Inicio Blog Página 2

Dom Helder realiza uma Festa Junina no Pátio do Palácio Episcopal: aproximação entre Povo e Bispo

Nos primeiros meses de seu pastoreio em Olinda e Recife, Dom Helder Camara quis realizar uma festa junina que deveria acontecer no Pátio do Palácio Episcopal. Almejava ver as crianças pobres e ricas brincando juntas como irmãs.

Com sua veia poética, Dom Helder destacou que as criaturas da terra e do céu estavam aguardando o esperado dia da irmandade:

“No jardim de nossa Casa, preparação intensiva para a abertura do Parque Infantil na véspera de São Pedro: ● o velho Tamarineiro, majestoso e belo, remoçou de tão feliz; a jaqueira deu até para tagarela; todas as árvores (sapotizeiros, oitizeiros, pés de romãs e pitangas…) andam radiantes… Só andam meio temerosas as plantas suspensas por fios em vasos de barro… Mas as flores (o jasmineiro da frente da Casa e a trepadeira dos lados) – talvez seja impressão – nunca foram tão belas e perfumadas… ● já chegou a lenha para a fogueira; ● a lua anda desolada por não poder esperar até 28… ● os pássaros não cabem em si de contentes (embora eu mesmo me aflija um tanto vendo certos ninhos que são uma tentação para a garotada); ● os Anjos foram convocados e São Miguel combinou que fiquem sob a liderança fraterna de José”.

Muitas pessoas participaram da festa no pátio do palácio. Na Circular 41, Dom Helder escreveu sobre as longas filas, a recepção, os alimentos, as danças, os sorteios… “Devo ter confiança e a simplicidade de reconhecer que o interesse mesmo – o empurra-empurra, o carinho, o calor, o delírio – era entrar ‘na casa de D. Helder’”. E acrescentou: “Mistura absoluta: netos de usineiros e garotos de beira-rio e alagadiço. […] Recife esqueceu a Revolução. Superou rancores. Rifou o medo. E entrou, confiante, na casa do pai. Deus seja louvado!”.

Dom Helder registrou um “flagrante” acontecido na festa: ‘“O Sr. precisa ser Papa, para fazer uma festa assim no Vaticano’. (Vou soprar a ideia ao Santo Padre)”.

Para Dom Helder uma “tarde destas valeu mais como promoção de Igreja, como aproximação entre povo e Bispo do que muita iniciativa do estilo antigo… Magnificat! O Senhor fez em mim maravilhas: Santo é o seu nome”.

Pe. Ivanir Antonio Rampon

Teólogo

Algumas fontes

Camara, Dom Helder. Circulares Interconciliares. Tomo I. Recife: CEPE, (organizador: Zildo Rocha), 2009.

Rampon, Ivanir Antonio. O caminho espiritual de Dom Helder Camara. São Paulo: Paulinas, p. 155-156, 2013.

 

https://domheldercamara.org.br/2026/07/02/causos-do-dom-97/

 

Boletín: De la exclusión al reconocimiento

Esta edición del Boletín N°195 del Instituto Bartolomé de Las Casas pone la mirada sobre algunos de los principales desafíos que atraviesan la salud y los territorios de América Latina.

Desde la crisis estructural del sistema sanitario peruano y las desigualdades en el acceso a la atención, hasta el impacto de la contaminación por mercurio en comunidades indígenas de la Amazonía de Perú, Bolivia y Brasil, los contenidos reunidos muestran situaciones que afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables.

El boletín también presenta datos sobre inversión pública, salud mental, anemia y gasto de bolsillo, aportando elementos para comprender una realidad que exige atención, responsabilidad y respuestas concretas.

“Mi reino no es de este mundo”

Uno de los textos bíblicos utilizados con más frecuencia para decir que Jesús “no se mete en política”, que está dedicado “a las cosas de Dios”, que no se debe mezclar “la fe y las cosas mundanas” se encuentra en el Evangelio de Juan en el diálogo de Jesús con Poncio Pilato. Curiosamente, muchos de los que dicen semejantes cosas, luego “se meten en política” al grito de “¡viva Cristo Rey!”. Pero, ¡veamos!

Para empezar, como se ha dicho frecuentemente, y es evidente y razonable, no se debe citar un dicho aislado y descontextualizado, por lo que es bueno mirarlo en su integridad.

El relato, un tanto extenso, muestra a Pilato “saliendo”, donde están los judíos y “entrando” donde está Jesús para su interrogatorio. Los judíos no quieren entrar al Pretorio para no contaminarse entrando en territorio pagano ya que esa noche esperan celebrar la Pascua (18,28). La acusación contra Jesús es que se trata de un “malhechor”, alguien que obra el mal (18,30). Ante esa acusación no se comprende la pregunta de Pilato a Jesús al “entrar”: “¿eres el rey de los judíos?” (19,33). Él, que enfrenta la situación con notable dignidad, le pregunta si eso lo afirma él o si lo dicen otros (19,34). “¿Qué has hecho?”, repregunta Pilato indicando que fue entregado por las autoridades judías. Es en este contexto que Jesús pronuncia el conocido dicho:

Respondió Jesús: – Mi Reino no es de este mundo; si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí (18,36).

Pero el diálogo continúa todavía y Pilato vuelve a preguntarle si es rey. A esto, Jesús responde enigmáticamente:

Respondió Jesús: – Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz (18,37).

Y. antes de salir nuevamente donde los judíos, Pilato pregunta “¿Qué es la verdad?”, y se va sin esperar respuesta.

Con esto tenemos ya algunos elementos para mirar atentamente el texto.

La acusación de malhechor ligada a la pregunta si Jesús es rey parece ubicar el juicio en un contexto de conflicto. Los malhechores, o los “salteadores”, como Barrabás (18,40) eran – en tiempos del Evangelio de Juan – grupos de sicarios violentos claramente anti
romanos. La pregunta sobre si es rey implica si Jesús pretende tomar el poder. Por eso, a la reiteración de la misma, Jesús le dice “tú dices que soy rey”, es decir, “eso no es algo que yo diga”, “eres tú quien lo dice”. Y al señalar el reino “de este mundo” destaca que, de serlo, sus sirvientes combatirían. Obviamente Pilato no puede comprenderlo. Porque “se mueve con otras categorías”. Por eso, cuando Jesús afirma que su misión es ser testigo de la verdad, que los de “la verdad” escuchan su voz, Pilato no entiende. No es de la verdad y por eso pregunta de qué se trata (y, precisamente por no serlo, no espera
respuesta, no la comprendería).

La “verdad”, en el Evangelio de Juan también es una terminología muy densa. La verdad se vive, se obra (3,21), Jesús es “el camino, la verdad y la vida” (14,6), Dios debe ser adorado en “espíritu y en verdad” (4,23.24) porque el diablo es “padre de la mentira”
(8,44). Jesús es la luz verdadera (1,9), el pan verdadero (6,32), la vid verdadera (15,1) … es el verdadero profeta (6,14) y es verdaderamente el Salvador del mundo (4,42). La verdad, entonces, es la fidelidad, la lealtad a las cosas de Dios (algo que, por cierto,
Pilato no es). Por eso la verdad-fidelidad nos hace libres, es decir, ¡hijos!

El “mundo”, entonces, en Juan tiene cierta ambigüedad: Dios lo ama y le entrega a su hijo (3,16) que quita “el pecado del mundo” (1,29), es enviado al mundo (10,36) para que el mundo se salve (3,17; 12,47). El mundo espera a Jesús como profeta (6,14) y como “el Cristo, el Hijo de Dios” (11,27) que ha de venir al mundo, es la luz del mundo (8,12;9,5; 12,46). Pero “el mundo” es también el ambiente adverso a Jesús, que no lo ha recibido (1,10), con obras adversas a Dios que Jesús pone de manifiesto (7,7). No puede recibir al espíritu de la verdad (14,7) y no puede ver a Jesús, cosa que sí hacen sus amigos (14,19). La paz del mundo, la Pax Romana, es la de la opresión y la injusticia
(14,27), gobernado por el “príncipe de este mundo” (14,30). Por eso odia a Jesús y a los suyos (15,18) “que estaban en el mundo” (13,1). Están en el mundo, pero no pertenecen a “este” mundo (17,13-18) aunque – como Jesús – son enviados a él (17,18). En su Pascua, Jesús “ha vencido al mundo” (16,33).

En este contexto, el diálogo de Jesús con Pilato resulta clarificador. “Este mundo” es el de Pilato, el de la violencia imperial (que está en el trasfondo de toda la escena de la Pasión; “vuelve la espada a la vaina”, 18,10), el de quienes no pueden entender el mensaje de Jesús, su testimonio de la verdad. Pero hay otros, en este mundo, los amigos de Jesús, los que escuchan su voz, los que pretenden una paz “desarmada y desarmante”: Pero este mundo, que es Pilato (“no tenemos más rey que el César”, 19,15), tiene un príncipe, el padre de la mentira, el asesino desde el principio (8,44). Jesús es rey de otro mundo, un mundo de paz, de verdad, de vida, un mundo que sus amigos y amigas debemos edificar, construir para todas y todos. No se trata de que Jesús es rey “en el cielo”, sino que “ha bajado del cielo” para “dar vida al mundo” (6,33). Jesús mismo se nos da como
alimento, pan vivo bajado del cielo, que debemos recibir creyendo, pan para la vida del mundo (6,51). Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13,1) y a eso nos invita “como yo los he amado” (13,34). Sus discípulos, naciendo “de lo alto” entran en el Reino de Dios (3,3-5) y se dejan conducir por el espíritu (3,8) que es “de la verdad” (14,17; 15,26; 16,13), que bajó del cielo y permanece en Jesús (1,32.33) y se dona a sus amigos en su Pascua (7,39; 19,30; 20,22) para continuar su reino en este mundo.

El amor llegará en nosotros a su perfección si somos en el mundo lo que él fue y esperamos confiados el día del juicio (1 Juan 4,17).

La posverdad y la era digital ponen a prueba las democracias latinoamericanas

Las democracias latinoamericanas atraviesan una etapa fragmentación social, pérdida de confianza y dificultades para construir consensos sobre una realidad compartida. A estas transformaciones se suma el impacto de la era digital y de la posverdad, que están modificando las formas de informarse, participar, relacionarse y construir pertenencias.

Estos fueron algunos de los ejes del conversatorio “La crisis de las democracias latinoamericanas en tiempos de la posverdad”, realizado como parte del ciclo “Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra”.

El encuentro reunió las reflexiones de la teóloga feminista mexicana Mariana Gómez Alvarez Icaza, investigadora en derechos humanos, feminismo, género y educación para la paz, y del teólogo y sociólogo brasileño João Décio Passos, profesor de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, quien trabaja temas relacionados con filosofía pública, epistemología y sociología de la religión.

Crisis que va más allá de las instituciones

Mariana Gómez propuso mirar la crisis democrática desde una perspectiva que supere el análisis de las instituciones y los procedimientos políticos. Para la teóloga, lo que está en juego también es el tejido de relaciones que sostiene la vida social.

“Para comprender la magnitud de las crisis democráticas en América Latina, es imprescindible realizar un desplazamiento epistemológico”, manifestó.

Desde las teologías feministas y el caminar comunitario de los pueblos de América Latina, explicó que las crisis actuales pueden entenderse como una fractura “del tejido relacional, epistémico y espiritual del cuerpo social”.

En su análisis, la política contemporánea no se limita a disputar espacios institucionales, sino que también interviene sobre la intimidad, las subjetividades y los afectos. En ese escenario, identificó dos mecanismos que adquieren especial relevancia: la captura del afecto y la pedagogía del miedo.

Gómez señaló que, frente a la incertidumbre económica, el desamparo social y las dificultades para encontrar respuestas estructurales, pueden instrumentalizarse las ansiedades colectivas mediante “pánicos morales e incertidumbres que desmovilizan socialmente y funcionan como herramientas de dominación”.

Estos mecanismos, explicó, pueden recurrir a oposiciones rígidas como orden y caos, bien y mal o sagrado y profano, hasta convertir a determinados grupos sociales en adversarios. Entre ellos mencionó a las luchas feministas, los pueblos originarios, las diversidades y los movimientos socioambientales.

La posverdad como ruptura de una realidad compartida

Gómez advirtió que el fenómeno no puede reducirse a la circulación de noticias falsas en las redes sociales. “Va más allá y es una mutación cultural y relacional donde los hechos objetivos y la verdad empírica, la misma experiencia, son deliberadamente subordinados a las emociones, los prejuicios identitarios y las creencias de las audiencias”, señaló.

La posverdad modifica la manera en que las sociedades construyen sus referencias comunes. En palabras de la teóloga, “la posverdad opera como una tecnología del desprecio”, al gestionar el desamparo y la incertidumbre colectiva y generar narrativas adaptadas a quienes las consumen.

El riesgo, explicó, es que se debilite la confianza entre las personas y se pierda una base común desde la cual dialogar: “Se destruye la gramática común, impidiendo que las sociedades compartan un suelo de realidad sobre la cual dialogar y sanar”.

Tecnología, dignidad y reconstrucción comunitaria

La exposición también puso en diálogo estas problemáticas con la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV. Mariana Gómez resaltó los aportes del documento en torno a las tecnologías emergentes, la automatización y la desinformación, aunque propuso complementarlos desde una perspectiva feminista, descolonial e interseccional.

Uno de los puntos señalados fue la metáfora bíblica de Babel. Según explicó, la encíclica utiliza esta imagen para advertir sobre una homogeneización y aceleración tecnológica que puede fragmentar el lenguaje común.

“En el contexto latinoamericano, los algoritmos de polarización actúan como pequeños altares de Babel que disuelven la veracidad objetiva y la posibilidad de entendimiento mutuo”, explicó.

También habló sobre la defensa de la existencia humana encarnada. La experiencia humana, la dignidad y el juicio moral, sostuvo, no pueden quedar reducidos a datos o estadísticas.

A la vez, recuperó el modelo de reconstrucción comunitaria asociado a Nehemías como una imagen para pensar la recuperación del tejido social. Mujeres, jóvenes, artesanos, líderes y otros actores están llamados a participar en esa tarea mediante la corresponsabilidad y la cooperación.

Las corporalidades como lugares de resistencia

Gómez también se refirió a una lectura crítica de la tecnología y de los algoritmos. Señaló que estos no son necesariamente neutrales y que pueden reproducir estructuras de género, raza y poder. “La desinformación y los pánicos morales están diseñados con un sesgo específico para controlar y disciplinar los cuerpos de las mujeres, las diversidades y el cuerpo territorio”, sostuvo.

Ante esta realidad, propuso reconocer a las mujeres, las diversidades y las comunidades vulneradas como sujetos capaces de producir conocimiento e interpretar la realidad, y no únicamente como destinatarios de protección o asistencia.

Su reflexión desembocó en la idea de las “corporalidades en resistencia”. Para Gómez Álvarez, los cuerpos de las mujeres y las diversidades vulneradas, las comunidades que defienden la tierra, las familias que buscan a sus desaparecidos y las poblaciones precarizadas constituyen espacios desde los cuales puede recuperarse la memoria y la verdad de las experiencias sociales. “Ante la inmaterialidad de las redes y la mentira calculada de la posverdad, el punto de partida es el cuerpo sintiente y situado”, sostuvo.

El cuidado como parte de la construcción democrática

Otro de los aportes de Gómez estuvo relacionado con la política del cuidado. Propuso dejar de comprenderlo como una responsabilidad restringida al ámbito doméstico y reconocerlo como una dimensión de la vida pública. “Si sitúas la sostenibilidad de la vida en el centro, reconceptualizas la democracia”, expresó.

Desde esta mirada, la democracia puede pasar de ser una arena de competencia por el poder a convertirse en una “mesa compartida de corresponsabilidad, sanación y justicia”.

En esta reconstrucción adquiere importancia el concepto de acuerpamiento, tomado de los feminismos comunitarios. La teóloga explicó que: “acuerpar no solo es la solidaridad institucional o de escritorio. Es autoconvocarse para poner el cuerpo sintiente junto al cuerpo de la otra, del otro, del otro que está sufriendo”.

La era digital transforma la vida democrática

Por su parte, João Décio Passos situó la crisis democrática en el escenario de transformación producido por la era digital. Para el teólogo brasileño, la relación entre tecnología, posverdad y política plantea una serie de interrogantes sobre los consensos que sostuvieron la vida democrática moderna.

“La era digital se presenta como una era en rápida gestación, pero que todavía no consiguió instituir una base civilizacional de vida y de convivencia humana”, explicó.

En su análisis, todavía no existe una estructura plenamente configurada de convivencia para este nuevo espacio. “No tenemos todavía una polis digital. Por consiguiente, mucho menos una eclesia digital”, señaló.

Passos relacionó esta transformación con una crisis del modelo democrático liberal y con la búsqueda de certezas en modelos anteriores. Retomando a Manuel Castells, explicó que las dificultades para imaginar nuevas respuestas pueden favorecer el retorno de referencias tradicionales relacionadas con la familia, la nación, la identidad y la autoridad.

Burbujas digitales y nuevas formas de pertenencia

El teólogo describió varias características de los grupos que se forman en las redes digitales: identidad compartida, anonimato, autoconstrucción, formación de burbujas ideológicas, pertenencia individual y homofilia.

Estas comunidades pueden desarrollar una fuerte identificación con quienes comparten sus convicciones y, al mismo tiempo, establecer una relación de rechazo hacia quienes consideran diferentes. “Cada grupo tiende a afirmarse a sí mismo y a negar a los otros o las diferencias como peligrosas o como enemigos a ser eliminados”, explicó.

En ese escenario, las narrativas internas de cada grupo pueden llegar a considerarse como verdades indiscutibles, mientras que las narrativas externas son rechazadas.

Passos identificó además afinidades entre determinadas dinámicas políticas y religiosas presentes en estos espacios: el sentido de pertenencia, la distinción entre elegidos y adversarios, la creencia en una verdad recibida y la reproducción de mensajes sin mediación crítica.

A partir de estas características, presentó el concepto de “populismo reaccionario digital religioso”, asociado a una relación directa entre liderazgo, promesa de salvación y una comunidad que se reconoce como parte de un grupo elegido.

La educación digital como desafío para las comunidades de fe

Hacia el cierre de su intervención, Passos planteó varias preguntas sobre las respuestas que pueden construirse frente a estas transformaciones. Entre ellas, mencionó la necesidad de pensar nuevas formas de participación, fortalecer los vínculos territoriales y revisar las herramientas disponibles para afrontar los cambios producidos por el mundo digital.

También llamó la atención sobre el papel de las comunidades cristianas en este escenario: “Entramos en una era de urgente educación digital de nuestras Iglesias, de nuestras comunidades, y en la urgencia de una creación de una pastoral digital en nuestras comunidades”.

Para el teólogo, el desafío consiste en aprender a habitar el mundo digital y generar nuevas formas de convivencia: “No tenemos otra era, sino ahora, la era digital, con todas sus virtudes y con todos sus vicios”.

La conversación dejó abiertas preguntas sobre la manera de reconstruir los vínculos sociales en medio de la polarización, recuperar espacios de diálogo, fortalecer la capacidad crítica frente a la información y acompañar desde las comunidades de fe los cambios que plantea la era digital.

Sacerdotes de casi 70 países se movilizan en Roma por Palestina y piden una solución de dos Estados

La solidaridad con el pueblo palestino llegó nuevamente a las calles de Roma. Sacerdotes provenientes de distintos países se reunieron el 22 de septiembre para expresar su cercanía con las comunidades de Gaza y Cisjordania y denunciar la violencia que afecta a la población palestina.

Entre ellos estuvo el P. Miguel Ángel Sánchez, sacerdote de la diócesis de Ibiza, España, e integrante de la Red de Sacerdotes contra el Genocidio de Gaza. Según explicó, esta iniciativa nació el año pasado en Roma y actualmente está presente en casi 70 países, con unos 2.600 sacerdotes, una treintena de obispos y tres cardenales.

“El afán de la red es suscitar un movimiento de solidaridad dentro de la Iglesia, también fuera, con nuestros hermanos de Palestina, tanto de Gaza como de Cisjordania, que están sufriendo tanto”, explicó el sacerdote.

Jornada de oración y memoria

La jornada comenzó con una sesión interna de la red, destinada al diálogo y la reflexión sobre su trabajo. Posteriormente, los participantes se trasladaron a una iglesia cercana a la plaza de San Pedro, donde realizaron un momento de oración. Desde allí emprendieron una marcha por Roma, recorriendo la vía de la Conciliación hacia el centro de la ciudad. Durante la movilización llevaron un lienzo con los nombres de 300 niños palestinos asesinados.

“Los nombres de 300 niños asesinados por el ejército y por los colonos de Israel, escritos directamente por nosotros”, relató Sánchez al describir uno de los momentos centrales de la jornada. La marcha concluyó frente a una empresa italiana señalada por los participantes por facilitar armamento al Gobierno de Israel. La acción tuvo como fin visibilizar la situación de la población palestina y expresar una demanda de mayor responsabilidad ante la violencia.

Para los integrantes de la red, la oración y la denuncia pública forman parte de una misma tarea: mantener presente el sufrimiento de las comunidades palestinas y promover una respuesta desde la Iglesia y la sociedad.

“Que no olvidemos a nuestros hermanos de Palestina”

El sacerdote español insistió en que uno de los principales objetivos de la iniciativa es generar una conciencia solidaria dentro y fuera de la Iglesia: “Nuestro afán es que haya un sentimiento de solidaridad en toda la Iglesia, que no olvidemos a nuestros hermanos de Palestina”.

La red también recoge el llamado del Papa León XIV a trabajar en los ámbitos nacionales e internacionales para alcanzar una solución política al conflicto.

Sánchez señaló que los sacerdotes reunidos en Roma quieren contribuir a que se avance hacia “la constitución de la solución de dos Estados, el Estado de Palestina, el Estado de Israel, que puedan convivir pacíficamente con el respeto pleno del derecho internacional”. El planteamiento, añadió, quiere poner fin a una situación que calificó de “terrible” y que, desde la perspectiva de la red, debe ser denunciada ante la comunidad internacional.

Solidaridad que quiere cruzar fronteras

La presencia de la red en cerca de 70 países refleja, según Sánchez, la intención de articular una respuesta que trascienda las fronteras europeas. Sacerdotes, obispos y cardenales de distintos lugares participan de esta iniciativa con el propósito de mantener viva la solidaridad con Palestina.

La movilización realizada en Roma combinó oración, memoria y denuncia. Los nombres de los niños llevados en el lienzo se convirtieron en el rostro de una población que, según el sacerdote, no puede quedar relegada al olvido.

Desde Roma, el P. Miguel Ángel Sánchez reiteró así el pedido de la red a las comunidades eclesiales de distintos países para acompañar la realidad de Gaza y Cisjordania y promover, desde sus propios espacios, acciones en favor de la paz, el respeto del derecho internacional y la convivencia entre los pueblos.

Nuevas Voces

La Red Internacional Sacerdotes contra el Genocidio difundió posteriormente un comunicado de prensa con un balance de la jornada realizada el 22 de septiembre en Roma.

La jornada también reunió a delegaciones de Italia, España, Reino Unido, Irlanda, Francia, Alemania, Dinamarca y Sudáfrica, que participaron en un espacio reservado a los integrantes de la red. El programa incluyó testimonios del “Peregrinaje de Justicia” en Tierra Santa, una iniciativa organizada junto con Pax Christi, que permitió incorporar a la jornada experiencias vinculadas directamente con la realidad de la región.

Otro de los momentos del recorrido tuvo lugar frente a las embajadas de Palestina y del Líbano ante la Santa Sede, donde los sacerdotes entonaron el canto Taybeh, en memoria de la violencia ejercida por colonos israelíes en Cisjordania, según el comunicado. Al cierre de la movilización intervino Mons. Giovanni Ricchiuti, arzobispo emérito de Altamura y presidente de Pax Christi Italia, quien llamó a mantener acciones no violentas por Gaza, Cisjordania y el Líbano y a seguir buscando caminos de reconciliación.

Llamado también a la Iglesia

Desde Roma, la red dirigió además un llamado diferenciado a las instituciones civiles y a las conferencias episcopales. A las primeras les pidió suspender la venta de armas a Israel, aplicar el derecho internacional y considerar las resoluciones de Naciones Unidas como obligaciones y no como opiniones. A los pastores les reclamó una palabra que, según el comunicado, sea más clara y concreta ante la situación que atraviesan las poblaciones palestina y libanesa.

En el mismo documento, la organización precisó que su denuncia de los crímenes y de la limpieza étnica en Palestina y el Líbano no pretende justificar la violencia del 7 de octubre ni constituye una condena al pueblo judío, al que manifiesta respeto y rechazo de toda forma de antisemitismo. La red señala que sus críticas están dirigidas al liderazgo político israelí y a las redes de poder que lo sostienen.

El comunicado da cuenta del crecimiento de la iniciativa: de 200 sacerdotes hace un año a más de 2.600 miembros en 68 países de cinco continentes. Su coordinador, Don Rito Maresca, aclaró que esta cifra no pretende representar a toda la Iglesia, aunque sí expresar un llamado a que la comunidad eclesial mantenga su atención sobre la situación.

Comunicato Post Evento 22 settembre 2026 – ES (1)

San Agustín: el teólogo (II)

0

“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!” (Confesiones)

“Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti . (Confesiones)

“Ama y haz lo que quieras”.

Amar de verdad es buscar el bien del otro y ese amor nace del interior de uno mismo.

Quise iniciar estas reflexiones con estas lapidarias frases de San Agustín, para indicar que toda verdadera teología nace de una experiencia de fe, de una experiencia de Dios. Esto es lo fundamental. El discurso, la reflexión, vienen después. En la Teología de la Liberación decimos: la teología es un acto segundo. El primero es el grito del pobre, del humillado, del que sufre. Es la escucha de ese clamor que pone en movimiento la reflexión teológica. Sin participación real  en el sufrimiento del pobre, sin compasión real con sus sufrimientos, no puede haber teología de la liberación.

Y ésta fue la experiencia de San Agustín. De llevar una vida licenciosa –vivió unido a una mujer sin casarse, durante 15 años con la que procreó un hijo, Deodato -viene su conversión en Milán el año 386, al escuchar una voz infantil que le decía: “Toma y lee”. Eran las epístolas de San Pablo. Ya había oído predicar a San Ambrosio, obispo de Milán.

Fue tal la conversión de San Agustín, impulsada en mucho por las oraciones y sacrificios de su madre, Santa Mónica, que llegó a escribir: “La medida del amor, es el amor sin medida”.

Así amó San Agustín a Dios, a Jesucristo, a la Iglesia después de su conversión. Por eso dedica toda su vida, su maravillosa inteligencia y capacidad para honrar a Dios, para bendecirlo, para demostrar que toda la historia es conducida por Dios y que en Jesucristo se cumple todo este maravilloso designio de salvación para toda la humanidad.

Esto es lo que San Agustín va a explicar. No se reduce su teología a unos temas, a unos aspectos de la revelación, a unas dimensiones de la fe cristiana. A San Agustín le interesa el Todo, la conducción total de la historia humana por la mano de Dios. Y esto es lo que intenta demostrar en su grandiosa obra: La Ciudad de Dios y en otros escritos.

Esto explica también por qué San Agustín entró en las cuestiones filosóficas; es un orador, un intelectual, un teólogo, un obispo, un santo.

San Agustín nace en Tagaste, África, el 13 de Noviembre del 354 y muere el 28 de agosto del 430 en Argelia.

La Ciudad de Dios

Lo que San Agustín quiere demostrar es la conducción total de la historia humana por parte de Dios. Para eso recurre a la metáfora de las dos ciudades: la ciudad terrena y la Ciudad de Dios. La ciudad terrena es la humanidad que se deja guiar por los impulsos ciegos de las pasiones, la ira, la venganza, toda clase de vicios, el egoísmo, el orgullo, la mentira, la falsedad, los robos, los asesinatos, las guerras, los placeres carnales. La Ciudad de Dios en cambio, es la humanidad que camina con los principios de la justicia, el amor al prójimo, el perdón, la verdad, la igualdad, la mansedumbre, el temor a Dios, la oración, Y sobre todo, San Agustín ve esto en el comportamiento de los cristianos, de los santos y mártires, de las vírgenes, de los primeros cristianos, de los apóstoles, tal y como nos enseñó Jesucristo.

Pero estas dos ciudades caminan juntas, a veces se mezclan en la misma ciudad, en la misma nación, luchan entre ellas. Es como la lucha entre el error y la verdad, la luz y las tinieblas, el amor y el odio. San Agustín va mostrando a lo largo de toda la historia cómo esto va ocurriendo y pone ejemplos de reyes, generales, sabios, filósofos, costumbres de los pueblos, tradiciones. San Agustín desentraña el camino a veces tortuoso que tiene que hacer la Ciudad de Dios para seguir adelante. Pero ésta al final triunfará, como fue el triunfo de la Resurrección de Cristo sobre la muerte y el pecado.

Su experiencia personal de vida licenciosa y su pugna con las corrientes filosóficas de su tiempo: maniqueos, platónicos, estoicos, donatistas, paganos, le llevó a profundizar en temas como el pecado, la culpa, la gracia, la razón, las pasiones, el cuerpo, el espíritu, el principio del mundo y  la eternidad, los ángeles y los demonios, la revelación.

Pero también abordó cuestiones filosóficas como qué es el tiempo, el movimiento, la eternidad, lo perecedero de las cosas, el pasado, el presente, el futuro.

Dado su amplio conocimiento, pone ejemplos de la naturaleza o de la historia para argumentar el tema que está tratando. Para hablar de la vida eterna, o de la resurrección de la carne y no sólo del alma, pone ejemplos de la naturaleza para explicar el poder de Dios que ha creado todas las cosas y por lo tanto puede hacer posible lo que parece imposible.

Por ejemplo, el fuego tiene la cualidad de purificar, quemar, blanquear lo que está sucio, negro, deshacer lo que toca. ¿Por qué entonces, se pregunta, en el caso del carbón, el fuego hace lo contrario con la leña y vuelve negro lo que debería ser blanco y conserva lo que debería desaparecer?

Y en el caso de la cal, se pregunta ¿Por qué el agua que sirve para apagar el fuego, para enfriar lo que está caliente, en el caso de la cal, al recibir el agua la hace hervir y subir a muy altas temperaturas? ¿Por qué una misma causa produce un efecto en una materia y un efecto contrario en otra?

Y así pone muchos ejemplos de lo que parece imposible y no tiene explicación. Y entonces argumenta: si Dios puede hacer esto en cosas tan simples de la creación, ¿Cómo no va a poder hacer, Él, que es Todopoderoso, que resuciten no sólo las almas, sino también los cuerpos materiales sembrados en la tierra después de nuestra muerte? Y esto apoyándose en San Pablo, quien afirma que sembramos un cuerpo corruptible y resucitaremos con un cuerpo incorruptible a semejanza de Cristo. Y esto sucederá al final de los tiempos cuando llegue la Resurrección de los muertos (Rom 8,11-12); Literalmente San Pablo escribe así: “Del mismo modo pasa con la resurrección de los muertos. Al sembrarse es un cuerpo que se pudre; al resucitar será glorioso. Lo sembraron impotente, pero resucitará lleno de vigor. Se siembra un cuerpo animal, y resucita espiritual. Pues habrá un cuerpo espiritual lo mismo que hay al presente cuerpos animales” (1 Cor 15,42-45).

Sobre el tiempo tiene reflexiones profundas. Estamos acostumbrados a dcier: el pasado, el presente, el futuro. Pero en realidad, ¿Cuál es la verdad? ¿Por qué decimos que una flecha va rápido y una tortuga va lenta? En la música decimos que un ritmo va muy rápido y en cambio que otra obra es muy lenta. O ¿Por qué decimos que el tiempo se va rápido? ¿O por qué decimos en los estadios que un corredor es mucho más veloz que otro que corre lento?

San Agustín afirma: el pasado ya no existe porque ya pasó. El futuro tampoco existe porque no ha llegado. Y el presente tampoco existe, porque cuando decimos ahora, al cerrar los labios, ese momento ya pasó, no existe. Entonces, lo único que existe es el movimiento. Y el tiempo es el número de movimientos según un antes y un después.

O con el inicio de la creación ¿Qué hacía Dios en todo el tiempo durante miles y millones de años antes de la Creación? Dice el Génesis: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra (Gn1,1) ¿Al principio de qué? Se pregunta San Agustín, y responde: “al principio del tiempo”. Porque antes de la creación no había tiempo. La eternidad no es tiempo. El tiempo nace con la creación de las cosas, del mundo. Entonces no se puede preguntar ¿Qué hacía Dios antes de la creación? El tiempo es una dimensión constitutiva de las cosas creadas.

Y en cuanto a la conducción de la historia por parte de Dios, San Agustín demuestra lo que quiere afirmar, con los mismos argumentos que parecerían probar lo contrario. Las guerras, la caída de Roma bajo Alarico, las barbaries y atrocidades que se cometieron en las naciones que probarían que entonces no hay Dios que guíe o cuide a las naciones, para San Agustín son argumentos a favor para decir: “¿Ya ven que sin Dios no pueden hacer nada, más que barbarie y masacres? Y en la llegada de otro rey, general o emperador ve la mano de Dios que endereza el camino que iba torcido. Por ejemplo, el rey Ciro, persa, que liberó y guio al pueblo de Israel y ayudó a reconstruir la ciudad de Jerusalén.

Esto mismo afirma de sus grandes sabios como Sócrates, Platón, Aristóteles, Cicerón, Virgilio, Marco Aurelio, quienes exhortan a llevar una vida de virtud, de principios morales, de hacer el bien y no el mal. Inclusive, de hacer el bien a quien te hace el mal, como dirá Cristo más tarde en los evangelios o en las Bienaventuranzas.

Y aquí, toma de los salmos expresiones que afirman su argumentación. Y cómo estos fueron escritos cientos de años antes de Cristo, y no habían visto lo que iba a suceder, por ejemplo, la caída de Roma o la venida del Mesías.

Pone salmos que hablan de la crucifixión o la resurrección.

La caída de los ángeles buenos convertidos en demonios o la caída del hombre en el pecado, con todo el mal que encierra, tiene una enseñanza para la humanidad: que la soberbia lleva a la muerte, y que la desobediencia acaba en la perdición y que entonces el camino sabio y correcto es el temor de Dios y su adoración como nos enseñan los libros de la sabiduría, los profetas, San Pablo y los Evangelios.

En la Teología de San Agustín todo tiene un lugar: la libertad, el pecado, la Gracia, la predestinación. El hombre en su libre albedrío y en sus decisiones se juega su destino, y esto siempre ayudado de la Gracia de Dios. Pero como para Dios no hay tiempo, Él ya sabe en qué van a parar las decisiones buenas o malas que tome el hombre.

Eso lo vivió personalmente San Agustín con su vida desordenada de su juventud como cuenta de manera impactante en Las Confesiones. El sufrió en carne propia el combate terrible entre el espíritu y la carne, entre la Gracia y sus pasiones desordenadas, entre la verdad a la que aspiraba y su conducta desviada. Por esto en su conversión reafirma la Gracia de Jesucristo que tanto nos amó, en la verdad de la Iglesia que ha sido constituida dispensadora de estas gracias del perdón y la reconciliación.

Basten estas breves pinceladas para entender por qué San Agustín es un Padre de la Iglesia muy respetado y honrado en la Iglesia. Es un teólogo que enseñó con autoridad por su argumentación y por su lucidez. Ciertamente en su uso de la Biblia, la toma al pie de la letra, pero no podemos exigirle los aportes que vienen de los métodos histórico-críticos del s. XX. A San Agustín lo debemos situar en sus coordenadas históricas, geográficas y culturales de su tiempo y desde ahí valorar su aporte.

Nuevo libro de Diego Pereira: “Toda ciencia trascendiendo. Poemas en honor al santo del alma enamorada” (Poemas)

0

Existen obras que se conciben como parte de un proyecto literario y otras que emergen de una experiencia de vida. Si has decidido adentrarte en la espesura de estas páginas y caminar a la sombra de sus palabras, descubrirás que su autor evoca una ruta transitada. Es el itinerario de una persona que, colmada del deseo de Dios, plasma un diálogo prolongado en el tiempo como testimonio de una senda recorrida.

La poesía nace de una experiencia: es la expresión de aquello que se resiste a encasillarse en las palabras y, sin embargo, las utiliza para abrirse paso al Invisible. San Juan de la Cruz, como pocos, comprendió esta paradoja. Descubrió que Dios se manifiesta ocultándose «en el más profundo centro» y que el amor alcanza su mayor autenticidad cuando parece ausente. Su poesía no pretende encerrar el Misterio, sino abrir las puertas para que cada metáfora y cada símbolo nos proyecten a un horizonte infinito.

La originalidad de estas páginas consiste en exponer aquello que el Doctor Místico vela mediante símbolos: transmitir el diario de un alma enamorada, de una vida sumergida en el ejercicio de un aprendizaje continuo de aceptación del amor recibido. El autor, junto con los temas clásicos de la espiritualidad sanjuanista, comparte su propia historia entretejida de amor filial y amor conyugal, de una vocación intelectual y del esfuerzo cotidiano por permanecer fiel a todo lo recibido.

Cada poema se convierte en un hito del camino transitado: unas veces con júbilo, otras con cansancio; a veces envuelto en consolación y otras en silencio. Pero siempre sostenido por la certeza de una Presencia que obra discretamente, incluso cuando no se comprende del todo lo que se vive. Los versos son eco de una pobreza reconocida, de una búsqueda impregnada de honestidad y fe.

Mientras leía este trabajo tuve la sensación de no estar leyendo únicamente poemas, sino de recibir el eco de lo compartido en nuestros diálogos. Reconocí preguntas, búsquedas e intuiciones que fueron madurando a la luz de la oración.  He sido testigo del itinerario humano, intelectual y espiritual de su autor. Pude evidenciar su pasión por la filosofía, su camino de fe iluminado por la Sagrada Escritura, su entusiasmo por el descubrimiento de la espiritualidad carmelitana y comprobar cómo todo ese bagaje de experiencias se cristalizaba ahora en estos versos.

Estos poemas fueron escritos porque el corazón ya no podía guardar silencio; porque la experiencia de Dios ha desbordado las categorías del pensamiento y sólo quedaban dos caminos: callar o escribir. Diego eligió escribir. Y lo hace con la honestidad de quien se sabe en camino, narrando el combate cotidiano entre la gracia y la fragilidad.

Quien lea este libro podrá reconocer de inmediato la presencia de san Juan de la Cruz. Su autor acudió muchas veces a sus escritos; los leyó, estudió y los rezó. Las imágenes del Amado, la herida de amor, el silencio, la noche, el fuego, el deseo de unión, el desasimiento y la búsqueda del rostro de Dios atraviesan cada una de estas páginas. No se trata, sin embargo, de una imitación. Diego escribe haciendo camino, muchas veces en medio de la noche; Juan de la Cruz desde la cima, desde una noche ya envuelta en la luz cegadora de la Presencia divina. Las palabras del autor evocan una peregrinación todavía en curso; son la plegaria de quien lucha por transformar la existencia cotidiana a la luz del encuentro con Dios.

Doy gracias a Dios por haber sido testigo de una parte del camino que transitó Diego y por haberme permitido colaborar en este significativo proyecto (Extracto del Prólogo).

Fr. Héctor Cáceres Zalazar, OCD
Seminarium Missionum (Roma)

Libro con fines solidarios de libre acceso.

Link de descarga: https://www.institutoquerosaber.org/editora256 

Editora Quero Saber, Setiembre 2026.

¿Qué es lo que hoy más falta en la política de Brasil y del mundo?

0

Es innegable que actualmente vivimos uno de los tiempos más dramáticos y peligrosos de la historia de la humanidad. Hemos construido una forma de organización social mundializada prácticamente basada únicamente en la racionalidad instrumental y analítica. Hemos reprimido otras formas de racionalidad, especialmente la razón cordial —la del amor, la sensibilidad, la solidaridad y la ética—. Por eso hemos llegado a un punto en el que este tipo de uso de la razón se ha vuelto irracional. Se han creado los medios para autodestruirnos totalmente y para destruir también toda la naturaleza que nos sostiene.

Los 1.300 investigadores en Inteligencia Artificial llamaron la atención sobre el riesgo que esta representa para la humanidad. El principal investigador de la plataforma Anthropic renunció advirtiendo: “Puede matarnos antes de 2030”. Gracias a la buena voluntad, todas las plataformas aceptaron una moratoria para pensar cómo evitar la locura de una IA.

Con sabiduría señalaba el papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la casa común (2015)”: “El hombre moderno no está preparado para utilizar el poder con acierto, porque el inmenso crecimiento tecnológico no estuvo acompañado de un desarrollo del ser humano en responsabilidad, valores y conciencia” (n. 105).

El valor más importante, aquel que posiblemente más nos hace falta tanto en las relaciones personales y sociales como en las internacionales, es la buena voluntad. No se constata buena voluntad para comprender al otro más allá de las diferencias de ideas, de visiones políticas o de religión.

Mucho menos existe buena voluntad en el ámbito de la geopolítica, especialmente entre el Estado terrorista de Israel y los palestinos de la Franja de Gaza y de Cisjordania, así como con los combatientes del sur del Líbano; sin hablar de la vergonzosa mala voluntad entre rusos y ucranianos, y, aún más escandalosamente, entre los Estados Unidos de América e Irán. No debemos olvidar los más de sesenta escenarios de guerra que existen, como ocurre de manera terrible en el Congo.

Hay una frase de Fiódor Dostoyevski que resume un gran sueño en su relato fantástico de 1877, El sueño de un hombre extraño: “Si todos quisieran lo mismo, en un abrir y cerrar de ojos todo cambiaría sobre la faz de la Tierra”.

Esto, lógicamente, es utópico. Pero quién sabe si algún día, cuando la humanidad se enfrente con la realidad concreta de que puede desaparecer definitivamente de este planeta, todos querrán entonces lo mismo: salvarse y no morir miserablemente. Entonces todo podrá cambiar.

Pero quien nos dejó la mejor lección fue uno de los más grandes pensadores de la ética, Immanuel Kant (1724-1804), en su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785). Allí afirma algo verdadero que, traducido libremente, dice: “La única virtud que es irrestrictamente buena y que no posee en sí misma ningún defecto es la buena voluntad. Si no fuese totalmente buena, no sería buena voluntad”.

Dicho en un lenguaje sencillo: o la buena voluntad es buena, o entonces no lo es.

Tal como están las cosas, en medio de la erosión del orden mundial —desorden para las grandes mayorías— provocada por el presidente Donald Trump, enloquecido y atribuyéndose dimensiones divinas al decidir él mismo qué es el bien y qué es el mal —bíblicamente, uno de los signos del anticristo—, podemos esperar cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, incluso el descontrol de una IA autónoma que ya no nos quiera sobre la Tierra, o una guerra nuclear con armas estratégicas que lo destruirían todo.

La mala voluntad de Trump al frustrar todos los medios para alcanzar la paz lo convierte en alguien capaz de poner en riesgo existencial a toda la humanidad.

Brasil atravesó una fase de insania política como jamás habíamos imaginado en nuestra historia. Las maldades colectivas practicadas por el presidente anterior al actual se inscriben en el ámbito de una patología personal que contaminó a millones de personas. Extrañamente, continúa envenenando a sectores significativos de nuestra población.

Bien enseñaba el sabio del Antiguo Testamento: “El hombre depravado provoca desgracias —los 400 mil muertos como consecuencia de negar la ciencia— y el violento pervierte al prójimo y lo conduce por el mal camino” (Proverbios 16,27-29).

Así intentó un golpe de Estado para perpetuar su política de desmantelamiento de todo aquello que se había construido trabajosamente; ahora paga su cobarde crimen con la merecida prisión.

Fue alguien que en ningún momento demostró buena voluntad: no visitó siquiera un hospital, se burló de quienes morían asfixiados por falta de aire y despreciaba a los muertos y a quienes lloraban por ellos.

Finalmente triunfó el sentido común del actual jefe de Estado, ojalá sea reelegido, que cuida de su pueblo, sacando a millones de personas del mapa del hambre y creando condiciones para una vida digna para quienes han sido injustamente desposeídos. Valen para él las palabras del mismo sabio: “Su cuidado es como una nube de lluvia primaveral” (Proverbios 16,15).

Si la buena voluntad es tan decisiva, entonces todos debemos cultivarla y, de esa manera, humanizar las relaciones humanas.

Es necesario hacerla emerger también en los demás, pues existe dentro de cada ser humano; sin embargo, hoy aparece cubierta por una capa de cenizas producida por el individualismo, el consumismo y la falta de sensibilidad hacia quienes están sufriendo, ya sea entre los seres humanos, ya sea entre los seres de la naturaleza, entre los ecosistemas y en la propia Madre Tierra que, por causa de la mala voluntad, pende de una cruz y clama por ser resucitada.

O elegimos la buena voluntad, que podrá salvarnos a todos, o se cumplirán las severas advertencias del papa Francisco: “Esta vez estamos todos en el mismo barco; nadie se salva solo: o nos salvamos todos o nadie se salva”.

Pero creemos y esperamos que la buena voluntad finalmente prevalecerá y que así se garantizará una nueva etapa, más integradora, entre todos los seres humanos, con la naturaleza y con el Todo.

Leonardo Boff escribe para la revista LIBERTA del ICL (www.revistaliberta.com.br). También escribió Habitar la Tierra: la hermandad universal, Vozes, 2022 (www.leonardoboff.org).