Inicio Blog Página 53

Signos de vida en el túnel

[Por: Fernando Ordóñez Tarin]

Un intento de lectura teológica de nuestra puesta en común

 

«La luz no está al final del túnel.

Se halla en el mismo túnel

y en las personas que lo transitan.»

— Gustavo Gutiérrez

 

I.  PREÁMBULO: EL ACONTECIMIENTO ANTES DEL CONCEPTO

 

Hay una voz en este texto que no pertenece a ningún sistema.

 

Es la voz del que una noche durmió bajo los bancos de Plaza Seregni, cubierto con cartón, tiritando de frío, y se preguntó en voz baja —casi en oración, aunque él no lo supiera— si habría alguien pensando en él.

 

Esa pregunta es el punto de partida de esta reflexión.

 

No la pregunta académica, sino ésa, desnuda y nocturna: ¿habrá alguien pensando en nosotros? Porque desde ese lugar —desde esa intemperie, que es también una forma de orar—, toda la teología que sigue es comentario.[1]

 

La asamblea que aquí leemos no es una reunión. Es una epifanía plural. Un círculo de voces —pastores, acompañantes, mujeres en situación de vulnerabilidad, jóvenes que atravesaron el fuego— que se sienta a escuchar. Y escuchar, cuando se hace de verdad, es un acto teológico de primera magnitud.

 

J.Tolentino escribe que «hay personas que son Escritura viva». Yo diría que esta asamblea lo es. Sus palabras pertenecen al canon no escrito de los que caminan sin llegar, de los que esperan sin ver, de los que aman sin recibir recibo.[2]

 

«Al verlos a ustedes aquí ya veo que sí.»

 

II.  EL CUERPO QUE SUFRE: MEDIACIÓN SOCIO-ANALÍTICA

 

La frazada y sus agujeros

 

Uno de los grupos usa una imagen que no olvidaré pronto.

 

Una frazada, dicen. Una manta grande, bien tejida, en la que algunos estamos bien tapados. Pero hay agujeros. Y por esos agujeros entra el frío. Por esos agujeros se cuela la indigencia total. No viene de afuera: viene de la misma textura de la manta. Es el producto necesario de lo que nos abriga.

 

Nuestra teología llama a esto pecado estructural.[3] No la suma de malas voluntades individuales. Sino la configuración sistémica de la injusticia: aquella que produce víctimas de manera anónima, impersonal, estadística. Franz Hinkelammert lo dice con precisión quirúrgica: el mercado no necesita querer el mal para producirlo. Le basta con funcionar.[4]

 

La asamblea nombra cuerpos concretos. Roxana. Caren. El joven de Plaza Seregni. Las madrazas entre mujeres que ejercen trabajo sexual —esa palabra que irrumpe en el texto como un destello de dignidad inesperada—. Esto no es anecdótico. Es el gesto metodológico más importante de la teología latinoamericana: negarse a la abstracción cuando hay un rostro que espera ser mirado.[5]

 

El silencio que no sale en los noticieros

 

Hay una política del silencio que no necesita censura para funcionar.

Basta con no nombrar. Basta con llenar el espacio público de otros ruidos. Los pobres, decía Gramsci, son subalternos: no pueden hablar porque los canales del habla están en manos de quienes tienen interés en su silencio. Por eso la asamblea propone algo que parece pequeño y es enorme: formar comunicadores comunitarios. Crear los medios para que lo que vive en los márgenes encuentre lenguaje y audiencia.

 

Una comunidad comunicadora y comunitaria dicen. Las dos palabras juntas importan: no basta comunicar si el que comunica no está en comunidad con el que habla. El comunicador que no convive termina por consumir la historia ajena como materia prima narrativa.

 

III.  EL EVANGELIO EN EL TÚNEL: GRANDES EJES TEOLÓGICOS

 

La kénosis como método

 

Roxana lo dice sin aparato teológico. Y por eso lo dice mejor.

 

«La teología nos dice que Jesús se despojó de su gloria para ser uno más.» El himno de Filipenses 2 —la kénosis, el vaciamiento radical— no es para ella un texto de exégesis sino un mapa del territorio. Una descripción de lo que ocurre cuando alguien se sienta a la mesa de Zaqueo, cuando alguien escucha a la Samaritana a plena luz del mediodía.

 

La encarnación, en la cristología liberacionista, no es un dogma que se cree: es un paradigma que se habita.[6] Dios no se acerca desde arriba, desde la gloria inaccesible. Viene desde abajo, desde la periferia del Imperio, desde la fragilidad de un cuerpo que tiene hambre y cansancio y necesita que alguien le dé agua.

 

La asamblea se pregunta qué teología los mueve. Y la respuesta es nítida: no la teología del asistencialismo —que divide el mundo entre los que saben y los que no, entre los que ayudan y los que son ayudados—, sino la teología de la mesa compartida, donde todos aprendemos de todos.[7]

 

Esa mesa es la kénosis en acto.

 

Los signos del Reino: el ya y el todavía no

 

Hay estrellitas en una noche profunda.

 

La imagen es pequeña. Por eso es exacta. No habla de victorias definitivas ni de sistemas transformados. Habla de destellos. De luminosidades que no sustituyen la oscuridad sino que la habitan.

 

El lenguaje de signos de esperanza y desafíos proviene del Concilio Vaticano II —leer los signos de los tiempos—[8] pero en boca de esta asamblea adquiere un sabor distinto. Más urgente. Más carnal. Los signos del Reino no son metáforas de progreso social. Son irrupciones del futuro de Dios en el presente histórico. Ya están aquí, aunque no hayan llegado todavía.

 

Pablo lo formula con precisión que conmueve: «la clave está en descubrir que podemos generar vida aun cuando los signos de muerte no han desaparecido». No esperamos a que el dolor termine para celebrar. La celebración es ya la señal de que el dolor no tiene la última palabra.[9]

 

El Cristo resucitado lleva las llagas. La resurrección no borra las marcas del viernes santo: las transfigura. Y esa gramática pascual es la que sostiene cada pequeño gesto de esta asamblea.[10]

 

«La esperanza no es una esperanza vacía.

Tiene un sustento en los proyectos realizados.»

 

La opción por los pobres: una reciprocidad del don

 

La opción preferencial por los pobres no es filantropía.

 

Es cristología.

 

Lo que hicieron al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron. El texto de Mateo 25 aparece en la asamblea con naturalidad, sin sobreactuación académica. Es la gramática cotidiana de quienes viven en esos territorios. Saben desde adentro lo que la teología tarda siglos en articular.[11]

 

Pero la asamblea añade algo que no siempre está en los manuales: la relación no es unilateral. El que acompaña también recibe. El que escucha también aprende. «Ver al otro, simple, complejo, bello, bella. La esperanza de ser aprendiz.» Hay una reciprocidad del don que subvierte la lógica del servicio como tráfico en una sola dirección.

 

Las personas que ejercen trabajo sexual saben cosas sobre la dignidad que el sistema teológico académico no sabe. Los jóvenes que han caminado por el barro saben sobre la resistencia interior —«esa disciplina», dice alguien en el texto, «de la autoconstrucción»— que ningún tratado de espiritualidad describe adecuadamente.[12]

 

Los pobres evangelizan.

 

IV.  LOS DESAFÍOS COMO LUGAR PROFÉTICO

 

El rescate y su trampa

 

La palabra rescatar suena bien. Suena heroica.

 

Pero lleva escondida una violencia sutil: la del que decide adónde va el rescatado. La del que tiene en la cabeza un modelo previo de humanidad realizada y arrastra al otro hacia él, aunque el otro ni lo haya elegido ni lo reconozca como propio.

 

La asamblea cuestiona esto con valentía. «Rescatarse no es amoldarse a lo que en general se considera bueno.» Es una frase que debería estar en cada formación de agente pastoral. Porque el asistencialismo bien intencionado es quizás la forma más difícil de subvertir: viene disfrazado de bondad.

 

Paulo Freire lo llamó acción antidialógica: la que impone, invade, decide por el otro.[13] La que no confía en que el oprimido tenga algo que enseñar sobre su propia liberación. La que convierte al pobre en objeto de la caridad en lugar de sujeto de su historia.

 

Nada sin ellas. Es una frase programática. Una eclesiología en tres palabras.

 

Los indicadores y el fetichismo del resultado

 

El mercado también coloniza la pastoral.

 

Lo hace a través de los indicadores. ¿Cuántos salieron de la calle? ¿Cuántas ya no ejercen trabajo sexual? ¿Cuántos dejaron de consumir? Los números imponen su gramática sobre los procesos y terminan por invisibilizar lo que más importa: el pequeño paso de 0 a 5, la confianza que se construye en meses de encuentros donde no pasa nada espectacular, el momento en que alguien dice «te quiero» por primera vez en años.[14]

 

El Evangelio no tiene métricas. Tiene parábolas. El grano de mostaza que crece sin que nadie lo vea. La levadura que fermenta en silencio. El padre que corre hacia el hijo antes de que éste termine de pronunciar su discurso de arrepentimiento. Ninguno de estos gestos aparecería en un informe de impacto.

 

La asamblea lo sabe: «es muy importante valorar lo que está en camino, lo que no se considera que ha llegado ya a su meta última.» El camino mismo es teológico. No el destino.

 

Los tres niveles y la articulación política

 

Una de las intervenciones muy articuladas de la jornada propone tres niveles de acción transformadora.

 

El nivel micro: el abrazo, la reciprocidad, el perdón, la comunidad en su sentido más primario. El nivel comunitario: qué está pasando en la sociedad, cómo nos afecta. Y el nivel de la incidencia política: si esto no entra en leyes, si no cambia comportamientos colectivos y estructuras del Estado, deja inerme mucho de lo que florece.

 

Ignacio Ellacuría pasó su vida intentando articular estos tres registros.[15] Sabía que una pastoral puramente íntima y consolatoria puede —sin quererlo— estabilizar el orden injusto que produce el sufrimiento que alivia. Y también sabía que un activismo político sin raíces en la espiritualidad y la comunidad se vacía pronto de humanidad.

 

La asamblea intuye esto con precisión práctica. No lo teoriza en exceso. Lo vive.

 

El cuidado del que cuida

 

Cuidémonos.

 

La brevedad con que el texto deja caer esta frase no le quita peso. Le añade urgencia. Los que trabajan en los bordes del sufrimiento —con personas en situación de calle, con mujeres en contextos de violencia, con jóvenes que han tocado fondo— absorben dolor de manera silenciosa, acumulativa, muchas veces sin nombrarlo.

 

La teología de la liberación necesita desarrollar una espiritualidad del acompañante que no romantice el sacrificio. Que integre el descanso, la contemplación, el límite sano, como condiciones de sostenibilidad de la acción transformadora. El canto que cierra la asamblea —Señales de vida— no es un adorno litúrgico. Es una práctica de restitución. Una forma de volver a llenarse.[16]

 

V.  LA CELEBRACIÓN: ESCATOLOGÍA ENCARNADA

 

Teresa Parodi dice: «cuánta poesía tiene la vida que no se ve».

 

La asamblea termina en celebración. En aplausos. En la propuesta de Damián —«decirle te quiero mucho y un abrazo»— que suena ingenua y es profética. Porque el amor no como abstracción sino como afecto pronunciado, encarnado, gesticulado, es exactamente lo que la injusticia le niega al cuerpo de los pobres.

 

Celebrar en medio del sufrimiento no es escapismo. Es una declaración ontológica: el gozo presente no espera a que desaparezcan las causas del dolor para manifestarse. Es ya, aquí, ahora, un anticipo del Reino.[17]

 

La liturgia popular —el canto, el abrazo, el testimonio, el llanto que nadie impide— es la forma estructural que toma la revelación en las comunidades.[18] No hay en esto nada menor. La belleza que aflora en los márgenes —las palabras de Pilar sobre su hija, la gratitud de quien salió de la calle, la voz de Roxana leyendo a Jesús con la Samaritana— tiene peso teológico específico.

 

Alguien recuerda las venas abiertas. Y dice: hay sangre circulando bajo esa piel curtida. Hay sangre viva. El cuerpo social que parecía sin vida tiene pulso.

 

«Gracias por lo que hacen.

Un día estuve en una plaza pasando frío

y me pregunté si habría alguien pensando en nosotros.

Al verlos a ustedes aquí ya veo que sí.»

 

VI.  LAS TENSIONES QUE EL TEXTO NO RESUELVE

 

Una lectura honesta no puede callarse lo que el texto deja abierto.

 

Utopía y pragmatismo

 

La asamblea menciona con lucidez que la utopía de que estos espacios ya no sean necesarios es válida aunque inalcanzable. Esa tensión no se resuelve. Es la tensión del ya y el todavía no que atraviesa toda escatología cristiana. Vivirla sin colapsar hacia ninguno de los dos extremos —el cinismo del que ya no espera, el ilusionismo del que no ve lo que duele— es la ascesis del agente pastoral.

 

El aprendizaje del fracaso

 

Carina hace la pregunta más difícil de la jornada: ¿qué podemos aprender de los que no se quedaron? ¿De los que decidieron que la vida ya no tenía más motivos?

 

Esta pregunta introduce en la teología una humildad necesaria. El triunfalismo de los signos de esperanza, si no se deja interpelar por los ausentes, puede convertirse en su propia forma de invisibilización. La teología que solo cuenta las luces miente sobre la oscuridad.

 

Lo que aprendemos de los que no pudieron permanecer es también Evangelio. Es la parábola de la oveja perdida que no regresó.

 

VII.  CONCLUSIÓN: DIOS EN EL TÚNEL

 

Si Dios es luz —y la tradición joánica lo afirma sin reservas—, y esa luz habita el túnel, entonces Dios no está esperando a que terminemos el sufrimiento para manifestarse.

 

Ya está ahí.

 

Encarnado en los cuerpos que se abrazan bajo los bancos de una plaza. En las redes de mujeres que se sostienen mutuamente en su trabajo sexual. En los jóvenes que descubren sus capacidades en los espacios de Minga. En las comunidades que se reúnen a escucharse —con temor y temblor, como dice Carina— sin saber exactamente adónde van.[19]

 

Nuestra teología no es una teoría sobre los pobres.

Es una práctica con los pobres en la que Dios se vuelve comprensible de una manera nueva.

 

Esta asamblea —con su mezcla de dolor y esperanza, de diagnósticos lúcidos y abrazos espontáneos, de textos bíblicos y canciones populares, de análisis estructural y testimonio personal— es uno de esos lugares donde esa comprensión nueva se genera. No en los grandes auditorios académicos. No en los sínodos episcopales. Aunque también allí, a veces, algo ocurre.

 

Sino aquí. En el círculo de voces que se reconocen mutuamente como portadoras de vida y se acompañan en el camino.

 

En el rostro del que cuida, el abandonado reconoce el rostro del Dios que no lo ha dejado solo.

 

Eso, en su desnudez, es la más alta cristología del día.



[1]Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación. Perspectivas, Lima, CEP, 1971, p. 307. La formulación clásica de la “opción preferencial por los pobres” fue elaborada colectivamente en la Conferencia de Medellín (1968) y sistematizada por Gutiérrez como categoría teológica central.

[2]João Tolentino Mendonça, A mística do instante. O tempo e a promessa, Lisboa, Paulinas, 2016, p. 44. Tolentino propone una espiritualidad del presente que no escamotea el dolor sino que lo habita con atención contemplativa.

[3]Cf. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, n. 36–37. El concepto de “estructuras de pecado” en la encíclica recoge, con matices propios del magisterio, una categoría elaborada por la teología latinoamericana desde la década de 1960.

[4]Franz J. Hinkelammert, Las armas ideológicas de la muerte, San José, DEI, 1977, pp. 11–30. Hinkelammert desarrolla la crítica del fetichismo del mercado como teología implícita que produce víctimas y exige su sacrificio como condición de funcionamiento del sistema.

[5]Emmanuel Lévinas, Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad, Salamanca, Sígueme, 1977 [1961], pp. 207–220. La fenomenología del rostro como epifanía ética es asumida por varios teólogos latinoamericanos, en particular por Enrique Dussel en su proyecto de ética de la liberación.

[6]Jon Sobrino, Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, Madrid, Trotta, 1991, pp. 90–94. Sobrino desarrolla la categoría de los pobres como “lugar teológico” privilegiado, en diálogo crítico con la cristología europea.

[7]Leonardo Boff, Eclesiogénesis. Las comunidades de base reinventan la Iglesia, Santander, Sal Terrae, 1979, p. 55. Boff analiza las CEBs como modelo de “iglesia que nace del pueblo” a partir de la praxis pastoral latinoamericana.

[8]Juan Segundo Concilio Ecuménico Vaticano, Gaudium et Spes, n. 4. La invitación a “leer los signos de los tiempos” a la luz del Evangelio constituye el método fundamental de la teología pastoral conciliar, retomado y radicalizado por la teología latinoamericana.

[9]Jürgen Moltmann, Teología de la esperanza, Salamanca, Sígueme, 1969 [1964], p. 23. Moltmann argumenta que la esperanza cristiana no es evasión del presente sino fuerza que lo transforma desde dentro de la promesa.

[10]Ignacio Ellacuría, “El pueblo crucificado” [1978], en Mysterium Liberationis, vol. II, Madrid, Trotta, 1990, pp. 189–216. La imagen del pueblo crucificado, retomada por Sobrino, articula cristología y análisis histórico de la violencia estructural.

[12]Paulo Freire, Pedagog&i















Procesar Pago


Compartir

De Vitória a Cachoeiro: a caminhada dos Intereclesiais das CEBs no Brasil

[Por: Emerson Sbardelotto | Portal das CEBs]

As Comunidades Eclesiais de Base seguem preparando a caminhada rumo ao 16º Intereclesial das CEBs, que será realizado em Cachoeiro de Itapemirim, no Espírito Santo, entre os dias 20 e 24 de julho de 2027. Com o tema “Caminhando com as juventudes na alegria do Evangelho, a serviço do Reino”, o encontro propõe fortalecer o protagonismo juvenil e o diálogo entre gerações, mantendo viva a memória, a identidade e a missão das comunidades.

 

Em texto de memória e reflexão, Emerson Sbardelotti recorda a trajetória dos Intereclesiais das CEBs desde o primeiro encontro, realizado em Vitória, no Espírito Santo, em janeiro de 1975. O autor destaca que os Intereclesiais são grandes encontros nacionais que reúnem leigas e leigos, religiosas e religiosos, diáconos, padres e bispos representantes das CEBs de diferentes regiões do Brasil.

 

A palavra Intereclesial significa “entre igrejas” e expressa a comunhão entre dioceses, comunidades, culturas, pastorais, movimentos e realidades sociais. Ao longo de mais de 50 anos, esses encontros têm mantido o objetivo de partilhar experiências de fé e vida, celebrar as lutas e conquistas populares, refletir sobre a realidade social e apontar caminhos para a prática pastoral.

 

Uma caminhada iniciada no Espírito Santo

 

A caminhada teve início em Vitória, entre os dias 6 e 8 de janeiro de 1975, com o tema “Uma Igreja que nasce do Povo pelo Espírito de Deus”. Segundo o texto, a ideia nasceu de uma conversa informal, em 1974, entre Dom Luiz Gonzaga Fernandes, então bispo auxiliar da Arquidiocese de Vitória, o historiador Eduardo Hoornaert e o frei dominicano Frei Betto.

 

O encontro marcou o início de uma série que se tornaria uma das expressões mais importantes da caminhada das CEBs no Brasil. Também em Vitória aconteceu o 2º Intereclesial, em 1976, com o tema “Igreja, Povo que caminha”. A partir dali, a palavra caminhada passou a expressar de forma cada vez mais forte a identidade das Comunidades Eclesiais de Base.

 

Nos anos seguintes, os encontros seguiram por diferentes regiões do país, abordando temas como libertação, organização popular, terra, espiritualidade, culturas oprimidas, ecologia, mundo urbano, direitos humanos, juventudes e missão.

 

Em João Pessoa, em 1978, o 3º Intereclesial refletiu o tema “Igreja: Povo que se liberta”, em sintonia com os dez anos da Conferência de Medellín e com a expectativa pela Conferência de Puebla. Em Itaici, em 1981, o 4º Intereclesial aprofundou a organização do povo oprimido em busca da libertação. Já em Canindé, em 1983, as CEBs se reuniram em torno do tema “Povo unido, semente de uma nova sociedade”, enfrentando suas dificuldades internas e as situações de precariedade da vida do povo.

 

Memória, profecia e compromisso com a vida

 

A memória dos Intereclesiais também passa por Trindade, Duque de Caxias, Santa Maria, São Luís, Ilhéus, Ipatinga, Porto Velho, Juazeiro do Norte, Londrina e Rondonópolis. Em cada edição, as CEBs buscaram ler os sinais dos tempos a partir da realidade concreta das comunidades, mantendo a escuta da Palavra de Deus, a partilha da vida e o compromisso com os pobres como elementos centrais da caminhada.

 

Entre os marcos dessa trajetória, o texto recorda o 12º Intereclesial, realizado em Porto Velho, em 2009, com o tema “CEBs, Ecologia e Missão”. Na ocasião, foram destacados os clamores da terra, das águas, das cidades, das florestas e das comunidades tradicionais.

 

Também é lembrado o 13º Intereclesial, realizado em Juazeiro do Norte, em 2014, quando, pela primeira vez, um papa enviou uma mensagem ao encontro. Na ocasião, o Papa Francisco afirmou que as CEBs trazem “novo ardor evangelizador” e capacidade de diálogo com o mundo que renovam a Igreja.

 

O 14º Intereclesial, em Londrina, em 2018, refletiu os desafios do mundo urbano e reafirmou a importância de uma Igreja em saída, em postura de diálogo e escuta. Em 2022, o 15º Intereclesial, realizado em Rondonópolis, no Mato Grosso, teve como tema “CEBs: Igreja em Saída na busca da vida plena para todos e todas”, expressando resistência, profecia e fidelidade à espiritualidade libertadora.

 

Rumo ao 16º Intereclesial das CEBs

 

Agora, a caminhada retorna ao Espírito Santo, estado que acolheu os dois primeiros Intereclesiais. Cachoeiro de Itapemirim será a sede do 16º Intereclesial das CEBs, em 2027, retomando a memória de Vitória e apontando para novos passos na missão.

 

A proposta do encontro é olhar para as juventudes, escutar suas realidades e fortalecer a renovação das comunidades sem perder a memória e a essência da caminhada.

 

Mais de 50 anos depois do primeiro encontro, os Intereclesiais continuam sendo espaço de partilha, celebração, reflexão e compromisso pastoral. Na diversidade das regiões, culturas e experiências, as CEBs reafirmam sua identidade como presença de uma Igreja em saída, profética, samaritana, próxima dos pobres e comprometida com a vida.

 

Publicado em: https://cebsdobrasil.com.br/de-vitoria-a-cachoeiro-a-caminhada-dos-intereclesiais-das-cebs-no-brasil/ 

El Cardenal Omella y la plaga de la pederastia

[Por: Juan José Tamayo]

El diario EL PAÍS ha señalado a 61 obispos y 7 cardenales españoles acusados de encubrir la pederastia en la Iglesia católica. Entre los cardenales se cita a Juan José Omella, arzobispo de Barcelona. Durante su presidencia de la Conferencia Episcopal Española (CEE), la gestión del cardenal Omella sobre las víctimas de abusos sexuales de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en seminarios, noviciados, parroquia y otros espacios católicos no fue precisamente ejemplar. En el discurso inaugural de la 120ª Asamblea Plenaria de la CEE, celebrada del 21 al 25 de noviembre de 2022, en un momento en el que se revelaban numerosos casos de pederastia en la iglesia católica, sin duda uno de los mayores escándalos que ha generado una pérdida de credibilidad en ella, no hizo referencia alguna a dichos casos. Perdía así la oportunidad de hacer autocrítica, expresar arrepentimiento, pedir perdón públicamente, hacer propósito de la enmienda y comprometerse a reparar a las víctimas.

 

Con este silencio se alejaba del mensaje de Jesús de Nazaret: “Compasión, quiero, no sacrificio” (Mateo 9,13), volvía a humillar a las víctimas de tamaño “crimen”, como lo calificó el papa Francisco, y de tamaña “plaga” y “llaga todavía abierta”, como acaba de definirla el papa León XIV. Le faltó compasión como principio ético que nos lleva a solidarizarnos con las personas que sufren. Su silencio sobre la pederastia en aquel discurso chocaba con el mantra -repetido de nuevo en esa intervención- de la condena de las “ideologías de género”, a las que responsabilizó de generar irresponsabilidad familiar y crisis de identidad.

 

Tampoco hizo referencia a las diferentes formas de discriminación, injusticia y violencia de género, tan cerca como estaba el 25 de noviembre, Día Internacional de la eliminación de la Violencia de Mujeres y las Niñas. Hasta la fecha del discurso el feminicidio había terminada con la vida de 38 mujeres ese mismo año en España. ¿No merecían estos feminicidios un recuerdo, una denuncia, una condena? ¿No tendría que haber reconocido la responsabilidad de la jerarquía eclesiástica en el mantenimiento del patriarcado tanto en la sociedad como en la iglesia, generador de la violencia de género?    

 

Pero la actitud negacionista del cardenal Omella se manifestó con toda contundencia ante el “Informe sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica y el papel de los poderes públicos. Una respuesta necesaria”, presentado por el Defensor del Pueblo el 27 de octubre de 2023, cuyo objetivo era “dar respuesta a una situación de sufrimiento y soledad que durante años se ha mantenido, de una u otra manera, cubierta por un injusto silencio”.

 

El Informe consideraba que “los abusos sexuales en la Iglesia católica constituyen un grave problema social y de salud pública” y que “la gravedad del problema deriva de la intensidad del daño que han sufrido las víctimas, de la defraudación de las personas afectadas y de la defraudación de la confianza depositada por ellas y por una parte de la sociedad en una institución que ha tenido un poder innegable en España y una autoridad moral en la sociedad”.

 

El 30 de octubre, tres días después de la presentación del Informe, el cardenal Omella convocó una Asamblea episcopal de urgencia para el estudio y la valoración de dicho Informe. En ella los obispos manifestaron su dolor por el daño causado por algunos miembros de la Iglesia a las víctimas de la pederastia, expresaron su petición de perdón y mostraron su deseo de trabajar conjuntamente en la reparación integral y de profundizar en los caminos para su protección y acompañamiento.

 

Muy distinto fue el tono del cardenal Omella el 20 de noviembre de 2023 en el discurso inaugural de la 121ª Asamblea Plenaria del episcopado español, en el que vertió acusaciones gruesas contra el Informe del Defensor del Pueblo, la encuesta de GAD3, las extrapolaciones de los datos y los medios de comunicación. La encuesta se realizó a una muestra de 8.013 personas, a quienes se preguntó por sus creencias o increencias religiosas con estos resultados: el 16% se declaró ateo; el 7% afirmó ser religiosamente indiferente; el resto se confesó creyente, un 23% practicante y un 39% no practicante. Las preguntas fueron 34: 10 dirigidas a todas las personas encuestadas y solo 24 a quienes confesaron haber sido objeto de abusos sexuales siendo menores de edad. 

 

El cardenal Omella calificó los resultados de la encuesta de GAD3 de dudosa fiabilidad y de falta de veracidad, y la extrapolación de los datos de “infundada, errónea e intencionada” y de “disparate”, dejando la duda de que pudiera haberse hecho “de manera maliciosa”. Entonces me pareció injusto que una encuesta de las características indicadas reciba las descalificaciones de todo un presidente de la CEE. Ahora sigue pareciéndolo con más razón.

 

El cardenal Omella, en su calidad de arzobispo de Barcelona, recibe estos días al Papa León XIV, que durante su viaje a España ha condenado enérgicamente en varias ocasiones la pederastia clerical y la ha calificado de verdadera plaga y llaga todavía abierta. Conocida la existencia de varios miles de víctimas de la pederastia clerical y de sus violadores, sabedor de la situación de desamparo y discriminación en la que se encuentran y de la indignación de las asociaciones de víctimas por no haber sido recibidas ni escuchadas por el papa, salvo las 6 víctimas seleccionadas por los obispos, ¿seguirá manteniendo el cardenal Omella la misma actitud de silenciamiento, de falta de compasión con las víctimas de la pederastia clerical y de cuestionamiento del Informe del Defensor del Pueblo, valorado muy positivamente por otros obispos españoles?

 

Cumplidos los 80 años y ya en tiempo de descuento como arzobispo de Barcelona, le sugiero que no adopte la actitud de “mantenella y no enmendalla”, sino que, ante los abusos sexuales, siga la llamada de León XIV en la reunión con los obispos españoles a “responder con la escucha, la verdad, la justicia y la reparación, un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado” y “cambios reales de sanación”. Es lo que pide el papa a la jerarquía y a toda la comunidad eclesial y también, por supuesto al cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y ex presidente de la CEE.

 

Juan José Tamayo es teólogo y emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid. Es autor de Pederastia, ¿pecado sin penitencia? (Erasmus, 2024).

Invitación: Seminario en línea “Aprender de nuestra práctica para transformar el mundo”

[Centro de Estudios Críticos Latinoamericanos]

Con la participación de Pablo Iván Magaña Negrete, el Centro de Estudios Críticos Latinoamericanos invita al Seminario en línea “Aprender de nuestra práctica para transformar el mundo”

 

Descargue la invitación.

Invitación: Seminario “Geopolítica Situada”

[Por: Fundación EPyCA]

Bajo la ccordinación de la Dra. Mercedes Gagnelen, se realizará el Seminario “Geopolítica situada”…

 

Decargue la invitación.

Los desafíos que asumirá de la nueva “ministra” de las comunicaciones del Vaticano

[Por: Óscar Elizalde Prada | El Tiempo]

La designación de María Montserrat ‘Montse’ Alvarado como Prefecta o “ministra” de las comunicaciones del Vaticano, a partir del próximo 1.º de noviembre, ha sorprendido a la Curia Romana y a los católicos en general, al punto que algunos vaticanistas han ponderado que estamos ante “el primer gran nombramiento del año” del papa León XIV, quien hace un mes cumplía el primer aniversario de su pontificado.

 

También hay quienes han llegado a afirmar que “se trata de una elección personal” del obispo de Roma, “cuyo nombre ha mantenido en absoluto secreto”, si bien conserva la perspectiva reformista instaurada por Jorge Mario Bergoglio, a través de la constitución apostólica Praedicate evangelium, que prevé la apertura a la participación de laicos en altos cargos de responsabilidad en la Santa Sede, otrora reservados a clérigos, obispos y, sobre todo, cardenales.

 

En efecto, ‘Montse’ Alvarado es la segunda mujer en ocupar una de las posiciones más importantes en el Vaticano —y la primera mujer laica, o sea, no-consagrada—, tras la nominación de la religiosa italiana sor Simona Brambilla, como Prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, hace un año y medio, en enero de 2025, por el papa Francisco, elección que luego sería refrendada por Robert Prevost.

 

Nuevos vientos

 

Si bien el Dicasterio para las Comunicaciones ya venía siendo liderado desde 2018 por un laico —es decir, un no-clérigo—: el prestigioso periodista siciliano Paolo Ruffini, quien traía una trayectoria de 40 años en varios medios italianos como Il Mensaggero y la Rai, y venía desempeñándose como director de TV2000, la red televisiva de la Conferencia Episcopal Italiana, la llegada de Alvarado bien podría representar el inicio de un nuevo periodo post-italian como vaticinó el teólogo e historiador Massimo Faggioli desde su cuenta de X, en el que, por primera vez, una outsider de origen latino —nacida en la Ciudad de México— y con amplia trayectoria en los Estados Unidos — donde obtuvo la ciudadanía en 2009—, se pondrá al frente de una de las áreas clave para la misión de la Iglesia católica.   

 

El hecho de que ‘Montse’ Alvarado se haya desempeñado desde 2023 como presidenta y directora de operaciones de EWTN News, gestionando plataformas de contenidos noticiosos para televisión, prensa escrita, radio, medios digitales y redes sociales, en siete idiomas —inglés, español, polaco, húngaro, sueco, ucraniano y alemán—, podría suponer un nuevo impulso a la comunicación global de la Iglesia, si se considera que la Eternal Word Television Network (la Cadena de Televisión Palabra Eterna), con sede en los Estados Unidos, es considerada la mayor organización de medios católicos del mundo, con 11 canales de televisión global y numerosos canales regionales que llegan a más de 400 millones de hogares en 160 países, además de unas 600 emisoras de radio afiliadas en todo el mundo y una amplia red de medios digitales que incluye Aci Prensa, ChurchPop, CNA y National Catholic Register.

 

Asimismo, su experiencia en organizaciones religiosas y su formación en gestión política, por la Universidad Internacional de Florida, con un máster en ciencias políticas, por la Universidad George Washington, la llevaron a ocupar  altos cargos por 12 años en el Fondo Becket para la Libertad Religiosa, entre 2009 y 2023, donde sumó importantes logros ante la Corte Suprema, incluyendo los casos de las Hermanitas de los Pobres, los condenados a muerte musulmanes, los servicios sociales católicos de Filadelfia, los derechos civiles de las escuelas y sinagogas judías, y la protección de las agencias de acogida religiosa, según ha reseñado el periódico italiano Avvenire.

 

Alvarado, además, ha hecho parte del Comité de Libertad Religiosa de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en un tiempo en el que el Wall Street Journal llegó a considerarla como “defensora de todas las religiones”.

 

Controversias

 

Sin embargo, lo que para muchos podría representar una gran oportunidad de renovación para un Dicasterio (‘Ministerio’) que concentra la mirada —y también las críticas— ad intra y ad extra de la propia Iglesia, para otros también trae consigo no pocos desafíos e inusitadas contradicciones, como ha señalado Gerard O’Connell en America: “este nombramiento podría suscitar cuestionamientos, debido a la relación de la Sra. Alvarado con EWTN, una cadena que el papa Francisco criticó duramente, debido a que un sector pequeño pero influyente de su programación televisiva lo atacaba con frecuencia durante sus doce años de papado”.

 

El propio Francisco denunció el abuso de los medios de comunicación durante su viaje a Eslovaquia, en septiembre de 2021, cuando en declaraciones a los jesuitas de ese país manifestó su malestar frente a “un gran canal de televisión católico que no duda en hablar continuamente mal del Papa”, refiriéndose a EWTN.

 

No obstante, algunos analistas como José Manuel Vidal, consideran que “con su nombramiento, León XIV habría querido situar al frente de una pieza clave del Vaticano a una mujer laica, con experiencia real en grandes medios, capaz de hablar a públicos muy distintos y de entrar en terrenos donde la Iglesia suele perder visibilidad”, de modo que la elección de “una presidenta de EWTN News —la cadena global que Francisco llegó a criticar duramente, tachándola de ‘obra del diablo’— puede leerse no tanto como una concesión al conservadurismo mediático, cuanto como una manera de integrar voces incómodas, reconociendo que la comunión eclesial no se construye solo con perfiles afines”.

 

Es claro que si las apuestas fundamentales del papa León —desde el día de su elección y como hijo de san Agustín— pasan por la “unidad” y la “comunión”, en un mundo fragmentado que clama por “una paz desarmante y desarmada”, y que compromete también a los periodistas y a los comunicadores, a quienes exhorta a “desarmar las palabras” y a “reparar las redes”, su apuesta por una mujer proveniente de uno de los grandes medios católicos norteamericanos, que a lo largo de los últimos años ha protagonizado episodios de “fuego amigo” en el Vaticano, podría significar un paso definitivo hacia una comunicación eclesial que contemple la diversidad y las diferencias que existen dentro de la propia Iglesia, sin pretensiones de uniformizar ni de domesticar, pero siempre en comunión con la Iglesia, com Petro et sub Petro (con Pedro y bajo Pedro).

 

Comunicar con todos

 

Si se considera que, en su esencia, el Discaterio que asumirá María Montserrat Alvarado, como su Prefecta, “se ocupa de todo el sistema de comunicación de la Sede Apostólica (…) para que responda de una manera coherente a las necesidades de la misión evangelizadora de la Iglesia en un contexto caracterizado por la presencia y la evolución  de los medios digitales, por factores de convergencia e interactividad”, resulta imperativo que la comunicación del Vaticano se nutra de las mejores prácticas globales, bajo criterios humanistas y éticos anclados a la enseñanza social de la Iglesia —como los que se expresan en Magnifica humanitas, la primera encíclica del papa León—, y transite hacia una comunicación desde y con las periferias, menos eurocentrista, si se quiere, o meramente romana, pues no solo se trata de “comunicar a todos” sino de “comunicar con todos”.

 

No es el único reto que deberá encarar Alvarado. Hay otros que resultan menos visibles a los ojos del mundo, pero profundamente sensibles en el seno del Vaticano, y tienen que ver con la sustentabilidad del ecosistema de comunicación de la Santa Sede que desde 2015, con la creación del Dicasterio para la Comunicación, ha desarrollado procesos de convergencia entre Radio Vaticana, Vatican News, la Oficina de Prensa, L’Osservatore Romano, Vatican Media, la editorial vaticana, la imprenta vaticana y la Filmoteca Vaticana. Se trata de un organismo único y vital que alberga más de 50 lenguas con sus equipos técnicos y editoriales en los que trabajan más de 500 profesionales.

 

Sin embargo, es evidente que un ecosistema tan robusto y necesario para llevar el mensaje de la Iglesia a todos los confines, representa también una gran inversión de recursos que impactan las finanzas del Vaticano. No en vano, en su último discurso a los participantes de la Asamblea Plenaria del Dicasterio para la Comunicación, en noviembre de 2024, el papa Francisco había manifestado su preocupación: “tendremos que ser un poco más disciplinados con el dinero”, dijo. “Deben encontrar la manera de ahorrar más y buscar otros fondos, porque la Santa Sede no puede seguir ayudándoles como ahora. Sé que es una mala noticia, pero también es una buena noticia porque mueve la creatividad de todos ustedes”. Con toda seguridad, la nueva Prefecta tendrá que asumir este gran desafío para que la Iglesia siga comunicando bien y comunicando el bien con veracidad.

Publicado en: https://www.eltiempo.com/vida/religion/los-desafios-que-asumira-la-nueva-ministra-de-las-comunicaciones-del-vaticano-3562801

Teólogos latinoamericanos publican “Te he amado”, una obra que relee Dilexi te desde la opción por los pobres

[Por: Micaela Díaz]

La publicación reúne las reflexiones de once teólogos y teólogas de América Latina sobre la exhortación apostólica Dilexi te, considerada uno de los textos programáticos del pontificado del Papa León XIV y una reafirmación de la tradición eclesial que pone a los pobres en el centro del Evangelio.

 

La red Amerindia Continental presentó el libro “Te he amado”, una obra colectiva que ofrece reflexiones teológicas latinoamericanas sobre la exhortación apostólica Dilexi te del Papa León XIV. Coordinado por Rosario Hermano y Alejandro Ortiz, el volumen reúne aportes de once autores y autoras de distintos países del continente que dialogan con el documento pontificio desde la experiencia de una Iglesia comprometida con los pobres y los procesos de liberación.

 

En la presentación del libro, Alejandro Ortiz recuerda que Dilexi te tiene un origen particular: fue un proyecto iniciado por el Papa Francisco en los últimos meses de su vida y asumido posteriormente por León XIV al inicio de su pontificado. El mismo Papa explica que decidió hacer suyo este texto porque comparte “el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres”.

 

Para los coordinadores de la obra, este hecho constituye una de las claves de lectura más importantes del documento. El Papa León XIV recoge una herencia pastoral y teológica de Francisco, además que ratifica que el camino de la Iglesia pasa por reconocer en los pobres y sufrientes el lugar privilegiado para descubrir el corazón de Cristo. Como señala la presentación, en ellos “se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas”.

 

Reflexión desde la experiencia latinoamericana

 

El libro nace de una invitación a teólogos y teólogas vinculados históricamente a la tradición liberadora latinoamericana para que compartieran las resonancias que la lectura de Dilexi te despertaba en su propia experiencia de fe y compromiso pastoral.

 

Más que realizar un análisis académico del documento, los autores fueron convocados a escribir desde lo que la obra denomina su “sentirpensar”, es decir, desde la experiencia palpable de acompañamiento a los pobres y excluidos. El resultado es una colección de textos que abordan la exhortación desde distintas perspectivas: la opción por los pobres, la ética, la lectura popular de la Biblia, el legado de san Óscar Romero, la teología de la liberación, la democracia, la solidaridad, la reforma de la Iglesia y la sinodalidad.

 

Según la presentación, se trata de una obra cuyo “contexto vital” es la propia opción de vida de quienes han acompañado durante décadas a los pobres y sufrientes del continente, en un camino marcado por la esperanza, pero también por la resistencia y la persecución.

 

La opción por los pobres

 

Uno de los aportes que más resalta corresponde al teólogo brasileño Agenor Brighenti, quien explica cómo Dilexi te recoge y universaliza una de las contribuciones más significativas de la Iglesia latinoamericana: la opción preferencial por los pobres.

 

Brighenti sostiene que la exhortación representa un reconocimiento explícito a una tradición pastoral y teológica desarrollada en América Latina desde Medellín y Puebla. En este sentido, sostiene que lo novedoso no es la formulación de la opción por los pobres, sino el hecho de que el Papa León XIV la asuma como horizonte para toda la Iglesia universal.

 

El autor muestra además el recorrido histórico que llevó a la Iglesia desde una comprensión asistencial de la caridad —una Iglesia “para” los pobres— hacia una Iglesia “de” los pobres, una Iglesia pobre y finalmente una Iglesia “con” los pobres, donde estos dejan de ser objeto de ayuda para convertirse en sujetos de su propia liberación.

 

Libro para ahondar la lectura de Dilexi te

 

La obra reúne las voces de Agenor Brighenti, Rosario Hermano, Francisco Aquino Junior, Silvia Cáceres Frisancho, Paola Polo, Manoel Godoy, Mauro Castagnaro, Nicolás Meyer, Francisco Bosch, María Suyapa Cacho y Pedro Trigo SJ.

 

A través de once capítulos, los autores exploran las implicaciones pastorales, sociales y espirituales de una Iglesia llamada a caminar junto a los más vulnerables, denunciar las estructuras que generan exclusión y construir una auténtica cultura de solidaridad.

 

La invitación de los coordinadores es a leer el libro con tiempo y sin prisas, dejándose interpelar por testimonios y reflexiones que ayudan a comprender con mayor profundidad el mensaje de Dilexi te y el desafío permanente de reconocer en los pobres el rostro vivo de Cristo.

 

DESCARGUE AQUÍ LA NUEVA PUBLICACIÓN:

“Te he amado”. Reflexiones teológicas latinoamericanas sobre la exhortación Dilexi te del papa León XIV

Comprender, mirar y contar. Tres verbos para celebrar a Gustavo Gutiérrez en el día de su cumpleaños

[Por: Félix Grande]

En esta evocación quiero usar estos tres verbos y conectarlos con expresiones que Gustavo pronunció en distintos momentos y de diferentes formas.

 

Primer verbo: comprender

 

Aquí la expresión de Gustavo que quiero recordar es “no me comprendan tan rápido”. La dijo durante una entrevista realizada en 1985, en la que cuenta lo siguiente:

 

“A veces, cuando estoy fuera de América Latina y hablo sobre el tema de la pobreza, la gente en Europa y en Estados Unidos me dice ‘bueno, yo comprendo que usted hable de la pobreza porque usted viene de América Latina’. Mi respuesta siempre es decirles: no me comprendan tan rápido. Porque mi primera razón para hablar de la pobreza no es porque yo vivo allí, sino porque creo en el Dios de Jesucristo”.

 

Creo que hoy, cuarenta años después, Gustavo también podría decirnos: “no me comprendan tan rápido”. Tomen su tiempo para comprender mejor, vuelvan a mirar, no confíen en la memoria, revisen nuevamente el conjunto de la obra, no solo los libros, también los gestos y las palabras.

 

Ocurre que, en el campo del pensamiento, vivimos un tiempo ávido de novedad. Las ideas circulan a una gran velocidad y envejecen pronto. Por eso, hay el riesgo de pasar rápido la página y asumir que ya conocemos y comprendemos la obra de Gustavo. Es un desafío comprenderlo.

 

Quienes han leído el excelente prólogo escrito por Leo Guardado a “Vivir y pensar el Dios de los pobres”, el libro póstumo de Gutiérrez, habrán observado que, antes de presentar el contenido del libro, Leo hace un recuento, una revisión de los catorce libros principales publicados hasta entonces.

 

Y en ese contexto dice que _En busca de los pobres de Jesucristo: el pensamiento de Bartolomé de Las Casas,_ “el libro más largo de Gutiérrez, a pesar de su enfoque histórico, es su obra más orientada al futuro”, la de mayor actualidad. Entiendo que Leo está pensando en la problemática de la colonialidad del poder y la decolonialidad. Por ejemplo, allí hay un tema que requiere una mejor comprensión.

 

Segundo verbo: mirar

 

Aquí la expresión de Gustavo que quiero comentar es “mirar adelante y mirar lejos”.

 

A él le gustaba citar la conocida expresión de Juan XXIII, “mirar lejos”, pronunciada por el papa bueno, en 1963, poco antes de morir. Gustavo usó esa expresión para titular la presentación a la décimo tercera edición de Teología de la Liberación, en el año 2014.

 

La volvió a usar en su último libro, introduciendo un matiz. Así, en lugar de decir solamente mirar lejos, como había hecho siempre, esta vez escribió “mirar adelante y mirar lejos”.

 

Estamos ante un énfasis que quiero subrayar: mirar adelante y mirar lejos. ¿Por qué? Porque creo que allí hay algunas pistas importantes. Me permito anotar las siguientes.

 

Se trata de mirar adelante y mirar lejos para saber qué caminos emprender hoy. En el último capítulo de “Vivir y Pensar el Dios de los pobres’, Gustavo escribió hacia dónde debe estar orientada esa mirada:

 

“Estamos frente al desafío de saber qué caminos emprender hoy para el anuncio del reino en un mundo que combina distancias y cercanías de un modo que la historia humana desconocía hasta hace poco”.

 

Mirar adelante, mirar lejos, no nos saca del presente, pero hace que no quedemos atrapados en el agujero negro de la resignación o el pesimismo de nuestro tiempo. Nos sitúa en el hoy de nuestra historia y, simultáneamente, le pone un sentido de esperanza.

 

Byung Chul Han, el filósofo coreano alemán, Premio Princesa de Asturias, igual que Gustavo, publicó en el 2022 el libro “El espíritu de la esperanza”. Llamó mi atención el siguiente pasaje:

 

“El diccionario etimológico de Friedrich Kluge explica así la voz hoffen, “esperar”: “Cuando uno quiere ver más lejos o trata de ver mejor, se estira hacia delante”. Por tanto, esperanza significa ‘mirar a lo lejos, mirar al futuro’. La esperanza nos abre los ojos a lo venidero”.

 

“Al mismo tiempo, la esperanza tiene algo de contemplativo. Se estira hacia delante y aguza el oído. Tiene la ternura de la receptividad, que le da belleza y encanto… Pone rumbo a lo que aún está por nacer. Sale en busca de lo nuevo, de lo totalmente distinto, de lo que jamás ha existido”.

 

Por tanto, mirar adelante y mirar lejos es ya una afirmación de la esperanza en la historia.

 

Tercer verbo: Contar

 

Aquí la expresión de Gustavo que quiero comentar es “contar la historia de Jesús”. Éste es el título de la conclusión de “Vivir y pensar el Dios de los pobres”. Él dice que, más que una conclusión, es un ejercicio de proyectar la mirada luego de todo lo dicho en los catorce capítulos anteriores. Cito algunos pasajes. Dice Gustavo:

 

“La cuestión de fondo es ¿cómo proponer el evangelio en este tiempo? ¿Cómo narrar los hechos y las palabras de Jesús que revelan el amor gratuito de Dios? ¿Cómo decir a nuestros contemporáneos la buena nueva que libera?”

 

“Contar la historia de Jesús es contar sus gestos y palabras , enlazarla en la historia cotidiana de los tenidos por insignificantes, hacer ver su absoluta incompatibilidad con toda forma de injusticia. Relato corto… que inspira muchos otros relatos. Contarlo significa anunciar una liberación, cuyo sentido último es la comunión plena, la amistad con Dios, pero a la que no es extraña ninguna dimensión humana y cósmica. La liberación total es el contenido de la buena nueva que el Señor vino a proclamar a toda persona… Una liberación que germina en la historia como un grano de mostaza”.

 

Desde que vi este capítulo, me llamó la atención que Gustavo usara la palabra contar. No la recuerdo así en otras de sus obras. Debo decir que es una palabra muy bien elegida.

 

Estos son tiempos para contar historias. Y la historia de Jesús que podemos contar es apasionante.

 

Antonio Spadaro, el jesuita que dirige La Civiltá Cattolica, ha escrito recientemente que “No solo necesitamos más historias. Necesitamos historias que nos ayuden a ver las cosas de otra manera. Historias que nos enseñen a distinguir la belleza de lo artificial, los sueños de las ilusiones, la visión de la estrategia. Historias que nos recuerden que cada palabra puede ser un hilo, y cada texto un telar”.

 

Gustavo invita a contar la historia del Jesús que sigue revelándose en el acontecer de la humanidad y se manifiesta muchas veces en lo escondido, en lo pequeño, en lo recóndito, en la suave brisa de la que habla el libro de los Reyes, cuando Dios se manifestó a Elías.

 

Tenemos que contar la historia de Jesús en el que creemos y a quien seguimos, el Jesús encarnado e identificado con los pobres, que acompaña su caminar.

 

Podemos contar la historia de la liberación humana en este tiempo y en adelante. Una historia de lucha contra diferentes formas de opresión. Una historia animada por el Dios que hace nuevas todas las cosas.

 

Se cuenta historias con gestos y palabras. Y hoy las palabras que usemos tienen que conectar con las nuevas sensibilidades contemporáneas. No puede ser un lenguaje tan conceptual. Tienen que ser palabras que emocionen, que susciten, que inspiren, que convoquen, que movilicen.

 

Contemos la historia de Jesús con toda nuestra alma, con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón. Con radicalidad, pero también con esa gana “ubérrima, política de querer”, de la que habla el poema de César Vallejo:

 

“Me viene, ay días, una gana ubérrima, política,

de querer, de besar el cariño en sus dos rostros,

y me viene de lejos un querer

demostrativo, otro querer amar”.

 

Concluyo:

 

Gustavo tenía un gusto particular por las bienaventuranzas, en su doble dimensión de promesa de felicidad y de tarea práctica y acción concreta. Cada vez que las leía, solía decir que se debería agregar una a las ocho ya existentes, que debería ser “bienaventurados los tercos”.

 

Creo que este es un tiempo de afirmación de esa terquedad, Terquedad histórica, terquedad en el corazón de la historia humana, no fuera de ella, no en una burbuja o en una cámara de eco.

 

Se trata, entonces, de vivir y pensar el Dios de los pobres y, en ese camino, asumir los desafíos a los que la obra y la vida de Gustavo nos invitan: comprender mejor; mirar adelante y mirar lejos y, a partir de allí, contar la historia de Jesús.

 

Chorrillos, 8 de junio de 2026

 

Foto: Centro de Estudios y Publicaciones

¿Cómo traducir hoy “Reino de Dios”?

[Por: Rosa Ramos]

¿Cuántos kilómetros faltarán
para llegar al pueblo aquel?

Un día claro como un vergel
los corazones se abrirán
los pobres se repartirán
el mundo, el vino, el pan aquel…

Numa Moraes

 

“Reino de Dios”, peor aún “gloria de Dios”, son expresiones de nuestra jerga cristiana que sin duda son incomprensibles para ajenos, pero también ya hoy para propios. La IA dice “La jerga es el lenguaje particular y exclusivo que utilizan entre sí los individuos de una misma profesión, oficio o grupo social. Su vocabulario a menudo resulta incomprensible para quienes no pertenecen a ese entorno”.

 

Quizá hace unas décadas eran “normales”, creíamos entenderlas todos y las decíamos sin prurito. Nos acostumbramos desde niños a esas expresiones que los evangelistas ponen como síntesis de la novedad de Jesús en su boca: “el reino de Dios está cerca” (Mc. 1, 15), “busquen el reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt. 6, 33), “el reino de Dios está entre ustedes” (Lc. 17, 21). Solemos decir el reino adviene o advino a nosotros en la persona de Jesús. 

 

Pero hoy el término “reino” está contaminado, no es que no lo estuviera antes, desde tiempos bíblicos, el propio Jesús advierte sobre los reyes y su dominio, y el dar un vistazo a la historia hasta siglos recientes nos muestra un panorama desolador. Sin embargo, hoy nos resulta más chocante que nunca la palabra “reino”, quizá porque hemos crecido en sensibilidad, descubierto “derechos humanos”, aunque nos cuesta mucho vivirlos.  Lo cierto es que hoy es necesario reformular, repensar, procurar una traducción a “reino de Dios”, darle un sentido que sea significativo para este tiempo.

 

Claro que no se trata de sacar esa expresión de los evangelios sinópticos, pero asumir que es preciso volver a llenarla de contenido con la persona, los signos, las palabras del propio Jesús. Volver a “caer en la cuenta” del mensaje-persona que más nos acerca a Dios.

 

Y para los “ajenos”, los que no entienden la jerga, quizá podamos acercarlos con ejemplos concretos y cercanos. El lenguaje del amor es universal y puede hacer más inteligible el reino de Dios ya presente a veces apenas atisbado en pequeñas experiencias comunitarias. En el poema canción citado aparece como soñado “el pueblo aquel” a una distancia desconocida, en kilómetros.

 

Voy a compartir lo vivido hace una semana en una actividad organizada por Amerindia. Junto con otros organizamos un “espacio de escucha” en el que participamos treinta y cinco personas. Podría decir que allí vislumbramos el sentido genuino de esa expresión de Jesús recogida por los evangelistas y que hoy nos es extraña, ambigua, por qué no negativa, en nuestro imaginario.

 

 Al inicio nos preguntamos y escuchamos responder: “En las situaciones más críticas de nuestra vida ¿qué nos ayudó a salir?”. Después tuvo lugar un panel con tres experiencias. 1. Un grupo llamado “Minga” que trabaja con adolescentes en riesgo en Las Piedras, una ciudad a 45 kilómetros de Montevideo. 2. La experiencia de un hombre joven que vivió en situación de calle y ahora vive en una casa comunitaria, proyecto de Obsur. 3. “Proyecto Caminos” llevado adelante por un grupo ecuménico con mujeres que realizan trabajo sexual. Esta experiencia fue compartida por una religiosa y por una pastora. Luego del panel volvimos a escucharnos reflexionar en grupos las “esperanzas y desafíos”, que más tarde pusimos en común haciendo circular una vela encendida.

 

Hicimos experiencia del “reino de Dios”, de ese vivir como Dios sueña que vivamos en la escucha abierta, respetuosa, acogiendo las diferentes historias, experiencias y después los ecos. Hicimos experiencia y la hicimos consciente en el final del encuentro expresándonos agradecimiento y dándonos unos a otros un gran abrazo, antes de compartir fraternalmente el almuerzo.

 

A los cristianos se nos hace sí inteligible que el reino de Dios está cerca, en medio nuestro, cuando compartimos dolores y esperanzas, temores, cansancios y empeños por construir “el pueblo aquel donde no falte el tibio pan, donde te ofrezcan pura miel, donde no te golpearán por religión o por piel”, como canta Numa Morales. Se nos hace palpable aún en situaciones penosas, en lo imperfecto de nuestras construcciones, aunque todavía falta mucho camino por hacer y por vivir.

 

Descubrimos y señalamos en el espacio de escucha que las diferentes experiencias no sólo desmienten el “no se puede hacer nada”, sino que además nos desafían a cambiar la cabeza, las expectativas y el lenguaje. “Hay esperanza, empatía, humanidad. Son muchas las experiencias de acogida y acompañamiento, son muchos los procesos de inclusión de las personas en situaciones de vulnerabilidad. Hay muchos hermanos trabajando y todos podemos aportar y descubrir potencialidades” -son algunas de las reflexiones que surgieron-.

 

“Se puede y se puede en comunidad, en redes, con otros” Nos salvamos en racimo, no se trata de que unos saben, pueden, dan, y otros pasivamente reciben; todos aprendemos, crecemos, cambiamos en estos procesos de compartir vulnerabilidades, capacidades y empoderamiento. No cabe duda de que vivimos una realidad de exclusión, de violencia, de inhumanidad que hasta se promueve, pero también hay mucho de camino, de construcción, de novedad: “Hay estrellitas que iluminan la noche”, se dijo.

 

Si cambiamos la mirada y escuchamos atentamente, descubrimos que a lo largo del tiempo siempre hubo muchas estrellitas de esperanza iluminando esos procesos de humanización. En la jornada también escuchamos la palabra serena y humilde del Padre Cacho, del que ya hemos escrito otras veces. Hace más de treinta años, en otro contexto de sufrimiento y exclusión, él veía esa luz que empezaba a surgir en el barrio: “En cierto sentido nuestro pueblo ha practicado un ateísmo sobre las personas, hemos dejado de creer en el otro, y ahora empieza a surgir ese valor, creer en el otro como valor en sí, como persona, como ser capaz de hacer resurgir la vida.”

 

El “reino de Dios” lo vimos cerca en Minga, en Proyecto Caminos, en Puertas abiertas, casa comunitaria. Podríamos traducir la expresión como “el mundo humano”; “el pueblo aquel donde todos caben”, donde todos tenemos, fragilidades y fortalezas, algo para aportar; “allí donde resurge la vida” porque creemos en las personas y todas las manos se tienden para sostener la vida tan frágil como valiosa. Entonces hasta se haría entendible y no escandalosa la expresión “gloria de Dios”, pues sería la alegría del Dios de Jesús, que no la gloria del mundo que divide y excluye a los pequeños. (Mt. 11, 25).

Corpus Christi

[Por: Júlio Lázaro Torma]

 

 

Neste dia em que alegremente celebramos a Solenidade do Corpo e Sangue de Nosso Senhor Jesus Cristo. Onde,o Honramos em nossas ruas,avenidas e praças,com os  nossos tapetes e tapeçarias coloridas. Na qual Honramos a sua Divindade e o seu Amor para conosco. Na qual permanece por meio da Hóstia e do Vinho Consagrado diáriamente na Santa Missa…

 

Confira o artigo.