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Había piedras en el camino. Él construyó puentes. Un año sin Francisco de Roma

[Por: Vitor Hugo Mendes]

Hace un año, el mundo se despedía de Jorge Mario Bergoglio, el inolvidable Papa Francisco. Sin embargo, la sensación que perdura no es de ausencia, sino de presencia. Algunas personas, al partir, cierran un ciclo; otras inauguran un tiempo nuevo. Así fue con Francisco: ‘Aún estoy aquí’.

 

Desde los primeros días de su pontificado, se hizo evidente que no se trataba de un simple cambio administrativo ni de una estrategia institucional. Francisco era Francisco en su originalidad. Su fuerza residía precisamente en eso: la coherencia entre fe, vida y misión. No interpretaba un papel; daba testimonio de una convicción. No buscaba parecer sencillo; simplemente era sencillo.

 

El primer papa latinoamericano, el primer jesuita, el primero en elegir el nombre de Francisco, llevó al centro de la Iglesia aquello que con tanta frecuencia permanecía al margen: los pobres, los migrantes, la ecología integral, la fraternidad humana y la misericordia, camino que une a Dios y al ser humano, haciéndonos signo eficaz de la acción divina en el mundo. Su modo de gobernar movió a la Iglesia del poder al servicio, de la rigidez al discernimiento y del miedo a la esperanza.

 

Su magisterio escrito ya ha pasado a la historia. Evangelii gaudium no solo restableció el lugar social de la Iglesia —pobre para los pobres—, sino que también devolvió vigor, rumbo y nuevo alcance misionero a la vida cristiana: llegar a las periferias. Laudato si’ se convirtió en referencia global en el cuidado de la casa común, proniendo una ecología integral. Fratelli tutti recolocó la fraternidad como horizonte político y espiritual del siglo XXI.

 

En Querida Amazonia, Francisco ofreció quizás una de las síntesis más bellas de su pontificado: una Iglesia con rostro amazónico, defensora de los pueblos originarios, guardiana de la creación y capaz de unir justicia social, diálogo intercultural y esperanza renovada. En Querida Amazonia se vio claramente que evangelizar, para él, significaba también proteger vidas amenazadas y escuchar voces históricamente silenciadas.

 

Al reconocer en los Movimientos Populares a un sujeto histórico indispensable, Francisco acercó a la Iglesia a las luchas concretas por tierra, techo y trabajo. El encuentro de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, en 2015, fue decisivo: allí denunció antiguas y nuevas formas de colonialismo, criticó la economía de la exclusión, la desigualdad social y afirmó que los pobres no son problema, sino una parte fundamental de la solución. Dio voz global a los invisibilizados y recordó que el derecho de los pueblos también pertenece al corazón del Evangelio.

 

Pero quizá aún más importante fue su magisterio no escrito: sus gestos. ¿Quién olvidará a Francisco abrazando enfermos, lavando los pies de presos y de mujeres, dialogando con otras religiones, pidiendo oraciones al pueblo, rechazando pompas, prefiriendo la Casa Santa Marta al Palacio Apostólico y reconociendo, con actos concretos, la dignidad y la corresponsabilidad de las mujeres en la Iglesia? ¿Quién olvidará la imagen solitaria en la Plaza de San Pedro, durante la pandemia, rezando por una humanidad herida? En aquel silencio lluvioso, habló al mundo entero.

 

Francisco también causó incomodidad. Y eso era inevitable. Toda autenticidad desinstala. Su enérgica crítica al clericalismo, a la economía que mata, a la cultura del descarte, a la desigualdad social y a las guerras demostró que el Evangelio no puede reducirse a mero adorno religioso. Con Francisco, la fe necesitaba tocar la carne de Cristo en el sufrimiento humano.

 

Un año después de su muerte, queda aún más claro que su pontificado no fue un paréntesis, sino un proceso. La sinodalidad, la reforma eclesial y social, la apertura misionera, la cultura del encuentro, la conversión ecológica, la Economía de Francisco y Clara y el Pacto Educativo Global siguen sidendo tareas en marcha. Francisco de Roma inició caminos que trascienden su tiempo histórico y biográfico.

 

También por eso cobra relieve la transición entre Francisco y el Papa Leo. Al retomar en su primera exhortación apostólica, Dilexi te, el núcleo evangélico del amor a los pobres, Leo XIV señala una continuidad inequívoca con la herencia franciscana. Más que sucesión institucional, se trata del paso de un testimonio de vida a una responsabilidad histórica: mantener vivo lo que Francisco ha vuelto a colocar en el centro de la vida de la Iglesia. Si Francisco abrió procesos, ahora corresponde profundizarlos. Si devolvió credibilidad a la necesaria articulación entre fe y vida, se espera que el nuevo pontificado la traduzca en estructuras renovadas y decisiones valientes.

 

Quizás por eso su recuerdo permanece tan vivo. Como quedó claro con su partida, Francisco no pertenece solo al mundo católico. Fue amado por creyentes y no creyentes, admirado por muchos que veían en él una singular combinación de vigor y ternura, firmeza y humildad, inteligencia y humanidad prodigiosa.

 

Alguien dijo una vez que era “un papa muy normal”. Y quizá ahí resida una de sus mayores grandezas. En un mundo fascinado por apariencias y excentricidades, Francisco rescató la extraordinaria fuerza del Evangelio vivido con la autenticidad del poverello di Assisi.

 

Un año después, se comprende mejor que Francisco no desempeñó un papel: fue testigo del Evangelio. En la sencillez de su vida, insufló nueva vida al Evangelio proclamado por la Iglesia. Vivió en minúsculas y entró en la historia con mayúsculas. Su voz se ha apagado, pero su profecía sigue resonando en nuestras vidas y en el presente de nuestra historia.

 

* Vitor Hugo Mendes es presbítero da Diocese de Lages, Santa Catarina, Brasil. Com doutorado em Educação e Teologia, é autor da obra, em dois volumes, Liberación, um balance histórico bajo el influjo de Aparecida y Laudato si’. El aporte latinoamericano de Francisco, 2021, Editora APPRIS/AMERINDIA. Realiza estágio de pós-doutorado na PUCRS, Porto Alegre.

“Nuestro poder, nuestro planeta”

[Por: REPAM]

Este 2026, acogerá la edición número 56 del Día de la Tierra y lejos de vivir en un ambiente sostenible, en equilibrio y diverso, nos encontramos en otro de los capítulos poco alentadores que nos regala la crisis climática. Hace un mes la Organización Meteorológica Mundial (OMM) emitía un comunicado de prensa en el cual se expresaba: “Desde que empezaron a realizarse observaciones del clima de la Tierra, este nunca había estado tan descompensado”…

 

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Día Mundial de la Tierra: una movilización popular para salvar nuestro planeta enfermo

[Por: Giacomo Talignani | La Repubblica – IHU]

Más de medio siglo después de las primeras celebraciones, la Tierra está decididamente más enferma: sufre de fiebre alta, se ve afectada por los efectos de la  crisis climática  desencadenada y agravada por  las emisiones de combustibles fósiles , lamenta la pérdida de  biodiversidad  y se enfrenta a desafíos energéticos y sanitarios cada vez más complejos.”

 

Este informe es de Giacomo Talignani y fue publicado por La Repubblica el 22 de abril de 2026…

 

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León XIV y la profecía del balcón: El Papa que llegó para desarmar al mundo con la paz y descolocar a Trump con su coherencia

[Por: Jesús Lozano Pino | Religión Digital]

Hay una soledad inmensa que solo se comprende cuando se viste de blanco ante la inmensidad de la Plaza de San Pedro. Aquel 8 de mayo de 2025, el mundo no solo vio el humo blanco; vio asomarse a un hombre, Robert Francis Prevost, que bajo el nombre de León XIV parecía llevar sobre sus hombros no solo la tiara, sino el cansancio de una humanidad sedienta de tregua.

 

Veníamos de la era de Francisco, un Pontífice que fue puro fuego y corazón, una figura mediática y magnética que devolvió la ilusión a quienes se sentían alejados o incluso silenciados por la propia Iglesia. León XIV, en cambio, se presentó con una timidez casi sagrada, un perfil bajo que refleja un modo distinto de presencia: si Francisco era la palabra que sale al encuentro, León es la invitación a la reflexión compartida…

 

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El homenaje de León XIV a Francisco: “Vivió verdaderamente la cercanía a los pobres”

[Por: José Beltrán | Vida Nueva]

Para León XIV, Francisco “vivió verdaderamente la cercanía con los más pobres, con los más pequeños, con los enfermos, los niños y los ancianos. Ha dejado mucho a la Iglesia con su testimonio y su palabra”. En estos términos se expresó esta mañana el Papa agustino sobre el Pontífice fallecido, durante el vuelo que le trasladó de Angola a Guinea Ecuatorial, la etapa final de su gira africana…

 

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Un año sin el papa Francisco: un punto de inflexión que permitió a Jesús salir de los muros de la Iglesia

[Por: Marco Politi | Il Fatto Quotidiano – IHU]

Con sus “impulsos”, Bergoglio allanó el camino para una Iglesia como comunidad participativa, no anclada en un pasado árido, doctrinario y autoritario.

 

El artículo es de Marco Politi , escritor y experto en el Vaticano, publicado por Il Fatto Quotidiano…

 

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Un año sin el papa Francisco

[Por: Pau M.Duran – Anna Guimerà Carbonell | Catalunya Religio]

Este martes hará un año que el papa Francisco falleció el lunes de Pascua del pasado año. Su pontificado fue rico, intenso y marcadamente transformador, pero ¿qué queda hoy? ¿Qué huella ha dejado en la Iglesia y en el mundo?

 

Catalunya Religió ha querido hablar con diversas personalidades de distintos ámbitos eclesiales para entender cuál es el legado vivo del papa Francisco un año después de su muerte. Desde la economía hasta el papel de las mujeres, pasando por la diplomacia, la sinodalidad, la ecología o la cuestión migratoria, sus voces coinciden en destacar la vigencia de un pontificado que no sólo marcó una etapa, sino que sigue orientando el presente…

 

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Vivir como resucitados

[Por: Francisco Aquino Júnior | Portal das CEBs]

Si la Cuaresma está marcada por el llamado a la conversión, la Pascua está marcada por la experiencia de la vida nueva en el Crucificado-Resucitado. La resurrección no ocurre solamente después de la muerte biológica, sino que comienza ya en el tiempo presente: muriendo al pecado y renaciendo a una vida nueva. Es un don del Señor resucitado para ser vivido aquí y ahora. Y es un don que solo se acoge en la entrega de sí, como el grano de trigo que, al morir, produce mucho fruto (Jn 12,24). Es participación en el misterio amoroso de Dios que nos hace vivir en el amor fraterno con todas las personas (¡incluso con los enemigos!) y con toda la creación, y nos compromete en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Más que una doctrina a ser confesada y un rito a ser realizado, la resurrección es algo que debe ser vivido y practicado: la vida en el Resucitado; la vida eterna que es la vida en Dios.

 

No por casualidad, los relatos de encuentro con el Resucitado están siempre asociados a la misión de vivir y propagar el Evangelio por todo el mundo: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15); “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Enseñadles a observar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19-20); “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24,48); “Como el Padre me envió, así también yo os envío” (Jn 20,21).

 

Y tampoco por casualidad, las catequesis bautismales, tan importantes en el tiempo pascual, enfatizan la participación en la muerte y resurrección del Señor: “Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, también nosotros caminemos en una vida nueva” (Rm 6,4); “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3,1); “Nos resucitó con él y con él nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús […] creados en Cristo Jesús para las buenas obras que Dios preparó de antemano, para que caminemos en ellas” (Ef 2,6.10). La vida cristiana implica y significa morir con Cristo al pecado y renacer con Él a una vida nueva.

 

No se puede separar el anuncio de la vivencia del querigma: vida, muerte y resurrección del Señor. Quien cree en Cristo permanece en Él. Y quien permanece en Él guarda su palabra, vive como Él vivió: “Quien dice que permanece en Jesucristo debe también caminar como Él caminó” (1 Jn 2,6). Nunca está de más insistir en que la resurrección no es solo una doctrina que se confiesa, sino una vida que se vive. Es una verdad que debe ser comprobada y verificada en nuestra vida. Debemos testimoniar con la propia vida la resurrección del Señor: ¡su victoria sobre el pecado y la muerte!

 

Esto se va realizando y manifestando en la vida cotidiana: en la vivencia del amor fraterno —incluso con los enemigos—; en el perdón y la reconciliación; en la compasión y la misericordia con la humanidad sufriente; en el servicio a los necesitados; en la defensa de los derechos humanos y en las luchas por la justicia; en el cuidado de la casa común; en la denuncia de las injusticias y de los imperios; en el enfrentamiento de toda forma de prejuicio y discriminación; en la construcción de una paz desarmada y desarmante, etc. De este modo, vamos venciendo el poder del pecado que oprime y mata (morir al pecado) y experimentando la vida nueva que Dios nos ofrece en Cristo Jesús (renacer a una vida nueva).

 

La fe en la resurrección que profesamos debemos vivirla en lo cotidiano de nuestra vida. No basta decir que el Señor resucitó y que la muerte ha sido vencida. Es necesario participar de esa victoria sobre la muerte, destruyendo el poder del mal en nuestra vida y en nuestro mundo, viviendo en el amor de Dios, construyendo una sociedad más justa y fraterna, cuidando la casa común… ¡Seamos, pues, testigos de la resurrección del Señor! ¡Comprobemos y probemos su poder y su victoria sobre el mal en nuestra vida y en nuestro mundo!

 

¡Feliz Pascua!

 

Publicado en: https://portaldascebs.org.br/viver-como-ressuscitados/

 

No asumimos la nueva conciencia planetaria: Artemis II

[Por: Leonardo Boff]

Los numerosos viajes espaciales, seis de ellos tripulados a la Luna, y otros que incluso salieron de nuestro sistema solar y recorren el espacio ilimitado del universo, no han creado, en general en la humanidad y mucho menos en los dirigentes de los pueblos, la nueva conciencia planetaria que de allí se deriva. Seguimos viviendo bajo el régimen de los Estados-nación, cada uno con sus límites, definidos por el Tratado de Westfalia de 1648. La Covid-19 no respetó los límites de las naciones. Afectó a todos. De ello todavía no se han sacado las debidas consecuencias. El modo de vida depredador y consumista volvió con aún más furor. No se escucharon las lecciones que la Madre Tierra nos dio.

 

Se suma además el hecho de que en nuestros días tenemos guerras por territorios (Ucrania, Franja de Gaza, Groenlandia y otros). Vista desde la perspectiva de los astronautas, como bien observó uno de los cuatro de la nave espacial Artemis II: “desde aquí arriba somos un solo pueblo”. Esta afirmación vuelve ridículas esas disputas. Son sostenidas por crueles y genocidas como Netanyahu y Trump, que todavía no han descubierto que somos una sola especie humana y que la Tierra es nuestra única Casa Común, en la que caben judíos, palestinos y otros.

 

Inolvidables son las palabras de Neil Armstrong, el primero en pisar la Luna el 20 de julio de 1969: “Es un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. Y continuaba: “De repente noté que aquella pequeña y bella arveja azul era la Tierra… Con mi pulgar cubrí totalmente la Tierra”.

Demos algunos testimonios más de astronautas, reunidos en el libro de Frank White, The Overview Effect (Boston, 1987, tengo un ejemplar autografiado por él). Del astronauta Russell Schweickart: “La Tierra vista desde afuera: uno percibe que todo lo que le es significativo, toda la historia, el arte, el nacimiento, la muerte, el amor, la alegría y las lágrimas, todo eso está en ese pequeño punto azul y blanco que puedes cubrir con tu pulgar. Y desde esa perspectiva se entiende que todo en nosotros cambió, que empieza a existir algo nuevo, que la relación ya no es la misma que antes” (The Overview Effect, p. 38).

 

Del astronauta Gene Cernan: “Fui el último hombre en pisar la Luna en diciembre de 1972. Desde la superficie lunar contemplaba, con un temor reverencial, la Tierra sobre un fondo de azul muy oscuro. Lo que veía era demasiado bello para ser comprendido, demasiado lógico, lleno de propósito como para ser fruto de un mero accidente cósmico. Uno se sentía, interiormente, obligado a alabar a Dios. Dios debe existir por haber creado aquello que yo tenía el privilegio de contemplar” (op. cit., p. 39).

 

Sigmund Jähn: “Las fronteras políticas ya han sido superadas. También las fronteras de las naciones. Somos un solo pueblo y cada uno es responsable de mantener el frágil equilibrio de la Tierra. Somos sus guardianes y debemos cuidar el futuro común” (op. cit., p. 43).

 

Estas visiones, que parecen evidentes, nunca fueron tomadas en serio por la geopolítica ni por los jefes de Estado. Incluso sin haber visto la Tierra desde fuera (nunca salió de su ciudad, Königsberg), Immanuel Kant (1724–1804), en su última obra La paz perpetua (1795), enfatizó que la Tierra pertenece a toda la humanidad y constituye un bien común de todos. No habría, entonces, razón para luchar por territorios si todo es de todos. Podríamos vivir en una paz perpetua.

 

Pero quien, en nuestro tiempo, tomó conciencia de este cambio a partir del hecho de ver la Tierra desde fuera, fue el prolífico escritor ruso Isaac Asimov, autor de cientos de libros de contenido científico, aunque de divulgación. Con motivo de los 25 años del lanzamiento del Sputnik, el 4 de octubre de 1957 —que inauguró la era espacial—, fue invitado por el New York Times a escribir un artículo sobre el legado de ese acontecimiento. Redactó un breve texto titulado “Sputnik’s Legacy: Globalism” (“El legado del Sputnik: el globalismo”).

 

Retomo algunos puntos, porque siguen siendo actuales, aunque poco considerados.

 

“La primera palabra que hay que decir es globalismo. Incluso contra nuestra voluntad”, afirma Asimov, “debemos considerar la Tierra y la humanidad como una única entidad (single entity)”. “Los satélites —continúa— muestran ese ser único (unit), lo aceptemos o no. Por primera vez en la historia podemos identificar los huracanes y las perturbaciones climáticas desde su inicio hasta su fin. Los medios de comunicación nos conectan globalmente unos a otros, comprobando el globalismo (lo que hoy llamaríamos globalización). Ese es el lado material.

 

Pero hay también un lado psicológico: “La visión de la Tierra como un todo, como esfera planetaria, nos obliga a sentirla como pequeña y frágil. Es arbitraria la división de su superficie en porciones (naciones), consideradas sagradas, que deben preservarse a cualquier costo, incluso si ello implica la destrucción del planeta”. Lo importante es ver el todo, el planeta.

 

Por último, está el lado de las potencialidades. La Era Espacial abrió el camino para nuevos viajes y para descubrir cómo están compuestos los planetas y cómo funcionan. “Todo esto será imposible sin una cooperación global. El desarrollo del espacio es un proyecto de la humanidad en su conjunto, y en ello se mostrará el valor del globalismo”.

 

Sin embargo, debemos hacer una elección entre lo local y lo global. “El localismo (las naciones consideradas en sí mismas) puede acelerar nuestra deriva hacia una eventual destrucción, incluso de la propia humanidad. El globalismo nos ofrece la esperanza de una civilización mayor, más amplia y mejor, con mayor versatilidad y flexibilidad, liberándonos del encierro de lo local”. Si consideramos las alternativas —localismo como muerte frente a globalismo como vida—, seguramente elegiremos la vida. Ese es el legado de la Era Espacial”.

 

Hoy estamos viviendo lo contrario de todo lo que se expresó anteriormente. Predomina la afirmación de la nación (nacionalismo) en oposición a otras naciones, con la ideología del fascismo acompañando frecuentemente este movimiento, tanto a nivel nacional como mundial. En lugar de profundizar la globalización —más allá de su reducción a lo económico— como una nueva etapa de la Tierra y de la humanidad (todos estamos regresando de una gran dispersión) y reencontrándonos en un mismo lugar, el planeta Tierra, hemos retrocedido hacia un pasado de divisiones, oposiciones y guerras, en el afán de conquistar territorios.

 

Sin embargo, creo que lo que es verdadero tiene fuerza y termina imponiéndose. Superará esta regresión nacionalista y fascista, y reforzará un nuevo rumbo para la Tierra y la humanidad como una única y compleja realidad: nuestra Casa Común.

 

Leonardo Boff escribe para la revista del ICL LIBERTA ( https:// www.revistaliberta.com.br; y es autor también de La Tierra en la palma de la mano (Vozes, 2016) (https://www.leonardoboff.org)

Las bandas armadas en Puerto Príncipe y la difultades para erradicarlas

[Informe]

Muchas veces me he preguntado por qué es tan difícil erradicar las bandas armadas?  También con otras personas lo hemos conversado como preocupación. Aquí les dejo algunas claves que pueden ayudar a entender este difícil entramado:

 

La situación en Puerto Príncipe no es solo un problema de delincuencia común, sino un entramado sistémico donde el crimen, la política y la economía se han fusionado de tal manera que resulta extremadamente difícil desenredarlos.

 

Para entender por qué no se ha erradicado el problema, hay que mirar más allá de las armas y observar los cimientos de la crisis…

 

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