Mensaje final de la LXV Asamblea de superiores y superioras mayores de la Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas (Condor)
“Es necesario nacer de nuevo.” (Jn 3, 7).
Reunidos en la LXV Asamblea de los Superiores y Superioras Mayores de la Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas (CONDOR), hemos escuchado en el silencio de la oración y en la calidez del diálogo fraterno los latidos de Dios en la historia de nuestra patria.
Valoramos y acogimos con agradecimiento lo que ha realizado y gestionado la Junta Directiva para animar y visibilizar la vida religiosa dominicana, fortalecer espacios debilitados y dar respuesta a situaciones nuevas que se van presentando. Agradecemos todo el aporte y servicio prestado desde las comisiones, filiales y los centros de formación intercongregacionales.
Hemos contemplado con dolor y preocupación las paradojas del sistema educativo dominicano, donde el aumento de la cobertura contrasta con los bajos niveles de desempeño, el preocupante vacío de las humanidades y la deficiente gestión de los recursos públicos (donde el 85 % del presupuesto nacional se consume en nómina sin impactar la calidad de las aulas). Frente a estos desafíos sistémicos, las congregaciones religiosas reafirmamos nuestro compromiso con una educación integral, en valores, de calidad, humanizadora, evangelizadora y promotora del pensamiento crítico y la ética.
Prestamos una atención especial al plan estratégico de la CONDOR, que guiará las acciones concretas del presente trienio 2025 – 2028.
Con una renovada fuerza espiritual y profética, confirmamos nuestro compromiso con el Horizonte Inspirador de la CLAR (2025-2028), “Nacer de Nuevo”. A la luz de este discernimiento, la CONDOR renueva sus opciones estratégicas y proféticas:
- Testimonio de esperanza y profetismo: frente a las sombras de la apatía y el desencanto, afirmamos que la esperanza cristiana es activa y transformadora. Queremos ser presencia profética que anuncie la alegría del Evangelio y denuncie las estructuras de muerte, caminando como una verdadera Iglesia en salida que no teme mancharse con el barro del camino.
- Compromiso con la inalienable dignidad humana y los migrantes vulnerables: reafirmamos que toda persona es imagen viva de Dios. De manera prioritaria, renovamos nuestra solidaridad con las personas migrantes y desplazadas que sufren la exclusión y el rechazo en nuestra tierra. Nos comprometemos a ser acogida, defensa y voz junto a ellos, promoviendo el respeto irrestricto a los derechos humanos sin distinción alguna.
- Una espiritualidad liberadora e intencional: asumimos la pequeñez como lugar teológico, donde la mística del seguimiento de Jesús nos impulsa a la fraternidad y a la transformación del entorno social.
- Cuidado de la casa común: En sintonía con la ecología integral, asumimos la custodia de la Creación como una dimensión ineludible de nuestra fe. Nos comprometemos a defender nuestros bienes naturales y a promover estilos de vida sostenibles que protejan a los más vulnerables, los primeros afectados por la degradación ambiental.
- Interculturalidad, sinodalidad y cultura de cuidado: Nos enviamos a nosotros mismos y nosotras mismas, a emprender un itinerario de discipulado misionero en sinodalidad, promoviendo el diálogo intercultural y garantizando espacios comunitarios y apostólicos seguros, sanos y transparentes.
Confirmamos una vez más que la vida religiosa en nuestro país mantiene una presencia viva y significativa en los ámbitos pastoral, educativo y social, pero no es ajena a la realidad del envejecimiento de sus miembros y la disminución de vocaciones. Sin embargo, no vemos este momento como un tiempo de decadencia, sino como un Kairós de redefinición: una hora de gracia que nos exige fidelidad creativa, discernimiento comunitario y la convicción de que Dios habita y actúa en la pequeñez de nuestras comunidades comprometidas.
Nuestra identidad se fortalece en la cotidianidad de nuestro caminar juntos y juntas. Todo esto exige de nuestra parte un compromiso generoso con nuestro plan estratégico, apoyo y participación en las filiales y comisiones.
Nos confiamos a la protección materna de Nuestra Señora del Rosario, cuya fiesta celebramos hoy. Que la contemplación de los misterios de Cristo en sus manos y su ejemplo de disponibilidad y valentía nos ayuden a “nacer de nuevo” como vida religiosa en la República Dominicana, siendo gérmenes de resurrección, justicia y fraternidad en medio de nuestro pueblo.
Santo Domingo, República Dominicana 7 de octubre del 2026
Conferencia Dominicana de Religiosos y Religiosas (CONDOR)






