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María Magdalena y María de Nazaret: lejos del dogma, cerca del Evangelio

[Por: Juan José Tamayo]

El cristianismo institucional ha sufrido un proceso tal de dogmatización que ha desembocado en rigorismo doctrinal y vaciamiento de experiencia religiosa. Las instancias jerárquicas, más preocupadas por la reproducción de la institución eclesiástica que por el anuncio gozoso de la Buena Noticia de la liberación de los pobres, se han erigido en guardianes de una tradición esclerotizada que muy poco tiene que ver con el Evangelio.

 

La Iglesia cristiana, instalada cómodamente en el dogma, se olvidó muy pronto de que el Evangelio es anterior al dogma y que éste constituye un empobrecimiento de aquél. Sustituyó la ortopraxis por la ortodoxia. Cambió el lenguaje simbólico, el más propio de las religiones, también del cristianismo, por el lenguaje dogmático con el consiguiente empobrecimiento semántico y de sentido. El símbolo abre nuevos horizontes y, al decir de Paul Ricoeur, da que pensar, mientras que el dogma cierra toda posibilidad de pensar e impone el pensamiento único.

 

En ese sentido he leído con sumo interés La cara oculta: María, madre de Jesús, y María Magdalena, el libro del teólogo catalán Lluis Busquets Grabulosa (Destino, Barcelona), precisamente estos días en que celebramos la fiesta de María Mgdalena (22 de julio). Esta obra se sitúa más cerca del Evangelio de Jesús que del sistema dogmático de la Iglesia. Ése es sin duda su principal mérito, ya que lee los textos cristianos del pasado no al modo fundamentalista, sino desde las preguntas, inquietudes y desafíos del presente. Así, los pocos datos que sobre María de Nazaret y María de Magdala nos ofrece los evangelios cobran vida, crecen en significado y adquieren nuevo sentido.

 

María de Nazaret y María de Magdala: en el círculo de Jesús

 

Gregorio Nacianceno decía que la Biblia crece con sus lectores. Lo mismo cabe decir de las dos protagonistas de este libro: ambas logran nuevos perfiles y consiguen nuevas dimensiones en las páginas del teólogo catalán. La tradición (teología, arte, literatura, piedad, etc.) se ha empeñado en enfrentar a ambas mujeres y asignarles roles contrapuestos: a María, la madre de Jesús, el papel no fácilmente comprensible de Madre de Dios, tratándose de un ser humano, y de corredentora junto a su hijo, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios; a María Magdalena, la imagen de mujer sensual y pecadora arrepentida.

 

Sin embargo, nada de eso se deduce de los evangelios canónicos o apócrifos, que las presentan como protagonistas y actoras en el movimiento igualitario de hombres y mujeres que puso en marcha Jesús de Nazaret, como colaboradoras en la praxis liberadora y seguidoras de la causa de Jesús después de su muerte. Las dos son mujeres adultas, independientes, seguras de sí mismas, liberadas. Las dos pertenecen al círculo más cercano del Nazareno e intervienen en las decisiones más importantes de ese círculo.

 

De ello dejan constancia repetidamente los textos evangélicos, aunque las interpretaciones patriarcales se han encargado de ocultarlo. De dichas interpretaciones se distancia Busquets, quien hace justicia a las dos mujeres con maestría exegética, conocimiento histórico y sensibilidad feminista. Dos mujeres que se mueven entre el símbolo y la realidad, la historia y la interpretación.

 

El autor vuelve a los evangelios, a los canónicos y a los apócrifos, para hacer una reconstrucción histórica de ambas a través de los métodos histórico-críticos, pero siendo muy consciente de las dificultades que entraña separar con precisión la historia de la interpretación, la leyenda de la realidad.

 

La recuperación de María Magdalena

 

Durante las últimas décadas se está produciendo un fuerte movimiento de recuperación de la figura de María Magdalena por parte de especialistas del Nuevo Testamento, preferentemente mujeres, que leen los textos en perspectiva de género, de historiadores e historiadoras, que llevan a cabo una reconstrucción no patriarcal de los primeros siglos del cristianismo, y de la teología feminista, con su lúcida y certera hermenéutica de la sospecha.

 

Papel fundamental han jugado en esta recuperación los evangelios llamados “apócrifos”, sobre todo los de carácter gnóstico, entre los que cabe citar el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, el Evangelio de María y Pistis Sophia. Busquets conoce y estudia estos textos, los sitúa en su contexto y se ayuda de las investigaciones exegéticas recientes para desentrañar el alcance de los mismos. Volveré sobre ellos más adelante.

 

En la centralidad de la figura de María Magdalena están influyendo también y de manera decisiva, al menos en el imaginario religioso y social, algunas obras de ficción centradas en la relación amorosa entre Jesús y María Magdalena, sobre la que muy poco dicen los textos y casi todo es producto de la imaginación. Entre ellas cabe destacar la novela del escritor griego Nikos Kazantzakis (1885-1957) La última tentación, de gran calidad literaria, llevada al cine bajo la dirección de Martin Scorsese.

 

A las numerosas y rigurosas investigaciones sobre la figura de María de Magdala se suma ahora el excelente ensayo de Elena Gortázar, Tras las huellas de María Magdalena en el siglo XXI (Tirant, 2026, varias reimpresiones), que actualiza los nuevos avances en cuestiones hermenéuticas sobre tan relevante figura, le da nueva vida, deja al descubierto los errores y proyecta su importancia hacia el siglo futuro para un cristianismo liberador en clave feminista.

 

Las mujeres en el movimiento de Jesús: praxis de solidaridad desde abajo

 

Las actuales investigaciones sociológicas, de historia social, de antropología cultural y de hermenéutica feminista sobre los orígenes del cristianismo sitúan al grupo de seguidores y seguidoras de Jesús en el horizonte de los movimientos de renovación del judaísmo del siglo I, junto con los esenios, terapeutas, penitenciales y otros. Le ubican, asimismo dentro de los movimientos que lucharon contra la explotación patriarcal en las distintas culturas: griega, romana, asiática y judía. En la historia de Israel/Palestina hubo intensas luchas protagonizadas por mujeres que jugaron un papel político y cultural muy importante.

 

Las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas que se reunían para comidas comunes, eventos de oración y encuentros de reflexión religiosa con el sueño de liberar a toda mujer en Israel. Fue precisamente esa corriente que buscaba emanciparse del dominio patriarcal la que posibilitó el nacimiento del movimiento de Jesús como discipulado igualitario de hombres y mujeres en el que éstas jugaron un papel central, y no puramente periférico.

 

La presencia y el protagonismo de las mujeres en dicho movimiento, reconoce la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, fue de la mayor importancia para la praxis de solidaridad desde abajo. Su actividad fue determinante para que el movimiento de Jesús continuara después de la ejecución del fundador y se extendiera fuera del entorno judío.

 

Las diferentes tradiciones evangélicas coinciden en señalar que estas mujeres fueron protagonistas en cuatro momentos fundamentales: en el nacimiento del movimiento de Jesús en Galilea, durante su actividad pública acompañándole en el anuncio del reino de Dios, en la crucifixión junto al Jesús sufriente y en la resurrección como primeras testigos. La mayoría de las veces se citan tres nombres de mujeres dentro de un grupo femenino numeroso. Es la misma tendencia seguida en el caso de los varones. Con ello se pretende mostrar el lugar destacado que unas y otros ocupaban en la comunidad.

 

María Magdalena, testigo de la resurrección y apóstola

 

La mujer que aparece casi siempre citada en primer lugar en el grupo de las amigas de Jesús es María Magdalena, que toma el nombre de su lugar de origen, Magdala, pequeña ciudad pesquera de la costa oriental del lago de Galilea, entre Cafarnaún y Tiberíades. Ella es discípula de primera hora, pertenece al grupo más cercano a Jesús, ocupa un lugar preeminente en él, hace el mismo camino que el Maestro hasta Jerusalén y comparte su proyecto de liberación y su causa. Las mujeres que siguen a Jesús suelen ser citadas en los evangelios en referencia a un varón; María Magdalena, no, una prueba más de su independencia de toda estructura patriarcal.

 

La fidelidad o infidelidad a una causa y a una persona se demuestran “cuando vienen mal dadas”, en la hora de la persecución y del sufrimiento. Cuando Jesús es condenado a muerte, los discípulos varones huyen por temor a ser identificados como miembros de su movimiento y a correr la misma suerte que él.  Las mujeres que le habían seguido desde Galilea acompañan en el camino hacia el Gólgota y están a su lado en la cruz.

 

María Magdalena funge como discípula fiel no de un Mesías triunfante, sino de un Crucificado por subvertir el orden establecido tanto religioso como político. El hecho de estar al pie de la cruz de un condenado a muerte por subversivo convierte a María Magdalena, María de Nazaret y sus compañeras en subversivas.  

 

Los distintos relatos evangélicos coinciden en presentar a las mujeres como testigos de la resurrección y a María Magdalena como la primera entre ellas. Es precisamente ella quien comunica la noticia a los discípulos, quienes reaccionan con incredulidad. La Magdalena cumplió las tres condiciones para ser admitida en el grupo apostólico: haber seguido a Jesús desde Galilea, haber visto a Jesús resucitado y haber sido enviada por él a anunciar la resurrección. El reconocimiento de María Magdalena como primera testigo del Resucitado explica su protagonismo en el cristianismo primitivo, al mismo nivel que Pedro, e incluso mayor en algunas iglesias.

 

Sin embargo, en las cartas paulinas y en otros escritos del Nuevo Testamento, el testimonio de las mujeres ya no aparece, y María Magdalena es sustituida por Pedro. Ello se debe a que la Iglesia estaba empezando a someterse al dominio masculino, que muy pronto comenzó a suprimir el importante papel que Jesús encomendó a las mujeres. El silenciamiento, por parte de Pablo y de otras tradiciones neotestamentarias, de la aparición de Jesús a María Magdalena y a otras mujeres llevó derechamente a la exclusión de éstas de los ámbitos de responsabilidad comunitaria.

 

No obstante, el propio Pablo de Tarso afirma en la Carta a los Gálatas que “ya no hay ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre, n judío ni gentil” (Gál 3,28) y al final de la Carta a los Romanos cita a numerosas mujeres reconociéndoles funciones directivas al frente de las comunidades cristianas.

 

Bien puede afirmarse que las mujeres constituyen la referencia indispensable de la transmisión del mensaje evangélico, más aún, el eslabón esencial para el nacimiento de la comunidad cristiana. Sin el testimonio de las mujeres, hoy no habría Iglesia cristiana.

 

En los diálogos de revelación de los evangelios apócrifos de tendencia gnóstica, María Magdalena aparece como interlocutora preferente de Cristo resucitado y hermana de Jesús, discípula predilecta y compañera del Salvador. Esa posición privilegiada provoca celos en algunos apóstoles, especialmente en Pedro, quien, según el apócrifo Pistis Sophia, reacciona en estos términos: “Maestro, no podemos soportar a María Magdalena, porque nos quita todas las ocasiones de hablar; en todo momento está preguntando y no nos deja intervenir”. 

 

Apóstol de apóstoles es el título que da a María Magdalena Hipólito de Roma, quien no considera a las mujeres mentirosas, sino portadoras de la verdad. En similares términos se expresa San Jerónimo, quien reconoce a María Magdalena el privilegio de haber visto a Cristo resucitado, “incluso antes que los apóstoles”. Sin embargo, con el proceso de patriarcalización, clericalización y jerarquización del cristianismo, María de Magdala fue relegada al olvido; más aún, identificada como prostituta, representada como penitente, que tenía que servir a Jesús en agradecimiento por haber expulsado de ella los malos espíritus.

 

Importancia especial tiene el apócrifo Evangelio de María, que recupera un cristianismo desconocido u olvidado y viene a quebrar el discurso dominante sobre los orígenes jerárquico-patriarcales del cristianismo, la sucesión apostólica y el cristianismo uniforme. Aun contando con las elaboraciones imaginarias, puede afirmarse que este Evangelio ofrece una aproximación quizá más rigurosa que la del relato dominante. Desaparece la idea de María de Mgdala como prostituta, tan presente en el imaginario cristiano, y aparece como maestra, discípula ejemplar y consoladora, como líder y primera apóstola en comunicación directa con el Salvador a través de una pedagogía dialógica.

 

El Evangelio de María pone en cuestión, más aún niega, el poder ilegítimo que se arrogan los discípulos varones, al tiempo que defiende con argumentos sólidos el liderazgo de las mujeres en la comunidad cristiana y de la relación directa con Jesús sin la mediación patriarcal. Se supera así la imagen de un cristianismo idílico y uniforme, y describe un cristianismo caracterizado por las diferencias y los conflictos. Y, lo más importante, no establece discriminación alguna por razones de género.   

 

María de Nazaret, en la tradición de las grandes mujeres judías

 

¿Y María, la madre de Jesús? Tuvo mejor suerte que María Magdalena, al menos en el cristianismo oficial: fue declarada Madre de Dios, elevada a los altares y tratada casi con honores divinos. De nuevo el dogma suplantó a la historia y se alejó del Evangelio. Los dogmas marianos y cristológicos han separado a María de los mortales, sobre todo de sus hermanas las mujeres, y a Jesús de sus congéneres.

 

La maternidad divina de María, cuya fiesta se celebra el 1 de enero, ha ensombrecido su maternidad humana. La asunción en cuerpo y alma al cielo ha ocultado a la mujer galilea con los pies en la tierra. María corredentora ha impedido ver a María liberadora. María sometida servilmente a la voluntad divina ha anulado a la María profética del Magníficat.

 

A María de Nazaret hay que ubicarla en la tradición de las mujeres veterotestamentarias: Eva, transgresora y dadora de vida; las matriarcas, en los orígenes de las tres religiones monoteístas, de los que hasta ahora sólo se recuerda a los patriarcas varones; las parteras de Egipto, mujeres revolucionarias que incumplen las órdenes del faraón; Myriam, que participó con su hermano Moisés en la liberación del pueblo hebreo de la opresión faraónica; la juez Débora, que administraba justicia bajo una palmera y era consultada por los reyes; Ana la profetisa, en cuyo cántico se inspira el Magnificat. Fueron todas ellas mujeres creyentes con fe crítica y no crédula.

 

Veinte siglos después, se vuelve a hacer justicia a las dos Marías: la de Nazaret y la de Magdala, dos mujeres a quienes se ha presentado en trincheras opuestas, cuando compartieron un proyecto común: romper el círculo patriarcal de la religión judía oficial y activar un nuevo paradigma religioso en clave emancipatoria para las mujeres y los excluidos.

 

Busquets ayuda a recuperar la tradición del movimiento de Jesús como discipulado de iguales, aunque no clónicos, y a vencer las resistencias del pensamiento androcéntrico y de la organización patriarcal de la mayoría de las iglesias cristianas. Nos devuelve a María de Nazaret, liberada de los excesos lingüísticos de las letanías marianas y del culto idolátrico a su figura y presta una excelente contribución para pasar de la mariolatría, en la que está instalada la piedad mariana, a la mariología como discurso crítico-liberador. Igualmente nos devuelve a María de Magdala liberada de los estereotipos que el imaginario cristiano ha construido sobre ella.

Una vida de…

[Por: Eduardo de la Serna]

Al escribir, consciente o inconscientemente, recurrimos a un género literario. Al escribir sobre alguien, no podemos evitarlo. Veamos algunos ejemplos sencillos:

 

El cine presenta habitualmente determinados personajes con variada suerte, o eficacia. Hasta un documental (que es en sí mismo un género literario) revela aspectos, omite otros, interpreta unos, retoca algunos. Incluso, al presentar a alguien, habitualmente, se revela más la impresión, opinión o mirada de los o las artistas que una biografía. Pero, y acá el tema, entiendo que la clave radica en la fidelidad con el sujeto-objeto. No creo que necesariamente deba decir sus mismas palabras o realizar sus mismas acciones, sino que debe ser fiel a lo que este diría o haría. Claro que esto es interpretación, y por tanto sujeto, a su vez, de distorsiones o parcialidades…

 

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Padre Beozzo: “Não há necessidade de eles irem embora. Dai-lhes vós mesmos de comer”

[Por: Jose Oscar Beozzo | O Fato Maringa]

Terminado o discurso das parábolas, Mateus narra a degola de João Batista a mando de Herodes, para atender à raiva vingativa de Herodíades, cuja união com o rei era denunciada pelo profeta (Mt 14, 1-12). Levaram a notícia a Jesus e ele partiu sozinho de barco para um lugar deserto e afastado, para enfrentar a dor pela perda do amigo, o profeta Batista, e para lidar com a sombra ameaçadora da perseguição de Herodes, que passa a rondar a ele e a seus discípulos (Mt 14, 1-12)…

 

Confira os comentarios bíblicos.

 

Video: https://www.youtube.com/watch?v=qf6IdLCrDkk

La importancia de derrotar a los antipatrias bolsonaristas

[Por: Leonardo Boff]

Nunca hubo en la historia de Brasil una ruptura fundacional que interrumpiera nuestra herencia de exterminio de los pueblos indígenas, de esclavitud, de colonialismo, de neocolonialismo y del dominio de la élite del atraso. Esas élites ocuparon el poder político desde el Imperio y jamás fueron desplazadas de él. Los cambios ocurridos nunca modificaron la naturaleza de ese poder, que siempre fue elitista, excluyente y antipopular frustrando el proyecto de un Brasil para todos. Los poderosos nunca reconocieron los derechos de quienes fueron injustamente humillados y los empujaron a la marginalidad, donde consideran que está su lugar natural. Son las «élites del atraso», en la acertada expresión del sociólogo Jessé Souza.


La inconformidad popular fue siempre reprimida con extrema violencia, al punto de que el historiador mulato Capistrano de Abreu afirmó crudamente que «el pueblo fue castrado y recastrado, desangrado y vuelto a desangrar».


A pesar de ello, y contra la voluntad de esas élites, se fue creando aquí, a lo largo de cinco siglos, un experimento civilizatorio singular. En palabras del recordado historiador José Honório Rodrigues: «Somos una república mestiza y étnica culturalmente. No somos europeos ni latinoamericanos. Somos tupinizados, africanizados, orientalizados y occidentalizados. La síntesis de tantas antítesis es el producto singular y original que es el Brasil actual… El gran éxito de la historia de Brasil es su pueblo, y la gran decepción es su dirigencia. Esta nunca se reconcilió con el pueblo; nunca vio en él una criatura de Dios; nunca lo reconoció, porque habría querido que fuera lo que no es; nunca vio sus virtudes ni admiró sus servicios al país; lo llamó de todo —desde Jeca Tatu—, le negó sus derechos, destruyó sus vidas y, apenas lo vio crecer y negarle poco a poco su aprobación, conspiró para devolverlo a la periferia, al lugar que sigue creyendo que le pertenece» (Conciliación y Reforma en Brasil, 1965, pp. 14 y 122). De ese caldo cultural está surgiendo una nación inventada por nosotros mismos, todavía en construcción, con características propias, capaz de fundar un Brasil verdaderamente nuestro. Ese era el sueño de Darcy Ribeiro en su último e inspirador libro “El pueblo brasileño “ (1995).


Una utopía de un Brasil diferente ha estado siempre en marcha, reprimida pero nunca vencida, gestada en el sindicalismo auténtico, en el seno de las clases populares, en las iglesias de la liberación, en los sectores progresistas de las élites, entre intelectuales y artistas comprometidos con la causa de los oprimidos.

Esos actores crearon un importante poder social de resistencia y de liberación, que hoy se canaliza hacia el poder político sin dejar de ser un poder social. Surgieron partidos identificados con esa utopía de un Brasil diferente. Pero el principal de ellos fue el Partido de los Trabajadores (PT), que contó desde el comienzo con el extraordinario carisma movilizador de Luiz Inácio Lula da Silva, hoy reconocido como uno de los líderes mundiales más importantes.


Después de varios intentos, Lula llegó finalmente al poder central. Por ser nordestino y provenir de la clase obrera fue rechazado, perseguido, calumniado y condenado por un juez parcial a 580 días de prisión por una razón inédita y extravagante, jamás documentada desde el Código de Hammurabi (1750 a. C.): «por un delito no definido».


En los tres gobiernos que ejerció realizó, al menos parcialmente, el sueño de un Brasil diferente, especialmente para millones de personas que apenas podían alimentarse, vivían en condiciones miserables, no tenían electricidad, escuelas adecuadas ni espacios de recreación, y jamás habrían accedido a la universidad o a la educación técnica.


Podrán decir lo que quieran de Lula, insultarlo llamándolo ladrón —algo que nunca fue— y dirigirle mil agresiones, como recientemente hizo el extravagante presidente argentino Javier Milei. Pero jamás podrán negar su profundo amor por los pobres y los humillados ni las decenas de iniciativas que impulsó en su favor, devolviéndoles, como él mismo siempre destacó, la dignidad que les había sido negada.


Como ya lo había hecho antes, volvió ahora a poner el poder al servicio de la sociedad brasileña desde abajo, con una orientación democrática, popular y promotora de un mundo multipolar, a pesar de las presiones ejercidas por un enloquecido «emperador del mundo», el dirigente de extrema derecha estadounidense Donald Trump.


Sin embargo, tanto en Brasil como en el resto del mundo crece un pensamiento conservador, de rasgos fascistas e incluso de extrema derecha. Ese movimiento llevó a la presidencia a uno de los personajes más perversos de nuestra historia, quien, por su estupidez, permitió la muerte de 700.000 personas víctimas del coronavirus y desmontó numerosos programas sociales. Da vergüenza siquiera mencionar su nombre, tal fue la brutalidad de las relaciones sociales que introdujo. Sus hijos traicionaron a la patria al alinearse explícitamente con el imperio norteamericano y colocar al país al servicio de Donald Trump.


Lo que está en juego en las próximas elecciones es precisamente el enfrentamiento entre dos opciones: la de la subordinación al «emperador Donald Trump», como socio menor y subordinado; o la opción por la soberanía de Brasil, como nación democrática y popular, con un proyecto nacional autónomo, consciente de lo que podemos aportar como país, desarrollando nuestra industria y nuestras tecnologías para aprovechar estratégicamente las tierras raras.

Es imperativo que la utopía de un Brasil diferente derrote a Flávio Bolsonaro, a quien considera un traidor a la patria e hijo de un golpista cobarde encarcelado, y que haga frente al tradicional pacto de las élites conservadoras y reaccionarias, que nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sino únicamente para sí mismas, a fin de abrir un nuevo rumbo para nuestro país.


El tiempo corre velozmente y en contra del propósito liberador. No basta con resistir: es necesario avanzar y sostener el debate teórico y político.


Como sentenciaba don Quijote: «No debemos reconocer las derrotas sin antes haber dado las batallas». Y esta vez las daremos todas para hacer realidad ese sueño tantas veces negado y siempre resucitado.

Leonardo Boff escribe para la revista ICL Liberta https://www.revistaliberta.com.br. Es autor, entre otros libros, de Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia (Vozes, 2018).

 

Día de la Sobrecapacidad de la Tierra

[Por: Leandro Sequeiros]

La organización internacional Global Footprint Network ya ha anunciado en un comunicado de prensa que en 2026, el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra será el 30 de julio de 2026. Esto significa que, desde el 1 de enero hasta el 30 de julio, la humanidad ha consumido tanto de la naturaleza como los ecosistemas del planeta pueden renovar durante todo este año. En otras palabras, en solo 6 meses, la humanidad consumió lo que la Tierra tarda 12 meses en regenerar.

 

En el año 2025, el Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se produjo el 24 de julio, con lo cual este año 2026 hemos ganado solo unos días respecto al pasado año…

 

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Invitación: Curso On Line de “Ministerios de laicas y licos en una Iglesia sinodal”

[Por: Cebitepal]

El Centro Teológico Cebitepal invita al curso on line: “ministerios de laicas y laicos en una Iglesia sinodal…

 

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O rosário e o futebol!

[Por: Júlio Lázaro Torma]

O que a devoção católica mariana e a prática do futebol, tem em comum? 

 

O futebol que era até pouco tempo uma paixão nacional. Onde ha uma bola, tinha partida na rua, praça, cancha , ginásio, campinho de várzea, potreiro, pátio e festa das comunidades.

 

O Rosário, uma prática devocional a Nossa Senhora, difundida por São Domingos de Gusmão (1170-1221) e pelos membros da ordem dos pregadores, fundada pelo mesmo…

Invitación: Presentación del libro “Política, democracia y ciudadanía en una sociedad neoliberal”

[Por: Comité Memorial Puente Bulnes]

Con la participación de Juan Carlos Gómez Leyton y de Wladimis González Romero, será presentado el libro “Política, democracia y ciudadanía en una sociedad neoliberal (Chile: 1990 – 2010)…

 

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Moradia e direito a cidade! Um direito de todas!

[Por: Júlio Lázaro Torma]

Nos dias 28 e 29 de Julho, tivemos no município de Pelotas (RS) um grande momento de repensarmos e pensarmos a cidade. O Colégio São José e o seu auditório, foram palco e a casa de grandes debates, onde pensamos e conversamos ha questão da Moradia  Popular e o Direito à cidade em nosso município, inspirado na Campanha da Fraternidade 2026…

 

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Entre rios e distâncias: o desafio de ser uma Igreja das margens na Amazônia

[Por: Gabriel dos Anjos Vilardi | Biodiversidade.org]

Neste artigo de Gabriel Vilardi, o jesuíta reflete que a Igreja, diante das ameaças, alegrias e desafios enfrentados na querida Amazônia, é chamada pelo Deus que se fez Marginal a ser cada vez mais uma Igreja que não teme as margens, tampouco os marginalizados.

 

Em tempos de um cristianismo que flerta com o desejo de uma neocristandade triunfante, com uma atração fetichista pelo latim e por vestes litúrgicas espalhafatosas que reafirmam o poder principesco, retomar a essência do Evangelho nunca foi tão fundamental. Como muitas comunidades cristãs localizadas na Ásia, a Igreja da Amazônia compartilha a experiência de ser um pequeno rebanho (Lc 12, 32). Uma Igreja que em razão das circunstâncias geográficas, culturais e políticas se encontra dispersa entre rios e distâncias, buscando viver o desafio de ser uma Comunidade das Margens…

 

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