Sylvia Alsina Gallardo, un pilar para Amerindia

Siemre al servicio de los demás

Por: Rosario Hermano y Elena Bicera La uruguaya Sylvia Alsina Gallardo fue un pilar para Amerindia Continental con su trabajo silencioso y constante, que acogía a todos desde su particularidad, con una sonrisa, una palabra de afecto y un detalle para cada uno de nosotros/as. Quedamos impactados por su partida, rápida e inesperada, en medio […]

Por: Rosario Hermano y Elena Bicera

La uruguaya Sylvia Alsina Gallardo fue un pilar para Amerindia Continental con su trabajo silencioso y constante, que acogía a todos desde su particularidad, con una sonrisa, una palabra de afecto y un detalle para cada uno de nosotros/as.

Quedamos impactados por su partida, rápida e inesperada, en medio del trabajo de preparación del II Congreso Continental de Teología en Belo Horizonte. Sabemos que estuvo con nosotros en el congreso, pero también conocemos la ilusión que este encuentro le producía. Fue a Belo Horizonte a reservar las locaciones y estaba muy entusiasmada con lo que ese espacio de encuentro y compartir podría generar en nuestro continente y en nuestra Iglesia, en este nuevo kairós que ella vivía con gran alegría y esperanza.

Se destacó por ser una persona al servicio de los demás. Esa parecía ser su principal motivación y, sin duda, todas y todos los que compartimos con ella sabemos que así era. Siempre estaba disponible, buscando cómo dar una mano, ayudar, acompañar y solucionar cada una de las grandes y pequeñas cosas que estaban a su alcance.

Fue un pilar no solo para Amerindia, sino también para su familia cercana: Ricardo, Luciana y Santiago; para su hermana, sus sobrinos y su cuñado; y también para su “familia ampliada”, como ella la llamaba, integrada por primos, amigos y hermanos/as de la vida que la acompañaron en todo momento hasta su partida.

Al recordarla no podemos dejar de contagiarnos de su buen humor, que era una constante en ella. Aun en los momentos en que no se encontraba tan animada, siempre conservaba su chispa de alegría. Ese mismo ánimo la llevó a permanecer hasta el final con la esperanza puesta en el horizonte.

Se caracterizaba por su capacidad empática, viviendo como propios todos los problemas y preocupaciones de quienes la rodeaban, y por una gran creatividad para encontrar siempre soluciones y acompañar las distintas situaciones. Acompañó a muchas personas —mujeres, hombres, ancianos y personas con discapacidad auditiva—, y cada una era única para ella. Por eso dedicaba a cada quien el tiempo que necesitara.

Fue una luchadora fiel, compañera y amiga, “peleándola” siempre y sobreponiéndose a las circunstancias, por muy adversas que estas fueran. Trabajó incansablemente por la justicia y la paz desde la Vicaría de la Solidaridad, el Arzobispado de Montevideo y Amerindia Continental.

Queremos recordarla con su alegría desbordante, su generosidad y su testimonio radical, impulsándonos a seguir en la lucha por otro mundo y otra Iglesia, como la que Jesús quiso.

Texto publicado en el libro Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres, pp. 446-448.

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