¿Qué significa ser humano en una época en la que la tecnología promete ampliar nuestras capacidades y superar los límites de nuestra condición? Para el padre Pedro Trigo, sacerdote jesuita, teólogo y reconocido pensador de la realidad latinoamericana, la pregunta exige distinguir entre aquello que resulta útil y lo que verdaderamente tiene valor.
Su reflexión será uno de los puntos de partida del tercer conversatorio de Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra, titulado “¿Qué significa ser humano hoy? Transhumanismo, poshumanismo y fraternidad cósmica”.
En una entrevista previa al encuentro, el padre Trigo propone volver a lo esencial: la calidad humana, la entrega a los demás y la conciencia de que nuestra existencia está relacionada tanto a otras personas como al conjunto de la creación. Sus respuestas cuestionan una concepción del progreso centrada exclusivamente en el aumento de las capacidades individuales y abren un espacio para pensar las implicaciones éticas, sociales y espirituales de las nuevas tecnologías.
La calidad humana por encima de las capacidades
Ante las promesas tecnológicas que parecen ofrecer nuevas posibilidades para superar las limitaciones humanas, el padre Trigo plantea una distinción fundamental entre lo útil y lo valioso. A su juicio, el desarrollo de las capacidades no puede convertirse en el criterio absoluto para comprender lo que somos.
“La tecnología se refiere siempre a lo útil; lo que para nosotros debería ser buscado absolutamente es lo valioso. Lo fundamental es la calidad humana. Hoy, en el orden establecido se absolutizan las cualidades y se deja de lado la calidad. Pero el que absolutiza la calidad, trata de cualificarse lo más posible para que su entrega a los demás sea lo más fecunda posible”, explica.
Esta mirada invita a examinar críticamente una sociedad que suele medir el progreso a partir del rendimiento, la eficiencia y la multiplicación de las capacidades. Para el sacerdote jesuita, la pregunta decisiva no es solamente cuánto puede llegar a desarrollar una persona, sino qué hace con sus capacidades y de qué manera estas contribuyen a una vida más humana, abierta al encuentro y al servicio.
La reflexión adquiere especial relevancia frente a las propuestas del transhumanismo y el poshumanismo, corrientes que plantean distintas posibilidades de transformación de la condición humana mediante la tecnología, la ciencia y la intervención sobre el cuerpo.
La tecnología y el desafío de seguir siendo humanos
Al abordar la relación entre el cristianismo y las nuevas posibilidades de intervención tecnológica, el padre Trigo vuelve sobre la diferencia entre aumentar las cualidades individuales y cultivar una humanidad capaz de relacionarse fraternalmente con los demás.
“La respuesta es la misma de la pregunta anterior. Se busca aumentar exponencialmente las cualidades: eso es lo único que interesa. Se deja completamente de lado la calidad humana. Si yo busco la calidad humana apoyaré la ingeniería genética, que busca optimizarme para que mi entrega fraterna a los demás sea lo más valiosa posible. Pero no me interesa la manipulación genética porque quiero seguir siendo humano”, sostiene.
Su planteamiento introduce una cuestión valiosa en el debate contemporáneo: ¿con qué criterios deben evaluarse los avances científicos y tecnológicos que intervienen en la vida humana? La reflexión no se limita a las posibilidades técnicas ni a los beneficios individuales, más bien pone en primer plano el sentido de esas transformaciones y su relación con la fraternidad.
Es decir, pensar el futuro de la humanidad implica preguntarse si el progreso contribuye a una mayor capacidad de entrega, encuentro y reconocimiento del otro, o si termina reduciendo el valor de las personas a sus cualidades, capacidades y posibilidades de optimización.
La opción por los pobres y el cuidado de la creación
La reflexión del padre Trigo también relaciona la pregunta por lo humano con la realidad de los pobres y la crisis del equilibrio cósmico. Para él, la fraternidad va más allá de las relaciones entre las personas, consiste en reconocer los vínculos que unen a la humanidad con toda la creación.
“La relación se da en la dirección vital de hacer justicia a la realidad. Respecto de los pobres, como los que dominan en la sociedad se asumen como individuos y buscan su provecho absolutamente, provocan que haya cada vez más pobres y los ladean completamente. Por esa misma actitud vital ponen a las cosas creadas a su disposición y como absolutiza su provecho, relativizan y aún desconocen el equilibrio cósmico. Y, más radicalmente aún, desconocen su condición de creaturas ligadas absolutamente a la creación y no perciben que la ruptura del equilibrio cósmico los afectaría a ellos como al resto de las creaturas”, señala.
Su respuesta conecta dos realidades que con frecuencia se abordan por separado: la exclusión de los sectores más vulnerables y el deterioro de las relaciones entre la humanidad y la naturaleza. En ambos casos, advierte, una lógica centrada en el provecho individual puede invisibilizar los vínculos de interdependencia y las consecuencias que las decisiones de unos tienen sobre la vida de los demás.
Desde esta mirada, la opción por los pobres y el cuidado de la Tierra forman parte de una misma búsqueda de justicia. Reconocer la dignidad de quienes son marginados y asumir nuestra condición de criaturas vinculadas al conjunto de la creación son dimensiones inseparables de una humanidad que aspire a vivir en fraternidad.
Conversación que concierne a todos
El tercer encuentro de Magnifica Humanitas tiene como propósito abrir un espacio de reflexión sobre estas preguntas, en un momento en que los avances científicos, las transformaciones culturales y los desafíos ecológicos interpelan la comprensión de la vida humana.
Al explicar por qué vale la pena participar, el padre Trigo recuerda que no se trata de una discusión reservada a especialistas ni de un asunto que pueda quedar relegado al ámbito privado. “El sentido de participar es que no tratamos de un asunto privado sino de algo que nos concierne a todos y que, sin embargo, suele estar silenciado en el orden establecido. Por eso es conveniente echarle cabeza”, invita.
La propuesta es detenerse a pensar, compartir preguntas y examinar los modelos de humanidad que se están construyendo, así como sus consecuencias para las personas más vulnerables y para el futuro de la creación.
El conversatorio “¿Qué significa ser humano hoy? Transhumanismo, poshumanismo y fraternidad cósmica” forma parte de Magnifica Humanitas: pensar el presente y el futuro desde la opción por los pobres y por la Tierra, una iniciativa que promueve el diálogo entre la reflexión teológica y los grandes desafíos de nuestro tiempo, a la luz de la opción por los pobres y el cuidado de la casa común.
La invitación está abierta a agentes pastorales, teólogos, religiosas, religiosos, laicos y todas las personas interesadas en comprender los cambios que atraviesan nuestra sociedad. La conversación propone recuperar una pregunta esencial: ante las posibilidades de transformar nuestras capacidades y nuestro entorno, ¿cómo construir una humanidad que no pierda de vista el valor de la vida, la fraternidad y nuestra responsabilidad con toda la creación?
Participa del conversatorio en https://www.facebook.com/AmerindiaEnLaRed este 30 de octubre, a las 18:00 horas de Colombia.






