Inicio Blog Página 166

Día Internacional de la Solidaridad Humana

[Por: Leandro Sequeiros]

 

Cada 20 de diciembre celebramos el Día Internacional de la Solidaridad Humana, una fecha que nos recuerda el poder que tiene la unión y el apoyo mutuo para hacer un mundo mejor. Se trata de una fecha oficial promulgada por la Asamblea General de la ONU en 2005 a través de una resolución oficial…

 

Descargue el artículo.

Desafío Virtual No. 302: Gänswein pidió perdón a Francisco antes de su muerte

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

El arzobispo alemán Georg Gänswein, quien fue secretario personal de Benedicto XVI y prefecto de la Casa Pontificia, ha pasado este fin de semana en el Vaticano. El ahora nuncio apostólico en Lituania, Letonia y Estonia fue recibido por la mañana en audiencia privada por el Papa León XIV. Una cita que tuvo lugar tan solo unos días después de que el alemán pidiera a través del canal de televisión K-TV que se iniciara el proceso de beatificación de Benedicto XVI…

 

Descargue el boletín.

 

Desafío Virtual No. 303: ¿Por qué es importante la arqueología cristiana? Papa León XIV da estas respuestas

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

Los profesores y estudiantes del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana fueron recibidos en una audiencia especial por el Papa León XIV, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, en ocasión del centenario de la fundación de ese Instituto. Dado que ese mismo día se hizo pública una Carta Apostólica sobre la importancia de la arqueología cristiana, el Papa León XIV sólo quiso ofrecer algunas precisiones…

 

Descargue el boletín.

Desafío Virtual No. 305: El Papa en Castel Gandolfo: ¡Hagamos más para proclamar la paz, el amor y la unidad!

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

León XIV ha participado esta tarde, 16 de diciembre, en el concierto navideño de los alumnos de la Escuela Pontificia Pablo VI y, al finalizar, ha dirigido un saludo improvisado a todos los participantes. «Dios ha querido comunicarnos a todos el don del amor: esto es la Navidad», ha dicho, exhortando a ver la presencia de Dios sobre todo en los más pequeños…

 

Descargue el boletín.

Desafío Virtual No. 306: El rector mayor de los salesianos reflexiona sobre la juventud y la misión

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

 

En una reciente entrevista para el programa Poliedro, el padre Fabio Attard SDB, rector mayor de los Salesianos de Don Bosco, compartió sus impresiones tras su visita a la Argentina y reflexionó sobre el vínculo histórico del país con los orígenes misioneros de la congregación…

 

Descargue el boletín.

 

Desafío Virtual No. 307: El Papa nombró a Ronald Hicks nuevo arzobispo de Nueva York

[Compilador: Oscar Lobo i Oconitrillo]

Nacido en Chicago, hasta ahora obispo de la diócesis de Joliet en Illinois, sucede al cardenal Timothy Dolan. La arquidiócesis de Nueva York tiene un nuevo pastor: monseñor Ronald A. Hicks, hasta ahora obispo de la diócesis de Joliet, en Illinois (Estados Unidos). El Papa lo ha nombrado hoy, 18 de diciembre, tras aceptar la renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis metropolitana presentada por el cardenal Timothy M. Dolan…

 

Descargue el boletín.

Calendario Año 2026 para la paz y la solidaridad

[Por: Leandro Sequeiros]

El Calendario Año 2026 para la paz y la solidaridad incluye la celebración de algunos centenarios y decenios…

 

Descargue el calendario.

Entre la fe y el poder: el dilema del Vaticano ante la dictadura Ortega-Murillo

[Por: Pedro Lanzas]

Análisis desde Roma sobre el papel y el enfoque del papa León XIV ante la persecución sistemática del régimen Ortega‑Murillo contra la Iglesia católica en Nicaragua

 

La insurrección de la conciencia crítica, manifestada en las marchas multitudinarias de 2018, y la brutal represión del régimen contra una población indefensa desembocaron en masacres perpetradas por la Policía al servicio de la dictadura familiar Ortega‑Murillo. Estos hechos no solo marcaron un punto de inflexión en la historia reciente del país, sino que despertaron una profunda toma de conciencia en agentes de pastoral, sacerdotes, obispos y laicos comprometidos con la misión de la Iglesia.

 

Ese cambio se expresó, en primer lugar, en la apertura de los templos para acoger a ciudadanos perseguidos y amenazados por las fuerzas represivas, y, en segundo lugar, en el progresivo distanciamiento —y en muchos casos la ruptura— de las relaciones previamente armónicas entre el clero y el gobierno. Dicha armonía había sido promovida durante años por los líderes del poder sandinista. A partir de entonces, la Iglesia comenzó a abordar de manera explícita en sus predicaciones temas como la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión y el derecho a la manifestación pacífica, convergiendo así con las demandas de los manifestantes.

 

Esta postura provocó una reacción airada de la pareja presidencial, traducida en ataques verbales contra la Iglesia católica, persecución directa a sus líderes más visibles y un asedio sistemático a la comunidad católica en general. Lejos de atenuarse, esta estrategia represiva se ha intensificado de manera sostenida a lo largo de los últimos siete años.

 

Un análisis de los discursos presidenciales permite identificar con claridad el pensamiento que el régimen pretende imponer a la sociedad. Tanto Daniel Ortega como Rosario Murillo han manifestado una oposición frontal a la presencia y al liderazgo de la Iglesia católica, especialmente en sus figuras más representativas: el Papa, los cardenales y los obispos, y, en un nivel inferior, sacerdotes y laicos comprometidos con la pastoral.

 

El régimen justifica esta oposición afirmando que la Santa Sede, como representante de la Iglesia universal, ha legitimado históricamente el poder imperial, en particular durante la conquista y dominación española, imponiendo —bajo el pretexto de la evangelización— un dominio ideológico que difundió la cultura occidental cristiana en detrimento de las cosmovisiones, tradiciones y manifestaciones culturales de los pueblos originarios. Según esta narrativa, dicha imposición cultural fue avasalladora y marginó sistemáticamente a las identidades indígenas; por ello, sostienen, debe ser superada y erradicada.

 

Desde esta lógica, la pareja Ortega‑Murillo promueve dos estrategias complementarias. La primera consiste en controlar el liderazgo de la Iglesia católica —desde el Papa hasta los obispos y sacerdotes—, sometiéndolo a los principios ideológicos del régimen o neutralizando a quienes se resisten.

La Iglesia, especialmente desde la renovación conciliar de hace más de sesenta años, ha promovido a través de su pastoral social la defensa de los derechos humanos, el Estado social de derecho y la democracia. Estos principios, identificados por el régimen con la cultura política de Occidente —Estados Unidos y Europa—, son percibidos como una amenaza. En coherencia con la ruptura de relaciones con organismos que encarnan esos valores, como la OEA, el régimen considera al Vaticano como una institución clave en la difusión de una cultura que cuestiona su modelo autoritario.

 

En consecuencia, Managua intenta negociar con la Santa Sede acuerdos que le permitan avanzar hacia una suerte de “independencia religiosa”, proponiendo el nombramiento de obispos afines a su ideología y la promoción de sacerdotes cercanos al régimen, con el objetivo último de controlar el pensamiento y el liderazgo eclesial y, a través de ello, impulsar una transformación cultural subordinada al poder político.

 

El régimen ya ha dado pasos concretos en esta dirección. Ha prohibido las manifestaciones religiosas fuera de los templos —como las procesiones de La Purísima o de San Jerónimo en Masaya— salvo cuando están coordinadas por agentes gubernamentales, como ocurre con Santo Domingo en Managua o La Merced en León. Paralelamente, mientras restringe las expresiones públicas de fe en las parroquias, promueve altares y celebraciones organizadas por instituciones del Estado, ampliamente difundidas por los medios oficiales.

 

La Santa Sede enfrenta así una decisión incómoda y riesgosa: reabrir relaciones diplomáticas con una dictadura que ha perseguido sistemáticamente a la Iglesia o mantener un silencio crítico que acompañe prudentemente a un clero perseguido y diezmado. El Vaticano, con una larga tradición diplomática, ha optado hasta ahora por una estrategia de cautela, encabezada por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado. Esta línea ha impuesto un silencio casi absoluto a obispos y sacerdotes en el exilio, no solo por temor a represalias contra quienes permanecen en el país o contra sus familias, sino como parte de una táctica orientada a reabrir la nunciatura apostólica cerrada en 2022 y restablecer canales de diálogo.

 

Sin embargo, el régimen parece aspirar a algo más profundo: la conformación de una iglesia nacional subordinada al poder político, desvinculada del liderazgo del Papa y de la tradición universal de la Iglesia, para así controlar su pensamiento y neutralizar su influencia cultural.

 

La segunda gran estrategia del régimen es la instrumentalización de la religiosidad popular. Conviene distinguir entre la piedad católica —centrada en prácticas como el rezo del rosario— y la religiosidad popular, en la que se expresa un fuerte sincretismo entre tradiciones indígenas y elementos del catolicismo. Celebraciones como la de Santo Domingo en Managua, con profundas raíces prehispánicas, ilustran esta dinámica, donde predominan expresiones culturales y rituales ajenos a la devoción católica propiamente dicha.

 

Rosario Murillo, además, exhibe una visión marcadamente esotérica de la religión. Los llamados “árboles de la vida” y otras expresiones simbólicas promovidas por el régimen reflejan esta cosmovisión, que busca rescatar y resignificar elementos culturales ancestrales para construir una identidad nacional alternativa a la herencia colonial y cristiana occidental. Para ello, el régimen ha intentado cooptar fiestas patronales y cofradías tradicionales, infiltrando en ellas cuadros sandinistas y desplazando progresivamente el papel del clero.

 

Finalmente, otra práctica recurrente ha sido la cooptación económica de sacerdotes y obispos, mediante el ofrecimiento de recursos para actividades pastorales o incluso para uso personal. Esta estrategia ha generado divisiones internas y ha forzado al exilio a quienes se negaron a someter su ministerio a intereses materiales.

 

Ante este escenario, el dilema del Vaticano persiste: pactar con un régimen que busca someter la fe al poder político o esperar —con una paciencia casi monástica— a que el agotamiento biológico y político de un dictador octogenario abra, finalmente, una posibilidad real de cambio para Nicaragua.

Voces de Emaús: El encuentro de León XIV con los Movimientos Populares

[Por: Francisco Aquino Júnior]

El Papa Francisco enfatizó con fuerza la importancia de los movimientos populares, tanto para comprender la realidad como para transformarla. Se refirió a ellos como “poetas sociales” que, con valentía y creatividad, construyen formas de vida alternativas, revitalizan la democracia y proclaman la esperanza de un mundo nuevo. Destacó la importancia de la colaboración de la Iglesia con ellos en la construcción de alternativas para las clases trabajadoras y en la lucha por superar las causas estructurales de la pobreza. Participó con ellos en cinco encuentros mundiales: 2014, 2015, 2016, 2021 y 2024. Los discursos pronunciados en estos encuentros (disponibles en la página web del Vaticano ) constituyen una de las contribuciones más inéditas e importantes a su doctrina social. Él mismo incluso se refirió al discurso pronunciado en el segundo encuentro como una “miniencíclica”.

 

Continuando el camino iniciado por Francisco, León XIV se reunió con movimientos populares por primera vez el 23 de octubre. En su discurso en este encuentro, relacionando la elección del nombre de León XIV con la encíclica Rerum Novarum de León XIII , reflexionó sobre las “cosas nuevas” de nuestro tiempo desde las “periferias”.

 

1) Comienza invitándonos a ver las novedades de la periferia. Habla específicamente de la lucha por la tierra, el techo y el trabajo. Desde la perspectiva de los centros de poder, esto no es algo nuevo, pero desde la perspectiva de las periferias, es algo tan actual que merece un capítulo entero en el pensamiento social cristiano sobre los excluidos en el mundo actual. León XIV destaca aquí el compromiso de los movimientos populares que no se limitan a protestar, sino que buscan soluciones. Dice que la Iglesia debe estar con ellos, siendo una Iglesia pobre para los pobres, una Iglesia que extiende la mano, una Iglesia que se arriesga, una Iglesia valiente, profética y alegre. Y que “las comunidades marginadas deben involucrarse en un compromiso colectivo y solidario para revertir las tendencias deshumanizadoras de las injusticias sociales y promover el desarrollo humano integral”, porque “mientras no se resuelvan los problemas de los pobres , rechazando la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera y atendiendo las causas estructurales de la desigualdad, no se encontrará solución a los problemas del mundo”.

 

2) Llama la atención sobre antiguas injusticias en el nuevo mundo. Vivimos en un mundo cada vez más globalizado y en una era de auténtica revolución tecnológica. Sin embargo, esta «aún no ha podido abordar eficazmente los desafíos de la pobreza y, por lo tanto, no ha logrado revertir la dramática exclusión de millones de personas que siguen marginadas. Este es un punto central en el debate sobre las cosas nuevas». Es otra forma de ver el mundo: desde abajo. Es interesante notar que, cuando León XIII escribió la Rerum Novarum a finales del siglo XIX, «no se centró en la tecnología industrial ni en las nuevas fuentes de energía, sino en la difícil situación de los trabajadores. Aquí reside la fuerza evangélica de su mensaje: el enfoque principal se centró en la difícil situación de los pobres y oprimidos de aquella época». En el mundo actual, «la exclusión es el nuevo rostro de la justicia social». Es a la vez una «novedad» y una «paradoja» de nuestro tiempo: «la falta de tierra, alimento, vivienda y trabajo digno coexiste con el acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por doquier a través de los mercados globalizados».

 

3) Habla del impacto de los “nuevos desarrollos” en los excluidos. En lugar de describir “los ‘nuevos desarrollos’ producidos por los centros de desarrollo tecnológico “, León XIV llama la atención sobre su “impacto” en “los principales ámbitos de la vida: salud, educación, trabajo, transporte, urbanización, comunicación, seguridad, defensa, etc.”. Se trata de impactos que son “positivos para algunos países y sectores sociales”, pero que causan “daños colaterales” a otros países y sectores sociales. Consideremos, por ejemplo, la “crisis climática”, la propagación de “estilos de vida” basados en el “consumo desenfrenado y un éxito económico totalmente inalcanzable”, la “adicción a los juegos de azar digitales”, la “industria farmacéutica” y sus campañas publicitarias vinculadas a una “especie de culto al bienestar físico”, el “desarrollo de nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones” que “depende de minerales que a menudo se encuentran en el subsuelo de los países pobres” (coltán, litio), el “problema de seguridad” y el “maltrato a los migrantes vulnerables”. Todo esto demuestra la “ambivalencia” del progreso tecnológico en curso.

 

4) Y destaca la justa lucha de los movimientos populares. Estos se enfrentan a estas nuevas formas de deshumanización, dando testimonio de que quienes lo necesitan son nuestro prójimo. Esto los convierte en defensores de la humanidad, testigos de la justicia, poetas de la solidaridad. En un contexto de crisis de los sindicatos y los sistemas de seguridad social típicos del siglo XX, estos movimientos están llamados urgentemente a llenar este vacío, iniciando procesos de justicia y solidaridad que se extiendan a toda la sociedad. Y, así como la Iglesia acompañó la formación de sindicatos en el pasado, debemos acompañar a los movimientos populares. Esto significa acompañar a la humanidad, caminando juntos en el respeto mutuo por la dignidad humana y en el deseo común de justicia, amor y paz. León XIV reafirma el apoyo de la Iglesia a las justas luchas por la tierra, la vivienda y el trabajo, enfatizando que los caminos justos comienzan en la base y en la periferia e implorando a los movimientos populares la valentía de una profecía evangélica, la perseverancia en la lucha, la esperanza en sus corazones y la creatividad poética.

 

Este encuentro entre León XIV y los movimientos populares tiene gran importancia eclesial y social: 1) confirma el compromiso de la Iglesia con los pobres y la justicia socioambiental ; 2) reafirma que este compromiso proviene de “abajo”, de las “periferias”, junto con los movimientos populares ; 3) impulsa el desarrollo de este capítulo de la doctrina social, que es la relación de la Iglesia con los movimientos populares; 4) indica un rasgo fundamental de su visión de las “novedades” de nuestro tiempo: así como León XIII centró su atención en la “difícil situación de los trabajadores” en el contexto de la revolución industrial, León XIV centra aquí su atención en la “exclusión”, que es el “nuevo rostro de la injusticia social” en el contexto de la nueva revolución tecnológica . Y ahí reside la “fuerza evangélica” del mensaje de ambos: centrar la atención en la situación de los pobres y marginados de ayer y de hoy.

 

Publicado en: https://www.ihu.unisinos.br/categorias/661074-vozes-de-emaus-encontro-de-leao-xiv-com-os-movimentos-populares-artigo-de-francisco-de-aquino-junior

El ministerio como gracia compartida: una lectura liberadora del sacerdocio

[Por: Rosario Hermano]

Celebrar cuarenta años de ordenación sacerdotal no es, desde una perspectiva evangélica y liberadora, un acto de autocelebración ni de exaltación individual. Es, ante todo, un acto profundamente comunitario. Así lo expresó con claridad  Javier Galdona en la eucaristía del domingo pasado que sirve de base a esta reflexión: no se dice “doy gracias”, sino “demos gracias”, porque el sacerdocio no pertenece al sacerdote, sino al pueblo al que es enviado. 

 

Esta afirmación, aparentemente sencilla, cuestiona de raíz toda comprensión clericalista del ministerio ordenado. El sacerdocio no existe en abstracto; existen sacerdotes concretos, con historia, límites, condicionamientos y relaciones. Y, en consecuencia, el ministerio puede convertirse en una gracia o en una desgracia para las comunidades. Esta lucidez no es solo espiritual; es profundamente política y teológica: reconoce que el ejercicio del poder religioso tiene efectos reales sobre la vida de las personas, especialmente de las más vulnerables.

 

El sacerdocio no es para sí: opción por la comunidad

 

Toda vocación cristiana se verifica en su servicio histórico a los demás. El testimonio que emerge de la homilía se sitúa claramente en esta clave: no hay sacerdocio sin comunidad, no hay identidad ministerial fuera del vínculo con la gente concreta, con sus nombres, conflictos y esperanzas. En una isla desierta, nos dice Javier, no sería sacerdote, sino simplemente una persona más.

 

Esta afirmación conecta con una eclesiología de comunión y de pueblo de Dios, donde el ministerio ordenado no se comprende como un estatus sagrado separado, sino como una función relacional. La ordenación no consagra a alguien “por encima”, sino que lo inserta más profundamente en la historia de un pueblo, con la tarea específica de acompañar, animar y servir.

 

La vocación como proceso histórico y no como esencia fija

 

Otro aporte central de su exposición es la comprensión de la vocación como construcción constante. No hay un “sacerdote ideal” dado de una vez y para siempre. Hay un camino que se hace con los materiales de la vida: personas, comunidades, conflictos, cambios culturales, crisis personales y transformaciones sociales.

 

Esta visión desmonta cualquier teología esencialista del ministerio y se alinea con una antropología histórica, muy presente en la Teología de la Liberación. El sujeto no está terminado; se va haciendo en el cruce entre gracia y realidad, entre llamada y respuesta, entre fe y contexto. Por eso el sacerdote es siempre “de su época”, con sus luces y sombras, y no puede refugiarse en nostalgias ni modelos del pasado.

 

Un Dios feliz, misericordioso y comprometido con la vida

 

Desde el punto de vista teológico, uno de los ejes más significativos de la homilía es la imagen de Dios que la atraviesa: un Dios feliz, amoroso, misericordioso, cercano, que acompaña los avatares de la vida y no abandona en los momentos de fragilidad. Esta imagen se opone frontalmente a representaciones religiosas basadas en el miedo, la culpa o el control.

 

La cita evangélica que funciona como lema —“Todo se lo digo para que participen de mi alegría y sean plenamente felices”— sitúa la fe en el horizonte de la vida plena. En clave liberadora, esto implica afirmar que la salvación no es evasión del mundo, sino experiencia anticipada del Reino en relaciones justas, fraternas y compasivas. El mandamiento del amor y la centralidad de la cruz y la resurrección aparecen aquí no como discursos abstractos, sino como fundamento de una ética concreta del cuidado y la solidaridad.

 

Las personas como lugar teológico

 

En coherencia con esta visión, las personas ocupan un lugar central en la reflexión. No solo aquellas que han sido fuente de consuelo y apoyo, sino también las conflictivas, las difíciles, las que “se atragantan”. Todas, sin excepción, han sido mediación de Dios y han contribuido a la configuración de la propia humanidad y fe.

 

Esta afirmación remite a uno de los principios fundamentales de la Teología de la Liberación: la historia concreta de las personas —especialmente cuando es conflictiva— es lugar teológico. Dios no se revela al margen de los vínculos humanos, sino precisamente en ellos. Amar, con toda su ambigüedad, sus tensiones y sus dolores de cabeza, aparece así como la experiencia más profundamente evangélica.

 

Vida, fe y amor: dones para ser compartidos

 

La homilía concluye agradeciendo tres grandes dones: la vida, la fe y la capacidad de amar. Ninguno de ellos es idealizado; todos son reconocidos en su complejidad. La vida es dura y desconcertante; la fe es aprendizaje y confianza; el amor es arduo y lleno de tentaciones. Pero, aun así, son los únicos bienes que verdaderamente valen la pena.

 

Desde una perspectiva liberadora, este agradecimiento final no es intimista. Es una confesión de esperanza histórica: creer en la vida, incluso en su dureza; creer en la fe, incluso en la noche; creer en el amor, incluso cuando duele, es una forma concreta de resistencia frente a toda lógica de muerte, exclusión y descarte.

 

Este aniversario sacerdotal, se convierte así en una proclamación sencilla pero profunda: el ministerio solo tiene sentido cuando es servicio; la fe solo es auténtica cuando genera alegría y vida; y Dios solo puede ser anunciado creíblemente cuando se lo descubre caminando con las personas concretas, en medio de la historia. No como dueño del camino, sino como compañero fiel.

 

Gracias Javier por estos 40 años, por este compromiso y por habernos podido acompañar-nos tantos y tantas en este camino.