[Por: Juan José Tamayo]

En una carta que el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer dirigió el 21 de julio de 1944, desde la sección militar de la cárcel de Berlín-Tegel, a su amigo Eberhard Bethge -editor de la obra más emblemática del teólogo alemán, Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde la prisión-, rememora el diálogo mantenido durante su estancia en los Estados Unidos con el joven pastor protestante Jean Naserre.

 

Se preguntaban entonces por lo que quería hacer cada uno con su vida. El joven pastor le dijo que su máxima aspiración consistía en ser santo. Bonhoeffer, contradiciéndole abiertamente, le replicó que él “quería aprender a creer”. A renglón seguido comenta: “’Más tarde comprendí, y aún sigo constatándolo, que solo viviendo plenamente la vida de este mundo es como aprendemos a creer” (subrayado mío).

 

Con esta breve reflexión Bonhoeffer estaba marcando el nuevo camino de la fe y de la experiencia religiosa en un mundo secularizado y “mayor de edad” en el sentido kantiano. Sólo se puede aprender a creer viviendo en el mundo y comprometiéndose solidariamente en su transformación. Tal ha de ser, a mi juicio, la actitud de toda persona creyente -de cualquier religión- que no quiere instalarse en las creencias heredadas, sino que desea vivir su experiencia religiosa de manera adulta y motivada, con una actitud crítica y sin caer en el fanatismo ni en actitudes crédulas.

 

Hoy la fe no es algo obvio ni evidente. Quizá no lo haya sido nunca, ni lo será en el futuro. La in-evidencia y la no-obviedad son constitutivas de la experiencia religiosa. A su vez, como recuerda el teólogo italiano Franco Ardusso, “el creyente no puede creer a la ligera, ya que es un sujeto humano dotado de exigencias de honestidad intelectual y de rectitud moral respecto a los actos que realiza”. Honestidad y rectitud que le prohíben llevar a cabo cualquier acto de suicidio de la propia inteligencia, como sería la consideración de la fe como un salto en el vacío en contra o fuera de la razón. Precisamente por eso es necesario dar razones de la fe como actitud y opción de vida.

 

Ahora bien, ¿cuáles son esas razones? Veamos algunos de los modelos propuestos en la historia de la reflexión cristiana. Uno es el de la vía negativa, que puede resumirse en la pregunta “¿creer, por qué no?”, o en el prudente “quizá sea verdad”. No excluye que la ciencia y la razón puedan iluminar un buen trecho en el itinerario de la fe, pero reconoce, al mismo tiempo, que ninguna de las dos son capaces de guiar hacia la meta de ese itinerario. La persona creyente adopta una actitud de disponibilidad, acogida y apertura hacia el misterio de Dios que se manifiesta de múltiples formas y por múltiples caminos. Es el modelo de los místicos que experimentan a Dios como el innominado e indefinible y llegan a hablar de la “nada de Dios”, como hace el maestro Eckhardt y del “vacío” como manera de experimentar a Dios porque el “vacío”, el amor y Dios son equivalentes.

 

Otro modelo es el del testigo autorizado, al que ha recurrido la apologética tradicional. Fundamenta el acto de fe en los milagros y la resurrección de Cristo. Ambos fenómenos se consideran históricos y empíricamente verificables y se presentan como signos del poder divino sobre la naturaleza que eliminan toda sombra de duda en torno a la credibilidad de la Revelación. Este modelo se mueve dentro de una concepción mítica de la fe cristiana y se muestra incapaz de dialogar con el mundo de la increencia. Apenas tiene seguidores en la teología actual, fuera de los círculos fundamentalistas. Sobre todo, después de la aplicación del método de desmitologización, por parte de Bultmann, de los textos del Nuevo Testamento.

 

El tercer modelo es el antropológico, que busca -y cree encontrar- las razones de la fe en el interior del ser humano: “Dios en el fondo del ser”, al decir de Paul Tillich. La revelación no aparece como algo externo o superior a la persona, sino que sintoniza con las más profundas aspiraciones humanas y responde a las preguntas más acuciantes sobre el sentido. Es el modelo seguido por las teólogas y los teólogos sensibles al giro antropológico de la modernidad.

 

La teología política sitúa las razones de la fe no en el horizonte de la razón científico-instrumental o técnica, sin sujeto ni historia, ni en el de la razón pura, que ni siente ni padece, sino en el de la razón práctica en su dimensión pública y subversiva, que cuestiona la sociedad burguesa y se traduce en solidaridad con las víctimas. La persona creyente acredita la verdad de la fe a través de una praxis histórica transformadora. Es un modelo ampliamente compartido por la teología política,  de Johann Baptist Metz, y la teología de la esperanza, de Jürgen Moltmann, y respetado en buena medida por la teoría crítica de la sociedad.

 

A la familia de la teología política pertenecen las teologías de la liberación -aunque con diferencias propias de toda familia-, que buscan las razones de la fe no en los dogmas del cristianismo, sino en la opción por los marginados y excluidos. Opción que es vivida en el encuentro con el Dios de los pobres y expresada a través de la praxis de liberación. Se trata de dar razón de la fe en el Dios de la vida frente a los ídolos de muerte y de hacer creíble a Jesús de Nazaret como liberador en un mundo de opresión creciente. La opción por las personas más vulnerables, los colectivos empobrecidos y los pueblos oprimidos es una verdad teológica y cristológica y el imperativo ético irrenunciable. Este es el modelo las diferentes teologías de la liberación del Sur Global (latinoamericana, asiática, africana, etc.) y de los movimientos cristianos proféticos.

 

La teología feminista propone un nuevo paradigma en lo referente a las razones de la fe. Para ella, la imagen de Dios Todopoderoso y Justiciero, Impasible e Inmutable, es una proyección androcéntrica creada por la teología y la teodicea patriarcales para legitimar el poder-dominio de los varones sobre las mujeres y sobre la naturaleza (también sobre Dios). Esta teología rechaza las razones ‘kiriárquicas’ de la fe, que convierten a Dios en varón y a éste en Dios, conforme a la afirmación de Mary Daly: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. Como alternativa propone la vía de la razón compasiva que, desde la subjetividad de la mujer, considera a Dios sensible a las discriminaciones de género y solidario con quienes sufren todo tipo de marginación.

 

Pero el problema de la fe no se dirime solo en el terreno de las razones, cualesquiera que estas sean. En la fe, como en toda experiencia humana, hay también una “lógica del corazón”, que es complementaria de la lógica de la razón. “El corazón -decía Pascal- tiene razones que la razón no entiende”. No se trata de poner en conflicto ambas lógicas, sino de compaginarlas para no incurrir ni en un fideísmo crédulo ni en un racionalismo frío.

 

En la fe hay, además, una voluntad de creer, como ha señalado Norberto Bobbio: “Siempre he sentido un gran respeto por los creyentes, pero no soy un hombre de fe. La fe, cuando no es un don, es un hábito; cuando no es un don ni un hábito, es el resultado de una fuerte voluntad de creer”. En definitiva, en la base de las razones de la fe se encuentra una experiencia, y en el fondo de ella late la cuestión del sentido de la existencia. Y eso merece respeto.

 

Ahora bien, si la fe tiene sus razones, también las tiene -y no menos sólidas- la increencia, y el creyente ha de tomarlas en serio, respetarlas y entrar en diálogo con ellas, en vez de condenarlas, como hacía la apologética tradicional hoy renacida de sus cenizas, o revestirlas de ‘creencia implícita”, como hicieron -equivocadamente, a mi juicio- los defensores del “cristianismo anónimo”. Coincido a este respecto con Jean Lacroix cuando afirma: “Una cierta apologética insistía en los últimos tiempos tal vez excesivamente sobre la fe implícita del ateo y pretendía establecer que el ateo confiesa a pesar de todo a Dios, contra sus propias afirmaciones. Hoy, por el contrario, se debería hablar de la incredulidad del creyente” (subrayado mío). Efectivamente, la increencia concierne también, y de manera directa, a los propios creyentes. La fe se siente permanentemente amenazada no solo ni de forma prioritaria por los embates que le vienen de fuera, ni siquiera por el ateísmo, el agnosticismo o la indiferencia religiosa, sino por su propia naturaleza. En la persona creyente hay una inclinación existencial hacia la incredulidad por el carácter oscuro e inobjetivable de la fe. Fe e incredulidad conviven juntas en los creyentes, como demuestran los místicos que, según confesión propia, vivieron su experiencia religiosa en medio de las noches oscuras del alma.

Síntesis diocesana de la iluminación de las prioridades

[Por: Diócesis de Ciudad Guzmán]

En el proceso de elaboración del 5° Plan Diocesano de Pastoral, primero hicimos la devolución de la evaluación del 4° Plan, luego estudiamos el marco teó-rico, en seguida actualizamos el diagnóstico de la realidad, después de-tectamos los problemas estratégicos y, a partir de estos, aclaramos las prio-ridades. Ahora nos encontramos en el paso de la iluminación o reflexión de fe sobre las seis prioridades diocesanas…

 

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La Iglesia en la COP30 alza su voz profética para saldar la deuda ecológica y promover una transición justa

[Por: José Luis Palacios | Noticias Obreras]

La Iglesia, en su inequívoco compromiso con la justicia climática en la cumbre del clima (COP30) de Belém, abandera el abandono de los combustibles fósiles y la equidad de una transición que debe incorporar las voces y la mirada de las poblaciones vulnerables.

 

El director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal de España y experto en climatología, Eduardo Agosta, participante en la COP30, tiene claras los puntos que marcarán el éxito o el fracaso de las negociaciones que esta semana entran en su recta final.

 

En primer lugar, para la Iglesia es fundamental avanzar en “la financiación para la adaptación y la transición ecológica necesaria”. “No podemos negociar la transición sin abordar la ‘deuda ecológica’ que las naciones enriquecidas por emisiones históricas deben a los más vulnerables”, explica Agosta, para quien “la solidaridad es obligatoria. El grito de la tierra es inseparable del grito de los pobres”, más aún cuando “los primeros en sufrir son quienes menos han contribuido: los pobres, los pueblos indígenas y los jóvenes”.

 

Igualmente, reclama Agosta “el fin a la era de los combustibles fósiles”, para lo que se requieren formas vinculantes de transición energética que sean eficientes, obligatorias y monitoreables, con un calendario global para la eliminación del carbón, el petróleo y el gas.

 

En este sentido, defiende un acordar ya trazar un calendario, una hoja de ruta, para abandonar el uso de los combustibles fósiles, algo factible en su opinión en esta cumbre, dado que la presidencia Brasil lo viene negociando y varios países, como Reino Unido y Colombia se han mostrado a favor.

 

Denuncia del paradigma tecnocrático

 

No obstante, considera un gran paso, que esta cumbre pudiera nombrar el problema de fondo que no es otro que el “paradigma tecnocrático”, que busca la dominación y el máximo beneficio, tratando a la naturaleza y a la humanidad como objetos desechables.

 

Agosta espera que el documento final de la cumbre reconozca la existencia de “soluciones falsas”, como los mercados de carbono y la fe ciega en la captura de carbono y la geoingeniería climática, que en el fondo siguen ancladas en el paradigma tecnocrático.

 

Además, el religioso carmelita remarca la importancia de la iniciativa de Brasil del Balance Ético Global (Global Ethical Stocktake) como una expresión de la “ecología integral”, que persigue, no solo cuantificar los avances, sino promover la responsabilidad moral y social de los Estados, empresas y ciudadanos, con vistas a fortalecer la coherencia ética.

 

La Iglesia viene defendiendo la “conversión ecológica radical”, una especie de revolución cultural y económica que abandone la fe ciega en la tecnología y adopte una economía centrada en la vida humana, no en el mero beneficio, guiada por la lógica del cuidado.

 

En Belém la voz de la Iglesia se ha dejado sentir con fuerza. A través de la delegación oficial de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, “con una agenda muy activa en reuniones temáticas”, precisa Agosta, pero también como Pueblo de Dios dentro del espacio para la sociedad civil.

 

“Es la primera vez que la Iglesia Pueblo de Dios ha tenido tiene este espacio dentro de la COP” y también “la vez que con una representación eclesial a través de sus máximas autoridades territoriales tan extensas”, señala Agosta.

 

La plataforma “La Iglesia en la COP30” creada para acoger expertos e integrantes de las comunidades de América Latina y el Caribe, África, y Asia ha podido organizar y participar en eventos de la “”Blue Zone“” dentro de la sede de la COP30 y en la “Green Zone” (fuera de ella), por los que han pasado nueve cardenales y más de 50 obispos.

 

Los cardenales Jaime Spengler (Latinoamérica y El Caribe), Felipe Neri Ferrão (Asia) y Fridolin Ambongo (África) han podido entregar personalmente el Documento de la Iglesia en el Sur Global en camino a la COP 30, “Un llamado por la justicia climática y la casa común” a los delegados nacionales que negociarán los compromisos finales.

 

La política escucha la religión

 

El propio jefe del gabinete de la Conferencia de las Partes (COP), Gustau Mañez Gomis, ha felicitado a los cardenales y demás actores católicos presentes al decir que “cuando la religión habla, la política escucha”, sin olvidarse de reconocer el “liderazgo moral de los últimos años” tanto del papa Francisco y como del actual papa León.

 

Desde luego, el vídeo mensaje del santo padre ha sido un broche de oro a la presencia cristiana en la cumbre climática y un gran respaldo a la voz profética de los cardenales presentes allí. En su declaración, el Papa reforzó la demanda de acciones concretas, no solo aspiraciones y buenas intenciones; recordó que hay tiempo de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, antes de que la ventana de oportunidades se cierre.

 

El Acuerdo de París, recordó, ha sido una gran herramienta, pero no es suficiente si no va acompañado con acciones concretas para proteger a la gente y el planeta. Más allá de los pactos, insistió lo que está fallando es la voluntad política de algunos.

 

La transición justa que defiende y propone la Iglesia en este tiempo requiere una auténtica revolución energética que financie de manera masiva las renovables y las comunidades energéticas para erradicar la pobreza energética, pero sin caer en un nuevo extractivismo que repita la lógica del saqueo.

 

De ahí que haya que contar muy especialmente con la sabiduría de los pueblos indígenas, recordando que «todo está conectado» y que no se puede salvar el clima sacrificando la tierra y sus gentes, para hacer frente a la demanda de minerales para la tecnología verde.

 

Además, esta transición debe ser financiada con justicia: el Fondo de Pérdidas y Daños y el Objetivo Colectivo Cualificado representan actos de restitución y reconocimiento de la “deuda ecológica”, y los recursos han de llegar directamente a las comunidades más afectadas.

 

Publicado en: https://noticiasobreras.es/2025/11/la-iglesia-en-la-cop30-alza-su-voz-profetica-para-saldar-la-deuda-ecologica-y-promover-una-transicion-justa/

Hermana Irene Lopes en la COP 30: “La voz de la Amazonía no puede quedar fuera de las decisiones globales”

[Por: Luz Marina Medina | ADN Celam]

En una entrevista ofrecida a Vatican News durante la COP 30 en Belém do Pará, la hermana Irene Lopes, secretaria ejecutiva de la Red Eclesial Panamazónica (Repam-Brasil) y asesora de la Comisión Episcopal para la Amazonía, habló de los principales avances, desafíos y compromisos que la Iglesia asume en la protección del bioma amazónico y de sus pueblos.

 

Con una trayectoria de más de una década, la religiosa asegura que la Repam reafirma su compromiso a los territorios y su tarea de visibilizar los clamores de la región ante las nuevas amenazas que enfrentan sus comunidades.

 

Nacida del impulso de pastores como monseñor Cláudio Hummes y monseñor Erwin Kräutler, la Repam ha buscado traducir el llamado del Papa Francisco en acciones que promuevan el cuidado de la Casa Común y la participación activa de las comunidades. Para la religiosa, este recorrido de la COP 30 vuelve a manifestarse como una opción pastoral y ecológica sólida.

Una presencia que nace de los territorios

 

La religiosa enfatizó que la participación de la Repam en la cumbre no es circunstancial, sino de un camino de más de diez años acompañando a comunidades amazónicas. Explicó que cuidar la Casa Común significa priorizar a las personas y entender que la protección del bioma pasa necesariamente por la defensa de sus pueblos.

 

Durante su entrevista, la hermana Irene destacó el protagonismo de religiosos, laicos y jóvenes, afirmando que la vitalidad de la Iglesia amazónica depende en gran medida de ellos. Explicó que su presencia sostiene numerosas iniciativas territoriales. Agregó que, los testimonios presentados en la COP 30 reflejan que, en medio de amenazas y desplazamientos, la Iglesia continúa siendo un lugar de cercanía, escucha y consuelo.

 

Los pueblos indígenas: voz que debe ser escuchada

 

La hermana Irene dedicó buena parte de la entrevista a la grave situación de los pueblos originarios, advirtió que las comunidades siguen siendo las más expuestas al avance del agronegocio, los megaproyectos y la violencia en los territorios. Señaló que, día tras día, se reportan nuevos casos de despojo y asesinatos, mientras los defensores de la selva permanecen en extrema vulnerabilidad.

 

En este sentido, Lopes destacó que la Repam ha asumido un fuerte compromiso de incidencia, elevando estas denuncias ante las autoridades nacionales. Comentó que el escenario político actual ha facilitado un diálogo más cercano con las instituciones que gestionan las políticas ambientales y sociales. Subrayó que la Iglesia «es escuchada», y esa oportunidad es aprovechada para amplificar la voz de los pueblos amazónicos.

 

Igualmente, recalcó que el gran desafío es garantizar que las comunidades hablen por sí mismas sobre lo que viven y necesitan. Para ello, la Iglesia debe velar por que existan ámbitos —internacionales y locales— donde los pueblos puedan expresarse directamente y sin intermediaciones.

 

Mujeres amazónicas: columna vertebral de la Iglesia

 

La religiosa destacó la importante contribución de las mujeres en la vida eclesial amazónica, señalando que numerosas comunidades se sostienen gracias a su liderazgo firme y discreto. Indicó que, con el respaldo del Papa Francisco, se han abierto nuevos caminos para visibilizar su voz y fortalecer su aporte pastoral y académico.

 

Evocó con gratitud su participación como auditora en el Sínodo para la Amazonía y destacó que su legado sigue vivo. Igualmente, habló del proceso pos-sinodal asegurando que en diversas diócesis y territorios avanzan los programas y proyectos para implementar la conversión pastoral, ecológica y sinodal propuesta por la Asamblea.

 

Con su presencia en la COP 30, la Repam renueva su compromiso de articular a los territorios amazónicos con la Iglesia y la comunidad internacional, asegurando que la voz de quienes defienden y protegen el bioma siga resonando ante el mundo.

 

Publicado en: https://adn.celam.org/hermana-irene-en-la-cop-30-la-voz-de-la-amazonia-no-puede-quedar-fuera-de-las-decisiones-globales/