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La importancia de derrotar a los antipatrias bolsonaristas

[Por: Leonardo Boff]

Nunca hubo en la historia de Brasil una ruptura fundacional que interrumpiera nuestra herencia de exterminio de los pueblos indígenas, de esclavitud, de colonialismo, de neocolonialismo y del dominio de la élite del atraso. Esas élites ocuparon el poder político desde el Imperio y jamás fueron desplazadas de él. Los cambios ocurridos nunca modificaron la naturaleza de ese poder, que siempre fue elitista, excluyente y antipopular frustrando el proyecto de un Brasil para todos. Los poderosos nunca reconocieron los derechos de quienes fueron injustamente humillados y los empujaron a la marginalidad, donde consideran que está su lugar natural. Son las «élites del atraso», en la acertada expresión del sociólogo Jessé Souza.


La inconformidad popular fue siempre reprimida con extrema violencia, al punto de que el historiador mulato Capistrano de Abreu afirmó crudamente que «el pueblo fue castrado y recastrado, desangrado y vuelto a desangrar».


A pesar de ello, y contra la voluntad de esas élites, se fue creando aquí, a lo largo de cinco siglos, un experimento civilizatorio singular. En palabras del recordado historiador José Honório Rodrigues: «Somos una república mestiza y étnica culturalmente. No somos europeos ni latinoamericanos. Somos tupinizados, africanizados, orientalizados y occidentalizados. La síntesis de tantas antítesis es el producto singular y original que es el Brasil actual… El gran éxito de la historia de Brasil es su pueblo, y la gran decepción es su dirigencia. Esta nunca se reconcilió con el pueblo; nunca vio en él una criatura de Dios; nunca lo reconoció, porque habría querido que fuera lo que no es; nunca vio sus virtudes ni admiró sus servicios al país; lo llamó de todo —desde Jeca Tatu—, le negó sus derechos, destruyó sus vidas y, apenas lo vio crecer y negarle poco a poco su aprobación, conspiró para devolverlo a la periferia, al lugar que sigue creyendo que le pertenece» (Conciliación y Reforma en Brasil, 1965, pp. 14 y 122). De ese caldo cultural está surgiendo una nación inventada por nosotros mismos, todavía en construcción, con características propias, capaz de fundar un Brasil verdaderamente nuestro. Ese era el sueño de Darcy Ribeiro en su último e inspirador libro “El pueblo brasileño “ (1995).


Una utopía de un Brasil diferente ha estado siempre en marcha, reprimida pero nunca vencida, gestada en el sindicalismo auténtico, en el seno de las clases populares, en las iglesias de la liberación, en los sectores progresistas de las élites, entre intelectuales y artistas comprometidos con la causa de los oprimidos.

Esos actores crearon un importante poder social de resistencia y de liberación, que hoy se canaliza hacia el poder político sin dejar de ser un poder social. Surgieron partidos identificados con esa utopía de un Brasil diferente. Pero el principal de ellos fue el Partido de los Trabajadores (PT), que contó desde el comienzo con el extraordinario carisma movilizador de Luiz Inácio Lula da Silva, hoy reconocido como uno de los líderes mundiales más importantes.


Después de varios intentos, Lula llegó finalmente al poder central. Por ser nordestino y provenir de la clase obrera fue rechazado, perseguido, calumniado y condenado por un juez parcial a 580 días de prisión por una razón inédita y extravagante, jamás documentada desde el Código de Hammurabi (1750 a. C.): «por un delito no definido».


En los tres gobiernos que ejerció realizó, al menos parcialmente, el sueño de un Brasil diferente, especialmente para millones de personas que apenas podían alimentarse, vivían en condiciones miserables, no tenían electricidad, escuelas adecuadas ni espacios de recreación, y jamás habrían accedido a la universidad o a la educación técnica.


Podrán decir lo que quieran de Lula, insultarlo llamándolo ladrón —algo que nunca fue— y dirigirle mil agresiones, como recientemente hizo el extravagante presidente argentino Javier Milei. Pero jamás podrán negar su profundo amor por los pobres y los humillados ni las decenas de iniciativas que impulsó en su favor, devolviéndoles, como él mismo siempre destacó, la dignidad que les había sido negada.


Como ya lo había hecho antes, volvió ahora a poner el poder al servicio de la sociedad brasileña desde abajo, con una orientación democrática, popular y promotora de un mundo multipolar, a pesar de las presiones ejercidas por un enloquecido «emperador del mundo», el dirigente de extrema derecha estadounidense Donald Trump.


Sin embargo, tanto en Brasil como en el resto del mundo crece un pensamiento conservador, de rasgos fascistas e incluso de extrema derecha. Ese movimiento llevó a la presidencia a uno de los personajes más perversos de nuestra historia, quien, por su estupidez, permitió la muerte de 700.000 personas víctimas del coronavirus y desmontó numerosos programas sociales. Da vergüenza siquiera mencionar su nombre, tal fue la brutalidad de las relaciones sociales que introdujo. Sus hijos traicionaron a la patria al alinearse explícitamente con el imperio norteamericano y colocar al país al servicio de Donald Trump.


Lo que está en juego en las próximas elecciones es precisamente el enfrentamiento entre dos opciones: la de la subordinación al «emperador Donald Trump», como socio menor y subordinado; o la opción por la soberanía de Brasil, como nación democrática y popular, con un proyecto nacional autónomo, consciente de lo que podemos aportar como país, desarrollando nuestra industria y nuestras tecnologías para aprovechar estratégicamente las tierras raras.

Es imperativo que la utopía de un Brasil diferente derrote a Flávio Bolsonaro, a quien considera un traidor a la patria e hijo de un golpista cobarde encarcelado, y que haga frente al tradicional pacto de las élites conservadoras y reaccionarias, que nunca tuvieron un proyecto para Brasil, sino únicamente para sí mismas, a fin de abrir un nuevo rumbo para nuestro país.


El tiempo corre velozmente y en contra del propósito liberador. No basta con resistir: es necesario avanzar y sostener el debate teórico y político.


Como sentenciaba don Quijote: «No debemos reconocer las derrotas sin antes haber dado las batallas». Y esta vez las daremos todas para hacer realidad ese sueño tantas veces negado y siempre resucitado.

Leonardo Boff escribe para la revista ICL Liberta https://www.revistaliberta.com.br. Es autor, entre otros libros, de Brasil: concluir la refundación o prolongar la dependencia (Vozes, 2018).

 

Invitación: XLVII Semana de Estudio 2026

[Por: Centro de Estudios Filosóficos y teológicos]

“El púlpito es poder. Religión, política y poder”, es el tema de la XLVII Semana de Estudios 2026.

 

Te invitamos a participar de cuatro jornadas para reflexionar sobre una temática de gran actualidad: los vínculos entre la fe, la política y el ejercicio del poder, desde una mirada histórica, teológica y social…

 

Descargue la invitación.

A importância de derrotar os lesa-pátria bolsonaristas

[Por: Leonardo Boff]

Nunca houve na história do Brasil ruptura instauradora que interrompesse nossa herança de extermínio de indígenas, escravocata, colonial, neocolonial  e da elite do atraso. Elas ocuparam o poder político desde o império e jamais foram apeadas dele. As mudanças havidas nunca trocaram a natureza deste poder que sempre foi elitista excludentee anti-popular, frustrando o projeto-Brasil-de-todos. Os poderosos, em tempo algum, reconheceram os direitos dos injustamente humilhados e os empurraram para a marginalidade, onde pensam que lá é seu lugar natural. São as elites do atraso no justo dizer do sociólogo Jessé Souza.

 

O inconformismo popular foi sempre reprimido com extrema violência a ponto de o historiador mulato Capistrano de Abreu ter dito rudemente que “o povo foi capado e recapado, sangrado e ressangrado”.

 

Não obstante e contra a vontade destas elites, criou-se aqui, ao longo de cinco séculos, um experimento civilizacional singular. No dizer do saudoso historiador José Honório Rodrigues, “somos uma república mestiça, étnica e culturalmente. Não somos europeus nem latinoamericanos. Somos tupinizados, africanizados, orientalizados e ocidentalizados. A síntese de tantas antíteses é o produto singular e original que é o Brasil atual …O grande sucesso da história do Brasil é o seu povo e a grande decepção é a sua liderança. Esta nunca se reconciliou com o povo; nunca viu nele uma criatura de Deus, nunca o reconhceu, pois gostaria que ele fosse o que não é; nunca viu suas virtudes nem admirou seus serviços ao país, chamou-o de de tudo – de Jeca Tatu -negou seus direitos, arrasou suas vidas e logo que o viu crescer e ele lhe negou, pouco a pouco, sua aprovação, conspirou para colocá-lo de novo na periferia, no  lugar que contuna achando que lhe pertence”(Conciliação e Reforma no Brasil,1965,14;122). Deste caldo  cultural está surgindo uma nação inventada por nós mesmos, ainda em fazimento, com características próprias, capaz de fundar um Brasil nosso. Esse era o sonho de Darcy Ribeiro em seu derradeiro e inspirador livro “O Povo Brasileiro”(1995).

 

Uma utopia-Brasil-diferente esteve sempre em curso, reprimida mas nunca vencida, gestada no sindicalismo autêntico, no seio das classes populares, nas igrejas da libertação, nos segmentos das elites progressistas, dos intelectuais e dos artístas que se associam à causa dos oprimidos.

 

Tais atores criaram expressivo poder social de resistência e de libertação, que está se canalizando em poder político, sem se esvaziar como poder social. Surgiram partidos identificados com a utopia-Brasil-diferente. Mas o principal deles foi o Partido dos Trabalhadores (PT) que contou desde o início com o extraordinário carisma de mobilização popular que foi Luiz Inácio Lula da Silva,hoje reconhecido com uma das lideranças mundiais mais expressivas.

 

Depois de várias tentativas, ele finalmente chegou ao poder central. Por ser nordestino e da classe operária, foi rejeitado, perseguido, caluniado e condenado por um juiz parcial a 580 dias de prisão e, por uma razão inédita e exótica jamais documentada, desde do código de Hamurabi (1750 a.C.): “por um crime não definido”.

 

Nos três governos que exerceu realizou em parte o sonho do Brasil diferente, pelo menos para aqueles milhões que mal comiam, moravam miseravelmente, não tinham luz elétrica nem escolas adequadas, nem espaços de lazer e jamais teriam acesso à universidade ou às escolas técnicas.

 

Podem dizer o que quiserem de Lula, ofendê-lo de ladrão que nunca foi e mil agressões vis como recentemente o fez o extravagante Javier Milei, presidente da Argentina. Mas jamais poderão negar seu entranhável amor aos pobres e insultados e as dezenas de obras que pôs em marcha a seu favor, resgatando-lhe, o que sempre enfatizou, a dignidade negada.  

 

Como fez anteriormente, colocou agora o poder a serviço da sociedade brasileira a partir de baixo, democrática, popular, promotora da multipolaridade. Não obstante a pressão exercida por um ensandecido “imperador do mundo”, de extrema direita, o norte-americano Donald Trump.

 

No entanto, seja no Brasil seja no mundo cresce o pensamento conservador, de cariz fascista e até de extrema direita.Esse movimento levou à Presidência um personagem dos mais perversos de nossa história que permitiu, por sua estupidez deixar morrer  700 mil pessoas, vítimas do Corona-virus e desmontar os projetos sociais. É vergonhoso citar seu nome, tal é a brutalidade das relações sociais que introduziu. Seus filhos traíram a pátria, fazendo o jogo explícito do império norte-americano, colocando o país a serviço de Donald Trump.

 

O que está em jogo nas próximas eleições é precisamente o confronto  de duas opções: aquela da submissão ao “imperador Donald Trump”, como sócio menor e agregado. Ou a opção pela soberania do Brasil, como nação democrática e popular, com projeto nacional autônomo, consciente do que podemos, como nação, recontribuir nossa indústria e com as nossas tecnologias o beneficiamento das terras raras.

 

É imperativo que a utopia-Brasil-diferente derrote a Flávio Bolsonaro, o traidor da pátria e filho do golpista covarde e preso, e fazer frente ao tradicional pacto das elites conservadoras e reacionárias que nunca tiveram um projeto-Brasil, mas um só para si, e fundar um novo rumo ao nosso país.  O tempo corre veloz e contra o propósito libertário. Importa não só resistir, mas avançar e travar o debate teórico e político.

 

Como bem sentenciava Dom Quixote, “não devemos reconhecer as derrotas, sem antes dar as batalhas”. E desta vez, vamos dá-las todas para realizar o sonho tantas vezes negado e sempre ressuscitado.

 

Leonardo Boff escreve para a revista do ICL LIBERTA (https://www.revistaliberta.com.br); escreveu também Brasil: concluir a refundação ou prolongar a dependência, Vozes 2018 (https://www.leonardoboff.org).

Webinar: ¿Qué pasa con la extranjerización de tierras argentinas?

[Por: Varias organizaciones]

El Observatorio de Tierras analiza ¿qué pasa con la extranjerización de tierras argentinas?

 

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Estamos aquí: la voz de las mujeres afrodescendientes no será silenciada

[Por: LACAM]

En este Día Internacional de la Mujer y la Niña Afrodescendiente, Afroamericana y de la Diáspora, cuando la Red Latinoamericana y Caribeña de Mujeres Afrodescendientes (LACAM) cumple tres años de camino, no hacemos una celebración de nosotras mismas, sino un reconocimiento al invaluable aporte de las mujeres afrodescendientes a la Iglesia y a la sociedad…

 

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Hacia una espiritualidad ecofeminista: tiempo de espiritualidades

[Por: Juan José Tamayo]

Agradezco la generosa acogida por parte de Religión Digital de mi artículo sobre ¿Hay lugar para la espiritualidad en tiempos de la Inteligencia artificial y de la tecnocracia?, publicado el 12 de julio, y a las lectoras y los lectores los comentarios que me han hecho llegar. Todos ellos han enriquecido el texto y me permitido caer en la cuenta de la necesidad de seguir reflexionando y profundizando sobre el secuestro al que está siendo sometida la espiritualidad por los diferentes sistemas de dominación, incluido el religioso y, más en concreto, el sistema eclesiástico jerárquico-piramidal y clerical, que ha sofocado la espiritualidad jesuánica en aras del mantenimiento del poder patriarcal.

 

Han sido la teología de la liberación y la teología feminista las que me han llevado derechamente al redescubrimiento de la espiritualidad y a la nueva orientación liberadora y feminista de la misma.

 

El artículo terminaba con la pregunta ¿Qué espiritualidad para el siglo XXI?, anunciando la respuesta en un nuevo artículo que es el que ahora voy a desarrollar. Me centraré en una de las dimensiones a mi juicio más importantes, creativas y más necesarias de la espiritualidad: la feminista. Se trata de una dimensión necesaria a abordar y cultivar precisamente en un momento en el que avanzan, tanto en la sociedad como en las religiones, las prácticas patriarcales y las tendencias antifeministas, que son el resultado de la alianza entre el neoliberalismo y el patriarcado, como certeramente han demostrado Ana de Miguel en Neoliberalismo sexual (Cátedra) e Irene Otero Pérez en Postfeminismo: alianza entre neoliberalismo y patriarcado (de próxima publicación).

 

La perspectiva de género debe jugar un papel fundamental en el nuevo paradigma de inter-espiritualidad que desarrollo en mi libro Hacia una espiritualidad liberadora (Herder, Barcelona, 20204). El resultado es una espiritualidad feminista, que empieza por cuestionar las formas clásicas –mayoritariamente masculinas y autoritarias- de representación de lo Divino y las concepciones morales del eterno femenino y del culto a la dama blanca, que “son una proyección de la élite de los hombres y clérigos cultos occidentales”, como afirma Elisabeth Schüssler Fiorenza.

 

Tales concepciones exigían -y todavía exigen en no pocos espacios religiosos- a las mujeres una vida espiritual de renuncia, resignación, sometimiento al varón, silencio, evasión, recato, invisibilidad, enemistad con la vida, desprecio del propio cuerpo y negación del placer.

 

Espiritualidad ética y política

 

En la nueva espiritualidad las mujeres se redescubren como sujetos, viven la experiencia religiosa desde su propia subjetividad y no aceptan mediaciones clerico-patriarcales o jerárquico-institucionales que, en el fondo, pretenden negar o, al menos, controlar su subjetividad. No se reconocen en las tradicionales divisiones entre sagrado y profano, espiritual y material, natural y sobrenatural, cuerpo y alma, trascendencia e inmanencia, etc.

 

El lugar de la nueva espiritualidad es el mundo sin fronteras, la naturaleza toda donde se deja sentir el misterio, la vida como don y tarea, la realidad sin compartimentos estancos y, en feliz expresión de Elisabeth Schüssler Fiorenza, “las plazas públicas de la aldea global”, donde son enviadas “las creadas de la Divina Sabiduría”. 

 

Su espacio son todos aquellos lugares en los que se desarrolla la existencia humana: la profesión, la actividad política, la comunicación, la vía pública, el ágora, la vida cotidiana, etc. Eso no significa que se proponga neo-sacralizar el mundo. Todo lo contrario: respeta su plena autonomía y le reconoce como el verdadero escenario donde se juega el destino humano. Su presencia en el mundo se orienta a transmitir el dinamismo liberador de la E(e)spíritu. 

 

No es una espiritualidad intimista y privatizante, sino sapiencial, política y activa, que levanta la voz y lucha en favor de las personas indefensas y de la naturaleza expoliada. En ese sentido es rebelde e inconformista con el sistema excluyente, todopoderoso y opresor. Se caracteriza por una profunda inspiración ético-práxica. Se guía por los imperativos de la fraternidad-sororidad, la justicia-liberación y el respeto a la dialéctica igualdad-diferencia. Una espiritualidad sin ética es vacía; una ética sin espiritualidad es ciega.

 

La nueva espiritualidad se expresa a través del lenguaje de los símbolos, del cuerpo, de los sentimientos, de las pasiones, de la experiencia, sin por ello eliminar la razón, pero sin que esta domine sobre otras dimensiones del ser humano. Parte de la vida en toda su riqueza y complejidad, con sus contradicciones y problemas, sus aspiraciones y frustraciones, sus alegrías y tristezas, sus avances y retrocesos, sus búsquedas y sus fracasos.  

 

Es una espiritualidad ecológica, que no utiliza la naturaleza como objeto de dominio, sino, haciendo mía la idea de Raimon Panikkar, como espacio de encuentro: una espiritualidad interreligiosa donde convergen las experiencias místicas y contemplativas más auténticas, no mediadas por los intereses de poder de cada religión, sino animadas por el encuentro humano-divino no venal, sino pleno de gratuidad.     

 

La nueva espiritualidad feminista, ética y sapiencial, ecológica e interreligiosa, va a las fuentes de la experiencia religiosa y de la experiencia humana, constituye el mejor correctivo a la cada vez más extendida mercantilización de la religión por parte del sistema, a su manipulación por parte del Imperio, a su uniformización por parte de los fundamentalismos, a su espiritualización por parte de los funcionarios de lo sagrado, a su patriarcalización  por parte de las masculinidades sagradas.

 

Espiritualidad ecofeminista holística

 

La espiritualidad ecofeminista incluye en su horizonte la naturaleza. Tras siglos de desencuentro entre Gaia y Dios, Rosemary Radford Ruether muestra que Gaia, la diosa griega de la Tierra, símbolo del planeta concebido como un ser vivo, no es antagónica de la deidad monoteísta de las tradiciones bíblicas. Para ello hace un análisis dialéctico de las fuentes históricas y religiosas de la cultura occidental donde encuentra tanto las ideas y las prácticas del dominio del varón y de Dios sobre la Tierra como elementos importantes para una nueva actitud eco-fraterno-sororal ante la vida, la naturaleza, Dios y los seres humanos.

 

El propósito del ecofeminismo es recuperar la Tierra, el restablecimiento de una relación sana y armónica entre hombres y mujeres, los seres humanos y la Tierra, la eliminación de las clases sociales y de las fronteras entre las naciones. Esta recuperación solo será posible si reconocemos y modificamos la manera en la que la cultura occidental, apoyada en parte en el cristianismo, ha justificado la dominación de la naturaleza por los seres humanos, especialmente por quienes detentan coaligadamente el poder político, económico y cultural. Ello requiere “transformar nuestras mentes y la forma en que establecemos las relaciones entre el hombre y la mujer, los humanos y la Tierra y Dios y la Tierra”, afirma Radford Ruether.

 

Es necesario escuchar las dos voces: a) la de Dios para proteger a las personas y los colectivos más vulnerables: clases sociales explotadas y naciones oprimidas, y limitar el poder de los fuertes; b) la de Gaia, que habla desde el corazón íntimo de la materia y no se traduce en leyes o en puro conocimiento intelectual, sino en el cuidado de la Tierra.

 

Con-spirando. Revista Latinoamericana de Ecofeminismo, Espiritualidad y Teología, fundada en Chile en 1992, propone una espiritualidad ecofeminista holística cuyos análisis se centran en los antecedentes de las situaciones culturales y sociales que han propiciado no solo relaciones destructivas entre hombres y mujeres, entre dirigentes y grupos humanos oprimidos, sino también la destrucción de la comunidad biótica, de la que los seres humanos somos parte interdependiente.

 

En América Latina, la espiritualidad ecofeminista holística se nutre de la cosmología antigua de las culturas de los pueblos originarios de donde surgen las prácticas de sanación y formas sapienciales y espirituales ajenas a las religiones monoteístas de carácter patriarcal. Esta cosmología se basaba en la dualidad de los opuestos complementarios. Los aspectos religiosos y sociales estaban estrechamente entretejidos: la religión, la filosofía, las artes, la agricultura, etc.

 

La espiritualidad ecofeminista holística critica el sistema patriarcal jerarquizado y excluyente sin el cual el capitalismo no podría existir, cuestiona la antropología y la cosmología que consideran a los seres humanos dueños y señores de la creación, y deconstruye la imagen de Dios-Creador que habría dado al varón la orden de dominar la Tierra y que estaría legitimando el derecho a abusar de ella en su propio beneficio apelando a una orden divina. Reclama, a su vez, un cambio en la imagen del ser humano y de Dios en el Cosmos.  

 

De la guerra de espiritualidades al tiempo de espiritualidades

 

Junto a una espiritualidad ecofeminista creo necesario elaborar un diálogo entre espiritualidades. Hay que hablar de espiritualidades en plural como un fenómeno real a constatar, un derecho a reconocer, un valor a promover y una riqueza a cultivar. Esto contrasta con la tendencia a uniformar y jerarquizar las espiritualidades desde planteamientos hegemónicos, en el caso de Occidente, desde la hegemonía de la espiritualidad cristiana.

 

Tal tendencia uniformadora y jerarquizada lleva a juzgar a las otras espiritualidades desde criterios cristianos, minusvalorarlas e incluso anatematizarlas. Peor aún, conduce a la “guerra de espiritualidades”, que con frecuencia sirve de fundamento a las guerras de religiones y al choque de civilizaciones, tan frecuentes en la historia de la humanidad hasta nuestros días.

 

Es necesario desactivar el falso fundamento de la “guerra de espiritualidades”, todavía hoy vigente en determinados entornos geopolíticos, culturales y religiosos, y poner las bases para pasar de la espiritualidad única al pluriverso espiritual, de la actitud anti a la inter-espiritualidad, del anatema al diálogo y del enfrentamiento al encuentro. El resultado es un nuevo paradigma de espiritualidad en un mundo global caracterizado por la pluriversidad. 

 

Y todo ello no desde la neutralidad política, sino en el horizonte de la liberación de las personas más vulnerables, de las clases sociales explotadas, de las mujeres sometidas a múltiples discriminaciones por razones de género, etnia, cultural, religión, clase social, hasta el feminicidio, de los pueblos originarios, de las comunidades negras, de la naturaleza depredada por mor del modelo de desarrollo científico técnico androcéntrico de la Modernidad, de las culturas, sabidurías y espiritualidades despreciadas y negadas hasta llegar al epistemicidio, y de las identidades afectivo-sexuales no reconocidas.

 

Mi propuesta de espiritualidades en diálogo constituye una respuesta argumentada y una alternativa a los fundamentalismos y exclusivismos que pretenden imponer la uniformidad en todos los ámbitos de la existencia humana. Con esta propuesta dese contribuir modestamente al nacimiento de un tiempo nuevo: el “tiempo de inter-espiritualidades”.

¿Es posible cambiar el rumbo del Titanic?

[Por: Leonardo Boff]

Estamos en el ojo de una crisis civilizatoria sin precedentes en la historia.

Todas las grandes crisis conocidas fueron regionales. Como consecuencia de ellas surgía un nuevo sujeto histórico («los bárbaros»), dotado de vitalidad y de un proyecto alternativo que permitía que la historia continuara por un nuevo rumbo.

 

Esta vez es diferente. La crisis parece ser global, estructural y terminal. Global, porque afecta a todo el planeta. Es estructural porque no se trata de una crisis coyuntural que, una vez superada, permita la continuidad de la civilización occidental, hoy despreciada por Donald Trump. Ahora ha sido alcanzado el corazón mismo del sistema. Por eso es terminal. Con ella no termina el mundo, sino un determinado tipo de mundo social, construido a lo largo de los últimos siglos.

 

Para resolver sus problemas internos y los heredados, este tipo de mundo tendría que negarse a sí mismo. Pero no lo hace. Por eso tiene pleno sentido la severa advertencia de Eric Hobsbawm al concluir La era de los extremos (1994): «El mundo corre el riesgo de explosión e implosión. Tiene que cambiar… la alternativa al cambio es la oscuridad» (p. 352). Inevitablemente está en rumbo de colisión contra el iceberg que él mismo creó. Un signo de esperanza nos lo ofrece el ecosocialismo, que recoge lo mejor del ideal socialista clásico (no el soviético) y lo articula con la ecología.

 

¿Cuál es ese iceberg? El orden del capital, un verdadero Titanic. Parte del falso supuesto de que los recursos de la Tierra son ilimitados. Imagina que eso permite también un crecimiento ilimitado. El sistema no se preocupa por la Sobrecarga de la Tierra, que ya alcanzó su límite a mediados de junio de 2026. Tampoco le preocupa la erosión de las nueve fronteras planetarias (cambio climático, integridad de la biosfera, cambios en el uso del suelo, entre otras), cuyo traspaso puede provocar el colapso de la civilización. Seis de ellas ya han sido sobrepasadas.

 

El sistema del capital es depredador. En el proceso normal de evolución desaparecen aproximadamente 300 especies de seres vivos por año. Actualmente, debido a la voracidad consumista, según E. O. Wilson desaparecen entre 70.000 y 100.000 especies anualmente. Esto equivale a una auténtica devastación, comparable a la ocurrida durante milenios en el pasado. Casi todos los bienes y servicios naturales no renovables se vuelven cada vez más escasos.

 

Además de los ya mencionados, algunos representan límites infranqueables que amenazan al conjunto de la humanidad, como es el caso de la escasez de agua potable. Solo el 3 % de toda el agua del planeta es potable y, de esa cantidad, apenas el 0,7 % es accesible para el uso humano. En los diversos foros internacionales organizados por la ONU se ha advertido que, en los próximos años, podrían producirse guerras devastadoras entre regiones para garantizar el acceso al agua potable, sin la cual la vida resulta imposible.

 

A ello se suma el agotamiento, previsto para los próximos años y ya perceptible debido al cierre del estrecho de Ormuz, de la energía fósil (el petróleo), la sangre que alimenta la máquina industrial mundial. Dependemos de fuentes alternativas de energía renovable, parcialmente desarrolladas, que todavía no alcanzan el 30 % de la demanda total.

 

El sistema también es consumista: la maquinaria fue diseñada para producir bienes y servicios materiales de manera lineal, creciente e ilimitada. Esos bienes deben ser consumidos. Si no hay consumo, el negocio quiebra. Los seres humanos son inducidos a consumir cada vez más y a universalizar el consumo tanto como sea posible, algo que la Tierra no puede soportar.

 

Ese consumo no es solidario, sino individualista. Por eso produce desigualdades e injusticias clamorosas que atentan contra el sentido mismo de la creación, orientada más por la cooperación que por la competencia, hoy convertida en principio hegemónico.

 

¿Existen salidas para una crisis de semejante magnitud? No dentro del orden capitalista. Sí, con la condición de inaugurar un nuevo modelo civilizatorio de producción, respetuoso de la naturaleza y basado en un consumo responsable y solidario.

 

Pero conviene señalar la distorsión filosófica que subyace a nuestra civilización: el hecho de haberse construido sobre toda la parafernalia de los medios técnicos destinados a producir poder y riqueza, y no sobre los fines que dan sentido a nuestra aventura planetaria.

 

Además, marginó la inteligencia cordial, fundamento de la ética, de la justa medida y de la espiritualidad, que son las que plantean la cuestión de los valores y de los fines últimos. La primera representa la modernidad técnico-científica, cuya máxima expresión es la inteligencia artificial (dominus, el dueño). La segunda representa la modernidad ético-espiritual, relegada a un segundo plano (frater), que reconoce a todos —incluida la naturaleza— como parientes, hermanos y hermanas.

 

¿Hay salida para la crisis? Sí, si recuperamos aquello que dejamos atrás y refundamos una civilización que otorgue centralidad a la comunidad de vida y, a partir de ella, reoriente la economía, la política y las formas de participación social.

 

¿Lo desean quienes detentan el poder y los grandes negocios? No. La mayoría es negacionista. Están más preocupados por obtener ganancias ventajosas que por garantizar las condiciones para que el planeta siga siendo habitable.

 

¿Podemos detener al Titanic en rumbo de colisión? Sí y no. Sí, si introducimos los cambios necesarios. No, si persistimos en el camino actual que nos conduce a escenarios dramáticos.

 

Pero existen fuerzas rectoras que construyeron el universo y también a nosotros mismos. Esas fuerzas son más poderosas que la destructividad humana. ¿Por qué no intentar el ecosocialismo (Michel Löwy), propuesto como un proyecto realizable para todo el planeta por situar los valores en el centro? Es una propuesta viable y prometedora para construir un futuro mejor.

 

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL. También es autor de Cuidar de la Tierra, proteger la Vida.

Com São Cristovão, solidariedade na caminhada

[Por:  Júlio Lázaro Torma]

Neste domingo, comemoramos o Dia do Motorista e da Motorista e a Paróquia São Cristovão. Na 41ª Festa de seu Padroeiro e do Motorista, nos convida “Com São Cristovão, solidariedade na caminhada”…

 

Confira o artigo.

¿Qué huellas dejamos?

[Por: Pedro Pierre]

Hay una frase de la Biblia que me ha impactado y me impacta siempre: “Hagamos ahora el elogio de los hombres ilustres… Unos sobresalieron por sus sabias decisiones… Otros cayeron en el olvido, desaparecieron como si no hubieran existido.” (Sirácides 44). ‘Dejar huellas’, de eso se trata: Estamos llamados a ‘dejar huellas’; para eso existimos y por eso llegamos a ser felices…

 

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Homenagem à Santa Maria Madalena

[Por: Reginaldo Veloso]

Em meu peito arde o meu coração

Quero ver, quero ver meu Senhor

Eu procuro, eu procuro meu bem

Onde está, onde está meu amor? (2x)

 

Ó meu Deus, ó meu Deus, desde cedo eu te anseio

O meu ser tão sedento por ti só o anelo

Minha carne te busca, por ti ela anseia

Como terra sem água, feito árida areia

Assim eu gostaria de te contemplar

Teu poder, tua glória, no templo aprovar

Pois mais doce que a vida é teu grande amor

E meus lábios irão celebrar teu louvor…

 

Confira a música.