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La boca de otro
El término ‘profeta’ procede del griego προφήτης (‘prophētēs’), que a su vez deriva del verbo φημί (‘phēmi’ ‘expresar el pensamiento’, ‘hab/lar’, ‘decir’). Unido al prefijo πρό (‘pro’, ‘pro-phēmi’), este verbo significa: ‘hablar en lugar de’. El prefijo πρό (‘pro’) no tiene carácter temporal (‘hablar antes de’ o ‘hablar anticipadamente’), sino instrumental (‘hablar por otro’ o ‘en nombre de otro’). Ser profeta consiste, pues, en hablar en sustitución de otra persona. En muy raras ocasiones el AT utiliza el término ‘profeta’ en sentido de pre-decir. El profeta no es un conocedor del futuro, sino un portavoz ceñido a la realidad de su presente. Es por encima de todo una boca, la boca de quien le ha encargado transmitir un mensaje y él lo ejecuta con fidelidad, talento y soltura.
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Una boca para la alta política
El término ‘profeta’ aparece por primera vez en Ex 4,16. Este versículo forma parte del final de un largo relato (Ex 3,1 – 4,17) que escenifica un diálogo imaginario entre Yahvé y Moisés. En esa ficción se oye la voz de Yahvé encargando a Moisés la transmisión de un mensaje dirigido al faraón y otro a los integrantes de las tribus hebreas esclavizadas en Egipto. A uno y otros debe comunicarles su decisión de hacer salir a los esclavos de la situación opresiva que padecen para conducirlos a la libertad y convertirlos en un pueblo. ¡Asuntos de alta política!
Ante la continua resistencia de Moisés interponiendo impedimento tras impedimento y formulando como argumento terminante su torpeza para hablar, Yahvé resuelve que su hermano Aarón hablará por él. Aarón le servirá como profeta; es decir, será su boca:
“Él hablará al pueblo en tu nombre, él será tu boca (προφήτης; ‘prophētēs’)”. (Nueva Biblia Española. Traducción Schökel-Mateos).
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Analistas de la realidad
De tanto repetir equivocadamente (¿o interesadamente?) que los profetas del AT se distinguían por vaticinar lo que acontecería un tiempo más tarde, se ha extendido la ignorancia respecto a su verdadera tarea. Pero conviene poner las cosas en su sitio. Porque jamás los profetas fueron adivinadores del porvenir. Lejos de esa idea, su mirada estaba circunscrita en exclusiva al presente más palpable. Los profetas se caracterizaban por ser agudos analistas de la realidad en la que estaban inmersos. La mayoría de los libros que recogen la actividad de los profetas comienzan declarando con extremado detalle el marco espacio-temporal en el que actuaron estos inconfundibles personajes:
“El año treinta, quinto de la deportación del rey Joaquín, el día cinco del mes cuarto, hallándome entre los deportados, a orillas del río Quebar…” (Ez 1,1-2).
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Tres miradores
Como vigías del momento histórico en que vivían, escrutaban los sucesos a partir de tres claves derivadas de otros tantos acontecimientos singulares que dieron origen a la existencia de Israel:
- La libertad. Porque Israel nació desde la opción de unos grupos esclavos por ser un pueblo libre. El Éxodo (Ex 12,29-14,31).
- La justicia. Porque, una vez libres, las tribus hebreas decidieron erigirse como pueblo en base a una Ley Constitucional (el llamado Decá-logo: ‘diez leyes’) que aprobaba la justicia como fundamento de la recién aparecida nación y regulaba las relaciones sociales entre sus integrantes. La Alianza (Ex 20,1-17).
- La igualdad. Porque tras la conquista de la tierra de Canaán, resolvieron repartirla de manera que cada una de las tribus y cada familia contó con un lote que aseguraba en condiciones de igualdad su subsistencia y su dignidad. La Promesa de una tierra (Jos 13 – 19).
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Denuncias y anuncios
Las tres claves: Libertad, justicia e igualdad constituyeron un excelente sistema de medidas utilizado por los profetas para evaluar con acierto el estado de la nación. Ellos proclamaron desde estos tres miradores sus denuncias y sus anuncios, ¡arriesgando el pellejo! Denuncias de opresión, injusticia y desigualdades, acusando a sus respectivos responsables. Anuncios de las consecuencias derivadas de haber fracturado las columnas que servían de soporte a la vida del pueblo.
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Una ideario religiosamente político
Comoquiera que la tradición admitía sin discusión que libertad, justicia e igualdad tenían su origen en designios de Yahvé demostrados en gestas históricas (Éxodo, Alianza y Promesa), tal criterio proporcionaba a los profetas completa seguridad al hacer sus discursos. Profundamente convencidos, repitieron sin desaliento hasta el hartazgo que esos tres valores básicos constituían la esencia de la vida y de la religión. Un ideario religiosamente político. Además, aseguraron sin rubor que poseían el más acreditado salvoconducto para intervenir como defensores de tales principios y hacer de ello el único objetivo de su actividad:
“Grita a voz en cuello, sin cejar,
Alza la voz como una trompeta…
…abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos,
Dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos;
Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo,
Vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne” (Is 58,1.6-7).
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Justicia, ante todo
Para los profetas, sin justicia no hay religión que valga:
“Detesto y rehúso vuestras fiestas,
No me aplacan vuestras reuniones litúrgicas;
Por muchos holocaustos y ofrendas que me traigáis,
No los aceptaré ni miraré vuestras víctimas cebadas.
Retirad de mi presencia el barullo de los cantos,
No quiero oír la música de la cítara;
Que fluya como agua el derecho
Y la justicia como arroyo perenne” (Am 5,21-24).
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El Dios parcial
Según ellos, la intervención de Yahvé en la historia no tuvo como objetivo el que le homenajearan con el culto y con acciones litúrgicas. Los escritos de los profetas dejan entrever, por el contrario, que a Él estas actividades religiosas le importaban un pimiento:
“Añadid vuestros holocaustos a vuestros sacrificios
y comeos la carne;
pues cuando saqué a vuestros padres de Egipto,
no les ordené ni hablé de holocaustos y sacrificios” (Jer 7,22).
Los profetas imaginaron un Dios enfrentado a explotadores de variada calaña y a toda ideología garante de la opresión. Creyeron a pie juntillas que Él estaba a favor de los insignificantes y los más desprotegidos por el orden injusto. Se situaban, así, en contra de toda religiosidad limitada al fervor, a las devociones y a practicar obras de caridad desde la holgura y el bienestar económico. No desmayaron en enfrentarse con coraje desmedido a la complicidad silenciosa con la injusticia y el recelo ante el compromiso con los más débiles y aplastados.
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Bocas del Gran Callado
Los profetas asumieron su función y se consideraron fieles portavoces de Yahvé. Hasta el punto de asegurar que reproducían con exactitud lo que Él les había dictado directamente. Una certeza nada real y cargada de sentimientos. Eso sí, adecuada en un contexto esencialmente religioso para asignar la máxima autoridad al contenido de sus discursos.
De hecho, los libros de los profetas del AT rebosan de manifestaciones directas de Yahvé. Naturalmente, se trata solo de una forma de expresión típica de estos personajes. Porque en realidad todos ellos ejercieron de boca del Gran Callado, del Excelso y Absoluto Silencioso. Resulta evidente que de Él nadie ha oído nunca nada. Respecto a Él resulta imposible cualquier demostración. Las religiones, sin embargo, no tienen reparos en presumir constantemente de ser poseedoras y adjudicatarias legítimas del conocimiento de Dios. Tal presunción demuestra únicamente una descomunal ignorancia.
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El Galileo, conocedor de Dios
En el texto de Mt 11,27 (par. Lc 10,22), en una época inclinada a idealizar y divinizar la figura del Galileo, el evangelista puso en boca de este las siguientes palabras:
“…al Padre lo conoce solo el Hijo…”.
A la ortodoxia más recalcitrante le resulta fácil deducir de estas palabras la divina condición del Galileo y su especial conocimiento de Dios. Ahora bien, ‘ser hijo’ y ‘tener conocimiento’, son expresiones que conviene diseccionar para evitar que una lectura equivocadamente literal conduzca a confusión.
- En la cultura del NT, el término ‘hijo’, además de indicar procedencia, suele emplearse para señalar a: uno que se parece a su padre. Es hijo quien hace exactamente lo que ha visto hacer a su padre y actúa del mismo modo que él. Ser hijo se entiende desde la práctica. No radica en participar de la misma naturaleza, sino en compartir idéntica manera de ser y comportarse.
- El verbo ‘conocer’ nada tiene que ver con el concepto de ‘saber’ de la cultura griega. No se trata de un conocer teórico a partir de la observación o del razonamiento lógico, sino de un conocimiento práctico nacido de la propia experiencia. Este verbo se usa incluso, tanto en el Antiguo como en el NT, para expresar las relaciones sexuales (Mt 1,25).
El conocimiento que, según el texto de Mateo, el Galileo tenía del Padre se sitúa fuera del rango intelectual. Su conocimiento venía demostrado porque su praxis y su Proyecto de sociedad alternativa (el reino de Dios) daban forma social definitiva a las tres gestas atribuidas a Yahvé en el AT:
- El Éxodo o la Libertad
- La Alianza o la Justicia
- La Promesa o la Igualdad
El Proyecto del Galileo representó la nueva obra creadora. Los adheridos a dicho Proyecto ya no serán solo imagen de Dios. Por su esquema de valores y su manera de vivir y comportarse, han alcanzado la condición de HIJO-A.
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La vía para conocer a Dios
El conocimiento de Dios no es en la cultura bíblica un saber de carácter intelectual. Resulta imposible conseguirlo haciendo oraciones o a través de la mística; tampoco con espiritualidades o siguiendo la ruta de las religiones. Para el Antiguo y el NT el conocimiento de Dios se obtiene solo a través de una praxis comprometida con la justicia. Así lo entendieron los profetas; ellos, observadores de la realidad y sin quitar la mirada de un pueblo extenuado por la injusticia, se comprometieron a ser la Voz que rompía un largo silencio:
- El de Aquél que se abstiene de intervenir por ser absolutamente incondicional de la libertad, y
- el de un universo humano de doblegados, exhaustos y enmudecidos por la insufrible opresión de quienes se han adueñado hasta de la palabra.
El profeta, Voz del Excelso Silencioso y Voz de las Victimas del orden injusto, expuso con meridiana claridad la vía para llegar a conocer a Dios:
“…practicó la justicia y el derecho;
hizo justicia a pobres e indigentes,
y ESO SÍ QUE ES CONOCERME –dice el Señor-”. (Jer 22,16)






