Lo secuestraron barriendo la calle y sus hermanos de fe no lo olvidan.
El miércoles 30 de septiembre, a días de un nuevo aniversario de su nacimiento y a 49 años de su secuestro, me invitaron a compartir un encuentro a la luz del testimonio del padre Mauricio Silva. Después presidí la Eucaristía.
Mauricio nació en 1925 en un hogar humilde de Montevideo y había encontrado un tesoro: el amor a Dios como absoluto y a los hermanos más sufrientes. Fue párroco en Uruguay y luego lo atrajo la espiritualidad de San Carlos de Foucauld, como hermanito del Evangelio. Pasó por los hacheros de Fortín Olmos y los cirujas de Rosario, y en Buenos Aires, pasados los cuarenta, se hizo barrendero. Eran unos 13.000, sin derechos, elegidos cada mañana con un “vos sí, vos no”. Sus compañeros le pidieron ayuda y así se gestó el estatuto del barrendero.
Vivía en un conventillo con dos familias y dos abuelas solas. Compartían lo ganado y lo que sobraba iba a quien lo necesitara. Al atardecer celebraba la misa y se quedaba en adoración, postrado en tierra. Para todos fue amigo. Nunca hizo violencia. El 14 de junio de 1977 lo secuestraron mientras trabajaba, y en la calle quedaron el carro y la escoba. Sigue desaparecido. En su honor, esa fecha es hoy el Día Nacional del Barrendero.
Fue una celebración cuidada en cada detalle: los testimonios, el trabajo de los niños, su rostro en el mantel del altar y en la estola del padre Luis Domínguez, párroco de Nuestra Señora del Valle, el video, la carta abierta que escribió Luis y el testimonio de Marta. Compartimos el altar con los padres Jacinto Aranda y Tino Ferrari y el diácono Pablo Fusca. Estuvieron las Hermanitas Camila, Graciela y Adriana, los jóvenes de la JOC, que antes compartieron una mesa contra el hambre y la injusticia, vecinos, laicas y laicos…
Todo en la parroquia donde fue párroco el padre Luis Sánchez, voz profética junto a los jubilados, cuya memoria también sigue viva.
“Yo sé que estás en medio de tu pueblo”. Se diría que Mauricio sigue ahí, entre los suyos.
#MauricioSilva #Presente #Memoria #Wilde #JOC
Carta Abierta a Mauricio desde la Trinchera de los Invisibles
Luis Domínguez
Querido Mauricio:
Mientras celebramos tu Vida y encendemos las brasas de tu sonrisa en medio de los invisibles, te contamos cómo late el pulso de estas patrias que tanto amaste. Hoy, el frío muerde profundo en la bonanza neoliberal: el 32.3% de la población hunde sus pasos en la pobreza, replicando los fantasmas del 2001. Hay 3.600.000 hermanos en la indigencia, que apenas rozan un bocado al día —274.000 de ellos en la magnífica Ciudad de Buenos Aires, la más opulenta del país, construida sobre el olvido—.
Las veredas heladas cobijan a 5.000 personas sin techo, un 30% más que en los últimos tres años, y el invierno dejó un saldo de 50 hermanitos y hermanitas apagados por el frío. En el vientre de la patria, el 30% de los pibes y pibas sufre inseguridad alimentaria, negados al pan y a la proteína. Y como una herida que no cierra, la desesperación empuja al abismo: en 2024 perdimos un joven de entre 15 y 24 años por suicidio cada dos horas; en 2025, el reloj se adelantó al dolor, arrebatándonos uno cada hora y media.
La Periferia de la Existencia y el Proyecto Criminal
Desde este lugar del genocidio social, desde la periferia de la existencia misma y la amenaza permanente a la vida, te hablamos.
El proyecto criminal que te arrancó goza hoy de buena salud. Moldea los números fríos de una macroeconomía sin corazón que devora vidas para engordar el ego de unos pocos megamillonarios. A esta velocidad, destruirán el planeta y la experiencia humana, decretando que existe una inmensa humanidad sobrante: excluidos e invisibles que estorban, que fastidian, que gritan por todos lados porque simplemente quieren vivir.
Nos gobierna una caquistocracia —el gobierno de los peores—, de entrañas neofascistas, que enarbola una represión tan sonriente como cruel contra los débiles a los que amaste hasta las lágrimas. Un aparato de mentimedios del sistema se encarga, todos los días, de borrarnos el nombre y el lugar.
La Otra Ciudad, Abajo del Asfalto
La gran metrópoli de estilo europeo y espejitos de colores siempre ha escondido otra ciudad más abajo, más sombría: la historia de los que lo han perdido todo.
Allí te sentaste a reencontrarte con tus sueños más genuinos. Allí militaste el amor a los hermanos, haciendo realidad la revolución de los que «lavan los pies a sus hermanitos» como el profeta de Nazaret, mostrando que el amor se vive intensamente hasta transformar la realidad de raíz.
Nuestro profeta fundador, Luis Sánchez, nos enseñó que el que no cambia todo, no cambia nada, porque el Evangelio, si no es radicalidad, es mero maquillaje y trivialidad. Mientras tantos creyentes flotan en el cómodo devenir del mundo de las apariencias, nosotros seguimos extrañando tus gestos combativos al calor de los hacheros, la sonrisa tímida de los cirujas, el olor a humedad del conventillo donde te hiciste camarada de todos, y tus misas en los basurales.
Nadie más tomó tus herramientas.
Nadie más levantó tu subversivo carro contenedor. La fría ciudad sigue ahí, injusta y temible, castigando a los que buscan sustento en los coloridos ataúdes de basura. Los expedientes de tu desaparición continúan ahogados de impunidad, hermanos gemelos de los 30.000 compañeros y compañeras.
Tu Cuerpo en la Lucha Colectiva
Tu cuerpo, que nunca regresó, nos interpela y resucita:
- Aparece en cada pibe del Rapid que pedalea en las calles.
- Arde en cada fueguito compartido en Constitución y en cada debate encendido en Parque Lezama.
- Se levanta en cada pancito partido con aroma a sacramento y en las manos obreras que buscan pan, techo, tierra y la fiesta de la dignidad que siempre les es negada.
- Camina con los sindicalistas del pueblo que sortearán las paritarias del hambre frente a las nuevas formas de esclavitud, muy modernas y plagadas de algoritmos, pero esclavitud al fin.
Promesa de Resurrección y Victoria
Como verás, hermanito, aquí somos una multitud que te espera y se niega a callar.
Te prometemos seguir batallando por una sociedad más humana. Sabemos que no está a la vuelta de la esquina, pero decidimos no acostumbrarnos al horror. Te juramos que los pibes y pibas volverán a sonreír y a bailar, que tendrán manzanos propios, camisitas limpias, abrazos tiernos y ráfagas de poesía. Y siendo adultos irán a la Universidad del pueblo a desbocarse y sembrarse sin frenos ni censuras.
Te prometemos, hermano, que resucitarás en cada joven militante que, hoy y siempre. sigue insolentemente celebrando la vida
Hola, el 20 de septiembre fue el aniversario del nacimiento del padre Mauricio Silva. EL hermanito de la fraternidad de hermanos Evangelio, de Carlos de Foucauld. Y, como ustedes, quisimos celebrar dando gracias, haciendo memoria, buscando verdad y justicia. Un Mártir para nosotros. ¿Quién es Mártir? RAHNER decía: “Los Mártires, generalmente, son personas anónimas y solidarias con los sufrientes. Promueven la igualdad, la humanización y los DDHH. Todo lo que hay de bueno en las personas y en la tierra es semilla de Dios, semillas de Jesús”.
Mauricio tuvo un hermoso camino, acompañando a niños y jóvenes, luego fue párroco en Uruguay cuando su madre lo necesitaba. Y desde ahí fue llamado por Dios nuevamente para vivir en más radicalidad, en el Carisma de SF, que lo apasionó. Él tenía un secreto. Había encontrado un Tesoro. Era el amor a Dios como su absoluto y a los hermanitos más sufrientes y empobrecidos. Después paso a Fortín Olmos con los hacheros, paso después a Rosario con los “cirujas “y de ahí a Buenos Aires.
Al poco tiempo se cruzó con un barrendero de calle a quien nadie le llamaba la atención que hacia limpieza, trabajo social, importante. Y sintió otro llamado. Después de muchos intentos entró como barrendero, pasando los 40 años. Y todos sus compañeros eran jóvenes. En esa época ese trabajo era esclavo, a destajo, precarizado, sin derecho alguno. Y eran 13.000 en Buenos Aires los que dependían de la arbitrariedad de quien los convocaba. Cada día en ciertas esquinas había cientos de desocupados. “¡Vos si, Vos no!”.
A dar respuesta a esta situación lo convocaron los compañeros, debido a su formación e inteligencia, su hablar con criterio… Además, redactaba muy bien. Era necesario su aporte. Así comenzaron a gestar el estatuto del Barrendero.
El Hno Mauricio estaba siempre disponible a pesar de que su físico se cansaba.
Vivía en un conventillo muy pobre en Bueno Aires con otros integrantes de la fraternidad, dos familias, y dos abuelas solas.
Se compartía lo que se ganaba, trabajando siempre manualmente y a fin de mes, lo que quedaba de esa caja común, se le pasaba a alguna familia con necesidad (como en las primeras comunidades del cristianismo).
Nos conmovía cómo recibía cada día a más compañeros, jóvenes, consagrados, curas y hasta algún obispo. Siempre recibía con abrazos fraternos, sonrisas y dispuesto a ESCUCHAR, a una charla profunda, a la oración. Sabía traer espiritualidad, sanación, ternura a toda situación.
Al atardecer, en el conventillo, celebraba misa y se tenía un momento de adoración, casi siempre en pequeño grupo.
Para los compañeros se fue convirtiendo en alguien que se consultaba continuamente. Era alguien necesario, y esto se conoció en el corralón.
Mauricio era un facilitador de encuentros y organización para el bien común. Un ser pobre, sin egoísmos ni auto referencialidad. Nunca busco liderar, ni imponer nada. Para todos fue AMIGO. Opinaba lo que le pedían. Siempre desde abajo (el último lugar se fue radicalizando siempre más).
Mauricio fue una persona de mucha y profunda oración. ¿Cómo lograba su equilibrio entre el trabajo, el cansancio, los años y la contemplación? ¿Cómo?
Después de la misa hacia largos momento de adoración silenciosa y siempre postrado en tierra. Tenía una sed inmensa de amor a Dios y a los más pequeños. Era un contemplativo dentro de su vida sencilla, de vecino común. Era trabajador y servicial. Pero comprometido con los que sufrían… hoy diríamos, las víctimas.
Era un enamorado de Jesús y del Evangelio, y de todos los olvidados y víctimas en ese terrible momento histórico de la Patria.
Fue un pobre para los pobres. Decía: “Estar con ellos, acompañar sus necesidades y búsquedas, fortalecer sus derechos, vivir como ellos y para ellos”.
Pero los poderosos no pudieron resistir su mensaje. Se jugó todo. Participó en el campo popular y nunca, nunca hizo violencia. Asumió el carácter profético de su consagración religiosa. Lo secuestraron barriendo en la calle, donde era “su universo evangelizador”, con una pala y una escoba, sabiendo ya lo que le pasaría. Pero nunca dejó de amar ¡Su tesoro!
¡Hermano Mauricio Silva y l@s 30.000 desaparecidos, Presentes ahora y siempre!






