En estos meses la Iglesia uruguaya se está preparando para la visita del Papa León XIV a nuestro país, animados por el lema “les anuncio una gran alegría” (Lc. 2,10). Esta invitación, centrada en la buena noticia de Dios que viene en Jesús como Salvador, nos desafía a preguntarnos sobre el modo de esta alegría en nuestro contexto. Teniendo en cuenta que el porcentaje de católicos en nuestro pueblo uruguayo es pequeño —alrededor de un 33 % —y prácticamente la mitad de la población se declara “sin religión”, una categoría que reúne ateos, agnósticos y personas sin adhesión a una iglesia1 , ¿es la alegría cristiana algo que la Iglesia ofrece a la sociedad uruguaya desde arriba, para ser acogida independientemente de su situación, de sus creencias, de sus dolores y disfrutes? ¿O podemos descubrir en las alegrías concretas de nuestra gente espacios desde los cuales la acción de Dios nos provoca y se nos ofrece como buena noticia, aquí y ahora?
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